¡Hola niñas! Ya estamos aquí en nuestra cita semanal. Como siempre, mis sinceros agradecimientos a cada una de usted por estar aquí leyendo esta locura, por comentar y acompañarme. Gracias eternas.

Como siempre, mil gracias a mi beta hermosa y loca Gaby Madriz por hermosear cada capítulo.

Ahora las dejo... a ver qué nos espera con esta parejita.

Abrazos gigantes a cada una y nos leemos a la próxima. Besos!

(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)


18. Inoportuna.

"…te pide mi corazón, que no me olvides, que no me olvides…"

~En Paralelo~

La italiana entró a su cuarto de hotel cerca de las nueve de la noche, azotando la puerta con más fuerza de lo habitual, resonando en la estancia el ruido del golpe, seguido de sus gritos de indignación en su lengua natal.

Sintió la ira consumirla cuando vio a esa mujercita besándose dentro del coche con su Edward. Sintió que la tierra se abría bajos sus pies, cuando los vio entrar al edificio cogidos de la mano, como si fueran una pareja. ¿A caso Edward tenía otra amante?

"¡Dannazione!" Tenía que saber más, tenía que saber quién era esa, por qué estaba con él.

Caminó hasta la ventana y sacó de la cartera de cuero que había lanzado sobre su cama, una cajetilla de cigarros, hábito que tomó después del abandono que sufrió, y que le recordaba a Edward. Aunque la verdad, todo le recordaba a Edward… como las cicatrices que atravesaban su muñeca derecha, cuando ella intentó…

Sacudió la cabeza y alejó los recuerdos de esos meses atrás. Ahora debía concentrarse en el presente y sobre todo en el futuro. Debía planear estrategias, trazar un plan.

¿Qué pasaría si se presentara frente a Lauren, como le amenazara a Edward que lo haría? ¿Qué pasaría si su mujer se enteraba de las andanzas de su marido, de que este la engañaba por segunda vez?

Pero antes, debía informarse. Debía cerciorarse de cómo había sido la vida de su amore desde que retornó a Chicago. ¿Pero cómo lo haría?

Mientras botaba el humo del cigarro, recordó al atento y embobado joven que la recibió, y que se presentó como Seth, el pasante de derecho y ayudante de Edward. Seguro que si ella flirteaba con él levemente, soltaría toda la información que ella necesitaba. ¿Pero cómo toparse con él? Debería de esperar hasta el lunes y montarle guardia, toparse con él de forma "coincidente", invitarlo un café o lo que sea que los americanos de su edad bebiesen para sacarle la información.

—Será tarea fácil —le dijo al reflejo de su rostro en el vidrio, mientras relajaba sus hombros. Así como fácil sería la tarea de volver a formar parte de la vida de Edward, así como él era el centro de toda su existencia.

/E.P/

Aquel sábado por la mañana Edward aparcó en la casa de Lauren, llegando hasta allí para ir por su hija y pasar con ella el fin de semana, como se lo había prometido. Además, iba dispuesto a tratar otro asunto, y tenía que ver con Bella.

Y sobre Bella… no podía dejar de pensar en lo que fue la noche anterior con ella a solas en su departamento, respondiendo a sus besos y sus caricias, dejándose llevar por el deseo. Sintió una pasión abrazadora por ella, como hace mucho no la sentía, que le nublaba la razón. Y lo mejor, o lo peor, era que las cosas podrían haber seguido su curso, si él no se hubiera detenido, porque de no haberlo hecho, sabía que hubiese tenido a Bella desnuda bajo su cuerpo, deseándolo también, dispuesta a dejarse amar por él.

"Amarla…" Era muy pronto para tildar de amor a esos sentimientos, ¿o no?

La cosa era que había decidido no esconder más esa relación, por lo que debía comenzar a hacer bien las cosas. Lo primero y más importante era explicarle a su hija que él había conocido a alguien y que estaba comenzado una relación con ella, y la verdad, no sabía bien cómo hacerlo. Por eso, antes de hablarlo con Grace, debía explicárselo a Lauren para que lo ayudase, después de todo, ella era la madre de su hija y por cierto, se había percatado de algo, así que ahora sólo admitiría lo que ella sospechaba.

—¡Ey, buenos días! —lo saludó animadamente su ex mujer cuando lo recibió en la puerta, aun con pijama de seda negro y un albornoz sobre este— ¿Ya has desayunado? —le dijo cuando estuvieron dentro.

—Tomé un café mientras leía el diario. ¿La niña está despierta?

—Sí, pero está aún acostada en mi cama viendo sus dibujos animados, pero la tendré lista para salir…

—Un momento, está bien, deja que vea sus dibujos animados —le dijo Edward, deteniéndola antes que ella fuera por Grace — Hay algo que tengo que hablar contigo — añadió entre la seriedad y el nerviosismo. Ella lo miró extrañada, y asintió levemente, cogiéndolo del brazo y llevándolo hasta la cocina.

—Dios, Edward, ¿estás bien, te pasa algo malo? —preguntó ella, cerrando su laptop que estaba sobre la mesa.

—Estoy bien, Lauren — dijo, doblando en varias partes una servilleta que había sobre la mesa.

—Pues no lo pareces, se te ve bastante tenso. Mejor dime, qué necesitas hablar conmigo.

Edward carraspeó, moviendo sus manos nerviosamente —Tenías razón… sobre… Bella.

Ella alzó sus cejas y le sonrió a su ex marido, relajándose ella también, pues sabía por dónde iban los nervios de Edward —¡Aha! ¿O sea que no estaba loca?

—No, no lo estás, al menos no en esto.

Ella torció su boca divertida, por la nerviosa admisión de Edward —¿Me vas a terminar de contar, o tendré que sonsacártelo?

Edward suspiró y comenzó a contarle la historia. Le dijo que no tenía claridad ni precisión desde cuando sentía lo que sentía por Bella. El milagro era que ella estaba comenzando a sentir lo mismo por él, y que habían decidido intentarlo. Él estaba llevando su divorcio, como Lauren sabía, y que debían de irse con precaución. Él sobre todo, cuando a ciencia cierta no sabía si Bella había olvidado del todo a Jasper, pese a lo que le dijo la noche anterior.

—Y no estoy en edad de estar escondiéndome, menos cuando, como dices, soy un hombre divorciado y puedo rehacer mi vida. Pero está Grace, quiero que lo entienda y que…

—Edward Cullen, pareces un quinceañero nervioso y enamorado —antes que él protestara, ella continuó hablando— Grace adora a Bella, y adorará cuando sepa que ella te quiere. Se lo explicaremos y verás lo feliz que se pone cuando sepa.

—Pero podría tener el efecto contrario, ya sabes —pasó sus manos repetidas veces por su cabello— Me preocupa que ese amor que siente por Bella, se pueda torcer después que sepa que ella y yo...

Lauren entornó los ojos hacia él y se inclinó un poco sobre la mesa —¿Realmente crees que pasará eso? Edward, dices eso por miedo, pero conoces bien a Grace y sabes que ella no sentirá rencor por Bella, ya verás. Ella no es así.

—¡Dios, Lauren, no quiero arruinar esto!

—No arruinarás nada, Edward —lo tranquilizó ella, alcanzando una de sus manos entre las suyas— Y por otro lado, si te interesa saber mi opinión, estoy feliz por ti.

Edward sonrió, no pudiendo esconder su regocijo —Siento que fue todo tan natural… me siento renovado.

—Y estás tan rebosante, que aunque trates de negarlo, se te nota, te fluye el amor por ella por los poros.

Bajó sus ojos a la mesa —¡Oh, es muy pronto para que digas eso!

—No es pronto para el amor, Edward. Cuando llega, llega, y no podemos detenerlo, y yo sé cómo se te dan a ti esas cosas…

—Entonces, ¿crees que está bien, no es precipitado?

Lauren bufó —Pues no. Así que deja de darle vueltas y disfruta, ama y déjate amar, porque te lo mereces.

Edward le dio a Lauren una sonrisa en agradecimiento y apretó su mano entre las de él —No sabes lo importante que es para mí que me apoyes en esto, eres importante para mí y pues quería que te enteraras.

—También eres importante para mí, es por eso que me siento tan feliz de que te estés dando una nueva oportunidad, Edward.

—Gracias Lauren.

Ella sonrió —Entonces dime, cuando quieres que hablemos con Grace, ¿Bella sabe que lo harás?

—Le dije que no iba a dejar pasar más tiempo, y que no estaba dispuesto a esconderme. Sabe que hablaré con Grace, y ella hará lo mismo… con sus padres, supongo.

—¡¿Así que tendrás que ganarte la venia del padre de Bella, eh?! —preguntó, visiblemente divertida.

—Pues creo que le causé buena impresión ayer en el juzgado, al menos como su abogado —comentó, rascando su nuca.

—Oye, te adorarán… —le dijo, guiñándole un ojo.

—¡No te burles, Lauren!

Este ex matrimonio se quedó conversando unos minutos más, hasta que Grace apareció en la cocina, vestida con su pijama y sus pantuflas de Winnie the Pooh, recibiendo a su papá con un fuerte abrazo y un montón de besos repartidos en su rostro.

—¡¿Estás lista para pasar el fin de semana conmigo?!

—¡Sí, papi! —exclamó la niña, lista para la aventura con su padre.

Y así fue. Padre e hija disfrutaron de un sábado que se pasó muy rápido, entre comida chatarra, películas, visitas a parques, juegos con los abuelos, en fin. El día domingo, la pequeña cocinaría con su abuelita Esme unos ricos postres y durante la tarde practicaría bicicleta con su abuelo Carlisle. Edward aprovechó de llamar a Bella y arrancarse durante unas horas aquella tarde de domingo para hablar con ella.

La pequeña Mary Elizabeth también llegó a la cita con Edward que acordó con Bella verse en su apartamento aquella tarde. Esta vez tendrían que mesurar su encuentro en comparación a la pasada noche de viernes, por respeto a la pequeña, quien apenas vio a Edward abrir la puerta, extendió los brazos hacia él, como petitorio para que la cargara. El abogado no lo dudó, para después acercar sus labios hasta Bella y darle un muy casto beso de bienvenida.

Se instalaron en la sala a hablar, mientras la pequeña jugaba con una muñequita que Grace había dejado olvidada allí.

—Pensé que pasarías el fin de semana con ella —preguntó Bella, mientras Edward a su lado mantenía a la niña sentada en su regazo.

—Sí, así es, pero ahora se quedó jugando con sus abuelos —dijo, peinando el cabello de la pequeña. Aprovechó su postura despreocupada y agregó— Y sobre eso, ayer hablé con Lauren y pues, le dije… sobre lo nuestro…

—¡¿Qué?! —Exclamó ella, abriendo sus ojos con desmesura— ¡Dios! ¿Y qué te dijo?

—¿Qué me iba a decir? — se alzó de hombros— No es que tenga algo que decir, pero para mi era importante que lo supiera, ya sabes, por Grace. Y pues ya se había dado cuenta y que estaba feliz, por ambos.

Bella parpadeó repetidas veces —¿De verdad?

—Claro.

—Uhm… bueno, mamá sabe que algo pasa… además dice que soy bastante obvia.

—Vaya… —sonrió Edward, alzándose de cejas.

—Ustedes se llevan bastante bien… —comentó Bella sobre la relación que unía a Edward con Lauren— lo digo porque es raro ver a un matrimonio lleve la clase de vínculo tan cercano después de un divorcio.

—Bueno, como comprenderás, llegó un momento de nuestra relación que las peleas matrimoniales no tenían cabida. Debíamos estar unidos para… para atravesar el dolor de la perdida, ya sabes…

—Pero… —Bella iba a preguntar algo, pero decidió morderse la lengua. Enseguida Edward la alentó a que preguntara.

—Adelante.

—¿Ustedes se divorciaron por la muerte de Elizabeth?

—Uhm… las cosas entre nosotros no estaban bien desde antes… —susurró el abogado, frunciendo su entrecejo. Edward se movió incómodo, porque con su relato tendría que remover una parte de esa historia que sabía que a Bella no le parecería nada. Pero debía ser sincero con ella y ella debía de comprender que no todos los hombres que habían cometido el error del engaño a sus parejas como él, eran iguales al imbécil de su ex marido.

—No fuimos sinceros el uno con el otro, Bella — admitió con resignación y algo de vergüenza.

—¿Cómo así?

Edward cerró los ojos e inhaló el aroma a bebé de la niña antes de contestar —Le fui infiel a Lauren, Bella.

Bella enderezó su espalda y tragó saliva, desviando su vista de la triste mirada de Edward. Él sabía que esa confesión había sido una especie de golpe bajo para ella. Supuso que le pediría explicaciones y que se encabronaría con él, pero jamás lo que ella haría a continuación.

Se levantó, sacó a su hija de sus brazos y la atrajo hasta los suyos, ante un Edward sorprendido —Se hace tarde, debo irme —dijo, secamente.

Edward se levantó de un salto para detenerla —Oye, por favor, no te vayas así… hay otras cosas…

—Lo siento Edward — dijo ella, cortándolo — De verdad lo siento, pero me niego a estar con alguien quien no tuvo respeto por su pareja, fueran cuales fueran las circunstancias. Además, sé que las personas que engañan, no dejan ese hábito nunca —indicó, haciendo sentir a Edward un desgraciado, adolorido como si le hubiese lanzado un buen golpe de derecha en su rostro.

—Bella, por favor —dijo casi en un lamento, caminando tras de ella para impedir que se fuera así, sin darle el derecho a explicarse, no a justificarse.

—Buenas tardes, abogado.

Esa despedida tan fría e impersonal dejó a Edward como de piedra, tenso de pie frente a la puerta que de un golpe seco había sido cerrada por Bella. Cuando él pensaba que estaba dando un paso adelante con ella, su pasado venía a arruinarlo todo.

Un desazón cruzó su corazón, y sintió como si las paredes a su alrededor se desmoronaran por completo sobre él. Caminó de regreso a la sala y se dejó caer como cuerpo inanimado sobre el sofá. Echó su cabeza hacia atrás, botando el aire de sus pulmones. Con sus dedos apretó sus sienes, conteniendo el dolor de cabeza que se estaba formando de la pura rabia contra sí mismo.

Llevo una mano a sus bolsillos y sacó la cajetilla de cigarros. Se había comprometido a dejar de fumar… ¡Y una mierda dejar el cigarrillo! Necesitaba el tabaco para relajarse, porque aunque fuese momentáneo, eso era lo único que sosegaría su tensión.

"¡Maldita la hora en que abrí mi bocota…!" se quejó, arrepentido de haber sacado sus pecados tan prontamente frente a Bella.

/E.P/

Lunes por la mañana, y Giuliana, como se lo había propuesto, le hizo guardia al joven Seth en las afueras del edificio donde se encontraban las oficinas de la firma de abogados en las que su Edward trabajaba, y la que de forma muy práctica se hallaba a penas a una cuadra del hotel donde se hospedaba.

No quitó la vista de las puertas de vidrio polarizado, hasta que como lo previó, el ayudante de Edward salía del edificio. Giuliana siguió sus pasos hasta que este entró a una cafetería que quedaba a unos metros del edificio.

"¡Perfecto!" susurró ella en su conciencia, precipitándose hacia el mismo lugar para "coincidir" con el muchacho. Cerró la cremallera de su estrecha chaqueta de cuero y atravesó la calle sobre sus sexys tacones negros, a juego con su pantalón ajustado del mismo color, que se amoldaba a sus piernas como una segunda piel.

Cuando entró a la cafetería no le costó dar con el moreno joven ataviado con su vestimenta formal, caminando hasta estar junto a él, ignorándolo a propósito.

Dio una mirada de soslayo y se percató que Seth la miraba con asombro, acomodándose nerviosamente su corbata. Ella desvió su vista hacia él y le sonrió sorprendida y coquetamente.

— ¿Seth, verdad?

— Sí, claro… buenos días, señora.

— Llámame Giuliana, por favor —ronroneó, haciéndolo sonrojar— ¿Tomándote un rato libre?

—Uhm… más o menos… el "jefe" no anda de buen humor, así que le ofrecí un café especial a ver si mejora su ánimo…

—¿Edward es tu jefe? —preguntó, mientras indicaba a la cajera su pedido de café expreso.

—Es mi guía más bien, el jefe es don Carlisle Cullen, su padre —informó, cosa que Giuliana ya sabía, de cualquier forma asintió.

—¿Y su esposa… también trabaja con ellos? —preguntó relajadamente, dando a entender que conocía la familia de Edward.

—Ex esposa —le rectificó Seth, agarrando los cafés que acababa de comprar. La italiana frunció su entrecejo y miró con inquietud al informante.

—¿Ex esposa, dices?

—Sí, el abogado se divorció de la señora Lauren.

Parece como si la tierra se hubiese detenido bajo sus pies. Esa información que con tanta facilidad el jovencito ese le había dado, la dejó estática. Llevó una mano a su pecho y pudo sentir el golpeteo de su corazón. ¿Qué significaba que Edward estuviera divorciado?¿Un abierta oportunidad para ella, por fin? ¿Pero y esa mujercita con la que lo vio el viernes por la noche?

—¿Se siente usted bien? —preguntó el muy preocupado Seth, al ver la postura tensa de la diosa italiana.

—Sí, estoy bien —le dijo, sin siquiera dirigirle una mirada— Fue bueno verte, bambino —agregó a modo de despedida y salió sin más del local. Seth la siguió con la mirada, como varios de los hombres que estaban allí, la miró hasta que desapareció. Frunció el gesto, se alzó de hombros y pagó su pedido, para ir de regreso a su trabajo.

Llegó de regreso a su cuarto de hotel y caminó dentro de este, de un lado a otro. ¿Qué hacer? Debía saber si esa información era real, y debía conocerlo de primera fuente. Pero Edward seguro no la recibiría, no al menos hasta convencerlo con sus encantos de lo contrario.

Lauren.

Ellas siempre tuvieron un trato cordial, ahora podría llegar a ella manteniendo eso, contándole que había decidido llegar a América y establecerse en esa ciudad con motivos académicos, era creíble esa excusa. ¿Pero cómo dar con ella?

Levantó el teléfono y la voz de la recepcionista del hotel la saludó con cordialidad. Giuliana le explicó que necesitaba dar con una abogada que vivía en la ciudad y no sabía cómo hacerlo. La atenta trabajadora del hotel se ofreció en ayudarla, pidiéndole a la italiana el nombre de dicha abogada para ella buscar por internet. Búsqueda que no demoró ni tres minutos, cuando Giuliana estaba contestando el teléfono con la dirección de su actual trabajo en una fundación.

Giuliana llamó a su servicial taxista, quien es diez minutos estuvo en las afueras del hotel, llevándola a la dirección que ella solicitó.

La fundación donde Lauren trabajaba, era una casona grande que fue adaptada como oficinas. Era un lugar muy cálido, acogedor, para nada suntuoso, muy por el contrario, con mobiliario sencillo y funcional.

Tuvo que esperar unos momentos antes que pudieran hacerla pasar con Lauren, y eso fue bueno para consolidar en su cabeza la justificación que la había llevado directamente a su lugar de trabajo. "Una fundación infantil pro ayuda a los niños con cáncer, sin duda necesitaría personas que trabajaran en educación con niños, un puesto ideal para ella"

Después de unos momentos, una mujer le indicó que pasara sin necesidad de ser anunciada. Así que se encaminó al pequeño espacio que era la oficina de Lauren. Lo primero que vio, lo que en verdad destacaba al entrar al lugar, era la foto de gran tamaño que colgada de la muralla frontal a la puerta, de sus dos hermosas hijas sonriendo. Bajo este retrato, la abogada estaba con la vista fija y concentrada en algo que redactaba con mucha rapidez en su ordenador. Cuando presintió la presencia de alguien más, Lauren alzó la vista y sus ojos lentamente se fueron abriendo por la sorpresa.

—Buenos días, Lauren —saludó Giuliana, con su mejor sonrisa a la abogada, quien parpadeó y lentamente se levantó de su sitio.

—Giuliana, que… que sorpresa… —dijo con asombro , rodeando su escritorio, hasta estar frente a ella.

—Sí, fue una sorpresa saber que trabajas aquí…

—¿Perdona?

—Verás, decidí venir a Estados Unidos a estudiar y necesito trabajar durante mi estadía, y pensaba…

—No es necesario que mientas, Giuliana —dijo Lauren, tranquilamente tras haber retomado la calma después de la sorpresiva visita aquella, cruzada de brazos, mirando a la italiana, quien no esperaba la reacción de Lauren.

—¿Por qué… por qué me dices eso?

—Sé lo que pasó entre tú y Edward, sé que fuiste su amante, y no es difícil adivinar que viniste hasta aquí tras él, ¿no es así, Giuliana?

—Yo… yo… —esa declaración tan tranquila de Lauren pilló a Giuliana con la guardia baja, jamás se esperó aquello.

—Pero ya no es mi asunto, Giuliana.

—¿De verdad se divorciaron? ¿De verdad es mi oportunidad para hacer feliz a mi caro?

—Es verdad que nos divorciamos, sí, pero eso de que esta sea tu oportunidad para hacerlo feliz… pues lo dudo.

La altivez de la mujer italiana salió a flote cuando Lauren osó en poner en duda su capacidad, así que con suficiencia, alzó sus hombros, su mentón y desafió a Lauren con su mirada —¿Dices que no puedo hacerlo feliz? Pues te recuerdo que Edward me buscaba a mí, cuando la felicidad no la halló junto a su esposa, quien se supone lo haría feliz. Si me buscó entonces, no veo porqué ahora me ignoraría…

—¿Entonces, por qué estás aquí? ¿Por qué estás tratando de averiguar conmigo algo que Edward podría haberte dicho? —Preguntó la abogada, cruzando sus brazos bajo su pecho— Mira, si Edward decidiera reinventar su vida junto a ti, sería su decisión y yo lo respetaría.

—Es bueno que tengas eso claro, Lauren, porque probablemente, muy pronto, Edward y yo seamos una feliz pareja…

—Sigo sin entender qué pretendes aquí, hablándome de eso —la interrumpió un poco cabreada— Mira, ve con Edward y dile los planes que tienes con él, a ver si él comparte tu apreciación de futuro a su lado.

—¡¿Qué quieres decir?!

—Ve y pregúntaselo a él.

La italiana ni se detuvo para despedirse, erguida como estaba, dio media vuelta y salió de la "fea" oficina, echando humo.

Lauren se quedó allí de pie, soltando un suspiro. ¿Sabría Edward que esa loca estaba allí? Nada más esperaba que la llegada de esa mujer no arruinara los planes de Edward con Bella, la que ella deseaba que llegase a buen puerto.

~En Paralelo~

Bella acabó su clase de lunes rendida, física y emocionalmente. La admisión que Edward le había hecho el día anterior dejó en ella un rastro de amargura, pues pensaba que él realmente podía ser diferente a su ex marido, pero en realidad no lo era.

"La jodida enfermedad crónica de la infidelidad… o más bien una plaga…"

Por una parte, era lógico que acabando su matrimonio como lo hizo con Jasper, terminara sintiéndose insegura frente a esa realidad. No había querido dar tiempo de que él se explicara, pero de cualquier forma eso hubiese sido para que él se justificara de algo que no tenía justificación. Y ella, definitivamente, quería mantenerse alejada de personas como él, por mucho que le doliera el alejarse de Edward, quien no había hecho más que ayudarla y darle seguridad

Salió a despedir como cada día a sus alumnos a la salida de la escuela. Afuera, habló con algunos padres y confirmó una reunión a la que los había citado para ese día más tarde. Un sentimiento de nervio la hizo estremecer, cuando pensó que Edward podría ir a esa reunión y buscar hablar con ella, pero alejó ese sentimiento, pues debía ser profesional y comportarse como tal.

—¡Ey, Bella! —la voz de Jacob Black, el psicólogo infantil que trabajaba en la escuela, la sobresaltó. Hace tiempo que había puesto distancia entre ambos, por sus constantes actitudes de Jacob, hacia ella que para su gusto se propasaban para alguien a quien no había le dado confianza.

—Hola, Jacob —saludó con una discreta sonrisa, tratando de ser amable.

Jacob no pudo evitar mirarla de la cabeza a los pies, repasando su atuendo sencillo, de pantalones de lino tono marrón, blusa color perla y una chaqueta del tono de sus pantalones.

—He tenido tanto trabajo aquí, que no había tenido tiempo de verte, ¿estás bien? —preguntó, poniendo su mano sobre su hombro de ella y apretándolo ligeramente. Bella se removió un poco, inquieta por el roce, tratando de apartarse sutilmente, pero no lo logró.

—Estoy bien, gracias por preguntar —dijo, poniendo su pelo detrás de su oreja.

—Oye… yo… quería disculparme contigo —dijo el psicólogo, vacilante— Sé que no fui muy certero con mi último encuentro contigo, pero sólo quiero acercarme en son de amistad. No quiero que te sientas incomoda conmigo. Lo prometo —dijo, ladeando su cabeza. Sus ojos mostraban sinceridad, eso al menos vio Bella en los oscuros ojos de su colega.

—Vale, no te preocupes… sólo estoy pasando por un momento complicado y…

—Lo entiendo, y de verdad te pido perdón si te incomodé antes, pero quiero ser tu amigo, quiero que me veas como un apoyo en el momento en que me necesites —dijo, tomando sus blancas y pequeñas manos entre las suyas, que eran cálidas y grandes. Bella lo miró y le dio una sonrisa, asintiendo a las palabras de Jacob.

—Está bien, no hay problema —respondió a las honestas palabras de Jacob.

—Entonces, amiga Bella, almuerza conmigo y hablemos de la vida, conozcámonos, ¿te parece?

—No tenía planes para almorzar, así que está bien, acepto tu invitación —asintió ella enseguida.

A Bella le parecía una buena idea compartir con él y conocerlo, como había compartido con el resto de sus colegas, para poder hacer amigos. Quizás Sam Ulley, amigo de ambos que trabajaba también allí, se les podía unir también.

La radiante sonrisa que Jacob le dio, la hizo sonreír también de regreso —¡Genial! —exclamó él, apretándola hacia él en un cálido y fuerte abrazo, cuestión que Bella no vio venir.

Pero otra cosa que Bella no vio venir ni por asomo, fue cuando se deshizo de los brazos de su colega y detrás de él, a unos cuatro metros de distancia, cierto abogado de tez blanca y cabello castaño cobrizo, miraba receloso la escena con un explícito gesto de molestia en su rostro, con sus ojos entornados directamente hacia los de ella. Su postura era tensa, notó Bella, por la manera en que sus manos colgaban a sus lados apuñadas, además de su vestimenta totalmente negra, que lo hacía ver incluso como peligroso.

Bella se quedó inmóvil frente a esa mirada, hasta que lo vio retirarse de la mano de su hija Grace hasta su carro, sin dar ningún signo de querer acercarse a ella.

¿Fue decepción lo que vio en los ojos de Edward? ¿Por qué, el hecho de que Edward la hubiese visto abrazando a Jacob, la hacía sentirse como si hubiese hecho algo malo?

—Bella, ¿estás bien? —preguntó Jacob, tomándola por el brazo, cuando ella aun miraba al Mercedes Benz de Edward, que se alejaba del aparcamiento de la escuela.

—Sí, estoy bien —dijo ella sacudiendo su cabeza, para nada convencida.

—Bueno, ahora tengo una reunión con Rosalie, de no más de media hora. Te encuentro luego en la sala de profesores, ¿te parece?

—Me parece estupendo. Te veo allí —dijo, y sin más dio media vuelta, y con sus hombros encorvados, caminó de regreso al salón de clases. En ese momento deseaba agarrar sus cosas e ir hasta su casa a abrazar a su hija y refugiarse en su perfume tranquilizador.

Pero antes de que eso sucediera, Bella se hizo del ánimo y del tiempo de almorzar con Jacob como lo había prometido, proponiéndoselo a Sam en cuanto cruzó con él, así que los tres fueron hasta un restaurante cerca y almorzaron hablando de todo y nada a la vez.

Después regresaron a la escuela, ella a preparar la reunión que tendría dentro de poco con sus apoderados, para hablarles de los niños, su rendimiento y de las actividades para el aniversario de la escuela. Y así lo hizo. Por supuesto que entre los presentes, Bella buscó el rostro de cierto abogado, al que ciertamente no encontró, pero en su lugar estaba la madre de Grace, Lauren, que la observaba con la misma sonrisa cordial de siempre. Por unos momentos, había olvidado que Edward había hablado con ella, y cuando lo recordó, no pudo evitar ponerse roja de la vergüenza.

Una hora más tarde, cerca de las siete de la noche, Bella daba por finalizado el encuentro. Poco a poco los padres fueron retirándose y a medida que el salón se desocupaba, se percató de que Lauren seguía sentada en su lugar, probablemente esperando a que el resto se fuera y poder hablar con Bella.

"Dios" suspiró para sus adentros, mientras recogía sus cosas.

—Bella —susurró Lauren acercándose hasta su mesa. Ella levantó la vista vacilante a la reacción de Lauren.

—Señora…

—Quedamos en que nos tutearíamos.

—Disculpe.

—El sábado Edward habló conmigo sobre lo que pasaba entre ambos, entre él y tú —dijo de sopetón, poniéndosele las mejillas rojas.

—Bueno, yo… ahora…

—Y hace apenas unas horas —le interrumpió Lauren —me lo encontré y le pregunté que si vendría él a la reunión para aprovechar de verte, y me dijo que tenía mucho trabajo y que probablemente tu no querías verlo más, ¿puedo preguntar qué ocurrió?

Bella tomó aire y recargó el peso de su cuerpo en su pie derecho —A veces las cosas no salen según lo planeado…

—Bella, no me hables con evasivas, si crees que no debo meter mis narices, simplemente dímelo.

— No se trata de eso —dijo, abrazándose a sí misma— Digamos que las cosas han cambiado.

—Sus sentimientos por ti no han cambiado, lo sé —dijo la abogada con convicción— Mira, sé que no somos amigas, pero quiero que lo seamos, ¿sabes? Me ofrezco para que hables conmigo de lo que ha pasado. Sé que algo ocurrió, Edward no me lo quiso decir, pero lo noté y lo puedo ver también en ti —tomó las manos de Bella entre las suyas— confía en mí.

Bella tragó grueso y asintió con la cabeza. Ambas se fueron hacia una de las mesas y sacaron dos sillas para sentarse en ellas.

—Cuando… cuando me contó que había hablado contigo, pues me puse muy nerviosa pensando en tu reacción, ya sabes. Se me hizo raro la relación tan afable que tienen ambas y pues le pregunté sobre la separación, que al parecer fue bastante menos traumática que la mía.

—La paz y el amor por nuestras hijas fue lo más importante. Si seguíamos adelante con ese matrimonio, seria para que en poco tiempo termináramos por sacarnos los ojos.

—Así lo comprendí —asintió Bella— Y me atreví a preguntarle que si… que si la muerte de Lizzie había sido el motivo del divorcio.

—No lo fue —respondió categóricamente Lauren— Después de sentirnos ambos devastados, la memoria de mi hermosa niña nos dio paz a él y a mí. Duele su partida aun, Bella, y es algo con lo que lidiaremos el resto de nuestras vidas —dijo, llevando la mano a su cuello, agarrando una medallita de oro, que Bella supuso traería recuerdos de Elizabeth. Carraspeó y continuó hablando:

"Edward tenía la idea de poder hacer un frente unido como matrimonio, después que mi niña hubiese partido, pero el matrimonio no era algo que finalmente nos uniría, sino muy por el contrario, terminaría por apartarnos, así que decidimos terminar con ello. Nos queremos Bella, tenemos un lazo importante él y yo, como compañeros, como amigos, pero no como amantes ni mucho menos.

—¿Él te engañó, no es así?

— Sí, lo hizo, después que lo engañara yo a él… con su hermano.

—¡Dios!

—Desde antes que la enfermedad de mi Lizzie se presentara, nuestro matrimonio era causa perdida. Yo evitaba estar a solas con él y él ponía excusas de igual forma. Edward simplemente buscó refugio en otra parte, cuando yo se lo negué.

—Eso no es excusa.

—No, no lo es. Sólo quiero que entiendas las circunstancias que rodearon aquello. Creo que el fracaso de un matrimonio es responsabilidad de ambas partes, Bella. Quizás de una parte más que de otra, pero siempre de ambas partes.

—No entiendo cómo lo justificas. Mi marido, quien se supone me amaba, me engañó, traicionó el amor que le tenía…

—¿Realmente lo amabas, Bella? ¿Realmente tenía los ojos bien puestos en tu relación de pareja, como para no darte cuenta de las señales?

Bella tragó el nudo de su garganta, recordando como mucha gente a su alrededor se había percatado de las raras actitudes de Jasper… todos menos ella.

—¿Conocías realmente a tu marido, Bella? —preguntó, no esperando que Bella le respondiera a ella, sino más bien para poner las cosas en perspectiva.

—La parte de mi responsabilidad… —susurró Bella, con desazón y pena. Lauren, sobre la pequeña mesa que se interponía entre ambas, alcanzó las manos de la maestra y las tomó sobre estas.

—Puedo apostar que la actitud de Edward frente a su engaño, es totalmente diferente a la de tu ex marido. Edward terminó con esa relación, estuvo y está arrepentido, ¿puedes decir lo mismo de Jasper?

—Pues no… —susurró.

—Dale una oportunidad a esto, Bella. Edward y tú se la merecen.

—Yo… tengo miedo —dijo, dejando que una lágrima rodara por su mejilla— Construí una vida de ensueño con Jasper, la que se vino abajo de la noche a la mañana… no quiero volver a construir sueños para que después se desmoronen…

—Entonces no construyas sobre el aire, Bella. La solidez y la profundidad de los cimientos, hace la edificación firme y duradera—dijo, apretando sus manos— a pesar del poco tiempo en que se conocen, él ya tiene sentimientos por ti, Bella. De no ser así, no lo hubiese visto derrotado como lo vi hace unas horas atrás.

—Me asusté cuando me lo dijo. Yo sólo creía que los hombres que engañaban una vez, pues…

—Pues no, Bella.

—¿Y qué debo hacer?

—Levantarte, lavarte la cara, maquillarte e ir a su despacho a hablar con él…

—¿Ahora?

—¿Sino cuándo?

Bella mordió su labio, sopesando las opciones: regresar a su casa y hacer caso omiso de los consejos de Lauren, o de plano hacerle caso al pie de la letra.

—Bien… es lo que haré.

—¡Estupendo! Yo misma te llevo —dijo Lauren, poniéndose en pie de un salto. Bella la miró, dejando entrever una sonrisa y negó con su cabeza:

—¿Te das cuenta de lo extraño que es esto? Yo hablando… contigo, haciendo amistad con la ex mujer de Edward…

—Y dándote consejos, sí, es raro, pero es gratificante —sonrió Lauren a Bella, quien se levantó y se acercó a Lauren para darle un abrazo de amigas.

—Gracias por esto, Lauren.

—No tienes nada que agradecer. Ahora lávate esa cara, ponte linda y movámonos…

— ¿Pero… no será tarde para ir? Quizás ya no esté…

—Oye y aprende: cuando él está cabreado o enojado por algo, es capaz de quedarse trabajando hasta la media noche. Apuesto que es eso lo que hará.

—¿Y no está con Grace?

—No, mi madre está con ella.

—Bien…

—Una cosa más antes — dijo Lauren, llamando la atención de Bella, antes que ella tomara su bolso y fuera a retocarse al baño— Hay algo que debes saber, para que estés alerta: Giuliana Santarelli anda detrás de los pasos de Edward. Ahora que sabe que está divorciado, quiere ser la nueva señora Cullen…

—¿Y ella es…?

—Fue la amante de Edward. No pudo soportar que él terminara de raíz con la relación, y pues vino detrás de él a convencerlo de volver con él…

Bella suspiró pesado y sus hombros decayeron otra vez. No había necesidad de conocer a la Giuliana esa, para saber que seguro era mil veces más atractiva que ella. Era italiana por Dios Santo…

—¡No, no, no, Bella! Edward no quiere absolutamente nada con ella, y se lo hizo saber. Sólo quiero que lo sepas para que estés alerta y no te dejes ni amedrentar por ella, ni mucho menos sentirte menos que ella.

— ¿Crees que Edward me lo cuente?

—Es probable.

—Está bien… no dejarme amedrentar por la italiana —repitió en voz alta como para convencerse ella misma, haciendo que Lauren se carcajeara.

Quince minutos después, ambas mujeres se montaron en el Volvo de Lauren y se fueron hasta el edificio donde Edward trabajaba. De camino, ella hizo una nota mental, diciéndose que al día siguiente decía pasarse por alguna concesionaria automotriz para cotizar un coche. No podía ser que anduviese por la vida tomando taxis o pidiéndoles a otros que le hicieran el favor de llevarla. Tenía ahorros para comprarse un coche y pues es lo que haría.

Lauren aparcó el auto, sin detener el motor de este, a las afueras del edificio. Bella, que observó la construcción mordiendo su labio y retorciendo sus dedos, estaba nerviosa porque no sabía cuál sería la reacción de Edward, menos después de cómo lo vio ese medio día, cuando ella abrazaba a Jacob.

Deseaba decirle a Lauren que le hiciera el favor de quedarse afuera, por si él la mandaba al demonio y debía volver a casa. Pero se tragó esa petición, pues la abogada, su nueva amiga, no era su chofer ni mucho menos. Tomaría un taxi de ser necesario.

—Muy bien Bella, manos a la obra.

—Bien, allá voy —dijo, poniendo la mano sobre la manilla para abrir la puerta— Gracias por todo, Lauren. Me agrada saber que cuento contigo…

—Somos amigas, Bella. No lo olvides —dijo, sonriéndole.

La maestra Swan bajó del coche y antes que este se fuera, se despidió de su chofer con una seña. Enseguida respiró profundo y se adentró en el edificio.

Caminó con su espalda recta hasta la puerta del elevador, y subió a este, haciendo ejercicios de respiración. Debía admitir que estaba nerviosa. Digamos que esa había sido la primera "discusión" de Edward y de ella, y no sabía cómo sería la reacción de él. No alcanzó a sacar conclusiones cuando el timbre indicó que había llegado a su piso. Salió del ascensor y vio que la mesa de recepción estaba desocupada. Ninguna de las dos secretarias estaba en su puesto de trabajo. La verdad, el piso se veía y se oía desierto.

"Quizás, debí haber llamado antes de venir…" pensó, caminando despacio hacia la puerta de la oficina del abogado Edward Cullen. Se paró frente a esta o acercó su oído para ver si se oía algo desde adentro, pero nada.

"¿Debería golpear antes de entrar?" pensó, y antes de responderse, ya tenía la mano sobre el pomo, el que estaba girando lentamente, evitando emitir algún tipo de ruido.

La luz del despacho era tenue, se percató ella al abrir la puerta. Desvió su vista hacia el escritorio, el que vio vació, sintiendo una especia de decepción. Abrió un poco más la puerta y vio con la espalda maciza de cierto abogado vestido de negro, quien miraba en silencio por la ventana, mientras en una mano sostenía un vaso con un líquido ámbar, y en la otra un cigarro a medio consumir.

Entró despacio y cerró la puerta sin hacer ruido. Enseguida, apoyó su espalda sobre la muralla del despacho, frente a la ventana por la que estaba contemplando Edward. Y esperó.

Al parecer, el abogado se percató que no estaba solo, pues rápidamente se giró y quedó frente a Bella, quien tiritaba de los nervios. Notó que la respiración de Edward comenzaba a hacerse pesada, como la de ella, mientras la contemplaba, sin hacer ningún comentario. Sus ojos no dejaron en ningún minuto los suyos, con tal intensidad que ella sintió que sus rodillas se doblaban y cederían en cualquier momento.

Hace tiempo que un hombre no la hacía sentirse así de nerviosa. La verdad, hace tiempo un hombre no le hacía sentir lo que Edward Cullen le había hecho sentir.

—No había nadie afuera… —susurró ella, sujetando o más bien retorciendo la correa de su cartera entre sus manos.

Él no dijo nada.

—¿Te molesta que esté aquí? ¿Podemos hablar? —murmuró con temor.

Y otra vez, Edward no dijo nada. Simplemente se la quedó mirándola fijo, haciendo que el cuerpo de Bella Swan temblara intensamente.

"Háblame Edward, por favor, háblame…"