Ya estoy en nuestra cita de los jueves, niñas. Como siempre, mi eterno agradecimiento por pasar por aquí y leer mi locura.
Gaby Madriz es la beta de esta locura, a quien agradezco con todo mi corazón como siempre por apañarme con esta locura. (¡Te adoro mi Gaby!)
Ahora a leer. Espero que les guste este capítulo. Espero sus pareceres.
¡Besos a todas!
=)
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
23. Espantamales.
"Dar es dar, lo que recibes también es libertad…
~En Paralelo~
Aquel domingo de noviembre, previo a la cena de Acción de Gracias, Bella sostiene la bandeja del desayuno sobre sus manos y suelta un fuerte suspiro justo antes de abrir la puerta de la recamara de su hermana Alice.
Se lo había propuesto la noche anterior, no lo del desayuno en su cuarto, sino la charla que ambas debían de tener, después de recibir consejos de Victoria, Edward y sus padres, para comenzar el proceso de curación, perdón y olvido.
Habló con sus padres y les dijo que necesitaba privacidad para hablar con ella tranquilamente. Ellos, esperanzados, asintieron y dijeron que se preocuparían de atender a Mary mientras ellas estaban hablando. Además, le habló esa mañana a Edward y le contó lo que haría, asimismo aprovecharía la tarde con su hija y sus padres, por lo que sólo acordaron que se hablarían a medio día y por la tarde.
Finalmente, y después de encomendarse a Dios y a todos sus Santos, carraspeó, tocó dos veces la puerta, suspiró y abrió, adentrándose al cuarto de su hermana; quien estaba tapada hasta el cuello y como siempre con su vista fija en la ventana. Cuando desvió sus opacos ojos hacia la puerta, Bella pudo distinguir un atisbo de sorpresa en ellos, incorporándose enseguida sobre la cama, sin dejar de mirarla.
—¿Mamá te envió?
—Sí… no, no precisamente —dijo, acercándose hasta la cama, y dejando la bandeja entre el espacio que había entre ambas. Alice dejó el rostro de Bella unos momentos para mirar la bandeja y se dio cuenta que allí no había desayuno para una persona, sino para dos —Mamá hizo tu desayuno, pues hay que tener cuidado con el tema de la glicemia y todo eso.
—¿Vas… vas a desayunar conmigo? —preguntó Alice en un susurro, mirando hacia la bandeja y hacia su hermana, alternadamente.
—Sí, lo haré.
Se quedaron en silencio, mientras Alice agarraba la taza de leche entre sus manos, soplaba y bebía con cortos sorbos. Bella tomaba una tostada y agregaba mermelada de guinda cuidadosamente, mientras pensaba en lo nerviosa que estaba, y el por qué de eso. Sabía que para purgar el dolor de la traición debía saber exactamente qué sucedió.
Y no quería seguir esperando más, debía comenzar de una vez, antes que los nervios la inmovilizaran. Y como su Alice leyese la mente de su hermana, comenzó a hablar, con su taza de leche aun en las manos, desviando su vista hacia la ventana. Otra vez.
—Supe que algo en mis sentimientos por Jasper iban más allá de un cariño fraterno, cuando se mudaron a Estocolmo —comenzó Alice, sorprendiendo a Bella, que guardó silencio para oír a su hermana— Cuando los extrañaba más de lo normal, sobre todo a él. Veía sus fotos y suspiraba con añoranza, incluso tenia sueños románticos con él. Pensé que se me pasaría, ya sabes, pero no pasó. Y tuve miedo… miedo porque sabía que desde ese momento yo comencé a traicionarte. Y me odié por eso.
"Nunca se me pasó por la mente interferir en tu matrimonio, pues esto era algo mío, que me atañía sólo a mí, y que por lo mismo yo debía resolver. Jasper siempre se mostraba como un hermano cariñoso y nunca se sobrepasó conmigo, pero ese cariño se torció el día que conocí a Michael"
—Lo recuerdo… dijo que eran celos de hermano… y yo le creí, que ingenua soy —comentó Bella, negando con la cabeza, bebiendo luego de su taza de café. Alice la miró y continuó con su relato, ahora mirándola directamente a la cara.
—Él, después de esa cena de navidad cuando conocí a Michael, comenzó a increparme, me miraba con celo y posesividad. Un día me acorraló en un cuarto y me dijo que no me quedara con Michael. Lo increpé y le recordé que tú y él acababan de tener un bebé, le recordé que estaba casado contigo, y me dijo que era un hombre capaz de amarnos… de amarnos a las dos. Ese fue el día que me encontraste llorando en el parque, cerca de tu casa.
—En otras palabras, te ofreció ser su amante… asqueroso —susurró Bella, como en trance. Una vez más se daba cuenta que las señales pasaban claras frente a su nariz, pero ella las obviaba. Qué tonta se sentía…
—Tuve una lucha interna muy potente, Bella, sobre lo que era correcto hacer y sobre lo que deseaba hacer. Finamente me incliné por la primera, y vi en Michael mi tabla de salvación...
—¿Lo amaste, Alice?¿Amaste a Michael o sólo fue tu tabla de salvación como le dices? —preguntó Bella con un poco más de hosquedad de la que fue consiente. Pero no se retractó, y esperó a que su hermana le contestara.
—Sí, Bella. Y lo amo todavía…
—Entonces… sigo sin entender. Porque si regresaste acá enamorada de Michael, por qué lo engañaste… ¡Por qué nos engañaste!
Alice tragó y bajó su vista con vergüenza, dejando su taza de leche medio vacía sobre la bandeja —No fui consciente de nada cuando estuve en sus brazos, Bella, fue como si los sueños que tuve alguna vez con él, se hicieran tangibles. Sueños que escondí, que traté de olvidar…
—No lo amabas suficiente entonces. Nadie engaña a quien ama, Alice.
—Lo sé, estoy consciente de eso. Quizás por eso me niego a decirle sobre mi embarazo, decirle que "probablemente" sea él el padre. No es justo para él…
—Eso no lo sabes.
Alice hizo caso omiso al comentario de su hermana —Él insistía en comunicarse conmigo por teléfono o correo electrónico, los que ignoré ciertamente. Pensé que mis sentimientos por Jasper se habían desvanecido por completo, porque estaba segura de mi amor por Michael, eso me hacía fuerte, pero fue una mala idea venir sola, pues él era como mi escudo. Me sentí débil sin él a mi lado… aunque resistí creo estoicamente… hasta que ocurrió lo de tu cumpleaños, eso creo que lo sabes.
—¿Te obligó Jasper a tener sexo con él, Alice?
Alice negó lentamente —No, Bella. Sería fácil decir eso, culparlo, pero no. Llegué a tu casa engañada, pensando que tú estarías esperándome. Cuando me di cuenta, era tarde. Caí como una tonta, tendría que haberte llamado para confirmar… pero me vi cegada y me dejé llevar. Y ese fue mi peor error. Siempre me resistí a ceder con él, oculté mis deseos, pero ese día bajé mis muros y, bueno… ya sabes el resto.
—Sé que no me dijiste nada porque yo no te creería. Ponía mis manos al fuego por mi esposo, por eso no creí cuando mamá me lo insinuó, pero aún así, debiste ser tú la que me lo dijera con claridad, aunque yo no te creyera —le recriminó, tensando su mandíbula y apuñando el cubrecama, mirando a su hermana con dolor.
—¿Sirvió de algo que mamá te lo dijera? No le hablaste por semanas, Bella…
—¡Eso no significaba que la duda no se hubiese sembrado en mí, Alice! —exclamó fuertemente, levantándose de la cama— Quizás, si tú también me lo hubieses dicho, si esto me lo hubieses dicho en ese momento, no estaríamos pasando por esto, nos hubiéramos ahorrado mucho pesar, Alice —recriminó a su hermana, sin poder evitarlo.
Alice frunció su entrecejo y bajó la cabeza con vergüenza —Lo siento —susurró.
Bella cerró los párpados con fuerza y sacudió la cabeza —Vale, siento haberte hablado así…
—No importa, lo merezco.
Bella suspiró y volvió a caminar hasta la cama de su hermana, sentándose junto a ella —Alice, ¿de verdad no tienes seguridad de quien es el padre de tu bebé?
—No, no lo sé. Antes de venir, estuve enferma, creo que Michael y yo nos intoxicamos con mariscos o algo así. Vomité varias veces, probablemente vomité la pastilla, pero no presté atención. Es una excusa estúpida, lo sé, pero sabes lo mala que soy para tomar pastillas y medicinas —dijo.
—Lo sé, lo recuerdo —respondió Bella simplemente, mientras por su cabeza pasaban un montón de imágenes.
—Sé que esto va a sonar estúpido, pero por una parte me alegro que hay pasado. Que vieras cómo en realidad es Jasper, era la única manera de que abrieras los ojos.
—Cruel forma de darme cuenta —dijo Bella con malestar, pasando los dedos sobre su frente.
—Pero fuiste recompensada. Edward aparecería en tu vida tarde o temprano y…
Bella la interrumpió de inmediato y le aclaró ese punto —Si Edward hubiese aparecido en mi vida estando yo casada, y me hubiese dado cuenta que él era el hombre a quien quería en verdad, hubiese sido sincera con Jasper, y no lo hubiese engañado.
—Lo sé, pero dicen que las cosas pasan por algo, ¿no?
—Tú y yo nos podríamos haber ahorrado tanto sufrimiento, Alice —meditó Bella en voz alta— Las cosas podrían haber sido de otra manera, quizás hubiesen sido dolorosas, pero entre tú y yo no se hubiera roto nada… el dolor hubiese sido más pasable, pero saber que me traicionaste, no confiaste en mi —Bella cerró los ojos con dolor, sujetando así sus lágrimas.
Alice sin embargo las dejó correr por su rostro. Ella era la responsable en gran parte del dolor de su hermana, y eso era un dolor que le martillaba el alma, y dejaría de sentirlo cuando ella le dijera que le perdonaba y a su vez pudiera verlo en sus ojos. Cuando eso pasara, ella podría estar en paz consigo misma.
Alice se atrevió a extender sus manos y tomar las de Bella, que hasta ese momento tenía sus parpados cerrados, abriéndolos repentinamente ante el toque de su hermana. La miró, y vio la tristeza en sus ojos.
—Nunca, nunca quise hacerte daño. Daría todo por volver atrás y hacer las cosas de otra manera, como las tendría que haber hecho… pero no puedo. Desearía tener la valentía que tú tienes, para haber enfrentado la realidad, pero no lo hice, no soy tan valiente como tú, y desearía serlo… te suplico me perdones, Bella. Perdóname, por favor, te lo suplico… —su voz se quebró definitivamente, e inclinándose, llevó sus labios hasta las manos de su hermana en un acto de humildad, y allí lloró.
Bella mordió su labio y soltó una de sus manos del agarre de su hermana, llevándola tentativamente y temblando hasta la cabellera negra de ella, acariciándola con sutileza, mientras sus lágrimas no podían seguir reteniéndose en sus ojos, percatándose de hombros de Alice se sacudían por los sollozos que salían de su cuerpo.
—Está bien, nena —dijo suavemente, llamando a su hermana como antes siempre solía hacerlo— Superaremos esto —agregó, sintiendo como en su pecho una especie de tranquilidad se cernía después de haber dicho aquello.
Alice alzó su rostro y sin esperar más, se acercó a Bella y la abrazó con fuerza, como hace tiempo no lo hacía, y como hace tiempo deseaba hacerlo.
Ambas hermanas lloraron abrazadas durante un buen rato, sellando esa conversación y el perdón que una declaraba sobre la otra. Después de eso, Bella tomó el rostro pálido de su hermana y con sus dedos limpió sus lágrimas y le sonrió.
—Ahora, nos preocuparemos de tu salud y de preparar la llegada de este pequeñito —Bella llevó una mano hasta el vientre de Alice— Y hablarás con Michael, serás sincera con él, ¿está bien?
—Lo intentaré… —susurró Alice.
Bella asintió y se sintió en paz consigo misma por haber hablado al fin con su hermana, pues sentía que lo había hecho en el momento adecuado, sin haber forzado su perdón hacia ella.
Ahora, intuía que las cosas tomarían un rumbo ascendente con respecto a la relación con su hermana, aunque no dejaba de preocuparle su salud. Pero confiaba en Dios que eso también mejorara, que su hermana comenzara a tomar conciencia de que ya no debía velar por ella misma, sino que por el niño que venía en camino. Sabía que había estado ajena a su embarazo, que todo lo que rodeó su concepción y su estado de ánimo no contribuían a ilusionarse con la maternidad como era normal en una mujer, pero ahora debía ser diferente, y ella velaría porque así fuera.
/E.P/
Salió de su recamara y estuvo toda la tarde jugando con Beth —¡Está muy animada! —comentó Bella muy contenta a Edward, mientras hablaban por teléfono al finalizar el día. Le contó que se habían sentado a la mesa a la hora de almuerzo y habían compartido como hace tiempo no lo hacían. Charlie había recordado viejas anécdotas de cuando eran pequeñas y habían se reído de ello. Además, comenzaron a delinear nombres para el futuro miembro de la familia y Renée planeó con Alice una salida al día siguiente para comenzar a comprar las cosas del bebé.
—Es perfecto, Bella, me alegro mucho por ustedes —comentó Edward, intentando sonar feliz por ella, pero Bella intuyó que esa felicidad que sabía sentía por ella, estaba opacada por algo.
—¿Estuvo bien tu día con Grace? —preguntó tratando de sonar de despreocupada, escondiendo su inquietud.
— Sí, hermosa. Almorzamos en casa de mis padres y luego fuimos al cine —comentó sin mucho ánimo. La preocupación de Bella se disparó exponencialmente.
—¿Qué sucedió, Edward? Dime, por favor…
—No te preocupes por mí, estoy bien. Hace un rato la fui a dejar a casa de Lauren y ahora estoy en mi departamento. Estoy cansado, eso es todo.
Bella torció su boca y soltó un bufido. Se molestó un poco de saber que Edward no quería decirle lo que le pasaba, sabiendo ella que algo iba mal.
—Bien, te dejo entonces para que descanses —dijo en tono un poco cortante— Hablamos mañana.
—¡Ey! —exclamó Edward al otro lado de la línea— ¿Por qué te molestas?
—¡¿Qué por qué me molesto?! ¡Sé que algo va mal contigo, y no me quieres decir! Así que como no quieres hablar, mejor te dejo…
—No quiero preocuparte, Bella. Simplemente es eso —admitió con voz cansada— Has tenido un día maravilloso con tu familia, no quiero arruinártelo con mis problemas.
—¡Dios, Edward, me dejas más preocupada! —le exclamó con impaciencia. Escuchó a Edward soltar aire y supo que estaba fumando, por lo que le regañó— Y estás fumando ¡No fumes, Edward, le hace mal a tu salud!
Él soltó una risita —Vale, vale, este será mi último cigarro…
—Mentiroso —rebatió ella con humor, aliviada que al menos el tono de su voz era más animada —Dime Edward.
—Lo de siempre, cariño. Mi madre y sus comentarios — comentó, y fue suficiente para ella, ahora entendía por qué él no quería contarle nada, porque por supuesto, la señora Esme Cullen hizo algún comentario sobre ella, que había molestado a Edward.
—Lo siento, Edward… —susurró, contrita.
—No Bella, no te sientas culpable. No estamos haciendo nada malo, lo sabes. Mi madre es la que debe pedir disculpas por su actitud, no tú, ni yo. Pero no me voy a dejar amedrentar por ella, no estoy para eso.
—Desearía que las cosas con ella fueran diferente…
—Y yo, hermosa. Pero espero que el tiempo la haga rectificar. No puedo evitar sentirme mal por su actitud, porque más que hacerme enojar, me duele.
—Te entiendo —respondió ella a sus dichos. Suspiró y decidió cambiar el tema— Uhm, sabes qué estuvimos planeando la cena de Acción de Gracias, y pues… si tu quisieras venir… si es que no tienes planes con tu familia…
—¿Me estás invitando, hermosa?
—Claro que sí. Tú y Grace están invitados.
—No estoy seguro si Grace pueda ir, pero yo acepto tu invitación.
—¡Perfecto! Ah, y mañana quisiera que me acompañaras, quiero comprarle un regalo a mi futuro sobrino, ¿te parece?
—Seguro. ¿Hasta qué hora estarás en la escuela?
—Hasta las cinco. Tenemos un almuerzo por el cumpleaños de Jacob y luego debo terminar unas cosas —dijo, y después que ella le contara eso, hubo un silencio un poco extendido —¿Edward?
—¿Tu amigo Jacob, Bella? —preguntó con ironía. Y otra vez, en una misma conversación, Bella se exasperó:
—¡¿Por qué usas ese tono, Edward?! ¡¿Acaso no puedo tener amigos?! Porque te recuerdo que tú sí tienes amigas, muy guapas por demás, ¡y yo no te digo nada!
—¡Mis amigas no quieren meter su lengua dentro de mi boca!
—¡Edward! ¿Qué dices?... ¿Sabes qué? Mejor te dejo que descanses, estás francamente insoportable. Hablamos mañana —dijo, y antes que él pudiera protestar, colgó.
Dejó su móvil sobre la cama frente a ella y lo miró, mordiendo el interior de su mejilla con fuerza. Contó hasta cinco y el teléfono comenzó a sonar, indicando en la pantalla que el abogado Cullen estaba tratando de comunicarse con ella. Siguió mordiendo su mejilla interna, mientras palmeaba su mano sobre sus rodillas flexionadas. El móvil dejó de sonar por dos segundos, y volvió a replicar, esta vez con más insistencia.
No aguantó más, y respondió: —¡¿Qué?!
—¿Me colgaste el teléfono, Bella? —preguntó con voz oscura y ronca, provocando escalofríos en el cuerpo de Bella. Sabía lo que él estaba intentando, pero no cedió… por mucho que eso le costaba.
—¡Sí!
—Es usted muy osada, señora Swan. Tiene usted un carácter bastante salvaje…
—¡Eso ya lo sabes, así que no me provoques con tus tonterías! —contestó, tragándose las ganas de soltar una risa, no sabe bien por qué.
—¿Tonterías? ¡No son tonterías, sé lo que digo!
—¿Vas a seguir?
—De acuerdo, de acuerdo. Cálmate… ¡Pero diablos, Bella, no puedo evitar sentir celos de ese tipo!
Ella sonrió y dijo con suavidad —No tienes que sentir celos de él, yo sólo te quiero a ti…
—¿Cómo?
—Digo que no tienes que…
—No, no eso —la interrumpió él— lo último que dijiste, ¿por qué no debo sentir celos de él?
Ella cerró los ojos y lo repitió para él con todo su corazón —Porque sólo te quiero a ti.
—Dilo otra vez.
—Sólo te quiero a ti.
—También te quiero hermosa, sólo a ti, y no me importa si mi madre o cualquier otra persona le desagrade la idea. Eres ahora parte de mi vida, y tienes mi corazón por completo contigo —declaró, haciendo que Bella esbozara una gran sonrisa y suspirara sonoramente.
Era oficial: ella estaba totalmente enamorada del abogado Edward Cullen.
Así fue como el día siguiente, la pareja de tortolitos paseaba después de las seis de la tarde por el centro comercial, entrando y saliendo de tiendas para bebes y niños. De cada una salían con una bolsa de regalo, esto para el hijo de Alice, para Beth y para Grace. Caminaban entre la gente, ignorando al resto, felices y dentro de su propia burbuja. Bella sentía que el amor y la felicidad resplandecían en ella, y eso la hacía sentirse segura.
La gente pasaba por el lado de esta pareja, ignorándola… bueno, no toda la gente. Porque un par de ojos fisgones, que seguía los pasos del abogado y su pareja, no pudo evitar soltar una exclamación en italiano, cuando puso las piezas en su puzle mental.
¿A caso Edward estaba junto a esa mujercita porque… porque está embarazada? Porque, para ella, qué otra razón pudiese tener él para poner sus ojos en esa maestrita de quinta, más que un embarazo. Porque las pruebas eran obvias, ambos saliendo y entrando de tiendas para bebés… y claro, con Edward desolado por la muerte de Elizabeth, la llegada de un hijo que reemplazara la pérdida de su hija, seguro era lo que lo estaría cegando.
"¡¿Cómo no se me ocurrió primero?!" exclamó la italiana en su lengua natal, guiando enseguida sus pasos hacia la salida, rumbo a casa de su amiga Esme, para contarle las últimas novedades.
~En Paralelo~
La italiana no se demoró en llegar a casa de su nueva amiga Esme, no importándole la hora, ni dándose la molestia de llamar antes. Le pide al conductor del taxi que hace un tiempo contrató como su chofer, que la llevara hasta allí.
Cuando llegó, una mujer del servicio la hace entrar y le pide que espere en la sala principal, pero ella le dice que es amiga de la casa, y con propiedad se adentra en la casa hasta llegar al pequeño comedor diario, donde encuentra a Esme, quien está acompañada de su ex nuera, Lauren, quien mira con sorpresa a la italiana.
—Giuliana, no sabía que venías— dijo Esme, sorprendida también, pero aun así, levantándose y saludando de dos besos en el rostro a la invitada.
—Signora Lauren, mucho gusto volver a verla…—con la voz temblorosa saludó amablemente la italiana a Lauren, quien estrechó sus ojos a ella y frunció su entrecejo.
—No sabía que conocías a Esme, Giuliana —preguntó, sin siquiera saludarle.
—Sí, bueno, Esme ha sido muy amable…
—Es una mujer encantadora, Lauren —comentó Esme a la ex esposa de su hijo— Me ha contado lo mucho que adora a las niñas, y que se vino a trabajar justo aquí y decidió buscarlas para saludarlas.
—Oh, qué amable —dijo con ironía Lauren, cruzándose de brazos y taladrado con la mirada a la italiana, quien supo estaba metiéndole cosas en la cabeza a Esme. Ahora le calzaban muchas cosas, así que decidió mostrarle a Esme como realmente era esa mujer— La última vez que fuiste a mi despacho, ni siquiera preguntaste por ella. Las veces que has visitado a Edward, tampoco te has tomado el tiempo para preguntar.
—Yo… yo...—tartamudeó Giuliana, pero sin alcanzar a decir nada realmente, Esme le preguntó, confundida:
—¿Los has visitado, Giuliana? Me dijiste que no pudiste dar con ellos cuando llegaste aquí.
—Eso fue después…
—Aprovechando que estamos las tres aquí —dijo Lauren, poniéndose de pie y acercándose a las otras dos mujeres— aclararemos un par de asuntos. Esme, ¿quieres saber los reales motivos de mi divorcio con Edward? Pues aquí tienes un motivo —indicó Lauren a Giuliana, quien abrió sus ojos con desmesura por el terror de las palabras que salían de la boca de Lauren, sin filtro.
—No entiendo… —reconoció la madre de Edward.
—Ella y Edward fueron amantes por al menos dos años. Edward terminó su relación con ella cuando Lizzie murió, pero ella no lo ha querido entender así. ¿Crees que llegó aquí buscando trabajo? ¿Crees que vino hasta tu casa para preguntar por Grace? Pues no, ella llegó hasta Chicago detrás de Edward, ¿no es eso verdad, Giuliana?
Esme dio un paso atrás, y puso la mano sobre su pecho. Miró con sorpresa alternadamente a Lauren, que estaba muy tranquila, y a Giuliana, estupefacta y muda de la sorpresa y el terror de la verdad.
—¿Es eso cierto, Giuliana? —Preguntó, y sin esperar que respondiera, atacó— ¡Pensé que tu amor por mi nieta te estaba acercando aquí! Pensé que compartías mi desacuerdo con la relación de Edward, porque querías que Lauren y él se reconciliaran por el bien de mi nieta…
—¡Oh, Esme! Por supuesto que ella sabía que tú pensabas eso, pero nada más te vio como una aliada en sus planes de caza para con Edward. Grace era una buena coartado, ¿no, Giuliana? —inquirió Lauren.
—¡Él me dio esperanzas! —Exclamó agitada y desesperada— ¡Él me usó y me desechó como si yo fuera basura!
—Tú te prestaste para eso, Giuliana, y dudo mucho que él te haya dado esperanzas…
—¡Fuiste la amante de mi hijo! ¡Maldita, sal de mi casa, ahora! —gritó la dueña de casa, agarrando a la italiana de un brazo, prácticamente arrastrándola hasta la salida.
—¡Edward está con esa mujer, Bella, porque ella está embarazada de él, lo sé! —exclamó desesperada mientras iba siendo sacada. Pero cuando dijo eso, Esme detuvo su andar, pero apretó aún más el agarre por el brazo de la italiana.
—¿Qué has dicho? —susurró amenazante la señora Cullen.
—Eso no es cierto, Esme —se apresuró a decir Lauren con tranquilidad detrás de ella.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó, zarandeando Esme a Giuliana, exigiéndole explicaciones.
—Los vi… comprando en tiendas para bebé… —justificó débilmente Giuliana, tratando de convencer a Esme.
—¡Eres muy estúpida, Giuliana! —Exclamó Lauren— ¿Das por hecho que ella está embarazada, porque la viste comprando en una tienda de bebé? ¡Ese es un fundamento estúpido!
—¡Él debe estar cegado por el hecho que ella le va a dar un hijo! —Exclamó ahora la italiana, mirando a Esme, sosteniendo su teoría— ¡Por qué otra cosa estaría con ella!
—¡Porque la quiere, Giuliana, por qué otro motivo! —respondió con vehemencia Lauren, defendiendo la relación de Edward y Bella.
—¡Suficiente! —Exclamó Esme, con una mano sobre su pecho agitado, y con el otro aun agarrando el brazo de la italiana— Fuera de aquí, Giuliana, no eres más bienvenida en esta casa. Vete, vete… —dijo, empujándola hacia la salida. Se giró dándole la espalda y tapó sus ojos con la palma de su mano. Lauren se apresuró a acercarse a ella y ver si estaba bien, mientras a Giuliana no le quedaba de otra que salir de esa casa y trazar otras estrategias. Ahora todo sería más difícil para ella.
—Siento haberte dicho esto así, Esme, pero era necesario que lo supieras —dijo Lauren con suavidad, sobando la espalda de su ex suegra— Vamos adentro para que te tomes un té y te calmes. A Carlisle le preocupará verte así….
—¡Cómo… cómo es posible que Edward te haya hecho una cosa como esa, cómo es posible! —exclamó con pena, dejándose caer en su silla frente a la mesa, después que Lauren le pidió a la muchacha que preparara un té para Esme.
—Eso ya es pasado, Esme…
—¡Cómo es posible que te engañara a ti, que has sido tan buena!
Lauren tragó grueso, y se dijo que era el momento de hablarle a Esme sobre la realidad de las cosas, de cómo había pasado todo. Le diría todo, aunque omitiría involucrar a Emmett, aunque Esme se decepcionara de ella.
—Esme… debes oírme —pidió ella, tomando las manos de la mujer entre las suyas. Se dio una pausa y comenzó— Probablemente Edward haya buscado una amante… porque las circunstancias lo empujaron a ello…
—¡Por qué dices eso!
—Esme, las cosas entre Edward y yo no iban bien desde mucho antes que mi Lizzie se enfermara. No nos comunicábamos, éramos más amigos que marido y mujer. Yo siempre esquivaba a Edward… simplemente las cosas no iban bien, eso lo sabes. Además… Edward no fue el único que cometió errores en esta relación.
—¿Cómo así?
—Esme, yo le fui infiel a Edward hace mucho… quizás en el momento… quizás en el momento en que supe que en verdad no estaba enamorada de él.
Esme quedó estática ante la confesión de Lauren, quitando sus manos del agarre de Lauren, quien lamentó que Esme tuviera que enterarse de todo aquello, pero sería la única manera de abrirle los ojos. Así que haciéndose la fuerte, comenzó con su relato, mientras Esme la escuchaba con horror, no imaginándose lo que ella estaba relatando.
Ahí estuvieron hasta cerca de las nueve de la noche, cuando Carlisle llegó y vio a Esme levantarse y llegar hasta él para refugiarse en sus brazos. Lauren miró a Carlisle y alzó sus hombros a modo de disculpa.
/E.P/
Edward estaba en casa de Bella, comentando con Charlie sobre un partido de beisbol que él no pudo ver, cuando recibió cerca de las diez de la noche una llamada de Lauren, que sonaba muy preocupada y en la que le pedía que fuera hasta su casa, que debía hablar urgente con él. Se preocupó, pensando en que algo pudo haberle pasado a su hija, pero Lauren lo tranquilizó diciéndole que la niña estaba bien, aunque ella se había visto obligada a hablar con Esme.
—Tengo que irme —dijo, colgando su teléfono y disculpándose con Charlie, quien entendió sin problemas.
—¿Sucedió algo? —preguntó Bella, acercándose a él con preocupación cuando vio el rostro inquieto de Edward.
—Lauren necesita hablar conmigo —informó a Bella— Mañana te llamaré a la hora de comer, ¿si? —dijo él, despidiéndose luego de Renée, Charlie y Alice.
Llegó al cabo de media hora a casa de Lauren:
—¡Dios, Lauren, dime qué sucede! —exclamó Edward, sentándose en el sofá de la sala.
—Espero que no te enfades conmigo... pero debía hacerlo.
—¡Hacer qué Lauren, dime ya!
—Fui a ver a Esme, preocupada por lo que me contó Grace, de cómo vio a su abuelita de enojada. Le fui a explicar que todo estaba bien, y durante la conversación apareció Giuliana en la casa…
—¡Dios! —soltó Edward, suponiendo lo peor.
—Llegó diciéndole que Bella estaba embarazada de ti, que por eso estabas con ella…
Él miró a Lauren aturdido —¡¿Qué cosa?!
—Fue una estupidez, y Esme lo entendió, pero tuve que desenmascarar a Giuliana… ya sabes…
Edward revolvió su cabello y miró a Lauren —¿Le dijiste, verdad? ¿Sobre lo que pasó entre la italiana y yo?
—Sí, se lo dije… pero le conté todo, también sobre lo que yo hice antes…
—¡Por vida de Dios! —exclamó Edward, poniéndose de pie y paseándose por la sala para tranquilizarse— ¿Y qué pasó? ¿Qué dijo?
—Está decepcionada, Edward. Sobre todo de mi… —suspiró y frotó sus manos, mirando con culpa a Edward— Perdona si lo dije sin haberte consultado, pero ya era hora que supiera.
—¿Le dijiste todo… todo?
—No involucré a Emmett, ya ella tenía suficiente. Al menos sacó a Giuliana de las greñas de su casa y le dijo que no era más bienvenida allí… y probablemente yo no lo sea más tampoco —se lamentó Lauren, pues ella tenía un cariño inmenso por la madre de Edward. Le dolía recordar siquiera la mirada de desilusión que le dio cuando le pidió que por favor se fuera, porque necesitaba descansar.
—No digas eso —dijo él, acercándose hasta ella y sentándose a su lado. Puso una mano sobre su hombro y le habló, reconfortándola— tarde o temprano se iba a enterar. Yo mismo pensaba en decírselo. Y no te preocupes por la reacción que tuvo contigo, se le pasará, ya verás.
—Eso espero, Edward —respondió ella pensativamente— eso espero.
/E.P/
A la mañana siguiente, Edward llegó a su oficina, siendo enseguida visitado por su padre, quien entró a su despacho para hablar con él:
—Tu madre está como en shock, ¿sabes? —Dijo, sentándose frente a su hijo— Jamás pensó que Lauren le confesara… ya sabes, todo lo que le dijo.
—Me imagino. Ni Lauren ni yo nos justificamos, simplemente fue un error, sólo espero que ella entienda que quedó en el pasado, que ya hemos superado eso —dijo Edward con mucha calma.
Carlisle asintió despacio, rascándose la barbilla —¿Podrías ir y hablar con ella?
—Claro, lo haré a mediodía —indicó. Después de unos segundos, le preguntó —¿Y tú, cómo te sientes con todo esto?
—Qué te puedo decir, no soy tonto, Edward. Sabía que algo raro pasaba y en primera instancia lo atribuí a infidelidad. Pero presumirlo es muy diferente a confirmarlo. Me queda la tranquilidad que ambos han sido sinceros el uno con el otro, y se han sobrepuesto a esto, que están tranquilos y llevan una buena relación. Me tranquiliza sobre todo saber que la niña no sufrió, ya sabes, con discusiones ni nada de eso.
—Fuimos bastante maduros, papá. Y lo hicimos de buena manera por la memoria de Elizabeth y por el bienestar de Grace.
—Lo sé. Ahora sólo te pido que vayas y hables con tu madre, les hará bien a ambos.
—Iré, te lo prometo.
Y tal como le prometió a su padre, a medio día, después de hablar con Bella y contarle a grandes rasgos lo que había pasado, además de decirle que iría por ella a la escuela a las cinco, se fue rumbo a casa de su madre.
Cuando llegó y la vio sentada en un sofá de la sala de estar, tan desanimada e incluso triste, sintió el peso de lo sucedido, ni siquiera imaginándose que eso calaría tan hondo en ella, provocándole tal aflicción.
—Hola —le saludó él con precaución. Esme apenas desvió la mirada hacia su hijo, apenas asintiendo con la cabeza. Se notaba que doña Esme, poco había dormido, por las ojeras bajo sus ojos, además se veía cansada y desanimada. Él suspiró, sintiéndose un poco miserable porque se atribuía la responsabilidad de que su madre estuviera así. Así que se sentó en el sofá contiguo a ella y comenzó a hablar suavemente —Oye, lamento todo lo que ha pasado, yo no hubiese querido que te enteraras…
—Sé que de un tiempo a esta parte, te importa muy poco lo que opine yo sobre tu vida. Y antes que digas nada, quiero que sepas que lo que supe ayer, no cambia mi percepción acerca de tu relación con la maestra de Grace —indicó claramente, con la mirada fija en la ventana que daba hacia el jardín.
Él asintió, sin hacer comentario sobre eso —Sobre lo que pasó entre Lauren y yo… y Giuliana, sólo te pido que entiendas el contexto de todo, y que eso ya es pasado. Que todo está superado; Lauren y yo hablamos y está perdonado. Sobre Giuliana, jamás pensé que ella fuese a aparecer ahora e insistir con algo a lo que yo le puse fin.
Desvió su vista hacia su hijo y le increpó —¡Le diste esperanzas, Edward!
—¿Eso te dijo? —Preguntó incrédulo, estrechando sus ojos hacia su madre, aclarándole enseguida el tema ese— Pues no lo hice, y espero que me creas. Ella fue un apoyo importante para mí, le tomé cariño incluso, pero siempre supo que lo nuestro no pasaría de ser algo… pasajero. Nunca le prometí nada.
—¡Cómo pudiste, Edward! —Exclamó ella, ahogando su llanto— Cómo es que Lauren y tú vivieron una mentira durante tanto tiempo…
—Quizás nos acostumbramos simplemente a estar juntos, es todo —dijo, sin encontrar otra explicación— Y después que enfermó Lizzie, lo primordial fue ella.
—Aun así, esto simplemente no me lo esperaba, me han decepcionado…
—Madre, tú y papá sabían que las cosas entre Lauren y yo no andaban bien, por eso fue lo del divorcio, se los dijimos. Ella me ha perdonado, y yo la he perdonado a ella. No te daré más detalles sobre lo pasado, sólo espero que sepas comprenderlo y perdonarnos.
Esme soltó un largo y sonoro suspiro, relajando un poco sus hombros y secando el rastro de lágrimas que corrió por sus mejillas. A Edward le hubiese gustado tener ese gesto con ella, pero estaba a la defensiva con ella, seguro lo hubiese rechazado.
—Dime una cosa, Edward: Giuliana dijo ayer que la maestra de Grace estaba embarazada…
—Se llama Bella, mamá —rectificó él— y lo que dijo Giuliana es una locura. Ella no está embarazada. Si lo estuviera, yo mismo te lo diría…
—¿Así como me dijiste que habías engañado a tu esposa?
—Madre, por favor, son cosas totalmente diferentes. Sólo me gustaría entender el porqué de tu rechazo a que yo esté con ella, con Bella.
—Simplemente no confío en ella, además me parece muy apresurado que estés saliendo con ella.
Edward negó con la cabeza —Como quieras. Y así como tú no cambiarás tu parecer sobre mi relación con ella, yo no haré nada por apartarme de su lado, aunque tú no estés de acuerdo —dijo con decisión, a lo que Esme simplemente se alzó de hombros.
—Hay otra cosa que quiero pedirte, y es sobre Lauren. Ella está bastante mal, porque sabe que te has decepcionado de ella…
—Y no es para menos…—respondió, cruzándose de brazos y frunciendo su entrecejo.
—Sólo te pido que tengas consideración con ella. Lauren te quiere mucho y está realmente triste por lo que ha pasado. No la tomes contra ella, por favor.
—Sólo necesito un poco de espacio, meditar sobre algunas cosas —indicó la madre, volviendo a desviar su vista hacia la ventana. Edward torció su boca y se aventuró en preguntar:
—¿Quieres almorzar conmigo?
—No me apetece, para otra vez será.
Edward alzó sus cejas y no dijo nada más sobre eso. Se levantó y abrochó su abrigo —Bueno, me voy entonces. Llámame cuando quieras hablar… o algo…
Esme sólo asintió con la cabeza, oyendo el sonido de las pisadas de su hijo menor salir del pequeño comedor y alejarse por el pasillo.
"Dios, ayúdame a aclararme..." rogó en silencio, cerrando los ojos y buscando consuelo en sus plegarias. Porque el saber a ciencia cierta que el engaño, la infidelidad había sido el motivo del divorcio de su hijo, fue inevitablemente algo que la golpeó, porque siempre ella y Carlisle trataron de darles el mejor ejemplo a sus hijos.
A solas y por primera vez en mucho tiempo se cuestionó si en verdad había hecho bien las cosas con su hijo, si en verdad no estaba siendo muy intransigente con él, sobre lo que pasó con esa italiana en el pasado y ahora con la maestra, Bella.
Sólo el tiempo y su corazón se lo dirían.
