Hola ¿Cómo estan?... ¿Bien?... ¿Me alegro?... ¿Yo? Yo también, gracias por pregun… (Voz: Si sabes que estas hablando sola ¿No?)… Esta voz me jode desde hace no-se-cuantos capitulos… ¡¿Quién comino la metió aquí?! Le informo que puede llevarsela con moño y todo… (Voz: Soy tu conciencia, genio)… Ajam, a mi no me jodas, que mi conciencia es pepe grillo xD… Por cierto, hace tiempo que no la veo por aquí…
En fin, a lo que venía desde un principio, aquí les traigo la actualización de este fic, recién cocido y bañado en chocolate (?
Pasen, lean y recuerden… Kunf fu panda no me pertenece, es propiedad de Dremworks y creo que ya todos saben eso xD
Una nueva vida
El chaleco no se abrocha. Las blusas no me quedan. El pantalón es casi cuatro tallas más de lo que solía usar y aún así me va un poco chico ¡Nada me va!... Me quito la blusa roja y la aviento a una esquina, en donde yace un pequeño montón de diez prendas mínimo, y quedo desnuda de cintura para arriba frente al espejo. Suspiro, agotada. Tengo los pies hinchados, los pechos adoloridos y la falta de sueño comienza a notarse en mi mal humor. No me siento bien, de hecho, no me veo bien. Mi reflejo tuerce los labios en una mueca y se lleva una mano a la prominente barriga de ocho meses y medio. Sonrío, adormilada, pero una sonrisa al fin, aunque no puedo evitar dirigirle una mirada de regaño a mi vientre.
Oh, si. La locura es un síntoma más.
—¿Cuándo piensas nacer?— Murmuro. El bebé patea, como si me oyera, y mi sonrisa se ensancha —Al menos podrías dejarme dormir un poco en las noches ¿No crees?—.
—Exacto y así papá también podría descansar—.
A través del espejo veo a Po parado en la puerta, con una ancha, y algo infantil, sonrisa en su rostro.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?— Pregunto.
Se encoge de hombros, restándole importancia. Sin quitar sus ojos de los míos, camina hacia mí y me abraza por detrás, colocando sus manos a cada lado de mi vientre… Agacho la mirada hacia nuestras manos, entrelazadas, y no puedo evitar una boba sonrisa al ver los anillos de compromiso. Y pensar que hoy se cumplen cinco años.
—Lo suficiente para saber que aventaste más de diez prendas hacia aquella esquina— Responde, en tono burlón —¿Sabes? Todas te quedaban bonitas—.
Besa mi hombro, riendo contra mi piel, y sube hasta mi cuello. Hum, se siente bien. Cierro los ojos, sintiendo los parpados pesados y adormilados, ladeo la cabeza dándole un mejor acceso a mi cuello y no puedo evitar sonrojarme al oír unos murmullos bastante sugerentes. Sus manos suben por mi abdomen, con tiernas caricias, y se detienen sobre mis pechos… Un estremecimiento recorre mi columna y susurro su nombre, mientras que sus labios crean un camino de besos desde mi cuello, dando pequeñas mordidas a su paso, hasta llegar a mi hombro.
—Mmm... Llegaremos tarde— Murmuro, sin abrir los ojos.
—¿Y si nos quedamos?— Propone, sugerente, y lo siento sonreír contra mi cuello —Creo que seria muy romántico un poco de... intimidad—.
Se supone que iríamos a un restaurante en el valle, una cena romántica planeada por mi amado panda para celebrar nuestro quinto aniversario. Pero mientras mas intento pensarlo, más prefieran la opción numero dos. ¡Al demonio la cena! Que ni hambre tenía... Me giro en sus brazos, quedando de cara a Po, y lo beso en los labios, rodeando su cuello con mis brazos.
—¿De pie?— Me sonrojo, pero mantengo una sonrisa coqueta.
Sus ojos brillan, con entusiasmo, ligeramente oscurecidos, y sus mejillas se tornan tan rojas como un tomate. ¡Oh, por todos los dioses! Po se sonroja hasta por un casto beso ¡Aun me río al recordarlo en el dia de la boda!... No me contesta, tan solo me besa y me hace retroceder hasta que mi espalda choca contra el armario. Hum, tomaré eso como un si.
Sus labios son tiernos, lentos, se toman su tiempo para besar, jugar, explorar. Se toman su tiempo para enloquecerme. Sus manos descienden hasta mis caderas y se colan en el pantalón, presionando gentilmente mi trasero... De repente, un golpecito en el interior de mi vientre me recuerda mis veinte kilos de más. Recuerdo que estoy gorda, pesada y seguramente nada atractiva.
—¿Que sucede, mi amor?— Po ha notado mi cambio de animo. Niego con la cabeza —Tigresa, dime—.
Su mano me sujeta del mentón y me obligan a levantar la mirada. Mis ojos pican, se humedecen y me es imposible retener las lagrimas... ¡Malditas hormonas! Soy una maricona. Po me mira, preocupado, pasa un brazo por mis hombros y me guía hasta la cama, obligándome a sentarme. El se sienta a la par y sujeta mis manos entre las suyas.
—Po... tu...
—Tigresa, me estas asustando— Me interrumpe, habla tan rápido que me cuesta entenderle —¿Que sucede? ¿Te duele algo? ¿Es el bebé?... acaso... ¿Acaso te lastimé? Perdón, yo no...
—No, Po. No me lastimaste. El bebé esta bien y no me duele nada—.
Suspira, aliviado, y no puedo evitar sonreír por su exagerada reacción. Pero entonces, su semblante se torna mas serio y me mira fijamente a los ojos... Oh, no, me voy a ruborizar.
—Hablo enserio, Tigresa, dime que te sucede—.
Agacho la mirada, avergonzada, y siento mis mejillas arder por el sonrojo. Bien, aquí voy.
—Po, se sincero— Le digo. De reojo, lo veo asentir —Yo... Yo... ¿Te sigo gustando?—.
Levanto la mirada, solo un poco, y veo sus ojos, inexpresivos, fijos en mí. Parecen pensar en algo, meditar... Oh, no ¿Que he preguntado? No creo estar preparada para la respuesta. Otra vez, agacho la cabeza, jugueteando con el anillo en uno de mis dedos de la mano derecha. Po vuelve a colocar una mano en mi mentón y me obliga a mirarlo.
—No, no me gustas— Dice. Esta sonriente y siento mi estomago revolverse. Pero antes de que pueda replicar, planta un ligero beso en mis labios —No me gustas, me encantas. Tigresa te amo. No entiendo ¿por qué preguntas eso?—.
Otra vez, mis ojos se llenan de lágrimas, pero de felicidad... Oh, desgraciadas hormonas de mier... bueno, no hay porque pensar palabrotas.
—Es que... estoy gorda— Admito, avergonzada —Estoy gorda, fea y mal humor...
Y antes de que pueda continuar, sus labios en los míos me hacen callar. Por un momento, quedo aturdida, pero no tardo en corresponder. Un beso necesitado, apasionado, casi agresivo, muy poco usual en Po... Coloca una mano en mi hombro y me empuja para que me recueste, yo no pongo resistencia. El se coloca junto a mí, sosteniendo su peso con el brazo izquierdo y su mano derecha acaricia mi vientre.
—Eres hermosa— Murmura contra mis labios — Y saber que llevas un hijo mío en tu vientre solo te hace mas hermosa a mis ojos. Te amo, Tigresa, no me interesa como te veas, ni siquiera si estas de mal humor y quieres molerme a golpes... Te amo y te deseo—.
Su mano sujeta la mía, la coloca en su pecho, con su corazón latiendo bajo mi palma... El gesto me parece demasiado familiar, pero ignoro el absurdo pensamiento y lo sustituyo por la tierna mirada de Po, levemente oscurecida. Me sonrojo, otra vez, mientras su mano desliza la mía por su pecho, hasta llegar a su entrepierna y presiona ahí. Oh, si que me desea.
—Po... Te amo—.
El me sonríe. Se inclina y besa mi frente, mis ojos, mi nariz y finalmente mis labios... El bebé patea, un poco fuerte, y sonrió. Po también sonríe, con la mano sobre mi vientre. Nuestro hijo. Una pequeña vida creciendo dentro de mí es una sensación indescriptible. Rara pero hermosa.
El bebé vuelve a patear, fuerte. Comienza a ser doloroso.
—Alguien esta inquieto— Comenta Po, burlón.
—Hum. Tal vez...
Pero antes de que termine la frase, un dolor bastante fuerte en el abdomen me interrumpe. Po pregunta que sucede, se sienta en la cama y me ayuda a reincorporarme, con las piernas colgando por el borde... Comienzo a jadear, el dolor aumenta, se torna insoportable, y algo húmedo en mis pantalones me confirma lo que ya sé.
—¿Po?— Llamo, tratando de sonar tranquila.
—¿Que sucede, Tigresa?— Sujeta mi mano derecha y coloca otra en mi espalda —¿Antojos? ¿Nauseas? ¿Mareos?... Tigresa, habla—.
Recuerdo las instrucciones de Víbora: inhala profundo y exhala lento, tengo que tranquilizarme. Aunque la voz de Po comienza exasperarme... Otra contracción, mas fuerte que la anterior, y me aferro al borde de la cama con tal fuerza que termino rompiéndolo.
—Po... he... he roto fuente— Susurro, entre jadeos.
—¿Que fuente?—.
El me mira, confundido, y su cabeza se ladea ligeramente hacia la derecha... Oh, por todos los dioses ¡Voy a matarlo! Gruño con una nueva contracción y estrujo su mano en la mía, me temo que con demasiada fuerza.
—¡Va a nacer el bebé, panda estúpido!— Grito y debo admitir que se siente bien —¡Muévete, idiota!—.
Po exclama algo que no alcanzo a oír y de un salto se levanta. No le presto atención. Estoy sentada en el borde de la cama, abrazando mi vientre y lo único en que puedo pensar es en los ejercicios de respiración, aunque esto duele tanto que no se por cuanto mas podré mantenerme callada.
Cuando me doy cuenta, Po esta de nuevo junto a mí. Tiene algo en las manos, no se que es, hasta que me lo pasa por la cabeza y veo que es una blusa. Cierto que estaba desnuda. Me viste, apresurado, y me ayuda a acostarme de nuevo.
—Tigresa, respira, cálmate. Vuelvo en un momento—.
Besa mi frente y se va. ¿Que? ¿Como? ¡Panda de las narices!... Las contracciones son cada vez más dolorosas. Tenso la mandíbula y me sujeto de la almohada, clavando las garras en esta. Inhalo, exhalo, inhalo, retengo el aire, exhalo y vuelo a repetir. Oigo pasos afuera del cuarto, voces en el pasillo y unos minutos después la puerta se abre y Víbora entra al cuarto.
—¡Oh, amiga! ¡Ya vas a dar a luz!— Exclama, emocionada —¿Como te sientes? Feliz, supongo... ¡Aah! ¡Voy a ser tía!—.
—¡Víbora!— Grito, con voz aguda y chillona, y ella inmediatamente se calla —Si... Si tan emocionada estas... ¡Aaah!... ven a... ¡Aaah!... a parir tu el... ¡Aaah!... el bebé—.
Ella me mira, con ojos como platos, y la escucho tragar grueso. Quiero replicar, pero otra contracción me lo impide. ¡¿Es que esto no termina más?!... Por un momento, se me cruza por la cabeza la idea de golpear y castrar a Po, pero luego me digo que es ridículo culparlo. Trato de calmare y realizar los ejercicios de respiración que Víbora me va instruyendo.
¡Oh, bebé! ¿Tanto me odias?
Unos minutos después, la puerta se vuelve a abrir y entra una cabra de avanzada edad. La doctora, que junto a Víbora, prepara toallas, agua fría, agua caliente, me acomoda unas almohadas y explica no-se-que cosas... Quiero gritar, las lagrimas corren por mis mejillas y me es inevitable gruñir a ambas mujeres que comienzan a exasperarme con su "inhala, exhala". La mandíbula me duele de tan tensa, pero no se compara con el dolor de las contracciones. ¿Donde esta Po? El prometió estar conmigo durante el parto, quiero que este conmigo.
Ya no distingo hasta que punto es dolor y donde comienza el repentino odio irracional hacia Víbora, la doctora y Po que no aparece.
—¡Cállense par de chifladas!— Les grito, ya harta —¿Donde esta Po?... ¿Donde... ¡Aaah!... Esta?—.
Y antes de que ellas me respondan, la puerta se abre.
—¡Tigresa!— Escucho la voz de Po —Tigresa, mi amor. Tranquila—.
En menos de un minuto, esta junto a mí y sostiene mi mano. Murmura palabras de aliento, me besa, y yo sonrío, cansada pero feliz de tenerlo junto a mí... De repente, el tiempo parece haberse detenido. Escucho la orden de la cabra para que puje, al igual que las palabras de aliento de Víbora, pero suenan lejanas. Tan solo presto atención a la voz de Po cerca de mi oído. Estrujo su mano, tomó una bocanada de aire, lo retengo y pujo con todas mis fuerzas, hasta volver a caer rendida en la cama.
No puedo más. Me siento cansada, el dolor me supera, y estoy segura que en cualquier momento me voy a desmayar.
—Vamos, mi amor. Ya falta poco. Eres fuerte, tú puedes—.
La voz de Po es suave para mis oídos, llena de amor y ternura. Entonces, otra vez la cabra me ordena que puje. Tomo aire, como puedo, me reincorporo sobre mis codos y obedezco. Po en ningún momento suelta mi mano, en ningún momento se aparta o deja de alentarme a seguir... Entonces, el llanto de un bebé se eleva sobre cualquier otra voz y sé que todo ha acabado.
—Es una niña— Anuncia la áspera voz de la cabra.
Sonrío y dejo escapar una risa algo histérica, a la vez que me dejo caer rendida en la cama. Estoy adolorida, cansada y al borde de la inconciencia, pero nunca me he sentido tan feliz y viva. ¡Una hija! ¡Una hija mía y de Po!... Unas manos sujetan mis brazos y me ayudan a acunar un pequeño bultito contra mi pecho. No necesito abrir los ojos para reconocer aquel llanto, para reconocer la pequeña vida que poco a poco se tranquiliza con los latidos de mi corazón. Se siente tan cálido, tan bello, que me es imposible no llorar de alegría.
—Una niña— Murmura Po junto a mí. Su voz tiembla con emoción y se que también esta llorando —Gracias, mi amor. Gracias por esta vida. Te amo, Tigresa—.
Está sentado junto a mí y su brazo también acuna a la bebé junto a los míos. Sonrío, sintiendo el calor del cuerpito de mi hija contra mi pecho, y en un último esfuerzo abro los ojos para verla... Es hermosa. De pelaje blanco y rallas negras, con redondeadas orejitas de panda.
—Mi pequeña— Murmuro, casi sin creerlo —Mi pequeña Lía—.
La bebé abre sus ojitos y la imagen de aquellas esmeraldas, idénticas a las de su padre, es lo último que veo antes de caer en la inconsciencia.
No recuerdo nada. El lugar es frió, húmedo y extrañamente familiar. Algo me cubre el cuerpo, parece ser una capa, y cuando quiero mover la cabeza, me percato que también tengo puesta una capucha. ¿Donde estoy? ¿Como llegué aquí?... Me estremezco por un mal presentimiento y me froto los brazos, en busca de calor. Parpadeo un par de veces, tratado de enfocar algo en medio de la oscuridad, y entonces lo veo.
De rodillas en el suelo. La cabeza gacha. Los brazos extendidos a ambos lados, sujetos de las muñecas por gruesos grilletes, e inmovilizado por un caparazón de tortuga de restricción, con agujas de acupuntura incluidas... Estoy en Chorm-Gorhm.
—Tai... ¿Tai Lung?—.
Mi voz tiembla. Un nudo se forma en mi garganta, asfixiándome, y mi corazón galopa dolorosamente en mi pecho... En ese momento, las cadenas se rompen y el caparazón se cae al suelo. Se coloca de pie y aquellos ojos ambarinos se posan en mí, a la vez que una torcida sonrisa curva sus labios.
—Hola... Tigresa—.
Abro los ojos y la repentina luz del dia me lastima la vista. Estoy jadeando, con la frente sudada y las mejillas húmedas, pero estoy en mi cuarto del Palacio de Jade. El cuarto que comparto con Po, mi esposo, el padre de mi... ¡Mi bebé! Como una recopilación de imágenes, algunas un poco confusas, los recuerdos de la noche anterior llegan a mi mente y por acto reflejo me llevo las manos a mi abdomen: Plano. Bueno, relativamente plano.
Una boba sonrisa curva mis labios, y cualquier resto de aquel extraño sueño es remplazado por los ojitos verdes de mi hija.
—Mira, Lía. Mamá se ha despertado—.
Con algo de esfuerzo, y ayuda del brazo de Po, logro sentarme en la cama con la espalda apoyada en las almohadas... ¡Mierda! Me duelen músculos que no pensé que podrían doler. Igualmente, ignoro el dolor y solo puedo pensar en la pequeña bebé que Po sostiene en sus brazos.
—Puedo... ¿Puedo cargarla?—.
Mi voz tiembla, amenazando con volverse un sollozo. Y es que es imposible describir como se siente. Es algo único.
Po ríe, como si lo que yo acabara de preguntar fuera un chiste, y asiente. Con una delicadeza jamás vista en el panda, deposita a la bebé en mis brazos, acomodando su cabecita en el interior de mi codo y sujetando mis manos con las suyas, a la vez que se inclina para besar mis labios.
—Es una bebé preciosa— Murmura sobre mis labios —Tan hermosa como su madre—.
Vuelve a besar mis labios, para luego sentarse junto a mí, en el borde de su cama, con un brazo sobre mis hombros y el otro acunando a la bebé junto a los míos... Esta dormida, envuelta con una mantita rosa, y vestida con un trajecito blanco. Sus ojitos cerrados la hacen ver mas parecida a Po, con aquellos anillos negros alrededor de los ojos, pero a la vez se parece a mi, con las rallas del rostro y esa mancha en forma de hoja en medio de la frente.
Cuidando de no despertarla, hago a un lado la mantita y descubro sus bracitos. Están cubiertos por la ropita, pero no alcanza para tapar el rastro de un manto de pelaje negro en sus hombros. Sus manitos son completamente blancas y son de oso.
—Mi pequeña osita— Murmuro.
—Nuestra osita— Me corrige Po, risueño —Prometo cuidarla a ambas, Tigresa. Ustedes serán mi razón de vivir, mis tesoros, mis amores—.
Levanto la mirad hacia él, enternecida, y no puedo retener las lágrimas en mis ojos.
—Te amo, Po—.
Se inclina y presiona sus labios sobre los míos. Un beso tierno, suave y lento, lleno de amor.
Ignorando el dolor de mis caderas, me muevo a un lado y le dejo lugar para que se acerque un poco más. La bebé se mueve en mis brazos, pero no llora, si no que esta ronroneando. ¿Quien lo diría? Mi osita ronronea... Permanecemos en silencio, abrazados, disfrutando la cercanía del otro. La bebé esta despierta, al parecer hambrienta, pero Po ya le ha dado del biberón y es mejor que la alimente del pecho.
Esta hambrienta, no parece haber comido hace dos horas, tal como me ha dicho Po. Cuando vuelve a dormirse, le quito el pecho, pero inmediatamente vuelve a llorar y no se tranquiliza hasta volver con su comida.
No puedo reprimir una risita.
—Igual de glotona que el padre— Bromeo.
—Si tiene el carácter de la madre estamos perdidos—.
Arqueo una ceja y le golpeo en el hombro cuando lo escucho reír.
—Yo no tengo mal carácter—.
—No poco— Po ríe. Sostiene mi mano antes de que vuelva a golpearlo y deposita un ligero beso en mis labios —Por cierto, me gusta su nombre—.
—Lía—.
—Si, es bonito—.
Sonrió y vuelvo la mirada a Lía, que ya esta tranquilamente dormida en mi pecho, con su cabecita apoyada justo sobre mi acelerado corazón. Se ve tan hermosa, tan tierna, frágil e indefensa. Es increíble. Tengo a una pequeña vida en mis brazos, para cuidarla y protegerla, para amarla con todo mi corazón. Me inclino y le regalo un suave beso en la frente, para luego recostar la cabeza en el hombro de Po y cerrar los ojos.
Aún tengo sueño y me gustaría dormir un rato, al menos una hora o dos. Pero cuando estoy por llegar a la inconciencia, una voz aguda y chillona me hace despertar.
—¡Mono! ¡Mantis! Vengan aquí—.
La voz de Víbora se escucha desde el pasillo, aparentemente molesta.
—¡Yo quiero conocer a mi sobrino!— Reclama la voz de Mantis.
—¡Sobrina, bicho! Es una niña— Le sigue Grulla. Parece cansado, como si hubiera repetido lo mismo miles de veces.
—¡Ningún gusano extra-grande me privará de mi derecho como tío de conocer a mi sobrina!— Escucho a Mono.
—¡A un lado, niños! ¡Es mi nieta!—.
¿Padre?... Miro a Po, quien me dirige una nerviosa mirada, y afirma su agarre sobre mis hombros. Por acto reflejo, presiono protectoramemte a Lía contra mi pecho y me apresuro a acomodar bien mi blusa, de manera que no se vea nada.
1... 2... 3... Y con un azote, la puerta se abre, dejando ver a Mono, Grulla y Shifu apretujados, peleando por entrar, y Víbora enroscada en el cuello del simio, mientras su cola estruja a un semi-asfixiado Mantis. Todos están discutiendo entre ellos, empujándose y ninguno parece saber que los están mirando. Shifu trata de empujar a Grulla, que grazna un par de palabrotas a Mono, quien a su vez pelea para soltarse del asfixiante agarre de Víbora, quien le grita varias amenazas a Mantis sobre convertirse en un delicioso almuerzo para ella y sus padres.
—¿Los detenemos?— Murmura a Po.
Sonrío y niego.
—Déjalos— Respondo, algo adormilada —Que en cuanto pueda levantarme, prometo que les dolerá a ellos. Y mucho—.
Po ríe junto a mi y me regala un ligero beso. En ese momento, dejo de prestar atención a la pequeña guerra de imperios que se desata en la puerta y vuelvo a cerrar los ojos, refugiada bajo el brazo de Po y con mi bebé dormida en mi pecho... Mi bebé, nuestra bebé.
Continuara...
Y con esta bella y tierna escena, termina el primer capitulo de esta historia… Aun no sé cuantos capítulos serán en total, solo que no pasaré de los diez y trataré de terminarla antes de que comiencen las clases. Porque los profesores me aman tanto (Nótese sarcasmo) que me llenaran de tareas y el tiempo para escribir será menor… Claro, eso y que mi mamá es capaz de cortarme el Internet por toda la semana para que no toque la computadora… xD
En fin, creo que otra vez estoy hablando cualquier cosa, espero que les haya gustado el capitulo… Espero sus Review.
P.D. Dejen Review o Tai Lung no saldrá de prisión… Muajajajajaja
