DISCLAIMER: Naruto y todos sus personajes son de Masashi Kishimoto, Dios sabe que sería de ellos si me pertenecieran.
El tic tac era continuo e interrumpido cada dos o tres minutos por el paciente. Gai anotaba sin parar en su libreta, renglón tras renglón la pluma rasgaba sobre el papel, Sasuke miraba el piso entre sus piernas, recargaba sus codos en las rodillas y tenía la cabeza entre las manos, estaba cerca de arrancarse la cabellera pelo por pelo.
"Anoche apareció de nuevo, repitiéndomelo… sigue atormentándome noche tras noche"
Gai apenas lo miraba.
"No puedo decírselo… no puedo hablar con mi padre"
Sasuke se puso de pie y empezó a caminar de lado a lado en la habitación, sus zapatos caros resonaban con eco partiendo el silencio.
"Llevamos 3 años preparándote para este momento, no puedes retroceder por un simple sueño"
"¡Tu no la viste! No te señalo con esos huesudos dedos de manicura costosa… no te llamo… ella no te dijo…"
Gai lo miraba sobre sus gafas.
"Ella no te llamo marica enfermo"
"El termino es homosexual, Sasuke y en cuanto a soñar con tu esposa, es completamente normal los primeros meses pero ya han pasado 3 años desde que enviudaste… puedo prescribirte somníferos para que reconcilies el sueño pero eso no hará nada con las pesadillas"
"No, no lo hará… es solo la culpa, creo que no hay nada que puedas darme para aliviar eso"
"Regresando a nuestro tema, Sasuke…"
"Voy a hacerlo"
Sasuke sonaba decidido, su vos tembló un poco, sus piernas estaban como gelatina pero está decidido, completamente. Habían pasado 5 años buscando la cura para su enfermedad, había buscado la razón por la cual le aterraba ser quien era, lo que causaba su pánico a reconocer en vos alta su orientación sexual. Todos esos 5 años luchando solo, para poder estar con Naruto en cuerpo y alma, y al final tuvo que perderlo para luchar realmente. Solo así pudo curarse, perdiendo lo que amaba.
Es cierto que las pesadillas en las que Sakura le culpaba de su muerte eran muy reales y en cierto punto bastante perturbadoras, pero muy dentro de él: debía aceptar que su muerte habría podido evitarse si él no hubiera explotado de repente, eso era malo pero lo peor era que… podía soportar la culpa porque le regocijaba el saber muerta y enterrada a la Haruno. Había imaginado en los dos años de matrimonio, cuan feliz le haría divorciarse, pero no se comparaba en lo más mínimo con ser viudo, esa bruja no estaría más para arruinarle la vida. Tenía solo un buen recuerdo de ella y ese era el niño que le esperaba en casa.
"Bien Sasuke, creo que por hoy ha sido todo" Gai casi sonreía.
Sasuke recogió su abrigo del diván y se dispuso a salir, para regresar la vista cuando llego a la puerta.
"La fiesta es a las 5, no lo olvides… ¡Ah! y por favor no traigas a tu sobrino Lee, sus hijos asustan al mío"
"Suerte Sasuke" Dijo a modo de despedida, ignorando el comentario.
Un par de horas más tarde Sasuke estaba de pie frente a una lapida, una pequeña copia suya correteaba alrededor persiguiendo una pelotita amarilla que rodaba sobre el césped.
"Amada esposa y madre…"había tanta ironía en la inscripción de la lapida, esa frase tan falsa escrita justo debajo de la fecha de nacimiento y deceso, pero lo que más le molestaba era el nombre completo "Sakura de Uchiha…tsk"
Definitivamente debía hallar la manera de borrar su apellido de ahí, podría hacerlo pasar como un acto vandálico y fingir demencia cuando le pidieran dinero para reponer la lapida, si, era un buen plan. No quería ver su apellido junto al nombre de esa mujer, eso hacía parecer real aquel infierno de dos años, llamado matrimonio y él se había propuesto verlo como un mal sueño.
"Papá…" El pequeño tiro de su pantalón.
"Tú eres lo único bueno que ella me dejo" El pequeño le mostro una adorable expresión de ceño fruncido.
"Vaya… - Sasuke intento no mostrar su sorpresa – el pequeño sí que se parece a ti, hasta hace las misma cara de pocos amigos"
La rubia se acercó y dejo un ramo sobre la lapida de su fallecida amiga, miro la inscripción unos segundos y sonrió. Su figura lucia muy deteriorada, su cabellera rubia había perdido brillo y el azabache podría jurar que vio un rastro de piel purpura en su pómulo derecho, bajo las enormes gafas de sol.
"Ino" Dijo a modo de saludo.
"Así es… - se acercó al pequeño, ahora en brazos de Sasuke – y tú debes ser el pequeño Fugaku, soy la tía Ino" El niño frunció aun más el ceño. Sin duda made-in-Uchiha, literalmente.
"No le gustan los extraños"
"¿Los extraños o simplemente las mujeres…? – Sasuke espero para sentir el tirón en las tripas – digo, por aquello de que dicen que la mariconeria es hereditaria" sonrió mas, pero el tirón en el estomago del Uchiha no llego.
"La homosexualidad no es una enfermedad y tampoco hereditaria, pero la estupidez parece serlo ¿Verdad cuñada?" El niño rio como si entendiera y la Yamanaka solo arrugo el gesto.
"Pensé que encontraría la tumba de mi amiga muy abandonada" admiro el ramo de rosas amarillas que Sasuke había dejado.
"Las escogió mi hijo, el no tiene razones para odiar a su madre… no es su culpa que haya sido una arpía, como tu comprenderás"
Ino no podía esconder su asombro, el Uchiha estaba hablando, estaba hablando demasiado y el tocarle el orgullo con el tema de sus preferencias pareció no molestarlo en lo más mínimo. El Uchiha se dio la vuelta y empezó a irse, pero antes se detuvo un par de segundos.
"Espero que tengas un buen pretexto para estar de regreso Ino"
"Debes saberlo mejor que yo"
Sasuke le hiso señas a la nana de Fugaku, que esperaba junto al auto con el chofer, en las puertas del cementerio. La mujer de moños castaños llego a él y tomo al niño en brazos. Sasuke le ordeno que preparen el auto, el iría enseguida.
"Mira Ino, te pedí que desaparecieras a cambio de algo y cumplí con ello, no es mi culpa que tu familia sea una mierda en esto de los negocios"
"Ah entonces el que hayas comprado sus acciones ¿es solo una coincidencia?"
No, si iba a resultar cierto aquello de que las rubias son mas brutas que nada (sin ánimos de ofender).
"Si yo no las hubiera comprado, lo habría hecho otro empresario y no hay necesidad de malversar mas los negocios, tu padre no supo manejar sus recursos y ni que decir de sus inversiones en la bolsa"
Ino estaba estática.
"El que tu familia este a dos acciones de la banca rota no tiene nada que ver conmigo y ahora si me disculpas, tengo un compromiso"
"¿Con Naruto? – Sasuke freno ante la mención del nombre, hacia mucho que no lo escuchaba – con Sakura tres metros bajo tierra nada te impedía seguir revolcándote con el ¿Verdad?"
Se sentía molesto, hacía sonar lo suyo con el rubio como algo terriblemente sucio.
"Eso es algo que a ti no te importa" Y sin más, siguió su camino al auto dejándola sola y con la palabra en la boca.
No iba a ponerse a contarle todo lo sucedido. Quizá era una muy mala noticia que ella estuviera de regreso, pero no podía amenazarla de nuevo, no había propósito, además, parecía que las cosas en la vida de Ino estaban cayendo por su propio peso y era un hecho que a la familia Yamanaka le restaban pocas semanas de vida en el mundo empresarial. No tenia caso gastar energías o recursos para hacerla sufrir, aunque los hechos le causaban una satisfacción sádica por la que pagaría millones con tal de prolongar.
Llego frente a su enorme y fría mansión, el auto estaciono.
"Lleven al niño a casa de mis padres, Ten-ten diles que estaré allí antes de la fiesta"
"Sí, señor Uchiha"
Y el auto arranco. El se quedo de pie ante las puertas de roble. Pensar que aquella enorme casa fue el caprichoso regalo de bodas para la pelirrosa, inmediatamente después de enterrarla puso en venta el lugar y parecía que la maldición había desaparecido por fin, ya que ese mismo día entregaría las llaves al nuevo dueño. Cuantas cosas gratas le preparo aquel día soleado: se cumplían tres años del fallecimiento de su horrenda esposa, su hijo cumplía tres años de edad y por fin se desharía de esa propiedad en la que habitaban tantos de sus malos recuerdos con la progenitora de su adorado Fugaku.
Al entrar, una estela de polvo y telarañas ensucio su traje de luto. No es que le tuviera mucho aprecio, solo lo había usado en el entierro de Sakura y tres veces después, pero que por si él fuera, habría vestido el arcoíris de la felicidad que sentía.
Los muebles estaban bajo sabanas blancas y la elegante decoración seguía intacta, cada toque excéntrico de la difunta estaba por todo el lugar, sin duda alguna el no habría aguantado vivir ahí sin más razón de la necesaria: las apariencias. La vendía con todo incluido y no veía el momento de firmar los papeles y deshacerse de ese cumulo de malos recuerdos en concreto. El ruido de dos pares de tacones irrumpió en el gran salón.
"El debería estar ya aquí – Karin entro seguida de otra pelirroja – oh, Sasuke-kun justo a tiempo" Saludo de un beso al azabache, ya no la esquivaba, desde el mes pasado la dejaba ser.
"Karin" Miro a la otra mujer.
"Oh, lo siento, ella es la señora Namikase, la nueva dueña"
"Mucho gusto, Uchiha Sasuke" Estrecho su mano.
"Si, se quién eres…" Apretó su mano con más fuerza de la necesaria.
"¿Disculpe?" El no la recordaba, esa cabellera sin duda era imposible de olvidar y el no la recordaba.
"Cosas mías, no me haga caso joven Uchiha" Entro a la casa y admiro.
Karin se acercó al azabache para hablarle bajo.
"¿No que no te gustabas las pelirrojas?" Le pico las costillas riendo.
"Eso solo era para ahuyentarte a ti" Le susurro el azabache.
La chica inflo los cachetes. La mujer regreso.
"Definitivamente una casa hermosa"
Sasuke fingió sonreír, imaginaba que la cabellera escandalosamente roja de la mujer no era lo único dentro de sus gustos exóticos.
"Bien, firmemos entonces y la casa es legalmente suya señora Namikaze" Ofreció la abogada.
"Su esposa tiene un gusto exquisito señor Uchiha" Menciono la mujer mientras firmaba.
"Oh, sí, lo tenía" Dijo con gusto.
"¿Disculpe?"
"Soy viudo, señora Namikaze" Casi quiso agregar felizmenteenseguida de viudo.
"Oh, como lo siento"
"Él no" Agrego Karin muy divertida.
"¡Jum! Bueno, si eso es todo, paso a retirarme damas" Estrecho la mano de la mujer mayor y Karin lo despidió de beso.
Sasuke desapareció con la urgencia de quien huye de un fantasma. Las mujeres se quedaron viendo por la puerta donde se fue.
"Ese joven parecía muy contento para haber enviudado"
"Sasuke-kun no tiene por qué estar de otro animo, nadie le llora a quien no ama…"
Karin rellenaba los papeles bajo la atenta mirada de la nueva dueña de la mansión Uchiha.
"Ya veo, entonces ¿Se ha vuelto a casar?"
"Desgraciadamente no…"
Y decía desgraciadamente porque aunque ella era la primera en lista de espera, sabía que no era ni por asomo la última opción de su amigo. Después de todo, el mismo le había dicho la razón apenas un mes atrás y ella lloro desconsolada en su departamento de soltera mientras devoraba una cubeta de helado y le hacía mimos a sus cuatro gatos.
"Bien, todo listo – le entro las llaves – aquí tiene las originales y las escrituras le serán enviadas a primera hora el día de mañana señora Namikaze"
"Gracias querida" Estrecharon manos.
"Entonces me retiro, voy retrasada y apenas me da tiempo de ir a casa a cambiarme" Recogió los papeles.
"¿Una cita con su novio?" Sonrió.
Karin sintió el peso de un piano caer sobre su cabeza.
"El cumpleaños del hijo de Sasuke-kun, en realidad" Dijo sintiendo la palabra solteronatatuarse en su frente.
"Haga llegar mis felicitaciones al padre del pequeño, por favor"
"Si, con su permiso señora Namikaze" Y salió despedida como un rayo.
La mirada de la pelirroja mayor la siguió hasta la puerta. Karin subió a su auto y saco un chocolate de entre las envolturas vacías dentro de la guantera. Y lo devoró sin compasión. Encendió el auto y salió de la propiedad.
Realmente no entendía cual era el problema con ella: era una exótica pelirroja, era inteligente, independiente, exitosa y tenía buen cuerpo – si, se mataba en el gimnasio bajando todos los carbohidratos que se metía durante el día – pero aun así ni las moscas se le paraban. Se detuvo abruptamente frente a una luz roja apenas golpeando el salpicadero del auto de enfrente.
"¡Mierda!"
Quizá era su vocabulario. Enseguida el conductor bajo y reviso su auto con detenimiento. El chico la miro, furioso, estaba en problemas.
Sasuke estaciono frente al gran edificio y bajo del auto, saco las compras que hizo camino a casa y entro. En el elevador se topo con un par de jóvenes que se soltaron de las manos instantáneamente después de verlo y subieron, durante los siguientes 7 pisos no cruzaron miradas. Sasuke se vio reflejado en el que parecía mayor, tenía una pose de total indiferencia mientras que el otro chico parecía haberse activado en modo vibrador, lo reconoció como el hijo de su vecina, aquella mujer que vivía de mal humor y no desperdiciaba ni un segundo para mirarlo con mala vibra desde que años atrás, se lo topo con cierto rubio echando pasión en el elevador. Aquel día había sido una risa constante para Naruto mientras que Sasuke no podía menguar su preocupación disfrazada de mal humor, ahora mismo se preguntaba ¿preocupación de que? Se abrieron las puertas en el pido 10 y los jóvenes salieron junto a Sasuke. El azabache se detuvo frente a su puerta buscando las llaves, del departamento de la vecina se escucharon los tremendos gritos de la mujer que estaba regañando seguramente a su hija menor. El chico que parecía indiferente en el elevador, se tenso de inmediato.
"La sala del personal de limpieza nunca está ocupada… - los chicos lo miraron – y puede cerrarse por dentro" Antes de entrar a su departamento vio a los chicos correr como rayo hasta el final del pasillo.
Aquello lo había hecho sentir viejo. Quizá 28 años no lo hacían un anciano, pero con un pequeño que había heredado su mal genio y el a dos pasos de los 30, no veía muchas posibilidades de rehacer su vida. Hasta ese instante la idea no había pasado por su cabeza, ni una sola vez. Tal vez porque se sentía bien siendo él y el pequeño Fugaku solamente, o posiblemente por que la única persona con la que quería completar su familia era específicamente la única que no querría verlo ni en pintura.
"No te culpo – Le dijo al retrato del pasillo – yo tampoco te querría ver si fuera tu, Naruto"
El retrato de los dos en un parque de diversiones había estado por años dentro de la cartera de Sasuke, había sido recuerdo de su primera cita y el azabache lo había enmarcado y puesto ahí, justo el día que retomo la terapia con Gai, la primera semana luego del entierro de Sakura, cuando dejo la mansión y se mudo con su hijo al departamento que originalmente había sido un regalo para el rubio. Dejo las compras sobre la mesa del comedor y fue a su recamara, dejo sobre la cama una camisa polo roja, unos jeans oscuros y saco del armario las zapatillas deportivas blancas que tenían dibujadas con plumón las iníciales S.U. todo el conjunto escogido expresamente por su hijo la noche anterior, siendo el mismo quien dibujo las iníciales en el calzado, una norma que había aprendido en su escuela, por que el pequeño Uchiha ya asistía al colegio mas exclusivo de Japón y era todo un genio, digno heredero del apellido. Sasuke maldijo un poco al recordar cómo los abuelos maternos del pequeño lo alabaron atribuyendo su genialidad a los genes de la pelirrosa, el sabía que Sakura era inteligente pero la verdad es que en muchos aspectos no era la más lista de las personas. Ahuyento la imagen de la difunta dispuesto a que nada – mucho menos ella – le arruinara el día, se metió a la ducha para prepararse e ir a casa de sus padres, la fiesta de su hijo empezaba en una hora y eso era solo el comienzo del resto del día que él esperaba no ver tan largo.
El enorme jardín de los señores Uchiha se había convertido en el patio de juegos más espectacular de todos: había un brincolín gigante, una estructura con toboganes y muchos pisos, globos por todos lados, una mesa de bocadillos y hasta un mago profesional. Como era de esperarse el orgulloso abuelo no escatimo en gastos y aunque solo lo admitiera frente a su hermosa esposa, se le llenaba la boca presumiendo de su pequeño nieto con sus colegas del trabajo. Había que admitir lo obvio, que aunque solo Mikoto lo viera, el pequeño Fugaku había hecho de su abuelo y padre un par de blandengues llenos de orgullo. Querían ser estrictos pero había que ver como no lograban decirle dos veces no a las peticiones del niño, claro que aun así habían hecho entre los 3, un buen chiquillo que aunque lo tenía todo no era ni caprichoso ni desobediente. Claro, de vez en cuando tenía un par de desplantes que si bien no eran rabietas si eran ratos de mal genio que ponían tenso a su padre, ahí era donde corría en busca de la ayuda de Mikoto, si, porque si lo llevaba con el abuelo, este solamente le escaquearía el problema a la mujer, así que mejor ir directamente con la abuela que parecía ser la única mujer en el mundo que podía doblegar o intimidar a un varón de la familia Uchiha.
Todos los niños estaban jugando y divirtiéndose, mientras que el festejado estaba sentado en los escalones que daban hacia el jardín. Parecía muy concentrado en el dango que tenía en su manita. La señora Uchiha se acercó y se sentó junto al pequeño, acomodando las faldas de su elegante vestido gris.
"¿Por qué no estas jugando con tus amigos?" Pregunto la mujer.
"¿Quieres dango, abuela?" ofreció el niño, la mujer probo y se lo devolvió.
"Está rico"
"Es muy dulce ¿Lo quieres?" Mikoto lo tomo y miro hacia el patio de juegos.
"Ninguno es mi amigo"
Mikoto lo miro con una sonrisa triste, que la quemaran si no era ese niño una copia exacta de su hijo menor. Desde el porte, los gestos, los gustos y hasta la personalidad, que era bastante seria para su agrado ¿Pero que le podía hacer? El pequeño Fugaku era un niño noble y reservado, pero le hacía falta su madre y por más que Sasuke se esforzaba, no podía cumplir ese papel no con la ayuda de 20 nanas.
El nombrado llego y saludo con un beso en la frente a su madre.
"Estas: hermosa, mamá"
"Gracias hijo…" Iba a decir algo respecto a su ropa y en su lugar lo miro interrogante.
"Me puse esto porque vengo preparado para atraparte en la piscina de pelotas" Le dijo con una sonrisa a su hijo.
"¡Oh qué bien!" Aplaudió sonriente Mikoto.
"No quiero ensuciar mi ropa" Dijo el pequeño mientras sacudía polvo imaginario de sus pantalones cortos.
"Ve a divertirte cariño" Animo su abuela.
"Las piscinas de pelotas son estúpidas" dijo tajante.
"¡Fugaku!" Le reprendió Sasuke.
"Yo pienso que son divertidas" Dijo una pequeña a sus espaldas.
Los tres la miraron, era una pequeña de 5 años, la hija menor de Lee. La niña llevaba ese corte de hongo de su padre que lucía adorable en ella, tenía una diadema en color salmón y un vestido veraniego del mismo color. Lee estaba tras ella con su otro hijo. Los tres adultos observaron el evidente sonrojo en el pequeño Fugaku.
"Cariño ¿Por qué no van tu y Fugaku a la piscina de pelotas? Así le muestras lo divertidas que son" Sonrió Lee mostrándole el pulgar.
"Claro" Y sin permiso o demora tomo al festejado de la mano y se lo llevo.
Mikoto sonrió enternecida, el adolescente detrás de Lee solamente rodo los ojos mientras subía mas el volumen de los auriculares. Su padre le arranco uno.
"Ve con tu hermana, Lee-kun"
"Ella sabe cuidarse sola y ya te he dicho que dejes de llamarme así, padre"
Lee lo miro en tono de advertencia.
"El el patio delantero hay mucho espacio para que te diviertas con tu patineta, no tienes por qué quedarte con los niños" Dijo Mikoto con una sonrisa amable.
El adolescente se fue.
"Y ni un gracias" Se quejo Lee.
Ese era el rebelde adolescente que engendró 12 años atrás, a los 16, mientras disfrutaba de la flor de su juventud en el asiento trasero de su auto, con la misma chica que lo abandono con el bebé días después de su nacimiento. Lee y Sasuke se enfrascaron en una aburrida plática de negocios mientras Mikoto conversaba con algunas de las madres de sus pequeños invitados.
"Mikoto, luces tan bien, no te puedo concebir como abuela" Le aseguraba una de sus amigas.
"Pues lo soy y una muy feliz, debo decir"
"Si y que nieto tan mas hermoso, sin duda tiene el porte de su padre" Dijo otra.
"Por cierto querida ¿Cómo es que Sasuke-kun sigue soltero?" pregunto la primera.
"Es verdad, habiendo tantas mujeres dignas de él y su hermoso hijo"
"Mi hijo es quien considera ese punto" Respondió calmada.
Sus amigas obviamente ofendidas, puesto que más de una tenia hijas perfectamente dispuestas a ocupar el lugar vacante y muy interesadas en el azabache, importándoles poco el pequeño, claramente, era por eso que Mikoto no había dando un solo paso en insinuar aquel tema a su hijo. Aunque ella misma notara la soledad de Sasuke.
"Buenas tardes bellas damas – saludo Itachi y beso la mano de su madre – te ves hermosa mamá"
Las mujeres suspiraron ante la galantería característica del hijo mayor del matrimonio Uchiha. El joven se disculpo con las mujeres y se alejo con su madre del brazo.
"No entiendo como las soportas – dijo en voz baja Itachi – pero en fin, veras mamá tengo un pequeño problema y necesito que hables con papá antes que yo…"
"¿Hablarme de que, Itachi?"
"¡Padre! oh, qué bien te sienta esa barba jeje" El joven estaba perdiendo los colores.
"¿En que estas metido Itachi?" Acuso el señor Fugaku.
"Amor – dijo refiriéndose a su esposo – creo que de lo que sea que se trate, puede esperar hasta la cena ¿Verdad Itachi?" Mikoto sonreía dulcemente.
"Claro mamá"
"Pero el…"
"Hasta la cena, cariño" remarco la mujer.
Y Fugaku se retiro. Bendita mujer y sus poderes que pueden doblegan a cualquier Uchiha.
"Y en cuanto a ti jovencito, más vale que me des una buena razón para apoyarte en lo que sea que hiciste mal"
Y asustar, también.
Itachi trago saliva. Cuando el sol se estaba poniendo, los invitados se estaban yendo. Sasuke despedía a Lee y a sus dos hijos en la puerta.
"Gra-gracias por venir…" El pequeño Fugaku aun tenía sus mejillas arreboladas, claramente la hija menor de Lee era de su agrado.
"Feliz cumpleaños Fugaku-kun" Sonrió la niña y le dio un fugaz beso en la mejilla a su amigo, que si bien estaba sonrojado ahora podía competir con un tomate maduro.
Ambos padres sonrieron y se despidieron, cuando Sasuke cerró la puerta pudo escuchar al pequeño soltar el aire que evidentemente estaba conteniendo. Itachi se acercó y le revolvió el pelo a su hermano menor.
"Algo estas haciendo mal ototo, un Uchiha jamás tartamudea Sasu-chibi – se dirigió al niño – y mucho menos se sonroja"
"No me llames Sasu-chibi, tío Itachi" Demando el niño.
"¿Pero por qué no? Si eres igual a mi ototo baka, cuando tenía tu edad – le jalo el cachete al pequeño – con esa dulce carita tan violab…" Y antes de terminar, su hermano menor le había propinado un fraternal golpe de puño en la cabeza.
"Deja en paz a mi hijo, aniki" Dijo cabreado, Sasuke.
En el pasillo estaba Mikoto llamándolos para la cena, el pequeño corrió al llamado de su abuela y los dos Uchiha se quedaron en el corredor.
"¿Te pasa algo ototo? has lucido muy tenso todo el día y con cara de funeral, lo habitual pero más preocupado" sonrió.
"No es nada" Aseguro.
"Sabes, si es algo con la empresa puedo ayudarte"
"Los negocios van estupendamente, para la satisfacción de nuestro padre no soy menos eficiente que tu"
"Entonces ¿De qué se trata? si es de la loca de Karin tengo un par de amigos – le dijo en vos baja – ellos pueden hacerse cargo de ella, harán que parezca un accidente"
"Ella es solo una amiga, ya capto el mensaje" Dijo sobándose el puente de la nariz.
Itachi convencido de que no le sacaría ni media palabra a su hermano se dio la vuelta, Sasuke estaba más tenso con cada paso que daba al comedor, no fue tan bueno ocultando su estado durante el día, como había creído. Espero toda la tarde por la llegada de Gai, pero este había faltado deliberadamente con una excusa malísima que claramente le pidió a Lee que le diera. No esperaba que su psicólogo se sentara a la mesa y le dijera la verdad a su familia en su lugar, pero al menos un apoyo moral.
Su padre y madre ocupaban sus lugares y al lado de Mikoto había una silla alta para Fugaku, justo en medio de sus dos abuelos. La familia cenaba tranquila mientras comían en silencio, como al señor Fugaku le gustaba y eso hasta su nieto lo sabía. Poco después empezó a quedarse dormido y su nana lo llevo a la habitación donde dormía cuando se quedaba con sus abuelos. Mikoto disfrutaba de un te mientras su esposo le hablaba de cosas de la empresa, de vez en cuando la mujer le lanzaba una mirada significativa a su hijo mayor y este se hacia el desentendido.
"Nada puede ir mejor en nuestra vida, Mikoto" Miro con amor a su hermosa esposa.
Sasuke tenía las palabras amontonándose en su boca, tenía que soltarlo.
"Embaracé a una de mis alumnas" Soltó Itachi.
Su madre tomo la mano de su padre y espero por una reacción. El señor Fugaku empezó a gritarle a Itachi palabras que sonrojaron en demasía a su mujer, mientras Sasuke trataba de conectar el filtro que llevaba las palabras de su cabeza a su boca, casi creía que había olvidado cómo hablar, tenía que buscar las palabras correctas.
"¿En qué demonios pensabas, Itachi?" Grito Fugaku.
Debía encontrar el mejor modo de decirlo.
Mikoto no soltaba la mano de su esposo.
"¡Es que tienes musarañas en el cerebro! ¿O qué?"
Sasuke se devanaba los sesos buscando las palabras.
"¡Soy GAY!"
Hasta que lo soltó y ¡Dios! qué bien se sentía, no había palabras más correctas que esas.
