Los personajes pertenecen a la fantástica Stephenie Meyer, sólo los tomé prestados para crear esta historia ;)

Un Verano Solos

Bajamos al salón con los demás para cenar. Como había dicho Edward, al final pedimos cuatro pizzas familiares, todas con diferentes ingredientes, para variar.
Emmett se comió una entera él solo, yo compartí la mía con Edward, Alice se comió la suya con Jasper, y Rosalie acabó con la otra que quedaba ella sola… Era impresionante el apetito que podía llegar a tener esta chica, aunque a veces yo también era así, lo tenía que reconocer.
Terminé mi último trozo y me levanté del sillón, no sin antes acercarme a Edward y darle un pequeño beso en los labios.
-Te espero arriba. -le dije susurrándole en la oreja.- Voy a lavarme los dientes. -les dije a los demás.
-Ok. -contestó Alice, aunque estaba muy entretenida en su conversación con Jasper.
-No te tardes. -me respondió esta vez Rosalie, que estaba jugando a un juego de la Playstation contra Emmett.- ¡Eso es ilegal! ¡Eres un maldito tramposo Emmett Cullen!
-Lo que tu digas Barbie… -le escuché decir cuando iba subiendo las escaleras.
Hice lo que me dijo Edward y entré al cuarto de Alice para recoger mi pijama. También me iría a lavar los dientes y me cambiaría de ropa en el baño. Cuando me fijé en las bolsas que había encima de mi cama me dio un escalofrío. Alice se divertiría de lo lindo conmigo haciendo que pareciera una barbie cuando Edward no pudiera protegerme…
Espanté esos pensamientos de mi mente y salí de su cuarto para ir al baño que había en el pasillo. Me lavé los dientes y me puse el pijama, dejando la ropa que había llevado puesta en el cesto de la ropa sucia.
Cuando salí distinguí una figura apoyada contra el marco de la puerta… Edward.
Solté un suspiro, ya creía que era Alice que había venido a torturarme.
-¿Satisfecha de que sea yo y no Alice? -preguntó mi novio.
-¿Sabes leer la mente? Porque era exactamente lo que estaba pensando. -le contesté con una sonrisa.
-Puede que sí… Puede que no… De todos modos no te lo contaría. -me dijo burlón mientras se acercaba para rodearme la cintura con sus brazos.
-¿Y no puedo hacer nada para que me lo digas? -le contesté después de acurrucarme y darle un beso en el pecho.
-Mmm… No sé. Ya veré mañana. -me contestó.- Ahora vamos a mi cuarto antes de que nos oiga Alice y venga a secuestrarte.
-¿Ella es la famosa secuestradora? -le pregunté bromeando.
-No me extrañaría. -rió mientras me guiaba hacia su dormitorio.- Pero en esta casa soy el único que tiene derecho a secuestrarte… Y es lo que estoy haciendo esta noche… ¿Cierto?
-Es verdad… Te di permiso antes. -me reí.
Edward abrió la puerta para que yo pasara primero, cuando lo hice pasó él y después la cerró poniéndole el pestillo.
-Bueno, ¿ahora qué hacemos? -me preguntó cuando se tiraba encima de la cama.
-Pues no sé, da ideas. -contesté.
-Podríamos ver una película o algo. No nos podemos acostar muy tarde, seguramente Alice nos despierte antes de las 8 de la mañana para que vayamos preparándonos.
-Es verdad… El parque de atracciones. -sonreí y me fui a sentar en el sofá.
-¿Tu secuestrador te da miedo? -preguntó maliciosamente.
-Si… Mucho. -bromeé.
-Eres mala, encima que te traigo para que mi hermana no te torture… Y me tratas así… -hizo un puchero.- No es justo…
-Déjalo ya Edward. -le dije cuando me levantaba del sofá y me sentaba a su lado en la cama.
-Siempre te acabo ganando… ¿Por qué ha sido esta vez? ¿Por mi carita de pena? -hizo el puchero de antes.- ¿O por qué no te puedes resistir a mi?
-¡Edward Cullen! ¡Eres un maldito arrogante! -le chillé indignada a la vez que le daba un golpe en el estómago.
-¡Oh Bella! -chilló retorciéndose ante el golpe que le había dado.- ¡Me has hecho daño! ¡Sólo era una broma!
Me arrepentí en el instante en el que le vi el rostro. Le había hecho daño de verdad.
-Edward lo siento… En serio lo siento… Es que a veces me pones de los nervios… Y no me puedo controlar. Te lo juro lo siento muchísimo. -dije dándole un beso en la mejilla.
-Está bien Bella… Sólo intenta controlarte un poco, ¿vale?
-De acuerdo. -contesté, y bajé la cabeza sonrojándome.
-Creo que vuelves a tener fiebre. -bromeó conmigo y sonreí.- ¿Tienes calor?
-Nop, más bien tengo un poco de frío. -el frunció el ceño.- Es que me suelo sonrojar mucho, ya sabes…
-Sí, lo sé. Pero parece que te sonrojas más cuando me tienes cerca. -se rió.
-Creo que tienes razón. -volví a sonrojarme confirmándolo.
-Tampoco es malo. Me encanta ver ese rubor en tus mejillas. -me cogió del mentón y levantó mi cabeza para poder mirarme a los ojos.- Mas bien, me encantas entera…
-Estás haciendo que me sonroje aún más. -me reí.
-Me gusta hacerlo. -bromeó.- Bueno, ¿qué película quieres ver? Tengo muchas en aquella estantería. -señaló el lugar donde estaba la televisión, encima de ella había una gran estantería con un montón de películas.- Escoge la que quieras.
Me levanté de la cama y me acerqué para poder ver los títulos de las películas. American Pie, El Señor De Los Anillos, Star Wars, Grease, El Hombre De La Máscara De Hierro… Me detuve después de ése título, y cogí la película que había a su lado. Había muchas más, pero yo quería ver esta, ya que hacía demasiado tiempo que no la había visto.
-¿Te gusta Underworld? -me preguntó Edward cuando vio la carátula de la película.
-Está bien. -le contesté.- Me gusta la historia. -me encogí de hombros.
-A mí también me gusta.
Puse la película y después me tumbé contra el pecho de Edward, que me rodeó con sus brazos.
-¿Sigues teniendo frío? -me preguntó cuando la película estaba en los créditos iníciales.
-No, ahora no. -me apretó más contra él.
Vimos la película entera, sin interrupciones por parte de ninguno de los dos, excepto por un suspiro que me salió cuando los protagonistas se besan, (bueno, más bien cuando Celine besa a Michael y le esposa a la silla, para que no se escape y pueda atacar a los humanos) y tampoco ninguna por parte de los demás, que parecía que estaban demasiado ocupados como para preocuparse de si me había colado por la taza del váter, ya que la última vez que me habían visto después de cenar les había dicho que iba a lavarme los dientes.
-Ya es tarde. -cortó mis pensamientos Edward.- Creo que deberíamos dormir ya.
Miré el reloj que había en su mesilla de noche, eran las 23:54.
-Tienes razón, hay que descansar para poder estar preparados para mañana. -le guiñé el ojo.
Se levantó y quitó el DVD del reproductor, para luego meterlo en la caja y devolverlo al sitio de donde lo había cogido yo.
Después entró al armario y salió con una manta fina.
-¿Qué haces? -le pregunté.
-Pues irme a dormir. -se sentó en el sofá.- ¿Te importa que duerma en bóxers?
-Mmm… No.
-Pues entonces esto sobra. -se quitó los pantalones y los dejó en el suelo.- Hasta mañana Bella. -se tumbó en el sofá, apagó la luz con el interruptor que había al lado y se tapó con la sábana hasta la cintura.
Al verle hacer eso reaccioné.
-Oh no, de ninguna manera. Yo duermo en el sofá y tú en tu cama.
-Bella, no seas ridícula. Eres nuestra invitada… Además de mi novia. -sonrió ante esa palabra.- No voy a dejar que duermas en un sofá.
-Pero Edward…
-Nada Bella. -me cortó a mitad de frase.- Calla y duerme. -se dio la vuelta mirando hacia en respaldo del sofá.
Me quedé callada un buen rato, no sabía si se había dormido, pero tampoco me importaba.
-A mi me hubiese gustado dormir contigo. -dije, y después noté como se daba la vuelta en el sofá.
-¿Eso es lo que querías? ¿Por qué no me lo has dicho?
-Porque me has cortado a mitad de frase. -le contesté.
-¿En serio que quieres que duerma contigo? -me preguntó serio.
Era el primer chico que veía dudar cuando una chica le pedía que durmiera con ella. Realmente era un caballero cuando no hacía tonterías.
-Totalmente en serio Edward. -le sonreí en la oscuridad.
Oí unos ruidos (seguramente los que hizo al levantarse) y después se acercó a la cama.
-Déjame sitio Bella. -me pidió.
Hice lo que me dijo y me eché hacia un lado de la cama.
-¿Sabes qué? -le pregunté.
-Dime.
-Tengo frío. -le dije maliciosamente.
-¿Y qué puedo hacer yo por ti?
-No sé… ¿Abrazarme quizás?
Se rió bajito, pero luego sus brazos me rodearon y yo me acurruqué contra su pecho.
-¿Mejor?
-Muchísimo mejor.
Me quedé dormida en poco tiempo, ya que Edward empezó a tararear una melodía preciosa que ayudó a que pudiera conciliar el sueño. Él no sé cuánto tiempo tardó para dormirse, pero fueron sus besos los que me despertaron.
-Bella, despierta. -me dijo su aterciopelada voz.
-Cinco minutitos porfa. -se rió.
-¿Quieres ir al parque de atracciones o no? -me besó debajo de la oreja.
-Lo que quiero… Es que me des más besos de esos.
Me dio otro y después otro, para hacer un recorrido de besos por mi cuello.
-¿Así está bien? ¿Ya te has despertado del todo? -me preguntó.
-Creo que sí, pero sigue por si acaso.
-Si te despiertas te juro que te daré más… Pero ahora hay que bajar a desayunar, mis padres llegaron hace poco rato… Y quiero que sepan formalmente que eres mi novia antes de que se vayan de viaje.
Tragué saliva. Yo ya conocía a Carlisle y Esme, pero sólo porque yo era amiga de Alice. No sabía que podía esperar cuando Edward les dijera que éramos novios… Aunque sé que Esme lo aprobaría, y Carlisle no creo que pusiera ninguna pega… Pero aún así era bastante vergonzoso.
-Te he traído ropa. Me la dio Alice para que te pudieras cambiar. -me dijo.
-Eh… Esto… Vale. -me tendió la ropa y la cogí.- Voy a cambiarme, no tardo.
Entré a su baño y me cambié de ropa, dejando el pijama doblado encima de la tapa del retrete. Me desenredé el pelo con las manos y después salí para verle poniéndose unas calzonas de basket (que le quedaban genial, había que reconocerlo).
-Bella, pásame ése polo azul de ahí. -me lo señaló, lo tenía al lado, por lo que se lo pasé rápido.
-Te has puesto muy guapo. -le dije sonrojándome.
-Quiero estarlo para presentarle a mi novia a mis padres. -me sonrió después de ponerse la camiseta.- Tú también estás muy guapa con la ropa que te ha regalado Alice. -me guiñó un ojo.
¿En serio que llevaba ropa nueva? ¿La que me había comprado Alice? No me había dado ni cuenta.
-Muchas gracias. -le contesté sonrojándome más aún.
-De nada guapísima. -se acercó y me abrazó por la cintura, yo me acurruqué contra su pecho.
-Me va a dar mucha vergüenza, ¿sabes? -le hablé.
-No tiene un por qué. Sabes que mis padres siempre te han tratado como a una más de la familia… Ahora con más motivos. -se rió.- Vamos abajo, nos están esperando.
Me cogió de la mano y salimos de su cuarto.
Ahora que me había fijado, llevaba unas calzonas (pantalones deportivos) de chica color blanco y rojo, con una camiseta de tirantes también blanca y unas chanclas. No era nada del otro mundo, Alice sabía lo que me gustaba, más si íbamos a ir al parque de atracciones, necesitaba un conjunto sport.

Cuando asomamos las cabezas por el salón…
-¡Hombre! ¡La parejita feliz! -chilló Emmett.
Edward le miró con una cara… Si las miradas matasen… Pensé yo.
-Emmett… Eres un bocazas. -le reprochó Alice.
No me había fijado antes, pero Esme y Carlisle estaban sentados en la mesa desayunando, por lo que habían escuchado a Emmett.
-Esto… Mamá… Papá… -¿Edward se estaba cortando con las palabras? No podía ser…- Os tengo… No, más bien… Os tenemos que decir algo…
-Creo que casi todo lo ha soltado Emmett hijo. -nos dijo Esme sonriendo.- Me alegro por vosotros.
-Gracias Esme. -le devolví la sonrisa cuando me sonrojaba y Edward me rodeó de la cintura.
-De nada cariño.
-Yo no estoy de acuerdo. -dijo Carlisle serio, pero de pronto su cara cambió radicalmente.- Era broma, me alegro mucho chicos. -sonrió sinceramente.
-Gracias papá. -dijo esta vez Edward.
Nos comimos el desayuno con una Alice que no paraba de meternos prisa para que termináramos.
Después las tres nos cambiamos la ropa interior por los bikinis.
Los demás ya habían organizado todo para el viaje al parque de atracciones.
Iríamos en el Jeep de Emmett, ya que en él cabíamos los seis. Cada chico llevaría una mochila (órdenes de Alice) con la comida y algo de dinero por si queríamos comprar algunas bebidas una vez que estuviéramos allí. Aunque las dejaríamos en las taquillas hasta la hora de comer para poder montarnos en las atracciones.
En definitiva, Alice lo había organizado bastante bien. Y con eso y el recorrido que habíamos organizado el día anterior teníamos todo el día arreglado.
-Que os lo paséis bien chicos. -nos despidió Carlisle.
-No os metáis en líos. -dijo Esme.
-No sé como tu madre quiere que no nos metamos en líos con Emmett cerca Alice… -hablaba Rose con la enanita.
-Bueno… Yo tampoco lo sé. -se rió.
-¡Eh! ¡Que tampoco os meto siempre en líos! Edward también lo hace… -dijo desentendiéndose del tema.
-Y ahora me echará a mí la culpa de todo… -habló Edward con reproche.
-A ver Em, Edward nos ha metido en algunos líos… Pero el que nos ha metido en los más gordos has sido tú. -volvió a hablar Alice.
-Bueno sí, eso es cierto. -dijo sonriendo.
Nos montamos en el coche. Emmett conducía (sí, ya lo sé, menudo peligro), Jasper iba a su lado, y al lado de él iba Alice. Atrás íbamos Rosalie, Edward y yo (los dos juntos claro está).
-Voy a tener que poner la radio. -dijo Emmett.- Ya que el último CD que tenía en mente traer… Lo destrozó mi querido hermano. ¿A que sí Edward? -le reprochó.
-¡Oh, cállate ya Em! Te dije que valía la pena perderlo… Ya te recompensaré dentro de poco.
-Más te vale. -le contestó.- ¿Radio? ¿O alguno se ha acordado de traer su MP4?
-Yo lo tengo aquí. -le dije pasándoselo por encima del asiento para que lo pudiera conectar al reproductor de música del coche.
-A ver qué música tienes ahí Bella… Espero que no me envenene los oídos. -me dijo Rosalie.
-Tranquila hay de todo un poco. -le guiñé el ojo.
Empezó a sonar Hot And Cold de Katy Perry y todos los que íbamos en el coche empezamos a cantarla.
-Tampoco tienes tan malas canciones en el MP4 Bella. -dijo Emmett.
-¡Eh! ¡No te metas con ella! -le chilló Alice dándole un golpe en el hombro.
-¡Auch! ¡Eso duele Alice! -la recriminó.
-Son las consecuencias de tus actos. -le sacó la lengua.- Así que… No te quejes.
-Vale. -contestó secamente.
El viaje hacia el parque de atracciones fue bastante divertido, no paramos de cantar todas las canciones que sonaban, incluso algunas de las canciones de las películas Disney que tenía en el MP4.
De repente empezó a sonar una canción que sabía que le encantaría a Emmett. Scream, de Michael y Janet Jackson.
-¡Oh Bella! ¡Me encanta! -chilló Emmett.- ¿Tienes más canciones de Michael? -dijo por encima del sonido de la música.
-Creo que hay alguna más por ahí, pero están todas mezcladas.
Empezó a cantar la canción completa y todos nos reímos por los gestos que iba haciendo con la cara mientras que iba conduciendo.
-¡Em eres el puto amo! -le aduló Jasper que estaba riéndose.
-Eso ya lo sabía. -le guiñó un ojo y todos nos reímos.- Bueno… ¿Ahora cuál viene Bella? -me preguntó curioso el grandullón.
-Pues… -me sonrojé.- Es una canción de Día Sexto…
-¿Bella? -preguntó Alice.- ¿No será la canción que estoy sospechando?
-Creo que sí. -me puse más roja que un tomate.
-¿De qué canción habláis? -preguntó Rose.
-Si estoy en lo cierto… Lo sabrás en cuanto escuches la introducción.

Continuará...