¡Ya es jueves! Nenas, aquí estoy, primero agradeciéndoles como siempre lo lindas que han sido conmigo y con esta locura. Gracias por las que siempre comentan, por quienes se integran recién, por las que leen en silencio.

¡Gracias!

Y mis infinitas gracias también a mi hermosa, sexy y fiel beta y amiga Gaby Madriz por ayudarme con esta locura.

Ahora nenas, a leer.

¡Os amo, os quiero, os adoro! Mil Besos: Cata!

(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)


21. Los puntos sobre las íes.

"Si me das tu amor, ya no quiero nada más que eso,

Si me das tu amor, todo el resto se puede olvidar…"

~En Paralelo~

—Las copias que pidió, abogado —dijo Seth, entregándole a Edward un par de carpetas que él había solicitado hace unos momentos.

—Gracias Seth.

—¿Quiere que lo acompañe esta tarde al juzgado?

—Uhm, no. Esta tarde te harás cargo de este despacho, Seth —dijo Edward, examinando detenidamente los documentos. El pasante miró a su jefe abriendo paulatinamente los ojos hasta dejarlos tan abiertos como dos huevos fritos, al igual que su boca que se abría y se cerraba como si él fuera un pez fuera del agua. Edward alzó sus ojos hasta el muchacho y soltó una risa, por lo gracioso que se veía su fiel ayudante— Hay dos pendientes nada complejos de los que debes ocuparte, además de un par de clientes que debes atender.

—Los demandantes contra la clínica, que mandó la señora Lauren —interrumpió Seth, a lo que Edward asintió.

—Los mismos. Ya conoces el caso, leíste el informe, por tanto sabes lo que debes preguntar para comenzar a trabajar. Además, ellos ya saben que tú les recibirás.

—¿Está seguro señor? —preguntó el muchacho, mientras rascaba su cabeza y aflojaba su corbata.

—Completamente —asintió Edward con mucha seguridad— Puedes hacerlo, estás preparado, doy fe de eso.

—Me halaga, abogado.

—Seth, vamos, eres brillante, astuto, perceptivo, intuitivo… serás un excelente abogado. Pero basta de halagos, tenemos cosas que hacer. Vuelve a leer el caso de la demanda a la clínica y me consultas cualquier duda mientras estoy aquí. De lo contrario, si necesitas algo, Tatianne o Benjamín estarán en sus despachos por si necesitas de asesoría.

—¿Usted se ausentará la tarde completa?

—Completa, Seth.

—Aja… —rascando el pecho sobre su camisa— Y ¿cree que se decida hoy el divorcio de la señora Swan? —preguntó el ayudante, refiriéndose a lo que a Edward le esperaba esta tarde en el tribunal.

—Voy seguro de ello, mi amigo.

Esa tarde era crucial. Como había hecho mención el buen Seth, probablemente se concretaría el divorcio de Bella, quedando desvinculada del maldito de Whitlock, al cual lo agarraría por las mismísimas pelotas si se atrevía siquiera a decir algo malo de Bella. De cualquier forma, llevaba ases bajo la manga: la denuncia que Bella hizo días atrás por acoso y ataque, declaraciones juradas que daban cuenta de lo ausente que había estado con respecto a la paternidad de Beth, un par de activos que adquirió mientras estuvo casado con Bella, los que escondió para que no fueran parte del patrimonio que se auditó para el divorcio, además de la asesoría de su colega y amigo Garrett Emerson por si se presentaba algún imprevisto.

Tenía la sartén por el mango.

Por otro lado, la imprevista visita de su hija y él a casa de Bella después que tuviera que salir de la propia casa de sus padres por la italiana loca que allí, se encontraba, fue de lo mejor. Charlie y él habían visto tranquilamente el partido de beisbol por televisión y hablaron un poco, mientras las mujeres hacían maravillas en la cocina. Incluso pudo conocer a Alice, a quien en cuanto vio le causó un estremecimiento extraño. Si Bella no le hubiese contado de su embarazo, pues ni se hubiera percatado, pues su barriga apenas se notaba. Además, se veía enferma y más delgada de lo normal, con aquellos ojos opacos que causaban escalofríos. Y por cierto, era evidente la tirantez con que se relacionaban las dos hermanas, las que ciertamente apenas cruzaban palabras. Pero pese a todo, y en resumen, fue una tarde encantadora junto a la familia de Bella, con quien tuvo que estarse con las manos bien quietas para no dar una mala impresión.

Pero ya volverían a estar solos…

—Tienes un momento —Carlisle asomó su cabeza por la puerta del despacho de su hijo, sacándolo de sus cavilaciones y a Seth de su concentración. El chico, sin esperar que se lo pidieran, indicó que iría a la sala de archivos a buscar unos papeles, dejando solos al padre y al hijo.

Carlisle se ubicó en el asiento frente a su hijo, afirmando su pie derecho sobre su rodilla izquierda y cruzando sus brazos bajo su pecho. Por su postura, Edward adivinó que esa charla primero no era por algún tema profesional, y segundo agregaría conflicto a la relación con sus padres.

—Ayer, cuando llegué a casa con Emmett, me encontré a tu madre muy afligida. Dijo que te llevaste a Grace para llevarla con tu… pareja. Además de una discusión fuerte que tuvieron.

—Discutimos, sí, y también me llevé a Grace porque naturalmente quería pasar el día con ella…

—Y con tu pareja —Edward iba a protestar, pero Carlisle alzó su mano hacia él, deteniéndolo— Mira, no me voy a meter en tu relación, primero porque contrario a como piensas, no estoy en contra, solamente me preocupa, igual que a tu madre…

—Han sido lo bastante prejuiciosos para que yo me ponga a la defensiva, cuestión que por lo demás, no entiendo.

—Sólo estamos preocupados porque puedas tomar una decisión apresurada, que la soledad y la pena te orillen a eso, por el sólo hecho a tenerle miedo a la soledad.

Edward cerró los ojos e inspiró profundamente, llamando a la calma, antes de volver a abrirlos, mirar a su padre y responder —Mira papá, ni el dolor ni la soledad me orillaron a esto, simplemente pasó. Es una relación, normal, sana, que me hace muy feliz y de la que estoy completamente seguro de defender y quiero que tengas claro una cosa, la quiero y pretendo proyectarme con ella, con o sin el consentimiento de ustedes, papá.

Edward estaba totalmente seguro de su discurso, tanto que su padre se tensó ante la potente autenticidad de sus palabras y ciertamente de sus sentimientos e intenciones para con Bella, identidad de la mujer en cuestión que él conoció por lo que su esposa le contó el día anterior.

—Hijo —habló el patriarca con solemnidad, relajando su postura— deseo con todo mi corazón que seas feliz, es tu derecho y como padre procuraré que así sea siempre, tengas la edad que tengas. No estoy en contra de tu relación con ella, si sientes y sabes que es ella con quien quieres estar, pues adelante, aquí estoy para apoyarte. Sólo te pido paciencia con tu madre, Edward. Está confundida. Esme no es una mala persona, sólo... ella sólo desearía que las cosas fueran como antes… como antes que Lizzie enfermara. Esto es un shock para ella, así que no la presiones, es lo que te pido.

Edward cerró los ojos y asintió despacio. Su padre tenía razón, él estaba siendo tan o más intransigente que su madre, olvidando que ella también había sufrido con todos los cambios. Digamos que él se había preocupado de él y su entorno cercano —su hija y su ex mujer— dejando de lado a sus padres y lo que esto pudiera significar para ellos.

—Vale, perdona… yo sólo…

—No hijo, no tienes nada que pedir perdón. Sólo quería aclarar las cosas contigo —dijo Carlisle, sonriéndole. Dio un golpe con la palma de sus manos sobre sus muslos y se levantó rápidamente, seguido de su hijo— Ahora te dejo, tengo un montón de pendientes —dijo caminando hacia la puerta, acompañado por Edward, quien tomó a su padre por un hombro para que se detuviera.

—Oye, gracias —agradeció honestamente a su padre por venir a aclararle las cosas. Carlisle le sonrió y dio una palmada sobre su brazo.

—¡Ah! Y cuando venga la señorita Bella, pues llévala a mi despacho, me gustaría saludarla, ya que dudo que la quieras llevar a la casa… —dijo a su hijo, guiñándole un ojo antes de salir del despacho. Edward soltó una risa, y relajadamente volvió a su escritorio para continuar con sus quehaceres.

/E.P/

—¡Por qué simplemente no esperaste a que pasara por ti a la escuela! —Regañó Edward a Bella cuando llegó al tribunal, a eso de las tres de la tarde— No era necesario que tomaras un taxi.

—No quería que te desviaras de tu camino —rebatió ella alzando sus hombros.

—Tonterías —refutó él. Enseguida suavizó su postura y acarició su pómulo— ¿Estás bien?

—Nerviosa —reconoció ella, abrazándose a sí misma. Él sabía que ella estaba más nerviosa de lo que realmente aparentaba, pero se contenía para no preocuparle.

—No debes estarlo, nada malo pasará.

—¿Estás seguro?

Él bufó y rodó sus verdes ojos —Me ofende que dude de mi capacidad profesional, señora.

Ella torció su boca, relajando un poco su postura —Perdone usted, abogado.

Minutos después, el abogado Emerson se acercó a ellos, saludando amistosamente a Bella y sumándose a las palabras de Edward, de que ese día todo la favorecería a ella y que él estaba allí para prestar asesoría de ser necesario.

—Todos los frentes están cubiertos, Bella. Así que como diría mi amada esposa, entraremos allí a patearle el trasero al tipo ese —indicó muy sonriente — Ah, y a todo esto, nos gustaría que fueran ambos uno de estos días a cenar a la casa, la noche de la fiesta apenas y los vimos…

—Iremos, Garrett, iremos —interrumpió Edward, antes que su amigo empezara a averiguar por qué se habían ido tan temprano, aumentando el nivel de nerviosismo de Bella.

Caminaron luego a la sala de mediación donde los recibiría el juez Doménech, y en la cual ya se encontraba un alterado Jasper Whitlock, junto a su muy nervioso abogado Jason Jenks, quien en cuanto vio llegar a sus colegas, sobre todo a Emerson, tragó grueso y sacó raudamente unos papeles de su maletín, leyéndolos nerviosamente.

Y es que la fama del abogado Emerson en litigios matrimoniales y de familia era implacable. De todos los casos que habían llegado, todos habían terminado inclinándose a favor de sus clientes. Y no dijésemos que ese caso tenía nada de extraordinario, pero si el abogado Emerson estaba allí, era por algo.

Edward tuvo que recordar el lugar en donde estaba, de lo contrario, hubiese ido hasta donde el mal nacido de Whitlock, y le hubiese dado su merecido por haber atacado a su Bella, pero lamentablemente eso no ayudaría en nada. Pero la manera insistentemente posesiva con la que Jasper miraba a Bella en ese preciso momento, no lo ayudaba a alejar sus deseos de saltar sobre él y darle unos buenos golpes. Sobre todo cuando la veía a ella tan descompuesta frente a ese tipo. Así que lo único que pudo hacer, era interponerse en el campo visual de Whitlock y proteger a Bella de ese tipo. Ya vendría su momento de patearle el culo, literalmente hablando.

—Litigio de divorcio Whitlock—Swan, el juez Doménech los espera en la sala —anunció una mujer von voz grave y profesional. Edward llevó su mano hasta el hombro de Bella y lo apretó levemente para que esta levantara la mirada del piso hasta sus ojos, y pudiera leer en ellos el compromiso que tenía con ella, e infundirle la tranquilidad que necesitara. Cuando ella lo miró durante varios segundos, suavizó su vista y relajó su postura, soltado un suspiro.

El mensaje había sido entregado.

—Entremos —dijo Garrett, indicándole a Bella la puerta por la que debían entrar.

En una amplia sala de tonos madera, iluminada por la luz natural que entraba por cuatro grandes ventanales, una mesa caoba de seis puestos destacaba en el centro, donde a la cabecera de esta se encontraba el juez Eleazar Doménech, profesional de raíces españolas que pisaba los cincuenta y seis años, y que con su postura seria, fornida y elegante, destilaba un aire de respeto y superioridad innegables.

Caballerosamente, se levantó y se acercó hasta Isabella para saludarla con un formal saludo de manos, al igual que a los abogados que la acompañaban. Luego caminó al otro lado de la mesa, haciendo el mismo ejercicio con Whitlock y su abogado.

—Bueno —dijo el juez, ubicándose en su sitio— ya han pasado un par de semanas desde nuestro último encuentro, y espero que hoy resolvamos esto de manera justa. Antes de seguir con el proceso, es mi obligación preguntar una vez más antes de seguir con la causa —dijo, girándose hacia Isabella, quien estaba sentada entre Edward y Garrett— ¿está segura que por su parte, no hay avenimiento posible con el señor Whitlock? Hay a su disposición psicólogos matrimoniales que…

—No quiero —negó ella, tajantemente y muy segura. Edward tuvo ganas de tomar su rostro entre sus manos y besar sus labios de la pura euforia. "¡Claro que no quiere avenimiento, porque está conmigo!"

—Ya veo…

—¿Juez, me permite? —Intervino Jenks nervioso, carraspeando una y otra vez antes de continuar— Mi cliente y yo quisiéramos exponer un asunto que me parece trascendente para este caso.

Eleazar soltó un suspiro —Si cree que es importante, adelante abogado —dijo, reclinándose contra su asiento, mientras jugaba con su bolígrafo mirando atentamente al abogado. Edward miró de reojo a Garrett, pues sabían el asunto al que el abogado contrario haría mención.

—Verá usted, señor juez, mi cliente y yo creemos que no es debido que el colega Cullen siga llevando el caso por parte de la señora Whitlock, ya que hay una relación entre ellos que va más allá de los límites profesionales, señor.

—Explíquese, Jenks.

—La aun esposa de mi cliente, el señor Whitlock, tiene una relación… digamos… sentimental con su abogado, el señor Cullen…

Eleazar se giró el dirección a Edward —¿Es cierto eso, abogado?

Edward respiró por la nariz profundamente —Lo es, señor Juez.

—Uhm…— dijo pensativo el juez, devolviendo su atención a Jason Jenks, quien continuó con su punto.

—Creemos que se daña la ética del proceso y la objetividad con la que el abogado Cullen defiende la postura de la señora Whitlock.

"La próxima vez que se refiera a Bella como la señora Whitlock, patearé las bolas de este también" pensó Edward violentamente.

—Muy bien —dijo Eleazar, enderezándose y anotando algo en los papeles que tenía frente a él. Edward aprovechó de extender una mano por debajo de la mesa, hasta tomar las manos de Bella que temblaban sobre su falda y darles un suave y tranquilizador apretón. Ella debía entender que si Garrett estaba allí, era por algo.

—¿Tiene algo que decir a eso, abogado Cullen?

—Señor Juez, si para que la objetividad del proceso no sea dañada como dice el señor Jenks, debo marginarme del proceso, y si es algo que usted dispone, no pondré objeción. Por eso solicité aquí la presencia del abogado Emerson quien tomará mi lugar —indicó muy calmadamente, a lo que Bella giró su cabeza hacia Edward, con ojos grandes del puro temor.

—Si me permite…—interrumpió Jenks— Creo que este proceso debe detenerse porque…

—No lo detendremos —la imperante voz del juez detuvo a Jenks y dejó en claro su postura, porque no dilataría más ese caso. Enseguida continuó hablándole a Edward —Me temo, abogado Cullen, que lo mejor es que se margine. Y si la señora Swan no tiene problema en que el abogado Emerson la represente en lo que queda del juicio, pues no hay problema —dijo el juez, mirando enseguida a Bella, quien no había apartado su preocupada mirada de Edward— Señora Swan, ¿tiene algún problema en que el abogado Emerson la represente en adelante?

Ella tragó grueso, mirando con miedo al juez. Edward hubiese querido abrazarla para tranquilizarla de que todo estaba controlado, pero debía mantenerse quieto.

—¿Señora Swan? —reiteró el juez.

—N… no… no tengo problema —dijo ella en un tono apenas audible.

—Muy bien —dijo el juez, volviendo a escribir sobre unos papeles —Me temo abogado Cullen, que tendré que pedirle que se retire de la sala...

—No —la débil pero desesperada y contrita negación de Bella, hicieron que todos desviaran su vista hacia ella, quien extendió inconscientemente su mano hasta la chaqueta de vestir de Edward, apuñándola por el brazo como modo de retención.

—Estaré afuera. Cálmate, todo está bien, ¿sí? —susurró Edward, tomando la mano de Bella que todavía lo aferraba por su chaqueta. Ella después de unos segundos asintió despacio y lo soltó, dejándolo ir. Cuando ella se volvió a su sitio, dio con la mirada de Jasper, que sonreía como una hiena.

—Bien —dijo el juez, llamando la atención de los presentes— Comencemos. Tiene la palabra la parte demandante. Abogado Emerson.

Y ese fue el momento que el abogado Emerson, especialista en litigios de familia y divorcios, abrió su carpeta y comenzó a poner sobre la mesa una serie de información que incluso a la misma Bella sorprendió, durante al menos treinta minutos.

Lo primero fue entregar una copia de la denuncia que Bella hizo por agresión en contra de Jasper, además de unas fotos de la marca que dejó en el cuello y el relato de dos testigos que presenciaron el hecho.

—¿Usted le hizo esto a la señora? —preguntó el juez con tono seco hacia Jasper, quien miraba muy sorprendido al juez, sin saber cómo responder.

—Lo que allí se relata está incrementado, las cosas no pasaron así…

—¡Eso no es cierto! —Exclamó Bella al abogado— Él me agarró en plena calle y me obligó a detenerme… me amenazó y me dijo… me dijo cosas asquerosas —recordó con asco.

—Mi cliente está desesperado, lo único que quiere es una oportunidad para recuperar a su esposa, quien dicho sea de paso, también fue infiel…

—¿Perdona? —interrumpió Emerson— Estás calumniando a mi clienta.

—Ella legalmente aun está casada con mi cliente, no tiene moral para acusarlo de infidelidad cuando ella hizo lo mismo.

—¡No es verdad! —casi gritó Bella.

—Bella…—la llamó Garrett a la calma, enseguida se dirigió al abogado contrario— Mi clienta y el señor Whitlock están separados de hecho desde septiembre pasado, y su ahora relación sentimental no es de hace más de tres o cuatro semanas. Al menos ella esperó a estar separada de hecho de tu cliente, y no digamos que él tuvo la misma deferencia, ¿verdad, señor Whitlock?

—Yo sólo quiero volver con mi mujer —dijo Jasper, muy tranquilo— No quiero separarme de ti, Bella —susurró audiblemente, impostando un falso rostro de dolor y arrepentimiento.

Bella iba a levantar la voz para recordarle lo mucho y bien que olvidó cuando decidió acortarse con su hermana, pero las palabras de Garrett se lo impidieron —Señor Juez, creo que está claramente establecido que mi clienta, la señora Swan, no quiere avenimiento alguno. Me parece que esta discusión está retrasando el objeto de la demanda. Además, tengo un par de cosas que agregar —dijo, sacando su otro as de bajo la manga— Hemos investigado el historial del señor Whitlock y nos percatamos que cuando puso a disposición la lista de bienes adquiridos durante el matrimonio con mi clienta, olvidó mencionar un par de activos bastante considerables —dijo, extendiendo un certificado de dominio de propiedad a nombre de Whitlock con sus respectivas fechas de compra.

—¡Esos departamentos son míos! ¡Los compré con años de trabajo!— exclamó Jasper, perdiendo toda compostura— Y no estoy dispuesto a dejárselos a ella…

—¡Es por eso que no quieres divorciarte! —rebatió Bella, perdiendo los estribos, empuñando sus manos sobre la mesa— Porque te duele tener que perder tus cosas materiales, tu dinero… ¡Pero a mí no me importa! ¡No me importa tu dinero, ni tus casas, ni coches, ni nada! ¡Quédate con ellos, y déjame en paz!

—¡Es suficiente! —exclamó imperativamente el juez Eleazar. De inmediato las partes guardaron silencio— Me temo que aquí no hay arreglo probable —dijo, mirando luego a Jasper con desaprobación— Y me temo que usted tampoco quiere eso. Estoy convencido, de que hemos estado perdiendo el tiempo, porque a usted, señor Whitlock —si me permite decírselo— le importa más la suma de sus activos que recuperar a su mujer, y un punto importante que ha olvidado: su hija. No ha hecho mención de tener alguna preocupación por ella. Dígame una cosa, ¿cuántas veces la visita semanalmente?

—Yo… uhm… yo… no tengo tiempo…

El inherente concepto de familia que el juez Doménech lleva arraigado por sus raíces vascas, hacía que su interior hirviera de rabia cuando en ese trabajo tan ingrato a veces, le tocaba oír cosas como la que acababa de escuchar. O conocer a tipos como esos. Si tan sólo hubiese firmado por las buenas esa demanda de divorcio, él no estaría allí perdiendo el tiempo.

Así que era momento de acabar con esto.

—Bien, creo que no hay más que decir —dijo el juez, volviendo a recoger su pluma y anotando en las hojas, después de firmar— He oído cuidadosamente a ambas partes y he estudiado el caso, dando fe por medio de las pruebas que el matrimonio en cuestión se ha roto de manera irreparable. Por tanto, la sentencia de divorcio se adjudica con fecha de hoy, sin derecho a la parte demandada a presentar apelación alguna. Además, el equipo auditor verificará las pruebas presentadas por la parte demandante sobre los activos que fueron excluidos del proceso, obteniendo para el viernes de esta semana el total exacto, dividiendo este en partes igual, pasando el cincuenta por ciento a cada parte.

"Además, y por las pruebas que han sido presentadas, la custodia de Mary Elizabeth Whitlock Swan queda en manos de su madre, la señora Isabella Swan, estando ella obligada a permitir que el padre de la niña, el señor Whitlock, visite a su hija al menos un día del fin de semana. Sumado a esto, y por lo que la ley establece, el padre de la niña tendrá que entregar una pensión alimenticia mensual, esto en porcentaje a lo que percibe como remuneración que se estipula por ley, comenzando a hacerse efectivo a partir del próximo mes, esto es diciembre."

—¿Está todo claro? —concluyó el juez, mirando a ambos lados. El rostro visiblemente emocionado y aliviado de Bella, contrastaban fuertemente con el aspecto furioso y desconforme de Jasper—Bien, es todo.

El juez Doménech extendió un documento hacia Bella, la sentencia de divorcio, pidiéndole que firmara en los lugares que él le indicó. Luego pidió lo mismo a Jasper, quien lo hizo de muy mala gana y con muy mala cara.

Garrett Emerson se levantó, ayudando a la vez a Isabella. Cuando ambos se miraron, él le sonrió con satisfacción y ella con agradecimiento. Enseguida se despidieron del juez, y antes que Jasper pudiera recriminarle algo, salieron rápidamente de la sala.

Afuera, Edward que caminaba de un lado a otro, detuvo su andar. No fue necesario que le dijeran nada, vio la cara de alivio de Bella y el muy típico rostro de su amigo Garrett cuando ganaba un juicio.

Estaba hecho. Ella estaba finalmente divorciada.

~En Paralelo~

No pudo resistirse. A penas salió de la sala, vio a Edward y sonriendo, fue corriendo hasta él, que la recibió en vilo sobre sus brazos rodeándola por la cintura. Sin importarle nada, ella mismo buscó los labios de él con los suyos y los besó fuertemente.

Él sonrió sobre sus labios; sonrisa que se extendió hasta sus ojos. Ella, muy emocionada, acarició el hermoso rostro de Edward, con un cúmulo de sentimientos en sus ojos: alivio, agradecimiento, afecto, amor, esperanza y oportunidad. Se sentía liviana y liberada, no sabía que esas sensaciones iban a ser tan palpables para ella una vez el juez diera la sentencia de divorcio.

Ambos se mantenían abrazados, mirándose a los ojos, con la punta de sus narices chocando. Es como si todo se lo dijeran a través de la mirada, y es que eso sentía ella, que Edward le decía tanto a través de esos hermosos ojos verdes…

—Ejem… se ven muy lindos ahí, pero si no nos vamos y el juez los encuentra así, puede levantar cargos por escándalo en público —bromeó Garrett.

—Claro que no —dijo Edward, apenas dejando los ojos de Bella, quien seguía agarrada de él por el cuello y los hombros— Pero es mejor que nos vayamos.

Bella, sonriéndole, asintió y dejó un último su suave beso en sus labios antes de soltarlo. Caminaron hacia la salida, mientras Garrett iba poniendo al día a Edward de los detalles, y Bella tecleaba un mensaje a su madre, contándole sobre la buena nueva.

—Bueno Bella, Edward, me voy al despacho, ¿tu vienes, Edward? —preguntó a su amigo.

—No. Seth está a cargo, ahora me voy a celebrar con ella —informó, haciendo que Bella levantara la vista de su móvil y lo mirara sorprendida. No esperaba que dijera eso, pues por la hora, era lógico que él tuviera que regresar a su trabajo. Pero no puso objeción, porque por Dios que tenía ganas de celebrar a solas con Edward.

—Bien —dijo Garrett, asintiendo y dirigiéndose a Bella— Una cena, esta semana en casa, me lo debes —le dijo, extendiéndola una mano, la que ella apretó entre la suya, sonriéndole y asintiendo.

—Dime cuándo, y ahí estaremos— dijo ella.

—Lo haré.

—Gracias por todo lo de hoy… yo estoy… muy agradecida por tu gestión.

—No tienes nada que agradecer, este era un caso fácil a decir verdad. Ahora, ve y disfruta de tu libertad mujer —le dijo, guiñándole un ojo.

—Disfrutará conmigo, así que esfúmate Emerson —le indicó Edward, empujándolo por el hombro. Garrett se carcajeó y se alejó de la feliz pareja.

—¿Así que me vas a llevar a celebrar a algún restaurante?- preguntó Bella coquetamente.

—No, no realmente —respondió él, aferrándola por la cintura y conduciéndola al coche. Ella se mordió el labio.

—¿Entonces a dónde? No pensarás llevarme a un bar a estas horas…

Edward la miró, después de abrir la puerta para ella —Eres realmente encantadora cuando te haces la ingenua —dijo, a lo que ella no pudo evitar carcajearse.

Cuando estuvieron dentro del coche y de camino al punto de celebración, Edward le pidió a Bella que le dije si estaba disconforme con algo de la sentencia:

—No, en general. No quería la repartición de los bienes, ya sabes, pero lo meteré en una cuenta bancaria para el futuro de la niña… y sobre las visitas que Jasper tendría que hacer a mi Mary, no estoy segura que me gustaría ceder si él quisiera llevársela no sé, por un fin de semana, por ejemplo.

—Eso si tú se lo permites. Tienes la tuición de la niña, y si no estás segura ni confías en él como para entregársela por más de un par de horas, pues no lo hagas. Probablemente la postura del juez hubiese sido otra si hubiera visto preocupación de él por la niña, pero no fue así.

—Tienes razón, si no le interesó su hija en este tiempo, no creo que eso vaya a cambiar ahora, que casi en contra de su voluntad tendrá que sacar dinero de su bolsillo para sus gastos… cuestión que tampoco necesito.

—No seas orgullosa, él debe hacer eso. Piensa en Beth, en lo que ella pueda necesitar.

—Por ella lo acepté.

—Muy bien. ¿Estás contenta entonces?

—Mucho —dijo ella, sentada de lado mirando hacia él con su cabeza reclinada sobre el asiento. Él desvió por segundos su vista hacia ella y le sonrió. Ella de alguna manera, y mirando todo en perspectiva, estaba agradecida de ese divorcio. Agradecida porque le había abierto los ojos con respecto a su ex marido y le había hecho conocer a Edward, de quien se había prendado. ¿Qué hubiese pasado si él no hubiera tomado su caso? ¿El destino de otra forma hubiera unido sus caminos? Pensar en que nada de eso ahora hubiese pasado, le causaba escalofríos. Ahora que estaban juntos, no quería ni pensar en cómo hubiese sido su vida después de Jasper, sin conocerlo a él…

—Yo no sé qué te pasa con este auto —dijo Edward sin quitar la vista del frente— siempre caes en un estado de ensoñación cuando estás aquí…

—Ya te dije, no es el auto, eres tú.

—Hermosa…—susurró, llevando su mano hasta el rostro de ella, alcanzando luego una mano de ella para llevarla a sus labios, manteniéndola ahí todo el resto del camino hasta el lugar de celebración: su departamento.

/E.P/

—¡Edward… Edward por Dios...!— jadeaba ella, moviéndose y buscando más fricción con el cuerpo de él, que la mantenía sujeta por ambas manos sobre su cabeza, mientras él devoraba su boca, su cuello, sus pechos, sin dejar de moverse dentro de ella, muy suavemente.

—Eres… tan hermosa… y tan mía…—le dijo, mientras le soltaba las manos, para darle atención a otras partes de su cuerpo. Su toque ciertamente la llevaba hasta lo más alto del placer, dejándose caer exquisita y vertiginosamente.

Antes de él, hubo un solo hombre, y nunca, jamás, le hizo el amor como Edward lo había hecho. Jamás se había sentido adoraba por un hombre como lo sentía en ese momento. Nunca su pasado marido la había amado durante tantas horas seguidas en una noche, siempre era una vez y luego a dormir. Pero ahora, los parajes del placer más profundo que había conocido, la pillaron desprevenida, pero ansiosa de seguir experimentando siempre más allá, de la mano de Edward, por supuesto.

—Mírame… mírame, Bella —exigió él, sintiendo como el cuerpo de ella se apretaba en torno a su miembro, a punto de estallar. Ella abrió los ojos y aferró a Edward por el cabello de su nuca, sintiendo cómo su tercer o cuarto orgasmo —ya no llevaba la cuenta de esa tarde— se abría paso dentro de ella, estallando en su interior, mirando los oscuros ojos de Edward y gritando su nombre al mismo tiempo que él lo hacía.

Edward respiró pesadamente sobre su boca, recobrando el aliento, sin quitar su vista de los ojos de ella, anclados sin remedio a los suyos.

—No quiero dejarte ir… —susurró él, sacando unas mechas de cabello que estaban pegados a la frente sudorosa de ella. Bella le sonrió y rascó su barbilla, sintiéndola suave.

—No me voy a ir a ninguna parte…

—No me basta el tiempo que paso contigo —dijo, cerrando sus ojos y ahuecando su rostro en su cuello. Allí se quedó un rato, mientras ella pensaba en sus palabras. Y la verdad es que a ella tampoco le bastaban y quizás era precipitado pensar en… vivir juntos. Suspiró y lo abrazó fuertemente, dejando besos en su cabeza y acariciando su despeinado y húmedo cabello.

Tentativamente, giró un poco su cabeza y vio un reloj digital sobre la mesa de noche, cuestión que la hizo dar un respingo.

—Oye, son más de las ocho, debo irme…

Lo sintió suspirar para después levantar su cabeza lentamente —A esto me refiero… quiero dormirme contigo cada noche, y despertarme a tu lado por las mañanas. Ahora que lo veo posible, yo simplemente…

—También quiero eso… sólo te pido que…

—Este departamento es amplio, hay lugar para ti y para la niña —la interrumpió, besando su barbilla— Sólo prométeme que lo vas a pensar.

—Lo haré…

Edward torció su boca y lanzó en tono de broma: —Además, no estás en edad de vivir en casa de tus padres, ya sabes…

—¡Cierra la boca!— le increpó ella en broma, golpeando su hombro— Y mejor déjame salir, que me regañarán si llego tarde, y quiero ver a mi hija antes que se duerma.

—Vale… en marcha entonces —dio un último beso y se quitó de sobre ella, listo para levantarse y vestirse.

—Puedo llamar un taxi… —estaba diciendo ella, pero él le dio una mirada de advertencia, cosa que le pareció bastante sensual. Pero no dijo nada, prefirió callarse y dejar que él se vistiera. En silencio, consideró lo fabuloso que sería vivir con él de una vez, pero debía considerar un montón de cosas y no apresurarse con esa decisión, aunque una parte de ella se moría por decirle que sí, que se embarcaran en esa aventura juntos, pues sabía que entre ambos no había vuelta atrás. Suspiró y salió de la cama, sintiéndose liviana como una pluma. ¿El divorcio era lo que la dejó así, o acaso las pericias en la cama con Edward?

"Probablemente con ambas… aunque la segunda opción era más probable…"

/E.P/

—¡Dios, no puedo creer que haya sido tan rápido! —exclamó Renée, abrazado a su hija como en señal de triunfo.

—Lo sé mamá, y la verdad es que agradezco que haya sido así de rápido. Edward y Garrett hicieron un trabajo excelente y el juez fue muy consciente de mi posición.

Bella, después que dejó durmiendo a Mary en su cunita, les contó a sus padres los pormenores del juicio de ese día y lo que quedaba por finiquitar. Ambos padres se quedaron muy tranquilos cuando supieron que la tuición de la bebé quedaba en manos de Bella, que era lo más sensato.

—¡Ese tipejo la sacó bien barata! —Exclamó Charlie— Yo hubiera buscado motivos para meterlo a la cárcel…

—No hizo nada para que eso pasara —dijo Bella, jugueteando con un cojín sobre su regazo.

—¡Cómo que no hizo nada! ¿A caso olvidas todo lo que pasó Bella, lo irresponsable que ha sido con Mary? ¿Y no has visto a Alice? ¡Ella está así por culpa de ese mal nacido! —le respondió a Bella alterado.

Al padre de Bella no le había bastado ni la golpiza que le propinó el mismo día que Bella lo dejó, ni el dinero que tendría que pagar por el divorcio ni por la pensión de alimentos para su nieta. A él verdaderamente le hubiese gustado verlo tras las rejas.

—¡Basta Charlie! —lo detuvo Renée.

—¿Pasó algo, mamá? —preguntó Bella, no pasando por alto el rostro de preocupación cuando vio a su madre tan solo llegar a casa.

—Es que… esta tarde vino Michael a visitar a Mary y pues… se encontró con Alice…

—¿Discutieron?

—No —negó Renée, explicando a continuación— Él le trajo un regalo a la niña, estuvo un rato con ella y conmigo, y Alice bajó a tomar algo a la cocina y Michael parece que se alteró al verla, y salió rápidamente de aquí. Alice salió tras él… y después de eso quedó bastante mal…

—¿Está bien?

—Sí, bueno…

—No, no está bien —respondió con rabia Charlie, poniéndose de pie y caminando por la sala—Michael no la quiso oír… ¡Dios, ella está esperando un hijo suyo! Y está tan demacrada con esa diabetes, y tan deprimida… no sé qué hacer con ella —se lamentó el patriarca con la voz quebrada, tapándose los ojos de pura frustración— Si tan sólo la oyera y la acompañara, sé que ella mejoraría… así que lo tengo decidido, mañana iré a hablar con él y le diré que tendrá un hijo y que se debe hacer responsable…

—Alice no quiere que lo sepa… —le recordó Renée a su marido.

Él, le dio una mirada de furia a su mujer —¡Y un demonio! Es la salud de mi hija la que está en juego y mi nieto que viene en camino. ¡Mi hija está sufriendo!

—Michael también sufrió, papá —le recordó Bella con voz contrita, poniéndose en los zapatos de Michael, quien enamorado como estaba de su hermana, seguía herido, seguro de que Alice no lo amaba.

—Entiendo, ¿pero podría oírla al menos, no? —rebatió de regreso.

Los tres integrantes de la familia Swan se quedaron en silencio durante varios minutos. Bella cargaba con contradicciones que la abrumaban con respecto a su hermana. Ella también estaba preocupada por su salud y lo mal que la veía, pero algo la retenía a acercársele y mostrarse indulgente con ella, probablemente los recuerdos de ella follando con descaro con Jasper.

Una parte de su cabeza y su corazón le decían que debía olvidar y perdonar, pero otra parte la retenía. El perdón y el olvido era algo que demoraría en llegar y sobre lo que no quería poner presión. Había mucho que sanar en ella.

A veces, cuando se le acercaba y la veía tan débil, quería abrazarla y protegerla como lo hubiese hecho en otras circunstancias, pero el recuerdo y la herida que dejó su engaño la retenían en hacerlo. Sólo esperaba que esa herida no demorara tanto tiempo en cerrar, y cuando la mirara a los ojos, pudiese decirle sinceramente que la perdonaba y que ya todo estaba olvidado. Pero eso no ocurriría tan pronto.

A la mañana siguiente, antes de irse a su trabajo, Bella se despidió con un beso de su hija que dormía tranquila en su cuna y enseguida pasó por el cuarto de su hermana, abriendo la puerta despacio con la intención de no despertarla. Pero Alice ya estaba despierta, con su vista perdida en la ventana frente a ella.

—Hola —saludó Bella desde la puerta, llamando su atención.

—Hola —respondió Alice con voz trémula, mirando a su hermana con ojos cristalinos, denotando que hace poco había estado llorando.

—¿Cómo te has sentido? —preguntó, aunque después se arrepintió de esa pregunta tan tonta. Alice la miró y alzó sus hombros.

—Mareada, con náuseas y esos medicamentos que me hacen dormir casi todo el día…

—Lo siento… debes tratar de levantarte de esa cama a ser posible y alimentarte bien.

—No retengo los alimentos mucho tiempo en mi estómago.

—Es normal.

Alice asintió y preguntó después de aclararse la garganta —Supe que ayer terminó todo… ya sabes.

—Sí —respondió Bella, sabiendo que Alice se refería a su divorcio.

—Qué bueno. Edward es un estupendo abogado y un muy buen tipo.

—Lo es, sí. Esto… bueno, sólo quería saber cómo estabas… ahora tengo que irme…

—Está bien.

Ambas hermanas se quedaron mirando un rato en silencio, con la intención de decir algo más que aquel tan impersonal diálogo, pero prefirieron callar.

—Nos vemos más tarde.

—Que tengas un buen día —dijo Alice, dándole una débil sonrisa. Bella sólo asintió y salió rápido de del cuarto de su hermana, con una sensación amarga en su pecho, la que se vio obligada a tragarse. Respiró fuertemente varias veces mientras bajaba las escalas e intentó recomponerse antes de darle un beso de despedida a su madre y salir de la casa.

"Ayúdame Dios mío" pidió en silencio, metiéndose luego al coche de su padre para ir rumbo a su trabajo.

/E.P/

A eso de las dos de la tarde, cuando en la escuela todos los niños salían de su jornada escolar, una elegante mujer metida en su coche esperaba el momento preciso para entrar y hablar con la maestra Isabella Swan.

Aleonada por su nueva amiga Giuliana, quien fue tan amable de ofrecerse para escuchar sus lamentos y aconsejarla desinteresadamente —pensaba Esme con ingenuidad— decidió no esperar más a hablar con esa maestra y preguntarle derechamente qué buscaba ella ligándose con su hijo.

"Ya sabes, Esme. Debes dejarle claramente expuesto tu punto de vista, tu desaprobación frente a esa relación" le había aconsejado Giuliana "Debes decirle que conoces muy bien a tu hijo, y que sabes que está actuando por un impulso irracional, y que después se arrepentirá. ¡Imagínate! Ella es una maestra, divorciada con una hija… es muy cómodo que a su vida llegara un hombre como Edward, que está confundido por todo lo que ha vivido, que se podría hacer cargo de ella y su criatura. Además, engatusó a la pobre Grace para ponerla a su favor. Si realmente ella es sensata, te oirá y se alejará, y eso será lo mejor para todos…"

Esme encontró total lógica a lo que esa encantadora mujer italiana le decía, además que era la única que la entendía, pues ni su marido la apoyaba en su cruzada por salvar a su hijo.

De lejos, vio que su nieta salía de la mano de Lauren, a la que dicho sea de paso no entendía cómo podía apoyar esa locura. La cosa es que ella defendería a su familia, a sus hijos de cualquiera que quisiera dañarlos y aprovecharse de ellos, como estaba segura que eran las intenciones de la maestra.

Cuando vio despejado el entorno de escolares, y suponiendo que encontraría a la maestra Swan sola y desocupada, salió del coche y caminó con seguridad hasta la entrada del colegio, donde pidió al portero hablar con la susodicha. Cuando el hombre supo que era la suegra de la directora del establecimiento, la dejó entrar sin problemas, encaminándola hacia el lugar donde encontraría a la maestra Bella.

En una sala para niños, la encontró hablando con otra muchacha, quien seguro era su ayudante. Esme desde la entrada se hizo notar aclarando su garganta, viendo enseguida a ambas mujeres desviar su vista hacia ella, y ver como el rostro de Isabella se tensaba.

"Por algo está tan nerviosa" pensó Esme.

—¿Señora? —preguntó la ayudante de Bella.

—Me gustaría hablar en privado con la señora, si me hace usted el favor— indicó Esme, mirando hacia Isabella

La jovencita miró a Bella, y ésta asintió hacia ella, quien enseguida salió rápidamente de la sala con un par de carpetas. Bella soltó un suspiro y se levantó de su sitio, acercándose a la elegante mujer.

—Señora Esme, que agradable…

—No es una visita social, señora —respondió Esme seriamente interrumpiendo el amable recibimiento de la maestra, quien ligeramente dio un respingo de impresión. Frunció su entrecejo y asintió.

—Sentémonos entonces —dijo, indicando la mesa del profesor. Esme irguió aun mas su postura, levantando su mentón.

—Así está bien, seré breve.

—Pues dígame entonces.

—Creo que usted está actuando con tal descaro, el cual no estoy dispuesta a soportar.

Bella se hizo hacia atrás, sorprendida —¿Perdone? ¿A qué se refiere?

—Me refiero a su poco criterio para acercarse a mi hijo —aclaró con enfado, abriendo la maestra Swan su boca con sorpresa, sin la oportunidad para protestar— Conozco a las mujeres como usted y sus intenciones, por tanto le advierto que no repararé en esfuerzos para abrirle los ojos a mi hijo y…

—Su hijo —intervino Bella, no dispuesta a que la pasen a llevar— Es lo bastante grande como para discernir en qué relación se embarca y el por qué. Por otro lado, usted no me conoce como para estar haciendo juicios infundados acerca de mí. Y por último, la relación que hay entre su hijo y yo es algo que nos incumbe a él y a mí, y a nuestras hijas, a nadie más, si el resto no está de acuerdo, pues lo sentimos, pero estamos seguros de lo que sentimos en uno por el otro.

—¡Mi hijo acaba de pasar por un momento doloroso que lo ha dejado vulnerable, él no puede estar seguro de nada! Usted se ha aprovechado de esa vulnerabilidad para acercarse a él con intenciones que al menos para mí, son muy claras. ¡Definitivamente usted tuvo mucha suerte de encontrar a un hombre como mi hijo para llevar primero su caso de divorcio gratis y un excelente partido para su holgura económica…!

—¡No le permito que me falte el respeto de ese modo! —exclamó Bella ofendida y furiosa— No necesito a un hombre para que me mantenga, trabajo y puedo solventar mis gastos y los de mi hija por mis medios.

—No me diga… —rebatió Esme con ironía, mirándola de pies a cabeza— Claramente los honorarios de abogado son más atractivos que los de maestra, ¿verdad?

—¡Es suficiente! —exclamó Bella con rabia, cosa que sorprendió a Esme, quien abrió mucho sus ojos y puso una mano sobre su pecho— No le he faltado el respeto de ninguna manera, por tanto no le permito que haga eso conmigo, así que, si no tiene más que decir, váyase, no me interesa seguir hablando con usted en estas circunstancias.

—Yo vine a advertirle de buena manera. Mi hijo tarde o temprano se dará cuenta de su error y se aparatará de usted. Espero que cuando eso pase, usted sea… digna de dejarlo marchar y recuerde esta conversación donde yo se lo advertí.

—Si es Edward quien me dice que no quiere seguir a mi lado, respetaré su decisión, pero será él quien deba decírmelo. Lo que usted ha hecho ahora, no agrieta ni debilita en nada mi relación con él, por lo que no me apartaré de su lado, piense usted lo que piense de mí. Ahora si me disculpa, tengo trabajo que hacer.

Esme Cullen volvió a recorrer a Isabella de pies a cabeza con petulancia —adjetivo para nada habitual cuando se trataba de ella— antes de volverse y salir de esa sala, sin la deferencia de despedirse de la señora Swan.

Conforme con exponer su punto de vista con ella, y sabiendo que finalmente se demostraría al resto que tenía la razón, se retiró del establecimiento muy tranquila y serena, con la convicción de que había hecho lo correcto.

"El tiempo dirá que tengo la razón" concluyó Esme, caminando hacia la salida.