Capítulo 2
Goku oyó tras suyo unos distantes crujidos de hojas, como pisadas que se oían con facilidad para él. Frenó y se dio vuelta lentamente, pero un bulto se escondió rápidamente entre los matorrales.
-Es la muchacha. Esa tal Bulma-se dijo sorprendido, con voz casi inaudible incluso para sus propios oídos.
Sí, la jovencita de ojos celestes, era la representante de la Isla Este u Oeste...No se acordaba. ¿Por qué lo seguía? ¿Qué insinuaba? Era lo que se preguntaba una y otra vez, y sin respuesta... Sólo esas dos preguntas eran las que les retumbaban en su cabeza, y aún así -a pesar de tener muchas opciones-, la respuesta seguía en el aire, a la espera de ser definida.
Tragó un poco de saliva por esa incómoda situación, pero su ceño se frunció al recordar su verdadero objetivo: salvar su Isla, la isla que él se encargaba de representar. La Red Ribbon debía tener de rehenes a todos los habitantes de su pueblo y no iba a permitir que eso sucediera...aunque por otra parte también era injusto que las otras islas fueran destruidas por una ambición que Goku no comprendía. No, en realidad no comprendía casi nada de lo que sucedía: sólo sabía que había unas esferas que esa malvada patrulla se encargaba de buscar sin descanso, y que la última estaba en manos del monstruo Ahlizidok...También concluía que ese maldito de Red buscaba venganza por la resistencia que opuso el poblado de su Isla al verse en peligro.
"Ese maldito..." pensó enfadado, mientras su curso no paraba entre la maleza casi impenetrable.
Ya llevaba muchos raspones y varias heridas pero no se detenía... Había prometido que si ganaba ese juego de supervivencia, pelearía con ese monstruo para recuperar esa esfera que el general tanto quería...La pregunta era ¿Por qué?
No era en vano que ese tipo formara una armada entera para buscar esas esferas de las que les habló el día en que decidió ponerlos en ese juego para sobrevivir. Pero ¿Por qué? ¿Qué tenían esas esferas de especial que eran tan codiciadas por ese hombre?
"Algo deben tener..." su pensamiento casi salía como un mascullo entre dientes.
Los árboles y matorrales tenían un color verdoso siniestro que no favorecía en nada al paisaje. Tenía una especie de emoción y a la vez de estrés a causa de lo que estaban llevando...Por fin, algo de emoción en su vida. La vida como un luchador que peleaba con afición sin rivales poderosos lo aburría algo y no le traía emoción. En su Isla peleaba contra sus propios vecinos, y los había superado hacía mucho tiempo. Se hacía torneos a menudo en donde él siempre ganaba...Pero eso tenía un extraño contraste ya que lo aburría completamente, y no encontraba sentido a entrenar todo el tiempo sin encontrar alguien que supere su nivel. No tenía emoción, no tenía sentido pero igual lo hacía: se disponía a entrenar su fuerza...pero ¿para qué?
"No seas tonto, Goku. SI los de la Isla Norte vienen por nosotros tenemos que demostrarles lo perdedores que son"
Las palabras de su mejor amigo Krilin lo habían dejado pensando. No era por ser superior la razón de entrenar sin parar sino que quería pelear con algo emocionante, algo extravagante...algo fuera de lo común: Ahlizidok. Ese monstruo que vivía en las penumbras del pequeño islote había matado fácilmente a más de cien personas juntas de su Isla...Y él estuvo de testigo cuando los cuerpos cayeron frente suyo. Tenía doce años de edad solamente al ver toda esa desgracia, y sin embargo quería combatir, quería derrotar y emocionarse con ese monstruo...
Ya basta de su supuesto odio a la Isla Norte. Basta. Él no lo quería, no lo deseaba, no quería odiar algo porque los otros lo odiaban...
...Pero no había otra opción en ese momento que ser rival de todas las Islas que sus iguales menospreciaban. Había oído miles de veces la historia de por qué Las Cuatro Islas se despreciaban (claro que en la historia oída por él resonaba la campana de la Isla Sur)... Quería averiguar por qué tal rechazo hacia otras islas que bien podían ser hermanas. Había madurado bastante y, a diferencia de sus iguales, era diferente (aunque clara la controversia, era totalmente cierto). Él tenía una capacidad de reflexionar y de ponerse bajo la piel de los demás...Cosa que, por más halagado y respetado que era en su Isla, tristemente nadie comprendía. Todos pensaban sobre ellos y nada más ¿Y los otros? ¿Qué había de ellos? ¿Por qué y cómo pensaban de la manera menospreciativa en que lo hacían a sus Islas paralelas?
...No lo entendía. Y le inquietaba saberlo.
Y era tarde. Tardísimo porque para salvar la vida de sus amigos y vecinos, debía rivalizarse con los otros. Con Vegeta no hubo menor problema porque era un tipo agrio y se notaba que no se llevaba bien con nadie. Eso lo facilitaba...Pero ¿qué había de las dos muchachas? ¿Cómo era la vida en sus Islas? ¿Cómo opinaban ellas? ¿A qué Islas odiaban más?
Preguntas inútiles para contestarse, porque ya no podía hacérselas. DEBÍA ganar, y si eso sucedía las otras Islas serían destruidas por las poderosas bombas de la Red Ribbon.
Y volvía a contradecirse con lo mismo: le emocionaba esa aventura diferente a lo que hacía todos los días. Le encantaba y le provocaba una adrenalina que fluía por sus venas demasiado gustosa para ser cierta. Una adrenalina jamás sentida en su vida.
Y también esa sensación de miedo. Miedo a perder, y que por su culpa todo saliera mal.
Y también culpa por las otras Islas que serían destruidas relativamente por su culpa. La culpa de haber ganado...¿Cómo conviviría con eso el resto de su vida?
Pero no, no era momento de sentir y reflexionar. Era momento de actuar y que saliera lo que saliera. Si ganaba, mejor. Si perdía...Bueno, si perdía todo estaría destrozado para él y sus iguales de la Isla Sur...
Sacudió la cabeza. No debía pensar en eso. No aún. No si estaba enfrascado en una responsabilidad tan grande.
XXX
Bulma atravesaba la selva con dificultad, con las manos que cubrían su hermoso rostro para no lastimarse con la maleza. Las ramas espesas la castigaban, y ya estaba destrozada parte de su atuendo, dejando al descubierto unos cuantos raspones de sus piernas que sangraban. El sudor se le mezclaba con su saliva y cada tanto pegaba un gimoteo de desesperación.
¡Nunca lo lograría si así seguía! Un hombre era el indicado para su trabajo, pero NO...ella y su orgullo se mezclaron para meterla en esa situación de la que no saldría viva. Así de simple era su respuesta de predecir su futuro. No sobreviviría y moriría allí en esa Isla por la estúpida búsqueda de esa estúpida patrulla y esas estúpidas Dragon Balls y ese estúpido monstruo que debían derrotar para buscar la única esfera que faltaba...Odiaba a todos: a los representantes de las otras Islas, al general Red, al estúpido ejército, a esa asquerosa selva ¡A TODOS! ¡ODIABA A CADA MOLÉCULA QUE CONFORMABA EL MUNDO! Hasta se odiaba a ella misma por exponerse así...
Recordó cuando sus padres la quisieron detener para ir como representante de su Isla a un juego de supervivencia. Ella, con seguridad les respondió:
"No se preocupen, llevaré una maleta de cápsulas, con lo que me será fácil ganar el juego...Ya, no se desvivan pensando en qué hacer. Con mi mente brillante, una vez que gane el juego, derrotaré a ese monstruo con la tecnología que nos brinda nuestra corporación. Con eso, ese repugnante ejército se irá ¡y viviremos tranquilos y felices!"
Confiada y estúpida respuesta. Pero ¿qué iba a saber ella que ese maldito de Red iba a quitarle su pequeña maleta con las cosas necesarias para sobrevivir en esa selva plagada de salvajismo? Ahora sentía lo que era vivir sin comodidades, y apenas llevaba unas horas caminando.
Tenía hambre y sed. Y necesitaba un baño. Y también un retoque. Y ropa nueva. Aunque las dos últimas menciones no las tendría por el momento.
Cayó de rodillas desesperanzada y dolida. Las lágrimas, inesperadas, cayeron. No viviría más, perdería y con ella si Isla sería destruida. Pero ¿Para qué vivir, si le esperaba una competencia y un largo sufrimiento para atravesar?
Sintió un ruido, metros delante suyo, y supo que era ese muchacho de la Isla Sur. Había tomado el mismo camino que él porque definitivamente los dos otros sujetos rivales no le caían tan bien. No los quería cerca porque una mala sensación la invadía cuando esos ojos se fijaban con furia sobre los suyos. Tanto los ojos de la muchacha de cabellos negros (que repudiaba) y el muchacho de la Isla Norte. Ambos tenían una mirada agresiva que no dejaba mucho que pensar.
Pero ese tal Son Goku...No era tanto, había algo diferente en él. Si bien su mirada tenía un semblante serio, no era para nada hostil la forma en que sus ojos se comunicaban. Era más bien pacífico y, por más raro que sonara, la reconfortaba levemente...
Los pasos de él se alejaron, y una sensación de inseguridad le fluyó. Supo que no lo quería lejos ¿Qué tal una amenaza, algo que atentara contra ella? Y esos ojos reconfortantes de Goku viajaron por su mente...Él no la vería como a una enemiga...tal vez. No era seguro. Sí había una mirada de recelo que recordaba por parte del chico, pero no había una pizca de agresividad en ella. Y eso lo hacía diferente...Y también esos ojos negros que él poseía la hacían sentir segura.
Se levantó con decisión. No lo tendría de amigo ¡no!...Pero podría tal vez aprovechar la posible destreza del muchacho. Sí, quizás si lo seguía, podría ser capaz de aprovechar sus estrategias y sus lugares donde pasar la noche, cómo buscar comida, prender una fogata...Y esas cosas de las que no tenía idea puesto que había vivido siempre en abundancia de comodidades.
¿Y por qué hacía esto? Por qué él le causaba seguridad. Porque sabía, por alguna razón, que él no le haría daño.
Por eso era, y además...¿No era su rival? ¿No podría aprovechar algunas estrategias? Sí.
Esa idea la tranquilizó, por lo que, con más ánimo, comenzó a seguirlo. Una pequeña luz de esperanza la atravesó.
XXX
Había hecho un alto para comer algo. Su hambre se había tornado insoportable, por lo que miró a sus alrededores para buscar algo que pudiera ser comestible. Había entrenado muchas veces en el ambiente salvaje, y tenía una cierta idea de lo que era sobrevivir. Por eso no le daba tanto miedo. Y aunque no hubiera convivido con lo salvaje, el miedo no hubiera protagonizado sus emociones. No se caracterizaba por tener temores ni nada por el estilo, aunque de vez en cuando los tenía (eran leves, pero se hacían presentes en él).
Encontró la respuesta a su hambre en un matorral que estaba a un costado. Poseía unas hojas dulzonas, y podían ser comidas sin ninguna dificultad de por medio. Ya la había probado más de una vez, y aunque no era lo más delicioso del mundo, era necesario para sobrevivir.
Goku tomó una rama y emprendió su camino. En tanto sus pies continuaban el paso, su hambre se saciaba hasta tal punto que dejó la rama seca (por poco no se la come entera). No había sido suficiente.
"Quizás debí haber tomado más ramas..." pensó, arrepentido. Pero la solución llego pronto. La selva era tan rica de peligros como de las formas de subsistir: a sus ojos se extendía una enorme palmera con cocos creciendo en su cima. No inalcanzables. Pero sería difícil sacarles los apetitosos frutos al árbol.
Goku sonrió emocionado.
Mientras tanto, Bulma tomó algunas hojas para cerciorarse de que fueran realmente comestibles. No eran lo mejor que había probado, de hecho casi escupe las hojas. Pero el hambre hacía resonar su estómago de una manera vergonzosa...Y supo que debía comerlas, sean ricas o feas.
Tomó un puñado y se lo metió entero a la boca, pegando respingos de alivio a medida que sentía su estómago algo lleno. No del todo, pero algo era algo.
Siguió su camino tras el muchacha. Sabía que Goku se debía dar cuenta en algún momento de su presencia ¿Qué le diría? ¿Qué explicaciones le daba? ¿Qué inventaría? Tuvo un estremecimiento que le erizaron los vellos de sus brazos al saberse descubierta, pero sacudió la cabeza pensando que eso pasaría luego. Que ahora no sería vista por ese chico...
Atravesó algunos matorrales lo más silencioso que sus pies le permitían andar. Allí lo vio: a diez metros de ella, trepando una inmensa palmera con cocos. Los ojos le brillaron. Se escabulló entre la maleza más cercana a la palmera, y de esa manera, esperaría un descuido de él y le arrebataría uno de los frutos.
Uno a uno fueron cayendo los cocos. Pero ni con la altura en la que los había tirado Goku desde la cima de la palmera se habían roto. Estaban intactos ¿Cómo iba a hacer para llegar a la pulpa?
No era para pensar en eso ahora. Vería cómo lo hacía Goku y luego ella lo imitaría. La peli azul aprovechó a las alturas que estaba el chico, y cuando él hizo un ademán de distraerse, ella tomó un fruto y saltó tras los matorrales llenos de ramas finas y rasposas que la lastimaban a cada movimiento.
Pero a esas instancias, Goku ya se había dado cuenta de la obvia presencia de la chica y que lo estaba siguiendo por algo. El tema era ¿Por qué? Quizás esa chica llamada Bulma era peligrosa. Quizás le quería hacer daño al considerarlo un rival. Así era la naturaleza de la supervivencia: morir o matar.
Bajó de la palmera, y sin tocar un solo coco dijo en voz alta:
-Ya se que me estás siguiendo. Sal de ahí si no quieres que te vaya peor-la voz le salió con una irradiación de tal autoridad, que Bulma tuvo una sensación de estupor.
Tembló. Tenía miedo. Ese chico no era lo que pensó. Era malvado, quizás ¿Y cómo no lo había pensado mejor? Estaba en competencia con él, ERA OBVIO que le haría daño aunque no estaba en las reglas matar. Pero ¿y si la lastimaba? ¿Y si la forzaba a hacer algo indebido? ¿Qué pasaría si la esclavizaba para que ella fuera una especie de sirvienta?
La ley de supervivencia era salvaje. Y también era cruel. Tan duras las palabras lo eran, que la chica cerró los ojos y un gemido se le escapó. Debía huir. Debía irse lejos, y quizás escaparía.
¡Luego vería su forma de subsistir! Al diablo, debía escapar, o sino...
-¡Te dije que salgas de ahí!-repitió el muchacho levantando la voz. Y con tal hostilidad, que ella, temblorosa supo que no podía escapar. Debía entregarse antes de que todo empeorara.
Salió de entre la maleza, respirando con temor y culpa. Se sentía idiota por haberlo seguido. Cayó de rodillas ante el autoritario chico, que ahora no la miraba con ese toque de paz sino que su mirada era dura. Y tal vez cruel.
Ya no se sentía segura, todo se había ido al demonio. Se sentía desprotegida, sentía que la mirada reconfortante se había esfumado. Ahora eran otros ojos los que la miraban con recelo y (¿podía ser posible?) con enojo.
Quizás, Goku no era lo que esperaba.
Quizás, todo estaba perdido para ella.
Cerró los ojos mientras unas lágrimas amargas escapaban de sus ojos.
NA: SÍ, QUÉ IRRESPONSABILIDAD DE MI PARTE! Lo siento muucho :'( Se me fue el Internet por más de un mes y sólo tenía el teléfono, lo cual no me ayudaba mucho XC Pero por fin les traigo el capítulo desde la perspectiva de Goku y Bulma. El siguiente será de la perspectiva de Vegeta y Milk. Estuvo un poco corto el capítulo...En cuanto al Ooc en los protagonistas es inevitable. En un cambio tan radical como el AU es bastante difícil que los personajes conserven su forma de ser como en la serie.
GRACIAS POR LOS REVIEWS :3 Informo que habrá más aventura, pero quizás haya una pizca de romance en este fic...PERO MÁS QUE TODO HABRÁ AVENTURA YEEAHH XD
Espero que les haya gustado, no sean crueles por mi tardanza...ME SIENTO TAN CULPABLE X'(
Bueno, ya está todo lo que quería decir :3
Saludos!
DRAGON BALL Z NO ME PERTENECE, TAMPOCO SUS PERSONAJES!
