Hola... He aquí un nuevo capitulo... Espero que les guste.

Kung fu panda no me pertenece, es propiedad de Dreamwors


Pesadillas

Escucho pasos, lentos y pesados, caminando con cautela por el cuarto. Los escucho detenerse frente a mi y siento la cama ceder bajo el peso de alguien mas. Aunque no estoy segura si no es solo parte de un sueño. Estoy despierta, pues noto la luz del día a través de los parpados, pero parte de mi sigue dormida. Es como soñar en despierta. Igualmente, no me interesa, de seguro solo es Po que ya se ha despertado.

Unos labios besan mi frente y una mano acaricia mi mejilla con la yema de los dedos, comenzando en mi pómulo y terminando en mi barbilla. Se siente calido y no puedo evitar ronronear cuando aquella mano me acaricia tras la oreja… Horas, minutos, segundos. No se cuanto tiempo pasa, pero cuando abro los ojos, estoy sola en mi cuarto. Por lo visto, me he vuelto a dormir.

Miro a mi derecha, pero ni siquiera parece que Po haya dormido aquí. Eso me entristece un poco. Sujeto una almohada y la abrazo contra mi pecho, dispuesta a quedar un rato más en la cama hasta que suene el gong o hasta que Lía se despierte… Aún recuerdo la conversación de la noche pasada. Todos parecían tan preocupados y angustiados. Recuerdo que Víbora quería decirme de que se trataba, así que tal vez mas tarde trate de convencerla de que lo haga. Sino tendré que averiguarlo por mi misma. Aunque lo que más me molesta, es que Po haya estado de acuerdo en esconderme aquello, sea lo que sea.

En fin, creo que en vez de pensar estaría mejor que fuera a entrenar un poco. Hace tiempo que no me despertaba tan temprano.

Hago a un lado las sabanas y salgo de la cama. Entonces, algo en la mesita de noche llama mi atención: es una pequeña flor de pétalos rosas, una flor de cerezo, y junto a esta hay una nota. Sonrío y cuidando de no aplastar ningún pétalo, sujeta la pequeña flor con mi mano derecha. Es hermosa y tiene un aroma suave y delicioso. Mi sonrisa se ensancha y no puedo reprimir una risita al leer la nota.

Una flor para otra flor…

Es mi flor favorita y un lindo detalle por parte de Po, muy tierno y dulce. Me levanto, me baño y me visto en tiempo record. Me coloco la flor junto a mi oreja derecha y me veo en el espejo, para saber que tal me queda. Me recuerda a cuando era una niña, de hecho, me veo como una y el rubor de mis mejillas es inevitable, así como tampoco puedo evitar que el recuerdo de aquella noche de tormenta vuelva a mi mente… Me gusta la flor, le daré las gracias a Po por el detalle, pero prefiero dejarla en la mesita de noche, junto a la pequeña nota.


Lía no estaba en su cuarto, por lo que supongo que debe estar con Po y me dirijo a la cocina… En el camino, no puedo evitar pensar que aquel aroma, el de la noche anterior, seguía en el cuarto de ella e incluso en el pasillo. Tiene que ser de alguien de aquí, sino no comprendo quien podría entrar sin que lo vea o como mínimo, sin que lo escuche. También pienso en que Lía ha dormido toda la noche de una. Es la primera vez que no se despierta en la noche y tal vez, ya no se despierte a aquellas horas.

Cuando llego a la cocina, me extraña no ver a nadie más que Víbora. Ella esta sentada junto a la silla alta de Lía, con un biberón en la mesa y un pequeño plato de puré en la bandeja de la silla. Con una cuchara, toma un poco de puré y hace un avioncito, tratando de darle de comer a Lía, pero ella gruñe e infla los mofletes con aire, negándose a abrir la boca para comer. Víbora le habla, con voz ridículamente tonta, e intenta de nuevo, pero mi pequeña vuelve a gruñir, un poco más fuerte, y muestra amenazadoramente sus pequeñas garritas. Recargo mi hombro en la puerta y me quedo a observar, con una sonrisa burlona en el rostro, como Víbora retrocede ante la "amenaza".

Ay, Tigresa. Llevas cuidando a Mono y Mantis de romperse el cuello desde que llegaron aquí— Recuerdo que me dijo una vez, cuando estaba en las últimas semanas de embarazo —Cuidar a un bebé será coser y cantar—.

¡Jah! ¿Qué tan fácil es alimentar a la bebé, Víbora?... Lía voltea a verme y ríe, estirando los bracitos hacia mí, momento que Víbora aprovecha para introducir la pequeña cuchara con puré en su boquita. Víbora exclama en señal de victoria, mientras que Lía traga el puré y le dirige una mirada de "Si pudiera, te mataría".

—Te dije que ibas a comer, chiquita— Murmura la reptil —No te vas a morir de hambre por un capricho. Jodidos tus padres, que te malcrían en todo—.

No se si reír por la escena o golpear a mi reptil amiga por su decir que malcrió a mi hija. Me decido por lo primero.

—¡Tu hija es tiene tendencias homicidas!— .

Víbora se voltea a verme, con una gélida mirada y un siseo. No esta contenta. A sus espaldas, Lía ladea la cabeza a un lado, en señal de incomprensión, pero igualmente ríe y hace palmitas.

—¿Buenos días?— Saludo, casi burlándome.

—¡Tres veces!— Grita la reptil —Tres veces intentó arañarme y otras tres intentó morderme—.

Víbora repta de un lado a otro en la cocina, llevando y trayendo platos, murmurando algo sobre una niña que heredó las tendencias homicidas de la madre. Reprimo una carcajada, solo para no molestarla, y me dirijo a tomar en brazos a mi pequeña Lía… Sentada en mi lugar, con Lía tomando tranquilamente del biberón, y con una taza de té caliente en mi mano, veo que Víbora esta mas nerviosa de lo normal. Ya ha lavado los platos del desayuno, que parece haber sido hace horas, los ha secado y guardado. Pero sigue yendo y viniendo por la cocina, buscando algo que hacer o en que concentrar su atención.

—¿Víbora?— La llamo.

Está acomodando la comida de los estantes, por tercera vez, cuando voltea a verme.

—¿Qué sucede?—.

—¿A dónde han ido los chicos?—.

Evade mi mirada y presiona los labios, hasta convertirlos en una fina línea. Parece preocupada.

—Tu padre los mandó a una misión— Murmura —Volverán en… No se—.

Me extraña verla así, tan preocupada y angustiada. Aunque mas extraño es que ella no haya ido para ayudarlos, digo, es ella quien saber curar la mayoría de heridas.

—¿A dónde fueron?—.

—No lo se— Se apresura a contestar, nerviosa —Se fueron temprano, antes de que amaneciera—.

Y sin mas que decir, voltea a seguir acomodando los estantes, por cuarta vez desde que he llegado. Quiero preguntarle porque no fue, porque no me avisaron o al menos porque salieron tan temprano, pero no se ve muy cómoda hablando, así que nos quedamos en silencio.

Trato de mantenerme centrada en Lía, en que termine el biberón al menos, para no pensar en Po y los chicos. No es la primera vez que no los acompaño en una misión, cuando estaba embarazada ni al valle me dejaban bajar, pero si la primera que no los acompaño cuando podría hacerlo y no puedo evitar preocuparme ¿A dónde habrán ido? ¿Estarán bien? ¿Por qué Po no me dijo nada? Ni siquiera me despertó para saludarme… Entonces, recuerdo la caricia en mi mejilla y el beso en mi frente. De seguro era Po, quien mas sino. Sin embargo, Víbora ha dicho que se fueron antes del amanecer y por más semi-inconciente que haya estado, estoy segura que ya era entrada en la mañana cuando lo sentí.

Aquí hay algo que no cuadra. Aquel aroma en el pasillo, los pasos la noche anterior, esa caricia… Miro a Víbora, tal vez pueda charlar sobre aquello con ella, de seguro me comprenderá y no creo que me llame loca. Pero se ve demasiado alterada.


Generalmente, nos turnamos con Po para entrenar y cuidar de Lía, o a veces mi padre se ofrece a llevarla al salón de los héroes para pasar "tiempo con su nieta", por lo que creí que sería difícil entrenar con Lía ahí, pero veo que no… Con Víbora, llevamos la silla alta de Lía hasta el salón de entrenamientos y la colocamos en un lugar alejado de los aparatos, pero donde también podamos vigilarla. Lía no causó problema alguno. Se mantuvo tranquila, con un pequeño panda de peluche en sus manos, demasiado entretenida con el entrenamiento de nosotras como para acordarse al menos de llorar para pedir atención.

Víbora pareció calmarse después del entrenamiento. Incluso mejoró su humor y durante el descanso, no dejó de hablar sobre la maternidad y lo mucho que a ella le gustaría poder tener un hijo con… Bueno, se detuvo al llegara aquella parte y el rubor tiñó sus mejillas. Reí, pero no le insistí a que continuara, era su vida y si le daba pena decirlo no tenía porqué hacerlo.

—Tienes suerte— Dice, con una ancha sonrisa. Estamos sentados en las gradas, con Lía en mi regazo, y habíamos quedado en silencio. Me sorprendió un poco aquella frase —Po es muy tierno. Es buen padre, es cariñoso contigo, pues se nota a leguas que te ama y ese brillo que siempre tiene en los ojos cuando te ve… Es como un ciego mirando por primera vez el sol. Además, no me vayas a golpear, pero tu panda no esta nada mal— Deja escapar una risa picara y aunque me molesta un poco, no le digo nada. Es una buena amiga y se que no lo dice con malas intenciones —Tienes suerte al tener un marido así—.

No puedo evitar reír. A veces, ella es tan madura que olvido que realmente es una chiquilla a comparación mía, Pues Víbora ni siquiera pasa los veinticinco, recuerdo que cuando llegó al palacio apenas si tenía unos diez años.

Su progreso era rápido, casi tanto como el que yo tenía a su edad.

—Tal vez tengas razón— Murmuro —Pero recuerda, nada es color de rosas—.

—¿Por qué? ¿Sucede algo?—.

Me mira, expectante, esperando mi respuesta. Agacho la mirada hacia mi regazo, donde Lía esta sentada entre mis brazos, y sostengo las manitas de ella entre las mías.

—No. No es nada— Respondo luego de un rato —Solo que… No creo que un matrimonio sea perfecto para siempre. Hay discusiones, algunas mas fuertes que otras, y creo que llegará el día en que uno de los dos quiera… Bueno, ya sabes, en que quiera un poco de espacio, en que quiera rendirse—.

No se porque, me siento un poco triste. Últimamente, Po se comporta distinto. Comprendo que este cansado, ser padres es agotador y yo también lo estoy, pero eso no justifica que en las noches no me de ni un beso o que me salude con un seco "buenas noches" y me de la espalda para dormir, como lo ha hecho desde hace unos días… Recuerdo nuestras discusiones. No son muchas, puesto que casi nunca discutíamos, pero las pocas veces que pasó fueron muy fuertes y pasábamos varios días sin hablarnos. No era nada lindo. También me recuerdo que no le he pedido disculpas por haberle gritado anoche, aunque ¡¿Para que me preocupo?! ¡El me esta escondiendo no-se-qué! Yo debería estar enojada, ¿Qué digo? ¡Estoy enojada con él!... Y… Y… Y me duele la cabeza de tanto darle vueltas a esto.

—Tigresa, eso es obvio, digo, es la realidad— La respuesta de Víbora, algo burlón, me saca de mis pensamientos —Pero si se aman, siempre podrán volver a empezar… Por cierto, anoche no le hablaste muy bien que digamos—.

Ay, gracias Víbora, justo lo que necesitaba, que me recuerdes eso.

—El se los buscó—.

No la miro, porqué se que su mirada será escéptica y detesto cuando me mira así, como si yo estuviera diciendo tonteras. Esta por contestar, pero un bajo gruñido de mi parte la detiene.

—¿Qué sucede?— Pregunta, un poco extrañada.

No le contesto, tal solo aparto mi brazo izquierdo de Lía, sosteniéndola solo con el derecho, y le muestro mi muñeca… Esta pequeña diablilla me ha clavado las uñas y tengo unos pequeños, pero igualmente dolorosos, rasguños. ¡Por todos los dioses! Ni siquiera las tiene tan largas,

—¡Te lo dije!— Exclama Víbora, con su rostro a centímetros del de Lía —¡Esta chiquilla heredó tus tendencias homicidas!—.

Víbora le muestra la lengua a Lía, quien solo gruñe y hace el intento de darle un mordisco. Rápidamente aparto a la cachorra de la reptil y sujetándola con las manos por debajo de los brazos, la levanto hasta tenerla frente a mí. Arrugo el entrecejo, pero Lía tan solo ríe y estira sus manitas hacia mi rostro.

—Eso no se hace— Le digo, con falsa seriedad. Bien, no puedo enfadarme con esta ternura —No se muerde, ni se araña, ni se lastima a los demás ¿Entendido, señorita?—.

La pequeña cachorra tan solo ríe y se inclina hacia delante, apoyando sus manitas sobre mi boca. Sonrío, atrapo su manito derecha entre mis dientes y la presiono juguetonamente, sin lastimarla, haciéndola reír a carcajadas. Al parecer, tiene cosquillas. Y también yo hubiera reído, de no ser porque su manita izquierda sujetó uno de mis bigotes y tiró de él, creo que arrancándolo… ¡Hija de…! ¡Eso duele! Frente a nosotras, Víbora ríe por la escena.

—Vamos, te vendaré la muñeca y prepararemos el almuerzo a tu hija— Dice, a la vez que voltea en dirección a la puerta —Antes de que devore a su propia madre—.


Pasar el día con Víbora es divertido. Solo chicas, hablando de nosotras sin tener que estar cuidando de que ningún metiche nos escuche y sobre todo, sin tener que estar golpeando a Mono o Mantis por espiarnos. Sin embargo, no tengo ninguna noticia de Po y comienzo a preocuparme, pero mi padre también fue con ellos, así que no tengo a quien preguntarle. Intento con Víbora. Según ella, tenían que ir a revisar un supuesto ataque de bandidos, o algo así, ya que no es muy clara al explicar, lo que solo me demuestra que esta mintiendo. Igualmente, me hago la tonta y le hago creer que me he tragado el cuento.

Después del almuerzo, Lía comienza a inquietarse y cada vez que llora es más difícil calmarla. Busca a su padre, ha pasado demasiado tiempo lejos de los brazos de Po y comienza a extrañarlo. Eso solo sirve para ponerme aún más nerviosa, aunque trato de aparentar tranquilidad… Pero pasa lo mismo al siguiente día, y al siguiente, y al siguiente, y así hasta llegar a la semana entera.

Lía esta histérica. Quiere a su padre, Se enoja conmigo, con Víbora, con todo lo que tenga cerca. Incluso he llegado a comprobar que tiene demasiada fuerza para un bebé, cuando sujetó una de las figuras de acción de Po y la destrozó sin ningún problema. Bien, no creo que al panda le agrade enterarse de eso cuando vuelva, pero ese es el menor de los problemas. Ni siquiera puedo hacer que coma. Ni puré, ni el biberón y cuando intenté darle el pecho, me mordió. Aquello no dolió demasiado, ya que prácticamente no tiene dientes, pero si me dolió ver que mi propia hija me rechazaba.

Me siento una inútil, un fracaso como madre, no puedo hacer que mi propia hija se calme y antes de darme cuenta, estoy llorando en la mecedora de su cuarto… Ya es tarde, demasiado, debería estar durmiendo. Pero solo puedo llorar, con la cabeza recostada en el barandal de la cuna, mirando a Lía arrugar el entrecejo en dormida. ¿Por qué? Soy la madre, se supone que por simple instinto un bebé se calma al estar con su madre, así como también se supone que yo debería saber calmarla. Sin embargo, ni siquiera puedo tenerla mucho tiempo en mis brazos sin que llore e intente liberarse.

Me pregunto si así será cada vez que Po valla a alguna misión y yo tenga que quedarme a cuidarla. Quiero suponer que esto se debe a que aún es pequeña y que no esta acostumbrada a separarse de su padre, pero eso no quita que me duela como me rechaza.

—¿Tigresa?—.

La puerta se abre y Víbora entra al cuarto. Inmediatamente, levanto la cabeza y me apresuro a secar las lágrimas de mi rostro.

—¿Q… Que sucede?—.

—Tigresa, ya es tarde. Ve a dormir—.

—No puedo— Mi voz es ronca por el llanto y tengo que apartar la mirada para que no vea mis ojos llenarse de lagrimas —Lía despierta a cada rato y estoy tan cansada, que si me duermo, no la escucharé llorar cuando se vuelva a despertar—.

Quedamos en silencio. Ella repta hasta la cuna y se detiene a observar a Lía dormir… Esta inquieta, se mueve mucho entre sueños y parece que va a despertar en cualquier momento.

Mis parpados pesan, al igual que mi cabeza. Cierro los ojos uno segundos, pero inmediatamente los vuelvo a abrir al dar un cabezazo al aire. Otras vez los vuelvo a cerrar, pero ahora es Víbora quien me despierta.

—Ve adormir— Me dice —Si llora, yo la escucharé y te avisaré… O tal vez pueda venir yo un par de veces. Estas cansada—.

Me dedica una maternal sonrisa y sin esperar respuesta, me sujeta la muñeca y jala de mí para que me ponga de pie. No me deja protestar, me empuja fuera del cuarto y cuando me doy cuenta, hemos cruzado el pasillo y ya estoy en mi habitación.

No quiero dormirme. Estoy demasiado tensa como para descansar. Pero finalmente me acuesto y el cansancio me gana…


Tigresa—.

Aquella voz. Ronca, grave y... Triste. Giro torpemente sobre mis propios pies, enredándome con ellos, y busco a mí alrededor. No se que busco, no que a quien espero encontrar, sea quien sea, no esta aquí... Es de noche. Las nubes tapan la luna, opacando su brillo, y la suave llovizna cae sobre mi pelaje. Está fresco. La brisa mueve suavemente las cañas de bambú, dándole un aspecto aun más tétrico al bosque.

Tigresa—.

Otra vez esa voz. Me llama. Parece angustiado y no puedo evitar sentirme igual.

¿Quien eres?—.

Mi voz suena ridículamente suave, casi un murmullo. Me maldigo mentalmente por mis nervios y trato de calmarme. Trato de agudizar el oído, saber exactamente de donde proviene aquella voz... Por unos segundos, solo puedo escuchar el soplido del viento y las pequeñas gotitas de agua al impactar en el suelo.

Y cuando voy a darme por vencida...

¡Tigresa, por favor!—.

El aire se llena de un aroma familiar, tan familiar como aquella voz... Entonces, puedo localizarlo, esta cerca, e inmediatamente echo a correr en cuatro patas por el bosque de bambú.

El agua de la lluvia empapa mi rostro y el frió del viento, que sopla con fuerza, cala profundo hasta mis huesos. Pero no me importa. Tengo que llegar. Es como si algo más me impulsara a encontrar al dueño de esa voz, algo más fuerte que yo, un sentimiento de protección y angustia. No son solo gotas de lluvia lo que empapa mi rostro, también se que las lagrimas corren por mis mejillas. Pero no me detengo ni a pensarlo. Ahogo un sollozo y continúo con la carrera... El suelo es resbaladizo y más de una vez resbalo en los charcos de lodo. Pero inmediatamente me levanta y continúo.

¡¿Donde estas?!—.

No obtengo respuesta. Estoy agotada, jadeante y mi corazón golpea dolorosamente contra mi pecho. No puedo más y debilitada por el cansancio, termino cayendo de boca al suelo. Tirada en el mojado césped, lloro de pura frustración, sintiéndome una inútil, una incompetente.

¡Levántate! ¡Levántate, tonta! Me ordeno mentalmente, pero es inútil y mi cuerpo se niega a cooperar.

Poco a poco, la lluvia va cesando, hasta ser no más que una fina llovizna, y el viento se detiene. El lugar queda en calma, silencioso, y es cuando escucho unos pasos en la tierra húmeda. Antes de que pueda levantarme, una zarpa grande me sujeta del brazo derecho, de tal manera que su agarre coincide con la cicatriz, y me jala para ayudarme a reincorporarme.

Quiero levantar la mirada y ver quien es, pero antes de que eso suceda, él me rodea con sus brazos y me veo aprisionada contra un pecho fuerte y notablemente masculino. Quiero luchar contra el agarre. Una parte de mi mente me pide a gritos que lo aparte de inmediato, pero algo en él me calma. Su aroma. Es tan... familiar.

No quiero perderte. Te quiero de vuelta, Tigresa... Te quiero conmigo... Te amo—.

¿Que demonios?... Me retuerzo en su agarre, forcejeando con sus brazos, intentado apartarme. Extrañamente, él no me retiene y me deja retroceder un paso, pero aún me sujeta la cintura. Lo primero que veo es el pecho de un felino, un jaguar, luego sus hombros anchos y aquellos brazos, fuertes y trabajados. Trago grueso. No me atrevo a levantar la mirada, no quiero. Entonces, una mano en mi mejilla me obliga a ver aquellos ambarinos ojos...

Ta... Tai...


—¡Tai Lung!—.

Con una sensación de opresión en el pecho, me levanto de un salto y lleno mis pulmones con una bocanada de aire, reteniéndolo involuntariamente, para luego exhalarlo de manera brusca. Inhala, exhala, inhala, exhala. Mi pecho sube y baja violentamente, jadeando, y la sensación de opresión aún sigue presente. Miro a todos lados. Estoy en mi cuarto. El corazón me galopa dolorosamente contra el pecho, tengo la cara empapadas en sudor, mezclado con lo que sospecho son lágrimas, e involuntarios sollozos escapan de mis labios.

—Tranquila... Tranquila... Solo fue... Una pesadilla...

Mi voz suena débil y temblorosa, apenas un susurro que incluso a mi me cuesta oírlo. Aquella caricia, aquel aroma, aquella sensación de miedo y seguridad a mismo tiempo, todo sigue presente. Demasiado real para mí gusto.

Lloro. No puedo evitarlo. Flexiono las piernas y me las abrazo contra el pecho, escondiendo el rostro en mis rodillas... Solía tener pesadillas sobre él, pero pensé que había superado eso hacia años, mucho antes de empezar a salir con Po al. Solía despertarme en las noches, llorando igual que ahora, y luego de media hora tratando de calmarme, me iba a dormir en su cuarto, donde los recuerdos eran mi único consuelo.

—¿Tigresa?— Oigo que llaman, mientras abren la puerta —¡Tigresa!—.

Con los ojos aún llenos de lágrimas, levanto la mirada y veo a Po correr hacia mí, visiblemente preocupado. Ha vuelto y parece estar bien, sin ningún rasguño aparente… Se sienta en el borde de la cama, frente a mí, y colocas sus manos en mis mejillas. Me hace ladear el rostro, a la derecha, a la izquierda, buscando alguna herida, y quiero apartarlo. No quiero que me vea llorar de esta manera, pero no puedo hacer nada para evitarlo. Me siento débil, como si realmente hubiera corrido todo lo del sueño.

—¿Que te pasó? Por... ¿Por qué lloras?—.

Pero su voz, la preocupación y la angustia que demuestra, tan solo animan a las lágrimas a seguir corriendo por mis mejillas.

Lo veo, en silencio, aun sollozando y él no duda en rodearme en un protector abrazo. Me acuna en su regazo, como a una niña, y me hace recostar la cabeza en su pecho, oyendo el latido de su corazón... Me mece en sus brazos y susurra palabras de consuelo, pidiéndome que me calme, diciéndome que está aquí y que nada va a pasarme. Poco a poco, los sollozos disminuyen y la logro respirar con normalidad. Me calmo, pero no me atrevo a mirarlo a la cara.

—¿Estas mejor?— Pregunta, en un murmullo.

Respiro hondo y me aparto para poder verle la cara, aunque aún permanezco en sus brazos.

—S... Si— Mi voz es ronca —S... Solo... Solo fue una pesadilla—.

Sus ojos brillan y suspira, como quien recibe el alivio de una buena noticia cuando se espera lo peor. No puedo evitar arrugar el entrecejo, extrañada por su reacción, pero antes de que pueda preguntar, sus manos sujetan mi rostro y sus labios están sobre los míos… Me besa con ansias, con necesidad, como si temiera que algo me pasara en ese mismo instante. Me cuesta seguirle el ritmo, pero suavemente le correspondo y reparto caricias por su pecho y hombros, hasta entrelazar las manos tras su nuca.

No es hasta ahora que me doy cuenta lo angustiada que estaba, lo mucho que lo he extrañado y necesitado.

El se separa de mi y me vuelve a recostar contra su pecho, con la mejilla sobre mi cabeza. Parece incluso mas asustado que yo, lo que realmente me preocupa

—¿Po?— Llamo. Como respuesta, lo oigo murmurar algo —¿A dónde fueron?—.

Sus brazos se tensan a mi alrededor y el silencio le sigue a mi pregunta. Se toma su tiempo, como si pensara que responder.

—A un pueblo, al otro lado del bosque de bambú—.

Y entonces, se que me esta mintiendo.

Continuará...


Uuuhh, la hoya arde... ¿Será que Lía solo extrañaba a su padre? ¿O habrá algo mas?... Como verán, todos se han complotado para esconderle algo a Tigresa ¿Que será? ¿Cual habrá sido la misión? ¿Por qué Víbora se ha quedado?...

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