¡Ya es jueves! Mil gracias a todas por sus lecturas silenciosas y a aquellas que se dan el tiempito de comentar. Abrazos para todas.

A mi amada y sexy beta Gaby Madriz que hermosea cada capítulo, mi eterno agradecimiento como siempre.

Y nos vamos acercando al final... así que las dejo (con el temor de que más de alguna quiera patearme el trasero después de leer el capítulo... pero así es la vida)

A leer. Nos leemos pronto. Mil abrazos.

Cata! =)


27. Conflictos.

"Aunque el mundo esté contra mí, y nadie me enseñe a vivir,

Tengo sangre en las venas, que arde más que esta pena de amor"

~En Paralelo~

Edward miraba por la ventana, afirmado en la jambra de esta, sosteniendo un vaso de ponche en su mano, mientras pensaba que sin duda, esa era la navidad más difícil que le había tocado vivir. La ausencia de su hija Elizabeth caía sobre él de forma contundente, sobre todo en esas épocas en que la familia se reunía a celebrar.

La extrañaba. Dios, cómo la extrañaba.

Extrañaba la sorpresa y la felicidad en sus ojos cuando rasgaba los papeles y veía sus regalos, o como disfrutaba de ver las titilantes luces de colores del árbol de navidad, o divertirse con su hermana, jugar con su madre o con él.

Echaba de menos cada cosa de ella, sus rabietas, sus llantos, sus preguntas, su voz, su risa, sus caras… la sola conciencia de la presencia en cuerpo y alma de su hija era lo que él extrañaba, saber que en algún momento del día la vería y la abrazaría, y no como en el presente, después de meses aprendiendo a vivir con su partida, consciente de que como antes, no la vería ni volvería a abrazar su cuerpo cálido como solía hacerlo.

Sólo que quedaba el consuelo de haberla tenido y evocar los más dulces y felices recuerdos de su niña, su pequeña guerrera, que como decía Grace, ahora era un ángel.

Su Grace. Qué sería de él sin su pequeña, sin la niña que lo impulsó a seguir adelante, por quien eligió vivir y soportar la pena sobre sus hombros, por quien sonreía cada día y por quien estaba dispuesto a sacrificar cualquier cosa por verla feliz. Ella era su más grande tesoro, su orgullo y su fuerza para seguir adelante.

Y precisamente, por ella y por sus sobrinas, decidieron hacer una fiesta de navidad en casa de sus padres "como Dios manda", como a Lizzie le hubiese gustado y con toda la familia reunida, celebrando.

Pero fuera de su amor de padre, estaba su preocupación y su amor por Bella, la mujer que llegó a su vida cuando pensó que para él, el amor, ya no tendría cabida en su corazón. Pero la naturalidad con que ese amor nació y creció lo hizo darse cuenta de que en su vida y en su corazón no habría nadie después de ella.

La amaba tanto y estaba tan preocupado por ella después de lo que su familia tuvo que pasar tras la muerte de Alice, y sabiendo que, esas fiestas serian algo más tristes que alegres, que la llamó varias veces en el transcurso del día, ofreciéndose a pasar noche buena con su familia e ir a acompañarla, pero Bella lo disuadió de hacer aquello, diciéndole que sería un momento de recogimiento para ella y sus padres y que ciertamente se irían a la cama temprano.

Había estado con ella en todo ese proceso de dolor, sosteniéndola cuanto le fue posible, que en ese momento lejos de ella, la extrañaba como nunca, deseando que esa fuera la primera y última navidad que pasarían separados, pues de una cosa estaba seguro: ella sería la mujer con quien compartiría el resto de su vida.

Quedó en llamarla pasada la media noche, comprometiéndose ella a esperarlo para oír su voz, que calmaba su alma triste y la hacía dormir en paz. Cuando ella le dijo eso, Edward quiso agarrar su chaqueta, las llaves de su coche e ir hasta ella, pero no podía.

Suspiró, ahora extrañando a su Bella, observando ajeno la noche que se extendía oscura tras su ventana y dando un trago al vaso que tenía en la mano.

―¡Papi! ―oyó la vocecita de su hija llamarlo. Sintió las pisadas rápidas de su hija acercarse a él, por lo que rápidamente se preparó para recibir a su princesa entre sus brazos.

―¡Ey! ―exclamó Edward, levantándola, haciéndola carcajear― ¿Estás lista para irte a dormir?

La niña estrechó sus ojos hacia él y frunció mucho su entrecejo, tentando a Edward a carcajearse, cuestión que evitó.

―¿Debo irme a dormir? ¿Y mis regalos, papá? ¿Podemos abrirlos ahora, antes que mis primas se duerman? ―explicó, jugueteando con el cuello de su camisa― Además, tenemos que ir a dejar los regalos a Beth, ¿lo olvidas? ¿Crees que le guste lo que hice para ella? ¿Y lo que compramos para Beth, y para nonno Charlie y nonna Renée?

Edward ensanchó su sonrisa después de oír la forma cariñosa de como su hija les decía a los padres de Bella. Recordó cuando ella le contó a Charlie sobre sus clases de italiano, causándole a él mucha gracia y pidiéndole a la pequeña que le llamara de ese modo.

―Lo de abrir tus regalos ahora, pues puede ser ―respondió, acariciando la nariz de su hija― Pero lo de ir a ver a Beth a estas horas; pues lo dudo, porque según lo que supe, ella hace mucho que está bien dormida.

―Uhm… ―asintió la niña, curvando su boca en una mueca― ¿Pero no iremos a ver a Bella? Porque ella debe de echar mucho de menos a su hermana, ¿no crees? Porque yo sí echo de menos a Lizzie― reconoció, torciendo su cara.

Edward besó su frente y suspiró antes de responder ―También extraño a Lizzie y Bella extraña a su hermana igual que tú, pero es muy tarde de todas formas para ir. Mañana los visitaremos y almorzaremos con ellos y les daremos los regalos que le tenemos, qué te parece.

―¡Muy bien, papi! ―respondió con entusiasmo, para luego ser dejada en el piso. Aprovechó de agarrar una de las manos de su papá y tironearlo hasta la sala donde estaba montado el inmenso árbol de navidad― ¡Vamos a abrir los regalos papi! ¡Hay un montón!

―Muy bien, vamos a ver qué dejó Santa para nosotros ―respondió, dejando ser guiado por su pequeña hasta la sala, donde toda su familia estaba reunida.

Allí Edward se sentó bajo el árbol de navidad, con un gorro de Santa enfundado en su cabeza y con una de sus pequeñas sobrinas ―Sarah― sobre sus rodillas, mientras entregaba los regalos.

Fue un momento divertido con la familia donde tomaron fotografías mientras las niñas abrían los regalos y disfrutaban de sus innumerables juguetes. Ciertamente el pie de árbol había estado lleno de regalos, casi en su mayoría para las tres nietas del matrimonio Cullen.

En un momento, cuando el papel de Santa había acabado para Edward y cuando la pequeña Sarah ya no pudo mantenerse por más tiempo despierta, él la dejó en brazos de Rosalie y se sentó en el sofá junto a su madre. Definitivamente ser Santa era bastante cansador.

―¿Y llamaste a Bella, hijo? ―preguntó Esme. Él la miró y sonrió, pasando su brazo por los hombros de su madre y dejándole un beso en su sien.

―Sí mamá, pero volveré a llamarla dentro de un rato.

―Quizás tendríamos que haberlos invitado a cenar con nosotros…

―Agradezco que pensaras en ellos, pero querían tener una cena tranquila, no están aún para celebraciones ―explicó, afirmando su cabeza suavemente a la de su madre.

―Ya lo creo… ―reconoció Esme ― Carlisle y yo invitamos a Renée y a Charlie a pasar el fin de semana en la finca que tenemos fuera de la ciudad, les servirá para relajarse y para conocernos ―le contó Esme, dejándolo sorprendido.

―¿De verdad hiciste eso?

―¡Claro!

―¡Dios, mamá! Agradezco tanto lo que estás haciendo ―dijo Edward con sincero agradecimiento.

Desde que ella había ido a casa de los Swan a presentarse con ellos, darles el pésame y hablar con Bella, las cosas entre ambos habían retomado el rumbo de siempre. Su madre finalmente resurgía con la forma de ser amable, amorosa y comprensiva que siempre la caracterizaron. Su padre, un par de días después que su madre fuese a hablar con ellos por primera vez, se había animado en ir también y hacer amistad con Charlie, quien sabía necesitaba conocer gente nueva y distraerse para sobrellevar un poco su dolor. Por fin las cosas se estaban dando como él deseaba. Sonrió cuando concluyó aquello.

Después de charlar con su madre sobre lo que tenían planeado para ese fin de semana, se disculpó con ella, apartándose de su familia para hablarle a Bella como le prometió.

―Hola preciosa ―le saludó cuando ella atendió la llamada.

―Qué tal la celebración ―preguntó con voz ronca. Edward, supo enseguida que su Bella había estado llorando y se lamentó no haber estado con ella.

―Estuvo bien… ¿tú estás bien? Estuviste llorando…

―Me fue inevitable, se sintió muy fuerte el peso de su ausencia… la extraño mucho ―susurró aun con el llanto saliéndole de la garganta.

―Lo sé, mi amor… pero no llores, por favor.

―Lo siento, lo siento…

―No lo sientas, hermosa, sólo que cuando estás así de triste, me gustaría estar contigo… ahora mismo quisiera correr hasta ti para que lloraras tranquila, pero abrazada a mí.

―Dios Edward, también te extraño…

―No pasaremos más navidades separados, ¿está bien? ―concluyó con seguridad, y para intentar animarla un poco, agregó― ¿Sabes que mis padres y los tuyos se irán de fin de semana al campo?

―Papá lo comentó y no podía creerlo.

―Lo que significa, señora Swan, que tendremos el fin de semana para nosotros y las dos señoritas. Dime, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres ir a algún lado en especial?

―Cualquier lugar estará bien, mientras te tenga conmigo y a las niñas junto a mí.

Edward suspiró antes de declararle lo mucho que la amaba y prometerle que prepararía algo especial para ella y las pequeñas.

Y así lo hizo.

Pasó con las niñas cada momento que tuvo y por las noches le hizo el amor a Bella suavemente, demostrándole y diciéndole lo mucho que la amaba y cuan cerca estaría él de ella por el resto de su vida, como una promesa férrea.

Promesa que Edward se vio meditando la noche de año nuevo. Recordó que antes de morir Alice, ellos habían hablado de la posibilidad de vivir juntos, pero ahora eso se veía lejano pues Bella no sería capaz de dejar a sus padres solos con semejante dolor a cuestas. Él respetaba eso y lo entendía perfectamente por lo mismo no había querido insistir con Bella sobre eso, pero le desesperaba la idea de no tenerla todo el tiempo junto a él, teniendo que conformarse con verla un par de horas al día y cuando caía la noche, tener que despedirse de ella, dejándola en casa de sus padres. Quizás estaba pensando de forma egoísta, pero quería acabar ya con eso. ¿Cuánto tendría que esperar?

/E.P/

Los primeros meses del año siguiente transcurrían con rapidez. Enero y febrero pasaron con el frio habitual del invierno. Él seguía con un montón de trabajo en el bufete de abogados, al igual que el resto de sus colegas allí.

Su relación con Bella seguía estable y afianzándose fuertemente, a medida que pasaban los día. Su ánimo iba levantándose y la pena de haber perdido a su hermana estaba transformándose en resignación y al menos ahora sonreía al recordarla. Volvió de forma habitual a retomar las clases en la escuela, cuestión que sin duda la ayudaba. Por eso es que él se atrevió un día a volver a hablarle sobre la idea de vivir juntos.

―¿Lo has pensado al menos? ―quiso saber Edward, un día a fines de febrero mientras bebían un café en un restaurante― La verdad es que yo no he dejado de pensar en ello y quisiera que no lo postergáramos por mucho tiempo más.

Ella negó despacio con la cabeza, siendo esta una mala señal para Edward.

―Edward, ponte en mi lugar…

―¡Ponte tú en el mío! ―exclamó con más vehemencia de la que hubiese querido, haciendo que Bella abriera sus ojos desmesuradamente hacia él, sorprendida por su reacción. Bajó su cabeza luego y mordió su labio, en señal de nerviosismos.

Edward suspiró, moviendo sus dedos rápidamente, deseoso de poder tener un cigarro entre estos y aspirar el humo del tabaco para relajarse.

―Vale, perdona ―dijo después de unos minutos de tenso silencio, buscando las manos de Bella, quien las apartó hasta su regazo antes que él pudiese tomarlas― Bella, por favor…

―Entiendo si te aburres con esta relación… ―susurró con pesar y con su cabeza gacha.

―No digas eso, Bella.

―Pero de momento es lo que puedo darte. No voy a dejar a mis padres solos después de lo que han vivido. Caerían en depresión si me fuera de casa llevándome a Beth de su lado, es lo que les da fuerza, Edward. Sabes lo difícil que es superar algo así…

―Lo sé, Bella. Es sólo que… te extraño más cada día, no soporto estar solo, no me basta con tenerte un rato a diario o tener que escaparnos para estar a solas. Yo simplemente quiero comenzar a vivir mi vida contigo…

―Yo también lo quiero Edward, no pienses que no es así ―asintió ella con voz suave, subiendo sus manos y llevando una de estas hasta el rostro de Edward que acarició con ternura. Él cerró los ojos y disfrutó de la suave caricia de Bella.

―Sólo te pido que lo tengas presente y que no lo olvides.

―No lo he olvidado, ni lo haré.

Ambos se quedaron más tranquilos y siguieron hablando de otras cosas, como la estrecha amistad y la fuerte contención que Lauren entregaba a Renée, además de la buena y sorpresiva relación de amistad que los padres de ambos tenían.

Recordaron entre risas de cómo Beth iba dando sus primeros pasos y diciendo o intentando decir sus primeras palabras, llamando claramente a Bella como "ma-ma" y diciendo "pa-pa" cada vez que quería que Charlie o Edward la tomaran en cuenta. Fue una sorpresa para todos cuando la bebita alzó sus manos a Edward y le dijo papá, pues finalmente para la niña, era él, una figura paterna permanente, al igual que Charlie, quien lloró como un niño cuando su nietecita lo llamó de esa manera.

―¿No ha pasado nada con Jasper? ¿Su abogado no se ha comunicado contigo?

―No, para nada ―contó Bella, bebiéndose su café antes que se enfriara― Sé que le amenacé con prohibirle visitar a Beth, ¿pero qué saco, cuando él ha desaparecido? Ni siquiera su madre ha ido a visitarla, ha llamado un par de veces y ha mandado regalos… se oye diferente, quizás es sólo una impresión mía, pero…

―¿Piensas cumplir tu amenaza? Podemos comenzar un juicio por incumplimiento…

―No sé, de cualquier modo no ha incumplido con el monto de la pensión de la niña, pero de cualquier forma quiero pensarlo bien antes de tomar una decisión. ¿Si le quito el derecho de ver a su hija, y después es ella misma quien me lo reprocha? Tú sabes cómo esas cosas se pueden voltear…

―Tienes razón, es mejor no apresurarse para que, llegado el momento de una decisión, él no diga que no le diste oportunidades. No te atormentes con eso ― le dijo Edward, llevando sus manos hasta sus labios y besándolas.

Después de pasar un rato, juntos y no a solas para pesar de Edward, la llevó como cada día hasta su casa, estuvo un rato con sus padres y alcanzó a ver a la pequeña Beth despierta antes de irse a casa de Lauren para estar con su hija hasta que se durmiera.

Cuando llegó, Lauren le contó que después del colegio se había decaído un poco y había tenido algo de fiebre, lo que ella presumió eran síntomas de gripa, las que ella controló con analgésicos suaves.

―¿Cómo te sientes, hermosa? ―preguntó Edward a su niña, que estaba cubierta hasta el cuello.

―Me duele el pecho, papi… ―dijo con voz quedadita. Él torció su boca y le dio un beso en su frente que estaba algo caliente, acariciando luego su cabello suavemente. Le era raro ver a su niña tan decaída, aunque fuese por una gripa, pues ella siempre se caracterizaba por su ánimo tan rebosante y alegre.

―Ya pasará, cielo ―prometió.

Se quedó con ella hasta bien tarde después que se quedara dormida y prometió estar todo el siguiente día con ella, pues así como estaba era imposible que fuese a clases. Ciertamente llamarían a su pediatra para que la revisara y descartara cualquier otra cosa.

Llegó a su apartamento después de media noche y se fue directo a su recamara, donde se desnudó y se metió a la cama.

A mitad de la noche, cerca de las cuatro de la mañana, el insistente tono de su teléfono lo despertó sobresaltado. En la pantalla vio el nombre de Lauren, por lo que contestó de inmediato:

―¿Qué sucede, Lauren? ―preguntó, restregándose los ojos y sentándose en la cama.

―Estoy llevando a la niña de urgencia al hospital… ¡Dios! Se puso azul porque le cuesta respirar…

―¡Por Dios!- de un salto se puso de pie y caminó hasta su ropero ―¿Ya van saliendo? ¿Voy por ustedes?

―No, vete directo al hospital. Ya le hablé a su doctor, que estaba de turno allí. Nos estará esperando.

―Estoy allí en veinte minutos.

No tenía tiempo para desesperarse. Sabía que esas cosas solían pasar, pero mientras se vestía a toda velocidad, no podía dejar de pensar en Lizzie y en aquella madrugada que la llevaron hasta la clínica… cuando después de unos chequeos le diagnosticaron el cáncer.

"No va a pasar nada, no va a pasar nada…" se repetía, mientras bajaba por el ascensor rumbo al estacionamiento.

/E.P/

―Mantendremos a la niña en observación al menos por cuarenta y ocho horas ―informó el pediatra a los nerviosos padres que desde las cinco de la mañana habían estado esperando algún tipo de resultado concreto.

―¿Pero no tiene indicio de lo que es?

―Muy probablemente un asma pediátrico, por los síntomas. Hay que realizar exámenes para confirmarlo y ver qué lo desencadeno, si algún tipo de infección o alergia.

―¡Mi Dios! ―exclamó Lauren― ¿Y es grave? Anoche mi niña estaba azul, no podía respirar…

―Ella ahora está respirando con normalidad, las vías respiratorias ya no están obstruidas, pero estará bajo vigilancia y será auxiliada por respiración mecánica si es preciso. De cualquier modo, para que el cuadro de asma no se repita, debemos chequear y ver qué lo provocó.

―Ella no ha presentado nunca alergia por nada, nunca había tenido este problema… ―comentó Edward, sin que la respuesta del médico lo tranquilizara.

―La alergia se pudo desarrollar ahora y provocar el asma, lo que sería algo crónico ―explicó el profesional― De ser circunstancial, pues se tomarán las medidas necesarias para tratarlo.

―¿Ella está despierta?¿Podemos acompañarla? ―preguntó Lauren.

―Está dormida, pero pueden acompañarla, aunque las visitas serán restringidas hasta que no aseveremos con los exámenes qué es lo que ocurrió.

―Muchas gracias, doctor ―dijo Lauren, siguiendo los pasos del doctor que los llevaba al cuarto de su hija.

El diagnóstico previo que el pediatra les dio, debería haber sido suficiente para dejarlos tranquilos, pero Edward no podía dejar de poner en paralelo lo que hace cerca de un año había vivido con Lizzie y lo que ahora pasaba con su Grace. No lo tranquilizaba que su hija tuviese que quedarse dos días en la clínica, la verdad es que simplemente no quería nunca más volver a llevarla hasta algún hospital.

Estaban acompañando a su hija que dormía tranquila en el cuarto de hospital, cuando Edward recibió la llamada de Bella.

―¡Jesús, Edward! Me encontré con Rosalie esta mañana y me contó lo de Grace, ¿está ella bien?― dijo Bella con preocupación en tanto Edward respondió al teléfono.

―Está controlada. Por lo que dijo el médico, es un tipo de asma infantil, pero debe estar en observación por al menos dos días.

―¡Pobre pequeña! ―se lamentó ella― ¿Tú has descansado algo?¿has comido al menos?

―¡¿Crees que me preocuparé de comer o dormir teniendo a mi hija aquí, Bella?! ―soltó tensión e irritación en su tono de voz, que hizo que Lauren alzara la vista hacia él y frunciera el entrecejo. Él cerró los ojos y suspiró antes de agregar ―Lo lamento…

―No pasa nada ―susurró ella― Ahora te dejo, tengo que regresar al salón. Por la tarde después de clases, pasaré a ver a la niña…

―Sí preciosa, y perdona. Y ven porque te necesito aquí ―declaró, sabiendo que si había alguien que podía aplacarlo y sostenerlo era ella― ven pronto.

―Ahí estaré, no lo dudes.

―Te amo, hermosa.

―Y yo a ti, Edward.

Suspiró nuevamente, mientras colgaba la llamada. Volvió donde su hija durmiente y en silencio rogó para que el diagnostico estuviese rápido y pudiera llevarse a su hija rápido de ese lugar, que como ningún otro, traía tan malos recuerdos para él.

~En Paralelo~

―Llamé a Esme en cuanto supe lo de la niña, Bella ―comentó Renée a su hija con respecto a la hospitalización de Grace― Me dijo que estaban en el hospital y que la niña estaba inquieta pero bien, que aún deberían tomarle otros análisis.

―Sí. Me he estado comunicando con Edward y me preocupa él más que Grace. Está ansioso y alterado, no halla a la hora de sacar a la niña del hospital…

―Es que imagínate, después de todo lo que vivió con su otra hija.

―En cuanto salga de la escuela me iré a visitarla, ¿puedes encargarte de Beth hasta que llegue?

―Sabes que no tienes que pedirlo, y si puedes hablar con la niña, dale muchos saludos de nuestra parte, ¿sí?

―Seguro, mamá.

Bella cortó la llamada y se quedó pensando en el estado sobresaltado de Edward. Durante el transcurso del día, y como se lo comentó a su madre, lo oyó nervioso, alterado e incluso enfadado. Comentaba que no entendía la razón por la que su hija seguía en el jodido hospital, cuando el médico ya había confirmado que se trataba de un asma provocado por una infección pulmonar, pero que podía ser controlada desde el hogar y con el reposo y los cuidados adecuados. Si era así, decía él, ¿por qué tenía que seguir sometiéndose a más exámenes? Ella trataba de tranquilizarlo, diciéndole que era mejor que le realizaran todos los exámenes ahora, para no lamentar algo más tarde.

Después de que el día escolar pasara rápido, ella se preparó para salir y dirigirse al hospital. Pero cuando salió de la escuela, vio a un hombre que estaba afirmado sobre su vehículo, de brazos cruzados como esperando a alguien.

Esperándola a ella, pues en cuanto la vio, enderezó su postura y expectante esperó a que ella se le acercara, cosa que no ocurrió de inmediato, pues la respiración de la maestra Swan comenzó a notarse irregular y sus pies se sentían como anclados al suelo, evitando que se moviera.

El miedo paraliza, dicen. Pero más que miedo, lo que la paralizó a ella, fueron los recuerdos que se agolparon en sus cabeza, recuerdos dolorosos de su hermana en los peores momentos, el recuerdo de su hermana antes de desvanecerse en el suelo, después de ser interceptada por el hombre que estaba allí, precisamente frente a ella. El hombre, padre de su hija, el hombre que dos semanas después que muriera su hermanita, se presentó haciendo un escándalo, el mismo al que ella le enrostró y a quien culpó de su muerte, el mismo que como cobarde que era, desapareció… hasta ahora.

Jasper dio un paso tentativo hacia ella, y ella automáticamente dio uno atrás. Vio que él se detuvo y ella aprovechó de respirar y poner su mente fría. Inspiró aire hacia sus pulmones, enderezó su postura, recobrando su seguridad y comenzó a caminar.

―Bella… ―dijo Jasper, acercándole mientras ella intentaba evadirlo. Por alguna razón, la voz de Jasper hizo que ella se detuviera. No era la misma voz del hombre petulante del que ella se divorció. Esa, era la voz de un hombre atormentado. Además, su presencia era la de un hombre que había envejecido unos diez años, estaba más delgado, se veía ojeroso y encorvado, como si en la espalda cargara con un tremendo peso.

―Bella, un momento, por favor… te lo suplico.

―Voy apurada, Jasper ―dijo, intentando mantener una postura rígida ante él.

―Sé que no me lo merezco, vale ―dijo, dejando ver el dolor que llevaba dentro, no importándole que sus ojos comenzaran a hacerse acuosos ni que su voz se oyera como un lamento― Pero por piedad, habla conmigo…

¿Qué sería lo lógico que debería hacer? Ciertamente, mandarlo al demonio y alegarse rápidamente de él. Pero ella no actuaba mucho por lógica, sino más bien por instinto, y su instinto le decía que debía oírlo, no porque él se lo mereciera, sino por un asunto de sanidad y paz interior.

Por tanto suspiró y asintió con la cabeza ―Hay un lugar aquí cerca donde podemos hablar ―dijo, indicando con su mano hacia su derecho, pensando en el café donde siempre solía ir.

Un lugar pequeño, discreto, pero como testigos en el caso de ser necesario. Porque una cosa era actuar por instinto, y otra ser muy confiada. Después de todo, Bella seguía manteniendo arriba sus barreras con Jasper.

―Tú dirás ―dijo, acomodándose en la pequeña mesa frente a él, después de hacer un pedido de café para los dos. Cruzó sus brazos sobre la mesa y miró a Jasper, como esperando a que él comenzara a hablar.

―Tenías razón… en muchas cosas ―comenzó a decir con dificultad. Tuvo que carraspear unas cuantas veces para aclarar su voz, que salía ronca, más de lo habitual― huí como una rata, pensando que podía escapar del dolor y el peso de conciencia, pero me equivoqué. Sentir este peso dentro de mí ―indicó, golpeando su pecho con el puño― ha sido el peor castigo… hubiese preferido mil veces que me matasen… sé que es tarde, pero… ―tuvo detener su explicación y tapar su boca, para evitar que el gemido de dolor se hiciera notar.

Bella tuvo que tragar y bajar su vista de él. No dijo nada, porque no tenía nada que decir, o simplemente porque no podía.

Cuando él estuvo más tranquilo, continuó ―No hay noche que no sueñe con ella… y con ese niño que…― otra vez de detuvo para tragar grueso, como sintiendo dolor siquiera pensar en eso― no hay noche que no llore y que me arrepienta de todo lo que hice, Bella, absolutamente todo. Saber que la amé malamente, y que si las cosas las hubiera hecho como correspondía, ahora sería todo diferente…

―No vale la pena lamentarse ahora ―dijo Bella, con toda la dureza que pudo, evitando mirar a Jasper.

―No me queda de otra, es el tormento por el que voy a tener que vivir por el resto de mi vida. Sé que es tarde para pedir perdón y que es algo que no merezco… pero si no lo intento al menos, no podré seguir adelante. Hasta ahora me doy cuenta de cuánto amaba a tu hermana, y de lo mal que hice las cosas… ella no se merecía a alguien como yo, ni tú… que Mary sea mi hija no es algo que yo merezca… que Alice haya cargado con un bebé que también podría haber sido hijo mío es algo que… ―sacudió su cabeza― es un dolor que llevaré hasta la tumba.

―Tuviste la oportunidad, Jasper. Pudiste haberme dicho lo que pasaba, las cosas entre nosotros pudieron haber terminado diferente… ―dijo, pensando inevitablemente en la relación que Lauren y Edward llevaban después de su matrimonio― pudiste haber tenido tu oportunidad con Alice, intentarlo, ser un buen padre con ese niño, con Beth, pero no quisiste hacerlo así… ella y tú podrían haber sido felices…

―¡Dios mío! ―exclamó, tapando su cara con las palmas de sus manos, como si sintiera vergüenza.

―Ahora nada puedes hacer…

―Soy el culpable de su muerte, Bella ―dijo con voz ronca y tormentosa― yo la maté, maté a mi hijo… y si quieres meterme a la cárcel, pues hazlo.

―Sería fácil culparte, Jasper.

―Lo hiciste, me dijiste que era culpable y no te lo reprocho.

―Lo hice por despecho ―explicó― Los médicos dijeron que el coma diabético se presentaría tarde o temprano… yo incluso podría haberla alterado más de la cuenta con la actitud que tuve hacia ella ―dijo, alzando sus hombros.

Desvió la vista hacia la ventana cerca de su mesa y recordó las veces que la ignoró para castigarla y que la enjuició. Sintió pena en su corazón.

Después de unos cuantos minutos de tenso silencio, Jasper volvió a hablar ―recorrí el cementerio buscando su lápida… hasta que di con ella. Tarde o no, me hinqué y le rogué que en donde estuviera, me perdonara… ella era una mujer bondadosa y apelé a eso… rogué que su bondad me redima. No sé si está bien o mal, pero lo hice.

―Seguro si hubiese ido ante ella con esta actitud, sincera y arrepentida, te hubiese perdonado.

―Quizás nunca lo averigüe…

―Lo averiguarás cuando lo sientas en tu corazón.

―Hay otra cosa… yo quisiera… yo quiero tu perdón también. Saliste herida por todo esto, te engañé y maté tus sentimientos por mí. Te herí profundamente…

―Lo hiciste ―asintió con orgullo, frunciendo su entrecejo al recordarlo, pero tranquila de saber que ya no dolía tanto.

―¿Podrás perdonarme? ―insistió Jasper.

El perdón era algo que llegaba con el tiempo y de la mano a la sanidad interior, bien lo sabía ella. ¿pero podría ella perdonarlo, como lo hizo con su hermana hace algún tiempo? Sin duda su lazo con ese hombre era diferente, y su instinto le decía que él era sincero, que de verdad sufría y que estaba muy arrepentido. ¿Podría sanear su relación con él, por el bien de su hija?

Mientras lo pensaba, Jasper agregó ―Yo quisiera que me permitieras ver a Mary… no he sido un padre ejemplar, pero quiero intentarlo. Sé que ella me puede ayudar a ser mejor… ella es tan pura…y no quiero perderla.

―Eres su padre, y a pesar de todo no te negaré a acercarte a ella ―respondió Bella, pareciendo ver en Jasper un dejo de alivio en su opaca mirada― Y creo que la necesitas más de lo que ella te necesita a ti. Sólo te pido que seas constante…

―La dejé de ver en estos meses porque no estaba preparado… pero ahora es una necesidad. Quiero ser su padre y estar presente tanto como pueda. Prometo que no la defraudaré.

Era muy pronto para creer en las promesas de Jasper, pero aun así, Bell asintió con la cabeza y agregó ―No me defraudaría a mí, sino a tu hija.

―Presumo que no seré bien recibido en casa, cuando quiera ir por ella…

―El dolor de mis padres es otra cosa, con lo que te pido tengas respeto. Ellos han comenzado a sanar de a poco y no sé qué tan bien les haría verte allí. Debo prepararlos para ello. De momento, cuando quieras ver a Beth, pues coordinamos y nos juntamos en algún sitio…

―Mi apartamento estaría bien. Salí de casa de mi madre ―explicó. Bella no pudo evitar alzar sus cejas en sorpresa y pensar en que al menos era bueno que él hubiese accedido a su emancipación.

Después de eso, Bella respiró más tranquila. Otra vez hubo un silencio, pero esta vez fue diferente. Aprovechó concluir en que alguna vez ella sí se había enamorado de un Jasper similar al que tenía en frente, y no con el extraño en quien se convirtió después. De cualquier forma, ese enamoramiento era imposible de que regresara, porque su corazón estaba copado por el amor que había nacido por Edward.

―Bueno, creo que no debo quitarte más el tiempo… ¿crees que mañana pueda ver a Beth?

―No lo creo. Mañana debo trabajar y después tengo cosas que hacer ―explicó, pensando en Grace― pero el sábado, así ambos tendremos más tiempo.

―Seguro ―respondió.

―Ahora debo irme, no quiero que se me haga más tarde― dijo, levantándose de su silla.

―¿A dónde vas? Deja que te lleve.

―No es necesario…

―Por favor… ―insistió Jasper, que estaba dejando un billete sobre la mesa para pagar los cafés.

―Está bien ―respondió.

Al cabo de rato, llegaron hasta las puertas del hospital. Jasper salió del coche junto a Bella y allí, en un impulso al que ella no supo cómo reaccionar, se vio abrazada por Jasper como a modo de agradecimiento y despedida.

―Me siento mucho más tranquilo después de haber hablado contigo ―dijo, soltándola lentamente― Sólo espero que con el tiempo, logres perdóname, por lo que te hice y por lo que le hice a Alice.

―Yo también.

―Esperaré tu llamada para cuando nos veamos, ¿sí?

―Lo haré ―respondió ella.

Vio cuando Jasper se metió al coche y se alejó de la clínica. Lo que no vio, fue que cierto abogado había salido precisamente a fumarse un cigarro en el momento en que ella se despedía de su ex marido con un abrazo.

―No puedo creerlo ―la voz de Edward tras de ella, sonó como un reproche, lleno de rencor. Bella se giró sobre sus talones y lo miró con sorpresa.

―¡Edward! Cómo está Grace… ―quería saber ella, preocupada por la pequeña, pero él no le respondió.

―Después de toda la mierda que ese maldito ha arrojado sobre ti y tu familia, tu vienes y te montas en su coche, y te despides de él con un abrazo, como si fuesen grandes amigos, como si no hubiera pasado nada… ¡O no! Como si la llama entre ustedes hubiese vuelto a arder…

―¿Edward? ¿De qué hablas? ―preguntó ella, tratando de acercársele, pero este se alejó de ella.

―¿Por eso no quieres vivir conmigo, verdad?

―¡Qué estás diciendo!

―Porque probablemente quieres volver a ser la señora Whitlock, Bella.

Las duras palabras de Edward, a quien estaba desconociendo, la hicieron respirar pesado y sentir unos profundos deseos de cachetearlo y echarse a llorar, pero no lo hizo. Él la estaba enjuiciando sin razón, como alguna vez lo hizo su madre, cosa que él tanto le reprochó. ¿A qué venía esa actitud?

Sin querer preguntar nada, ni decir nada más, se giró y comenzó a alejarse de la fría y crítica mirada de Edward, rogando que él la alcanzara y la abrazara, mientras le pedía perdón, cosa que no sucedió.

Así llegó a su casa, triste y con un tremendo deseo de llorar. Al llegar, se encontró con su madre e Irina, que estaban en la sala jugando con su hija. Saludó a ambas mujeres y se apresuró a tomar a su hijita entre los brazos.

―¿Ya has ido a ver a Grace?¿Está mejor?

―Uhm… no pude verla ―respondió meciendo a su hija, concentrándose en ella para evitar largarse a llorar frente a su madre.

―Pero seguro está mejor, ¿verdad?

―Sí mamá ― respondió ― Ahora iré arriba a cambiarme. Ya regreso ―dijo, entregándole la niña a Irina, antes de subir a su recamara.

En cuanto cerró la puerta de su recamara, las lágrimas se escaparon por sus ojos. Hubiese deseado contarle a Edward lo que habló con Jasper, lo que sintió ella, como si también se hubiese sacado un peso de encima. Que él estuviese con ella, apoyándola, como lo había hecho durante todo ese tiempo. ¿Qué era lo que le había ocurrido? ¿Por qué había reaccionado así? Ella sabía que él podía ser celoso, ¿pero hasta el punto de ser hiriente, como lo fue hace un rato?

Estaba preguntándose eso, cuando su madre tocó a la puerta. Ella se sobresaltó y no alcanzó a hacer desaparecer los rastros de lágrimas, pero eso no iba a bastar para tranquilizar a su madre, pues ella la notó rara tan solo entró a la casa.

―¿Está todo bien? ― preguntó Renée, entrando al cuarto. Bella secó sus mejillas y asintió con la cabeza― Pues no lo parece. Háblame, hija…

―Hoy sucedió algo…

―Qué cosa, hija.

―Jasper fue a verme al trabajo, quería hablar conmigo ―dijo, mirando de reojo a su madre, que dio un respingo cuando oyó a Bella decir aquello.

Bella comenzó a relatarle lo que había visto en Jasper y sobre todo lo que hablaron. Renée se mantuvo en silencio durante todo su relato, mientras apretaba los dedos de sus manos, como conteniéndose.

―¿Crees que fue muy precipitado, qué hice mal? No lo perdoné, sin embargo vi que era sincero, mamá, lo sentí.

―Hija… sólo… sólo debo digerirlo…. Es complicado para mí…

―Lo sé. Sólo quiero que recuerdes que como sea, él es el padre de mi hija y que si alguna vez estuve enamorada de él, fue por algo. Tan tonta no soy como para enamorarme de un imbécil… ―al decir eso, no supo por qué, pero recordó a Edward.

―Lo sé. Pero si dices que te sentiste en paz, ¿por qué llegaste en estas condiciones?

―Jasper fue a dejarme a la clínica y Edward nos vio… tergiversó todo, se molestó realmente mucho cuando me vio con él y no dejó que le explicara nada ―dijo, bajando la cabeza― Fue bastante hiriente, mamá.

―Lo siento, hija. Quizás está estresado por todo lo que ha pasado con Grace…

―Quizás, pero no por eso debo dejar que me trate así.

―¿No te ha llamado, para pedirte disculpas o algo así?

―No, no lo ha hecho. Y si lo hace, no sé si yo querría hablar con él…

En ese momento, su móvil dentro de su cartera sonó. Ella se precipitó a buscarlo, con la secreta esperanza de que fuera Edward quien la llamaba. Quizás él había recapacitado y quería disculparse, pero su ilusión duró poco, cuando vio que era Lauren la que la estaba llamando.

Contestó enseguida:

―¿Lauren? Cómo está Grace…

―Mi niña está bastante mejor, dice incluso que podría quedarse mucho tiempo si le siguen dando jalea de frambuesa y teniendo todo el día la televisión para ella con sus dibujos animados.

―Cuánto me alegro, ¿ya lograron remediar lo del asma?

―No es crónico. Se lo provocó una infección viral, pero ya está controlado ―contó― El que no lo está es Edward, que parecía el verdadero demonio. Tuve que sacarlo de la recamara, porque podía asustar a Grace. Cuando le preguntó, gruñó algo contigo y no sé quién más, ¿me puedes contar qué ocurrió?

Y ahí, otra vez, Bella relató en resumen lo que Edward vio y el contexto de cómo en verdad ocurrió, y no como Edward lo vio.

―Edward es muy bruto cuando quiere ―soltó Lauren― Y no para justificar lo que te dijo, él está bastante nervioso y la verdad no lo culpo. Por todo lo que pasó con nuestra Lizzie… a ella la llevamos por lo que nosotros pensamos era una indigestión, y al igual que Grace, la dejaron un par de días haciéndole exámenes… y pues él está comparando las dos historias.

―Está bien, lo entiendo…

―Vale…

―Lo entiendo, pero no puedo dejar que me trate así.

―No, no debes. Y pues bien merecido se lo tiene.

―Lamento no haber podido ver a Grace, y quisiera poder ir mañana… pero no quiero encontrarme con Edward todavía, ¿puedes avisarme cuando puedo ir…?

―Cuando él no esté. Creo que tiene que ir a tribunales a firmar unos papeles y demorará dos horas o algo así. Te llamaré o incluso puedo ir a buscarte, ¿está bien?

―Bien.

―Y por Edward no te preocupes, él solo se dará cuenta que es un estúpido… y se arrepentirá de lo que hizo contigo, de cómo reaccionó.

Bella se quedó pensando, después que Renée le pidiera el teléfono para saludar a su amiga Lauren. Edward podía arrepentirse de su comportamiento, aludiendo a que estaba nervioso por su hija, ¿pero ella podría perdonarlo así de fácil? De cualquier modo, si él se hubiese dado cuenta de su error, pues ya estaría intentando comunicarse con ella y excusarse, pero nada. Y pues ella tenía su orgullo, el que estaba algo herido.

Suspiró, mientras se quitaba las botas y se ponía algo más cómodo, para olvidarse un poco de todo y disfrutar de su hija, que era por sobre todo lo más importante para ella.