Uf! No sé cómo agradecerles su compañía para conmigo a través de esta locura. A todas las que pasean por aquí les mando un abrazo fuerte y mil gracias por darse el tiempo de leer. ¡Gracias!
¿Han pensado en algún método de tortura para Jasper? ¡Pues háganme saber, ¿sí?!
Como siempre, mil gracias mi sexy "señora" beta Gaby Madriz por hermosear este capítulo.
¡Que disfruten este capítulo!
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
11. Quebrado.
"Aunque tuvo todo a su favor un tiempo atrás, se le vio partir una mañana,
con la vida rota en mil pedazos y además, otro corazón que palpitaba…"
~En Paralelo~
Aún, todo era tan irreal, incluso para ella que como si en vez de haberlo vivido por sí misma, lo hubiera visto en una película o alguna telenovela. Pero aquello no había sido un largometraje ni una historia de ficción. Eso había sido la dura y cruda realidad.
Hace tres días, ella encontró a su marido follando sobre su cama con su hermana, en su casa, en el día de su cumpleaños.
Así de cruel era la vida.
Y tremendamente estúpida se sentía ella, después que no reparó en las constantes señales que pasaban claramente frente a sus ojos.
Su perfecta vida se había venido abajo, desmoronándose sobre ella, dejándola derrotada, mal herida y con deseos de morir. Pero no se podía dar ese lujo; estaba su hija, su mayor amor, su mayor preocupación, tu tesoro y la razón que tenía para vivir.
Su única razón.
Ahora, guarecida en su antigua habitación en la casa de sus padres; lloraba en silencio y meditaba sobre todo, después que pasaran tres días. Era sábado y precisamente en ese día celebraría una feliz fiesta de cumpleaños con sus seres queridos. Pero no, ahí estaba, recordando lo que fue el día que su mundo se desmoronó por completo.
La misma noche en que se desato todo ese conflicto, Jasper había intentado regresar a la casa a suplicarle a Bella que lo perdonase por ese momento de sin razón que lo nubló, incluso culpando a Alice de haberle seducido. Bella sintió una vez más como los trozos de su corazón que aún quedaban dentro de ella, se rompían con las palabras de Jasper:
—¡Quiero que te largues, quiero que saques todas tus malditas cosas de mi casa y te vayas para siempre! —gritó Bella con voz en cuello. Su cara estaba roja de furia, la vena de su cuello palpitaba y sobresalía por la tensión y su pecho subía y bajaba fuertemente costándole incluso respirar.
Jasper caminó hacia ella y se atrevió a amenazarle —¡Eres mi mujer, y esta es mi casa, así que no puedes echarme!
—¡Pues bien, me largo con mi hija!
—Es mi hija también…
—¿Y ahora recuerdas eso? —dijo Bella entre fuertes sollozos, antes de correr escaleras arriba y encerrase en el cuarto matrimonial para empacar sus cosas.
Mala idea, pues parada allí, la escena se hizo viva una vez más en su cabeza, al mismo tiempo que su estómago se revolvía y debía correr hasta el baño en hincarse sobre el inodoro a vomitar, pues todo eso le inspiraba asco y repulsión. Después de reponerse, se levantó y oyó suaves golpes en la puerta.
—¿Hija, nena?
Rápidamente abrió e hizo que su madre quien cargaba a su pequeña hija entrara. Enseguida trancó la puerta y se apresuró a decir, mientras entraba en el closet:
—Por favor, llama a papá y dile que nos venga a buscar. Esta noche no me quedo aquí, me largo con mi hija…
—¿Te vas a casa, conmigo?
Bella cerró los ojos en inspiró profundamente, antes de seguir metiendo su ropa en una de las maletas —No puedo. No si ella está allí también.
—No está. Tu padre me llamó exigiendo saber qué pasaba. Alice llegó hecha un mar de lágrimas y cuando Charlie le preguntó, ella simplemente le dijo que lo había arruinado todo, que no era digna de ser tu hermana, ni su hija y que se tenía que ir. No le dio más explicaciones; Tu padre está desesperado… no sabe qué pasa con Alice ni dónde está…
Bella detuvo su tarea de guardar ropa y pasó la mano por su cabello, jalándolo un poco —¡Dios!
—Él ya viene para acá…
—¿Le contaste?
—A grandes rasgos, sí, lo hice, y está endemoniadamente enojado.
Y no era para menos.
Charlie se acababa de enterar por teléfono que Jasper le había sido infiel a Bella, con Alice. Sentía que en cualquier momento estallaría de rabia contra el mal nacido de su yerno y que de verlo por ahí, seguro le partiría la cara en dos.
Y fue lo que sucedió.
Cuando llegó a casa de Bella, se encontró con la puerta de la casa entreabierta, por lo que entró sin anunciarse. En la sala se encontró a un nervioso Jasper que caminaba de un lado a otro con una copa de licor en una mano y en la otra, el teléfono que mantenía pegado en su oreja. No le escuchó entrar, pues estaba concentrado en comunicarse con Alice, quien insistía en seguir inubicable, con su móvil apagado. Por eso, cuando vio a Charlie con el gesto contraído y furioso, supo que las cosas para él, no vendrían bien.
El padre de Bella dio tres zancadas hasta él, agarró las solapas y golpeó con su puño el rostro de Jasper, primero en uno de sus ojos y luego en su mandíbula, dejando uno de sus dientes a punto de caerse.
—Charlie… por favor…
—Estas encabezando mi lista negra, Jasper —dijo con la mandíbula tensa, sujetándolo aun por las solapas, con su rostro muy cerca del de Jasper— Y no es que odie a mucha gente, y la verdad no lo hago, pero ahora quiero que sepas que odio a alguien, y ese alguien eres tú, mal nacido, hijo de puta —y otro golpe sin previo aviso, esta vez apartándolo un poco de su cuerpo para que su rodilla golpeara allí, justo en sus genitales, cayendo Jasper al suelo, a punto de soltar lágrimas del dolor.
—Si mi hija y mi nieta no estuvieran ahora aquí, tú serías mi prioridad… pero lo son ellas, así que agradece que no te dejo inconsciente… —dijo esto último, inconmovible, mirándolo como se retorcía del dolor.
Charlie dio media vuelta y subió las escaleras. Al entrar al pasillo del segundo piso, gritó el nombre de Bella, y la puerta del cuarto se abrió. La mayor de sus hijas corrió a sus brazos y lloró allí un buen rato hasta que sintió que su padre la tomaba entre sus brazos y la bajaba por la escalera, rumbo a la salida de la casa. No permitiría que se quedara ni un segundo más allí. Renée le seguía con la bebita en brazos, quien por suerte, sólo había despertado para beber su leche y se había vuelto a dormir. Charlie dejó a ambas mujeres en el coche y volvió a entrar a la casa para regresar en cosa de minutos con la maleta de su hija.
Se metió al carro e hizo el camino de regreso a casa en silencio.
—¿Bella? —Charlie entró al dormitorio de Bella con una bandeja con comida, haciéndola regresar a la realidad. Bella miró a su padre con gesto de súplica y disculpa, mientras sacudía la cabeza. De verdad sentía que nada podía tragar, ningún tipo de alimento. Desde hace tres días que no podía.
—No tengo hambre…
—Hazlo por tu hija que te necesita sana, y por la cordura de tu pobre viejo que no sabe qué mas hacer para ayudarte… —dijo Charlie, dejando la bandeja sobre la mesita de noche, para acercarse a su hija y refugiarla en sus brazos. Ella soltó un fuerte suspiro y se dejó acoger allí en esos brazos que la inundaban de calor.
—Lo siento papá…
—La verdad, no sé por qué me estás pidiendo disculpas. Nada de lo que ocurrió es tu culpa. Ahora, debes dejar de pensar en eso y concentrarte en tu futuro, en el futuro de la niña —susurró, mientras la mecía y acariciaba su cabello.
—No estoy preparada —admitió Bella, bajando su cabeza, mientras jugueteaba con el cubrecama.
Charlie suspiró fuertemente— Hija, no le des el gusto de verte así, derrotada y maltraída. Eres una mujer fuerte, valiente, independiente, podrás sobreponerte a esto.
— ¿Crees que… crees que debo darle la oportunidad a él para que…?
— ¡No! —La rotunda negativa hizo sobresaltar a Bella— ese tipo no te valoró, no te quiere, es cruel, pero es la verdad. Eres joven, mi vida, y la vida puede tener algo mejor preparado para ti…
—No quiero nada más… yo solo quiero estar tranquila… en paz, no quiero que nadie más me haga daño… nunca más —lloriqueó, escondiendo su rostro contraído en el pecho protector de su padre.
—Y así será, nena, pero ya debes ponerte de pie y afrontar la vida. Nada malo has hecho, debes seguir adelante.
—Me duele toda esta situación, papá… —lloró ella, presionando su mano sobre su pecho. Charlie besó fuertemente la cabeza de su hija.
—Lo sé, y eso me duele también a mi… haría lo que sea para que no sufrieras, hija. Sé que han herido tus sentimientos de mujer, pero podrás sobreponerte, lo harás, lo sé.
—Gracias papá… — susurró, descansando en silencio junto a Charlie.
/E.P/
Mientras Renée y Charlie jugaban con la niña en el jardín de la casa, aprovechando aquel domingo de septiembre, bajo el débil calor del sol. Bella los observaba acompañada de sus amigas Tanya y Victoria, quienes a penas se enteraron, no dejaron de preguntar por ella. Habían querido ir hasta la casa para estar con ella, pero Bella había pedido no ver a nadie.
—Lo sabía… sabía que ese malnacido te haría sufrir… —recriminó Victoria, apuñando sus manos sobre sus rodillas.
—Victoria, no es el momento de las recriminaciones… —rebatió Tanya.
—Victoria tiene razón —admitió Bella débilmente— todos se habían dado cuenta de lo que pasaba, menos yo. Me lo merezco…
—¡No digas idioteces, Bella! —exclamó Victoria en dirección a su amiga. Tanya, con un tono más conciliador acotó:
—Bella, no hagas eso, por favor.
—Lo siento, yo sólo…. No sé…—admitió, sacudiendo su cabeza. La confusión era palpable en Bella, y no era para menos. Todo seguía siendo irreal para ella.
Tras un momento de silencio, Tanya preguntó —Uhm… ¿volverás al trabajo?
—No lo sé…
—¡¿Cómo que no lo sabes?! Bella, es lo mejor que puedes hacer. Tus niños de la escuela ayudarán a distraerte, además, debes seguir con tu vida adelante. Tú puedes hacerlo, no le des en el gusto a ese, hundiéndote en la mierda.
—¡Maldición, Victoria! —Exclamó Bella hacia Victoria con dolor— Ponte en mi lugar. Mi marido, el hombre se supone me amaba, en verdad no lo hacía. Rompió mi corazón en mil pedazos… mi vida se vino abajo —dijo, temblándole la voz.
Victoria la miró y negó con la cabeza y respondió a Bella con algo más de calma —Sé que eres capaz de hacerlo; te conozco y sé que puedes salir adelante. No te quiero ver así, odio verte así, me hiere porque te quiero… sólo… sólo inténtalo.
Bella miró a su amiga, parpadeando, dejando que sus lágrimas cayeran. Se acercó a ella y la abrazó con cariño por los hombros —Gracias Victoria.
Enseguida hizo lo mismo con Tanya, quien lloraba en silencio, pues compartía lo que Victoria había dicho.
Y allí, contemplando a su hija disfrutar de la tarde con sus abuelos meditó en la idea de regresar a la escuela. Quizás su amiga Victoria llevaba razón. Quizás el amor de sus niños era lo que necesitaba.
Al lunes siguiente, se reincorporó a sus actividades como profesora, después de dejarle un mensaje a Rosalie la noche anterior, quien no dudó un momento en prestarle toda la ayuda necesaria. Por eso, cuando Bella fue hasta su oficina una media hora antes que las clases comenzaran, Rosalie lo primero que hizo fue levantarse y abrazarla. Después de todo, ella también sabía lo que significaba ser engañada.
—Creo que la mejor decisión, ha sido regresar a tu trabajo. Será lo mejor, y tendrás todo nuestro apoyo.
—Gracias Rosalie.
—¿Sabes? Creo que una, tiene que darse el tiempo de encerrarse en su cuarto a oscuras y llorar hasta creer que las lágrimas se han acabado, pero después de eso, inspirar y expirar con fuerza y seguir adelante. Creo que este es tu momento de seguir adelante, y dejar todo lo malo atrás.
—Es lo que intento.
—Ahora… ¿ya has pensado en el divorcio?
Bella tragó grueso, y nerviosamente estiró una y otra vez las arrugas imaginarias sobre su falda gris de tubo. Ni por un momento, después de todo lo que pasó, pensó en el divorcio. Sintió temblores en su cuerpo y una especie de sudor frio sobre su frente.
—¿Bella?
—Perdone… —dijo, carraspeando y secando su frente— No… no… no sé… no he pensado en eso.
—Bella, creo que no tienes que darte, ni siquiera tiempo de pensarlo. Él no se merece que lo pienses…
—¿Usted lo pensó? ¿Pensó en el divorcio cuando supo que su marido la engañaba? —preguntó Bella, como si las palabras salieran de su boca con vida propia, sin ella preverlo, por lo que luego que soltó las preguntas, y vio la cara contrariada de Rosalie, tapó su boca y la miró con ojos de perdón.
Rosalie se enderezó en su silla e hizo frente a las preguntas de Bella —Lo pensé, y estoy en eso, pero mi caso es… diferente. El engaño de mi marido fue hace un tiempo atrás… no lo excuso por ello, estoy muy dolida, pero… es diferente.
De cualquier modo, Rosalie le había pedido un tiempo a Emmett, pidiéndole que durmiera incluso en otro cuarto. Su orgullo de mujer estaba herido, pese a que él le juró que eso había sido hace tiempo, cuando ella incluso estaba descuidando su relación con él.
—Perdona, yo no debí…
—Prefiero que me pregunten directamente a oír chismes de pasillo, que es lo que ha pasado desde que volví.
—Lo siento.
—Bella, déjame ayudarte, por favor; tenemos que hablar con un abogado que te ayude con los trámites. Seguro tendrás pelea con ese, así que tendremos que buscar a expertos en litigios de divorcios que te ayuden…
—Un momento, Rosalie —dijo Bella, deteniendo a su jefa— Te agradezco que me ofrezcas ayuda, pero contratar un abogado con esas características no estaría dentro de mi alcance económico.
—De eso ni te preocupes, yo me encargo —extendió sus largos brazos sobre el escritorio hasta asir las heladas manos de Bella y apretarlas— ¿Me dejarás ayudarte? Es importante que sepas que este es el paso que debes dar, para cerrar ese capítulo, ¿Por qué no piensas perdonarlo, verdad?
—No… —susurró, bajando su cabeza, con el dolor martillándole el corazón.
—Muy bien, yo me encargo del abogado y de concretar una cita con él lo antes posible, ¿sí?
—Yo… uhm…
—No, nada de preocuparse. Ahora, ve a inundarte del amor de los chicos, que te han extrañado mucho y déjate querer por ellos. Lo necesitas.
—Muchas, muchas gracias Rosalie. Yo no sé cómo pagarte eso…
—Mi pago será verte bien, levantada y siguiendo adelante con tu vida.
Bella la miró y alzó la comisura de sus labios levemente, asintiendo hacia ella en forma de agradecimiento.
Se levantó y salió rumbo a la sala, donde añoraba reencontrarse con sus niños. De camino fue interceptada por dos fuertes brazos que desde atrás la tomaron por los hombros, alcanzando su paso con facilidad.
—Te extrañaba, Bella.
—Jacob…
—Me alegro que hayas regresado… y bueno, quiero que sepas que tienes mi apoyo para lo que necesites.
Ella sólo asintió hacia Jacob y pensó para sí: "Vaya, qué rápido corren las noticias…". Continuó caminando, sin poder escabullirse de los brazos de Jacob.
—… y me alegra saber que ahora tengo una oportunidad contigo —agregó Jacob con voz jocosa, deteniendo Bella su caminar en seco. Agitó sus hombros para soltarse de su incomodo agarre y mirar de frente a él.
—Me parece que tu comentario ha sido desubicado —reprochó seriamente, haciendo que Jacob tragara fuertemente, un poco arrepentido de sus palabras. Cuando iba a disculparse, ella lo interrumpió y agregó— Te agradecería que no te acercaras a mí por otra cosa que no sea trabajo. No somos amigos, así que por favor, no te tomes atribuciones que no te he dado. Ahora, si me disculpas, voy retrasada —se irguió, le dio la espalda al anonadado Jacob y caminó rumbo a su aula de clases.
Cuando llegó, una oleada de risueños niños se abalanzó sobre ella, queriendo llegar a abrazarla para demostrarle lo mucho que la habían extrañado. Bella sintió sus ojos escocerle y deseó multiplicar sus brazos para poder alcanzar a cada pequeño con ellos. Así que decidió repartir sus abrazos de uno en uno, diciéndole que ella también los había extrañado mucho.
Sin duda, Bella sabía que esos niños serían para ella, una gran ayuda para sanar.
/E.P/
Jasper apretó su móvil con fuerza entre sus manos y lo arrojó sobre la cama. Respiraba pesado, estaba furioso porque nada había salido como había pensado. Finalmente, Alice se había dejado vencer en sus brazos, pero ese mismo día, la había perdido y de paso había perdido a su mujer.
Cómo fue tan estúpido de no corroborar que la maldita de Irina los dejara solos antes de iniciar su reencuentro con Alice.
"Todo se jodió por su culpa"
En un acto sin pensar, pasó sus manos sobre su cara y el dolor de los golpes que dejó Charlie sobre su rostro lo resintió. El viejo pegaba duro, eso ahora a Jasper no le quedaba duda. Pero no le importaba.
Volvió a tomar el móvil que cayó hace un instante sobre su cama y volvió a marcar, hasta que la operadora por enésima vez lo mandó al buzón de mensaje:
—¡Maldita sea, Alice! ¡Contesta el maldito teléfono! —Se tranquilizó un poco y agregó ahora con voz sedosa— Bebé, te necesito y sé que tú a mí también, no me apartes ahora…
Dejó el mensaje y colgó. Volvió a marcar otro número y fue desviado también al buzón de voz. Volvió a dejar un mensaje:
—Bella… mi amor, sólo dame la oportunidad de hablar… me arrastraré a tus pies, nena. Sólo déjame verte… encontrémonos, te lo suplico. Eres todo para mí, Bella —con voz de cordero dijo esas palabras y colgó, esperando que la sensibilidad de Bella se removiera y lograra perdonarlo.
Suspiró y dejó caer nuevamente su teléfono, dirigiéndose luego al baño de la recamara, que hasta hace unos cuantos días ocupaba con Bella, a quien juró volver a tener allí. A como diera lugar.
~En Paralelo~
Pese a todo lo que había pasado, Edward no sabía con certeza por qué, pero podía respirar con tranquilidad, aunque con Lauren las cosas estaban un poco "delicadas", pero él necesitaba de tiempo para asimilar su confesión. La situación con su hermano Emmett era otra cosa, él en ningún momento desde aquel domingo, se intentó comunicar con él para hablar. Edward, ahora pensando un poco en frío, le hubiese dado la oportunidad. Después de todo, él no podía hacerse el ofendido inocente, pues él también había sido infiel, pero jamás hubiese pensado traicionar a su hermano.
Por eso, aquella mañana, decidió, mientras se observaba al espejo, rasurarse la barba y retomar su entrenamiento en el gimnasio. Siempre dedicó al menos tres veces por semana para estar dos horas ejercitándose, y pensó que ese era el momento de retomar ese hábito.
Dejaría de fumar —un poco, al menos lo intentaría— y dedicaría más tiempo a su hija Grace. También recordaría a diario a su hermosa Lizzie, de quien el dolor de su muerte seguía haciendo mella en su corazón, pero por su pequeña guerrera, era capaz de soportarlo, la recordaría con amor, sonreiría por los tiempos felices con ella, con la esperanza de que algún día, en algún lugar, se volverían a encontrar.
Dos horas de gimnasio, corriendo por la cinta, levantando un poco de pesas, entre otros ejercicios, para luego ir hasta su oficina y finiquitar sus asuntos.
—¡Vaya! Has dejado ir al hombre de las cavernas —exclamó Tatianne, entrando a la oficina de Edward, haciendo mención a su corte de barba. Él la miró y sonrió con ironía.
—Qué se te ofrece tan temprano, Tatianne. Estoy ocupado.
—Discúlpeme usted, abogado Cullen —respondió ella, teatralmente, sentándose frente a él. —Te veo mejor…
—Me siento mejor —asintió Edward— pesé a enterarme de que Lauren me engañó…
—Creo que eso lo sabías
—Lo sabía, pero no con quién. ¿Podrías imaginar que Emmett fuese amante de Lauren? No pude evitar encararlo, incluso lo golpeé… con tan mala suerte que de paso Rosalie se enteró…
—Oh…—exclamó quedadamente, bajando su rostro.
Edward achicó sus ojos y escrutó a Tatianne —¿Por qué tengo la impresión de que no te sorprende? ¿Lo suponías?
—Bueno… —dijo, rascando su cabeza suavemente, hablando con inseguridad— Uno siempre hace suposiciones…
—¿Qué sucede, Tatianne? —preguntó él a su amiga, a quien conocía muy bien. Sabía que algo escondía.
Tatianne alzó la vista hacia él y tragó saliva antes de reconocer —Digamos… digamos que ya lo sabía…
—¡¿Qué?! —Preguntó con incredulidad— Eso no es posible, me lo hubieras dicho… somos amigos…
—Edward, lo supe hace muy poco, el día que Lauren y tú firmaron los papeles del divorcio. Ese día tomamos un café y salió el tema de conversación y ella me lo confió…
—¡¿Y te quedaste en silencio?! ¡Maldita sea, Tatianne, yo nunca te hubiese escondido algo como eso!
—Me enteré hace poco, te lo dije, y Lauren dijo que ocurrió hace ya mucho tiempo.
—Eso no es excusa. Eres mi amiga —dolido, reprochó a su compañera.
—Lo siento, Edward…
—Vale... —dijo en respuesta, mirando hacia su laptop— Ahora por favor, si no tienes nada de trabajo que comentarme, te ruego me dejes solo. Tengo un montón de pendientes.
—Edward… por favor.
—Tatianne, en verdad, estoy ocupado.
—Lo siento —susurró, levantándose de la silla, y caminando con actitud de derrota hasta la puerta. Cuando estuvo fuera, Edward bufó sonoramente y pasó su mano repetidamente por su cara y su cabello, desordenándolo cada vez más. Eso era lo que había faltado; que su mejor amiga le escondiera lo que sabía.
Dejó escapar el aire de sus pulmones, soltando la corbata azul a juego con su camisa blanca con delgadas líneas del mismo tono. Decidió no torturarse más con ello y continuar trabajando.
Al paso de la mañana, una de las secretarias llamó a su teléfono, indicándole que Rosalie necesitaba hablar con él.
"¡Diablos!" protestó para sí e informó a la mujer que pasara la llamada.
—Qué tal Rosalie.
—Hola Edward, cómo va todo.
Edward se tomó unos segundos para evaluar la voz de su cuñada, la que sonaba tranquila y serena. Pensó que quizás las cosas entre Emmett y ella no habían terminado tan mal como él lo pensó.
—Todo bien aquí. Dime qué se te ofrece.
—Necesito hablar contigo… es sobre un tema profesional…
—¿Perdona?
—Necesito tus servicios de abogado para un divorcio…
Edward se levantó de su asiento como resorte, y se giró sobre sus talones para mirar por la ventana que se extendía detrás de su escritorio, desde el techo hasta el piso.
Eso no se lo esperaba —Ey, Rosalie, piensa mejor las cosas, habla con Emmett antes de tomar una decisión…
—¡Oye! Cálmate, Edward y no me estés dando ideas, —detuvo ella la palabras de su cuñado, antes que él siguiera diciendo cosas que ella ni había pensado en hacer— tus servicios de abogado no son para mí.
—Oh —dijo y soltó el aire de sus pulmones, sin darse cuenta que hasta ese momento lo había retenido allí— Bien, eso me deja más tranquilo…
—Podría haber sido tu venganza contra Emmett.
—Rosalie, puedo estar muy dolido con él, furioso incluso, pero no para pensar en venganza. Es mi hermano.
—Entiendo. Entonces, ¿puedes pasar por mi oficina cuando vengas por Grace?
—Claro, claro. Allí estaré.
Cuando colgó la llamada, se dejó caer en su sofá de cuero negro y se echó hacia atrás sobre él. Se relajó un poco y pensó en lo que Rosalie le solicitó. Hizo varios casos de divorcio, —importantes casos de divorcio— los que ganó todos, pero no estaba de ánimos para eso. Quizás le recomendaría a Rosalie a alguno de sus colegas, pues pensar en tomarlo incluso, le daba algo de pereza. De cualquier forma, vería de qué se trataba y le diría a James, a Garrett o a Benjamín que tomaran el caso por él. Tenía un montón de pendientes y casos bastante más complejos que atender y sobre los que debía concentrarse.
Y eso fue lo que hizo hasta que llegó el momento de levantarse e ir por su hija al colegio, dándose cuenta, otra vez, que había pasado por alto el almuerzo. Había solucionado varios pendientes por lo que su mañana resultó bastante productiva.
Cuando llegó al colegio, los niños aun no habían salido de su jornada escolar por lo que se dirigió enseguida a la oficina de Rosalie, teniendo alrededor de quince minutos para hablar con ella, antes que Grace saliera.
—Rosalie —saludó al entrar a la oficina de su cuñada, quien lo recibió con un abrazo. Las demostraciones de afecto entre ambos no eran habituales, por lo que le fue muy extraño recibir ese abrazo.
—¿Estás bien, Edward? —Preguntó, mientras le indicaba el sofá modular blanco para que se sentara.
—Estoy bien. Tú cómo estas.
—Creo que mejor.
—¿Sería inapropiado preguntarte por cómo están las cosas con Emmett?
—Le he pedido un poco de espacio —flexionó su cuello para relajarlo, suspiró y continuó— Casi le rompí un par de masetas en la cabeza, tenía demasiada cólera. Me explicó el contexto que se dio todo. Las cosas en ese tiempo no estaban bien entre nosotros, yo estaba distante, y preocupada por otras cosas… y bueno, Lauren…
—Rosalie, —le detuvo Edward— déjalo ahí. Por ahora no creo querer oír sobre el tema, y desearía que Lauren me hablara de ello cuando yo estuviera listo para escucharlo.
—¿Y hablarás con Emmett?
—En su momento —cruzó el tobillo de su pierna derecha sobre su rodilla izquierda y pasó la mano varias veces por su cabello —Saber que mi hermano y mi esposa me traicionaron… es algo que no supero. El engaño de Lauren era algo que tenía asumido y sobre lo que no podía ni puedo objetar, pues también la engañé… pero con mi hermano —dijo, negando con la cabeza.
—Te entiendo.
Edward suspiró para enseguida cambiar el tema —Bueno, dime lo que nos convoca…
—Sí, bueno, es sobre un caso de divorcio que quisiera que llevaras.
—Oye, creo que Benjamín es especialista en litigios de divorcios, él bien podría tomar su caso y…
—¡No, Edward! Confío en ti para esto.
Edward abrió sus ojos con sorpresa, echándose un poco hacia atrás por la vehemencia en las palabras de Rosalie —Está bien, dime de qué se trata.
—Es para Isabella Swan.
El abogado frunció sus cejas —¿Isabella Swan, la maestra de Grace?
—La misma. Digamos que su matrimonio se fue al carajo en un día y quiere acabar con los lazos que la unen a ese tipo.
—Oh… bien, yo supongo que no hay problema.
—Hay otro asunto, sobre los costos de tus servicios, quiero que tomes su caso y que le digas que no se preocupe por el precio. Invéntale algo, cualquier cosa de esas que ustedes hacen…
—Pro bono.
—Sí, tal cual. De cualquier forma recibirás tu paga, pero yo me encargaré de eso.
—Uhm… está bien.
—¿Podrías hablar justo ahora con ella para coordinar?
—Supongo que si… —asintió, rascando su nuca, extrañado.
—¡Bien! —Se levantó enérgicamente —Iré por ella y les dejaré hablar aquí a solas, mientras yo me encargo de Grace.
—Bien…
—Y Edward, por favor, sé delicado; ella lo está pasando realmente mal…
—Haré lo que pueda.
—Gracias.
La rubia cuñada de Edward salió de la oficina en busca de Isabella, mientras un extrañado abogado se quedaba allí en espera. No se imaginó nunca que le tocaría abogar por la maestra de su hija, ni mucho menos que Rosalie se lo pediría como un favor personal, como si se tratase de su mejor amiga.
"Seguro Rosalie emprendió una especie de cruzada con su maestra estrella…"estaba pensando en eso, mientras observaba una fotografía de sus sobrinas recién nacidas, cuando la puerta se abrió lentamente. La maestra asomó la cabezay susurró un "Con su permiso" hacia Edward, quien se levantó del sofá, asintiendo en su dirección.
Le echó un vistazo rápido y general a la maestra, y se percató de lo que su cuñada le había dicho. Poco quedaba de la vivaz y alegre profesora que él conoció hace un tiempo atrás. Además, las ojeras que se dejaban notar bajo sus ojos hacían que la palidez de su rostro resaltara aún más, y la postura encorvada de su columna la hacía parecer enferma.
—Abogado —saludó ella, apenas mirándole a la cara.
—Maestra, por favor, siéntese —ofreció Edward, con el temor de que esa mujer en cualquier momento se vendría abajo.
Hubo un diminuto momento de silencio antes que Edward carraspeara y dijera —Rosalie me comentó que necesitaba un abogado para su divorcio.
Ella apenas asintió, con su rostro mirando hacia sus rodillas en todo momento —Ella me dijo que podría conseguir a alguno, pero jamás me imaginé que se refiriera a usted. Por favor, no se sienta obligado a aceptar mi caso porque ella se lo pidió, sé que usted tiene casos más importante y…
—Señora Withlock…
—Swan —alzó su rostro y rectificó denotando un poco de rabia en su voz.
—Señora Swan, ya decidí tomar el caso. De cualquier forma, si no lo hiciera, mi hija no me perdonaría que no ayudara a su maestra favorita.
Ella torció su boca en una sonrisa y asintió despacio —Muchas gracias, abogado.
—Ahora, hay asuntos que debemos tratar con algo más de tiempo; —abrió su chaqueta azul marino y del bolsillo interno, sacó una tarjeta de presentación, que extendió hacia la cabizbaja maestra— allí están mis teléfonos y la dirección del bufete en donde trabajo. Por favor, visíteme mañana por la tarde para hablar con calma.
Bella volvió a asentir, mientras miraba la tarjeta que tenía en sus manos. Enseguida alzó la vista hacia el abogado y lo miró a los ojos con agradecimiento. Antes que pudiese decir algo, Edward tuvo que tragar grueso, pues la imagen de mujer dolida frente a él lo estremeció. Se veía desvalida, sola y con un dolor que reflejaba en sus ahora opacos ojos marrones.
—¿Necesita que lleve algún documento?
—Lo habitual: licencia de matrimonio, documentos de activos que puedan haber comprado durante este tiempo. Si tienen hijos, sus fichas de nacimiento y cosas como esas. Durante la marcha del proceso le diré con exactitud qué más necesito.
—Uhm… y sobre sus honorarios, pues yo podría pagarle…
—Trabajo pro bono.
— Abogado, no me sentiría bien si no tuviese que pagarle…
—Isabella, eso ya está decidido. Por favor, no insista. De momento, creo que es todo, mi hija me espera y yo supongo que usted quieres descansar —dijo él, levantándose, seguido por ella.
—Le reitero mis agradecimientos, Sr. Cullen —admitió ella, extendiendo su mano hacia el abogado, quien no dudó en tomar de regreso.
—Haré lo mejor que pueda para ayudarle, Isabella.
—Se lo agradezco —dijo, soltándose y saliendo de la oficina.
A Edward le pasaron cosas extrañas. La figura desmejorada de la maestra Isabella lo conmovió. Sintió que esa mujer estaba luchando con todas sus fuerzas para mantenerse en pie, y mujeres como esas merecían, al menos, su respeto y su ayuda. Además, sentía que debía retribuirle la asistencia que ella le prestó a su hija hace poco tiempo atrás.
Hija que entró como vendaval a la oficina, corriendo directo a sus brazos, seguida por su tía Rosalie, quien cerró la puerta de la habitación tras ella.
—¡Papi, papi, la maestra regresó! Ya no está más enferma…
—Ya lo sé, estás contenta por eso, ¿no?
—Sí, mucho. La extrañaba… la quiero mucho, ¿sabes…?
Esas palabras de su hija fueron la confirmación de que ayudar a la maestra Isabella Swan, era lo correcto, lo que debía hacer.
Después de despedirse de Rose, salió con su hija sobre sus hombros, mientras ella le contaba lo mucho que aprendió ese día y de los deberes que tenía que hacer para el día siguiente.
/E.P/
—¿Él sabe que usted presentará una demanda de divorcio?
—No, no lo sabe.
Isabella Swan estaba sentada frente a él —el día y la hora señalada— mientras este revisaba documentos y hacía preguntas certeras y en tono muy profesional. Eso al parecer la convenció cuando este le preguntó del motivo por el cual ella quería comenzar con los trámites.
—No me ama, y por lo visto no me respeta siquiera, de eso me di cuenta cuando lo encontré follando con mi hermana en nuestra cama…
La crudeza de las palabras de Bella hizo que sintiera un retorcijón en su estómago. Esa historia la encontraba un tanto parecida a la suya propia, pero desechó las comparaciones y se concentró en el caso como profesional que era.
—Bien, redactaré un borrador de la demanda, que usted leerá antes de enviar la notificación a su… al señor Whitlock con sus petitorios…
—No quiero nada de él.
Edward alzó la vista y vio a una orgullosa y erguida maestra Swan, quien al parecer se negaba a recibir nada de quien dentro de poco sería su ex marido. Aquella no era una postura extraña, era más bien algo muy común.
—Señora, entiendo, o creo entender lo que me dice, pero no es un favor que él le hace, es un deber que él debe cumplir, sobre todo cuando hay una hija pequeña de por medio. Será lo justo, lo que la ley sugiere en estos casos.
—Está bien…
—Creo que de momento es todo. Tengo lo que necesito para comenzar a trabajar. Dentro de unos días recibirá mi llamado y por favor, cualquier duda hágamela saber de inmediato.
—Muchas gracias abogado.
Esa tarde se quedó echándole un vistazo a los documentos que la Sra. Swan, había traído. Al parecer, pocos bienes habían sido comprados durante el matrimonio, por lo que la división de ello sería algo fácil de resolver sobre todo cuando se habían casado sin separación de bienes.
En una carpeta adjunta, venían varios documentos que acreditaban, que al parecer, la maestra Swan se había sometido a un montón de tratamientos de fertilidad, bastante costosos por lo demás. Los dejaría pendiente de leer.
Siguió revisando los papeles y se detuvo en el certificado de nacimiento de la única hija del matrimonio: Mary Elizabeth Whitlock.
Edward no pudo evitar detener su vista por más de un segundo nombre de la niña. Continuó leyendo los datos de la pequeña y cuando pasó sus ojos por la fecha y hora de nacimiento, dio un respingo que lo hizo soltar el papel sobre el escritorio.
La pequeña hija de Isabella y Jasper Whitlock había nacido exactamente el día y a la hora que su hija había fallecido.
Ocho de abril, a las ocho cuarenta y uno de la noche.
"Dios… qué es esta... coincidencia" exclamó en su cabeza, tapando la boca con su mano como seña de su asombro y desconcierto.
Leyó con mayor atención los datos de la pequeña Mary Elizabeth, por si encontraba algo más. En su corazón, sintió un deseo poderoso de levantarse de su silla y salir corriendo hasta el domicilio de la maestra para encontrarse cara a cara con esa niña, y ver si todo se trataba de una simple coincidencia.
Pero no podía hacerlo. Esas cosas pasaban… Pero, Dios, le era tan difícil retener su impulso. Sentía la ilusión de que al ver a esa niña, tendría a su Lizzie de regreso y eso lo hizo sentirse ansioso y exaltado. No se había dado cuenta que su respiración estaba siendo pesada y que en una de sus manos arrugaba uno de los documentos que la maestra había llevado.
—¡Dios! Edward, cálmate —se reprendió, levantándose hacia la ventana, mientras sacaba un cigarro de la cajetilla que guardaba en su bolsillo. Pasaría por alto la prohibición de no fumar dentro de las oficinas, pero en ese momento lo necesitaba.
¿Por qué justo ahora, que se sentía algo más tranquilo, después de todo lo que le había tocado vivir, aparecía esto a confundirle? ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Pasar por alto el detalle del que acababa de percatarse? ¿Averiguar el motivo?
—¡Edward Cullen, qué haces con ese cigarro encendido aquí adentro!
Al exagerado llamado de atención de su padre, Edward volteó su cuerpo hacia la puerta y se volvió a girar hacia la ventana.
—Lo siento.
El patriarca caminó hasta él y quitó el cigarro de sus manos, no pudiendo evitar la tentación de darle una aspirada al cilindro de tabaco.
—Te puedo dar uno…
—Claro, como si no conocieras a tu madre. Seguro tendré que dar explicaciones cuando sienta el aroma de cigarro en mi ropa.
—Cúlpame —ofreció Edward sin más.
—Gracias —le dijo, devolviéndole el cigarrillo— ¿Va todo bien? Te noto preocupado.
—Todo bien… sólo estoy un poco cansado —dijo, decidiendo no comentar lo que acababa de descubrir.
—Pues, para que descanses, ve a casa a comer esta noche con nosotros. Tu madre te extraña…
—Querrá hablar del asunto de Emmett y yo, la verdad no estoy con ganas de eso. Al menos no todavía.
—No pongas excusas. Simplemente si no quieres hablar de eso, díselo y ella respetará tu decisión. Ella te extraña mucho hijo…
—Está bien, iré a verla esta noche.
—¡Estará feliz de verte! Ahora te dejo, salí de mi oficina siguiendo el aroma a tabaco…
—Lo siento.
Carlisle apretó el hombro de su hijo y caminó hacia la salida. Ir de visita a casa de su madre lo distraería para no salir corriendo a casa de la maestra Swan y conocer a la pequeña niña.
Al menos de momento lo entretendría. ¿Pero qué haría mañana para detener sus ansias?
Apagó el cigarro en un cenicero escondido tras un masetero y caminó de regreso a su escritorio a enfrentarse —de nuevo— a los documentos de la profesora Isabella Swan y ver qué más coincidencias encontraría con su vida.
