Capítulo 1
Las Cuatro Islas habían sido aliadas hacía tiempos remotos. Todas eran de minas abundantes en buen metal, por lo que utilizaron gran parte de las riquezas para hacer armas y combatir guerras contra otros territorios cercanos. Por alguna razón, poco a poco, los guerreros de territorios lejanos que combatían a los islotes aliados, fueron alejándose de las costas… Claro que los habitantes de las ínsulas creyeron haber derrotado a los enemigos, por los que estos últimos se marcharon. Ni siquiera emprendieron retorno.
Lo que nadie de ese lejano lugar sabía (por vivir alejados de todo y no querer comunicarse con nadie), era que los guerreros enemigos de Las Cuatro Islas se habían marchado por un rumor que corrió mientras ellos estaban luchando contra las ínsulas: que había una lucha más grande por el verdadero poder. La lucha de la Gran Esfera del Poder (que luego Kami la convertiría en las siete Dragon Balls).
Festejando la victoria, Las Cuatro Islas se fraternizaron más aún queriendo formar un territorio y alianza en común entre ellas…
…Sin embargo, la envidia, la codicia y el repentino resentimiento por distintas causas llevó a los cuatro islotes a la guerra durante muchos años entre ellas mismas. Las Cuatro Islas separaron sus nombres en Isla Norte, Sur, Este y Oeste. Cometían con sus mejores estrategias, hasta darse cuenta de que cada una tenía una cualidad más fuerte y débil que otras. Así, luego de tanto tiempo de enemistad, finalmente –con apoyo exterior- mediante tratados de paz se pudieron suavizar esas guerras violentas, pero no acabaron con su enemistad. Por eso, vivían como territorios vecinos que no mantenían contacto, pero sí rencor unos con otros habitantes que no fueran de su isla.
Pasados los años de ignorarse una isla con otra, continuaron con sus actividades económicas. Las que más se destacaban de las cuatro, eran la Isla Este y Oeste, pues habían dejado atrás sus costumbres ancestrales de ser guerreros.
La Isla Este tenía unas riquísimas tierras que servían para el cultivo, por lo que la mayoría de sus habitantes eran campesinos.
La Isla Oeste, al ser la más pequeña de las cuatro tenía grandes actividades de servicio y producción artificial, y de allí provenía la famosa Capsule Corp. Por eso, el dinero ganado se utilizaba en agrandar las ciudades, y era la isla más urbanizada de las cuatro y la que tenía más tecnología.
La Isla Norte y Sur eran iguales (sin nombrar que ambas reprendían por lo bajo a la Isla Este y Oeste por dejar de lado sus instintos guerreros). Aunque sus habitantes lo negaran a muerte, ambas islas eran prácticamente culturizadas de la misma manera: abundaban los guerreros y eran quienes más sentían resentimiento por la inconclusa terminación de las guerras pasadas. Claro que se dedicaban a ganar grandes sumas de dinero, pues los mejores guerreros y más fuertes provenían de las famosas Islas Norte y Sur (algo que la Red Ribbon ignoró por la búsqueda de las esferas de las Dragon Balls).
XXX
Era un día pacífico en la Isla Este. De lejos, el matutino gruñido de Ahlizidok se oía por las costas del gran territorio. Era normal. La bestia vivía tranquila en las penumbras de una pequeñísima isla que quedaba entre los cuatro territorios enemistados.
Más de una vez, los ingenuos guerreros de las Islas Norte y Sur quisieron desafiarse entre ellos para ver quién derrotaba al maldito monstruo…Pero dada a las pérdidas de muchas vidas, ya no quisieron arruinar sus vidas tratando de provocar algo que no tenía sentido.
-Eso es lo que dicen, pero no son más que unos cobardes-pensó Milk, hija del agricultor más importante de la Isla: Ox-Satan. Ella también le temía a la criatura, pero no le gustaba la idea de que la molestaran por razones orgullosas que ella no comprendía.
Ella había oído que dos guerreros querían interponerse ante el monstruo. Los rumores traían dos nombres conocidos: Vegeta y Goku. Claro que lo veía más que patético, seguramente esos hombres jamás iban a tener un trabajo digno más que luchar y luchar. Y pensar que ella descendía de los guerreros fuertes, pero no valía la pena en ese mundo "del hoy", donde ya habían perdido sentido las batallas. Ella solo pensaba en el comercio, que era de lo que vivía. Eso se decía ella, pero era obvio su deseo de ser una luchadora, pues siempre que podía, entrenaba a sus anchas.
Siguió separando las diferentes semillas que tenía para cultivar (de la mejor calidad), cuando sintió un tiroteo seguido de unos gritos potentes. Alarmada, dejó lo que estaba haciendo para correr a su hogar. No quería que nada le sucediera a su padre.
Mientras tanto, en la Isla Oeste, Bulma se encontraba en su laboratorio. Acababa de retocar su invento, que consistía en un pequeño robot servicial que activaba su alarma en un determinado peligro de su amo. Bulma hizo el ademán de tirar un tubo de ensayo con ácido mortal, pero el pequeño robot sostuvo el recipiente con la sustancia antes de que éste cayera.
La joven científica sonrió satisfecha.
"Mejor que esos guardaespaldas que tiene mi mamá" pensó complacida.
De repente, la puerta se abrió bruscamente por unos hombres armados que llevaban un traje de soldados y una cinta roja atada a uno de sus brazos. Dos de ellos tenían a sus padres asustados, a quienes les apuntabn con un arma y uno le gritó:
-¡ARRIBA LAS MANOS!
Inmediatamente, el pequeño robot, poderoso como era, atacó a los hombres uno por uno. No llegaron a hacerle daño, por su armadura blindada anti-balas. Bulma había sido muy lista al ponerle ese material a su invento, y veía ahora su efecto.
Abrazó a sus padres, quienes estaban atónitos mirando a los hombres muertos. La científica sintió de lejos gritos y ruidos de autos chocados… ¿Qué estaba sucediendo?
Goku, en la Isla Sur, acababa de entrenar a sus anchas. Mientras tomaba un descanso, miró el paisaje rodeado de naturaleza. Era la montaña más alta de Las Cuatro Islas. Se veía todo. Incluso lo gris y artificial que lucía la Isla Oeste, o llena de colores de cultivo y utilizada que se veía la Isla Este. Pero su aborrecimiento fue hacia la enemiga más mortal: la Isla Norte.
En realidad, él estaba consciente de que odiaba esa Isla porque todos os que vivían en la Isla Sur la odiaban. Era una especie de ley que le molestaba al joven luchador. Pero también sabía que si iba a la Isla Norte como un visitante, no iba a ser bienvenido…Además que se sentía en cierta competencia con ese tal Vegeta, quien también –por lo que decían los rumores- quería derrotar a Ahlizidok.
No sabía desde cuándo esa bestia habitaba por los lares, pero sabía que era desde hacía mucho tiempo. Aunque no había referencias históricas, la bestia había estado hacía muchos años entre las islas que se odiaban.
De pronto, sus pensamientos se disolvieron cuando escuchó a los lejos griteríos. Se dio vuelta a ver qué pasaba, y vio muchos helicópteros, con hombrecitos que bajaban de ellos.
-No-fue lo único que dijo entes de correr en la ayuda de su pueblo.
Mientras tanto, en la Isla Norte, el luchador más fuerte que había se encontraba (como era de costumbre) entrenando. Se acercaban los Tenkaichi Budokai, y definitivamente quería ser el mejor luchador de las Artes Marciales. Así le demostraría a esos incompetentes de la Isla Sur quién mandaba en realidad. Quién tenía a la persona más fuerte. Claro que era él, pero los cabeza dura que vivían en esa mísera Isla contraria a la suya no entendían No querían entender, pero los haría entender.
Vegeta, además de querer ser el mejor luchador, también quería derrotar a esa bestia llamada Ahlizidok. Sabía que muchos de los suyos murió en el intento, pero si podía demostrar ser el mejor también DEBÍA derrotar a ese insecto costase lo que costase. Sabía que un tal Son Goku quería lograr lo mismo que él.
-Antes deberá pasar sobre mi cadáver-musitó mientras con un puño hacía trizas un árbol.
Era patético, pero n el fondo sabía la cruda realidad de que ese parecido de su Isla con la Isla Sur era real. A diferencia de las Islas Este y Oeste (patéticas que dejaron sus lazos guerreros a un lado por el dinero), la suya y la Sur eran demasiado iguales. Tanto, que ya molestaba demasiado. Pero él, Vegeta, iba a demostrar una clara diferencia: que los mejores peleadores provenían de SU pueblo. Él no había sido meramente educado para obtener nada a cambio. No era un mediocre que se conformaba con lo poco que le ofrecía la vida. Él era insaciable, pedía más y más.
De pronto, sintió que lo agarraban de atrás y que le clavaban en su sien una fría punta del arma que el atacante poseía. Por puros reflejos, se zafó hábilmente y mató a su atacante sin que éste lo hubiera tocado. Miró con sorna al hombre muerto, inferior a él en muchos sentidos, cuando oyó otro estruendo y un griterío a las afueras del bosque en donde estaba entrenando.
-Maldita sea-se dijo corriendo a demostrarles a esos bandidos quién mandaba.
Las Cuatro Islas fueron blanco de la Red Ribbon, pues su radar inexacto abarcaba toda la zona en donde los territorios estaban ubicados. No sabían que había un pequeño islote donde la esfera buscada estaba en manos de esa bestia. Tampoco se esperaban que ninguna de las Islas se dejara comandar por los hombres. Hasta los habitantes de la Isla Este y Oeste sacaron su lado guerrero y se resistieron a ser mandadas por el ejército de la Red Ribbon. Peor les fue a los soldados que invadieron la Isla Norte y Sur, que fueron muertos cruelmente. Los guerreros no enfrentaban ni al bien, ni al mal…Sólo al enemigo.
Pero el ejército de RR no se rindió, ya que Red mandó a estallar las bombas más peligrosas, matando así a mucha gente. Así las Islas se rindieron, pero Red ya sabía que Ahlizidok existía, y que esa criatura poseía la última esfera que le faltaba. A cambio de la muerte del monstruo, liberaría a quien lo había matado y a su respectiva Isla…
XXX
El General Red sonrió satisfecho al ver a los cuatro jóvenes ir puntuales a su base. A excepción de los muchachos, las chicas llevaban una maleta grande cada una. Eso hizo que Red las reprendiera:
-¿Qué diablos es esto?...Creo que van a una especie de competencia…NO DE VIAJE. Quedó claro que yo los proveía de víveres-les dijo severamente mientras los soldados les quitaban las maletas a las chicas.
-De víveres-le contestó Milk-Pero no de cosas para sobrevivir…Usted no aclaró eso.
Red arqueó una ceja. La verdad, es que esa mujer tenía un cierto carácter que a él le preció asqueroso.
-Cierto, cierto…Pero creo que eso se aprende. Por si acaso, les quitaré todo lo que llevan en las maletas que se molestaron en vano en traer.
-Oiga eso no es justo-protestó Bulma-, usted nunca dijo que se trataba de…
-Si es un juego de supervivencia-la interrumpió el comandante con una sonrisa socarrona-, creo que no deben aprender a vivir de los servicios.
Los cuatro jóvenes subieron a una nave, en donde Red les explicó las reglas:
-Deberán encontrar las seis esferas que están escondidas en un terreno privado de la Red Ribbon. Ya les mostré un ejemplo de ellas ayer, por lo que estoy suponiendo que ya saben como son. Yo estaré en una base oculta en ese lugar. Deberán descubrirla una vez que hayan encontrado las seis esferas. Se vale todo tipo de reglas, a excepción de matar o herir de gravedad.
-¿Y si alguien tiene las cinco esferas, y la otra persona tiene la restante?-preguntó Goku.
-Eso deberá quedar a imaginación del que le fáltela esfera. Deberán arreglárselas. Quien gane, su Isla será salvada, y tendrá el privilegio de demostrarme que pueden derrotar a Ahlizidok. Por cierto, hay cámaras por todos lados ocultas para comprobar quién hacer trampa, el cual quedará descalificado y destruiré su Isla. Y también, para dividir los límites, no deberán pasar más allá de una cerca que rodea el vasto territorio que me pertenece.
Red sonrió pensando en que pronto tendría las siete Dragon Balls…
XXX
El territorio era enorme. Se veía una especie de selva recorrida por arroyuelos y adornada por imponentes montañas volcánicas. Alrededor del territorio había cercas que separaban celosamente una propiedad de otra.
Los dejó al amparo, en un gran territorio, mientras se volvía a subir a su helicóptero.
-¡Espere!-gritó Bulma-¿Y los víveres?
-Pues están a su alrededor: hay ríos y vegetación para comer-río Red malévolamente.
-Maldito desgraciado-masculló Bulma.
Vegeta gruñó, mientras pensaba en lo lloronas que eran las mujeres. Los cuatro jóvenes se miraron unos a otros con desconfianza. No iban a trabajar en equipo, pero aún así no sabían qué hacer.
De pronto, Goku, sin decir nada, dio la vuelta y se adentró en la masa de árboles. Vegeta musitó algo entre dientes y siguió el curso de un arroyuelo que atravesaba el claro donde Red los había dejado.
Milk tomó una bocanada de aire, e imitó a los hombres mientras iba hacia la dirección de una gran montaña que quedaba a o lejos.
La última que se decidió hacia dónde iba fue (obviamente) Bulma. Lentamente siguió el curso que había adoptado Goku. Sabía que no se toparía con él, pero si así era, lo preferí. Pues Milk no era una mujer con la que se quería enfrentar (simplemente porque había adoptado un secreto odio intensificado hacia ella) y Vegeta…le daba algo de miedo. Antes de partir, miró sus ropas. Aún siendo ropas deportivas, se veía coqueta. En el caso de Milk, ella llevaba una vestimenta de Artes Marciales (lo que no combinaba con su isla, pues ellos no eran luchadores), Goku no llevaba remera, sino unos pantaloncillos. Y Vegeta también. Igual que Goku.
Ese día iba a ser uno muy largo.
NA: Bueno! Espero que les haya gustado, yo me tomaré una siesta. Ya verán que luego daré más detalle de cada protagonista así que no crean que este fic es algo incompleto en detalles XD
Saludos!
DRAGON BALL Z NO ME PERTENECE, SÓLO UTILICÉ SUS PERSONAJES PARA HACER ESTE FANFIC!
