Mientras me planteo si hacer un epílogo a este fic, os dejo con los pensamientos de Radamanthys.

Especialmente dedicado a Raixander y Victoria Nike ;)


3. Wyvern

Canción: "Endorama", Kreator feat Tilo Wolff, de Lacrimosa.

This is the end of this domain…

Una oscura canción resonaba por los altavoces de aquel pub de suelo enmoquetado.

No había querido contar la cantidad de vasos de whiskey que había bebido la noche anterior porque sinceramente le daba igual. Ni todas las demás.

La camarera de turno lo dejaba estar, suficiente tuvo la primera vez en la que se atrevió a aconsejarle que dejara de beber. Bastó una sola mirada ambarina punzante para que la muchacha cejara en su empeño de cuidar la salud de ese cliente.

Total, sólo se dedicaba a beber sin parar y nunca decía nada. Pasaba horas con el vaso de alcohol delante, con la mirada perdida en algún lugar, seguramente muy lejos de allí.

No había tenido ningún enfrentamiento. Aquel fornido hombre de cabellos rubios entraba, pedía un whiskey y bebía. Cuando lo terminaba, con un simple gesto indicaba a la camarera que le pusiera otro.
La mayoría de la gente que pudiera tener el aguante de ese hombre o bien se quedaba dormida babeando incoherencias, o montaban escándalo en el bar.

Pero él no. A pesar de que una botella caía cada noche.

—Patéticos y ridículos mortales…

Fue la única frase que le sacó una vez, cuando una mesa con tres mujeres y dos hombres empezaron a armar jaleo gracias al alcohol.

Radamanthys giró la cabeza y observó a las mujeres, embutidas en vestidos palabra de honor y que se subían continuamente el escote, como si tuvieran vergüenza de que se les pudiera ver los pechos, mientras que mantenían las piernas abiertas con todo el paisaje que ello conllevaba.

Gritaban y coqueteaban descaradamente con los dos hombres, que se turnaban para toquetear a las tres hembras sin pudor alguno, delante de todo el mundo.

El espectáculo era tan bochornoso que el juez regresó a su posición inicial y soltó aquella frase lapidaria. La camarera emitió una leve risa y cuando se propuso iniciar una conversación con el rubio, éste le dedicó otra vez esa punzante mirada ambarina.

Pero esta noche, el misterioso hombre que aterrizó en aquel pub y había comenzado a formar parte del decorado, estaba distinto.

Era la primera vez que lo veía sonreír.

Su saludo de cortesía tuvo un tono más jovial, en lugar de sonar apagado como siempre.

Se sentó en el taburete y tamborileó los dedos sobre la barra, sin dejar de sonreír.

—Ya sabes lo que quiero.

La camarera, acostumbrada a la eterna cara de amargura, se sorprendió al oírle hablar de aquella manera.

Sin querer, se le escapó una sonrisa mientras iba a preparar el vaso. Atónita se quedó cuando el hombre le devolvió el gesto, mostrando la perfecta blanca dentadura, impropia de un inglés.

Depositó el vaso sobre la barra y fue a girarse para atender a otro cliente cuando escuchó de nuevo esa voz grave, que tan pocas veces había escuchado.

—Muchas gracias.

Mientras ella servía a otro cliente, Radamanthys se giró en el taburete y contempló a los clientes. Por primera vez en meses quería volver a formar un equipo.

Como aquel que tenía en el Inframundo.

Con sus subalternos obedeciendo sus órdenes, tomándose un whiskey —sólo uno, en verdad él odiaba a los borrachos— mientras conversaba en las reuniones vespertinas con Aiacos y Minos sobre lo acontecido en el día, preparando informes, enviando espías…incluso echaba de menos desahogar sus deseos carnales...ya lo creía que lo hacía. Y vaya que disfrutaba de aquellos encuentros.

Apretó el vaso con alcohol que sostenía en sus manos, al recordar el aroma de la piel de ella y de la suavidad de sus cabellos. Por no hablar de los gemidos que emitía que tanto le gustaba escuchar.

La sonrisa de medio lado se ensanchó y sus ojos ambarinos centellearon mientras se llevaba el vaso a la boca y daba un trago corto. Saboreó el líquido en su boca y limpiándose los restos de alcohol en sus labios con una servilleta, sus ojos centellearon sanguinos.

El alcohol no le dio la respuesta, sino que le hacía olvidar la pregunta.

Y cuando escuchó aquellas palabras, de parte de ella, de querer atesorar todo el poder, de querer gobernar sin ayuda de nadie. No los necesitaba. Ella se bastaba para gobernarlos a todos. Así nadie se opondría a sus deseos.

Nadie.

El vaso se resquebrajó, estallando en mil pedazos.

La sangre caliente resbaló rápidamente por las aberturas en su piel, mezclándose con el sabor del whiskey.

La camarera exclamó asustada al verlo y cuando fue a entregarle un paño para taponar la herida...Radamanthys se dedicó a saborear aquella mezcla de alcohol y sangre, escurriéndose como ríos encarnados.

Lamiendo la última gota de ambrosía, sintiendo placer al provocar terror en los allí reunidos, se levantó del taburete y abandonado unas libras sobre la barra, salió a la calle con paso firme.

Inspiró la bruma nocturna, para seguidamente apresurarse por las calles londinenses.

Tengo que regresar…

Esquivó a un grupo de mujeres que le silbaron al paso.

Debo volver con mi gente…

Dos hombres le increparon porque su hombro derribó a uno de ellos.

Y a Pandora la voy a joder bien…

No paró en el semáforo, donde un grupito de jóvenes celebraban los 21 años de alguno de ellos.

Y lo celebraremos por todo lo alto…

No escuchó las voces que le alertaban de que el semáforo estaba en rojo para peatones.

Solo me siento vivo en el mundo de los muertos…

No pudo esquivar el coche negro que rebasaba el límite de velocidad, conducido por un borracho.

…hate, regression, lies, exist no longer as Earth becomes the epitaph of Cain.