Hermosas niñas, aquí estamos. Todo mi agradecimiento para ustedes por su lectura y sus comentarios. ¡Gracias!

A mi hermosa beta Gaby Madriz que hermosea este capítulo, gracias hermosa.

¡Besos y abrazos!

(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)


15. Confesiones de otoño

"El verano se fue y el calor pasó, de oro el otoño se coronó,

Oí un murmullo y miré hacia atrás, pero el tiempo se niega a contestar."

~En Paralelo~

"Seis meses…" meditó Edward a solas en medio de la iglesia vacía, pensando en que el tiempo corría irrevocablemente, cruelmente, recordándole que pese al dolor de padre que anidaba dentro suyo, el paso de los días no se detendría. Y el sexto aniversario de la muerte de su Lizzie era prueba de eso.

Después de la misa católica en conmemoración que sus padres prepararon en la parroquia de un cura cercano a la familia, les pidió un tiempo a solas, quedándose allí, en medio de los bancos de madera caoba que llenaban el lugar, las luces del mediodía se colaban débiles por los vitrales de las ventanas, las flores de tonos suaves, las imágenes de Jesús y un montón de Santos más que él no supo reconocer. Observándolos, se torturó pensando en que quizás, si él hubiese tenido un poco más de fe, quizás si hubiese estado más cerca de Dios y de algún Santo que intercediese, se le habría hecho el milagro de sanar a su niña. Probablemente, como una vez le enrostró su hermano Emmett —a quien ese día había vuelto a ver después de varias semanas— él no había hecho lo suficiente para salvar a su hija.

Cerró sus ojos y levantó la cabeza, dejando escapar un suspiro, mientras la tortura por lo que "podría haber pasado" lo amargaba, así como lo amargaba saber a su hija muerta después de seis largos meses. Pese a tener sus ojos fuertemente cerrados, sintió una solitaria y rebelde gota de lagrima resbalar por su mejilla, siguiendo la línea de su cuello, bajo la camisa y perderse allí.

Hacía tanto que no lloraba. Después de todos esos meses, había logrado controlarlo, pero que no derramara lágrimas no significaba que el dolor se olvidara. Eso sería como un tatuaje sobre su corazón que siempre escocería. La paz podía haber llegado, el retorno de sus actividades diarias y normales, el atreverse a sonreír y disfrutar una vez más… pero nada de eso significaba que el peso del dolor hubiese desaparecido, mucho menos el recuerdo de su hija. Eso nunca.

Sintió a lo lejos, mientras seguía con sus ojos cerrados pensando, los tacones golpearse sobre el piso de madera de la iglesia, haciendo eco en el lugar. Se lamentó no haber podido aprovechar más la soledad y la extraña paz que entregaba ese lugar, pero entendida que habían feligreses que iban seguido y a cualquier hora a rezar.

De pronto, sin darse cuenta en donde los tacones femeninos se habían detenido, abrió los ojos y de reojo vio la silueta de una mujer sentada en la misma banca que él un metro más allá, mirando hacia adelante, susurrando algún rezo en silencio, mientras sostenía un ramo de calas blancas entre sus manos.

No pudo apartar la vista de la mujer mientras ella oraba. Otra vez, su presencia lo sorprendía en el lugar que menos se lo esperaba. Allí, junto a él, en un acto de respeto, la maestra Isabella Swan levantaba un rezo en silencio por la memoria de su hija. Probablemente cuando Bella se sintió observaba por la intensidad de su mirada, detuvo su rezo y giró la cabeza hacia él. Lentamente esbozó una débil sonrisa, mientras Edward no dudaba en acortar la distancia entre ambos, para poder hablarle, pero antes que él pudieses decirle lo sorprendido que estaba, ella se adelantó:

—La señora Lauren me dijo de la misa y no pude llegar a la hora. De todas formas, quise venir a dejar una ofrenda —dijo, indicando el ramo en sus manos— Espero no le moleste.

—No, no, para nada, todo lo contrario, agradezco su detalle para con mi familia…

—Uhm… ¿Es hoy, precisamente, cuando está de aniversario su hija? —preguntó ella dubitativa, no sabiendo como Edward tomaría esa pregunta. Pero él intuía el por qué de ese cuestionamiento: su hija Mary Elizabeth estaba hoy de aniversario, pero de nacimiento. Seis meses.

—Sí, hace seis meses exactamente… ocho de abril —susurró, bajando su cabeza, observando hacia sus entrelazados dedos. Oyó a Bella emitir un profundo suspiro y aclararse la garganta.

—Es… es una coincidencia… hoy mi Mary…

—Su hija nació el mismo día que mi Lizzie falleció, a la misma hora incluso —interrumpió con la vista aun gacha— Lo supe cuando vi sus papeles de nacimiento —lentamente, levanto la vista hacia ella, alcanzando a ver el momento en que secaba una lágrima en su rostro. Estaba observando hacia el frente, pensativa, dejando entrever incluso algo de congoja, ¿por qué? Se preguntó Edward.

Después de un momento de silencio entre ambos, que se extendió un poco más de lo que a Edward le hubiese gustado, ella reacomodó el tirante de su cartera café sobre su hombro, tomó las flores y se levantó.

—No lo interrumpo más, es mejor que me vaya

Edward la miró y se levantó rápidamente —¿Bella, usted almorzaría conmigo? —preguntó él incluso antes que en su cabeza pudiera concluir esa idea. Se sorprendió por supuesto, pero no se arrepintió.

Ella pestañeó rápido, como si no hubiese entendido bien la pregunta. Frunció su ceño y en segundos lo estiró, mordió su labio y asintió tímidamente hacia el abogado. Él había seguido fascinado todos esos detalles en los rasgos de su rostro blanco y levemente maquillado de Bella. "¡Qué rayos, Edward…!" se reprendió, sacudiendo su cabeza e invitando a la maestra a salir.

¿Qué pensaría Lizzie de su comportamiento? Quiso dejar ese tipo de cuestionamientos para cuando estuviese solo. Ahora disfrutaría un rato con la maestra Swan y definitivamente pasaría parte de ese día tan significativo para él, con ella.

Antes de salir, Bella se desvió hacia un costado de la parte trasera de la iglesia, donde se levantaba la imagen de la Virgen María, llena de flores y decenas de velas prendidas a sus pies. Ella, con mucha destreza colocó el ramo de calas blancas en uno de los jarrones vacíos, y de su cartera sacó dos velas que encendió y puso junto a las demás.

—¿Por qué dos velas? —preguntó con curiosidad.

—Una en mi nombre y otra en nombre de Mary —contestó, mientras se persignaba. Edward recordó con ternura a la linda bebita y se sintió agradecido del detalle de Bella.

Él, mientras conducía hasta uno de sus restaurantes favoritos, se recordó llamar a su casa para avisar que no almorzaría con ellos, pero que en la cena de la noche estaría allí sin falta, como cada mes en esa misma fecha.

—¿Puedo preguntarle algo?

—Adelante.

—Tenía la intención de ir hasta el cementerio y dejar las flores en la… en la lápida de… de la niña, pero recordé que ella falleció en otro país…

—Sus restos fueron cremados. Es algo que decidimos en último momento —recordó Edward con voz trémula y la vista fija en el frente— Lauren pasó por una especie de shock muy fuerte con la muerte de Lizzie y de haberla… de haberla enterrado en algún cementerio en Venecia, ella hubiese pasado día y noche junto a su lápida, llorando. Además, era inminente nuestro regreso a Chicago, así que decidimos cremarla y esparcir sus cenizas en un lago italiano que ella adoraba visitar.

Ambos guardaron silencio hasta que llegaron al restaurante, después de revisar la carta. Bella se dedicó a observar el acogedor lugar, pequeño, ubicado muy cerca de la bahía. Edward, adivinando que ella podía haber quedado inquieta por la última conversación que tuvieron en el auto, retomó la conversación con temas ligeros, como su trabajo y su estadía en Estocolmo y de cómo inevitablemente las cosas allí fueron cambiando, para bien y para mal. Él quería saber cosas de ella, quería conocerla, pues cada nueva faceta que descubría en ella le parecía fascinante.

—Soy más bien aburrida, no me gustan las fiesta —dijo, quedándose un rato pensativa— Creo que fue una de las cosas que aburrieron a Jasper —dijo con amargura en sus palabras envueltas en ironía.

—No creo que sea aburrida, y creo más bien que su ex marido fue un estúpido. No valoró lo que tenía.

—Pero ya qué caso tiene…

—¿Lo ama? —preguntó de sopetón, lamentándose cuando vio que ella lo miraba con grandes ojos de sorpresa y se removía en su asiento con incomodidad— Soy un estúpido, perdone mi intromisión.

—Le perdí todo el respeto, toda clase de consideración. Se burló de mí… de nuestro proyecto de familia, del amor que alguna vez le tuve —susurró, llevando sus ojos hasta sus manos que jugueteaban con la servilleta sobres sus muslos.

—Eso significa que ya no lo ama…

—No puedo amar a alguien así, mucho menos si ha olvidado que tiene una hija conmigo. Ya usted lo vio; para él la niña es como un activo, como un auto o una casa por la que pagó mucho dinero… imagínese lo que pensará de mi —dijo, quebrándosele un poco la voz. Tomó la copa con agua que estaba sobre la mesa y dio un buen trago para desatar el nudo de su garganta, eso, al menos intuyó Edward.

—Bueno Bella, creo que las cosas a veces pasan para mejor —acotó él, tomando esa admisión también para su propia vida. Miró sus profundos ojos marrones, queriendo leer en ellos sus secretos, hasta que ella no pudo sostener más su mirada, bajando una vez más sus ojos hasta el plato medio vacío frente a ella.

Luego de ese muy agradable almuerzo, a pesar de ese pequeño dialogo que amargó un poco el almuerzo, él la llevó hasta su casa y prometió llamarla en la semana para darle la fecha de la audiencia con el juez y le agradeció una vez más el detalle de las flores para con la memoria de su hija, disculpándose de no hacerse presente con algún regalo para la pequeña Mary por sus seis meses.

Regresó a casa de sus padres con una sensación de calma, pese al día que marcaba el calendario y lo que significaba. Definitivamente, reconocía para sí mismo que le gustaba mucho la compañía de la maestra Swan, y buscaría oportunidades para que citas como esas se repitieran. Al menos, durante lo que durara el caso tendría motivos o excusas para verla, ¿pero, y después?

/E.P/

A pesar de ser un día hábil de trabajo, Edward se dio el día libre. Necesitaba evocar como cada mes en esa fecha el recuerdo de su hija y compartir con su familia, sobre todo con su hija, quien al llegar a casa de sus padres como se comprometió, la vio revolcándose en el salón con su abuelo sobre la alfombra. Al parecer ese era el ataque de las cosquillas, típico de ellos.

Saludó a su madre con un beso en la sien y a Lauren con un apretón en su hombro, mientras ellas se divertían mirando a la niña y su abuelo.

—Supongo que almorzaste —inquirió Esme a Edward. Él la miró y acarició su mejilla.

—Sí mamá, almorcé… almorcé con un cliente —dijo, carraspeando y evitando la mirada de Lauren, no sabía bien por qué. Se disculpó con ambas y fue hasta la cocina por un vaso de agua. Allí, para sorpresa de él se encontraba su hermano Emmett comiéndose un sándwich mientras hojeaba una revista de autos. Estaba completamente vestido de negro, igual a como lo vio esa mañana en la iglesia. Edward asintió en silencio con su cabeza hacia él, en señal de saludo, dirigiéndose hasta el refrigerador buscando una botella de agua fresca.

—¿Pretendes hacerme la ley del hielo por el resto de tu vida? —Dijo Emmett, detrás de él en un tono no muy conciliador, haciendo que su espalda se tensara de incomodidad— Hasta cuando vas a evitarme…

Se dio vuelta rápidamente para encararlo —¿A evitarte? —Dijo, caminando con violencia hacia él— Creo que estas confundido, que has dado vuelta los papeles. ¡¿Qué te crees?!

—Vale, —dijo, más tranquilo, alzándose de brazos, levantándose y dejando su sándwich a medio comer— me expresé mal, pero creo que es tiempo de que hablemos.

Edward enderezó su columna y se cruzó de brazos sobre su pecho, mirándolo con ojos entornados —Ya te dije todo lo que tenía que decir…

—¡Pero no me dejaste hablar a mí! —Dijo, alzando la voz— Estrellaste tu puño sobre mi cara y te largaste, de paso haciendo que mi esposa me mandara a dormir a la otra recamara.

—¡Y qué esperabas!

—Que al menos me dejaras explicarte, además… ¡Maldita sea, no fue sólo mi responsabilidad! ¡La cagué, ¿vale? La cagué a lo grande, igual Lauren… ella estaba indecisa y desesperada, confundida por sus sentimientos y yo no pasaba un buen momento con Rose… ¡Todo estaba de cabeza en mi vida! Lauren llegó hasta mí pidiendo apoyo y comprensión…

—Pues se te pasó un poco la mano, ¿no crees?

—Lo sé —susurró y suspiró, bajando su cabeza muy avergonzado. Edward rascó su nuca, extrañado por el comportamiento de su hermano, quien nunca se dejaba ver así. Pero no dijo nada sobre eso, sólo esperó que terminara de hablar —Mis sentimientos se confundieron en un momento, pensé que podía amar a Lauren, pero la verdad es que era eso, sólo confusión. Llegué a pedirle que no se fuera, que se quedara conmigo, y si lo hubiese hecho, hubiese sido el peor de los errores —reconoció.

Edward suspiró y dio dos pasos más hasta tomar una silla y sentarse en ella, dándole una señal a Emmett para que se sentara frente a él. Lo hizo en silencio, poniendo su cabeza sobre la palma de sus manos, apoyadas estas por el codo sobre la mesa y lanzando otro muy fuerte suspiro.

—Estoy arrepentido, Edward. Fue un error, por eso juramos con Lauren que nunca diríamos nada. Hacerles daño por eso…

—¿Y qué dijo Rosalie? ¿Cómo reaccionó? Debes saber que no era mi intención que se enterara…

—Me mira con dolor. Hubiera preferido que me golpeara o que me gritara… —se enderezó, pasando su mano una y otra vez por su rostro— Oyó lo mismo que te estoy diciendo a ti, y me dijo que lo comprendía, pero que necesitaba tiempo y me pidió que me mudara al cuarto de invitados. Está muy dolida.

—Uhm… lo siento. Al menos no te odia.

—No sé qué sería peor, si me mirara con odio o como lo hace ahora, con dolor y decepción.

—Es porque te ama. Emmett, sólo dale tiempo y hazte merecedor de su perdón. —bebió un trago de su botella de agua, mientras su hermano asentía silenciosamente— Mira, lo que más me dolió fue que te metiste con mi mujer, en vez de haberme hablado sobre lo que pasaba. Eres mi hermano…

—Pero tú no la amabas, la engañaste también.

—Sabía que me dirías eso —admitió Edward, negando con la cabeza— y es algo que no justifico, sólo pasó… por un montón de situaciones, pero eso tampoco te justifica a ti o a Lauren. Jamás pensaría en meterme con tu esposa, Emmett. ¿Por eso tu aversión cuando intuiste mi relación… con la otra?

Emmett tomó aire por las fosas nasales, mirando a su hermano, apuñando sus manos sobre la mesa— Sí, maldita sea. Ella no quería ir allí, y lo hizo pese a su aversión, a no estar segura. Lo hizo porque pensó en ti, en lo ilusionado que estabas, pero sales con esa mierda de engañarla… y sigues con eso cuando la niña… cuando Lizzie…

—No es excusa, pero era mi vía de escape…

—¡Y una mierda, Edward! —gritó.

—Baja la voz, Emmett, ¿o quieres que mamá se entere de lo que hablamos? —Dijo, viendo como Emmett torcía la boca y asentía. Cuando estuvo tranquilo, continuó— ¿Estamos hablando de la verdad, no? Bueno, esa es la mía, no tengo más excusas. Fue algo que no me di cuenta como inició, sólo pasó. Pero toda mi vida estaba patas arriba, Emmett.

—Bien, de acuerdo… ¿supongo que terminaste con esa mujer, no? ¿O te la trajiste…?

—Modera tus malditos comentarios, Emmett —regañó a su hermano, con la mandíbula tensa— y sí, se acabó después que murió Lizzie. Lo hablamos con Lauren incluso.

Emmett asintió, levantando lo que quedaba de su sándwich olvidado sobre el plato, acabándoselo de dos mordiscos, mientras Edward lo miraba y pensaba "Es un troglodita…"cuando limpió su boca, Emmett miró a su hermano y admitió una disculpa que hace tiempo le debía:

—Oye… ese día, cuando dije lo de Lizzie… cuando dije que era tu culpa, lo dije en un arrebato, no es lo que pienso realmente. Fuiste un buen padre con ella, y lo eres con Grace.

—Está bien.

Dejó a su hermano rebuscar más comida en la cocina, mientras él salía de allí sintiéndose más liviano. Reconocía que su hermano merecía explicarse, y pues había sido bueno. Eso aligeraba un poco las cosas, pero no las arreglaba. Para tener una relación ligera y sin tensiones entre ambos, tendría que pasar un buen tiempo.

Caminó con su semblante sereno por el corredor hasta la sala, por donde se solían aun las carcajadas de su padre, incluso de su madre y su hija. Adoraba los juegos entre ellos, y deseaba verlos. Pero antes que llegara, Lauren lo interceptó:

—¿Va todo bien?

—Sí, ahora sí.

—Supongo que hablaste con Emmett…

—¿Oyeron algo?

— No, nada, en absoluto. Es sólo que lo supuse.

—Sí, hablamos y está todo bien.

—Me alegra —dijo ella, apretando uno de los brazos de Edward con una sincera sonrisa en su rostro— ¿Y quién era ese cliente con quien almorzaste? —preguntó enseguida, tomándose del brazo de él y guiándolo hasta un pequeño salón, junto a donde jugaba su hija.

Edward tragó grueso y miró ceñudo a Lauren. Esa mujer, que lo miraba con insistencia lo conocía y lo estaba escudriñando intensamente con la mirada. "Diablos"

—Uhm… con un cliente que llevo su caso de divorcio —dijo, arreglándose el cuello de su camisa azul, un tanto incomodo por los cuestionamientos de su ex esposa.

—¿La maestra Bella? —preguntó la perspicaz Lauren.

—¿Por qué lo dices?

—Bueno, le dije que Grace se ausentaría de clases hoy y le expliqué por qué, sobre lo de Lizzie, y me dijo que le gustaría ir a la misa. Le di la dirección de la iglesia y la hora, pero al parecer no llegó…

—Llegó más tarde, cuando yo aún estaba allí —admitió, antes de poder darse cuenta.

—¿Entonces almorzaste con ella? —preguntó, a lo que Edward no tuvo más que asentir — Pero ella es clienta, no cliente…

—Lo sé.

—¿Sabes? La noche del matrimonio te vi. Vi como la mirabas, tus reacciones al hablar con ella, cuando bailaron…

—Detente allí, por favor —dijo, alzando su mano hacia ella.

—Oye, no quiero que te avergüences…

—¡No me avergüenzo! —Exclamó, apartándose un poco de ella— No pasa nada con ella, no estés imaginándote cosas. Ella es una mujer que ayudó a mi hija en un momento difícil. Ahora ella está pasando por un momento complejo y la estoy ayudando. Eso es todo.

—Edward, no te justifiques ante mí. ¿Sabes? Encuentro a la maestra Swan una mujer maravillosa y me alegra que la estés ayudando, pero creo que hay algo más detrás de todo esa preocupación profesional, lo noto, y quiero que sepas que tienes todo el derecho a mirar a una mujer y soñar con ser feliz junto a ella…

—¡Basta Lauren! —exclamó, levantándose del sofá y caminando hasta la puerta, saliendo así de la sala y dejando sola allí a su ex esposa. La reacción de Edward fue suficiente para ella. Por su reacción, y por el comportamiento que vio en él, era lógico que algo comenzara a sentir por la maestra Swan, y de alguna manera ella se sentía bien por él, porque pudiera retomar su vida y trazar caminos nuevos. Sería paciente y esperaría que el propio Edward fuera quien le comentase esos sentimientos que estaban naciendo dentro de él y de los cuales, al parecer era inconsciente que exteriorizaba. Negó con su cabeza y se levantó, alisando su falda gris de tubo, para regresar al salón contiguo, donde seguían oyéndose las carcajadas de du hija y sus abuelos.

~En Paralelo~

—¿Podemos… podemos hablar? —la temerosa palabra que salió de los labios de Alice, sorprendió a Bella, que jugaba con su hija, haciéndola saltar sobre sus muslos alegremente. La niña, reconociendo la voz de su tía Alice, soltó una exclamación y extendió una de sus manitos hacia ella, que estaba de pie en la puerta de la recamara, retorciendo sus dedos, nerviosamente. Bella apenas giró su cabeza sobre su hombro para ver a su hermana, quien al parecer, había bajado varios kilos, viéndose desmejorada, como si estuviera enferma. Un dolor cruzó en su corazón, pues una parte de ella quiso correr hasta su hermana pequeña y arroparla entre sus brazos, pero la parte de mujer dolida estaba dominándola en ese momento, manteniéndola a simple vista impasible frente a Alice.

Ella había llegado de regreso con sus padres, quienes la trajeron a la rastra después de su visita a Estocolmo, donde pensaron en que si hubiesen demorado más en ir, la hubiesen encontrado muerta. Cuando Renée le contó eso a Bella, esta tragó grueso y pestañeó, alejando las lágrimas de sus ojos. Sabía que se quedaría en casa de sus padres y su impulso fue salir corriendo de allí hasta un hotel, ¿pero por qué hacerlo? Ella no hizo nada malo, y si alguien es la que debe sentir vergüenza, pues esa era Alice. Así que haciendo uso de su orgullo, no se movió de casa de sus padres y evitó lo que más pudo la presencia de su hermana.

Hasta ese día.

—Bella, por favor… —susurró casi con voz en llanto.

—Estoy ocupada con Mary, ¿no mes ves? —respondió Bella, alzando una y otra vez a su hija por la cintura, haciéndola carcajear.

—Bella, por amor a Dios, no puedo más… —dijo, cayendo de rodillas allí donde estaba. El sonido seco del hueso de las rodillas chocando con la madera del piso, hizo a Bella desviar su mirada hacia Alice. Abrió sus ojos desmesuradamente, tomó a su hija en brazos, levantándose hasta la puerta, donde Alice lloraba con su rostro escondido entre las palmas de sus manos— Te lo suplico, perdóname Bella, perdóname…

—Basta Alice, levántate —dijo, no pudiendo mantener su tono firme. Su voz temblaba, su garganta estaba contraída y sus ojos picaban. Su hija, al parecer algo, asustada por la visión de su tía en el suelo, guardó silencio, retorciendo la blusa de su madre con sus manos.

—Sé que no lo merezco, pero no puedo seguir viviendo sin que me perdones. Ya lo he perdido prácticamente todo, no me queda nada…

—Alice, por Dios…

Alice desordenó su corto cabello oscuro con ambas manos, jalándolo, en un gesto de desesperación, mientras seguía llorando con la cabeza gacha —Debería habértelo dicho… siempre, siempre vi a Jasper como un amor platónico, sin malicia… pero después él… no sé… se comportó raro conmigo, exigente, demandante… odió a Michael tan solo porque comenzó a salir conmigo… sus actitudes conmigo me desconcertaban, me confundían…

Ese comentario trajo el recuerdo de que las señales eran claras. Las señales de que su marido sentía una especie de obsesión o "calentura" por su hermana se cruzaban con obviedad frente a sus ojos, y ella estaba tan ciega que ni cuenta se daba. Cuando ella pesaba que Jasper sentía celos de hermano.

—Te escucharé Alice, pero levántate, por favor —dijo, inclinándose hacia ella, con la bebita asustada aun en sus brazos. Sintió temblar a su hermana cuando tocó su hombro para indicarle que se levantara, y ella comenzó a hacer lo mismo cuando Alice alzó sus ojos oscuros hacia ella, y los vio sombríos, opacos, sin vida.

Alice, apoyada con un brazo sobre el marco de la puerta se levantó con dificultad, caminando hasta la cama de Bella y sentándose allí, mientras su hermana dejaba a la niña en su cuna con sus juguetes, para que pudieran hablar.

Bella se sentó frente a ella, atreviéndose a mirarla y decir — Me destruyó verlos. Me destruyó verte a ti, precisamente a ti con él. Hubiese soportado el golpe de ver a cualquier otra mujer con mi marido, pero eras tú…

—¡Dios! —Alice cubrió sus ojos con una mano— No pude apartarlo, me dejé llevar… ese día mandó un mensaje desde tu teléfono, se hizo pasar por ti, diciéndome que nos juntáramos en casa…

—Por qué no me lo dijiste… de tus sentimientos por él, de lo que él estaba intentando contigo… —preguntó bella con dolor en su voz.

—¿Me hubieses creído? Mamá te lo intentó decir y lo negaste a creer a pies juntos, ¿Qué hubiese pasado si yo lo hubiese dicho? Habrías reaccionado de igual manera. Además, tú te regresabas y yo me quedaba con Michael… —tragó y cerró los ojos con dolor cuando dijo su nombre— él me apoyó, fue mi escudo, mi salvavidas… estaba consiguiendo olvidarme de Jasper, amar a Michael… pero todo lo arruiné.

—¿Michael lo sabía?

—Se dio cuenta la primera noche que fue a casa a cenar para navidad…

—¡Dios mío! —exclamó, sintiéndose más estúpida que antes.

—No pensé en nada cuando me atrapó contra la pared… sólo me dejé llevar y me olvidé de todo…

Bella negó con la cabeza —¿Se han visto?

—¡No! —Exclamó, negando enfáticamente con la cabeza— No quiero verlo. Siento asco de él y de mi misma cuando si quiera sé que me ha llamado. Ya he tenido suficiente.

Hasta ese momento, Bella se había negado a pensar que Alice era una víctima. Bueno, ella era adulta y era responsable de sus actos y seguía pensando en ello, pero sabía que la mayor responsabilidad era de él. Alice se apartó de Jasper, encontrando a Michael. Se quedó allá para hacer su nueva vida, y a simple vista parecía que se querían, pero Jasper insistía que Michael no era para ella, siempre dejando ver su aversión por la pareja. Y mientras Alice sufría y sabía, asumía su error, Jasper lo negaba y culpaba al resto.

—¿Me perdonarás, Bella?

Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas, ¿qué podía hacer? —Puedo intentarlo Alice, pero no esperes que las cosas sean como antes —dijo con la voz rota, resistiéndose a ir donde su hermana para abrazarla. Desvió la vista de ella y miró a su hija que jugaba despreocupadamente.

—Hay… hay algo más —entrecortadamente habló Alice, secándose las lágrimas con el puño de su camiseta, mientras Bella lentamente volvía su vista hacia ella.

—¿Algo más?

—No estoy segura… de quien… pero… pero estoy embarazada.

Aquella era una admisión que Bella no se esperaba. Sus ojos se abrieron con desmesura, llevando una mano hasta su pecho, revolviéndose su estómago con deseos de vomitar.

— ¿¡Qué!?— susurró con desconcierto.

—Lo que oyes… pero no lo quiero… no quiero a este niño…

—¡Un momento! —La detuvo de seguir hablando estupideces— Lo primero que me dijiste era que no sabías bien de quien era, pero lo intuyes al menos…

—Es muy difícil saberlo exactamente…

—¡Por Dios, Alice! —Exclamó, levantándose y caminando hacia la ventana.

Si ese hijo era efectivamente de Jasper, sería una ironía de la vida, pues ella después de tanto intentarlo no lo consiguió, mientras su hermana, la primera y única vez que se había acostado con él quedó embarazada, qué irónica era la vida.

—No quiero tener a este hijo, Bella…

Bella se giró para enfrentar a su hermana —¡No le coartaras la posibilidad de nacer, Alice! Ese niño no es responsable de tus actos.

—Michael me odia, Bella y después de lo que hice, no querrá nada de mí, mucho menos atarse con un bebé, en el caso que sea suyo...

—¡Pero debes decírselo!

—¡No Bella! —Negó tajantemente, levantándose— Este es un secreto hasta que decida qué hacer.

—Al menos díselo a mamá.

Rio con amargura —Esto será como añadir un nivel más a mi vergüenza con ella y con papá…

Bella suspiró y afirmó su espalda a la ventana —No sigas errando en tus actos, Alice. Ya viste lo que pasó la vez anterior, cuando te dejaste llevar, sin pensar, cuando ocultaste la verdad... no vuelvas a hacerlo, no caigas en el mismo error —dijo ella con voz ronca.

Allí se quedaron un momento en silencio, hasta que Alice sin más se levantó y salió del cuarto de su hermana. Bella en tanto pensaba que quizás el tiempo la ayudaría a perdonar a su hermana, pero aun así, no dejaría que volviese a estropear su vida otra vez.

/E.P/

—¡Qué sorpresa, Bella!

Por alguna extraña razón, al día siguiente, después que saliera de su trabajo, Bella se dirigió directo hasta la oficina de su abogado. La recibió vestido con un pantalón de vestir negro, además de su camisa impecablemente blanca, sobre la cual se destacaba una corbata de tono gris. Ella por supuesto se dio el tiempo de mirarlo y disfrutar secretamente de la vista de su atractivo aspecto. Cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando, quiso golpearse, por lo que tuvo que cerrar los ojos y concentrarse a lo que iba.

Le pidió que se sentara en la silla frente a él en su escritorio, y cuando el abogado estuvo ubicado en su lugar, habló:

—Vine a verlo porque quería comentarle algo… que no sé si sea de ayuda para el caso…

—¿Sucedió algo con Whitlock?

—Uhm… ayer hablé con mi hermana, después de que ella… — a pesar de haber limado asperezas con ella, aun le era difícil hablar sobre el engaño. Edward al parecer lo supuso, y la interrumpió.

—No es necesario que lo diga, lo entiendo. ¿Puedo preguntar si las cosas entre ambas están mejor?

—Hemos hablado… pero no puedo perdonarla de un día para otro.

—Algo es algo Bella, y es lo mejor —aseveró, con una sonrisa en sus labios. Ella asintió con su cabeza y continuó:

—Y bueno, después de hablar con ella, me dijo algo que quizás… —mordió su labio, ahora indecisa de decirlo. Ni a su madre se lo había comentado, ¿por qué había llegado hasta él para comentárselo?

—Dígame —le animó Edward.

Bella carraspeó y apretó entre sus manos la correa de su cartera —Es probable que ella esté… que ella haya quedado embarazada de Jasper, cuando…cuando… usted ya sabe.

En los labios del abogado se dibujó una O, visiblemente sorprendido. Retomó la compostura, reacomodándose en su sillón de cuero —Bueno, eso es algo… inesperado, ¿no?

—Totalmente.

—Y yo pensaba que quizás, en el caso de confirmarse que el padre de ese bebé sea Jasper, pues ayudaría con el caso del divorcio y la tuición de la niña. No sé, usted sabe mejor de esas cosas.

El abogado froto su barbilla con su dedo índice, pensativo —Ayudaría sin duda, pero veamos, ¿ella estaría dispuesta a testificar?

—Pues, la verdad no lo sé, no se lo he planteado.

— Y aunque ella no lo hiciera Bella, Whitlock lo reconoció cuando lo citamos para presentarle la propuesta de la demanda de divorcio. De cualquier manera, quiero que se quede tranquila, porque el caso se dará a su favor, usted tendrá el divorcio de su marido y la custodia de la niña, eso se lo puedo asegurar…

—Tengo miedo de que pueda quitarme a la niña, como venganza o algo así.

—Eso no pasará, Bella. Ningún juez en su sano juicio le daría la tuición de la bebé a él, que ha sido un padre ausente durante este tiempo…

—Pero él financieramente tiene más estabilidad que yo, que soy una simple maestra.

—Bella, no lo haga, no piense eso. Él podrá tener más poder adquisitivo que usted, pero eso no es un asunto determinante. Él tiene el deber de sustentar económicamente a su hija, pero para la tuición completa, hay otras cosas que la ley y el juez tiene en cuenta.

Puso sus manos como puños sobre la mesa caoba y cerró sus ojos —Eso me tiene asustada— admitió. En segundos, sintió dos fuertes manos sosteniendo las suyas. Abrió los ojos y vi a Edward sujetándoselas y mirándola con compromiso.

—No tenga miedo, Bella. Yo procuraré por todos los medios que no sea así. Se lo prometo.

Las palabras y ese compromiso del abogado fueron lo que ella necesitaba para relajarse. Y quizás también el toque de sus manos tibias sobre las de ella. No las quitó, quiso sentir la tibieza de ellas por un instante más, y mirar sus ojos verdes tan brillantes como nunca los había visto antes con tanta claridad como aquel momento.

Después de un momento, él quitó sus manos y tironeó su corbata —Le sugiero que no involucre en esto a su hermana. No es necesario.

—Bueno, lo que usted diga. Uhm… eso era todo, ahora creo que debo marcharme —dijo, levantándose seguida al instante por el abogado, que la acompañó hasta la puerta.

—Bella, espere —dijo, antes que ella agarrara el pomo de la puerta para salir —Mañana celebraremos el cumpleaños de Grace en casa de mis padres, y ella estaría encantada de que usted y su hija pudiesen ir.

Bella sonrió ante la invitación de Edward. Lo miró asintiendo —Debo decirle que ya se le han adelantando a la invitación. La misma Grace hace una semana me ha dado mi invitación y la de mi hija para que podamos ir.

—¿Irán? —preguntó el abogado con un poco de ansiedad. Ella sonrió y asintió.

—Ella no me perdonaría que no fuera, además me comprometí en presentarles a mi hija.

—Pues me alegro mucho. ¿Necesita que vaya por usted a su casa?

—No, no por favor, ya tengo la dirección y mi padre hará el favor de llevarme… lo que me recuerda que debo ir por su regalo… —dijo, pensando en cuál sería el regalo perfecto para la niña.

—No es necesario que le lleve nada…

—Lo es. Ahora, no lo interrumpo más. Muchas gracias una vez más, Edward —dijo, con sincero agradecimiento.

—No tiene nada que agradecer, Bella.

¿Siempre, los clientes salían tan livianos del despacho de sus abogados, como si hubiesen tenido una cita con su psicólogo? Pues ella se sentía mejor, más tranquila y sobre todo mucho más confiada de que todo sería a su favor y al de su Mary.

Después de pasear por el centro comercial, sobre todo por jugueterías para comprar el regalo de Grace y uno para su niña, regresó a casa. Cuando el taxi aparcó en la puerta, ella vio un coche oscuro, muy elegante, el que reconocía muy bien. Su estómago se contrajo, como llenándose de nudos.

Al entrar, vio a su padre parada a la entrada de la sala, con su postura tensa, cruzado de brazo, y su semblante muy serio. Junto a él estaba su madre, vigilando la escena de la sala. Cuando ella miró hacia adentro, vio a Hilda con su traje azul marino de dos piezas y su pulcro peinado, con su nieta sentada en sus piernas, la que jugaba despreocupadamente con algún juguete nuevo que habían llevado para ella. Y sentado junto a ambas estaba Jasper, observando a la niña. Cuando este presintió la presencia de Bella, levantó su cara y al dar con ella, la escrutó con la mirada de la cabeza a los pies, hasta que la miró directo a los ojos con su vista quemante. Ella no desvió la mirada de él, sino que la sostuvo.

Fue raro para ella, pues no sintió a su corazón acelerarse, ni su garganta contraerse por el llanto que quisiese salir. Ni suspiros ni añoranza de nada. Nada de eso, pues frente a ella estaba el verdadero Jasper, por quien ella sentía una profunda antipatía y no la ilusión de hombre de quien ella creyó estar perdidamente enamorada.

Cuando Hilda la vio, ni siquiera la saludó, sólo comentó lo "regordeta" que estaba la "niñita" y de lo atrasada que estaba en su desarrollo psicomotor en comparación al resto de los niños de su edad. Bella, Renée y Charlie contaron hasta diez, tragándose los deseos de contestarle de regreso sobre lo regordeta que en realidad estaba ella.

—Creo que sería bueno que esta niñita pasara una temporada con nosotros en casa —dijo Hilda, revisándole el cuello a la niña. Bella adoptó la postura de su padre y con firmeza y determinación le aclaró:

—Eso no pasará hasta que el juez diga que pasará con la custodia. La niña no se mueve de mi lado.

Jasper se levantó de sopetón, estirando su chaqueta negra —Levántate y vámonos, madre —le dijo con tono golpeado, sin apartar sus endiablados ojos de los de Bella. Solo los apartó cuando se agachó y dejó un mecánico beso sobre la cabeza de Mary. Bella se acercó a Hilda para sacar a su hija de las manos de la "bruja" y envolverla en sus brazos.

—Ya nos veremos en el tribunal, Bella —susurró Jasper al pasar junto a ella, como una amenaza. Bella por cierto ni siquiera se inmutó.

Hilda y Jasper se retiraron de casa de los Swan sin despedirse de los dueños de casa, dando un fuerte portazo al salir.

—Estuve a punto de sacar a esa vieja por las greñas… ¡Hubieses visto cómo llegaron, con prepotencia, exigiendo ver a la niña! —estalló Charlie, dirigiéndose a la ventana para cerciorarse que los dos "indeseados" se fueran de una vez.

Mientras tanto, Renée se acercó a Bella y acarició su brazo:

—¿Estás bien?

—Sí mamá, todo está bien.

—¿Crees… crees que él pueda quitarte a la niña? —Preguntó la abuela con temor, acariciando ahora la cabecita de la bebe, que era ajena a todo.

Bella miró a su madre y le sonrió, absolutamente confiada de las palabras que iba a decir —No, eso no pasará. Estoy segura de eso —concluyó. Y estaba segura, pues su abogado se lo había aseverado y ella lo creía en lo profundo de su ser.