¡Ey niñas! Aquí ando, adelantando un día la actualización (pero no se me acostumbren...)

Como siempre mi eterno agradecimiento a las que pasan por aquí, mil gracias por su apoyo y compañía.

Gracias a mi beta hermosa Gaby Madriz por ayudarme con esto y hermosear cada capítulo.

¡A leer entonces, señoritas!

Mil besos y abrazos a todas

(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)


19. Amor en el caos.

"Miren todos, ellos solos, pueden más que el amor, y son más fuertes que el olimpo…"

~En Paralelo~

Siempre le gustó ese despacho, precisamente por la vista que se dejaba ver de la ciudad desde esa ventana, por la que en ese momento el abogado Edward Cullen contemplaba. Le gustaba observar el movimiento de la urbe, sobre todo de noche, pues paradójicamente lo calmaba. Pero ahora, esa vista de Chicago no estaba funcionando para tranquilizarlo; la ansiedad que escarbaba en su pecho no menguaba ni con la visión de la ciudad, ni con el segundo cigarro que se estaba fumando, ni con el vaso de whiskey que quemaba su garganta cuando se deslizaba por esta.

Se sentía ansioso y tan perdido…

"Bella…"

¿Qué iba a hacer con ella? ¿Darle espacio a que sanara hasta que se sintiera confiada en él? ¿Pero cuánto tiempo significaría eso? Y el psicólogo ese al que vio abrazándola esa tarde, el mismo que hace unos meses había atendido a su Grace, ¿qué pretenderá?

"¡Por un demonio!"

Si tan solo le diera la oportunidad de demostrarle que se sentía un desgraciado y que sabía que haber engañado a su mujer fue una estupidez, y que no por eso él iba a hacer lo mismo con ella…

De momento a otro sintió un escalofrío recorrer su columna y por instinto se giró, quedando sorpresivamente frente a la menuda figura femenina que lo miraba con nerviosismo y disculpa. Ancló su vista a sus ojos chocolate, grandes y temerosos, sin poder apartarse de ellos.

¿Era su imaginación o en realidad ella estaba allí?

—No había nadie afuera… —se excusó ella con voz temblorosa, sin apartar su espalda de la muralla.

No, definitivamente no era su imaginación, concluyó Edward, sin decir nada. Estaba empapándose de Bella y de lo intenso que era para él la presencia de esa mujer en ese momento y en ese lugar. Su respiración acelerada daba cuenta del impacto que ella causaba en su vida, ahora que había pensado que la había perdido después de tan poco de tenerla, ella llegaba y se presentaba ante él evocando sentimientos de oportunidad y esperanza que él pensó no llegarían otra vez.

—¿Te molesta que esté aquí? ¿Podemos hablar? —susurró casi inaudiblemente, con ojos suplicantes. Después de unos segundos, bajó sus ojos hasta sus manos y habló despacio— Entiendo que estés enfadado conmigo…

—No estoy enfadado —respondió finalmente, tranquilizando su respiración y desviando su vista hasta el cigarro que tenía en la mano. ¿Por qué ella pensaba que estaba enfadado, cuando la enfadada tendría que ser ella?

Se acercó hasta la mesita donde se hallaba el cenicero y apagó el cilindro de tabaco, dejando también el vaso sobre la mesa junto a este.

Cuando se volvió hacia ella, Bella mantenía la misma postura. Suspiró y en silencio dio gracias al cielo porque ella estaba allí y caminó hasta quedar a dos pasos de ella.

—Mírame, por favor —susurró él. Ella titubeante y lentamente, levantó su cabeza y dio con los verdes y ansioso ojos de Edward —Entiendo que ahora desconfíes de mi…

—No desconfío de ti —susurró ella interrumpiéndolo. Dejó caer el bolso que sostenía entre sus manos y atreviéndose a hacer desaparecer la pequeña distancia entre ambos, lo sorprendió al abalanzarse hacia él y aferrarse a su cuerpo por su cintura, escondiendo su rostro en su pecho. Edward no dudó en devolverle el abrazo y besar tiernamente la base de su cabeza. Soltó un suspiró e inhaló la rica esencia que desprendía su cabello.

—Lo que pasa… yo sólo… yo sólo tengo miedo —reconoció ella sin soltarse de Edward. Él besó su cabeza con ternura una vez más antes de contestar.

— Lo entiendo, Bella. Entiendo que tengas miedo de volver a confiarle tus sentimientos a alguien y que ese alguien se aproveche de ellos y te haga sufrir —se apartó y tomó el rostro de Bella entre sus manos— pero yo no soy así, no soy Jasper, Bella. Lo que le hice a Lauren, fue un error y no me siento orgulloso de ello.

—Lo sé…

—Entonces, no me apartes de ti, Bella. Por favor, no lo hagas —susurró él, hasta que no soportó más y besó a Bella como llevaba ya rato deseándolo. Ella se abandonó a sus labios sin dudarlo y él abrazó esa sensación, que era toda la confianza que necesitaba en ese momento; la confianza de saberla de nuevo junto a él, y aunque el altercado los haya tenido un poco más de veinticuatro horas separados, para él había sido mucho más tiempo que eso. Y es que eso daba cuenta de lo cuan aferrados estaban sus sentimientos hacia ella.

La besó con firmeza y con seguridad, adorando la sensación dulce de sus besos, definitivamente como un manjar a su paladar. Ambas bocas en consonancia, buscándose una a la otra, mientras las manos de ambos tocaban la piel del otro por el rostro y el cuello.

"Tan suave" pensó Edward, disfrutando de toda ella.

Cuando él sintió que era el momento de apartarse, eso casi en contra de si mismo, lo hizo lentamente, dejando su frente apoyada sobre la de ella, disfrutando como ella mantenía sus parpados cerrados luego del beso, para abrirlos lentamente y quedar fijo en los suyos.

—Gracias por darle una oportunidad a esto, Bella. Es importante para mí, eres importante para mí.

— Y tú para mí —reconoció ella de regreso, haciéndolo sonreír.

Se apartó, se agachó para coger el bolso de Bella, a quien agarró de una mano para llevarla hasta el sofá, donde la acomodó junto a él, rodeada por sus brazos.

—¿Y cómo es que…?

—Lauren. Ella habló conmigo hoy después de la reunión, y me explicó como pasaron las cosas —explicó tranquila, agregando luego con voz ansiosa pero clara— Pero quiero que sepas que a pesar de que entiendo ahora el contexto, no lo justifico y no perdonaré una traición así, nunca.

—Oye, cálmate. Tampoco es algo que yo justifique, pero no se repetirá, tienes mi palabra —aseveró, aprovechando de sellar su palabra con un beso en sus labios— ¿Quieres preguntarme algo sobre ello?

—No… creo que… ¿Significó ella algo para ti? —preguntó con inquietud, queriendo saber si él guardaba sentimientos que más adelanta pudiese surgir por quien fue su amante.

Edward suspiró y rascó su barbilla —La verdad es que en un momento fue mi apoyo, con quien podía hablar cuando con Lauren no nos comunicábamos. Ella fue más que una amante para satisfacer… ya sabes, un deseo sexual.

—¿Pero ella te ama?

—Ella dice que sí… pero no estoy seguro de que sea así —respondió, jugueteando con los delicados dedos de Bella —Pero jamás le di esperanzas que mis sentimientos por ella fuesen a cambiar, ni nunca le prometí un futuro juntos, vivía el día con ella. Pero ella se ilusionó… y quizás fue mi culpa.

—¿Es guapa?

—Lo es —respondió, acariciando ahora el rostro de Bella y curvando levemente la comisura de sus labios— pero no más que tú.

—Sí… seguro… las mujeres europeas son hermosas… —rebatió con recelo, haciendo reír al abogado.

—Sí, pero bastante frívolas.

—Si tú lo dices.

—La conocí a seis meses de haber llegado a Venecia —explicó Edward— Fue una atracción instantánea, no puedo negarlo, quizás por eso mismo no pude apartar la tentación. Además, la veía siempre, pues era maestra de italiano de las niñas…

—¿Era la maestra de tus hijas? —Preguntó con sorpresa, cubriendo luego sus ojos con una de sus manos— ¡Estás de broma! ¡Dios!

—Oye, qué tienes…—preguntó él muy preocupado, quitando la mano de su rostro.

—Fue la maestra de tus hijas, ¿no te parece una historia familiar?

—Es simple coincidencia, Bella, porque ¿no pensarás que tengo siempre un affaire con las profesoras de mis hijas, no? —preguntó, tomando el ovalo de su rostro y obligando a que lo mirase.

Ella mordió su labio y meneó la cabeza, negando —No, no…

Edward suspiró y continuó con el resumen de su historia de amante —Después que mi Lizzie falleciera, terminé mi relación con ella de forma definitiva. Fui bastante frívolo y duro cuando lo hice, porque sabía que ella no me dejaría ir de buena forma… —carraspeó y supo que debía poner a Bella de sobre aviso — Hace poco supe que ella está ahora aquí, en Chicago.

Ella se quedó pensativa y no se sorprendió con lo último que Edward dijo, como él pensaba— ¿Debo tener cuidado con ella?

—Ella no es alguien que vaya a hacerte daño. Está herida, y la entiendo, pero no estoy dispuesto a que se interponga entre tú y yo.

—Ni yo.

—Eso me parece estupendo —sonrió y volvió a besarla.

Después de un rato que estuvieron en silencio, Bella miró la hora en su reloj de pulsera y dio un respingo —Tengo que irme, ya se me hizo tarde —dijo, desenvolviéndose de los brazos de Edward y levantándose. Él la miró mientras ella se abrochaba su abrigo azul y arreglaba su melena castaña, cosas simples y rutinarias que para él, vistas en ella, tenían una carga llena de hermosura y delicadeza —¿Sabes si abajo puedo tomar un taxi? —preguntó ella, sacándolo de su ensoñación.

Él sacudió su cabeza y se puso de pie —No, no puedes, no al menos cuando yo puedo ir a dejarte —indicó, caminando hacia la puerta donde se escondía un pequeño armario donde solía colgar su ropa. Sacó su abrigo y una bufanda negra y se las puso con rapidez.

—Puedo apañármelas sola, no tienes que ir a dejarme si tienes trabajo que hacer aquí.

—Ya no tengo trabajo aquí, y ya sabes, es un placer llevarte —dijo, guiñándole un ojo con coquetería, a lo que ella sonrió ruborizada.

Después que Edward apagara su laptop, salieron tomados de la mano rumbo al ascensor que los llevó hasta el estacionamiento subterráneo donde él tenía su coche.

De camino a casa de Bella, Edward le comentó al día siguiente estaría en el juzgado casi desde la mañana hasta la tarde, y que por la noche tenía una cena en casa de sus padres, y que ahí le hablaría a ellos de su relación con ella. Bella no pudo evitar tensarse de nervios, a lo que Edward extendió una de sus manos hasta su rostro acariciándolo levemente con el dorso de sus dedos, dándole palabras de tranquilidad. Él ya no era un chiquillo al que tenía que pedir autorización para salir con una chica, sólo quería que supieran por él algo que era totalmente normal. Además, no debía preocuparse pues cuando ambos la conocieron para el cumpleaños de Grace, les causó una muy buena impresión.

—Les agradé, pero como la maestra de Grace, no como… no como pareja de uno de sus hijos…

—¡Oh, Bella, no pasará nada! Y además, eso al menos no es lo más importante para mí, también hablaré con Grace. Lauren y yo lo haremos...

—¿Crees que reaccione bien?

—¿De verdad lo dudas? —respondió él, seguro hora de que la reacción de su hija cuando él le contara sobre su relación con Bella, sería la que él esperaba.

—Puedes pedirle algún consejo a Jake…. —aconsejó Bella. Edward en primera instancia no supo bien de quien se trataba.

—¿Jake?

—Jacob Black, el psicólogo…—comentó, haciendo que el abogado hiciera una mueca de desagrado, pues recordaba cuando esa misma tarde lo vio abrazando a Bella, cuestión que lo molestó en sobremanera.

—No lo necesito —respondió tajante y serio, con su vista fija en el frente y sus manos aferrando fuerte el volante— Ustedes dos son muy amigos, ¿no? Al menos eso vi hoy —soltó esto último con ironía y molestia.

—No somos muy amigos —aclaró ella con firmeza— Y si estás usando ese tono porque me viste abrazada con él hoy, pues déjame decirte que no te va, y que Jacob sólo estaba tratando de ser amigable y nada más —concluyó, cruzándose de brazos y mirando por la ventana.

"¡Pues que intente ser amigable de otra forma!"

Edward iba a responder, pero una llamada entrante al teléfono de Bella lo detuvo. Ella contestó, saludando a su madre. Bella oyó algo que ella le dijo y respondió que en diez o quince minutos estaría en casa, se despidió y colgó la llamada. Edward la vio de reojo apretar el móvil en sus manos y mirar hacia el frente con sus labios fruncidos, una clara señal de preocupación.

—¿Qué sucede?

—No lo sé…

—Estas preocupada por algo.

—Sí, es que mamá acompañó a mi hermana a su cita con el ginecólogo, y parece que algo no anda bien, pero no me dijo nada más.

—Seguro es algo que sabrán maneja, no te preocupes —dijo él, tendiendo una mano hasta dar con las de ella, que apretaban el aparato telefónico. Ella le miro y sonrió, asintiendo a sus palabras. Al menos, la pequeña discusión por su "amigo Jake" había quedado olvidada.

/E.P/

Al día siguiente, y como se lo comentó a Bella, Edward pasó todo el día en el juzgado y al salir, se fue con su padre hasta su casa, donde su madre y Emmett le esperaban a cenar. Había sido un día agotador, por lo que Esme preparó una exquisita comida para agasajarlos.

Se sentaron los cuatro a la mesa y charlaron un poco de todo. Emmett estaba contento, pues decía que las cosas con su Rose estaban mejorando. Sus padres sabían que su hijo mayor había pasado por un momento complicado en su matrimonio, pero no sabían los motivos. Y era mejor así, pensaron Edward y Emmett a la vez.

—¿Y qué nos cuentas tú, Edward? ¿Va todo bien contigo? —preguntó Esme, conociendo bien a su hijo. Sabía que algo estaba pasando con él, por su sonrisa y por sus ojos brillantes que irradiaban complacencia y ella estaba ansiosa de saberlo.

Edward masticó su trozo de carne calmadamente, bebió un sorbo de vino y dijo con naturalidad —Todo bien. Estoy saliendo con alguien.

La actividad en la mesa quedó suspendida por unos segundos, mientras Esme, Carlisle y Emmett digerían lo que Edward, con tanta soltura y naturalidad, acababa de contarles.

—¿Saliendo con alguien? ¿Como una relación…? —preguntó Carlisle con sorpresa. Edward no alcanzó a responder, cuando Esme se compuso de su asombro y también preguntó:

—¿Quién es ese alguien, Edward? ¿A caso se han dado una nueva oportunidad con Lauren?

Edward suspiró, un poco incómodo con la situación, pues no esperaba que sus padres fuesen a reaccionar así —No mamá, no es Lauren, y sí papá, como una relación de pareja.

—Entonces no lo entiendo —dijo ella, claramente en desacuerdo con lo que su hijo le acababa de decir —Vienes saliendo de un divorcio hace muy poco y pues que salgas ahora con alguien más, puede prestarse para habladurías.

—¿De qué hablas, mamá, crees que me importa lo que la demás gente piense? Además, mi relación matrimonial terminó hace mucho antes que Lauren y yo firmáramos los papales del divorcio. Todo se acabó mucho antes…

—Pero… pero… yo los vi un par de veces, a Lauren y a ti, y pues pensé que tú y ella… —dijo el patriarca del todo sorprendido por la admisión de su hijo. Él podría haber apostado que entre su nuera y su hijo las cosas podrían arreglarse, ¿pero Edward con otra mujer?

—Con Lauren nos llevamos bien, le tengo un cariño que es innegable, pero ya nada como matrimonio —aclaró contundentemente Edward a su padre y a su madre.

—Pues no me parece —anunció Esme, manteniendo su postura desaprobatoria— Y además, a Grace la vas a confundir cuando se dé cuenta…

—Grace, —interrumpió a su madre— no sufrirá ningún trauma ni mucho menos, y le encantará la noticia, al menos su recepción será mucho mejor que la de ustedes.

—¡Eso no lo sabes! —exclamó la matriarca, defendiendo su postura— ¿O a caso ya los ha visto? Si es así, es porque llevas escondido con esa mujer desde hace tiempo, ¿tuviste una amante, es con ella con quien…?

—¡Detente ahí, mamá! ¡No ha sido mi amante, ni he estado a escondidas con ella como si fuera un crimen!

—¿Y de quien se trata? —preguntó Emmett mientras cortaba un trozo de carne. El hermano mayor se había mantenido en silencio, oyendo como sus padres reaccionaban ante la noticia que les dio Edward. "¡Vaya con Edward!" pensó, pero no dijo nada. ¿Qué de malo tenía? La verdad es que no entendía la postura tan contraria de sus padres hacia la idea de que Edward rehiciera su vida.

Pero Esme no dejó que Edward respondiera a su hermano, pues siguió contraatacando —Seguro es una de esas mujeres que quiere aprovecharse de ti, de que tienes una buena profesión, un buen trabajo y que estás divorciado, y que has pasado por un mal momento, después de lo de Lizzie…

—¡Suficiente! —exclamó Edward, quitándose la servilleta de sobre sus piernas, lanzándola enseguida sobre la mesa, justo antes de levantarse y retirarse de allí sin decir más.

Carlisle apartó su plato y se hizo hacia atrás, mientras Esme todavía estaba alterada por lo que su hijo acababa de decirle y su manera de reaccionar. Emmett cruzó los brazos sobre la mesa y miró alternadamente a su madre y a su padre —Creo que se les pasó la mano con esto — dijo, negando con la cabeza, mientras se levantaba calmadamente y salía tras de Edward. Ni siquiera se esforzó en apurar su paso, pues sabía que encontraría a su hermano fumando un cigarro en el jardín.

Y así fue.

Se ganó junto a él y sacó sus propios cigarros, encendiendo uno con toda calma —No estoy de acuerdo con la actitud los viejos, ¿sabes?

Edward miró de reojo a su hermano sin decir nada. Siguió inspirando su cigarro, mirando hacia ningún lugar en particular, bastante cabreado con la actitud de sus viejos, como Emmett dijo.

—¿Y? ¿De quién se trata?

Evaluó en segundo si decirle o no, prefiriendo finalmente ser él mismo quien se lo dijera. Después de todo, había decidido no esconder su relación —Bella Swan…

—Uhm… —meditó un momento la respuesta, tratando de ver si el nombre le sonaba— ¿La conozco?

—No, no sé… estuvo en el cumpleaños de Grace, es su maestra…

—¡¿La maestra de Grace?! —Exclamó, abriendo grandemente los ojos hacia su hermano— ¡Demonios Edward, qué te pasa con las maestras!

—¡Cierra la boca, Emmett, no te pases! —gruñó Edward en dirección a Emmett.

—Perdona —dijo él, botando el humo del su cigarro— Como sea, Edward, me parece estupendo que quieras rehacer tu vida, y bueno, sobre papá y mamá, pues deja que lo digieran con calma, ellos sólo están reaccionando así porque están sorprendidos, pero dales tiempo.

—No es muy alentadora la reacción que acaban de tener, por muy sorprendidos que hayan estado.

—¿Y qué esperabas, qué saltaran de la dicha? Pues no, aman a Lauren como si fuera una hija. No esperaban esto, Edward, así que dales un espacio de tiempo.

—Vale —asintió, dándole la razón a su hermano— Ahora me voy, quiero pasar a ver a mi Grace antes que se duerma…

—No lo sabe, ¿verdad? ¿La niña?

—Lauren y yo hablaremos con ella, quizás esta misma noche, no quiero dilatarlo más.

—Bueno, pues —dijo, golpeando el hombro de su hermano— te deseo lo mejor con esto, Edward.

—Gracias Emmett —dijo, y sin despedirse de sus padres, caminó hacia el coche y se puso en marcha hacia casa de su hija, para hablar con ella y darle el beso de las buenas noches.

~En Paralelo~

A Bella le había costado conciliar el sueño la noche pasada. Ese día miércoles llegaba a la escuela con un poco de ansiedad, después de la conversación telefónica que sostuvo la noche anterior con Edward, quien le contó que sus padres ya estaban enterados, que su hermano ya estaba enterado y que Grace ya sabía de lo de ambos. Recordó un extracto de la charla:

—¡¿Ya se lo dijiste?! —había exclamado ella, retorciendo la cobija de su cama entre sus dedos.

Edward soltó una risita —Acabo de llegar— informó con tono divertido— La dejé bien dormida en su cama, abrazada a su dragón Floro.

—¡Pero qué dijo, cómo lo tomó!

—Uhm… le pareció extraño al principio, pero se sintió mucho más tranquila cuando Lauren le dijo que ella estaba muy contenta por nosotros. No le expliqué con detalles, le dije que tú y yo estábamos saliendo y que nos vería como antes solía verme a Lauren y a mí, tomados de la mano, besándonos, cosas como esas — explicó, mientras Bella en silencio y por varios minutos procesaba la información — ¿Bella, sigues allí?

— Sí, sí, perdona… yo sólo…

—Ella quiere saber si me quieres —comentó de pronto él con voz pícara, sintiendo Bella que sus mejillas se sonrojaban. De sus labios no habían salido las palabras te quiero o te amo hacia Edward, porque pensaba que era muy pronto, ¿pero que no las dijera, significaba que no las sintiera?— De verdad me asustan tus mutismos…

—Edward, este tema m pone nerviosa, es todo.

—Sobre lo que Grace me preguntó —dijo Edward, retomando el tema— pues le dije que te lo preguntara directamente a ti mañana, para que prepares tu respuesta.

—Vaya… gracias por avisar.

—Y después que le respondas a mi hija, me lo podrías decir a mi… también.

Bella mordió su labio fuertemente, escondiendo su sonrisa que la voz de picardía de Edward le provocaba —Lo pensaré —carraspeó, oyendo la risa de Edward al otro lado.

—También me preguntó si te quería…

—¿Ah, sí? —preguntó ella, llevando su pulgar a la boca. ¿Hace cuánto tiempo no sentía su estómago lleno de mariposas como lo estaba sintiendo en ese mismo momento?

—Sí, y si quieres saber qué le dije, pues tendrás que esperar hasta que nos veamos… —dijo él con voz ronca, haciendo que su cuerpo se estremeciera por completo.

Bella, de regreso a la realidad, sonrió ante ese extracto de la conversación que recordaba. Dios, cómo adoraba este proceso de coquetería entre ambos, como si fuesen adolecentes...

El grito de los niños la trajo de regreso a tierra firme, dándose cuenta que era cuestión de minutos para ver a Grace, y cerciorarse con sus propios ojos si la reacción de la niña fue había sido tan natural como Edward aseveró.

Divisó el auto de Lauren, y su estómago se contrajo. Se enderezó y no quito la vista de ella, de cuando salió de su sitio, dio la vuelta al vehículo y abrió la puerta trasera del coche, ayudando a salir a Grace. En cuanto la pequeñita dio con ella, Bella sintió que sus piernas temblaban, pero en cuanto Grace sonrió y agitó su mano en saludo hacia ella, como siempre lo hacía, su cuerpo se relajó notoriamente.

La niña se soltó de la mano de su madre y corrió hasta su maestra, quien la recibió colocándose en cuclillas para hacerse de su altura. La niña aterrizó en sus brazos, que le esperaban abiertos para ella.

—¡Hola hermosa!

—¿Es cierto que quieres mucho a mi papi?

Definitivamente Grace se iba sin rodeos.

Bella sintió el calor en su rostro comenzar a elevarse, obligándose a no dejar de sonreír, frente a la expectante mirada de la niña. No ayudaba mucho que Lauren, quien observaba encantada la escena, subiera y bajara sus delineadas cejas de forma sugestiva, como atenta a la respuesta que ella le daría.

¿Y qué le podía decir a la niña, más que la verdad?

—Sí… sí, nena, claro que lo quiero.

—¡Eso es súper! —dijo la niña, alzando sus brazos hacia el cielo como celebrando los dichos de Bella— Él me dijo que estaba muy feliz cuando estaba contigo, y que también te quería.

Bella sintió deseos de llorar. Un calor emocional se extendió en su pecho cuando vio la alegría reflejada en el rostro de esa pequeña, pues para ella era una señal de que las cosas iban bien encaminadas para Edward y ella. No habían apresurado nada, se habían conocido y los sentimientos que ahora eran innegables del uno por el otro, habían nacido de forma natural, sin forzarlos. Y a ella le encantaba eso. Que su hija y que incluso su ex esposa los apoyara, significaba mucho para ella. Y ahora, ella debía hablar con su padre, quien se supone, era ajeno a sus sentimientos por Edward, aunque preguntaba seguido por qué el amable abogado iba a dejarla a casa con tanta frecuencia.

—¡Mi mami también está contenta de que quieras a mi papi, ¿verdad, mami? —preguntó la niña, desviando sus ojos hasta Lauren, que no había dejado de sonreír.

—Muy contenta, nena —respondió la madre.

El estado de ánimo de Bella se mantuvo por las nubes durante todo el día. Lamentó, eso sí, no poder verse con Edward ese día pues el abogado estaría muy ocupado hasta muy tarde, y ella lo último que quería era interferir en su trabajo. Así que como cada día, caminó un par de cuadras hasta el lugar donde siempre cogía el taxi para irse a su casa. No llovía, pero corría un viento otoñal bastante frio, por lo que ella caminó más rápido que de costumbre.

Mientras andaba, una extraña sensación la inquietó, como si alguien la fuese siguiendo. Miró de reojo hacia los lados, sin detener su paso, rogando en silencio que fuesen sólo figuraciones suyas. Lamentablemente no lo fueron, porque cuando estaba a pocos metros del paradero de taxi, una mano ruda la detuvo casi violentamente por el antebrazo, obligándola a darse la vuelta y enfrentar al hombre que la siguió desde el mismo momento que salió de la escuela.

—Amada esposa… —susurró con lascivia muy cerca de su cara, con sus labios casi pegados a los de ella, y sus ojos dilatados y oscuros— cuanto te he extrañado…

—¡Suéltame! —gimió ella, removiéndose de su agarre, cuestión que no logró. Muy por el contrario, Jasper la inmovilizo apegándola completamente a su cuerpo, rodeándola ahora estrecha y fuertemente por la cintura. Hundió su cara por el cuello de Bella, inspirando su aroma. Las sensaciones que sintió Bella con Jasper tan cerca suyo, no fueron ni remotamente parecidas a lo que un día sintió por él. Ahora quería que se apartara de ella, porque su cercanía no hacía más que revolverle el estómago, causándole repulsión. Intentó removerse, pero los brazos de Jasper tensos a su alrededor se lo impedían.

—Ni loco te suelto, no al menos hasta que hablemos un par de asuntos… y quizás podamos hacer otras cosas, en pos de nuestra reconciliación…

—¡Ni muerta habría un posible reconciliación contigo, así que déjame en paz!

—Hay un hotel cerca de aquí, cariño —dijo, susurrándole al oído —vámonos allí y arreglamos las cosas… como en los viejos tiempos.

—¡Que me dejes!

—Estate quieta, Bella —dijo Jasper en tono bajo y amenazante —¿A caso temes que tu abogado se entere de que has vuelto a las andanzas conmigo? Aunque no debería de extrañarle, pues sigues siendo mi mujer…

—¡No soy tu mujer!

—¿Hace cuanto te estás acostando con él, uhm? ¿Le abres las piernas con tanta facilidad como solías hacerlo conmigo? ¿Es así como estás pagando sus caros honorarios?

—¡Déjame en paz! —gritó ella, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de la pura rabia hacia ese hombre en el que algún momento confió.

—¿Sabes qué pasaría si el juez supiera que te acuestas con tu abogado? Fallaría a mi favor, e incluso me daría la tuición de Mary…

—¡Eso no! —gritó ella con horror.

—Cuidado con los pasos que das, Bella —advirtió Jasper su amenaza tranquilamente, directamente en el oído de Isabella— puedes salir perjudicada, y de paso tu abogaducho.

—¡No sabes lo que dices!

—No soy estúpido —gruñó, apretándola aún más a él— tuviste por mi esa estúpida mirada de boba enamorada, ¿sabes? Sigues siendo mi esposa, Bella, no olvides eso…

—Tú lo olvidaste primero, así que por qué no me dejas en paz…

—¡No olvidaría tu prieto coñito por nada de este mundo! Un tesoro que ha sido sólo mío y que me emputece compartir con alguien a quien apenas conoces… —dijo Jasper, mordiendo levemente su cuello, succionando y dejando de paso una fea marca sobre su pálida piel.

Ella apretó sus párpados —Déjame, por favor… —susurró, sin poder parar su llanto. Se sentía enferma, muerta de miedo. Estúpida, de cómo alguna vez pudo confiar a ojos cerrados en ese hombre…

—¿Y Alice? ¿En dónde está ella? —preguntó ahora Jasper, haciendo que Bella tensara aun más su cuerpo, y con sus puños intentara liberarse de la cárcel que era para ella ahora los brazos de Jasper, que no cedían.

—¡Déjame, no te lo diré…!

—¿Estás celosa, Bella? Soy capaz de darte a ella y a ti lo que necesitan…

—¡Auxilio! —gritó con voz en cuello, quebrada por el llanto, no soportando más.

—¡Cállate, maldita sea! —le espetó, sujetándola por su nuca, y obligándola a callarse, escondiendo su cara en su cuello.

Dos jóvenes que pasaban a escasos metros de ellos, se apresuraron hacia ella cuando la oyeron —¿Señora?

—Está bien —se apresuró a decir Jasper, tranquilamente y sonriente, sujetándola aun por la nuca— pelea de pareja… —explicó, no convenciendo a los chicos, que podían darse cuenta la forma en que Bella gemía y lloraba, tratando de removerse de su agarre.

—Me temo que será mejor que la suelte y deje que ella misma nos lo diga —sin creer en absoluto las explicaciones de Jasper, advirtió uno de los muchachos que por su contextura, se podría adivinar que era jugador de futbol americano o algo así, pues era bastante más corpulento que Jasper. Lo desafió con la mirada y sin quedarle más remedio, Jasper aflojó su agarre, aprovechando ella de apartarse del todo. Su rostro delataba su llanto y su rabia, su pecho que subía y baja con rapidez buscaba el aire del que se sintió privada por segundos, y su mano sujetaba el costado de su cuello, donde Jasper había mordido hace unos minutos.

El joven más pequeño se acercó gentilmente a ella, con la intención de ayudarla —¿Señora, se encuentra bien? —dijo, sujetándola por un brazo, pues daba la impresión que se desmayaría en cualquier momento, mientras el otro muchacho encaraba con su corpulento cuerpo a Jasper, impidiendo que este se acercara de nuevo a Bella.

—Necesito… necesito un taxi… no quiero estar aquí… mi hija… —hablaba entrecortadamente, mirando a todos lados, como si en cualquier momento el pánico se fuera a apoderar de ella.

—Consigue un taxi para la señora, Joe —indicó el jugador de futbol americano con voz ronca a su acompañante, sin quitar los ojos de Jasper. El aludido, Joe, miró hacia ambos lados de la calle y llevando dos de sus dedos a la boca, soltó un silbido, mientras agitaba su mano y llamaba a un taxi.

Jasper intentó dar un paso hacia ella cuando el taxi llegó junto a ellos, pero el corpulento muchacho se lo impidió.

—¿Puede llegar sola? ¿No prefiere que la acompañemos? —preguntó Joe, mientras lea abría la puerta del coche a Bella.

—Gra… gracias, puedo ir sola. Muchas… muchas gracias —susurró Bella apenas mirando al muchacho, subiéndose luego al carro y cerrando la puerta de un portazo. Puso su cara entre sus manos, dejando escapar su llanto, mientras el chofer la miraba con el ceño fruncido por el espejo retrovisor. Sin preguntarle nada, puso el coche en marcha lentamente.

Cuando sintió que podía controlar su llanto, levantó su cabeza y se percató que el taxista ya había avanzado unas cuantas cuadras. Con voz quebrada, le dio la dirección de su casa y el chofer asintiendo en silencio, endilgó el coche en la dirección que Bella le dio.

Por primera vez, sintió que Jasper era una amenaza real para ella, su hija, e incluso para Edward. Y no solo por su relación, sino porque si a Jasper se le ocurría, podía enlodar la carrera profesional de Edward. Y de paso quitarle a su hija.

"Dios mío…" exclamó, echando hacia atrás su cabeza y cerrando los ojos. ¿Por qué justo en ese momento, Jasper aparecía? ¿Qué se supone que debía de hacer ahora en adelante? ¿Tendría que tomar la decisión de apartarse de Edward hasta que su divorcio no fuera legalmente promulgado?

Se obligó a tranquilizarse cuando el taxi se acercaba a su casa. No quería asustar a sus padres, no estaba segura si debía comentarles el encuentro con Jasper. De momento, lo único que anhelaba era tomar a su niña en sus brazos e inundarse de su aroma tranquilizador.

Cuando entró a casa, después de pagar el taxi, vio a su madre sentada en el sofá, meciendo a su pequeña Beth. Renée levantó la vista y sonrió hacia Bella, pero su sonrisa se esfumó cuando vio el semblante contrito de su hija.

—¿Bella?

—Mamá… —lloró ella, dejándose caer en el sofá. Renée dejó con cuidado a la bebita dormida sobre la mecedora y se acercó hasta su hija, abrazándola para consolarla.

—¿Qué sucede, hija? —preguntó muy preocupada, mientras Bella escondía su cara en el pecho de su madre mientras lloraba. Renée acarició su espalda y sus brazos, pasó la mano por su cabello y besó tiernamente su cabeza, dándole tiempo a su hija para tranquilizarse y hablar. Cuando esto fue posible, Bella alzó su rostro, dejando a su madre limpiar el rastro de lágrimas de sus ojos, que no dejaban de correr por sus pómulos.

—¿Dónde… dónde está papá? No quiero que me vea así…

—Está arriba con Alice.

—¿Ella... ella está bien?

—Sí, cariño. Dime por favor qué tienes…

—Jasper… me interceptó en la calle… me siguió después de la escuela.

—¡Oh, Dios!

—Fue… fue muy desagradable… —dijo, cerrando los ojos y agitando su cabeza. Instintivamente llevó una mano hasta su cuello, presionando el lugar de la marca— Él sabe mamá, sabe lo de Edward y yo… y dijo que me iba a quitar a la niña… —dijo, sintiendo su cuerpo temblarle del miedo.

—¿Te hizo algo, cariño? Dime Bella…

—Me marcó… el cuello —dijo, dejando que su madre viera la fea marca violeta sobre el cuello de su hija.

—¡Maldito animal! Debemos llamar a Edward y decirle…

—¡No, mamá!

—¡Cómo de que no!

—Tengo… tengo que pensar…

—Él te dijo que cualquier cosa que pasara, debía decírselo. Tú misma me lo dijiste…

—Pero este es diferente —rebatió, poniéndose de pie y acercándose a su hija para tomarla en sus brazos. Sin decir más, caminó hasta las escaleras y subió a su cuarto con la niña en brazos donde se encerró.

Renée se quedó sentada, viendo a su hija desaparecer de la sala. La vio perdida, con miedo, y no era para menos. Su pobre Bella, que ya le había tocado sufrir suficiente, no se merecía que su oportunidad de ser feliz con un hombre que sí la respetaba, se viera truncada. Además, era importante que ella no escondiera lo que en la tarde le había ocurrido, pues podía ser de ayuda para el caso. Entonces, ¿qué debía de hacer ella?

Desvió su vista hasta la mesita contigua al sofá, donde había una lámpara y un teléfono inalámbrico. Se acercó y tomó la guía telefónica que estaba bajo la misma mesa, buscando el número que necesitaba. Cuando dio con este, sin titubear, marcó los números y esperó que le contestara.

—"Cullen, Emerson & Asociados", buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? —contestó la mujer recepcionista, con voz clara y profesional.

—Buenas tarde, eh… deseo comunicarme con el abogado Edward Cullen, si fuese posible.

—¿Me da su nombre por favor?

—Soy Renée Swan…

—Sra. Swan, veré si el abogado Cullen está disponible para atenderla. Manténgase en línea por favor, no cuelgue.

—Sí… muchas gracias.

Renée pensó que quizás hubiese sido acertado decir que era la madre de Bella para que Edward la atendiera. Pero no fue necesario, porque en menos de un minuto, una voz masculina la saludó del otro lado de la línea:

—¿Señora Swan? Habla con Edward Cullen…

—Abogado… perdone que lo moleste.

—No es molestia. Por favor, dígame en qué puedo ayudarla.

—Uhm… Bella… mi hija acaba de llegar… y

—¿Pasa algo con ella? ¿Está bien?

—No del todo… —dijo, contándole enseguida a grandes rasgos lo que ella sabía del encuentro con Jasper. No estaba segura, pero juró oír a Edward gruñir al otro lado de la línea. Después que el abogado soltara una maldición, le dijo que estaría en veinte minutos en la casa. Luego de eso, se despidió y colgó.

—¿Con quién hablabas? —preguntó Charlie detrás de ella, haciendo que pegara un respingo, pues no lo oyó llegar. Miró a su marido, y decidió hablarle con la verdad:

—Con el abogado de Bella.

—¿Ocurrió algo?

—Sí, Jasper siguió a Bella después del trabajo y ya te imaginarás. Llegó muy mal…

—¡Maldito desgraciado, hijo de la grandísima puta! ¿Le hizo algo?

—No, no… —negó ella, tranquilizando a su furibundo marido.

—¿Y llamaste al abogado para contarle?

—Él es el único que ahora puede tranquilizarla. Jasper la amenazó con quitarle a la niña, entre otras barbaridades….

—¡Maldito desgraciado! ¿El abogado viene para acá? —Preguntó, caminando por la sala, y sin esperar respuesta, le advirtió a su mujer— Aprovecharé de preguntarle cuantos años me daría por matar a ese mal nacido…

—Charlie, cálmate por favor…

—O si puede él meterlo a la cárcel después de esto… ¿y dónde está Bella?

—En su recamara —Charlie hizo ademán de caminar hacia el segundo piso, pero Renée lo detuvo— Es mejor que la dejas un rato a solas.

Charlie miró a su mujer, y soltó el aire de sus pulmones sonoramente. Aminó luego hasta el sofá y se sentó junto a su mujer, tomándole las manos —¿Me estoy perdiendo de algo que pasa, más allá de lo profesional, entre el abogado y Bella, verdad?

—Tendría que ser ella misma quien te lo cuente…

—No soy tonto, ni ciego, Renée.

—Bella está en buenas manos con él. Lo sé, Charlie.

—Vale… —asintió Charlie, confiando en la percepción de su esposa, y en la primera y buena impresión que él mismo se había formado del abogado Edward Cullen.

/E.P/

Bella estaba sobre su cama, recostada en posición fetal, sujetando sus rodillas, machacándose la cabeza con sus pensamientos y el corazón doliéndole con fuerza. ¿Qué debía de hacer? Era la pregunta que se hacía una y otra vez, sobre la que no lograba tener respuesta. Suspiró con fuerza cuando recordó la hermosa bienvenida que Grace le había dado a la vida de su padre, de lo confiada que se había sentido a partir de eso, de los sentimientos hermosos y potentes que anidaban su corazón por Edward. ¿Qué iba a pasar con eso ahora? ¿Qué demonios debía de hacer? Si estaba de por medio su hija, ella sabía que su prioridad era ella, y si Jasper podía usar su relación con Edward en su contra para arrebatarle a su tesoro, pues… cerró los ojos con fuerza, pues el solo hecho de pensar en alejarse de Edward le dolía.

Dos golpecitos en la puerta de su dormitorio hicieron que abriera sus ojos, pero no contestó ni se movió de su sitio. Volvió a cerrarlos, suspirar y seguir pensado.

—Bella… —la voz masculina que hacía que su piel se estremeciera sonó suavemente en sus oídos. Pero era imposible que fuese real… Sintió su cama hundirse junto a ella, y una mano apretar levemente su brazo, oyendo una vez más su nombre en la voz de Edward— Bella, abre los ojos. Estoy aquí.

Automáticamente, abrió sus parpados de par en par, siendo a Edward y su rostro de preocupación lo primero que vio. Se incorporó rápidamente en su cama, con un montón de preguntas en su cabeza.

—Pero… pero… cómo…

—Tu madre me llamó y me contó lo que sucedió —respondió él, acariciando su rostro— Estaba preocupada y vine enseguida —dijo, dejando su vista sobre el cuello de Bella donde estaba marcado. Instintivamente se cubrió el chupón cuando vio la mirada oscura y furiosa de Edward. Él le apartó la mano para volver a mirar la marca enrojecida y oscura, para enseguida evaluar el rostro de Bella, que se contrajo por la pena.

—Lo siento —le susurró. Edward no dijo nada, sólo se acercó a ella, abrazándola por la cintura. Bella rodeó sus hombros y escondió su cabeza en el hueco del cuello de Edward, mientras este la acariciaba— Estoy asustada Edward —reconoció envuelta en los protectores brazos de él.

—Por qué tienes miedo, hermosa…

—Dijo… él sabe que tú y yo… dijo que si el juez se enteraba, podrían quitarme a la niña…

—Escúchame una cosa, Bella —dijo, tomando su rostro, obligándole a mirarle— No te pondría en riesgo si supiera que las cosas se podrían torcer en tu contra por el hecho de estar conmigo. Créeme cuando te digo que nada él puede hacer para perjudicarte con lo nuestro. Hemos sido bastante cautos, y para que Whitlock usara esto en tu contra, las cosas tendrían que haber pasado de otra forma, tendría que reunir pruebas concretas que no existen, asique no te preocupes. Él sólo te amenazó, cuestión que le va a pesar...

—Que quieres decir…

—Será un atenuante en su contra Bella. Te atacó, y eso le va a pesar, pero necesito que mañana a primera hora lo denuncies, ¿me entiendes?

—No estoy segura…

—¡Debes estarlo! —Exclamó el abogado en protesta— Esto no se puede quedar así, Bella. Hazlo por tu seguridad, y por la seguridad de Beth.

Bella tragó grueso y asintió lentamente con su cabeza —Está bien.

—Lo denunciarás y si es necesario, buscaremos a testigos que corroboren tu relato.

—Dos chicos me ayudaron, además del taxista… —informó Bella, cerrando los ojos y recordando al menos a uno de ellos.

—Bien, los buscaremos de ser necesario, ¿está bien? —dijo, a lo que Bella asintió, para luego sentir sus labios sobre los suyos, calmándole— No tengas miedo, hermosa.

Ella lo miró y volvió a dejar su cabeza descansar sobre el pecho de Edward, que la meció quietamente, tranquilizándola. Definitivamente los brazos de Edward, eran ahora el lugar donde ella se sentía más segura. Era donde ella necesitaba estar, era el calor que definitivamente necesitaba sentir.

Después de unos momentos, Bella frunció el entrecejo y sin quitar su cabeza del pecho de Edward, preguntó —¿Mamá te dejó subir hasta aquí?

—Sí, después que tu padre me interrogara y me preguntara cuales eran mis intenciones contigo —le contó más relajado, con un dejo de diversión. Ella cerró los ojos y suspiró fuertemente.

—Iba a hablar hoy con él… y contarle yo misma…

—Bueno, tómalo por el lado bueno, ya no tienes que hacerlo, porque yo ya lo hice. Y a tu mamá por cierto no le sorprendió.

Bella tuvo que apartarse para mirarlo de frente —Digamos que ella ya lo sabía. Y sobre mi padre… espero que no hay sido descortés…

—¿Descortés? —Preguntó, rodando los ojos— Tu padre me adora, nena.

Ella sonrió ante la admisión de Edward y su coqueta sonrisa. Él tomó su rostro nuevamente y besó sus labios firmemente como llevaba rato deseándolo, igual que ella, que como siempre, se derritió ante su boca.

—¿Y… sobre Grace? ¿No tienes nada que decirme? —Preguntó el abogado, estrechando sus ojos hacia ella.

—Bueno… ella me preguntó… ya sabes… lo que me dijiste…

—Te preguntó si me querías. ¿Y?

—¿Y qué?

—Bella… —advirtió él en tono suave.

—Pues yo le respondí…

—Puedes llegar a ser muy esquiva si te predispones, ¿sabes?

—Le dije que te quería —susurró ella, mirándole a los ojos. El destello de luz en los ojos de Edward y su sonrisa la hicieron sentirse segura y capaz de sobrellevar cualquier cosa, porque además de admitir que le quería, sabía que ese amor era recíproco, y no porque Grace se lo haya dicho, sino porque en ese momento lo estaba leyendo en los claros, y brillantes ojos verdes de Edward.

—Yo también te quiero, Bella —admitió, buscando una vez más sus labios, como para sellar sus palabras. Ningún ex marido ni ninguna ex amante iba tirar por tierra el amor que entre ellos se iba construyendo. El amor estaba a favor de ellos, y eso era razón suficiente para hacerlos fuertes… Juntos y fuertes, como un frente inquebrantable.