Los personajes pertenecen a la fantástica Stephenie Meyer, sólo los tomé prestados para crear esta historia ;)

Un Verano Solos

-Chicas. La comida ya está lista. -nos dijo Esme.

-¡Ya bajamos! -la chillamos mientras bajábamos corriendo las escaleras.

Pero yo, al pisar el último escalón me tropecé, me puse las manos delante de la cara para evitar el golpe, pero nunca ocurrió. Unas manos fuertes me estaban sujetando de la cintura, y a mí se me estaban removiendo las mariposas en el estómago… No será verdad. Giré la cabeza para encontrarme con la cara de Edward. Vale, Bella, es él. Intenta que el corazón no se te salga del pecho.

-Como siempre te digo… Eres demasiado patosa como para tu bien y el de los demás. Isabella Swan. -¿Por qué tenía que arruinar el momento?

Me soltó dejándome en el suelo y fue a sentarse en la mesa.

Yo me senté entre Alice y Rose, enfrente estaban los chicos, puesto que Jasper habría llegado no hace mucho, y Carlisle y Esme estaban presidiendo la mesa a ambos lados.

-¿Qué tal el día hermanita? -le preguntó Jazz a Rosalie, ya que los dos eran gemelos. Al igual que Edward y Alice.

-Pues ha estado bastante bien… Excepto porque un monstruito y una enana me han despertado asustándome. -Alice y yo nos reímos.

-Bien hecho chicas. -dijo Emmett estirando la mano a través de la mesa para que Alice y yo le chocáramos.

Todo lo que quedaba de la comida estuvo bastante tranquilo. Esme había cocinado lasaña de carne y de segundo nos había puesto espinacas. Yo no me comí muchas, pero si las bastantes como para que me dieran ganas de vomitar.

Terminada la comida recogimos todos la mesa, y después Esme nos asignó tareas.

-Alice y Jasper, a barrer y fregar el suelo del salón (que es donde habíamos comido), Emmett y Rosalie… -Emmett fue a protestar, pero Esme le silenció con una sola mirada de advertencia.- Recoged la ropa que está tendida y la dobláis para luego llevarlas al cuarto de quien pertenece. -Esme se giró para mirarme y luego a Edward.- Vosotros dos fregar y secar los platos. ¿Entendido todos?

-Sí. -la contestamos a coro.

-Pues ya sabéis. Nosotros tenemos que ir a por los billetes de avión a Port Ángeles… Así que, no la liéis, ¿de acuerdo? -dicho esto salió por la puerta detrás de su esposo.

Me había tocado con Edward… Y no tenía ningunas ganas de que empezara otra vez a chincharme, por lo que decidí que todo el tiempo que pasara ahora con él estaría callada.

Cogí el estropajo y la bayeta y empecé a fregar los platos y vasos.

Edward se quedó sentado en una de las sillas que rodeaba la mesa que había en la cocina.

Estuve fregando otro poco, y al ver que él no se movía ni hacía nada (solo me miraba) me giré y me le quedé mirando con mala cara.

-¿Qué pasa? ¿No piensas hacer nada? -le recriminé.

-Lo estás haciendo todo tú Isabella. Ni me has dejado empezar a fregar.

-¡No me vengas con esas! Si yo no hubiese empezado tu tampoco lo habrías hecho. -le contesté molesta porque me llamara por mi nombre completo.- Y llámame Bella, no Isabella.

-De acuerdo Isabella. -yo me estaba empezando a hartar.- ¿Tu friegas y yo seco?

-Está bien. -me volví a girar hacia el fregadero.

Estuvimos bastante rato en silencio, hasta que una idea pasó por mi cabeza… Sólo sería un poquito. Para reírme.

Mientras que fregaba un plato y él miraba hacia otro lado llené el hueco de mi mano con agua y se la eché en el pecho.

-¿Qué haces? -me preguntó.- ¿Por qué me mojas?

-¿Yo, mojarte? Qué dices… Alucinas. -aparté la mirada.

-¿A sí? Con que yo alucino… Verás tú… -dejó el plato en el fregadero y se llenó las manos con agua.

Le miré con cara de miedo. Llevaba una camiseta blanca, si me echaba agua encima se me transparentaría todo.

-Oh no, Edward no.

-¿Cómo que no? Tú me has mojado, ahora te toca a ti. -extendió las manos hacia adelante y todo el agua cayó sobre la camiseta. Por favor que no se fije, por favor que no se fije… Dije para mí.

-Bonito bikini… -dijo maliciosamente.- Pucca, ¿no?

¡Se me había olvidado! Las tres nos habíamos puesto los bikinis porque después nos daríamos un baño en la piscina que tenía la casa.

Así que, ¿para qué llevar la camiseta? Me daba un poco de vergüenza quedar sin ella delante de él, pero si no me la quitaba y me veía ahora, me vería luego cuando fuera a bañarme. ¿Qué más daba? Me quité la camiseta y me quedé con la parte de arriba del bikini.

-Bonito. ¿Verdad? -miré hacia abajo, viendo el estampado del bikini. Y cuando levanté la cabeza él estaba justo enfrente de mí.

-Sí, muy bonito. -puso uno de sus dedos debajo de mi mentón y bajó su cabeza hasta que los dos quedamos a la misma altura.

-¿Qué haces? -le pregunté.

-Una cosa que quiero hacer desde hace bastante tiempo… -terminó la frase y estampó sus labios contra los míos.

Yo me quedé atónita. ¿Por qué hacía eso? Si yo le caía mal y siempre me estaba haciendo de rabiar… No lo entendía.

Pero ya que estábamos así… ¿Por qué no aprovecharlo?

Le rodeé el cuello con mis brazos y él me sujetó por la cintura acercándome más a él.

Cuando el beso terminó dejó su frente apoyada contra la mía.

-No sabes el tiempo que llevaba esperando esto. -dijo, y después me dio un beso rápido.

-No lo entiendo Edward… -me acalló con otro beso.

-Me gustas Bella… Eso es lo que tienes que entender. -me quedé boquiabierta. ¿Que yo le gustaba?

-Pero si siempre me estás haciendo de rabiar… Nunca dejas de hacerlo.

-Lo hago para poder estar cerca de ti. ¿No te has dado cuenta? Desde que empezaste con Black lo hago porque no tenía otra manera para tenerte cerca…

-Pero si yo empecé a salir con él porque tú no me dabas una oportunidad.

-No te la di por que no estaba seguro de lo que tú sentías por mí.

Nos quedamos callados. O sea que yo le gustaba, y él a mí. ¿Por qué narices lo habíamos liado tanto?

Me empecé a reír.

-¿Qué es tan gracioso? -preguntó, aún con su frente sobre la mía.

-Que hemos liado demasiado esto. Cuando era bastante sencillo. -le sonreí.

-Tienes razón Bella. Lo que pasa es que los dos somos demasiado cabezones y nos cuesta bastante expresar lo que sentimos. -me besó la frente y después se alejó.- Creo que hay que terminar con todo esto antes de que llegue mi madre. -señaló los platos que aún quedaban.

-Me parece una buena idea. -le contesté.

-Pero nada de mojar. ¿De acuerdo?

-Vale Edward.

Me quedé pensando mientras terminaba de fregar los platos que quedaban.

Nos habíamos gustado desde siempre… ¿Por qué no había pasado lo que acababa de pasar… antes? Lo había dicho Edward, a los dos nos cuesta demasiado expresar lo que sentimos.

Estaba con el último plato cuando escuché una buena risotada que venía desde fuera de la casa.

¿Rose? Sí, era ella.

En ese momento entró corriendo en la cocina con un trozo de tela en la mano.

-¡Mira Bella! -extendió la tela y me la enseñó.- ¡Son de Emmett!

Lo miré con detenimiento, eran unos bóxers… ¡Pero con dibujitos de Winnie The Pouh!

Me empecé a reír con ella.

-Mira que le dije que se deshiciera de ellos… Pero ni caso. -hablaba Edward para él mismo.

Emmett entró corriendo a la cocina y se los quitó a Rosalie de las manos.

-Verás cómo va a acabar tu maletita barbie. -la dijo y después fue subiendo las escaleras corriendo.

-¡Oh, venga osito! ¡No te cabrees! -¿osito? Ah, ya entendía el mote… Por Winnie The Pouh. ¡Qué buena era Rose!

-¿He entendido mal o le ha llamado osito? -me preguntó Edward.

-No, lo has entendido perfectamente. -le contesté.- Osito por Winnie The Pouh. ¿Lo pillas ahora?

Edward empezó a reírse de una manera que no le había visto nunca.

-¡Me encanta Rosalie! -chilló, aún riéndose.

Terminé con el último plato y esperé a que Edward terminara de secarlo y colocarlo en su sitio.

-¿Quieres ir a la piscina un rato? -me preguntó cuando se acercaba a mí.

-No estaría del todo mal… Aquí empieza a hacer bastante calor.

-¿Por qué será que tienes tanto calor? Déjame pensar… -me rodeó la cintura con los brazos y empezó a besarme por el cuello hasta llegar a mis labios.- ¿Esta puede ser una causa? -me preguntó curioso.

-Si… Una de ellas. -me empecé a reír.

-Pues más vale que vayamos ya a la piscina… O al final vas a salir ardiendo. -me guiñó un ojo y después me cogió de la mano, llevándome con él al patio.

Me metió debajo de la ducha, y él conmigo.

-A ver si así te baja la temperatura. -yo me sonrojé.- Creo que no está sirviendo de mucho…

-Sí, sí. Tú tranquilo. -le contesté con la voz entrecortada.

Después de la ducha me tumbé boca abajo en una de las tumbonas que había al lado de la piscina. Había como siete u ocho, tampoco las conté.

-Edward. ¿Me puedes echar crema protectora? No quiero quemarme. -le pregunté mirándole. Ya que él se había sentado en la tumbona que estaba a mi lado.

-Sin problema. -cogió el bote y después se sentó conmigo. Aunque yo seguía tumbada.- ¿Con o sin masaje?

-¿Cómo sale más barato? -él se rió.

-Niña tonta…

-Como quieras Eddie.

-No me gusta que me llamen Eddie, Isabella.

-De acuerdo, vamos a hacer un trato. Yo no te llamo Eddie y tú a mí no me llamas Isabella. ¿Trato hecho?

-Trato hecho.

Me echó un chorro de crema por la espalda. Estaba bastante fría. Empezó a extenderla pero paró a los dos minutos.

-Hacerlo así es muy incómodo. ¿Te importa si…? Bueno ya sabes lo que quiero decir.

-No pasa nada. Siéntate ahí si quieres.

Pasó una de sus piernas por encima de mí y se quedó con una a cada lado de mis piernas para después sentarse.

Me dio un masaje. Creo que el mejor que me habían dado en toda mi vida. Y después para terminar me fue dando besos por la espalda. Cuando terminó se levantó y se tumbó en su tumbona.

-Ahora te toca a ti. -me dijo.

-Ok, pero te advierto… No soy buena con los masajes…

-No te preocupes. Tú sólo échame la crema y extiéndela.

-¿A ti te importa que yo me ponga como tú antes?

-Nop, haz lo que quieras.

Me senté sobre su trasero (si, sobre su trasero) y empecé a echarle la crema por la espalda (que estaba tan bien formada… Bella, no empieces. Me advertí), y estuve "intentando" hacerle un masaje. Le iba acariciando por toda la espalda. Una vez noté que tuvo un escalofrío, pero seguí con mi trabajo.

-Creo que ya estás bien protegido del sol. -hablé cuando terminé.

-Sí que sabes dar masajes… Aunque creo que todavía necesitas más práctica. -dijo.

Se levantó y se sentó enfrente de mí.

Me miró a los ojos y nos quedamos así bastante rato, hasta que yo me incliné y le besé.

-¡Ya era hora! -chilló Emmett, interrumpiéndonos.- Menos mal que os habéis dado cuenta de que estáis loquitos el uno por el otro.

-Tienes razón Em. Han tardado demasiado. -le secundó Alice.

Detrás de ellos venían Jasper y Rosalie, que asintieron con la cabeza ante lo que dijo Alice.

-Ya basta. Dejadnos tranquilos… Siempre interrumpiendo macho… -se quejó Edward. Yo alcé mi mano y le acaricié la mejilla.

-Tranquilo, se puede repetir si queremos. -incliné la cabeza hacia arriba y le besé.

Varios silbidos y un poco de agua después nos separamos.

Pero cuál fue mi sorpresa al ver que estábamos a unos cuantos centímetros del suelo.

Alice, Emmett, Rosalie y Jasper habían cogido la tumbona sobre la que estábamos y la habían levantado del suelo, acercándola hacia la parte que más cubría de la piscina.

-¡Chicos no! Por favor. -les supliqué. Pero para entonces ya habían inclinado la tumbona lo suficiente para que Edward y yo cayéramos al agua.

-¡Emmett! ¡Esta me la pagas! -le chilló Edward, pero él solo se reía.- ¿Estás bien Bella? -me preguntó acercándose a mí y rodeándome por la cintura debajo del agua.

-Sí, tranquilo. Pero se las voy a hacer pagar a todos. -le dije al oído cuando me di la vuelta para tenerle de frente.

La tarde estuvo divertidísima. Jugamos al volleyball dentro de la piscina, por equipos de dos. Yo me puse con Edward, por supuesto. Alice con Jasper. Y Rose se puso con Emmett, que remedio.

-¿No le vas a dar a ninguna bola barbie? -la preguntó Emmett, que estaba haciendo el trabajo de los dos él solo.

-Nop osito. Te las dejo todas a ti. -le guiñó el ojo teatralmente.

Los dos perdieron todos los partidos que jugaron contra nosotros y contra Alice y Jasper. Al final ganaron el rubio y la enana. Hacían un gran equipo, y además yo creo que nos escondían algo a todos…

-Creo que deberíamos de salir ya del agua… O nos vamos a quedar como pasas. -habló Alice.

La hicimos caso y salimos del agua.

Edward había cogido la toalla más grande que había y se había tapado con ella.

-¿Y mi toalla? -pregunté al no verla. Pero me percaté de que la había cogido Emmett.

-Ven conmigo. -dijo Edward abriendo la toalla para que yo pudiera taparme.

Me metí con él y en cuanto estuve allí me rodeó con los brazos, tapándome con la toalla.

-¿Mejor así? -me dijo al oído.

-Sí, mucho mejor. -me besó en la cabeza.

Nos metimos todos dentro de la casa para cambiarnos. Ya estaba empezando a oscurecer y hacía un poco de frío afuera.

No me digáis como, pero conseguí llegar a la casa rodeada por los brazos de Edward y por la toalla sin caerme. Ni yo misma me lo podía creer.

Todas subimos al cuarto de Alice y nos quedamos allí. Una a una fuimos pasando al baño para ducharnos, ya que los otros dos que había los habían ocupado los chicos.

Bajé a la cocina para coger algo de beber, un zumo o algo así, y cuando me fui a dar la vuelta para cerrar el frigorífico unos brazos me rodearon.

-¿Qué haces aquí solita? ¿No sabes que hay gente que te puede secuestrar? -dijo Edward juguetón. Él todavía no se había duchado, y estaba sólo con el bañador (que era tipo pantalón de baloncesto, pero en tonos azules), al igual que yo seguía sólo con mi bikini.

-No me había enterado de eso… ¿Quién será el secuestrador? -pregunté siguiéndole el juego.

-Pues no sé… Aunque a mí no me importaría secuestrarte ahora mismo. -fue dándome besos desde el hombro hasta el cuello.

-Y a mí no me importaría que lo hicieras. -le contesté dándome la vuelta y rodeándole el cuello con los brazos.-Aunque ahora mismo los dos necesitamos una ducha.

Se rió por mi comentario.

-¿A ti te importaría acompañarme?

¿Me estaba preguntando lo que me estaba preguntando? ¿O eran imaginaciones mías? ¡Quería que me fuese a la ducha con él!

-No estaría mal… Pero hay más gente en la casa. No creo que sea una buena idea. -le sonreí y después deshice su abrazo para ir corriendo a subir las escaleras hacia el cuarto de Alice.

Se quedó allí plantado ante la sorpresa de lo que le había dicho.

Entré en el cuarto de Alice y ella y Rose ya habían terminado de ducharse. Cuando hube cogido las cosas que necesitaba para la ducha me metí en el baño.