Abrazos de gratitud y afecto por vuestras lecturas y comentarios.
Mi infinito agradecimiento y mi amor a mi sexy beta Gaby Madriz y a Chris por su colaboración ;-)
A ver qué nos depara esta locura. Besos a todas!
=)
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
24. Giros.
"Parece que todo está igual, pero algo ha cambiado,
algo se queda en el aire y nos ha interpretado…"
~En Paralelo~
Bella despertó muy agitada aquella madrugada, después de un sueño —o pesadilla— que la dejó con una sensación inquietante en su interior. Se sentó en su cama y desvió su vista hacia la cuna, donde Mary Elizabeth dormía apaciblemente. Volvió a recostarse sobre la cama y mirando hacia el techo, recordó su pesadilla.
En esta, ella se veía un poco más joven que en la actualidad, meciendo a un bebé que no era su hija, pero que según la sensación que le dio, era un bebé al que ella quería mucho. De improviso unas manos fuertes arrebataron con pericia al bebé de sus brazos, y aunque ella intentó detenerlo, este siguió su camino desapareciendo de escena, dejándola desconsolada, llorando por la pérdida. No vio el rostro de la persona que se llevó al bebé, sólo se percató de la alta estatura y su fuerte aspecto, además de su vestimenta, que era totalmente de negra.
Un escalofrío la recorrió cuando lo recordó y un inusual deseo de llorar —no sabía bien por qué— la invadió en ese momento. Respiró profundamente para llamar a la calma y se repitió mentalmente una y otra vez que ese, sólo había sido un sueño, hasta que volvió a quedarse dormida.
Cuando se levantó más tarde esa mañana, agradeció que fuese su día libre, pues se sentía cansada después de la interrupción de la noche. No hizo comentario a su familia, pues sería sólo para preocuparlos por algo que según ella, no tenía importancia.
Desayunó con su madre y hermana, para luego arreglarse y salir rumbo al bufete de abogados para hablar con Garrett Emerson y consultarle sobre un documento que le había llegado sobre la pensión alimenticia, el cual no entendía mucho, además aprovechando que estaría allí, pasaría a saludar a Edward y le propondría almorzar juntos.
Entró al edificio y subió al ascensor junto a dos personas más. Cuando este se iba cerrando, una mano se interpuso en la puerta antes que cerrara, alcanzando a entrar en este. La persona que entró en último momento, no era más que el abogado Carlisle Cullen, quien a penas la vio, le dedicó una amable sonrisa, acercándosele y saludándola con amabilidad. Bella tragó grueso y respondió al saludo, aguantando en silencio y con nerviosismo el camino hacia su destino, mientras jugueteaba con los botones de su abrigo azul.
Cuando el abogado y ella salieron del ascensor, Bella sintió que este la seguía muy de cerca, hasta que finalmente lo sintió hablarle:
—¿Tiene un momento para hablar conmigo? No le quitaré mucho tiempo, se lo prometo —le dijo Carlisle. Ella tuvo ganas de decir que no y salir corriendo, pero en vez de eso, enderezó su espalda y asintió con su cabeza.
—Claro.
El abogado Carlisle Cullen la guió hasta su despacho, donde la hizo ingresar antes de saludar a sus secretarias y decirle a su asistente que aguardara a entrar hasta que él la llamara.
Una vez adentro y ubicados frente a frente en el escritorio del jurista, este comenzó —Verá, Bella… ¿puedo tutearla, verdad?
—Por supuesto.
—Bien. Bueno, no había tenido oportunidad de hablar con usted, por cómo se han dado las circunstancias, usted me entiende —explicó él, a lo que Bella asintió en silencio— Sólo quería que supiera que de mi parte no existe aversión por la relación que Edward y usted, sostienen. Muy por el contrario, me siento contento de saber que él pudo rehacer su vida, después de sufrir tanto. Tienen ustedes todo mi apoyo; sólo quería aclarar directamente con usted que no tengo nada en su contra, ni mucho menos…
—Lo entiendo, y no se preocupe, por favor, no tiene que darme explicaciones.
—Bueno, yo necesitaba dárselas. Y sobre mi esposa…
—Ella me dejó claramente expresado que no tiene la misma percepción que usted —explicó ella valientemente.
Carlisle torció su boca, asintiendo —Bella, le pido que la entienda. Y quisiera pedirle disculpas por la actitud de ella, pues no es así, sólo que ha pasado momentos difíciles. La muerte de su nieta no ha sido algo que haya superado aun, ni mucho menos yo, y por otro lado el divorcio de Edward y Lauren pues, no era algo que ella esperara y mantenía la esperanza de que las cosas se arreglarían entre ambos.
—Yo entiendo, Edward me lo ha explicado y me ha dicho lo mismo que usted, y lo entiendo, de verdad. Tengo la esperanza de que con el tiempo ella pueda comprender que esto no es un romance de dos jovencitos, Edward y yo somos adultos y estamos seguros de lo que sentimos el uno por el otro, por eso estamos juntos.
—Estoy segura de que es así. Él se ha visto tan diferente desde que está con usted, mi nieta la adora y habla siempre de su hija, ¿Beth no?, incluso de Charlie, quien es su padre, si no me equivoco.
Bella sonrió con ternura —Sí, ella es muy amorosa con mi hija, y en casa la queremos mucho.
—Te lo agradezco, Bella —sonrió el abuelo de Grace con ternura— Y sobre Esme… sólo dale tiempo. Ella es buena, más temprano que tarde reconocerá su error y ella misma se acercará a ti y te pedirá disculpas de ser necesario.
—No se preocupe, por favor. Está bien, yo entiendo…
Tres golpes sonaron en la puerta, y sin esperar respuesta, la cabeza de Edward se asomó—curioso— por esta.
—Tu asistente me dijo que tenías visita… —dijo finalmente entrando, y acercándose a Bella, a quien le dio un beso sobre su cabeza, tomando enseguida una de sus manos.
—Sí, ya que tú no tienes la amabilidad de traerla, tuve que interceptarla en el elevador y traerla hasta aquí —respondió Carlisle con un dejo de diversión. Edward rodó los ojos y Bella no pudo evitar soltar una carcajada.
—¿Y ha ido todo bien? —preguntó el joven abogado, mirando a su padre y a Bella alternadamente, ganándose enseguida un reproche de su padre.
—¿Y qué pensabas?
—Edward, tu padre ha sido muy amable conmino —dijo Bella, apretando una de las manos de Edward.
Carlisle alzó sus cejas en dirección a su hijo —¿Ya ves?
—Vale, bien… ¿Y ya han acabado? ¿Puedo llevarme a mi chica, papá?
—Sí, están en libertad, ella y yo ya hemos acabado —respondió Carlisle a su hijo, enseguida miró a Bella, con su siempre sonrisa amable— Espero nos volvamos a ver, Bella. Y por favor, no olvides lo que te he dicho.
—Pierda cuidado.
—Bien, si ya han terminado de hablar en clave, nos retiramos —dijo Edward, tirando suavemente de la mano de Bella para que se levantara.
Bella se despidió de Carlisle con una sensación de tranquilidad, y esperando que esa sensación pronto pudiese sentirla con respecto a la madre de Edward. Ella deseaba que las cosas entre la señora Esme y ella pudiesen mejorar, por el bienestar de todos. Pero entendía que debía darle tiempo y guardar distancia de ella por respeto. El tiempo finalmente haría que las cosas mejoraran, pensaba ella con ilusión.
Una vez afuera, Edward la llevó hasta el despacho de Garrett, quien le explicó sobre el proceso de pensión alimenticia que Jasper debía entregarle mensualmente y sobre el régimen de visita. Después de eso, y de saludar de paso a Tatianne y a James, acompañó a Edward hasta su despacho.
—Oye, no venía a quitarte el tiempo. Es temprano y seguro tienes mucho trabajo…
—No, para nada. Las cosas aquí están bien tranquilas, no hay mucho que hacer —explicó Edward, alzando el rostro de ella con sus dedos— Va algo mal contigo, dime qué es —dijo, y no como una pregunta. Bella recordó enseguida su pesadilla y bajó el rostro de la mirada de Edward, intentando esconder su preocupación— No te escondas de mi, Bella. Dime…
—No quiero preocuparte.
—Entonces no lo hagas, hermosa. Ven, dime qué pasa —pidió él, llevándola hasta el sofá que había en su despacho.
Bella allí le contó sobre su pesadilla y de lo inquieta que esta la había dejado. Reconoció que no estaba segura qué significaba, pensando que quizás tendría que llevar a su Beth a control con el doctor para un chequeo o algo así. Ella pensaba que el sueño aquel era una manera de advertirle sobre su hija, y eso la angustiaba profundamente.
—Si es necesario, buscaremos un buen pediatra, para que te sientas tranquila. Pero creo que sólo ha sido un mal sueño, no tienes por qué preocuparte.
—Eso espero, Edward —respondió ella con un suspiro, abrazándose a él y escondiendo su rostro en su cuello, deseando que las palabras de Edward fuesen verdad.
Después de almorzar con él y pasar un rato juntos y a solas en su apartamento, cuestión que ella necesitaba, más que por un deseo meramente sexual, se fue hasta su casa, encontrando a sus padres hablando bajito en la sala.
—¿Qué sucede? —preguntó ella a penas entrar.
—Tu hermana recibió visita —respondió Renée.
—¿Visita?
—Michael. Hace un rato que ambos están hablando —dijo ahora Charlie, tomando las manos de su esposa y suspirando fuertemente— Tengo esperanzas de que ese muchacho pueda entender y acercarse a mi Alice, y finalmente ella pueda estar bien. Ella y mi nieto…
—Tranquilo papá, Michael es sensato, por algo vino a hablar con ella —dijo Bella a su padre, poniendo una mano sobre su hombro. Él la miró y asintió con una sonrisa esperanzadora.
Minutos después, Alice bajó de su recamara en compañía de Michael. Se veía tranquila, pese a que en su rostro había rastros de lágrimas, al igual que Michael. Él la sujetaba desde la espalda cuando entraron en la sala, disculpándose enseguida, pues debía marcharse a resolver asuntos de trabajo que dejó pendientes. Se despidió amablemente de toda la familia, acompañado de Alice hasta la puerta, donde lo despidió con un beso en la mejilla, para luego regresar a la sala de estar con sus padres y su hermana.
—¡¿Y?!
—Está todo bien —asintió la menor de las hijas de Charlie, ubicándose en un sofá frente a ellos.
—¿Pero, qué le dijiste? ¿Le hablaste de tu embarazo?
—Sí… lo hice —respondió a su madre, bajando la cabeza— Lo sorprendió la noticia, no se lo esperaba…
—¡¿Pero responderá, supongo?! —Preguntó el padre— ¡Es su hijo!
—Y no tiene duda de eso… a pesar de lo que ocurrió… —susurró con algo de vergüenza. Bella se apartó del lado de sus padres y se sentó junto a su hermana, tomando sus manos, preguntando suavemente:
—Cuéntame nena, de qué hablaron...
Alice enderezó su espalda y miró a su hermana, recordando lo que había sido su charla con Michael:
La sorpresa de verlo allí entrando en su cuarto acompañado de su madre, hizo que su corazón comenzara a correr presuroso, por nervios quizás o simplemente como normalmente corría el corazón de una mujer cuando se encontraba cara a cara con el hombre que quería.
—¿Te has sentido bien? —Preguntó él sentándose junto a su cama, cuando Renée los dejó solos— Estás delgada, debes cuidarte.
—Sí, me estoy cuidando… es que los medicamentos para controlar la diabetes me tienen así…
—¿Diabetes? —Preguntó él arrugando su frente— ¿Desde cuándo sabes que tienes diabetes?
—Uhm… creo que el cuadro se complicó cuando… cuando fui a hacerme otros exámenes…
—¿Otros exámenes?
Alice tragó grueso y antes de arrepentirse, le dijo —De embarazo… estoy embarazada.
Michael dio un respingo y se puso de pie como un resorte, mirando a Alice con sorpresa y horror —Pero… pero…
—Después de lo que te hice, y sabiendo que no querías saber nada de mí, simplemente no tuve el valor para decírtelo…
—¡Pero es mi hijo! —Gritó— ¡No puedes esconderme eso, no tienes derecho! —exclamó él, con vehemencia, sin dudar ni un segundo que el hijo que Alice esperaba era suyo.
Restregó sus manos sobre su rostro repetidas veces, sabiendo ella que eso lo hacía Michael cuando estaba desesperado por algo. Pero el rostro de Michael denotaba algo más que desesperación, una mezcla de perturbación, preocupación y pena invadieron los rasgos en su cara.
—Lo… lo siento —dijo ella encogiéndose en su cama, sintiéndose culpable. Él la miró, torciendo su cabeza, dejando ver la lágrima solitaria que se deslizaba por su rostro.
—¿No pensabas decírmelo, verdad?
—No querías saber nada de mí, Michael… —explicó ella en un lamento.
—¡Sólo ponte en mi lugar, Alice! Ponte en mi lugar y dime si tú no hubieras hecho lo mismo.
—¡Y tú ponte en el mío! —exclamó hacia él, golpeando las palmas de sus manos sobre sus muslos cubiertos con el enredón de la cama — Siento tanta vergüenza por todo lo que pasó, que sé que ni siquiera merezco que estés aquí… ni siquiera sé por qué has venido…
—¡Porque te quiero! —reconoció con fervor, tensando su mandíbula— ¡Porque desde la última vez que te vi, no dejo de soñar contigo! ¡Y demonios, ahora con esto, estoy dispuesto a olvidarlo todo y…!
—No puedes olvidarlo todo por el hecho de que yo esté embarazada…
—¡Sí puedo!
Alice lo miró con tristeza y negó con su cabeza —No, porque no me has perdonado.
—Quiero intentarlo Alice… estoy desesperado, tengo deseos de matar a Jasper… yo…—pasaba sus manos una y otra vez por su cabello rubio con desespero— Y ahora con tu embarazo… no quiero que él se salga con la suya —tomó a Alice por los hombros y voz ansiosa, preguntó— ¿Lo quieres a él? Ahora que Bella y él ya no están juntos…
—N…no… yo… no quiero ni que se me acerque…
Michael soltó el aire de sus pulmones y asintió despacio, haciendo enseguida algo que a Alice la sorprendió y la sobrecogió de igual forma. Michael la atrajo lentamente hacia él y la abrazó con ternura, hundiendo su rostro en su cuello. Ella tentativamente lo abrazó y descansó su mentón en el hombro de Michael, sintiéndose realmente reconfortada, como hace mucho tiempo no lo sentía.
—Estaré aquí, pendiente de ti y de nuestro pequeño. No estoy dispuesto a que Jasper se salga con la suya, que aniquile esto, no pienso permitírselo— dijo, sin soltar a Alice. Ella simplemente asintió, agradeciendo silenciosamente a Dios por esta oportunidad.
Ahora más que nunca, ella deseaba salir adelante, por su bebé y por Michael. Después de mucho tiempo, luego de que su hermana la perdonara y que Michael se hubiese acercado a ella, sentía esperanzas, las que anidó fuertemente en su corazón.
Bella suspiró después que su hermana le contara los detalles de su charla con Michael, mientras que su padre y su madre bombardeaban a Alice con preguntas sobre el rumbo de la relación entre ambos.
—Iremos con calma, como si nos estuviéramos conociendo de nuevo. No puedo exigirle a Michael nada, pero aun así, él se comprometió a estar conmigo… —llevó una mano a su barriga que a simple vista no denotaba signos de embarazo y la acarició tiernamente— se comprometió a estar con nosotros.
—¿Ves? Te dije que las cosas finalmente se arreglarían —dijo Charlie, levantándose y acercándose hasta su hija para abrazarla. Renée en tanto miró a Bella y le dedicó una sonrisa, la que Bella respondió de igual forma.
Era evidente que se sentía mucho más tranquila por el acercamiento de Michael, y de lo bueno que eso sería para Alice en todo sentido. Era muy probable que su salud y su ánimo mejoraran considerablemente después de ello, y eso era lo que a ella le importaba.
/E.P/
Con un ambiente muy distendido en casa de los Swan, el día jueves de acción de gracias, las mujeres de la casa, incluida Alice, quien estaba muy entusiasmada con la idea de que Michael haya aceptado su invitación a cenar con ellos, comenzaron con los preparativos de todo lo referente a la cena. Charlie se encargó de coordinar con Edward una hora para ir juntos a comprar las bebidas —un buen vino y la infaltable cerveza— mientras las mujeres se encargaban de la cena. Definitivamente para todos, ese sería una verdadera cena de agradecimiento, después de haber padecido tanto dolor y tanta pena.
Siguiendo la tradicional receta americana para la preparación del pavo y mientras se cocinaba lentamente en el horno, las chicas comenzaron a encargarse del relleno. La pequeña Beth, quien estaba observando todo atentamente desde su sillita, balbuceaba repitiendo las dos silabas que había aprendido hace poco, y que a Bella casi la hacen llorar: "mi-mi"
—¡Eso es como si hubiera dicho mami, Bella! —exclamó el orgulloso abuelo de Beth cuando la oyó.
Después de dejar las cosas listas en la cocina, se ocuparon de engalanar la mesa de comedor con un mantel blanco con bordados de seda, un centro de flores rojas y velas, además de ocupar la delicada vajilla que salía de la estantería sólo para ocasiones especiales.
Todo estaba listo.
Cuando los invitados llegaron a casa, estos acompañados de Charlie se sentaron en la sala de estar a hablar sobre el último partido de beisbol, hasta que fue momento de pasar a la mesa. Antes de comenzar a disfrutar de la cena, Charlie tintineó la copa de vino con la parte posterior del cubierto para llamar la atención de los presentes:
—Bien, creo que esta cena es para nosotros una excelente ocasión para agradecer. Siento que por fin en este hogar se podrá respirar el aire de felicidad y tranquilidad que hace tiempo no sentíamos. Doy gracias a Dios por mi amada esposa —dijo el patriarca, extendiendo una mano hacia Renée— por mis hermosas hijas de quienes me siento muy orgulloso —dijo, mirando con amor a sus hijas— por mi nietecita y por mi nieto que viene de camino y por ustedes dos, muchachos —dijo, mirando a Edward y a Michael— porque ciertamente han sido parte del proceso de cambio en esta casa. Así que, brindemos y disfrutemos de esta exquisita cena —levantó su copa de vino, siendo imitado por el resto, para exclamar— ¡Salud!
—¡Salud! —exclamaron todos al unísono.
Bella miró a su lado y extendió su mano hasta la de Edward, mirándolo con amor y agradecimiento. Él llevó la mano de ella hasta su boca y la besó tiernamente, diciéndole con la mirada lo mucho que la amaba y lo agradecido que estaba de que ella hubiese aparecido en su camino. Ella entendía muy bien el mensaje de sus verdes orbes, pues era exactamente lo que ella sentía en ese momento. Divagó luego su vista por el resto de los presentes en la mesa, su familia, y sintió su corazón lleno de agradecimiento porque, como dijo su padre, finalmente la felicidad y la paz se cernían sobre su familia.
~En Paralelo~
El primer sábado de diciembre, Edward aprovechó íntegramente el día con su Bella, aprovechando que Beth pasaría el día con Whitlock y Grace con Lauren, por lo que antes de las once de la mañana, él llegó a casa de los Swan y raptó a Bella, para llevarla directamente a su apartamento.
A penas llegar, Edward comenzó a deshacerse de la ropa que ella llevaba, sin dejar sus labios mucho tiempo, mientras ella divertida, se dejaba ser despojada de sus ropas con tanta premura por Edward.
—Estamos ansiosos, ¿no? —preguntó divertida, después que Edward quitara su camiseta por encima de su cabeza y volviera a apretarla por la cintura para saquear su boca y responder después, mientras ahora con sus diestras manos desabotonaba su pantalón sin dejaba de mirar con sus oscuros y deseosos ojos verdes, las dilatadas orbes marrones de Bella.
—Muy ansioso.
Tan ansioso que el sofá de la sala le pareció estupendo para hacer el amor, no escuchando quejarse a Bella al respecto.
—Te sientes… ¡Dios! te sientes tan bien dentro de mí, Edward… —ella a horcajadas sobre él, murmuraba en la oreja de Edward, mordiendo luego su lóbulo, y jalando su cabello por la nuca como él adoraba que lo hiciera, cuestión que al hombre lo volvía loco de placer, más de lo que en ese momento sentía que estaba.
—Bella… —susurraba él una y otra vez, sin dejar el compás de sus movimientos, aferrándola con tanta fuerza con la intención de acoplarse completamente a ella. Su cuerpo se amoldaba tan bien al de ella, que era imposible ahora pensar que hubiese alguien más para él.
Gemidos, exclamaciones de placer, gritos, el choque de labios, los llevaron hasta llegar ambos al tope del placer, haciéndolo estallar a ambos profusamente.
Se quedaron desnudos y abrazados por mucho rato, ella descansando su cabeza en el pecho sudoroso de Edward, mientras él acariciaba su cabello después de cubrirla con una manta de polar que mantenía en el respaldo de sofá.
—Estoy tan contenta, Edward —dijo ella, acariciándole el pecho— siento que todo alrededor se conjuga para hacerme sentir así; mi hija está creciendo sana y feliz, las cosas en mi trabajo con mis niños es estupenda, mi familia… tú.
Edward sonrió y beso el tope de su cabeza con delicadeza. Adoraba sentirla así de contenta, como si resplandeciera. Definitivamente —pensaba Edward— el haber hablado y perdonado a su hermana había sido lo mejor, y él estaba profundamente feliz por eso.
—Te mereces eso, hermosa, te mereces que todo a tu alrededor sea perfecto para ti.
Ella levantó su cabeza y le sonrió, acariciando su rostro —No sería perfecto si no estuvieras conmigo, Edward.
Él la besó una vez más en agradecimiento por sus palabras y dejó que ella volviese a descansar su cabeza sobre su pecho —Háblame de cómo han ido las cosas con Alice.
—Bueno, ellos están retomando su relación lentamente, creo que Michael necesita recuperar la confianza y siento que es lo mejor, aunque en estos días él no ha dejado de estar pendiente de ella y del bebé.
—Hay que darles tiempo, ahora lo más importante es la salud de Alice y el bebé que viene en camino.
—¡Dios, estoy tan entusiasmada con la llegada de ese pequeñito! Ya estoy deseando que nazca…
El abogado volvió a sonreír y mientras ella le hablaba de sus ilusiones por conocer a su sobrino, meditó sobre cómo sería disfrutar de ella en todo el proceso previo al nacimiento de un bebé… un bebé suyo creciendo en las entrañas de Bella. Sabía, por lo que ella le había contado, lo difícil que fue para ella, quedar embarazada después de intentarlo tanto. Pero él no tenía miedo de que las posibilidades para ambos se cerraran por eso, muy por el contrario.
—¡Ey, abogado, está usted en otro planeta! —exclamó Bella cuando le preguntó algo sobre lo que él no escuchó.
—¡Que yo ande en otro planeta es tu culpa! —respondió él, apretándola aun más a su cuerpo.
—Te pregunté sobre Lauren. La última vez que hablamos, la vi triste por lo que ocurrió con tu madre.
Edward suspiró y asintió —Sí, ella en verdad siente el peso de la culpa sobre ella ahora que siente que defraudó a mi madre. Cuando ella y yo nos sinceramos, fue más bien cómo sacarnos un peso de encima, pero ahora que se lo dijo a mi madre, fue la sensación contraria para ella, y no es justo, ¿sabes? —Explicó— Intenté explicárselo a mi madre, pero ya sabes…
—Edward —dijo Bella, enderezándose para mirarlo a los ojos— Lauren ha hecho tanto por nosotros que siento que debemos ayudarla.
—¿Y qué más puedo hacer, aparte de dejar que pase un poco de tiempo?
—Insistir… uhm, no sé, crear la instancia, una reunión familiar que no esté planeada con antelación, sino que sea más bien algo espontáneo… no sé… donde no tengan tiempo de negarse. Pasar un buen tiempo con ellos, después de haber hablado, ¿hace cuando no te reúnes con tu familia completa a disfrutar, reír?
—Hace mucho —respondió él como en un lamento.
—Debes intentarlo al menos, Edward. Hacer que tu familia sea lo que antes era…
—Tienes razón, hermosa. —admitió él, dejando un beso sobre su nariz— Y ya sé lo que haré, pero para eso debo hacer una llamada. Mientras tanto tú, llama a una buena pizzería y pide el almuerzo, ¡que me muero de hambre, mujer! —dijo esto último, dándole un leve golpe en su nalga, haciendo que ella abriera mucho sus ojos y su boca, como si estuviera ofendida por la osadía esa del abogado.
Al día siguiente, y después que el abogado hiciera unas cuantas llamadas para hacer una reservación para seis personas, esperó en el restaurante a que su familia comenzara a llegar. Primero, esa mañana, llamó a sus padres para invitarlos a almorzar, después llamó a su hermano, reiterándole la invitación, y enseguida lo hizo con Lauren. Ciertamente a nadie le dijo que sería un encuentro familiar.
Lauren y él, fueron los primeros en llegar al restaurante, el que se había preparado según las indicaciones de Edward: un salón privado con una mesa para almorzar con seis puestos, y junto a este, una terraza cubierta separada del salón por un gran ventanal, donde habían sofás y una mesita, todo dispuesto para que la familia del abogado Cullen hiciera uso. Ambos espacios estaba rodeados por ventanas francesas por donde entraba la luz del débil sol que alumbraba aquel domingo invernal de diciembre.
—Pensé que almorzaríamos solo tú y yo…—dijo Lauren, mirando el entorno— ¿le has hablado a los muchachos? ¿Por qué no has ido por Bella? —preguntó Lauren, aceptando la silla que Edward abría para que ella se sentara.
—Para mi pesar —respondió él, sentándose en su sitio junto a Lauren— Bella no vendrá, y por fortuna, los locos de mis amigos tampoco.
—¿Entonces?
La respuesta de Lauren llego, cuando las cuatro personas restantes entraron al salón, guiados por el mesero, se encontraron en la entrada y les extrañó que Edward no hubiera comentado nada.
"Sorpréndelos con un encuentro, Edward" había dicho Bella, quien ayudó a gestar ese encuentro.
—¿Edward? —dijo Esme, confundida, acercándose a ellos. Lauren se levantó de su silla, tan sorprendida como la madre de los Cullen.
—¡Me alegra que hayan sido puntuales! —exclamó Edward, saludando a su madre con un cariñoso beso en la mejilla, para luego dar la bienvenida a su cuñada, a su padre y su hermano.
—¡¿Qué te traes, eh?! —le preguntó Emmett en tono bajo al oído.
—Ya verás.
Edward se percató de lo incomoda que estaba Lauren, después que Esme a penas la saludara, deseando que ese encuentro sirviera para que esa lejanía entre ambas, desapareciera. Todos se sentaron a la mesa, y después que el mesero tomara los pedidos del aperitivo, Edward habló:
—Me alegra que hayan venido todos, debo reconocer que extraño estos encuentros distendidos entre nosotros, y por lo mismo, estoy dispuesto a que este día nuestros problemas sean resueltos —buscó su madre, que estaba a dos puestos de él y le dedicó una mirada cariñosa— Extraño cuando sonreías conmigo, mamá. Cuando nos mimabas… Vale, sé que he sido culpable en parte de que las cosas no sean como antes, pero quiero remediarlo.
Esme tragó grueso y puso una mano sobre su pecho —También te extraño, hijo…
—Entonces, mamá —dijo él, levantándose de su sitio y acercándose a ella, quien estaba con el llanto a flor de piel. Se agachó y tomó sus manos, besándoselas con adoración— Eres importante para mí y quiero que así como has compartido mis alegrías y mis más duras penas en el pasado, deseo que las compartas ahora y en el futuro. Te amo, mamá.
—Y yo a ti, hijo… —susurró ella, acariciando el rostro de su hijo menor con todo el amor de madre que guardaba en su corazón para él.
El mayor, que estaba al otro lado de ella, carraspeó y exclamó —¡Pues yo también quiero mi beso, ma'!
Esme sonrió y se hizo hacia el otro lado, besando a Emmett.
Carlisle estaba con sus brazos sobre la mesa y sus manos cubriendo su boca, muy emocionado, al igual que Rosalie y Lauren, quienes sin pudor estaban derramando lágrimas de la emoción sin embrago sonreían con ternura.
El mesero llegó justo a tiempo con los aperitivos, y cuando todos estaban pendientes de recibir sus copas, Edward aprovechó de susurrar en el oído de su madre —Prométeme que hablarás con Lauren, mamá.
Esme lo miró y asintió a su hijo. Edward sonrió, pues para él ese asentimiento de su madre era suficiente, pues vio en los ojos de su madre la sinceridad que él necesitaba. Le sonrió, dejó un beso en su frente y volvió a su sitio, soltando el aire de sus pulmones, contento porque sentía que las cosas saldrían como él deseaba.
El almuerzo de los Cullen estuvo lleno de risas por recuerdos divertidos, incluso recordando a Lizzie y sus travesuras con Grace. Edward calculó que aquella era primera vez que su madre recordaba a su nieta con una sonrisa sincera. Emmett por cierto, comentó sobre cómo sus pequeñas hijas se habían convertido en pequeñas diablillas, y de que ni se imaginaba qué sería de él en unos años más.
En total tres horas de almuerzo y sobremesa, para que después Carlisle propusiera a sus hijos ir hasta la terraza conjunta al salón, a fumar un buen cigarro y dejar a las damas hablar. Edward miró a Lauren y le guiñó un ojo para infundirle confianza, a lo que ella sonrió y asintió entendiendo el mensaje.
—Debo reconocer, Edward, ¡que eres un maldito genio! —reconoció Emmett mientras encendía un cigarro, cruzando sus piernas muy relajadamente.
Edward alzó los hombres y botó el humo del cigarro —¡Lo soy!
—Necesitábamos esto, salir de casa y compartir en paz —reconoció el padre, sacando un cigarro de la cajetilla que Edward había dejado sobre la mesa.
—Por eso lo hice. Además, no soporto como las cosas han ido con mamá y Lauren.
—Estoy segura que al terminar aquí, ellas saldrán cogidas del brazo, dejando todo atrás —respondió Edward a su padre, esperanzado.
—¡Diablos, esto me está atragantando! —exclamó Emmett, tirándose los cabello. Carlisle miró a su hijo y frunció su frente. Edward suspiró y antes de detenerlo, Emmett miró a su padre y soltó sin más —Yo fui el hombre con el que Lauren engaño a Edward.
Edward cerró los ojos y negó con la cabeza, mientras Carlisle miró una vez a su hijo y regresó su atención al cigarro que tenía en la mano —¿Tú, en realidad crees que soy tonto, Emmett? Soy tu padre, te conozco… y si no has entendido lo que digo, pues te lo aclaro: ya lo sabía.
Emmett abrió paulatinamente sus ojos con total y absoluta sorpresa, mientras Edward lo miraba frunciendo su entrecejo y Carlisle, haciéndose el desentendido, miraba el cigarrillo como si fuera una obra de arte.
—Recuerdo claramente cuando Edward llegó a casa un domingo y nos contó que se iba a Italia con Lauren y las niñas —recordó el patriarca, mirando luego a Emmett— Y vi tu cara, Emmett. Vi tu deseo de saltar sobre tu hermano y golpearlo. Vi la duda en los ojos de Lauren y tu lucha interna. Creo que siempre intuí que algo así había pasado. No soy tonto y presumí que entre ella y tú había pasado algo, pero no lo confirmé sino hasta que Lauren se lo dijo a Esme…
—¿Mamá sabe que fui yo…?
—¿Y darle otra razón para hacerla sentir mal? Pues no, Emmett. Amo a mi mujer y evitaré que pase por más penas. Ya fue suficiente enterarse de las "andanzas" de Edward con la italiana, y saber que Lauren hizo lo mismo, no le sumaremos más penas. Mejor que se mantenga en la ignorancia con respecto a esto.
—Lauren cree lo mismo, por eso no le comentó que estuviste involucrado, Emmett —dijo Edward a su hermano, quien lo miró asintiendo y agradecido, por qué no decirlo.
—Siento… siento haberte defraudado, papá —admitió Emmett con vergüenza— Y siento haberte defraudado también a ti, Edward, lo sabes.
—Emmett, eso ya lo hablamos, está zanjado y el tema está cerrado… —le recordó Edward.
Enseguida Carlisle tomó la palabra hablándoles a ambos —Sé que no son perfectos, Esme y yo no los criamos para que lo fueran, pero sí para que admitieran sus errores cuando era preciso, como sé que lo han hecho. Que hayan perdonado cuando es debido y que sepan arreglar sus diferencias como hermanos que son.
—Entonces, déjame decirte viejo, que has hecho maravillas con nosotros —alardeó Emmett, volviendo a relajar su postura sobre el sillón, y haciendo que Edward lo mirara y riera, mientras su padre le advertía que si le volvía a llamar "viejo" lo castigaría como cuando eran niños.
En un momento, cuando la charla de los hombres se tornó a temas más triviales, Edward desvió su vista hacia las mujeres y se percató de cómo Esme le hablaba a Lauren, mientras sujetaba una de sus manos entre las suyas. Se veía a Lauren visiblemente emocionada, al igual que Rose, que de vez en cuando acotaba algo, dirigiéndose a Esme.
Edward supo que las cosas estaban solucionadas entre Lauren y su madre, cuando ambas se levantaron y se fundieron en un abrazo de reconciliación.
—Creo que es mejor regresar a la mesa y unirnos, ¿no creen? —propuso Carlisle, que al igual que sus hijos, también se había percatado de la escena en el salón.
Cuando entraron, Edward fue directamente a los brazos de su madre y la abrazó con la fuerza con que hace mucho había deseado hacerlo.
—Se que ha sido duro para ti todo esto… primero lo de Lizzie, luego mi divorcio y todo lo que pasó en torno a él…—se apartó del abrazo y tomó el rostro ovalado de su madre entre sus manos, mirando directamente a sus ojos acuosos— pero quiero que sepas que estoy bien y soy feliz. Encontré a alguien que me quiere y que me ha ayudado a superar el dolor de haber perdido a mi niña. Sólo te pido que le des la oportunidad de conocerla y formarte un juicio justo sobre ella. Me harías muy feliz si tan solo lo intentaras, mamá.
Esme miró los profundos y hermosos ojos verdes de su hijo, y vio el brillo de cerca el brillo que emanaba de ellos. Brillo que provocaba el amor, la paz y la felicidad. Entonces supo, muy a su pesar de lo sorda y ciega que había estado, de la terquedad que la abrumó negándose a que las cosas en la perfecta familia de su hijo Edward, cambiaran tan radicalmente, desde que detectaron la enfermedad de Elizabeth, hasta saber de la traición, pasando por la idea de que una mujer a quien ella no conocía, estuviese con su hijo. Su ofuscación la paralizó y la hizo negarse a aceptar que la vida de su hijo ahora era esa, la que en aquel momento está viviendo.
Lamentó y sintió una profunda pena al saberse equivocada, y haber actuado intransigentemente contra una mujer que lo único que había hecho, era ayudar a sanar el corazón de su hijo.
—¿Querrá ella disculparme? —susurró con vergüenza. Edward sonrió abiertamente y volvió a abrazarla, sintiéndose orgulloso de su madre, que en su verdadera naturaleza con aquella capacidad de amar, su cordialidad y su ternura, volvía a resurgir. La Esme que él tanto extrañaba, volvía a florecer.
—Ella estará feliz de que le des la oportunidad de acercarse, mamá —dijo él, sin lugar a dudas. Contentó, aun con su madre entre sus brazos, pensó que quizás la próxima reunión familiar, él podría ir acompañado de Bella, y así completar totalmente el circulo de su felicidad.
"Dios, todo está bien…"
Gracias a la conversación sobre Bella, pensó en llamarla, extrañado por que ella, no le haya enviado mensaje alguno para saber cómo iba el plan que ambos delinearon. Se apartó un poco y buscó el móvil en sus bolsillos, pero no lo encontró, por lo que se disculpó con su familia para salir al aparcamiento e ir a su coche a buscar su celular, mientras ellos pedían una botella de champaña para celebrar.
Cuando llegó al auto, se dio cuenta que su móvil había quedado olvidado en la consola central. Pulsó un botón táctil y se dio cuenta de todas las llamadas perdidas que tenia de su hermosa, que eran cerca de quince. Siguió revisando y le pareció raro que en la última hora, la loca Victoria lo había llamado al menos cuatro veces. Pasó esas llamadas por alto y cuando se disponía a llamar a Bella, el móvil se iluminó con el nombre de James en la pantalla. Respondió de inmediato:
—Molestándome un domingo, James…
—¡Mierda, Edward, dónde demonios estás, por qué no contestas tu maldito celular!
—Oye, cálmate… qué tienes… ¿ya te echaron de casa…?
—¿No has hablado con Bella? —preguntó el colega de Edward, pasando por alto su burla— ¿No sabes lo que ha pasado?
Edward sintió como si alguien hubiese soplado un aire frio por su espalda, haciéndolo estremecer. Sintió que sus manos se tornaban heladas, sintiendo incluso una línea de frio sudor en su frente. Llevó su mano desocupada hasta su pecho y con desespero preguntó:
—¡¿Qué sucede, james?! ¿Le pasó algo a Bella, pasó algo con Beth…?
— ¡Edward, maldita sea!
—¡Dime de una vez que ocurrió! —gritó.
—Llevaron de urgencia a la clínica a la hermana de Bella, con un coma diabético, creo… la cosa no pinta bien, Edward —agregó con voz trémula.
—¡Mierda!
