CAPITULO 4

(Pov Anny)

Estoy sentada en el sofá de casa y espero a que llegue Hannival, me ha dicho que me iba a traer un regalo. Miro la televisión pero no encuentro nada de mi gusto.

Esta mañana ha sido bastante trise. Me he levantado sin dormir, no puedo dormir alejada de él, es tortuoso, pero él insiste en que tengo mi propia habitación y que debo dormir en esa habitación.

A veces pienso que tiene miedo a lo que pueda hacerle, cuando me subo sobre él me mira asustado e intenta disimularlo. No entiendo quién o qué le hizo tanto daño, no hemos hablado todavía del pasado de nadie.

Se me viene a la mente la primera vez que lo vi, todo poder, alto, sus tatuajes enmarcando su rostro y sus ojos, fríos y duros en ese momento y siendo yo muy pequeña supe que tenía que ser mío, que mi vida estaba unida a la de este hombre, pero no

sabía lo que ello conllevaba, me siento algo vacía, me siento mal porque no soy capaz de preguntar porque es así, porque se comporta así conmigo y sin poderlo evitar un par de lágrimas caen en mi rostro, justo cuando escucho la puerta me las seco con la manga de mi camiseta.

Doy un respingo cuando escucho varias voces y se trata de Hannival y un hombre que tiene la muerte pintada en la cara.

Me escondo detrás del sofá y miro un poco, mi puso se acelera ¿quién es ese hombre? no le conozco, no sé que hace aquí su voz es grave tanto como de Hannival y me maravilla ver que se mueven en perfecta sincronización.

-¿Dónde está tu cría?- pregunta el hombre que va pintado como la muerte-.

Me asusta y me hago un ovillo en el rincón para que no me vean.

-Anny- dice Hannival y mi corazón salta al escuchar cómo me llama-.

-Estoy aquí- murmuro con la esperanza de que el hombre de los tatuajes en la cara no se me acerque-.

-¿Qué pasa?, ven aquí quiero presentarte a alguien-.

Me muevo despacio, no quiero que se enfade conmigo así que voy corriendo donde él está y me escondo detrás suya.

-¿Que ocurre pequeña?-.

Miro al hombre de los tatuajes que está rígido y serio me mira mucho y eso me pone nerviosa.

-Me da miedo- susurro muy bajito solo para él me escuche-.

-Es mi amigo, Troy, más bien mi hermano Troy-.

No sabía que Hannival tenía hermanos.

-¿Es hijo de Devora?-.

Digo esa pregunta en voz muy baja, sé que no le gusta que le hable de su madre.

Él arruga la frente en miles de pequeños pliegues y suspira.

-No, no somos hermanos de sangre, nos consideramos hermanos-.

Mantengo las distancias y por alguna razón se que ese hombre tampoco quiere tenerme cerca así que me abrazo a Hannival que me toma en brazos.

Estoy segura con él, todo el miedo desaparece y lo abrazo mis piernas están al rededor de sus caderas y huele muy bien, me gusta el perfume que usa, siempre me gustó y también me gusta estar con él. Lo miro con toda la adoración que siento por ese hombre y me sonríe un poco, mis mejillas arden por la vergüenza, me sonríe... a mí...

-No te tiene que dar miedo ¿vale? es importante para mí que lo conozcas-.

Asiento.

-Encantada de conocerle señor- susurro lo más respetuosa posible-.

Él asiente.

-Igualmente- su voz suena un poco ronca pero no me toca, no se acerca-.

-Hora de la siesta-.

-Dijiste que me compraste un regalo- susurro-.

-Y así es-.

Troy acerca una caja alargada y chata hacia mí y la abro miro maravillada de lo que se trata, es una barita con una estrella, una barita para jugar a las hadas.

-Gracias- lo abrazo todo lo fuerte que puedo y tomo la barita brilla mucho-.

Leo la inscripción de la caja "swarovski", no sé que es pero brilla mucho y me gusta.

Me deja en el suelo con sumo cuidado y corro hacia mi habitación a jugar con mi nuevo juguete brillante.