Capítulo 3
Milk miró las espesas malezas que estaba atravesando con gran esfuerzo. Había recorrido poco en mucho tiempo, y eso no le agradó en absoluto. Por un momento, maldijo con todas sus fuerzas su situación: era de una isla que se dedicaba a la siembra y cosecha, y siendo ella recolectora, no había desarrollado nada de fuerzas. Por un momento, deseó ser de la isla Norte o Sur donde desarrollaban capacidad de pelea, y por lo tanto, de resistencia.
Esos muchachos que estaban compitiendo con ella en ese juego absurdo de supervivencia tenían la batalla ganada contra ella y la otra muchacha. Entonces ¡¿qué demonios estaba haciendo allí a la intemperie, a merced de las garras del peligro?! No supo en qué momento se decidió a representar a su isla y tampoco recordaba cómo de pronto se enredó en semejante lío. Pero no había otra opción. Era para rescatar su orgullo.
Maldijo en voz baja a su padre, recordando cuando éste último se ofreció como participante de ese juego de supervivencia. Pero ella se lo negó, jurando vengar a todas las víctimas y cosechas perdidas culpa de esos soldados de la Red Ribbon.
Se había llevado una maleta cargada de lo más esencial: comida, un machete para cortar las malezas y defenderse, un cuchillo pequeño de ataque, agua y guantes para no requebrarse las manos más de lo que estaban al trabajar por mucho tiempo la tierra. Sin embargo, el asqueroso de Red le había quitado su único medio de vivir, y estaba a la deriva de amenazas que la naturaleza solía imponer.
Hizo un alto en el sinuoso arroyo para beber agua y descansar. Mientras el líquido vital humedecía sus agrietados labios, maldijo nuevamente a su padre… En realidad eran muchas maldiciones hacia Ox Satán que Milk estaba soltando agriamente. Le echaba la culpa a él aunque no fuera del todo concreta.
"Es tu culpa, padre, que ahora estoy sola, que no te podré ver ni recibir tus cariños. Es tu culpa por no haberme enseñado nada más que cosechar ¿Acaso jamás pensaste en las amenazas? ¿Es todo paz lo que reina en el mundo? ¿No pensaste en el peligro que alguna vez se tornaría inminente? Y sí, padre. Ahora no volveré con vida y es tu culpa y nada más que tu culpa. Tuviste la posibilidad de aprovechar mi potencial novato para entrenar, pero no quisiste. Por eso te maldigo. Porque jamás volveré a estar en tus brazos triunfal, ni sentiré tu orgullo cerca mío por haber ganado este juego tan ridículo como peligroso. Es tu culpa: tuya, tuya y nada más que tuya. Te maldigo, te maldigo y te maldigo. Siento que ya no podré quererte una vez que perezca, y que tú sufrirás. Pero ahora me acuerdo: yo no puedo protegerme porque jamás quisiste que entrenara y que incrementara mi fuerza… Kamisama me perdone, pero ahora estoy odiando esa isla por la que lucho, por la que me estoy sacrificando. La odio por no ser lo que yo esperaba. Y sí, aunque suene egoísta, es lo que siento. Padre… Nunca te podré decir cuánto te maldije, ni cuánto te amo…Ya no podré verte nunca, nunca más…Y todo esto es por tu culpa y también mía por hacerte caso..."
Esas palabras que pasaron por la mente de Milk la hicieron sollozar y derramar lágrimas amargas. Aunque quiso por todo ese tiempo contener el llanto, ya era caso perdido ¿Para qué conservar su orgullo? Si nadie la vería jamás llorar, si ya no valía la pena tener ese supuesto carácter duro que solía mostrar. Ya no… Si total ¿qué esperanza quedaba para ella? Ninguna. Lo único que tenía para hacer era llorar y mostrar la cobardía que no había sacado a luz hasta ese momento.
-¿A quién engaño?-gritaba, apretando cada tanto sus dientes, tan furiosa como dolida con ella misma-Mi padre no tuvo la culpa…Fui yo. Fui yo quien le obedecí e hice lo que él deseó para mí… Fui yo, maldita sea, fui yo. El carácter duro que suelo mostrar…no es nada más que un estúpido espejismo, pero soy una cobarde sin remedio-se miró en un segmento del río, donde el agua a la orilla se estancaba y retrataba el reflejo de la muchacha-Mírate…Estás llorando como la niña que en verdad eres. Como la niña quien se calló y no se rebeló contra el semblante conservador de su padre… Eres un fracaso, Milk…Eres una fracasada cobarde…
Entre tantas palabras y burlas hacia ella misma, recordó con claridad aquel día soleado, con doce años de edad, donde todo comenzó.
Flashback
Milk estaba aprendiendo el arte de cosechar y recolectar las hortalizas que los grandes terrenos de su padre le ofrecían. Era la época más rica del año, y por eso estaba siendo instruida para ayudar con las actividades económicas.
Su padre, el hombre más importante de la Isla Este, se encontraba sumergido en la cosecha de otras plantaciones mientras que ella se encargaba de las labores más delicadas.
Un espantapájaros se topó con ella, dándole una mirada ausente aunque se tornara de alguna manera amenazante. La niña se quedó perdida en la calabaza que tenía como cabeza y entonces fue que sucedió: una patada hizo volar al muñeco, destrozándolo, privándolo de estabilidad que antes tenía.
Excitada por la adrenalina que fluyó por sus venas, comenzó a patear al aire, a pegar piñas y se dio cuenta de que le encantaba. Era maravilloso. Había un vigor en esos golpes destinados al aire que en su joven vida jamás había experimentado.
Cuando un golpe quiso pegar al aire, la voz de su padre tronó tras ella.
-¡Milk! ¿Qué demonios…?-se acercó a ella, y la tomó con fuerza de sus hombros-¡¿Estabas luchando?! ¡¿Qué es lo que pasó por tu cabeza, niña?!
-Padre…yo…-pudo balbucear la pequeña.
- Milk…Escucha…-Ox Satan pareció ablandarse-Hay algo que tu joven mente aún no entiende. Eres una mujercita, prácticamente una niñita. Pero debes saber que esos juegos no se practican aquí, que nuestra isla se dedica a las cosechas. Eres joven, pero debes entenderlo porque tienes la edad indicada para comprender esto. No eres una salvaje como los habitantes de la Isla Norte y Sur: esas bestias sólo se dedican a luchar, como si algún día eso le trajera progreso. Nosotros no, algún día reflexionarás sobre esto y terminarás de meditarlo tú sola… Pero, por favor, prométemelo: no volverás a hacerlo ¿Lo prometes?
-Lo prometo, papi-respondió obediente, para luego unirse a Ox-Satán en un abrazo.
En ese momento no supo cuán arrepentida iba a estar por esa respuesta.
Fin del Flashback
Cuando creció, muchas veces entrenó a solas sin instrucciones algunas, con inexperiencia total. Pero luego la culpa la invadía y sabía que estaba rompiendo su promesa. Por eso, detuvo su entrenamiento. Quizás porque su padre le imponía un miedo absurdo sobre ella.
Se había hecho un traje para practicar las artes marciales cuando aprendió a coser. Pero jamás lo utilizó… Hasta el día en que se ofreció de representante de la Isla Este. En es emismo instante vio su reflejo con el traje que ella misma hizo: dañado, mugriento y mojado parcialmente con sus propias lárgrimas.
-Mírate-se dijo nuevamente-, debiste seguir entrenando, romper esa promesa en vez de que la culpa te acobardara. Sí, Milk…Eres un desastre.
Con un arrebato de cólera, golpeó con todas sus fuerzas el reflejo que la increpaba, tratando de borrarlo, de menospreciarse más.
Su mano llegó a la fina arena…y ahí se topó con algo plano y duro. Un dolor la invadió, y supo que había hecho una estupidez por no prever antes que una roca podía lastimarla. Mientras se sacudía la mano tratando de disminuir el dolor, se dijo:
-Pero… si las rocas no son tan perfectamente lisas…-sumergió la zona agredida en el agua fresca, y mientras sentía un alivio incomparable, exploró bajo el tapiz de arena lo que se escondía bajo ella-Es…algo metálico… ¡sí!
Exploró con ambas manos y con mucho esfuerzo sacó lo que bajo el agua se escondía. Era un cofre pequeño pero pesado, cuya tapa tenía grabadas un símbolo que tenía dos "R"
-La Red Ribbon-musitó con menosprecio-Aunque esto es…
Abriendo el cofre, un aura dorada invadió sus ojos negros.
-No…No puede ser…
Pero sí: era un esfera de aquellas que había sido expuesta por Red cuando les indicó cuál era el objetivo de ese juego de supervivencia.
-Es una Dragon Ball-dijo con voz ahogada por la emoción-Una Dragon Ball, encontrada por mí…
Entonces lo supo: no estaba perdida. Esa esfera dorada que resplandecía constantemente era la señal de que Kamisama le había dado una oportunidad, que ella quizás lo lograría.
Sintió una fuerza increíble, como por arte de magia ¿Qué era esa esfera? ¿Por qué Red la anhelaba tanto hasta formar un ejército completo? Pero no era tiempo de pensar, sino de triunfar. Quizás podría lograrlo. Tenía la oportunidad de hacerlo, de triunfar.
Entonces se levantó. Quiso llevar la caja de metal consigo, pero por su peso eso no fue posible. Optó por vaciar un coco que encontró en el camino y puso celosamente la Dragon Ball dentro de lo que fue la cubierta externa de la fruta.
"No vaya a ser que alguien me encuentre con la Dragon Ball en mis manos…" pensó.
Siguió caminando entre la selva, mientras se perdía en el verdor del paisaje. La esperanza era quien guiaba sus pies ahora.
XXX
Vegeta había llegado por las circunstancias del destino cerca de ese supuesto volcán. Gruñía en el fondo pero en el fondo sentía una especie de satisfacción con él mismo.
Sabía que a esas dos mujeres sería fácil ganarles. A ese gusano que se hacía llamar Son Goku sería más complicado, pero estaba seguro de que ganaría. No, no estaba seguro: TENÍA que ganar. Si podía vencer a sus rivales de ese mero jueguito, tendría la oportunidad de salvar a su isla. Aunque él mismo se decía que eso era lo de menos hasta convencerse porque tenía también un objetivo vigente: vencer a Alhzidok. Si vencía a ese monstruo, sus logros estarías satisfechos.
Sin embargo, su furia latente estaba en su interior a causa de ese Goku. No sólo era de esa asquerosa Isla Sur, sino que también quería ganarle de antemano con su objetivo que siempre lo había motivado.
Vencer a ese monstruo que había matado a los suyos (cuando éstos últimos habían intentado vencerle), sería símbolo de veneración máxima. Lo cierto es que él era respetado en toda la isla y reconocido, pero no le bastaba en lo más mínimo. Quería ser respetado por todas esas Islas que lo rodeaban, quería imponer sus reglas de la Isla Norte en toda esa sarta de enemigos y traicioneros. Sobre todo, quería imponer obre la Isla Sur y sentir esa veneración sobre él y también sentir los ojos cobardes de Son Goku elogiándolo… Pero claro estaba: los representantes de las islas que perdieran morirían junto a sus lugares donde pertenecían.
Si él ganaba ¿Cómo demonios iba a ser venerado? Eso era lo que más le daba impotencia y odiaba sentirse así. Aunque en el fondo quería ver a su isla sana y salva, en su interior también protestaba porque en verdad deseaba derrotar a Ahlizidok.
-Pero si derroto a esa cucaracha… ¿Para qué demonios lo haré, si las demás islas morirán antes de que pueda exigirles veneración?
Frustrado, pensaba en su maestro decepcionado de él, en su duro entrenamiento para demostrarle a ese viejo que tenía la potencial virtud para luchar, en el respeto que se ganó por parte de su isla… Pero, de alguna manera, jamás fue suficiente. Su sueño siempre estuvo enfocado en ser él el héroe legendario de su lugar de origen: el héroe que impondría veneración sobre las otras asquerosas islas. El salvador sería aquel que puliera su isla hasta sacarle el merecido brillo.
Eso le había prometido a su padre antes de que éste último muriera. Y su progenitor había sido su mayor motivación para convencerse de que él lo lograría, que estaba destinado a ser el legendario héroe de la Isla Norte. Aunque aún ni siquiera había logrado serlo, se creía ese héroe, esa encarnación del triunfo total.
Por eso odiaba a la Red Ribbon, porque le había quitado ese sueño y su objetivo. No serviría de nada refregar su triunfo cuando las otras islas iban a ser destruidas en manos de esa maldita patrulla.
Se contentaría por obtener el triunfo sobre los otros representantes aunque fuese por unos segundos. Pero no serviría de nada. Tampoco serviría refregar ese triunfo al resto del mundo, si su objetivo se centraba en conquistar esas tres malditas islas.
Bufó molesto, mientras con su propia mano arrancaba una rama que se le quiso interponer. Insultaba por lo bajo, y las venas le palpitaban rabiosas.
Sintió una especie de suspiro que se confundía con el canto del arroyo cercano.
"Bah, fue mi imaginación" gruñó amagando seguir con su camino. Pero otra vez algo lo obligó a quedarse en ese lugar. No cabía duda: Alguien que hablaba.
- …Estás llorando como la niña que en verdad eres. Como la niña quien se calló y no se rebeló contra el semblante conservador de su padre… Eres un fracaso, Milk…Eres una fracasada cobarde…
Sonrió de medio lado, y burlón cuando se acercó cautelosamente cerca de la voz llorona. Pudo ver, escondido entre la vegetación, al otro lado de la orilla a una joven. No sabía si era de la Isla Este u Oeste. Pero era bastante ridículo el hecho de que se hablaba, al parecer, a ella misma.
"Esa mujer está loca" pensó divertido, viendo lo ridícula que se veía la muchacha. Quizás por distracción siguió escuchando a la joven decirse cosas.
Pero la sorna se transformó en seriedad y sorpresa al comprobar que esa tal Milk había encontrado una Dragon Ball. La veía, incluso, del otro lado del arroyo brillar a esa esfera en manos de la joven.
-No puede ser…No es tan idiota como pensé-musitó receloso.
De repente, anulada la furia, una idea surgió en su cabeza: ¿Cómo no lo había pensado antes? Esa joven sería la respuesta a su objetivo. Entre los dos se unirían para buscar las Dragon Balls restantes, se aliaría con su Isla una vez que concretaran el triunfo y juntos iniciarían una rebelión en contra de la Red Ribbon. Luego de eso, vería. Traicionaría a esa joven y su respectiva isla. Sería fácil, más que fácil puesto a que esa muchacha pertenecía a una de las tierras débiles carentes de fuerza.
Sí…Quizás no era un plan muy maduro, pero luego corroboraría bien la situación. Lo primero que debía hacer era engañar a esa mujer. Y para lograr el primer paso debía seguirla.
Sonrió de medio lado mientras la veía alejarse. Aunque a su primera impresión le pareció un plan primitivo, supo que no era tan malo si lo formulaba y lo retocaba bien en su cabeza.
La Dragon Ball brillando en las manos de la joven era la respuesta y no iba a dejarla ir, menos si podía formar una alianza por interés con ella. Claro que, por suerte, las cámaras ocultas escondidas en toda la selva no leían pensamientos.
Lamentablemente, en esos momentos Vegeta había olvidado que era espiado por el mismísimo Red, quien comprobaba que ninguno de los participante hiciera trampa.
XXX
En algún lugar de la selva estaba la guarida repleta de tecnología. Desde allí, Red miraba constantemente las cámaras y espiaba cada movimiento de los jugadores. Black, harto ya de esa farsa decidió enfrentarlo.
Se acercó el hombre a su jefe, quien al oír sus palabras ni se molestó en mirarlo:
-Aún no entiendo por qué haces esto, Comandante… Es absurdo. Debimos destruir esas Islas y ya, pero en vez de esto, dejamos a nuestros soldados retenidos de su trabajo-le reclamaba Black.
Red meneó la cabeza en gesto negativo. Sonrió amargamente mientras respondía:
-Necesito divertirme un poco, Black. Controlar a los soldados para que hagan su trabajo por años no es tarea fácil Por eso te contraté…Sin embargo, noté lo aburrido que se tornaba esta rutina por conseguir las Dragon Balls, y ya cansado, decidí hacer esto. No es lo mismo ver la televisión que vivirlo en carne propia…
-Pero no lo vive usted, sino esos jóvenes…
-Black, Black…-contestó tranquilo mientras calaba su puro. Cuando el humo fue expulsado por la nariz y boca, siguió hablando-A veces me pregunto si estás del lado de ellos. Por favor ¡ya basta de quejas! ¿No ves que estoy poniendo un poco de emoción en mi vida? La necesitaba, Black.
-De alguna manera, estás postergando nuestro triunfo y el inminente deseo de conquistar el mundo ¿Por qué vienes con esas niñerías ahora? Además, con todo el dinero que tenemos, podemos buscar la forma de matar a ese monstruo… Y las bombas que tiramos en las Islas quizás ayuden entre muchas a matar a ese bicho.
-Escúchame bien-dijo volteándose hacia su compañero, quitando de su vista las cámaras que hacía rato observaba-Es sólo un entretenimiento lo que hago. No tardarán en morirse, te lo aseguro. Además esos idiotas que dicen poder derrotar a Alhzidok, no podrán hacerlo. Por eso, iré tomando reclutas de las Islas para someterse al monstruo y que nos sirvan de alguna manera como cebo para derrotar a esa bestia tan fastidiante.
El hombre de piel negra levantó una ceja.
-¿Quiere decir que este juego es una farsa?
-Efectivamente ¿No te digo que es sólo un medio de diversión? Son como mis vacaciones, Black. Tú también deberías estar tranquilo como yo, después de todo mereces un descanso-dio otra calada a su puro, largando por la nariz el humo que se fue curvando en figuras onduladas en el aire hasta desaparecer-. Eres nuevo aquí: en mis comienzos, yo también estaba ansioso, pero con los años me hice paciente. Estamos cerca, sí. Pero no hay que apurarse tanto. Hay que divertirse un poco. Total, este juego acabará con dos ganadores: tú y yo…
-¿Es decir que…?-Black no pudo continuar la incógnita.
-Sí: esos niños no serán los ganadores, son víctimas de mi farsa. Todas las islas serán destruidas junto a ellos. No habrá quién se salve porque así estaba destinado-sonrió el pelirrojo con maldad, acompañando ese gesto con una risa plagada de malas intenciones.
NA: Espero que les haya gustado, y odien mucho mucho a Red jajaja. No sé bien si haré GxCc y VxB, o VxCc y GxB, quizás haga VxG y BxCc… Okn, no JAJAJAJA lo último fue chiste, no pondré nada de slash y femslash en este fanfic (aunque no rechazo estos géneros :33)
En fin, nos vemos en el siguiente capítulo, estará más interesante.
DRAGON BALL Z NO ME PERTENECE, TAMPOCO SUS PERSONAJES.
