Cap. 3: Revelación
Los bomberos no tardaron en llegar. Con un par de hachazos y una grúa despejaron la entrada. Van Pelt y yo salimos al exterior, donde al parecer había dejado de llover. Tan sólo salir Rigsby se abalanzó sobre Van Pelt y le cogió suavemente la cara.
- ¿Estás bien?
Veo como ella asiente y se abrazan mínimamente a causa de las estrictas reglas de la brigada, aunque sobre todo de Hightower. Por un momento me he imaginado esa misma imagen, pero cambiando los papeles con Jane y yo. Me gustaría tanto poder abrazarle en estos momentos... Pero salgo de mi imaginación y pensamientos cuando Marvin se planta a mi lado y se adecenta un poco la ropa, como si esperara algo de mí. Una fugaz mueca de fastidio se refleja en mi cara, aunque nadie se ha dado cuenta de ello. Tan sólo para picarle le ignoro y voy a por Cho, quien no está muy lejos de nosotros hablando con el jefe de patrulla.
- Cho, ¿se sabe algo?
- Todavía nada -da una última órden al hombre y éste se va. Nos quedamos solos junto al coche patrulla. Veo que va a decirme algo, pero mira por encima de mi hombro sin ninguna expresión en el rostro.
- ¿Estarán así todo el rato?
Esa pregunta me pilla por sorpresa-. ¿A qué te...? -me giro y veo que el cámara nos está grabando a lo lejos y a Sarah mover los labios-. Eso parece -digo con un tono de resignación.
Cho se apoya de espaldas en el coche y cruza los brazos. Yo le imito, pero con las manos en los bolsillos y las piernas cruzadas. Mira a ambos lados, como si buscara la manera de hablar, de explicarse, de confortarme.
- Lisbon, deja que te diga una cosa -le miro con las cejas arqueadas, pues él casi nunca me llama por el apellido, y mucho menos por el nombre. Asiento serena y le escucho con suma atención-. Pero no de agente a agente, ni de subordinado a superior, sinó de persona a persona -me mira a los ojos, algo que me deja completametne sorprendida-. No tienes de qué preocuparte. Es Jane; se las sabe arreglar bien. Es capaz de encontrar comida y agua suficiente como para mínimo una semana, y en ese tiempo seguro que le hemos encontrado -estoy tan sorprendida que lucho por no abrir la boca. Veo que vuelve a su postura inicial de distancia y gira la cabeza-. Y tratándose de él es capaz de aparecer en cualquier momento con una sonrisa burlona en la cara.
Esa frase crea una sonrisa en mis labios. Jamás hubiera imaginado un Cho tan tierno y sincero, y mucho menos que se abriría conmigo en una situación como ésta, en la que se tiene que estar centrado y que, al cometer el más mínimo error, éste repercute radicalmente en mucha gente. Sonrío y le agradezco el gesto con un abrazo. No es un abrazo próximo, más bien uno amistoso, guardando las distancias. Después de todo, sigo siendo su jefa.
Pero entonces un aviso nos sobresalta. El oficial nos grita desde la puerta.
- ¡Han encontrado a alguien entre los escombros!
Mi corazón se acelera. Todos nos ponemos en marcha, incluídos los periodistas. Nos dirigimos a la entrada, corriendo, casi volando. O al menos yo, pues tengo la esperanza de que sea esa persona, ese hombre de pelo rubio que me pone de los nervios de buena mañana después de arrancarme una sonrisa. Me detengo en la puerta con una sonrisa de felicidad, impaciente por averiguar de quien se trata. ¡Rayos! Parezco una niña esperando su regalo de navidad. Rigsby y Van Pelt aparecen también a mi lado con la misma cara que yo.
- ¿Es Jane? -pregunta Van Pelt.
- ¿Dónde está? -dice impaciente Rigsby.
- No se sabe si es él -digo finjiendo tranquilidad, aunque por dentro estoy rezando a todos los dioses para que lo sea.
Los periodistas se amontonan en la puerta sin dejar de grabar un sólo instante. Sin embargo, mi sonrisa se desvanece cuando veo que es una mujer a la que tapan con una manta y le proporcionan oxígeno. Me alegro, claro que me alegro. Hemos salvado una vida más... pero no la que yo quería en particular.
Vuelvo dentro. Los médicos se encargarán de ella. Rigsby y Van Pelt me imitan. Llego hasta la entrada y me siento en el escalón. Apoyo los codos en mis rodillas y me aguanto la cabeza con los brazos. El corazón todavía me palpita rápido, aunque poco a poco se transforma en un leve dolor de cabeza. Me quedo así por unos instantes, eliminando el ruido de mi alrededor. Esta situación es tan extraña... jamás hubiera imaginado que podría pasar algo así aquí, en Sacramento.
Una mano en mi hombro me sorprende. Me giro y veo que esta me da una bolsa con hielo.
- Póntelo en la cabeza, te aliviará el dolor.
Tras coger la bolsa y apartarla me doy cuenta de que es Hightower.
- Gracias -digo mientras me pongo la bolsa en el lado contrario al de la herida.
Alza la vista y se pone las manos en los bolsillos de la gabardina-. Vaya circo tenemos montado, eh? -me comenta observando a nuestro alrededor.
- Sí -respondo un poco decaída.
Me mira y me sonríe-. No se sabe nada todavía, ¿cierto?
Eso me sorprende. La miro extrañada, pero ella tan sólo ríe levemente. Se sienta a mi lado y apoya los brazos sobre sus rodillas. Mantiene la mirada al frente, sin cruzar su mirada con la mía.
- ¿Los periodistas te están dando problemas?
- No, por el momento. Pero no me gusta tenerlos merodeando por aquí, y menos en mi unidad.
- Lo sé, pero tienen permiso para grabar el suceso. Lo han autorizado los de arriba.
"Así que no fue Hightower" pienso inexpresivamente. Bajo la mirada al suelo algo decaída, de lo cual Hightower se da cuenta sin casi mirarme. Es casi como Jane, pero en mujer.
- Estás preocupada por él -eso llama mi atención y la miro-, lo comprendo. Pero reconozco nunca he entendido vuestra relación.
- Nuestra relación es estrictamente profesional -le digo casi al instante, lo que me ha delatado por completo.
- ¿Estás segura? -me pregunta con picardía.
Se gira y me mira a los ojos con una sonrisa. En el trabajo jamás ha pasado nada, y fuera tampoco, oficialmente hablando, claro. Tan sólo ocurrió algo, si se le puede llamar así, hará unas dos semanas, en el aparcamiento. Era tarde, cerca de las once de la noche. Jane me había vuelto a engatusar para dejar lo que estaba haciendo para que comiera algo de lo que él me había traído. Ambos cenamos en mi despacho comida china. Terminé un par de formularios más y nos fuimos. Me acompañó hasta mi coche y no sé cómo fue la cosa que terminamos muy cerca uno del otro. Me acaricio la mejilla suavemente. Pero cuando íbamos a besarnos el guardia nocturno apareció. No nos pilló ni nada, pues nos separamos al instante. A partir de ahí cada uno se fue por su lado, aunque no sin antes de que él me diera un beso en la mejilla.
A esas horas el edificio estaba vacío, o eso creía yo, porque al parecer Hightower nos vió. En cuanto me lo ha dicho me he quedado helada. No sé qué escusa ponerle a esto, simplemente por el hecho de que no hay ninguna. Me resigno a aceptarlo. Después de todo tampoco pasó nada. Pero antes de que pueda explicarlo, Hightower me hace un gesto para que no hable. Vuelve a centrar la mirada al frente mientras que yo me limito a mirarla algo estupefacta.
- No hicisteis nada mal, así que no tengo por qué sancionarte -se levanta y me mira-. Conoces las reglas, Lisbon -vuelve a colocar las manos en los bolsillos-. Espero que le ecnontréis. Voy dentro. Cualquier cosa me llamas.
Yo asiento. Pero antes de que se vaya la llamo. Se detiene y me mira. Iba a decirle algo acerca de Jane y yo, lo que no entiende de nuestra relación, pero me arrepiento en seguida y pienso un sustituto rápidamente.
- Gracias por el hielo.
Sonríe levemente, asiente y se va. Vuelvo a mirar al suelo y luego alzo la vista al vacío. Debo reconocer que cuando me ha dicho que nos vió el corazón por poco se me para. Pero tan sólo fue un beso en la mejilla, así que no tengo de qué preocuparme. De lo que realmente tengo que preocuparme es de encontrar a Jane sano y salvo y también de mantener a esos periodistas a raya.
