Lindas niñas... Ya estamos aquí. Como siempre, mil mil mil gracias por sus lecturas y comentarios, me hacen muy feliz!
Gracias infinitas a misexy y hermosa beta Gaby Madriz por hermosear el capítulo.
A leer entonces. Besos y nos vemos a la próxima!
=)
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
22. Panteras de polvo.
—¡Maldición Bella, cómo no me llamaste enseguida! —exclamó Edward después que se enterara que Bella recibió la nada agradable visita de su madre.
Ella la verdad, se había encerrado en el baño de maestros a llorar, porque se sentía injustamente enjuiciada e insultada por Esme Cullen a quien ella no le había hecho nada. Necesitaba desahogarse a solas, pero que llorara no significaba que las palabras de la madre de Edward la hubiesen hecho cambiar su decisión de estar con él, para nada.
Cuando salió más tranquila, tomó sus cosas y se marchó a casa, donde de camino escribió un texto a Edward, contándole que iría directo a su casa, pues su hermana no estaba nada bien y además quería pasar más tiempo con su pequeña hija, por lo que se verían al día siguiente.
Ciertamente no le comentó nada de la visita, pero supo que Edward fue alertado por su hermano Emmett, quien le dijo que Esme había ido hasta su casa a cenar y además para pedirle a Rosalie, la directora de la escuela, que despidiese a Bella. Ciertamente la rubia esposa de Emmett se negó rotundamente.
Al anochecer del día siguiente al encuentro de Bella con su madre, Edward fue hasta casa de sus padres para encarar a doña Esme y advertirle que no se metiera en su relación con Bella, previniéndole de paso, diciéndole que Giuliana no era una blanca paloma como ella creía. Después de eso salió indignado, y desde el coche camino a casa de su hija, le habló a Bella.
Bella, sentada sobre su cama ya en ropa de dormir, oía a Edward furioso como nunca antes lo había oído.
—Lo siento —susurró ella, jugando con un mechón de su cabello aun húmedo por la ducha nocturna.
—¡Si otro miembro de mi familia o quien sea se acerca a ti de esa manera, debes decírmelo! —exclamó Edward casi en un grito.
Bella pegó un respingo y agregó exclamando de igual manera —¡Puedo defenderme sola! —y a medida que hablaba, el tono de su voz iba aumentando, al igual que su indignación— Lo último que quiero es que te enemistes con tu familia, pero eso no significa que me deje pasar a llevar ni por tu madre ni por la Reina de Inglaterra, y se lo dejé bien en claro ayer. ¡Ni siquiera me conoce y me está juzgando! Así que, dile que no se vuelva a meter conmigo, ni mucho menos con mi hija, pues ha de saber que mi Mary y yo podemos apañárnoslas solas sin ayuda de nadie, no necesito engatusar a un hombre para que me mantenga —concluyó, agitada. Después de unos segundos no oyó nada al otro lado de la línea y sintió escalofrío de que Edward pudiese ahora haberse enojado con ella. Tragó grueso y preguntó débilmente— ¿Edward?
—¡Vaya mujer! —dijo con voz ronca y con rastros de humor— Qué carácter el tuyo. Estoy pensándome seriamente en girar el manubrio e ir a tu casa y colarme por la ventana de tu cuarto esta noche y ver esa braveza tuya en vivo y en directo…
Bella mordió su labio, encantada por las palabras de Edward —No te confíes, y ya sabes entonces, no me provoques…
—Nena, lo que voy a hacer es precisamente provocarte de ahora en adelante…
—Basta, Edward…— susurró muy poco convencida, y pensándose en dejar su ventana abierta esa noche.
—Te extraño, hermosa. Y ahora, después de lo que hizo mi madre, me siento mal… ella no es así, y la verdad no sé qué le pasa. Además, está siendo mal aconsejada…
—¿Mal aconsejada?
—Uhm, digamos que Giuliana se las arregló para meterse en mi casa y presentarse como la ex maestra de mi hija. No sé cómo dio con la dirección, ni cómo es que mi madre anda escuchando los consejos de esa loca.
—Te agradezco que me lo hayas dicho. Y si esa italiana se mete conmigo, ya sabes lo que le espera.
—No te dejes aminorar por ella, por mi madre ni por nadie, ¿sí? —pidió esta vez muy en serio— No mereces que nadie te humille de ningún modo, nunca.
—Lo sé, y siento mucho que tu madre piense mal de mí, sé que te causará problemas con ella, pero que ella no esté de acuerdo con lo nuestro, yo me voy a apartar; eso sólo sucedería si tú me lo pidieras…
—Eso no pasará, y por mi padre, pues ella se lo buscó; y se lo advertí. Así que por mi relación con ella no te preocupes, yo veré como la controlo.
Bella suspiró aliviada de que Edward no tomara partido de su madre, y que compartiera su malestar frente a las recriminaciones infundadas, aunque no podía negar que le pesaba que se llevara mal con ella por culpa de su relación. Quizás con el tiempo cambiaría su parecer. "Espero…"
/E.P/
Garrett Emerson y Bella fueron el viernes de esa semana, como lo dictaminase el juez, a firmar los últimos papeles del divorcio, la división de bienes y la tutela de Mary Elizabeth que quedaba en manos de Bella. Lamentablemente para ella, tuvo que encontrarse nuevamente con un malhumorado Jasper, quien no quitó sus ojos furiosos de ella. Bella no le dio la satisfacción de verse nerviosa frente a él, manteniendo en todo tiempo una postura serena y confiada.
—Tengo que hablar contigo —la retuvo Jasper en un momento en que Garrett saludaba a algún colega que vio en el juzgado. Ella lo miró y dio un paso atrás para apartarse de él. Enderezó su espalda y levantó su mentón, cruzándose de brazos y esperando a oír lo que tenía que decirle.
—Pues dime.
—Este sábado, mi madre y yo iremos por Mary Elizabeth para pasar el día con ella… y antes que te niegues, te recuerdo que el juez…
—Sé lo que dijo el juez —lo interrumpió ella— y no te negaré que veas a Mary —agregó, tragándose las ganas de negarse, pero para su pesar, no podía hacerlo— Así que, puedes ir por la niña a eso de las diez, estará lista y debes regresarla antes de las nueve a la casa.
—Podrías venir con nosotros… ya sabes… y recordar viejos tiempos… —dijo guiñándole un ojo y extendiendo su mano hacia ella, con la intención de tocarle el rostro. Ella rápidamente se alejó dándole una mirada de asco.
—¡Déjate de estupideces! —respondió ella con repulsión.
Jasper soltó una carcajada socarrona alzando sus manos —Bien, tranquila… —metió luego sus manos en los bolsillos y agregó, mirándola de pies a cabeza, pasándose la lengua por los labios—Debo reconocer que el abogado tiene buena mano, porque déjame decirte que estas muy atractiva.
Ella podría haberle respondido con una exclamación de desapruebo y asco, que era lo que sentía cuando estaba cerca de él, pero en vez de eso, decidió mirarlo a los ojos de forma desafiante y responder —Sí, tiene buena mano, tan buena que ninguna experiencia anterior le llega ni a los talones; hizo que me olvidara de todo lo pasado, y eso hace que yo desee verme hermosa para él, como nunca antes nadie lo hizo.
Y no contenta con eso, ella agregó finalmente —Creo que tarde o temprano, me hubiese buscado un amante… la frustración me hubiese empujado a eso —dijo, mirándolo ahora ella a él de pies a cabeza, con desprecio, asumiendo una actitud de altivez frente a Jasper, que le sorprendió.
Eso fue un golpe para el ego de Whitlock, quien descompuso su semblante cuando ella le dijo eso, sabiendo que la única "experiencia" anterior a la que tuvo con Edward, fue él. Jasper apuñó sus manos y antes que pudiera dar un paso hasta ella y zamarrearla, el abogado Emerson llegó hasta ellos.
—¿Nos vamos, Bella?
—Vámonos — le dijo a su abogado, mirando luego con tranquilidad y seriedad a Whitlock, que tenía sus ojos furiosos puestos en ella— Mi Mary estará lista para que la vayas a recoger el sábado a las diez.
Sin más, dio media vuelta y acompañada de Emerson, se alejaron del lugar. Mientras caminaban, el abogado le dio una miradita de reojo a su clienta y sonriendo, comentó:
—La cara de Whitlock era como si le hubiesen dado a tragar aceite de bacalao y tu rostro da a entender que tuviste que ver con eso…
—Le di de su propia medicina. Eso es todo.
—Me alegra que no te dejes amedrentar por ese —indicó Garrett, sonriéndole— Bueno, a dónde vas ahora.
—Tomaré un taxi para…
—¡Oh, no! El abogado Cullen me advirtió que dirías lo del taxi, y me exigió como tu abogado, que te dejara en el lugar que me solicitaras.
—Por supuesto que no, —protestó Bella— Edward no puede exigirte eso y yo no abusaré de ti… además, eres mi abogado, no mi chofer.
—¡Oh, Bella, no es abuso! Puedo dejarte donde me digas.
—No es necesario, de verdad. Quedé en verme con Victoria e ir a almorzar con ella, nos reuniremos en un centro comercial, así que despreocúpate y regresa tranquilo a tu trabajo, por favor.
—Bella…
—¡Y si el abogado Cullen se molesta, pues recuérdale que más le vale que no me provoque, y recuérdale que él sabe que puedo apañármelas sola!
—¡Wow, qué genio! —exclamó con falso horror, mostrando un dejo de diversión— Bueno, al menos lo intenté.
—Gracias Garrett, por todo. Te has portado increíble conmigo… con nosotros en verdad —agradeció Bella, haciendo mención a la relación entre Edward y ella.
Garrett sonrió —No tienes nada que agradecer.
Bella estaba agradecida de que Edward contara con amigos como Garrett Emerson y su mujer, quienes habían sido muy amables con ella. Hubiese deseado que la señora Esme pudiera haber reaccionado igual que ellos… pero no todo en esta vida era color de rosa, meditó mientras se subía al taxi, después de despedirse de Garrett.
Llegó veinte minutos después al centro comercial donde quedó con Victoria, quien le esperaba en la entrada de este. Se saludaron enérgicamente, la colorina eufórica y feliz de que ya su amiga estuviese divorciada legalmente del tipejo de Jasper y pudiera ir feliz de la vida con su nuevo amor.
—Quiero el lujo de detalle… eres una picara, te has guardado todos los pormenores de tus encuentros con el abogado…—dijo Victoria, alzando sus cejas hacia su amiga— ¿Cuántos te ha dado, eh?
—¿Cuántos qué?
—¡Orgasmos, Bella! ¡Cuántos!
—¡Cierra la boca, Victoria! —exclamó Bella, mirando hacia todos lados, con el temor de que las personas alrededor de ellas pudieran haber oído. Después bebió de su jugo y miró a su amiga con picardía hablando bajito— Pues… he perdido la cuenta…
—¡Oh, Dios! —exclamó Victoria, carcajeándose fuertemente. Bella no pudo aguantar y se río junto a su amiga.
—Es tan apasionado… es como si en cada encuentro me adorara, como antes jamás lo sentí. Cuando pienso que lo he experimentado todo, él viene y me hace vivir más cosas, con más potencia, y no sólo en lo sexual.
—¡Maldita sea, Bella, te mereces a alguien como él! ¡Estás radiante como nunca te vi!
—Estoy feliz, Victoria —agregó ella. Aunque habían algunas cosas que no la dejaban ser completamente feliz. Pensando en ello, la sonrisa de su rostro de desvaneció poco a poco y su ceño se frunció profusamente.
—¿Qué sucede? ¿Por qué te has puesto así? ¿No ha sido todo, miel sobre hojuelas con el galán?
—No se trata de Edward… —suspiró y agregó— Se trata de Alice. Ella no está bien —ya sabes— cada día que pasa no hace sino decaer más. Su ánimo, su salud y la del bebe, mis padres están muy preocupados y yo…
—¿Y tú?
—Pues yo también, no puedo evitarlo, y quisiera reaccionar de forma diferente con ella, atenderla, acompañarla… pero no puedo.
—Bella, —le llamó Victoria— yo sé que Alice la cagó, pero trata de bajar las barreras con ella… a veces cuando uno quiere rectificar, pude ser tarde… ¡Vale! No sé por qué dije eso, pero lo sentí. Sólo trata de ceder un poco.
—¡Todos me han dicho lo mismo! —Exclamó Bella con impaciencia— ¿Y crees que no lo he intentado? Lo pienso todos los días y me mentalizo para hablar con ella, acercármele y perdonarla, pero siempre algo me retiene. ¡No es tan fácil, Victoria!
—Oye, te entiendo. Al menos saber que no te es del todo indiferente es un comienzo, es un primer paso, pero debes seguir adelante con esas pequeñas pisada —aconsejó Victoria, tomando una de sus manos— Interfiere en la salud de Alice y del bebé el entorno que los rodea, y te aseguro que si las cosas entre ella y tú se relajaran, ella comenzaría a mejorar… la ayudaría.
—Lo sé… ¡Dios, hubiera deseado que las cosas fueran diferente! Te juro que cualquier otra mujer que hubiese sido la amante de Jasper, me importaría un rábano. Ahora con Edward a mi lado y sabiendo en realidad cómo es Jasper… ¡Pero es mi hermana, ¿comprendes?!
—Sé que fue un golpe bajo y que toda la familia quedó resentida por eso, pero tómalo como una prueba que han superado. Ya le has pateado el culo a Jasper, has conocido al alguien que te complementa, tus padres te apoyan, sólo está lo de Alice…
Bella cerró los ojos y masajeó su sien —Haré el esfuerzo, te lo prometo.
—No me lo prometas a mí, yo sólo quiero aconsejarte, porque eres mi amiga.
—Gracias Victoria…
Bella estaba secando una lágrima de agradecimiento que se calló por su mejilla, cuando su móvil sonó dentro de su cartera. Lo sacó y lo miró y sonrió, respondiendo de inmediato.
—Abogado Cullen —dijo, dándole un guiño a su amiga, que sonrió atenta a la charla mientras Bella añadía con coquetería— Había demorado usted en reportarse…
—Ah, mis disculpas, señora Swan —se disculpó con voz risueña y ronca, haciendo a Bella sonreír— ¿Dónde estás, hermosa?
—Con Victoria, esperando a que nos traigan el almuerzo.
—¿Estás con la loca?
—¡Edward!
—Perdona, la fuerza de la costumbre… bueno, yo aquí estoy con el desquiciado de su marido y Garrett, que me contó los detalles de hoy. Me dijo que te vio hablar con Jasper, ¿está todo bien?
—Sí. Él quiere ahora ver a la niña, así que mañana irá por ella… no es que la idea me entusiasme mucho, pero…
—Debes hacerlo, hermosa. Si incumples el dictamen, él puede aprovecharse de ello.
—Lo sé.
—Bueno, bueno, Tatianne y Garrett dicen que mañana es un buen día para cenar, ¿qué te parece?
—Uhm… quisiera estar en casa cuando Jasper lleve a mi hija de regreso…
—Podemos dejarlo para otro día…
—O podríamos almorzar, ¿crees que tengan problemas?
—No lo creo, pero se los comentaré y te confirmo esta noche, ¿sí? —Propuso y agregó— Recuerda avisarme cuando estés lista con la loc… con tu amiga para ir por ti, ¿sí? Y antes que protestes, debes saber que esta tarde no tengo mucho trabajo, por lo que a la hora que llames, estará bien, ¿entendido?
—Sí abogado, entendido —respondió ella, no evitando una risita la que Edward retribuyó de igual forma antes de decir:
—Diviértete hermosa, nos vemos más tarde. Te mando un beso.
—Nos vemos más tarde, un beso —se despidió, cortando la llamada después de un largo suspiro que hizo carcajear a Victoria.
—¡Por vida de Dios! Si pareces una chiquilla… y no se me haría nada raro recibir invitación a la boda…
—¡Oh, detén tu imaginación, Victoria!
—Lo sé, lo sé…
—De cualquier forma… me habló de… de vivir juntos. Y bueno…
—¡¿Qué esperas?! —preguntó abriendo grandemente sus claros ojos, pasando por alto que el mesero estaba ahí dejando los platos con la comida. Bella miró con nerviosismo al hombre que parecía indiferente y luego a su amiga, respondiendo sólo hasta que el hombre dejó la mesa con los humeantes platillos frente a ellas.
—¡Victoria, por Dios, ¿quieres calmarte? Es muy pronto, ¿está bien? Y te voy a ser sincera, muero por vivir con él, pero ha pasado poco tiempo y creo sería imprudente, además está lo de Alice y no quiero dejar a mis padres solos con ella…
—Está bien, comprendo. Y perdona… ¡Pero júrame que seré la primera en saberlo cuando lo decidas!
Bella puso sus ojos en blanco y miró luego a su amiga, meneando la cabeza —No tienes remedio… y en verdad estás bien loca —admitió, recordando el modo a que Edward llamaba a su amiga.
Esa tarde estuvo muy relajada con Victoria, pues Charlie se encargaría de Mary mientras ella compraba algunas cosas que necesitaba para la niña y para ella, para luego ir con Edward a cenar a su casa.
El abogado llegó a su encuentro cerca de las cinco, saludando a Victoria y despidiéndose rápido de ella, prometiendo una salida en parejas, con James por supuesto. Edward se encaminó antes a su apartamento para cambiarse de ropa y pasar a comprar las cervezas favoritas de Charlie.
—Tuve que comprarle un montón de ropa a mi Mary, está creciendo tan rápido. Hubo ropita que ni siquiera usó… —comentó Bella, caminando tomada de la mano de Edward por el pasillo, rumbo al apartamento.
—Sé cómo es eso —dijo Edward, abriendo la puerta con la llave que sacó de su bolsillo.
—Sí, crecen rápido… —asintió y luego agregó con picardía mientras entraban al piso— y por otro lado, creo que tú no te darás ni cuenta cuando Grace lleve a su primer novio a casa…
—Eso ocurrirá no antes de que cumple treinta, Bella —sentenció Edward con demasiada seriedad, quitándose la chaqueta y aflojando su corbata. Dejó un beso en sus labio de caminó hasta su cuarto para cambiarse.
Bella iba a esperarlo sentada en el sillón checando su móvil el que dejó sobre la mesa de centro cuando el timbre de la puerta sonó insistentemente. Bella sin dudarlo, fue hasta la entrada y abrió, quedándose estática frente a la figura femenina que estaba de pie en frente suyo.
—¡¿Quién es, Bella? —gritó Edward desde el pasillo, pero ella no pudo responder. Los pasos de Edward se hicieron hasta ella, quedándose detrás de Bella, tomándola por los hombros.
—¿Qué haces aquí, quién te dio mi dirección? —preguntó Edward con irritación a la alta mujer, elegantes y sensual que ella no había visto antes. Pero no era necesario que las presentasen, pues supo por la puntada en su pecho y por la reacción tensa y de antipatía de Edward de quien se trataba.
Ella era la dichosa Giuliana, quien dio dos pasos para entrar al departamento sin ser invitada a pasar.
—Te hice una pregunta —reiteró Edward con dureza. La mujer quitó la vista de Bella, que dicho sea de paso, la miraba como si se tratara de un insecto, mirando enseguida a Edward con ojos diametralmente diferentes, mimosos e insinuantes.
—La tua mamma mi ha dato il tuo indirizzo —respondió en italiano, lo que Bella no pudo traducir, pues no manejaba para nada el idioma.
Bella hizo ademán de soltarse del agarre de Edward para dejarlos hablar en privado, pero él la retuvo, caminando e interponiéndose entre la italiana y ella, tomando su mano.
—¿Qué quieres? ¿A caso no fui claro la última vez? —espetó con impaciencia.
—E quella donnaccia, perché sei qui? —preguntó de regreso con displicencia pasando por alto la pregunta de Edward, alzando la barbilla hacia donde estaba Bella.
—¡Ten cuidado a cómo te refieres a ella, Giuliana! —espetó enfurecido. Hizo ademán de acercarse a ella para sacarla enseguida de ahí, pero esta lo esquivó, dando un paso al costado para enfrentarse a Bella, quien la miró con confusión.
—Mira tú, mujercita; disfruta tu momento con mi hombre, y ten cuidado porque yo estaré aquí para suplir sus necesidades, las que creo que alguien como tú no podría atender…
—¡Giuliana…!— exclamó Edward, dando un paso hacia ella para agarrarla del brazo y sacarla de su departamento. Pero antes que eso pasara, la rabia de Bella brotó e hizo que actuara, interponiéndose ahora ella entre Edward y la italiana.
No se había dejado pisotear por la madre de él, no lo haría ahora ante esa mujer.
La miró fijamente y sin pelos en la legua le dijo: —¿No te da vergüenza hacer el ridículo? —preguntó, poniendo sus manos sobre sus caderas— Porque déjame decirte que es lo que haces. Te las das de mujer avasalladora y seductora, pero no haces más que conformarte con ser la segundona. Y pues si se te da bien ser el plato de segunda, allá tú, pero búscate a alguien más, pues Edward y yo hemos decidido estar juntos, y ni él ni yo necesitamos a nadie más, podemos arreglárnoslas con nuestras necesidades, que hasta el momento las hemos cubierto muy bien. Al menos, él no se ha quejado, así que estás de más…
Giuliana miraba a Bella con semblante sorprendido y ofendido, dando incluso un paso atrás. Buscó a Edward con la mirada, pero al parecer no sacó nada, pues volvió a mirarla, y antes que pudiera responderle, Bella remató —Así que te aconsejo que saques tu prominente culo de aquí y nos dejes en paz, pues Edward y yo estamos ocupados… ya sabes. ¡Ah! Y por favor, deja ya de hacer el ridículo arrastrándose tras un hombre, pues denigras el orgullo femenino.
Bella oyó a la italiana soltar algo que sonó como un improperio en su idioma, poniéndose roja de rabia, fruncir su boca en una mueca, reacomodar su estrecha chaqueta de cuero marrón, dar media vuelta y salir indignada del departamento, dando un portazo al salir.
La respiración de Bella estaba agitada, digamos que se sentía eufórica por su actitud, segura de lo que acababa de hacer… pero el portazo la hizo estremecer y reaccionar, buscando tímidamente a Edward, quien estaba a un lado, mirándola fijamente con sorpresa y con su boca ligeramente abierta.
"Diablos, quizás se me pasó la mano…" pensó, mirando con vacilación a Edward, esperando su respuesta. Pero el abogado seguía con su vista fija en ella, sin decir nada.
~En Paralelo~
Cuando él conoció a Bella y tuvo que tomar su caso de divorcio, pensó que ella era una mujer tímida y cohibida, como un conejillo asustado, pero con el pasar del tiempo y a medida que la iba conociendo más, empapándose de ella, su percepción cambiaba totalmente.
Era una mujer fuerte, segura, valerosa y apasionada. Y aquella escena que él acababa de presenciar en silencio y embobado, daba fe de ello.
Ella podría haberse echado a llorar o salir corriendo de allí, pero no lo hizo, se enfrentó a Giuliana y lo más increíble, la dejó sin palabras haciendo que la italiana fuera la que se largara sin poder responderle.
"¡Dios, qué mujer!"
—Uhm… yo… perdona si se me pasó la mano, pero…
—Silencio —la detuvo Edward, caminando hacia ella. La impresión del momento por verla tan decidida, ahora se tornaba ascendentemente en pura pasión. Ella parpadeó rápidamente y apretó sus manos una contra la otra nerviosamente, mientras él se le acercaba hasta rozarse levemente a él.
—Oye, perdona —dijo, caminando hacia atrás, hasta quedar pegada entre la pared y el cuerpo de Edward que la acorralaba.
—Por qué demonios estás pidiendo perdón, hermosa… —susurró roncamente, bajando su boca hasta la mejilla de Bella y descendiendo hasta su suave y oloroso cuello, el que besó ligero, sintiendo su estremecer con cada toque.
—Porque… porque…
—Soy yo el que va a tener que pedir perdón, a tú padre —susurró a su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja— cuando vea que llegamos tarde a su cena…
—¿Co… cómo…?
—Estaba deseando verte así, tan fiera —reconoció, recorriendo su cuello con la punta de su nariz— ¡Dios Bella, no sabes cómo me seduces!
—¿Yo…?
No dijo nada más. La abrazó por la cintura y estampó su boca en la de ella pasionalmente, disfrutando del sabor tan dulce de sus labios. Ella alzó sus manos rodeándole enseguida por el cuello y disfrutó de su boca y de su cuerpo aferrándose al suyo. Estaba a punto de sacarla de esa muralla y llevarla hasta el sofá para hacerle el amor allí mismo, cuando el impertinente e inoportuno móvil de Bella comenzó a sonar insistentemente.
—E…Edward… tengo que… —decía entrecortado, tratando de apartarse contra de su voluntad de los labios y las manos de Edward, pero él no cedía. Estaba sordo y ciego de amor y deseo— Debo contestar…
—Dios, Bella, no por favor —rogó él, quejumbroso, volviendo a saquear su boca a lo que ella volvió a responder, olvidándose del teléfono que dejó de sonar por unos momentos, cuando volvió a repicar.
—Edward, por favor —logró decir ella, cuando con toda la fuerza de voluntad que le fue posible reunir, tomó el rostro de Edward entre sus manos, apartándola unos milímetros. Los verdes ojos de él estaban oscuros, sabiendo ella lo que eso significaba… pues ella también lo deseaba.
A Edward no le quedó otra que suspirar, asentir y apartarse, para que ella se escurriera de sus brazos y corriera a la sala por su teléfono para contestar. Respiró un par de segundos y caminó a reunirse con ella.
—Sí, papá, estaremos allí en unos veinte minutos… —dijo ella. Edward se le acercó y la abrazó por la espalda, descansando su cara, con su mentón sobre el hombro de ella— Sí, llevamos las cervezas. Nos vemos —terminó ella, colgando la llamada. Guardó el teléfono en el bolsillo de su abrigo y se giró, abrazando a Edward por la cintura. Le dio una mirada de disculpa y se empinó para darle un beso suave, apartándose antes que él reaccionara.— Debemos irnos, papá nos espera. Quería saber si Grace iría con nosotros…
—Grace está en una pijamada, o algo así, con sus compañeritas —le recordó.
—Lo sé —asintió ella, bajando de momento a otro la mirada— Perdona si te molestó lo de hace un momento, simplemente reaccioné, porque no voy a dejar que ella menos que nadie me trate así. Sé que es tu casa, y que…
—Bella —la llamó él, levantando su rostro hasta dar otra vez con sus marrones orbes— Hermosa, no debes pedir perdón, ¿me oyes? Me alivia saber que no te dejas aminorar por nadie, y si algo como esto vuelve a pasar, debes defenderte como lo has hecho hoy, como lo hiciste con mi madre, ¿sí? Ahora es mejor que nos pongamos en marcha antes que me arrepienta y te encierre aquí.
—En marcha entonces —sonrió ella, echando los brazos alrededor del cuello de Edward para besar a Edward, quien le recibió gustosa. Eso sí, se apartó antes que él pudiese echar rienda suelta a su deseo, empujándolo hacia la puerta para salir del apartamento.
Cuando llegaron a casa, Charlie recibió a Edward y a su hija con un delantal de cocina, extendiendo una cerveza hasta el abogado y recibiendo el pack de cerveza importada que traía para él. Bella mientras tanto reclamaba a su hija, quien estaba lista para su comida e ir a dormir.
Renée estaba sentada en la sala junto a Alice, que estaba arropada por una manta de lana frente a una chimenea, mirando la televisión.
Edward decidió sentarse junto a ellas mientras Bella calentaba la comida de la niña y Charlie terminaba sus labores de cocinero.
—¿Cómo te has sentido, Alice? —preguntó el abogado con amabilidad.
—Hoy un poco mejor —respondió ella con una leve voz— ¿Y tu hija?
—Está con unas amigas en su casa, una fiesta de pijamas —explicó.
—¡Oh, ella es encantadora, y quiere tanto a Beth! —exclamó Renée con ternura, recordando a la hija de Edward. Él sonrió y asintió, dándole un sorbo a su cerveza.
En un momento, Renée se levantó del sillón para ir a ayudar a su marido, quedando el abogado y Alice solos en la sala. A él le costaba estar frente a la hermana de Bella sin que un extraño sentimiento de lástima lo poseyera. La escuálida figura de esa mujer era algo que sorprendería a cualquiera: estaba muy delgada, unas ojeras oscuras destacaban en su pálido rostro, además de su estado depresivo que era algo notorio.
—¿Y cómo llevas lo del embarazo? —se atrevió a preguntar Edward, recordando el estado de gestación de ella, el que ni siquiera se notaba.
Ella alzó los hombros y puso sus temblorosas manos sobre su escuálida barriga de dos meses y un poco más —Pues… es raro. No estaba preparada y digamos que me pilló en mal momento.
—Debes ser fuerte por ese bebé, no descuidar tu salud- aconsejó él.
—Es difícil… en mi situación. No sé si llegaré a ser una buena madre.
—Tienes a tu alrededor a gente que te apoya y te quiere.
—No lo merezco —respondió secamente, mirando a Edward y quitando sus manos de su barriga, sorprendiéndole.
Edward entendió de cierta forma que ella se estaba castigando por lo que había pasado, la amargura en sus palabras y el reflejo de esta en sus ojos mostraba ello, y eso le preocupaba. Sabía que su enfermedad, de ser bien cuidada, no tendría que traerle complicaciones ni durante ni después del embarazo, eso si los cuidados eran adecuados. Él podría apostar que sus padres estaban sobre ella, vigilando su alimentación y la ingesta correcta de sus medicamentos, ¿pero y si no? ¿Si ella, silenciosamente se estaba descuidando? Edward frunció su entrecejo y en silencio rogó porque su teoría no fuese verdad.
Más tarde y avanzada la noche, Alice fue llevada a su dormitorio por Charlie después de compartir con ellos durante la cena, aunque su dieta era más estricta, dejando de lado el poder disfrutar de las famosas hamburguesas de Charlie. Edward, quien comenzó a sentir una inquietud creciente por la hermana de Bella, y por la deteriorada relación de ambas, no dejaba de darle vueltas al asunto en su cabeza.
Debía hablarlo con Bella. Quizás no directamente, pero persuadirla a acercarse a su hermana y tratar de mejorar las cosas, aunque él sabía que ella lo estaba intentando y que no era algo que haría de un día para otro.
—Oye, dónde andas…—dijo Bella a Edward cuando lo vio perdido en sus pensamientos. Él giró la cabeza hacia ella y sólo sonrió, acariciando su mejilla tiernamente.
/E.P/
—Vino, Edward; un par de tus muy buenas botellas de vino vendría bien para el almuerzo— solicitó Garrett aquella mañana cuando llamó a Edward por teléfono para ver qué era bueno llevar, antes que saliera rumbo a casa de Lauren a por su hija, y luego por Bella.
—Cuenta con ello. Estaremos ahí a eso del mediodía, y recuerda que llevaré a Grace, para que prepares a tus diablos —dijo Edward, refiriéndose a sus dos hijos, uno de la edad de su Grace.
—Mis angelitos esperan a su amiga Grace —informó Garrett, despidiéndose luego y cortando la llamada. Revisó luego en su celular y vio una llamada perdida de su madre y un número desconocido. Sin ánimo de pelear con su madre, decide no devolver su llamada de momento. Se abrigó para palear el frio día y salió de su apartamento.
Después de ir por sus dos mujeres, se fueron hasta casa de los Emerson, donde pasaron un muy buen rato. Él estaba agradecido que sus amigos hubiesen recibido tan bien a Bella, quien se desenvolvía con naturalidad, viéndose relajada y hermosa como siempre.
Antes de oscurecer, fueron de regreso a su casa de Bella, a esperar a que Whitlock fuera a dejar a Beth a la hora acordada. Mientras Grace hablaba en la cocina sobre cómo nacían los pollitos de los huevos con Charlie, Bella y él, se quedaron en el salón haciéndose mimos discretos y hablando.
—Tú dices que Victoria está loca —comentó ella, jugueteando con los dedos de Edward, entrelazados con los de ella— y no has reparado en Tatianne, que es encantadora pero está bien loca también.
Edward se carcajeó y asintió con la cabeza —No lo niego, esa mujer sí está loca.
—¡Y sus hijos, son tan hermosos! ¡Apuesto que uno de ellos terminará siendo el novio de Grace!
—¡Por supuesto que no!- exclamó Edward.
Bella negó con la cabeza, divertida por la reacción del celoso padre y dio un beso en su mejilla, descansando luego su cabeza sobre el hombro del abogado, quien giró su rostro, dejando besos sobre la cabeza de ella. Pensó que quizás ese momento era bueno para persuadir a Bella sobre su hermana, pues la idea que se alojó la noche anterior en su cabeza sobre Alice no lo dejó tranquilo.
Ellos antes ya habían tocado el tema y Edward se prometió a sí mismo no presionar con ello, pero algo en él dijo que debía insistir o persuadirla al menos.
—Hermosa —dijo entre besos sobre su cabeza. No estaba seguro de cómo continuar hablando, pero tenía que hacerlo. Bella levantó su cabeza y lo miró, esperando a lo que él tenía que decir— Anoche… anoche estuve hablando un momento con tu hermana… —Vio en el rostro de Bella tornarse del sosiego a la tensión, pero aun así continuó— Hermosa, creo que debes plantearte la idea de arreglar las cosas con ella.
—Edward, por favor —dijo Bella como en un lamento, echándose hacia atrás y apartándose de él — Te dije que lo intentaría…
—¿Cuándo, Bella? —Preguntó él, reteniendo sus manos, las que ahora sentía tensas— Bella, ya ha pasado tiempo suficiente. Tu vida está tomando un rumbo nuevo en todos los sentidos, no dejes que la relación con tu hermana se siga rompiendo…
—Pensé que a ti te sería más fácil ponerte en mi lugar, Edward —dijo, quitando sus manos de las de su novio— ¡Dios! ¿Crees que no lo intento? ¿Crees que soy de piedra? —exclamó con frustración y con el llanto quemándole la garganta y los ojos.
Antes que se apartara aún más, Edward alcanzó el rostro de Bella con ambas manos y la obligó a mirarle a los ojos —¡No es lo que quiero decir, y lo sabes! —Exclamó enérgicamente y agregó con más suavidad, acariciando con sus pulgares la tersa piel de su rostro— ¿A qué le tienes miedo, eh?
Las lágrimas desbordaron los ojos de Bella a la vez que su barbilla temblaba ligeramente. Edward no esperó más y la atrajo de regreso hacia su cuerpo, apretándola por la cintura, rozando su nariz con la de ella —Dios, Bella, eres la mujer más valiente que he conocido. Has enfrentado cosas duras y aquí estas, saliendo adelante con tu hija. Date una oportunidad con ella, porque estoy segura que muy dentro de ti la confianza ciega que tenías en ella está latente. Ella te necesita Bella, ahora más que nunca. Si debes gritarle y enrostrarle lo que hizo, hazlo hermosa, sácalo fuera, pero no lo retengas adentro, porque te hace daño a ti.
Bella mordió su labio y se abrazó a Edward por su cuello con fuerza —Tengo tanto miedo… no quiero que algo así vuelva a pasarme…
—No pasará, hermosa —susurró él, consolándola.
—¿Bella está llorando? —la repentina pregunta de Grace que entró a la sala de improviso, hizo que la pareja se apartara. Edward miró a su hija sonriéndole, mientras Bella secaba sus lágrimas— ¿Echas de menos a Beth, Bella? —insistió la niña, acercándose a ellos con cautela.
—No, cariño —le sonrió Edward, acariciando el cabello de su hija— No pasa nada…
—Beth llegará pronto, eso dijo Don Charlie, así que no estés triste —se animó a decirle Grace. Bella en respuesta torció su boca y extendió sus brazos hacia la niña.
—Ven, dame un abrazo —pidió Bella simplemente, atrapando a la niña en sus brazos, que asintió a su petición.
Edward sonrió y en su interior se sintió satisfecho, no sólo por el consuelo que su hija estaba prestando a Bella en ese momento, sino porque sabía que ella haría lo correcto con respecto a su hermana Alice.
/E.P/
La familia Cullen estaba reunida en pleno, aquel domingo, celebrando el aniversario de matrimonio de Esme y Carlisle. Edward había llegado allí después de haber llamado a Bella y confirmar que ella buscaría el momento de hablar con Alice, además, quería pasar tiempo con su hija y sus padres, así que, él respetó eso y le dijo que la llamaría a medio día y por la noche. No se atrevió a invitarla para que lo acompañara a casa de sus padres, pues quería evitar más enfrentamientos y malos ratos. Por otro lado, no le sorprendería que su madre invitase a su nueva amiga Giuliana, así que mucho menos quería encuentros desagradables, aunque la última vez a Giuliana le quedó bien en claro que no era bienvenida, al menos Bella y él se lo dejaron muy claro. Edward sonrió al recordarlo.
Cuando llegó a la casa, fue recibido como siempre por su padre, mientras Esme le daba un menos que tibio recibimiento. Él no quiso hacer comentarios al respecto, sólo lo dejó estar. Dejó que Grace entregara el regalo que había hecho para sus abuelos, mientras él se acercaba a Rosalie y a Emmett, quien jugaba con sus dos hijas, Susan y Sarah.
—¿Va todo bien? —preguntó Emmett, mientras Edward reclamaba a una de las pequeñas niñas para cargarla.
—Todo bien —respondió Edward, mientras la pequeña Sarah en sus brazos balbuceaba algo a su tío, causándole mucha gracia. Emmett asintió de regreso y luego miró a su hija en brazos de Edward, y le dijo— ¡Jálale las greñas a tu tío Edward, hija!
La niña se carcajeó como entendiendo lo que su padre le había dicho y enseguida buscó el cabello de su tío Edward con sus manitos para agarrarlo y tirarlo. Edward no pudo sino sonreír.
Compartieron un buen momento en general, como cuando toda la algarabía se centraba en las tres nietas del matrimonio Cullen, quienes bailaban para sus abuelos al ritmo de una contagiosa música. Cuando acabaron, todas corrieron hasta su abuelo Carlisle, lanzándoseles encima. Edward miraba su entorno familiar y deseaba poder llegar a viejo con la mujer que amaba y disfrutar de las locuras de sus nietas, como en ese momento lo hacían sus padres. Además, celebrar tantos años de firme matrimonio era una cuestión que él quería llegar a vivir. Muchos, muchos años.
—Entonces Grace, ¿ya sabes que pedirás a Santa esta navidad? —preguntó Emmett a su sobrina, cuando todos estaba sentados a la mesa, después de disfrutar del banquete que Esme preparó para la ocasión.
Grace torció su boca, pensativa, mientras con su dedo índice rascaba su barbilla —No estoy segura… quizás una bicicleta más grande… o unos patines…
—¿Te has portado bien? —preguntó el abuelo Carlisle, entornando los ojos a su nieta. Ella de inmediato asintió con la cabeza.
—Sí abuelito, muy bien.
—¿Y sabes usar los patines? —preguntó Rosalie, limpiando la boca de una de sus hijas.
—No, pero Don Charlie me dijo que podría enseñarme —respondió, saboreando su flan de chocolate. Edward miró a su hija y sonrió. Sonrisa que duró hasta que Esme, toscamente preguntó:
—¿Y quién es ese Charlie?
—Él es el papá de Bella, ¿verdad, papá? —respondió la niña, mirando a su padre. Edward acercó su mano hasta la cabeza de su hija y respondió con naturalidad.
—Sí, cariño.
—¡¿Cómo es posible que lleves a la niña a la casa de esa mujer, Edward?!
La tensión en la mesa se posó rápidamente, después que Esme increpara a su hijo. Grace lanzó un respingo y automáticamente se bajó de su silla, haciéndose hasta su padre para que él la tomara en sus brazos.
—Mamá, por favor —pidió Edward a su madre, tensando su mandíbula, mientras sentaba a su hija en sus brazos.
—Don Charlie no es malo… es muy bueno —salió la pequeña en defensa del padre de Bella.
—Grace, ¿por qué no vamos con tus primas a ver los dibujos animados? ¿Acabaste tu postre, cariño? —preguntó Rosalie, levantándose rápidamente para salvar la situación. La niña miró a su padre, quien asintió, saliendo del comedor en compañía de su tía Rose y sus primitas. Cuando estuvieron fuera, Edward estalló:
—¡¿Qué pretendes, mamá?!
—¡Un hombre extraño está relacionándose con mi nieta! Una cosa es que tú tengas algo con esa mujer, y otra muy diferente es que lleves a la niña a esa casa…
—¡Tu actitud está comenzando a sobrepasarse, mamá!
—¡No estoy de acuerdo que salgas con esa mujer! ¿Cuándo vas a darte cuenta que ella no es para ti?
—¿Qué ella no es para mí? —Repitió Edward con incredulidad— ¡Te das cuenta de lo que estás diciendo!
—¡Basta! ¡Los dos! —exclamó el patriarca a su mujer y a su hijo.
—¿No me dirás, Carlisle, que estás de acuerdo con esta locura de tu hijo?
—¡Mamá, por favor! Edward no tiene quince años como para esperar el consentimiento de ustedes para tener una relación…
—¡Tú también, Emmett! —regañó Esme al mayor de sus hijos.
Edward, con su cabeza sobre sus manos, haciendo ejercicios de respiración, rogaba en silencio para no perder la compostura con su madre, que estaba a punto de sacarlo de quicio.
—Esme, cariño, creo que ya es suficiente. Edward es adulto, y sabe lo que hace, además ella se ve una buena mujer…
—¡Eso tú no lo sabes, Carlisle!
—Ni tu tampoco, mamá, si no te has dado la oportunidad de conocerla —apoyó Emmett la opinión de su padre— Ella es la pareja de Edward, y debes aceptarla como tal…
—¡Ella nunca será bienvenida en esta casa! —dictaminó Esme, golpeando la mesa con la palma de su mano extendida.
—Si ella no es bien recibida en esta casa, ni yo ni mi hija lo seremos tampoco —dijo Edward, más dolido que enojado por lo expresado por su madre, levantándose de la mesa con los hombros encorvados, y sin decir más, fue hasta la sala, se despidió de Rosalie y sus sobrinas, tomó a su hija, la abrigó y la sacó de la casa en extremo mutismo. La niña, como entendiendo el mal ánimo de su padre, no preguntó nada, solo lo abrazó por los hombros con fuerza mientras este la llevaba en brazos al coche.
Nunca Edward se sintió tan fuera de lugar en esa, su propia casa. Jamás pensó que su madre pudiese tener tal animadversión por Bella sin siquiera conocerla. Nunca pensó que Esme no estuviera feliz con su felicidad, y eso le dolía. ¿Cómo era posible que los padres de Bella lo hayan recibido tan bien, mientras sus padres no tenían la misma consideración para con ella?
No era justo. Pero Bella había defendido fieramente su relación con él, por lo tanto, él haría lo mismo, no por corresponder a su actuar, sino porque creía en eso, porque la quería y estaba dispuesto a seguir adelante con ella, sea quien sea se interpusiera.
—¿Vamos al cine, papi? —preguntó la niña desde el asiento trasero del coche. Edward la miró por el espejo retrovisor, sonriéndole.
—Claro hermosa, vamos al cine a ver una buena película —respondió, dirigiéndose hasta la sala de cine a disfrutar de lo que quedaba de día con su hija, intentando olvidar el amargo momento que dejaba atrás en casa de sus padres.
