Damas y caballeros, con todo mi corazón les quiero agradecer cada una de las palabras que dejaron a través de sus comentarios. Realmente me sorprendió vuestra recepción en la despedida de Alice. Veamos que pasa ahora con estas vidas.
Mil gracias mi Gaby Madriz, sexy beta mía que hermosea cada capítulo.
Las dejo entonces para que lean... disfruten el capítulo...
¡Besos y abrazos para todas!
(Pueden encontrarme como Cata_lina_lina en twitter y Catalina Lina en Facebook)
26. De la oscuridad a la luz.
"Aprenderé canciones, para mi soledad"
~En Paralelo~
Las calles de la ciudad estaban cubiertas por nieve y por las características luces navideñas de todos los colores, que adornaban el frontis de las casas, todas a excepción de la vivienda de los Swan que era como un lunar oscuro entre tanta luminosidad.
Habían transcurrido quince días desde la muerte de Alice, por lo que el dolor y la pena reciente de la familia, teñía de oscuro el aire alegre de la festividad que estaba tan cerca de llegar. Y es que lo que tendría que ser para ellos la primera navidad de Beth, llena de algarabía, celebración y felicidad, sería más bien pasiva y muy triste.
En eso pensaba Charlie, contemplando en el pórtico de su casa, la fría noche de diciembre, esperando que la gélida temperatura de la temporada aliviase la intensa quemazón y el dolor que esta provocaba en su pecho.
Todo para él era tan irreal y doloroso que en ocasiones, cuando se refugiaba en algún cuarto a solas para llorar a su hija muerta, pensaba que sus fuerzas no serían suficientes y que se desmoronaría irremediablemente en cualquier momento.
El dolor lo debilitaba.
Se sobresaltó en la quietud del exterior, cuando desde su casa salió Edward, quien había estada con ellos en cada uno de esos días, y por el cual él sentía un profundo agradecimiento.
―Ya me voy, Charlie, ¿necesitas algo antes de marcharme? ―preguntó el abogado, reacomodando su bufanda negra para capear el frío. Charlie lo miró y negó con su cabeza.
―No Edward, gracias. Ah, y dale un abrazo a la pequeña Grace de mi parte.
―Lo haré Charlie. Nos vemos mañana ―dijo Edward, golpeando con su mano uno de los hombros de Charlie, antes de disponerse a meterse en su coche e ir casa a descansar.
―¡Edward! ―lo llamó Charlie de momento a otro, haciendo que este se girara y lo mirara atento a lo que él le diría― Una cosa antes que te vayas…
―Tú dirás.
―Cómo… cómo se hace, Edward… ―dijo, quebrándosele la voz a medida que hablaba― Cómo hago para arrancarme este dolor…
―Charlie, no hay receta alguna… el tiempo y el amor de tu familia ayudarán a sobrellevarlo, pero siempre estará presente, cada día ―dijo, coincidiendo con las palabras que Lauren le había dicho a Renée el primer día que fue a verla― Se tornará diferente, la pena será parte de ti… pero no desaparecerá…
―¡Pero tú estás aquí, de pie frente a mí, viviendo como si nada hubiese pasado, como si no tuvieras una hija muerta! ―exclamó Charlie con vehemencia.
―No digas eso, Charlie ―habló Edward con voz ronca, pudiendo esas palabras de Charlie, detonar en él una furia incontenible, pero sabía que hablaba por la rabia que dolor aquel provocaba y que por ende no pensaba realmente lo que decía. Así que suspiró y se relajó antes de continuar― Mi vida dio un vuelco desde que mi hija murió, cambió por completo y estoy seguro de que pase el tiempo que pase, no la olvidaré. Tienes que luchar, Charlie, por tu mujer, por tu hija, tu nieta…
―¡No puedo luchar! Esto… ―dijo, golpeándose fuertemente con su puño sobre su pecho― esto es más fuerte que yo…
―¡No digas que no puedes! ―le espetó Edward tajantemente, dando un paso hacia él― ¿A caso, Alice no vale la pena la lucha? ¿Tu familia no lo vale? ―increpó con severidad, mientras la barbilla de Charlie temblaba y por la intensidad en la mirada de Edward, hacía que él apartara su vista de él.
―Dime simplemente cómo lo hiciste, Edward… necesito una guía… me siento perdido…
―No me di por vencido, ¿sabes por qué? porque mi hija, mi niña de ocho años nunca, nunca se dio por vencida ―dijo, secando violentamente una lágrima que calló por su mejilla, mientras recordaba a su hija con vehemencia― A su corta edad, Lizzie nunca se dejó ganar por la enfermedad, pese a los dolores, a los cuestionamientos, al miedo… cada día despertaba dando lo mejor de sí para enfrentar su día y hacerle frente a la leucemia. Mi niña, mi Lizzie era una guerrera y se fue en paz, ¿sabes? , se fue en paz, conforme con ella misma, porque no se rindió, nunca…
Quise morirme, Charlie, por supuesto que quise morirme. Quise que alguien viniera y me matara para acabar con el sufrimiento, pero probablemente ni la mismísima muerte me apartaría del dolor de haber perdido a mi hija frente a mis ojos. Su vida se fue apagando frente a mi, Charlie, y no pude hacer nada por evitarlo, más que estar con ella en su lucha, la que también fue mía, de Lauren, de Grace… mi Grace, que fue mi fuerza para salir adelante.
―Y si, mi pequeña guerrera no se dio por vencida nunca, Charlie, ¿por qué yo debería hacerlo? ―Suspiró, guardó silencio por dos segundos y concluyó― En honor a ella llevo en mi pecho aun el dolor de su muerte, y lo cargaré por el resto de mi vida. Pero también por ella, decidí seguir adelante y sé que en donde esté, se siente orgullosa de mí y feliz.
Las lágrimas de Charlie no dieron tregua, menos cuando oyó el relato del dolor que Edward había padecido también, dolor tan similar al suyo, relato que causó meya en él, haciéndole pensar en cuanta razón tenía, porque el amor de padre y el recuerdo de su Alice siendo una luchadora también, como seguro lo fue la hijita de Edward, lo harían salir adelante. Porque si Edward pudo hacerlo, por su vida que él lo haría también.
El padre de Bella aspiró una bocanada profunda de aire frío, que entró por sus pulmones, suspirando a continuación, mientras restregaba sus ojos con sus manos. Cuando volvió a mirar a Edward, este estaba junto a él, pero contemplando hacia algún lugar no definido del cielo oscuro e invernal, e interrumpiendo su ensimismamiento, y como el abogado lo hizo hace un momento atrás, puso una mano sobre su hombro. Edward desvió su vista hasta Charlie a la vez que este le hablaba:
―Siento que las personas son puestas en nuestro camino con algún propósito ―meditó Charlie en voz alta― Haz sido de mucha ayuda para mi familia, haz llegado para hacer feliz a Bella y por alguna razón divina, estás aquí haciéndome ver algo que no cualquiera sería capaz de hacer. Sólo alguien que ha pasado por lo mismo que yo… y seguro has tenido que recordar momentos dolorosos para aconsejarme y hacerme entrar en razón… y agradezco eso. Agradezco por Lauren, que con desinterés llegó aquí para apoyar a Renée, y a tu hija… Gracias Edward, muchas gracias.
Edward asintió y se acercó a Charlie, envolviéndolo por los hombros, en un abrazo de amistad y de contención.
―Cuando quieras, Charlie, aquí me tienes ―dijo, para después soltarse y reacomodarse otra vez su gruesa bufanda― Ahora me voy porque prometí a mi pequeña mujercita ir con ella.
―Tráela pronto, Edward. Beth la está extrañando, y la verdad es que yo también.
―Lo haré ―le dijo, comenzando a caminar hasta su coche― Nos vemos mañana, Charlie.
Allí se quedó Charlie Swan un rato más, contemplando las luces que se desplegaban por la calle con la misma pena sin duda, pero un poco más liviano de espíritu, más tranquilo, como si Dios Hubiese comenzado a labrar su paz en él. Paz que seguro necesitaría para enfrentar el resto de camino que le quedaba por recorrer.
/E.P/
―No sé cuánto tiempo voy a estar fuera… yo sólo necesito… apartarme un poco ―comentaba Michael con voz ronca, seguro de tanto llorar, sus ojos claros opacados por el dolor y sus ojeras que delataban su falta de sueño. Se veía probablemente igual que como se veía ella, pensó Isabella.
―Te entiendo, Michael ―asintió ella suavemente.
―No quiero que piensen que me estoy apartando de ustedes, eso nunca podría hacerlo… sólo…
Bella negó con la cabeza, no queriendo que Michael pensara que ella o su familia lo malinterpretarían ―No tienes que explicarme nada, sabes que entiendo perfectamente el dolor que llevas y que necesitas un tiempo para vivir a solas tu duelo.
―¿Tú, estás bien? Bueno, dentro de lo que cabe…
―Bien, dentro de lo que se puede. ―reiteró Bella― Es lo más difícil por lo que me ha tocado pasar… ―Bella dejó inconclusa la frase, pues no valía la pena explicárselo a Michael, pues él dolor de ese hombre era probablemente muy semejante al de ella, por lo que decidió callar.
―¿Y ahora mismo estás sola?
―Sí, mis padres salieron a caminar y mi Beth está dormida. Edward debía resolver algo urgente en su oficina y prometió venir más tarde.
―¿Y cuándo regresaras a trabajar?
―Creo que después de navidad… me ayudará regresar a mis clases, con mis niños.
―Seguro… ―asintió él.
Bella y Michael estaban intentando hilar una conversación normal, cuando desde la calle oyeron el grito desgarrador de un hombre que llamaba a Alice una y otra vez. Ambos se levantaron automáticamente y corrieron hasta la ventana, viendo en la entrada de la casa a Jasper Whitlock, con aspecto desmejorado, balanceándose de un lado a otro con una botella de algún trago fuerte en una de sus manos, claramente pasado de copas.
―Michael, por favor, ¿podrías ver que no despierte mi hija, mientras voy a sacar a este tipo de aquí? ―pidió, apresurándose a salir.
La rabia comenzaba a fluir desde su interior, mientras a paso firme, decidido, se acercaba hacia su maldito ex marido. Recordó en segundos, la menara en que su hermana se había desvanecido frente a ella después de que él la interceptara en la calle, y como el muy cobarde se echó a correr después de eso como una rata.
―¡Alice! ¡Alice! ¡Sal de ahí! ¡Alice! ―gritaba Jasper, con su cuello tenso y su cara roja por el esfuerzo de sus gritos, sin ver a su menuda ex mujer acercarse a él como fiera endemoniada.
―¡¿Qué haces aquí, maldito desgraciado?! ―le increpó, empujándolo hacia atrás por pecho, haciéndolo trastrabillar.
―¡Tú, no te metas! ¡Mejor déjame ver a tu hermana, dile que salga! ¡Dile que de una vez me la llevo conmigo!
―¡¿Estás realmente loco?! ―Le gritó, volviendo a empujarlo y dejando que las lágrimas de pena e ira brotaran de ella mientras increpaba a Jasper― ¡¿No te sientes conforme con todo el dolor que nos has provocado?! ¡Por tu culpa mi hermana está muerta!
Jasper abrió sus ojos hacia ella y dejó caer la botella que sostenía en una de sus manos ―¿Qué dijiste? ―susurró amenazante, dando un paso hacia ella― ¡Estás mintiendo! ¡Maldita mentirosa! ―gritó enseguida, apuntándole con el dedo índice de forma acusatoria.
―¡¿Cómo te atreves a pensar que yo mentiría con algo como eso?! ¿Quieres que te lleve hasta el cementerio y te enfrente a su lápida? ¡Porque allí es donde la mandaste a parar! ¿O a acaso, no te acuerdas de cómo se desmayó frente a tus ojos después que la encontraste aquí mismo?
―No… no… me estás mintiendo… no puede ser cierto… ―susurró Jasper una vez más, dando un paso hacia atrás, como si con esas palabras Bella le hubiese dado un golpe de puño directo en su estómago.
―Tú te fuiste y la dejaste tirada en el piso, sin prestarnos ayuda… después de eso sufrió un coma diabético que primero la hizo perder a su bebé… un bebé que incluso podría haber sido tuyo y después le quitó la vida a ella…
―¿Coma diabético? ¿Un bebé… mío? ―preguntó Jasper en estado de shock, incrédulo aún de todo eso que ella decía― ¿Muerta?
―¿Qué es lo que acabas de decir, Bella? ―preguntó con voz sombría Michael a las espaldas de Bella, habiéndose quedado paralizado por lo que escuchó que Bella le increpó a Whitlock.
Ella se giró y vio la amenazante mirada de Michael directamente hacia Jasper, y como si adivinara qué era lo que Michael haría, se interpuso en su camino, deteniéndolo al poner ambas manos sobre su pecho.
―¡Michael, por favor, dejémoslo aquí…!
No alcanzó a retenerlo, cuando Michael la esquivó y estuvo frente a Jasper, estrellando con fuerza su puño sobre el rostro de este, haciéndolo caer. En el suelo lo pateó directo en el estómago y las costillas una y otra vez.
―¡Te juro, mal nacido, que si no te meten a la cárcel por lo que le hiciste a Alice, yo mismo estoy dispuesto a que me encierren, pero después de haberte matado!
―¡Michael, basta, no te metas en líos! ―suplicaba Bella, agarrándolo del brazo para alejarlo, pero lo único que sacó es que en un movimiento brusco, Michael la apartara de un empujón, haciéndola caer al suelo.
―¡Eres un mal nacido, hijo de puta! ―increpaba Michael a Jasper, que gemía de dolor en el suelo ante la implacable sesión de golpes que Michael le estaba propinando― ¡Te voy a matar, maldito cobarde, desgraciado…!
―¡Basta, basta Michael! ―insistió Bella, levantándose una vez más para apartar a Michael y evitar que cometiera una tontera.
Como un milagro, cuando Michael seguía golpeando a Jasper y Bella intentaba separarlo, el coche de Edward se estacionó a toda velocidad, saliendo él a prisa para en un instinto apartar a los dos hombres.
―¡Es suficiente, Michael! ―dijo Edward, rodeándolo y apartándolo de Jasper― Es suficiente, no vale la pena…
―¡Este maldito es el culpable de que Alice esté muerta! ¡Es su culpa! ―gritó, tratando de zafarse del férreo agarre del abogado.
―Entremos de una vez ―dijo, sin dar crédito a lo que decía, empujándolo hacia dentro de la casa― Bella, entremos, ahora ―exigió, sacando a Michael de allí, mientras este seguía intentando zafarse de Edward.
Jasper estaba agazapado en el suelo, agarrando su estómago fuertemente, meciéndose hacia adelante y hacia atrás. Sangraba su nariz y su rostro estaba rojo. También estaba llorando.
Bella quería pensar que en su cobardía él estaba derramando lágrimas en el suelo por los golpes que le propinaron y no porque sintiera dolor por lo que ella le había enrostrado. Sus lágrimas no la ablandarían, no harían que sintiera pena por él, pero allí, con él agazapado en el suelo, no pudo guardarse lo que diría a continuación:
―Está muerta, Jasper. Mi hermana está muerta… si hubieses sido un poco más valiente, más sensato, las cosas hubiesen sido quizás muy diferentes, pero no fue así― le increpó Bella con su mandíbula tensa y su voz ronca como si estuviera a punto de llorar, cruzando sus brazos para evitar seguir temblando ―Ahora pesará sobre tus hombros la culpa de su muerte y aunque probablemente no puede meterte a la cárcel por ello, la soledad, la apatía y la culpa serán tu paga por todo lo que has hecho. Ahora olvídate de nosotros… me encargaré por medio de la ley no vuelvas a ver a mi Beth, porque no mereces ser su padre… así como no merecías que mi hermana padeciera por tu culpa.
―No… no puede ser…
―Vete de aquí antes que lleguen mi padre y acabe por hacer lo que Michael no pudo. Lárgate y no vuelvas más ―dijo, y con la solidez de esas palabras teñidas de rencor y rabia, dio media vuelta y entró a su casa, dejando allí tirado a Jasper, gimiendo del dolor físico y padeciendo sufrimiento por las duras palabras que habían salido de la boca de Bella.
Porque ella tenía razón, él nunca más podría vivir tranquilo y pesaría sobre sus hombros la culpa y el dolor de que Alice nunca más volvería.
/E.P/
Jasper Whitlock llegó a duras penas a su casa, dejándose caer en el primer sofá que apareció en su camino. Allí se tumbó y soltó su llanto incontrolable, mientras su cabeza iba hacia atrás en los hechos:
Aquel día, el ultimo que vio a Alice, había ido precisamente a casa de los Swan para informarle a Bella que él se iría de viaje por más de una semana, pero que por favor permitiera que su madre, Hilda, pudiese ir el próximo fin de semana por Mary Elizabeth. Pero en cuanto llegó allí y vio a Alice, se olvidó de todo, de todos y lo primero que hizo fue bajarse de su coche después que vio subir al maldito de Newton al suyo, antes de despedirse de su Alice con un beso en los labios.
"Maldito hijo de puta"
Corrió hasta ella antes que pudiese meterse a su casa sin hablar con él. La agarró por el brazo y le increpó con los dientes apretados de rabia ―¡¿Por qué mierda te escondes de mi?!
―Suéltame… ―le dijo ella, tratando de zafarse de su agarre.
―¡No te suelto! Dime… ahora que podemos estar juntos como siempre lo deseamos…
―¡No quiero estar contigo, me das asco!― insistió Alice, forcejeando.
Eso lo enfureció, porque quería creer que era mentira, como una forma de defensa de ella contra él ―¿Te doy asco? No sentiste asco de mí cuando te follé…
―¡Suéltame!
―¿A caso Michael ha vuelto a rondarte? ¿Olvidó que lo engañaste conmigo? ¿Te ha follado él, como yo lo hice?
―Por favor…
Y allí fue cuando ella cerró los ojos y se desvaneció en el piso frente a él. Lo siguiente que supo fue que Bella salía de casa, increpándole y gritando por ayuda. Él, sintiéndose aterrado, simplemente se metió de regreso en su coche y se fue de ahí, para evitar más encuentros, sobre todo con el padre de las hermanas Swan, quien lo odiaba.
Al día siguiente olvidó de momento el altercado y se montó en un avión rumbo a Madrid y no regresó hasta el día anterior. Cuando llegó a su casa, encontró a su madre en un extraño comportamiento de nerviosismo, que daba cuenta de que algo le escondía.
Después que ella lo sepultara en preguntas sobre su viaje, sobre Madrid, sobre la idea de irse allí definitivamente, él la detuvo con exasperación:
―¡¿Me puedes decir qué demonios te pasa?!
―Bueno… no estoy segura, yo ya no me meto con esa familia… por tanto no estoy segura de que si lo que he oído es verdad o sólo están exagerando… ya sabes cómo es la gente…
―¡Me estás cansando, madre! ¡Habla claro de una vez!
―He oído que la menor de las hijas de los Swan ingresó a la clínica… mal de salud. Un accidente o no sé qué cosa…
―¿Cómo?¿Alice? ―preguntó, estrechando sus ojos hacia su madre― ¿Qué es exactamente lo que has oído, madre?
―No tiene importancia, tú ya nada tienes que ver con ella…
―¡Qué cosa! ―gritó, golpeando la mesa donde su madre y él estaban sentados, cenando. Hilda se sobresaltó, tragó grueso y en voz baja, casi susurrando, dijo:
―Dicen… dicen que está muerta.
―Es mentira ―negó Jasper, inmediatamente, tomando el contenido de su bajo de vino de un sopetón― Lo dicen para apartarme de ella…
―Jaspercito, hijito…
―¡No mamá! Mañana iré y me cercioraré de que lo que dices no es verdad. Las cotorras de tus amigas no hacen más que inventar ―dijo, levantándose indignado de la mesa para ir hasta su cuarto.
Allí, sostuvo por mucho tiempo el teléfono en sus manos, con la idea de marcarle a Bella y preguntarle por Mary Elizabeth, explicándole por qué no había ido a visitarla. Pero algo lo retuvo. ¿Miedo? ¿Vergüenza? No, nada de eso, simplemente estaba cansando después de un largo viaje, y quería tener la cabeza despejada para enfrentarse a su siempre tan desagradable ex esposa.
Al día siguiente, después de una extenuante mañana laboral y un interminable almuerzo de negocios, se fue hasta un bar y pidió una botella de whisky de siete años. Una incómoda sensación no lo había dejado dormir, un sentimiento extraño que nunca había experimentado y el que no podía explicar lo inquietaba y pensó que la única manera de hacerlo desaparecer, era con unos buenos vasos de licor en su cuerpo.
Y el licor probablemente, fue el que lo empujó valientemente a ir hasta casa de los Swan e ir en busca de su Alice. Sólo se conformaba con verla, con que ella le dijera que se largara. Eso sería suficiente por el momento, pues tenía planes futuros de sacarla de allí y llevársela lejos para comenzar una vida con ella, como siempre debió de ser, sin que nadie se interpusiera entre ellos.
Así que llegando a esa casa, comenzó a gritar el nombre de Alice para que esta se asomara de una vez.
Lo que supo luego, era que nunca más volvería a verla, pues Bella, de forma muy cruel le dijo que su hermana estaba muerta… y todo por su culpa. Le dijo incluso que Alice estaba embarazada y que ese hijo probablemente podría haber sido suyo.
Se negó a creerlo, sabía que ella impediría que Alice y él fueran felices… ¿pero mentiría en una cosa como esa? Sabía que no, no haría eso.
El dolor por la paliza que Newton le propinó momentos después, no era nada comparado con el dolor que sintió cuando supo que era cierto. Alice estaba muerta y él no volvería a tenerla nunca más. No volvería a ver sus ojos oscuros y profundos nunca más, no vería su rostro angelical nunca más, no tendría oportunidad de besarla ni tenerla como había deseado… ella estaba muerta. Y lo más cruel, fue como en un vaticinio y casi de forma instantánea, las palabras de Bella hacia él se hacían palpables en su interior: por su cobardía, la culpa pesaría sobre sus hombros irremediablemente. La soledad y el desazón serían su castigo, que era mil veces peor que ir a dar a la cárcel, mil veces peor que el dolor que sintió por los golpes, mil veces peor incluso que morir. Porque ahora que sentía todo eso en su interior, sentía que hubiese sido mucho mejor morir a sentirse tan desgraciado, tan maldito como en ese momento se sentía.
―Mi Alice… ―sollozaba allí sobre el sofá de su casa, contrito por el dolor de su cuerpo y de su corazón― Vuelve a mí, mi Alice, vuelve a mí… perdóname, perdóname… vuelve a mí, vuelve…
Y allí se quedó Jasper, como un desgraciado, llorando y lamentándose por algo que no vio venir, por algo que como había dicho su ex mujer, podría haber evitado si hubiese actuado de otra forma, valientemente como Alice se merecía que actuara por ella.
Finalmente y de forma muy cruel, estaba pagando en carne viva todo el daño que hizo y por el que pagaría hasta el resto de su vida.
~En Paralelo~
―Abogado, hoy tiene tres citas con clientes, y mañana a primera hora debe estar en el juzgado cubriendo el juicio sobre negligencia médica de la familia Stevens ―comunicó la secretaria de Edward aquel lunes que Edward había retomado de forma normal su trabajo en el despacho de abogados.
Varios de sus pendientes habían sido monitoreados por sus colegas y por Seth, el pasante y quien se había convertido en su fiel mano derecha, pero él debía ponerse a la cabeza de varios de esos casos que requerían de su atención. Ahora mismo le había dado el día libre para descansar y preparar un examen.
―Lo tengo ―indicó el abogado a su secretaria, mientras checaba concentradamente unos papeles que Seth dejó sobre su escritorio.
―Dos de sus citas son durante esta mañana, una en diez minutos y la otra a medio día.
―Avísame cuando la primera esté aquí, y envíame un café, por favor. Es todo.
―Mejor un té, abogado, no es bueno que tome tanto café ―propuso la amable secretaria antes de salir y esperar el asentimiento del abogado.
Comenzó con su trabajo, revisando en el código penal un par de cosas de las que quería tener seguridad, además de revisar su bandeja de correo electrónica que estaba hasta el tope. Estaba en eso cuando el intercomunicador sonó y su secretaria le anunció que su primera cita ya estaba allí. Él indicó que la hiciera pasar a su despacho.
Se levantó para recibirla, y grande fue su sorpresa cuando la secretaria abrió la puerta con su taza de té y tras ella, la figura de Giuliana Santarelli asomaba. Se llevó una de sus manos hasta sus ojos y los restregó, mientras en su cabeza lanzaba una serie de improperios contra esa mujer, que al parecer no pensaba dejarlo en paz.
―Qué quieres ahora, Giuliana ―quiso saber, preguntando de forma muy seca, mientras se sentaba de regreso en su silla, volviendo a retomar su trabajo, prácticamente ignorándola.
―Vengo a despedirme de ti, caro.
Edward levantó su vista hacia ella y miró a la italiana con escepticismo, pues a él eso le olía a una treta
―No era necesario que vinieras a despedirte.
―¡Para mí sí lo es! Y debes oírme, pedí una maldita cita para que me escucharas.
―Entonces habla, que no tengo tiempo de sobra para perderlo.
La italiana caminó sobre sus altos zapatos italianos y se sentó en la silla frente a Edward ―No me voy porque haya dejado de amarte, caro. Me voy porque me queda un poco de dignidad y no soporto tu desprecio hacia mí, que lo único que he hecho es amarte…
―Giuliana, por favor…
―¿Por qué ella, Edward? ―Preguntó, arrugando su respingada nariz― ¿Qué maldita cosa tiene ella que no tenga yo? ¿Ella es maestra? Yo lo soy. ¿Le gustan los niños? A mí también. ¿Es mejor que yo en la cama? ¡Pues lo dudo! ¿Dice que te quiere? ¡Pues yo te adoro! Te adoro tanto que lo dejé todo por ti… ¡Y ni siquiera es más atractiva que yo, per Dio!
Edward oyó cruzado de brazos, muy pasivamente toda la verborrea que acababa de soltar la italiana, con tal de que acabara de una vez y se fuera. Pero finalmente y antes que siguiera hablando estupideces, quiso darle una única respuesta clara antes que se marchara:
―Estoy con ella porque la amo, así de simple. Bella es todo lo que quiero, y por favor, no te compares con ella, porque para mí no hay punto de comparación entre las dos.
La italiana apretó sus ojos con ambas manos para retener las lágrimas que le provocaban las palabras tan frías de Edward y preguntó ―¿Olvidaste todo lo que hice por ti? ―soltó sus ojos y lo miró con recriminación― Me sacrifiqué en muchos sentidos por ti, siempre recibiendo las migajas de tu amor, fui siempre la amante que sólo buscabas para meterte a la cama, follar y…
―¡Basta Giuliana! ―exclamó Edward fuertemente― No sabes cuánto me arrepiento de eso, de haber mantenido esa relación contigo. Si hubiese sabido que acabaría así, me hubiera apartado sin dudarlo.
―¡Ya está hecho! Ya me has marcado profundamente, ya me utilizaste…
―No te utilicé y no fuiste sólo una mujer para follar, como dices. Fuiste una buena compañera, un apoyo en mis momentos difíciles, me escuchabas y me aconsejabas. Después lo torciste todo… te convertiste en otra persona.
―¡Terminaste conmigo!
―¡Era algo que ocurriría tarde o temprano! ―exclamó, tensando su mandíbula― Además, nunca te di esperanzas, siempre supimos que iba a acabar. Traté de hacerlo por las buenas, Giuliana, y lo sabes. No me diste más opción.
―¿Y la conexión que teníamos, Edward, has olvidado eso?― susurró la italiana.
―Tú acabaste con la conexión esa, porque ahora, de haber terminado bien las cosas, yo te guardaría un cariño especial, como una buena y vieja amiga, pero no lo quisiste así. Además, lo que tuvimos no fue más fuerte de lo que ahora tengo con Bella.
Ella alzó su mentón y enderezó la postura de su columna ―Lo sé, y por eso me voy. Voy a agarrar el poco orgullo que me queda y me iré, porque sé que entre tú y esa… mujer, no habrá ruptura posible. Quizás la lejanía me ayudé a olvidarte, porque es lo que quiero.
En aquella última frase que Giuliana dijo, Edward vio resquicios de aquella mujer italiana con quien hace algún tiempo atrás solía conversar y reír, incluso llorar. Una mujer amable, generosa y muy hermosa, mujer que cambió completamente, probablemente por culpa suya. No podía eludir esa responsabilidad y en el fondo de su corazón, deseaba lo mejor para ella, un hombre que se enamorara locamente de ella y a quien ella pudiese retribuirle del mismo modo, porque se lo merecía.
―Giuliana, regresa a Italia, retoma tu vida y sana… y perdóname si alguna vez te di esperanzas que te ilusionaron, si te dañé, si te sentiste usada por mí, pues perdóname por ello. Pero esta es mi vida ahora, soy feliz con Bella, la amo y quiero una vida a su lado, y nadie me hará cambiar de opinión.
―Lo entiendo… ―asintió ella con la cabeza, secando disimuladamente la lagrima que calló de su mejilla cuando escuchó a Edward hablarle con tanta suavidad como hace mucho no lo oía.― No te quito más tiempo, tengo que preparar mi valija todavía y … ―comentó, poniéndose de pie.
Edward suspiró y se levantó de su sillón también, acercándose a la puerta junto a Giuliana ―Que tengas buen viaje, Giuliana.
Ella lo miró con sus intensos y acuosos ojos verdes y antes de salir de su oficina y de su vida, susurró ― Io ti amerò per sempre, Edward.
Sin poder decir nada, el abogado dejó que su antigua amante se fuera y que aquella ultima promesa que le hizo no se cumpliera, esperando que la vida, como a él, pusiera en su camino a un hombre a quien amar como ella se lo merecía.
/E.P/
―¡Demonios! ―exclamó Edward exasperado cuando miró la hora en el reloj de su laptop y vio que ya eran cerca de las nueve y él no se dio ni cuenta cómo fue que pasó la tarde.
Por la hora que era, probablemente no alcanzaría a ver a su pequeña Grace y dudaba mucho poder ir a ver a Bella también, pues aún tenía cosas que terminar. Ni siquiera había tenido tiempo para llamarle, así que sin demora, sacó su móvil del bolsillo y le marcó a Bella.
Ella contestó al tercer tono ―¿Hola?
―Hola, cariño. ¿Va todo bien?
―Uhm… sí… sí, todo va bien ―respondió ella titubeante. Él estrechó sus ojos y dudó un poco.
―Qué sucede, Bella.
―¿De verdad no lo sabes?
―¡Dios, Bella! ¿Me puedes decir…? ―preguntó inquieto, recordando el último altercado que se vivió en su casa, después que Whitlock apareciera.
―Tu madre estuvo aquí, con Lauren ―soltó ahora muy tranquila.
―¡¿De verdad?! ―preguntó él, tomándole de sorpresa la noticia esa ―¿Y qué pasó, qué te dijo, se comportó bien, te dijo alguna pesadez?
―No Edward, no me dijo ninguna pesadez, muy por el contrario.
Edward pestañeó varias veces y rascó su cabeza, haciéndose hacia atrás en su asiento ―Cuéntame entonces cómo estuvo eso.
―¿No vas a venir?― preguntó ella antes de contarle a Edward sobre la visita.
―No lo creo hermosa, estoy hasta arriba de trabajo atrasado y tengo unos pendientes que tengo que resolver para un juicio que tengo mañana. Lo siento.
Se oyó a Bella carraspear y en susurro dijo ―Siento que por todo lo que ha pasado, que por mi culpa, te hayas atrasado tanto en tu trabajo…
―No digas eso, Bella. No había otro lugar en donde yo quisiera estar… pero mejor dime cómo fue todo con mamá.
―Bueno, ella llegó con Lauren de sorpresa… fue muy amable y creo que ambas nos sacamos un peso de encima ―comentó Bella.
Y era cierto.
Esme Cullen se había levantado esa mañana muy nerviosa, porque el día anterior había quedado con Lauren de acompañarla hasta la casa de los Swan, presentar sus respetos por la muerte de la hija del matrimonio y ciertamente hablar con Bella.
―¿Estás lista, Esme? ―peguntó Lauren, subiéndose al coche, lista para partir― Conocerás a Renée que es un amor de mujer y que está saliendo adelante, igual que Charlie que adora a mi hija. Te recibirán muy bien en casa, ya verás― agregó muy confiada, saliendo del aparcamiento de casa de los Cullen.
Esme la miró y suspiró ―Espero que tengas razón.
Al cabo de veinte minutos, Lauren aparcaba el coche frente a la casa de los Swan e invitaba a Esme a salir del coche. Al tocar la puerta y después de unos minutos, Charlie abrió, saludando a Lauren, haciéndola pasar enseguida junto a su invitada hasta el recibidor.
―Charlie, ella es…
―Soy Esme Cullen ―dijo ella, alzando una mano para saludar a Charlie, quien se apresuró a responderle a su saludo de igual forma― la madre de Edward. Uhm… no quería dejar pasar más tiempo para mostrarle mis respetos por la pérdida de su hija. Lo lamento mucho.
―Muchas gracias, señora ―respondió el padre de Bella.
―Llámeme Esme, por favor.
―¿Y Bella? ―preguntó Lauren a Charlie.
―Está adentro con Renée y la niña… pero pasen por favor, no se queden aquí ―dijo Charlie, invitándolas a pasar a la sala, donde madre e hija estaban jugando con la pequeña Beth.
Cuando Bella vio entrar a su padre, seguido de Lauren y de la señora Cullen, automáticamente se puso de pie cual resorte y la miró con ojos muy abiertos por la sorpresa.
Después que Lauren presentara con Renée a quien la acompañaba y ambas se saludaran muy amablemente, Esme con cautela se acercó a Bella y tocó uno de sus brazos.
―¿Tendrías un momento para hablar conmigo, por favor?
―Claro… claro… ¿tomaría un té o un café conmigo?
―Por supuesto ―respondió Esme, siguiendo a Bella hasta la cocina.
Bella preparó todo ágilmente, mientras Esme observaba el pequeño y acogedor lugar. Cuando vio que Bella tuvo puesta la mesa para dos tazas de café sobre la mesa, se acercó y se acomodó en una de las sillas junto a ella.
―Había deseado venir antes, pero dada las circunstancias preferí dejar pasar un poco de tiempo.
―Está bien, lo comprendo ―dijo Bella, mientras vertía agua sobre las tazas.
―Bueno…― comenzó Esme, mientras revolvía su taza― … Dios, esto es tan difícil para mí… no sé ni cómo comenzar.
―Por favor, señora, no se sienta presionada a hablar…
―Debo hacerlo, necesito hacerlo… y no me digas señora, por favor, llámame Esme, por favor ―pidió, a lo que Bella asintió.
Ambas mujeres se quedaron en silencio durante unos minutos, mientras degustaban se la fusión, hasta que Esne carraspeó y comenzó a hablar:
―Yo… fue muy difícil para mí cuando perdí a mi nieta, ¿sabes? Fue algo de lo que nunca podré reponerme. Intenté ser fuerte por mi hijo, por mi nieta, por Lauren, debía ser un apoyo para ellos como familia, esperando que eso no los fuera a desmoronar, ―relató con su vista fija en el oscuro líquido de su taza― ahora, con todo lo que ha pasado con tu hermana, entenderás lo que es para una familia sobrellevar un dolor así.
―Lo entiendo.
―Recibimos la noticia de que Lauren y Edward regresarían aquí, y eso fue como un alivio para mi, tenerlos cerca y acompañarlos. Pero el alivio duró muy poco, hasta que nos comunicaron lo de su divorcio.
Sentí que mi cometido como madre de Edward no se había cumplido, mi cometido de sostener su matrimonio… ― cerró los ojos y negó con la cabeza, antes de extender sus manos y tomar las de Bella entre las suyas ―Debes saber que desde antes las cosas en su matrimonio no estaban bien, pero me negaba a recordarlo y siempre, a pesar de que muy pronto el divorcio de ellos se concretó, tuve la esperanza de que ellos lo meditarían y regresarían, por el bien de la niña y por el bien de ambos. Pero no fue así…
Tomó un suspiro y agregó en resumen ―Lo que quiero decir, es que no se trata de ti. Quizás mi terquedad me cegó a aceptar que mi hijo pudiese estar con otra mujer, cuando él ya había elegido a una, a Lauren. Todo desde que mi nietecita murió se torció de forma muy abrupta para mí ―dijo, quebrándosele un poco la voz― después que pasó el tiempo me enteré de muchas cosas, hice oídos sordos a lo que me hijo me decía, y fui ciega al no verlo tan bien junto a ti.
Esme se quedó un momento en silencio, sin soltar las manos de Bella, después de haber echado fuera el resumen de sus sentimientos, un cúmulo de sentimientos la embargaron, mientras por su cabeza pasaba como una rauda película, lo que había sido la historia de su vida aquel último año, desde que su nietecita Elizabeth murió tan tempranamente.
―Por eso necesito que me perdones, porque sé que te ofendí sin razón… yo… yo simplemente no estaba pensando con claridad, yo…
―Esme ―la llamó Bella― Entiendo, siempre intuí que su aversión hacia mí estaba fundada en sentimientos que la cegaron, como bien dijo. Edward siempre me habló de usted como una mujer amable y cariñosa, y eso nunca lo dudé, sólo entendí que había que darle tiempo y espacio para pensar, y creo que ha sido lo que usted ha necesitado para aclararse. A mí, en verdad, lo que más me preocupaba era la distancia que se estaba creando entre Edward y usted, pero ahora me siento muy tranquila y contenta de que ambos hayan retomado su relación de madre e hijo. Él la extrañaba mucho.
―¡Dios, Bella! ―exclamó Esme, poniéndose en pie y llevando con ella a Bella, a quien abrazó fuertemente― No sabes el peso que me he quitado de encima, pensé que sería más difícil, que no querrías hablarme… pero aquí estás, incluso después de semejante dolor, aceptándome y disculpándome. Gracias, muchas gracias, Bella.
―Nada tiene que agradecer ―dijo Bella, apartándose un poco y sonriéndole con sinceridad. Después de todo el pesar que había sobrellevado en su corazón, ella tenía la capacidad para aceptar las disculpas de Esme y perdonarle sin recriminarle nada.
Ese fue el momento en que Esme Cullen confirmó que esa era la mujer indicada para su hijo, que por algo él la defendía con tanto ahínco y estuvo contenta por finalmente comprobarlo con sus propios ojos y estar segura de eso.
―Ahora, por favor, vamos a ver a Beth, desearía cargarla… Grace no deja de hablar de ella… y de tu padre. Los quiere mucho.
―La queremos mucho, y a mi Beth se le ilumina el rostro cuando la ve ―comentó Bella a Esme, mientras salían de la cocina, rumbo a la sala, a reunirse con el resto.
Edward, después de oír a Bella contarle cómo estuvo el encuentro con su madre, se sintió muy orgulloso de Bella. Deseó ir hasta ella y darle un abrazo grande y lleno de amor por aquel acto de humildad hacia Bella.
―¿Sigues ahí, Edward? ―preguntó Bella al otro lado del teléfono.
―Sí, hermosa. ¡Cielos, no sabes lo alegre que he quedado después de lo que me has contado! Pensaba que mamá dejaría pasar más tiempo, o que me pediría que te llevara a casa para hablar allí.
―Estuvo muy bien que haya venido. Estuvo mucho rato con Beth, además de acompañar a mamá. Fue muy bueno en verdad.
―Me alegro, me alegro mucho.
―Yo también estoy contenta, y muy tranquila… estos momentos de paz son los que necesito justo ahora.
―¡Dios, Bella! Apagaré mi notebook e iré para hacerte dormir como lo llevo haciendo estas semanas ―dijo, entendiendo su mano hasta el icono que apagaba la computadora.
―Tienes mucho trabajo, y aunque te extrañaré, prefiero que termines allí, ya no quiero que sigas retrasándote por mi causa.
―Eres una causa que merece la pena. Te amo, hermosa.
―Yo también Edward… todo esto hubiese sido más difícil si tú no hubieses estado a mi lado ―dijo ella suavemente. Él suspiró y pudo sentir como su corazón se hinchaba de amor por Bella.
―Estaré a tu lado por mucho, mucho tiempo más. Ahora ve a dormir, antes que me arrepienta y corra hasta tu casa.
―No trabajes hasta muy tarde, ¿sí?
―Está bien. Te dejo un beso, mañana estoy allí sin falta.
―Te esperaré, como siempre lo hago. Te amo mucho, Edward.
―Y yo a ti, Bella ―susurró con amor antes de colgar.
Dio un gran suspiro, esbozó una sonrisa, se soltó la corbata y finalmente se dispuso a seguir trabajando con su espíritu lleno de dicha, sintiendo que, pese a todo, las cosas estaban tomando el curso que siempre deseó que siguieran. Así, con su corazón henchido de orgullo por dos de las mujeres a las que más amaba, se acomodó frente a su laptop y continuó con su trabajo.
