Nenas queridas... besos y abros a todas, mil gracias por sus lecturas y comentarios... en fin. Historia dedicada a todas ustedes, con todo mi cariño.
Como siempre, mi agradecimiento eterno a mi maravillosa Gaby Madriz, mi beta adorada, quien mejora esta historia. =)
A leer niñas. Que lo disfruten!
9. Sanar.
"La tierra parece estar quieta, y el sol parece girar
Y aunque parezca mentira, tu corazón va a sanar, va a sanar, va a sanar…"
~En Paralelo~
—Después que las disposiciones y las cláusulas han sido planteadas y ya que ambas partes están en total acuerdo, firmaremos los papeles —indicó profesionalmente Tatianne, frente a sus dos clientes. Esta postura era un acto de lo más normal en su profesión, aun cuando sus clientes eran dos de sus grandes amigos que se disponían en breve a firmar los papeles del divorcio.
Extendió sobre la mesa dos copias, uno para cada uno, y les indicó en los lugares donde debían plasmar su rúbrica. Ninguno se detuvo a leer los documentos, pues habían sido analizados por ellos hace unos días atrás.
—Bien, Lauren, Edward, oficialmente ustedes están divorciados.
El otrora matrimonio se quedó en silencio por unos segundos, mientras Tatianne pensaba que ese quizás era la celebración de divorcio más tranquila que a ella le había tocado asistir. Aunque no estaba segura si había sido la mejor decisión para ellos.
—Gracias por todo Tatianne —agradeció Lauren, extendiendo su mano sobre la mesa para tomar la de su amiga, que no estaba convencida del todo de la decisión que tomaron.
—No tienes nada que agradecer —respondió la abogada— ¿Sabes? Tengo algo de tiempo ahora, ¿nos tomamos un café?
Desde que llegaron, las dos mujeres apenas habían alcanzado a cruzar un par de palabras, y quizás este momento, pensó Lauren, sería bueno para hablar con su amiga.
—Bueno, señoras, me disculpan pero tengo un par de pendientes —dijo Edward, tomando sus papeles y levantándose de la mesa.
—¿Visitarás a Grace? —preguntó Lauren a su ex marido.
—Esta tarde después que salga de aquí.
—Bien. Iré por ella a la escuela y hablaré con su maestra para coordinar lo de la reunión, ¿estará bien para mañana?
—Mañana está bien —dijo Edward, acercándose a ella y sonriéndole, antes de despedirse con un beso en la mejilla— Nos vemos más tarde.
Salió de la sala y se metió en su oficina, cerrando la puerta tras de él y afirmándose contra esta.
Estaba hecho.
Oficialmente estaba divorciado y tendría que partir, desde ahí con su nueva vida, pensó, mientras soltaba el nudo de su corbata gris. Se había hecho a la idea, pero se sentía extraño. Una vez más estaba viviendo algo por lo que jamás pensó pasar.
Desde hace días, o más bien desde que plantearon esa opción con Lauren, el intentó habituarse la idea. Él lo entendía e intentaría asumirlo, pero lo más difícil era que Grace lo asumiera.
Soltó el aire de sus pulmones con ruido, pensando en el pesar de su niña. De momento, ella sólo había tenido unos arranques de llanto por ello, cuando Edward se despedía de ella por las noches y se iba de casa de Lauren, y no lo veía hasta el día siguiente por la tarde, o cuando iba por ella al colegio. Siempre preguntaba por él en las mañanas y ahí Lauren le recordaba que las cosas serían así de ahí en adelante.
Habían concordado que la niña pasara una primera temporada de "acomodamiento" en casa de Lauren, pues no era la idea que la niña viviese como gitana entre una casa y otra. Su casa ahora era donde estaba su madre, aunque legalmente los padres tendrían ese beneficio por partes iguales en un cincuenta por cierto. Pero Edward entendía que la niña necesitaba tiempo con su madre, así que no puso excusas.
Revolvió su cabello con su mano, deseando tener un cigarro entre sus labios para relajarse, pero su padre por petición de Esme, había prohibido fumar dentro de las oficinas. "Bien Edward, a trabajar mejor será…" suspiró y se instaló tras su escritorio donde se hundió en temas legales durante toda la mañana.
Por la tarde, fue a casa de Lauren donde pasó tiempo con su hija, la ayudó con sus quehaceres de la escuela, cenó con ella y la llevó hasta la cama, en donde la dejó cuando la niña se durmió.
Se reunió con Lauren en la sala, donde ambos hablaron durante un rato.
—Me ofrecieron ser la abogada de planta de una institución pro ayuda al niño con cáncer —indicó Lauren— Hay varios litigios pendientes, con investigaciones en proceso por casos de negligencia, entre otras cosas. El sueldo no es mucho, pero la verdad no me interesa. La idea de trabajar en ese lugar me inspira, ¿sabes?
Edward asintió y le sonrió. Claro que le inspiraba, así como le inspiraba a él dar un importante donativo a un hospital oncológico —¿Aceptaste ya?
—Mañana iré a firmar con ellos.
—Eso es bueno. Si necesitas ayuda con algún caso, sólo debes llamarme.
—Seguro necesitaré de ayuda, ya te pondré al tanto —aseguró ella. Enseguida recordó su encentro con la maestra de Grace— Conocí a la maestra de la niña. Me agradó, sabes. Además Grace habla muy bien de ella.
—¿Y te dijo algo, sobre por qué quiere vernos? —preguntó él, pasando por alto los halagos hacia la maestra.
—No me adelantó mucho, pero según ella y Rosalie, es algo bueno que quiera conocernos y hablar con nosotros.
—Aun así, no deja de preocuparme el motivo…
—Mañana nos lo dirá, pero no te preocupes —sonrió ella, intentando infundirle confianza.
/E.P/
Al día siguiente, como fue previsto, Lauren y Edward fueron hasta la escuela a la cita con la maestra. Grace, mientras ellos estaban reunidos, jugaría en la oficina de Rosalie, quien se ofreció en cuidarla en tanto ellos estaban ocupados.
La maestra los esperaba en el salón, acompañada de un hombre a quien ella presentó como el psicólogo infantil Jacob Black. Eso alertó de sobre manera a Edward, quien después de las presentaciones, se lanzó a pedir que sus dudas fueran resueltas:
—Se supone que no pasaba nada con nuestra hija, que sería una reunión trivial, y aquí frente a mí hay un psicólogo, ¿me puede decir de una vez que sucede? —inquirió a la maestra, dejando entrever su malestar, más bien producido por sus nervios que por otra cosa.
La maestra negó con la cabeza y habló con serenidad —No se asuste por la presencia del Sr. Black aquí, pero para lo que quiero hablarles, me parece que es necesario —dijo, mirando a Jacob, mientras él asentía. La maestra de dispuso a continuar, mirando a los padres alternadamente mientras hablaba— Bien, no es algo que yo tenga que recordarles seguramente, pero Grace ha pasado por presiones muy fuertes, como la pérdida de su hermana y el divorcio que ustedes presumo atravesaron hace poco —indicó Bella con mucha tranquilidad— y hay comportamientos en la niña que reflejan eso.
Lauren intervino —Disculpe maestra, ¿Cómo supo lo del divorcio?
—La misma niña me lo comentó un día. No me habló de divorcio, pues ella no reconoce ese término, pero sí me dijo que sus padres ya no vivirían juntos ¿es así, no?
Lauren asintió, y Edward bajó la cabeza, preguntando con voz áspera, ronca —¿Qué es lo que pasa con mi hija, tiene quejas de ella?
—Si se refiere a mal comportamiento o cosas como esas durante la clase, pues no. Muy por el contrario —indicó la maestra sin lugar a dudas— Es una niña muy obediente y tranquila, no hay quejas de ella en ese aspecto, y en ninguno en verdad. Sólo llama mi atención la forma que ella tiene de relacionarse con el resto —Bella torció su cuerpo hacia la mesa que había junto a ella y tomó una carpeta que abrió, mirando los papeles que habían allí— En el perfil psicológico de la niña, se hace alusión a su carácter sociable y muy alegre, muy por el contrario a la actitud que he visto en estos días.
La maestra hizo una pausa y prosiguió —Hay días que la niña llega muy bien, con el ánimo exultante y se mantiene así durante toda la clase, siendo sociable, cooperadora, tomando iniciativa. Así como hay otro días que su ánimo decae y es como un fantasma dentro de la sala, diametralmente diferente un día de otro.
—¡Jesús! —exclamó Edward, pasando una y otra vez sus dedos por el cabello.
—Según lo que notamos, —intervino Lauren— percibimos que ella tomó de manera… natural estos cambios, lo de su hermana y nuestra separación. No vimos nada fuera de lo común, y me refiero a actitudes extrañas. Es normal que ella esté triste y creemos que es parte del proceso, pero fuera de eso…
—¿Me permites? —Ahora intervino Jacob, poniendo una mano sobre el hombro de Bella— Señores, los cambios de actitud y comportamiento tan volubles que tiene la niña en clases, denotan algo que no sería bueno dejar pasar. Es simplemente ser precavidos ante este comportamiento y evitar que algo más pueda estar pasando que pueda traer otro tipo de consecuencias.
—¿Consecuencias? —Preguntó Edward, mirando al psicólogo— ¿Qué tipo de consecuencias?
—En los casos más delicados o extremos los niños, por ejemplo, sufren especie de mutismo muy similar a las personas con autismo frente a la muerte de alguien tan cercano. El divorcio si bien es cierto en algo más común, es algo igual de delicado, sobre todo para lo que la niña ha tenido que pasar.
—¡Dios mío! —exclamó Lauren, cerrando sus ojos. Jacob enseguida intentó tranquilizarla
—Señora, no es que eso sea lo que le pase a la niña. Sólo queremos estar seguros que tan normalmente tomó y procesó todos estos cambios, porque sabrán ustedes mejor que nadie que estos, no se procesan de un día para otro.
—¿Y qué ha comentado sobre eso, sobre lo de la separación? —preguntó ahora Lauren, tragando el nudo de su garganta.
—Que a pesar que sus padres no viven juntos, se quieren —indicó Bella hacia Lauren en tono tranquilizador, enseguida volvió su vista a Edward— Ella lo extraña en la habitualidad de un hogar, Sr. Cullen, pero es por lo reciente, seguro lo sabrá llevar bien. De cualquier forma, esta reunión es para proponerles o más bien plantearles la idea que la niña asista a sesiones psicológicas…
—¡¿Qué?! —Exclamó Edward con prejuicio ante la idea de que su hija se sometiera a ese tipo sesiones que era para niños con problemas serios, graves, no como su niña que sólo pasaba por un mal momento, el que seguro superaría con el paso de los días.
Bella irguió su postura e inspiró con fuerza para tragar la sensación de incomodidad que ese padre le hacía sentir —Sr. Cullen, entiendo su aprensión, pero sepa que es algo que se recomienda hacer. El psicólogo se los acaba de explicar…
—Mi hija —interrumpió el padre, mirando con recelo a la maestra— Grace tomó de buena forma la… la partida de su hermana. Para ella es un ángel…
—Ángel que la niña cree que la abandonó, después que regresaron de Venecia, y después que supo lo de vuestra separación —contraatacó la maestra, dejando a Edward en jaque y en silencio. Lauren, como siempre para hacerle contención, acercó su mano hasta los tensos puños que él apretaba sobre sus rodillas.
—¿Y cuándo recomiendan comenzar con esas sesiones? —susurró Lauren en dirección al psicólogo, quien enseguida respondió.
—Cuando ustedes lo dispongan, pero creo que antes de poner fecha, deben hablarlo entre ustedes y estar de acuerdo con esta decisión. Finalmente esta reunión es para ponerlos al tanto y para darles nuestra recomendación. Ustedes son quienes deciden.
Los padres de la niña sin duda salieron muy preocupados por la dichosa reunión que acaban de tener. Lauren estaba convencida en que debían seguir las sugerencias que les dieron, pero Edward no estaba del todo convencido. Le desagradó la actitud sabelotodo de la maestra quién acababa de conocer a su hija y la postura tan superior de ese loquero. Él prefería pensar en que Grace mejoraría su ánimo con la ayuda de su familia, y no la de dos extraños.
Dejaron que la niña viera un rato sus dibujos animados antes de hacer tareas, mientras ellos comentaban el tema:
—¿No quieres que ella vea al psicólogo, verdad?
—Creo que está de más, que esas sesiones asustarían a Grace y no la ayudarían, además, si no es tan grave como dicen… —se levantó del sofá empujado por el cúmulo de sensaciones intranquilas que lo aquejaban— Y ¿Por qué esa mujer habla de mi hija como si la conociera de toda la vida? Grace no es sociable porque está conociendo recién a sus compañeros… y está triste por… por lo de Lizzie y todo…
—Edward… —Lauren se levantó y caminó hasta él, tomando su brazo y mirándolo— hagámoslo por la niña, por favor.
Edward miró los ojos suplicantes de Lauren, que fue lo que finalmente lo convenció. Se acercó a ella y la abrazó por la cintura, hasta pegarla contra su cuerpo. Dejó su cara escondida en el hueco de su cuello y suspiró, inhalando enseguida el aroma tan familiar de esa mujer, el que inevitablemente extrañaba, no como su mujer o amante, sino más bien como su compañera.
Lauren, a su vez, lo acogió con naturalidad, no sintiendo ni incomodidad ni recelo por ese acto de afecto. Edward fue su gran amor, fue su marido, era el padre de sus hijas y el hombre quien ocuparía por siempre un lugar especial en su corazón.
—Está bien… —susurró Edward después de varios minutos, sin apartarse del agarre de Lauren. Ella sonrió y acarició su cabello como siempre adoraba hacerlo.
—Mañana mismo hablaré con la maestra, para que se lo contemos a Grace…
Edward enderezó su postura y llevó luego sus manos sobre los hombros de Lauren —Dejaré que se hagan esas sesiones, mientras la niña no muerte señales de incomodidad y mientras uno de nosotros esté presente —dictaminó.
—Bien, entiendo, le plantearé tus aprensiones a la maestra; seguro que no habrá problemas.
—Eso espero, —suspiró y se apartó de ella— lo hago por su bien, Lauren. Yo me moriría si algo le pasara…
—Nada va a pasarle, Edward. Ya verás.
Al día siguiente, Lauren habló con Bella después de la escuela y le dijo sobre la decisión que ella y su ex marido habían tomado. La maestra se puso muy contenta y le aseguró que verían cambios en la niña, de los que seguro se sentirían orgullosos.
Hablaron con Grace y le contaron que Jacob, un amigo que trabaja en el colegio, deseaba conocerla y hablar con ella. La niña miró a su madre y a su maestra con extrañeza, no segura del por qué ese amigo Jacob quería hablar con ella, pero sin más remedio, asintió con un "Claro…"
/E.P/
—¡Te lo dije! —le increpó Emmett a su hermano, cuando este comentó en la mesa, después de haber cenado, que la niña asistiría a una especie de terapias con el psicólogo de la escuela.
—Emmett, por favor. No es nada del otro mundo… —intentó tranquilizarlo Rose, tomando su mano. Pero el tío sobreprotector de Grace, estaba endiabladamente molesto con su hermano y sabía que todo eso del divorcio traería consecuencias negativas para la niña.
—¡No te bastó con que la niña pasara penurias por la muerte de su hermana, sino que ahora se te ocurre divorciarte, seguramente para sentirte e libertad de revolcarte con tu amante y de paso cagarle la psiquis a tu hija!
—¡Emmett! —El patriarca llamó la atención de su hijo, golpeando la mesa con un golpe seco— No sabes de lo que hablas…
—¡¿Me puedes decir qué mierda te pasa conmigo?! —con tensión en su mandíbula, le preguntó Edward a su hermano, levantándose también de su sitio— ¡Me estoy comenzando a hartar de tus arranques de ira contra mí!
—¡Eres un maldito imbécil, Edward! —Gritó Emmett frente a su familia, lanzando la servilleta de lino sobre la mesa— Destruiste tu familia por completo, sin pensar en el daño que le causas a los demás…
—¡¿De qué mierda hablas?!
—Contrólense, por favor… los niños… —intentó mediar Esme, recordando que Grace y sus pequeñas primas estaban un par de salas más allá, pero ninguno de los dos oía razones para calmarse.
—Hablo de que por tú culpa la niña ahora tiene que ir al psicólogo, porque no se te ocurrió nada mejor que divorciarte para poder revolcarte feliz con tu amante… ¡Por tu culpa, Lauren quiso divorciarse! … — y lo que dijo a continuación ni siquiera lo pensó— ¡Y quizás hasta por tú culpa también, Lizzie es que está muerta ahora! — gritó.
Un siseo colectivo se oyó en la mesa después que Emmett dijera eso.
Edward miraba a su hermano con desconcierto y una ola de dolor torció su corazón en ese instante. ¿Cómo era posible que él pensara eso, cuando él hizo todo lo posible para que la niña se recuperara?¿cómo podía recriminarlo por eso?
Y antes que alguien le increpara a Emmett, quien se mantuvo tenso y en silencio como en estado de shock, Grace entró corriendo al comedor y se ganó junto a su papá, enfrentando a su tío:
—¡¿Por qué le gritas a mi papi?!
Como día viernes, a Edward le pareció una buena idea que la niña y él pasaran el fin de semana en casa de sus padres. Es por ello que la niña y él se encontraba ese día allí, algo que finalmente al parecer, no había sido buena idea.
Esme se levantó de la mesa y se acercó a Grace —Cariño, no pasa nada…
—¡Le estaba gritando feo a mi papi! —Acusó la niña a su abuela, tomándose de la rígida mano de su padre, quien seguía mirando fijamente con horror a su hermano.— ¿Papi? —Tironeó la niña para que su papá la mirase. Él se demoró en desviar sus ojos hasta su hija.
—No pasa nada, cielo —susurró, agachándose y tomando a la niña en sus brazos— Vámonos al cuarto a dibujar y planeamos que haremos mañana, ¿está bien?
La niña asintió y dejó caer su cabecita en el hombro de Edward, quien sin más, salió con Grace del comedor.
Una vez en el cuarto que su madre preparó para Grace, la sentó sobre su cama, y puso una serie de libros de cuentos sobre sus pies para que ella eligiese cuál sería la lectura de esa noche. Pero la niña —la verdad— estaba más preocupada por los gritos que por el cuento.
—¿Por qué tío Emmett te estaba gritando? —preguntó a su padre cuando este se acomodó en la cama junto a ella. Edward cerró los ojos y suspiró antes de responder.
—Sólo estábamos discutiendo algo sin importancia, nena. No te preocupes…
Frunció su boca y sus cejas —No me gusta que te grite…
—Tío Emmett siempre me grita —le dijo, alzándose de hombros y tratando de sonar distendido, como quitándole importancia, mientras que con su dedo índice golpeaba la nariz de su hija— Ahora dime, qué quieres leer…
Mientras la niña, contenta por la respuesta de su padre, revisaba y evaluaba la mejor posibilidad, Edward estaba anulando su deseo de llorar. La crueldad en las palabras de su hermano lo hirió, aunque pensó que las dijo sin querer.
Aun así, sabía que movido por algún sentimiento oculto las decía, y odió pensar que así fuera. ¿Qué tipo de rencor tenía Emmett con Edward?
~En Paralelo~
Las semanas fueron pasando rápido, y los meses, hasta que casi en un abrir y cerrar de ojos Bella se encontró en el calendario con que ya era septiembre. Su trabajo había estado tan bien evaluado que continuaría indefinidamente a cargo del curso preescolar.
"Dios, como pasa el tiempo…" meditó, recordando lo vertiginoso de su vida en esos meses.
Su hija crecía con una rapidez que a ella misma la sorprendía, totalmente sana, que para ella era lo más importante. Estaba hermosa, y según las personas que la conocían, decían que cada vez desarrollaba rasgos en su rostro que la hacían parecerse mucho a ella, la forma de su rostro, sus ojos y el color marrón de su cabello. Ella era su tesoro, su adoración, por ella dejaría todo, incluso daría su propia vida si fuera necesario.
Su matrimonio con Jasper marchaba con normalidad, con altos y bajos como en cualquier matrimonio, pero no queriendo decir eso, que se habían dejado de amar o querer. A veces, ella lo notaba ausente, pensativo; su humor era voluble, cuestión que lo hacía estallar a veces, pero Bella sabía que era producto del trabajo.
Jasper se estaba esforzado mucho en su puesto, pues el tratamiento para el embarazo y nacimiento de Mary, el traslado de regreso a Chicago y otros gastos, les habían hecho desembolsar una fuerte suma de dinero. Es por ello que Bella había decidido volver a trabajar tan pronto.
Pero no se arrepentía, pese a que extrañaba horrores no dedicarle el cien por ciento de su tiempo a su hija. Adoraba a sus niños como les decía a sus alumnos, con quienes tenía una estrecha relación con un par de meses recién de conocerlos, y aunque sabía que no debía tener consentidos o preferidos entre sus alumnos, la pequeña Grace había logrado ganarse un lugar especial en su corazón.
Después de las sesiones con Jacob durante casi dos meses que ella aconsejó, la niña había experimentado un cambio positivo en su actitud y en su personalidad, tanto en la escuela como con su entorno familiar, y eso sus padres debían reconocerlo. Sobre todo su papá, que se negaba a pies juntos a someterla a esas terapias:
—Vaya, no puedo negarlo —reconoció Edward con algo de recelo, después de la última sesión de la niña— después de todo, sí ayudó esta terapia.
—¡Se lo dije! —exclamó Bella con más entusiasmo del debido. Edward la miró de reojo algo extrañado— Perdón… es sólo que intuía que necesitaba ayuda. Creo que esta, es la Grace que yo quería conocer, y que usted y su mujer deseaban volver a ver.
—Sí, ahora ella habla de su hermana con la naturalidad de antes, incluso ha soñado con ella y asegura que está con ella —comentó él, observando a su hija corretear a un gato junto a otra de sus compañeras por el patio del colegio.
—No sabe cuánto me alegro, señor Cullen —sonrió ella en dirección al abogado, quien a penas la miró, asintiendo quietamente con la cabeza.
Después de eso, la niña retomó el ritmo normal de su vida, sus padres se turnaban para ir a buscarla y hablar con la ella de ser necesario.
No podía negarlo, se sentía satisfecha al ver que había podido ayudar o interceder para que Grace mejorara.
Pero no todo en su vida la hacía sentirse satisfecha. La relación con su madre seguía siendo tirante, a penas y hablaban cuando Charlie y ella iban a casa a ver a la niña, o ella iba a casa de sus padres. Renée seguía sin retractarse de sus acusaciones pero no había insistido con el tema.
La extrañaba, extrañaba esa complicidad de ambas, sus largas conversaciones, sus paseos. Echaba de menos a su madre, en todo el sentido de la palabra, pero ella debía ser fiel a Jasper, hacerle saber a su madre que confiaba ciegamente en él y que era ella quien se equivocaba, que su marido no se merecía ese trato de su parte.
Y lo peor de todo, extrañaba también a su hermanita Alice que a penas la llamaba a la casa. Al parecer, sus estudios le quitaban tiempo, por lo que le resultaba más fácil enviar correos electrónicos, pero siempre le decía lo feliz que estaba, de que todo marchaba bien en Estocolmo, y que cada día que pasaba estaba más segura que su decisión de quedarse allí fue la mejor. Michael la hacía feliz y su carrera de literatura la hacía también.
Pero no todo era tan malo. Lo bueno de que ya fuera septiembre, era que Alice viajaría en unos cuantos días para estar con ella en su cumpleaños. Bella se había puesto feliz, aunque lamentó que no se alojara en su casa. Ni modo, su hermanita vendría a visitarla y eso era suficiente para hacerla feliz.
—¿Cuándo dices que llega? —preguntó Jasper con mucho interés cuando dando saltitos de la felicidad Bella se lo comentó.
—El diez de este mes. Dice que viene cargada de regalos para Beth…
—¿Viene sola?
—Sí, Michael no puede dejar su trabajo, aunque dice que sólo estará aquí por cinco días. No puede dejar por más tiempo la universidad, ya sabes…
—Claro, claro —asintió él, encantado de saber que su cuñadita vendría en cuestión de días. Estaba ansioso, no podía negarlo, pero debía irse con cuidado, seguro su suegra estaría al pendiente de sus movimientos cuando Alice estuviese presente, por tanto tendría que maniobrar un momento para hablar con ella a solas y explicarle personalmente lo mucho que la había extrañado y lo insistente que sería en que ella regresara.
—¡Ey! Parece que estoy hablando sola —exclamó con falsa molestia Bella, poniendo sus manos sobre su caderas después que hizo una pregunta que él no contesto— ¿En qué estás pensando, eh?
—Mi mujer estará de cumpleaños, mi hija cumplirá meses en unos días, vendrá mi cuñada de visita… ¡tengo un montón de cosas en las que pensar!
—¿Me sorprenderás para mi cumpleaños? —Coquetamente preguntó, mientras tomaba un mechón de su cabello y lo enrollaba en su dedo índice, y mordía su labio. Jasper alzó una ceja y caminó a ella, hasta sujetarla por la cintura muy cerca de su cuerpo.
Con sus labios rozando los de Bella susurró —Te sorprenderé, no sabes cómo. Será un cumpleaños que no olvidarás —guiñó un ojo y luego capturó la boca de su mujer con la suya.
/E.P/
—¡Atención, atención! —con voz enérgica, Bella llamó a la compostura a sus alumnos después que estos llegaran de una actividad al aire libre. Cuando los pequeños estudiantes estuvieron en sus sitios y tranquilos, ella les habló— A finales de este mes, se celebra el aniversario de esta escuela y para celebrarlo se está preparando una fiesta escolar donde todos debemos participar.
Uno de los niños alzó su mano —Maestra, maestra, ¿y qué es una fiesta escolar?
—Es una celebración, en la que se realizan juegos y actos y otras actividades muy divertidas para los alumnos, apoderados y los maestros.
Otra de las niñas alzó su brazo para preguntar —¿Y qué debemos hacer?
—Bien, ese día serán actores de teatro…
Un colectivo "Wow" se escuchó en la sala, y enseguida todos comenzaron a alzar las manos, preguntando de qué se trataba la obra, o proponiendo ideas para realizar. La maestra tuvo que volver a llamar a la calma. Cuando volvió a conseguirlo, explicó:
—Será una obra de granjeros, en donde tendrán que disfrazarse….
Enseguida, su ayudante y ella comenzaron a explicar el contenido de la obra y a repartir los papeles. Ambas ya tenían una idea de quienes serían perfectos para un papel y otro, quedando todos sorprendentemente entusiasmados con el papel que les correspondería interpretar.
—¡Voy a ser un conejo! —exclamó Grace a una de sus amiguitas.
—Coneja —rectifico una de ella. Bella sonrió al oírlas, no pudiendo aguantarse las ganas de acercarse a ellas y comentar sobre aquello.
—¿Les gusta la idea entonces?
— ¡A mí sí, mucho! — dijo Grace, saltando de su silla.
—¿Y por qué te entusiasma tanto, nena?
—Porque yo tengo un conejo que está en el campo. Es blanco, pero tiene sus orejas como amarillas y una mancha negra en un ojo —indicó a Bella, dándole todos los detalles. Luego preguntó muy ilusionada— ¿cree que mi disfraz pueda ser como es mi conejo en realidad, maestra?
—¡Por supuesto que sí, pequeña! Mañana tendremos reunión con sus madres y les diremos de qué trata la obra. Ellas se encargaran de los trajes.
—¡Pues le diré a mamá que mi traje lo haga rosado, con cositas brillantes! —dijo una de las niñas.
Una de las chicas rodó los ojos antes de recordarle a su amiguita —¡Pero las grajeras no se visten de rosado ni llevan cosas brillantes encima…! —rectificó, haciendo que Grace y ella se rieran.
Cuando al día siguiente habló con los padres, estos también se mostraron muy entusiasmados, sobre todo con la idea del coctel que se haría esa misma noche para los adultos.
—Grace no ha dejado de hablar sobre su traje de conejo —comentó la madre de la niña a Bella, después que la reunión hubo terminado— será la primera obra en la que participará y debo decir que me tiene muy ilusionada.
—Me imagino… es bueno desarrollar estas inquietudes en los niños desde pequeños, incentivarlos con algún área artística como esta, o como el baile, el canto, o algún instrumento.
—Sí, probablemente ella quiera hacer de todo un poco, conociendo lo inquieta que es… —dijo Lauren, haciendo que ambas rieran. Enseguida algo más seria agrego— Maestra, quería agradecerle lo generosa que ha sido con mi hija…
—¿Generosa?
— Sí… creo que a mi niña usted le ha entregado más que cualquier otra maestra le hubiese dado. Supo intuir cuando algo raro pasaba, aconsejarla y aconsejarnos a nosotros. Ella la quiere mucho, sabe, siempre habla de usted con mucho cariño, y eso es algo que yo valoro…
—Señora…
—Dígame Lauren, por favor.
—Lauren, siento un profundo cariño por cada uno de mis alumnos, y es cierto, su hija, por todo lo que ha pasada, necesitaba de un poco más de atención e incluso algo más de cariño, es eso lo que he hecho, y con mucho agrado.
—Maestra —dijo Lauren, tomándole las manos— espero que la vida sepa recompensarla con el doble de amor que usted entrega a sus niños.
Bella sintió una profunda emoción, luego que esa mujer le dijera aquello. Después de lo difícil que había sido la vida para ella, con todo ese horror de perder una hija, tenía sentimientos y palabras de gratitud y cariño hacia ella, que sintió tan sinceras y la conmocionaron. Nunca una madre le había dicho algo como eso, por lo que atesoraría en su corazón aquellos buenos deseos.
—Muchas gracias, Lauren —respondió simplemente pero con mucho sentimiento en cada una de sus palabras de agradecimiento.
Con su corazón hinchado de cariño, Bella aquella tarde regresó a su casa, donde apenas al entrar, saludó a Irina y arrebató a su hija de sus brazos para darle un fuerte abrazo.
—¿Fue un buen día, señora? —preguntó la niñera, cuando vio a Bella llegar tan sonriente.
—Un excelente día, Irina, y seguro los siguientes serán aun mejores —auguró sin dudarlo.
/E.P/
—¡Por qué demoras tanto, Bella! Llegaremos tarde al aeropuerto —gritó el padre de Bella desde la sala. En aproximadamente una hora, Alice llegaría a la ciudad y eso a ambos los tenía completamente emocionados.
—¡Ya voy, ya voy! —gritó Bella de regreso. Estaba terminando de preparar a Beth para salir los tres, rumbo a la terminal.
—¡Por vida de Dios!, ¿te puedes dar prisa? —insistió el nervioso Charlie, mientras miraba una y otra vez su reloj. Bella, desde la habitación, rodó los ojos sin evitar soltar una risa.
—Tu abuelo es un neurótico… —le comentó a la niña, poniéndole su chamarra para salir de una vez, antes que a su padre le diera un ataque cardiaco.
—¡Por fin! —exclamó Charlie cuando las vio llegar a la sala. Fue hasta Bella y tomó en brazos enseguida a su nieta y la saludó con su muy característico beso esquimal y alegremente la niña respondió al saludo de su abuelo, golpeando con sus manitas el rostro de Charlie.
Salieron ambos al aeropuerto y como lo predijo Bella, llegaron con bastante antelación, al menos unos quince minutos antes que arribara el vuelo. Allí, Charlie aprovechó de charlar un poco con su hija, pues había visto algo raro entre su esposa y ella, él podía sentir la tensión entre ambas, y aunque lo negaran, él sabía que algo seguro ocurrió.
—¿Le contarás a tu viejo qué fue lo que ocurrió?
—¿A qué te refieres?
—Lo que sea que haya sucedido entre tú y tu madre, Bella.
Bella mordió su labio e hizo ademán de ordenar la ropa de su hija —Fueron sólo intercambio de opiniones. No estábamos de acuerdo con… algo; cosas…
—Uhm… —evaluó Charlie la respuesta, no tragándosela del todo— Bien, de cualquier forma, no olvides que es tu madre y las madres suelen tener razón. No eches por tierra sus consejos, ¿sí? Y no sigas disgustada con ella, la he visto bastante triste estos últimos días.
—Arreglaré las cosas con ella, lo prometo.
—Me alegra oír eso —sonrió él, acariciándole la barbilla— Y dime ahora, ¿todo marcha bien con los diablillos de tus alumnos?
—¡Oye, no les llames diablillos! —protestó, defendiendo a sus niños. Enseguida agregó con entusiasmo— Son unos angelitos adorables, y sí, me va excelente ahí, estoy muy contenta con el trabajo.
—Me alegro que tu vida vaya bien del todo, hija, te mereces esta vida feliz… no dejes que nadie arruine nunca ello, ¿sí?. Defiende tu felicidad, siempre.
Bella miró a su padre y asintió, agradecida por las palabras o más bien consejos que él le había dado, pues de cierto modo aquello confirmaba la manera en que defendía hasta ahora su vida y su felicidad.
Se quedaron un momento jugueteando con la niña, mientras esperaban que por la pizarra electrónica se informara del arribo del avión que traía a Alice. Cuando esto sucedió, ambos se levantaron y caminaron hasta la zona de arribo de los pasajeros, esperando el momento de ver a Alice, quien apareció tirando dos maletas muy grandes y sujetando su bolso de mano.
En cuanto ella vio a su padre, a su hermana y a su sobrinita, la garganta se contrajo y sus ojos se nublaron por las lágrimas. No podía negarlo, extrañaba a su familia y le emocionaba volver a verlos.
—¡Papá! —gritó Alice, corriendo a los brazos de su padre, quien la levantó y la hizo girar en el aire en sus brazos, como cuando era niña. Ella no pudo evitar carcajear.
—¡Piojito, mi nena! —exclamó Charlie, dejando a su hija en el suelo, quien enseguida fue atrapada en los brazos de su hermana mayor.
—¡Dios, Alice, cómo te extrañaba!
—Hermana… yo también te extrañaba tanto —susurró ella, dejándose envolver por el cariño de Bella. Se miraron a los ojos y ambas sonrieron al unísono. Enseguida, Alice centró toda su atención en su pequeña sobrinita, quien desde su coche, extendía los brazos hacia ella.
—¡Dios, qué grande estás! —Exclamó la tía, sacando a la bebita de su coche y alzándola en sus brazos— ¿Me extrañaste, Beth? Pues yo también. Te traigo muchos regalos, ya verás…
—Bueno, bueno, tu madre debe estar ansiosa esperándonos en casa, así que movámonos, ¿sí? —dijo Charlie, agarrando las maletas probablemente llenas de cemento que traía su hija menor.
Mientras él se encargaba de esos menesteres, las dos mujeres caminaban al auto hablando de mil cosas a la vez.
—Mi cumpleaños lo celebraremos el día sábado. Ya sabes, que caiga a mitad de semana no ayuda para hacer fiestas, y menos cuando tenemos que madrugar al día siguiente —anunció Bella con mucho entusiasmo. No era que celebrar su cumpleaños la animara siempre, pero esta vez era distinto… o lo sería, ella así lo presentía.
—Bueno, pues te entregaré tus regalos el día de la fiesta entonces…
—¿Mis regalos?¿Más de uno?
—Michael y yo hicimos toda una tarde de compras muy selectiva para elegir regalos para ti. Te encantarán, ya verás.
—Lamento que él no haya podido venir.
—Es difícil en esta época, también lo lamentó mucho.
—¡Claro que lo lamentó! Estarás fuera de su vista por veinte días, ¡Pobre hombre!
Ambas hermanas se rieron mientras el padre de estas rodaba los ojos por tener que escuchar esas charlas de mujeres.
Llegaron a casa, donde Renée corrió hasta la puerta a encontrarse con la menor de sus hijas, a quien abrazó con tanta fuerza, no pudiendo evitar llorar con ese reencuentro.
—Mamá… todo está bien…
—¡Oh, Alice!
—Ya estoy aquí, mamá. Hablaremos más tarde —susurró Alice al oído de su madre, quien asintió, apartándose un poco para mirarla y acariciarle el rostro y su oscuro y sedoso cabello. Envalentonada por la emoción, se acercó a Bella, a quien abrazó también con fuerza, dejando un apretado beso en su mejilla, sin decir palabra alguna. Bella se estremeció y torció su boca en una sonrisa.
La familia en pleno entró a la casa y se instalaron a conversar de la vida de Alice en Estocolmo, de cómo iban las cosas con su novio, y aprovechando para desempacar la maleta y sacar todos los regalos que Alice trajo para su sobrina. Desde ropa hasta juguetes que incluso servirían para cuando la niña tuviera más edad.
Estuvieron en la sala hasta después de las nueve de la noche, cuando Bella se levantó para retirarse. La niña ya estaba quedándose dormida y ella debía madrugar para sus clases del día siguiente.
—Pensé que Jasper vendría por ti —indicó Charlie, levantándose para ir a dejar a su hija. Renée y Alice intercambiaron una mirada furtiva, tensándose ambas de inmediato. Bella le respondió a su padre que Jasper trabajaría ese día hasta tarde, por eso no podía ir por ella, pero le hizo saber a su hermana, que él había dicho que "estaba ansioso por verla". Alice apenas sonrió, tensándose más aún.
Cuando Bella por fin se fue, Renée se acercó a su hija y la cogió por las manos —Bella a penas me habla cuando viene. No me perdona que le haya insinuado que Jasper… ya sabes.
Alice bajó la cabeza abatida —Todo esto es mi culpa… —su voz sonó quejumbrosa, con pesar implícito en sus palabras, pero Renée la sujetó por sus hombros e hizo que alzara su cabeza.
—Lo apartaste cuando él intentó acercarse. Sé que con tus sentimientos por él no puedes…
—Mis sentimientos por él ya están olvidados —dijo, sin mucho convencimiento.
—Si estuvieran olvidados, no estarías sufriendo, mi niña. Sé que tu intención es esa, y que esperas que Michael te ayude a olvidar, pero…
—Michael es mucho más para mí que una opción para sacarme a Jasper de la cabeza —indicó con vehemencia a su madre— Michael significa mucho para mí. Yo lo quiero, lo quiero de verdad.
—Eso no lo dudo.
—Jasper ha seguido insinuándoseme, por correos que ya no leo, o cuando ha interceptado mis llamadas telefónicas, y eso no me gusta, siento que está jugando con los sentimientos de Bella ¿Crees que deba hablar con ella sobre…?
—No estoy segura hija, no sé si sea lo mejor, pero si sientes que es lo que debes hacer, hazlo.
—¡Y lo haré, mamá! No puedo dejar que te crea mentirosa, que inventaste eso sobre Jasper —se levantó con decisión del sillón y caminó hasta la ventana— Hablaré con ella, aunque eso signifique que sienta rencor hacia mí; Bella debe saber cómo es realmente su marido…
—¿Sabes que Jasper lo negará todo, verdad?
—No me importa, Bella sabrá discernir sobre quien dice la verdad, y yo no diré mentira alguna. Se lo debo a Bella, mamá. Yo sólo quiero que él no la haga sufrir…
—Confío en ti, nena, —dijo Renée, levantándose y abrazando a su hija por la espalda, con sus brazos sobre sus hombros y dejando un beso en su nuca— siempre he confiado en tu criterio, nena. Sé que no me defraudarás, ni a tu hermana y menos a ti misma.
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