Saludines! bueno una disculpita por la tardanza, lo ke pasó es que anduve "limpiando" mi laptop y remasterizandole el software... pero bueno, aqui estamos de vuelta!

Antes que nada, ok, este es un capítulo corto, y lleno de lemon que tenía que dejar asi de "corto y lleno de lemon" para compensar a mis lectoras fanáticas del ItaSaku, ejem... (y mi pequeña fangirl interna que me suplicaba a gritos que dejase asi el capitulo), ya cuestiones de la trama como lo es la contraparte de los cazadores... me las solventaré en el siguiente capítulo y de ahi en adelante.

Nuevamente, os deseo una cómoda lectura.


Capítulo 12

CÁLIDA BRISA DE PRIMAVERA

Una mañana de marzo, cuando Sakura tenía diecinueve años y el sol calentaba la tierra y el bosque era verde y fresco como un sueño de juventud, una loba de pelambre rosáceo oscuro salió corriendo.

Ahora conocía los trucos: Itachi se los había enseñado. Se impulsaba el cuerpo con las patas de atrás, se frenaba y se giraba con las de delante. Uno debía estar siempre al tanto de la superficie en que apoyaba las patas: tierra blanda, barro, piedras, arena. Cada una de estas cosas requería un tacto diferente, tensiones diferentes del cuerpo. A veces se mantenían los músculos tirantes como muelles nuevos; a veces relajados como viejas cintas de goma. Pero —y esto era una cosa muy importante, había dicho gravemente Itachi— uno debía permanecer constantemente "alerta". Esta palabra la empleaba Itachi muchas veces, clavándola en la mente impaciente de Sakura como una garra. "Alerta." Del propio cuerpo, del ruido sordo de los pulmones, del bombeo de la sangre, del movimiento de los músculos y los tendones, y del ritmo de las cuatro patas. Del sol en el cielo y de la dirección seguida por uno. Del entorno y de la manera de volver a casa. No sólo del mundo que se tiene delante sino también de lo que ocurre a la derecha, a la izquierda, detrás, arriba y abajo. Del olor dejado por animales pequeños, y del ruido de otros animales que huyen del olor de uno. Alerta de todas estas cosas y de muchas más.

Sakura nunca había pensado que ser lobo costase tanto trabajo.

Pero se estaba convirtiendo en una segunda naturaleza. El dolor de la transformación había disminuido, aunque Itachi le había dicho que nunca desaparecería del todo. El dolor, tal como Sakura lo entendía, era un hecho inherente a la vida. Y en todo caso el dolor del cambio palidecía ante el exuberante y total entusiasmo que sentía cuando su cuerpo saltaba a cuatro patas en el bosque, con los músculos tensos bajo la piel y una sensación de poder que rebasaba cuanto había conocido.

Para inicios de febrero ya tenía la complexión y alzada de una loba adulta; flancos más curveados que los de Karin, zarpas más ágiles que las de Kurenai y un pelaje más denso y suave que el de Ino. Una suave curvatura en el lomo indicaba que era una hembra joven en plena edad reproductiva.

En estos tórridos días de primavera, Sakura pasaba la mayor parte del tiempo como loba, sintiéndose desnuda y pálida como un gusano cuando llevaba su piel humana. Dormía muy poco; cada día y cada noche brindaban nuevas exploraciones, nuevas cosas que ver con unos ojos a los que nada pasaba inadvertido. Objetos que habían sido prácticamente familiares para su visión humana eran una revelación a su mirada lobuna: la lluvia tenía brillantes colores; el rastro dejado por los pequeños animales en la alta hierba estaba perfilado por el débil azul del calor corporal; el propio viento parecía ser una cosa viva y compleja que traía noticias de otras vidas y muertes de todo el bosque.

Y la Luna. ¡Oh, la Luna!

Los ojos del lobo la veían de un modo diferente. Un siempre fascinador agujero de plata en la noche, a veces orlado de brillante azul, a veces de rojo, a veces de un color indescriptible. La luz de la luna caía en venablos de plata, iluminando el bosque como una catedral. Era el resplandor más bello que jamás había visto Sakura, y bajo aquella imponente belleza, la manada —incluso Karin, con sus tres patas— se reunía sobre altas rocas y aullaban. Sus canciones eran himnos en los que se mezclaban la alegría y la tristeza: "Estamos vivos —decían—, y deseamos vivir para siempre".

Pero la vida es una cosa pasajera, como el paso de la Luna a través del cielo, y todos los ojos de los lobos y de los humanos deben oscurecerse y cerrarse.

"Pero nosotros cantaremos mientras haya una luz como ésta."

Sakura corría, por la emoción de la carrera. A veces, cuando recobraba la forma humana después de haber pasado horas a cuatro patas, le costaba mantener el equilibrio sobre dos piernas. Eran como unos palos débiles y blancos, y no se podía correr con ellas lo bastante aprisa. La velocidad entusiasmaba a Sakura, la capacidad de movimiento, de torcer a derecha e izquierda y de tener una cola que actuaba como un timón, conservando el equilibrio en las vueltas.

Kakashi le había reprendido, diciendo que se embelesaba demasiado con su cuerpo de loba y descuidaba sus estudios. No era sólo el cambio de forma lo que hacía el milagro, decía Kakashi; era el cerebro que había dentro de la cabeza del lobo lo que permitía seguir el rastro de un ciervo herido y recordar cuestiones científicas y racionales al mismo tiempo.

Sakura cruzó como un rayo la maleza y encontró una charca en una hondonada festoneada de rocas. La fragancia del agua fresca en un día tan cálido y polvoriento era un perfume irresistible. Aún había algunas cosas que una chica humana podía hacer mejor que una loba, y una de ellas era nadar. Se revolcó sobre la suave hierba, porque encontraba gran placer en ello. Después se tumbó de lado, jadeando, y dejó que el cambio se apoderase de ella.

Cómo se producía exactamente esto, seguía siendo un misterio: empezaba imaginándose que era una chica, de la misma manera que se imaginaba que era una loba cuando quería cambiar en la otra dirección. Cuanto más completo y detallado se veía con los ojos de la mente, más rápido y más suave era el cambio. Era una cuestión de concentración, de adiestramiento de la mente. Desde luego, había problemas; a veces un brazo o una pierna se negaban a obedecer. Todo esto divertía mucho a los otros miembros de la manada, pero molestaba considerablemente a Sakura. No obstante, iba mejorando con la práctica. Como decía Kakashi, Roma no se construyó en un día.

Sakura saltó al agua, y ésta se cerró sobre su cabeza. La sacó chorreando, y entonces arqueó el blanco cuerpo y se sumergió hasta lo más hondo. Al bracear sobre el fondo rocoso, recordó cómo y cuándo había aprendido a nadar: de pequeña, bajo la atenta mirada de su madre, en una piscina grande y cubierta de Konohagakure.

¿Había sido realmente ella? ¿Una niña mimada y tímida, que usaba vestidos de telas caras y recibía lecciones de piano?

¿Era ella aquella chiquilla de dieciséis, que había estado comprometida con un adinerado desconocido sólo para preservar el renombre del apellido Haruno?

No, ya no. A Sakura esto le parecía ahora un mundo extraño, y todas las personas que habían habitado en él casi se habían desvanecido en su memoria. Nada era real, salvo esta vida y el bosque.

Emergió del agua, y al sacudirla de los rosados cabellos oyó los pasos de él.

Miró sorprendida a su alrededor y lo vio sentado en una roca, con los largos cabellos cayendo libremente sobre sus hombros como una marea negra y profunda. Itachi estaba tan desnudo como ella, pero su cuerpo era infinitamente más interesante.

—Vaya… así que aquí estabas —dijo, con una adusta media sonrisa que no hizo más que ruborizar a Sakura más de lo que ya estaba—…Sakura-chan

Sakura se sumergió en el agua, dejando visible sólo desde el mentón hacia arriba.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—¿Qué estás haciendo, tú?

—Nadar —respondió ella—. ¿Qué te parece?

—Me parece una tontería. Fresco, pero tonto.

Sakura pensó que él no sabía nadar o más bien no tenía ni la menor intensión de mojarse. ¿Le había seguido desde el palacio blanco?

—Se está fresco —dijo ella—. Especialmente después de haber corrido.

Sabía que Itachi había corrido también; tenía el marcado cuerpo humedecido por una fina capa de sudor. Itachi se inclinó desenfadadamente sobre la roca, alargó un brazo y metió una mano en el agua. Se la llevó a la boca y la lamió como un animal.

—Oh, sí —dijo, y le sonrió—. Está fresca, ¿verdad?

Sakura empezaba a sentir mucho más calor; un incipiente burbujeo en el estómago y una ardiente humedad cernirse en su bajo vientre… justamente entre sus piernas. Se alejó nadando de él, pero la charca era pequeña. Nadó en círculos, simulando no darse cuenta de que Itachi se había tendido contra la roca y ofrecido su cuerpo al sol. Y desde luego a su mirada.

Sakura volvió la cara.

¿Qué le sucedía? Desde aquel invierno, en que Itachi no había hecho más que haberle besado esa helada noche y se había tumbado junto a ella para transmitirle calor, la compañía de aquel se había tornado casi efusiva. Y ella así lo había permitido. Se habían vuelto compañeros de caza, compartían el mismo lecho, salían juntos aun en las cacerías en manada… e Itachi cuidaba de ella constantemente.

Y esto tenía consecuencias. Últimamente, durante la primavera, y ahora, en verano, Sakura había empezado a pensar mucho en Itachi. En sus brillantes y atentos ojos, sus fuertes brazos y su curtido torso cuando tenía forma humana; en su pelambre negra, su vigoroso lomo y su orgullosa cola cuando era un lobo.

El misterio de su atrayente aroma varonil y salvaje le atraía. Había tenido sueños; no, no, aquéllos eran sueños indecentes.

—Cuando salgas —dijo Itachi. Su voz era suave; había algo dúctil en ella—, te secaré.

Ella nadó un poco más deprisa. Tal vez para que los músculos de la espalda se pusiesen tensos, o tal vez no. Un torrente cálido parecía concentrarse más en su bajo vientre, casi tan cálido como el sol que caía a plomo sobre Itachi. Sakura siguió nadando, mientras él tomaba el sol y esperaba.

Pensó que podía estar en la charca hasta que él se cansase y se marchase a casa. Ino decía que Itachi era una bestia. Pero cuando Sakura empezó a nadar más despacio y a latirle el corazón con una pasión desconocida, comprendió que su hora con Itachi llegaría pronto, tal vez ahora mismo. Él la deseaba, deseaba lo que ella podía darle. Y Sakura sentía curiosidad; había lecciones que esos empolvados libros no le podían dar.

Itachi estaba esperando, y el sol era cálido. Su resplandor en el agua le mareaba. Nadó dos círculos más, dando vueltas a la situación en su cabeza. Una parte vital de su ser había tomado ya la decisión.

Salió del agua, sintiendo una mezcla de deseo y de miedo, al observar cómo se levantaba Itachi, irguiéndose sin sentir el menor pudor ni un ápice de vergüenza al constatar que ella le miraba. Bajó de la peña y Sakura se quedó allí, en la hierba, esperándole.

Itachi le cogió de la mano y la llevó hacia una sombra. Sakura se tendió allí, en un lecho de musgo e Itachi se arrodilló a su lado. Itachi era atractivo, aunque Sakura pudo ver, desde tan cerca, que se habían acentuado las ojeras bajo los ojos y de las melladuras en su musculosa fisionomía. La vida de los lobos era dura, e Itachi ya no era un adolescente. Pero sus ojos ónice y su marcado cuerpo prometían goces mayores de los que Sakura había soñado. Itachi se inclinó hacia delante y apretó los labios contra los de ella. Sakura tenía mucho que aprender sobre el arte de amar; había empezado su primera lección.

Itachi cumplió su promesa de secarle, empleando la lengua. Empezó en el sur y fue subiendo lentamente hacia el norte, enjugándole las piernas, lamiendo el agua que goteaba en la temblorosa piel de Sakura Haruno.

Llegó al congestionado centro y allí hizo gala de su verdadera calidad animal: la afición a la carne fresca. Itachi le envolvió, mientras Sakura gemía y hundía los dedos en su negra cabellera. También como un animal, gustaba él de emplear los dientes, y así le mordió arriba y abajo cuando Sakura aumentó rápidamente la presión. Oía un zumbido en su cabeza, y unas rayas luminosas saltaron a través de su cerebro como relámpagos de verano. La cálida boca de Itachi le sujetaba, apretándole el clítoris con la lengua, y Sakura sentía convulsiones en todo el cuerpo, un movimiento que no podía controlar, y sus músculos se contrajeron como si fuesen a rasgarle la piel. Los relámpagos fulguraban en su cerebro, inflamándole los nervios. Y ante su primer orgasmo, Sakura gimió, pero con un gemido bestial.

Itachi le soltó, observando cómo brotaba el cálido fluido del cuerpo de Sakura. Ésta se estremeció por segunda vez y experimentó otra cálida explosión. Itachi sonrió, orgulloso de su poder sobre aquella carne joven. Después, cuando la respiración de Sakura empezó a recobrar el ritmo, Itachi continuó deslizando la lengua sobre el estómago, yendo lentamente hacia arriba hasta detenerse en sus pechos. Trazó un camino de saliva hasta su pezón derecho y comenzó a lamerlo, mientras su mano asió el otro, trazando círculos y más círculos sobre la piel de Sakura, haciendo que se le pusiese la carne de gallina. Ésta empezó a animarse de nuevo, y cuando su mente empezó a despejarse del delirio inicial, se dio cuenta de que tenía que aprender más de lo que nunca hubiera podido leer en aquellos libros.

Sus bocas se encontraron y permanecieron unidas. Itachi le mordía la lengua y los labios. Luego le cogió las manos y las llevó a su miembro, duro y erecto como una roca. No se separó de ella, mientras las manos de Sakura, temblorosas recorrían la tibia piel de él en dos lentas direcciones; arriba y abajo.

Itachi se separó, jadeando, y entonces la sujetó por las caderas, sentándola a horcajadas sobre él.

Un dolor fugaz, casi como un escozor se apoderó de Sakura, mientras el endurecido pene de Itachi se abría paso entre los virginales pliegues de la joven. Un tenue hilillo de sangre cruzó por el dorso interno de su muslo. Gimió, con el vago dolor cediendo poco a poco, mientras Itachi le levantaba lentamente para volver a introducirse con más premura y calma.

Quedaron unidos en un apretón húmedo, cálido y pulsátil y el dolor producido por la ruptura del himen cedió. Las caderas de Sakura iniciaron un ritmo lento que adquirió gradualmente más poder e intensidad, mientras miraba fijamente al muchacho a los ojos y a su cara y sus pechos brillaban sudorosos. Sakura aprendía deprisa; Itachi profundizó más en ella, siguiendo sus movimientos, y cuando los suyos se hicieron más rudos y apremiantes, Itachi echó la cabeza atrás y jadeó ansioso.

Sakura sintió que se estremecía, que cerraba los ojos y suspiraba suavemente. Y él le apretaba los muslos, mientras ella movía las caderas en apretados y duros círculos,. Entonces Sakura se vio acometida de nuevo por aquella convulsión incontrolable. Cuando sus músculos se contrajeron y la sangre se precipitó a lo largo de sus venas, un caudal de sus fluidos se vertieron sobre el erecto miembro de Itachi, lubricándole más y haciendo más dúctiles sus embestidas. Sakura se sentía tensa, con los huesos estremecidos por un calor húmedo. El cielo habría podido derrumbarse sobre ellos como un cristal azul, y no le habría importado. Vagaba por un terreno desconocido, pero de una cosa estaba segura: le gustaba, le gustaba mucho aquel lugar. Y quería volver a él en cuanto pudiese preparar el viaje.

Volvió a estar dispuesta antes de lo que se hubiera imaginado. Itachi y ella rodaron cuerpo a cuerpo sobre el lecho de musgo, fuera de la sombra y bajo la luz del sol. Ahora Sakura estaba debajo de él, con las piernas cruzadas sobre sus caderas, y exhaló al ver la ansiedad con que Itachi la penetraba de nuevo. Esto era mejor que nadar. El sol caía a plomo sobre ellos, humedeciendo su carne con su calor y juntándolos todavía más. Esto borró también los últimos vestigios de timidez de Sakura, que correspondió con fuerza constante a los embates de él. Itachi comenzó a moverse más y más fuerte, y buscando su lengua con la boca, y arqueando la espalda cuando Sakura alzó levemente las caderas, haciendo más profunda su embestida.

Al moverse de nuevo sus cuerpos a través de la tensión, hacia el desahogo, la cosa ocurrió sin previo aviso. Unos pelos negros cubrieron el vientre, los muslos y los brazos de Itachi. Éste jadeó, con los ojos deslumbrantes de placer, y Sakura percibió su olor salvaje y penetrante. Aquel olor despertó al lobo que llevaba dentro, y unos pelos rosáceos se extendieron sobre su espalda. Itachi se contorsionó y empezó a cambiar: se le alargaron los apretados dientes y su sudoroso semblante adquirió otra forma. Sakura, sin dejar de abrazarlo, se entregó también al cambio, y brotaron pelos de sus hombros, brazos, nalgas y piernas.

Sus cuerpos se retorcieron en una mezcla de pasión y dolor, y se volvieron y giraron de manera que el que se estaba convirtiendo en lobo negro quedó montado desde atrás sobre la emergente loba de pelambre rosada. Y un momento antes de que el cambio fuese completo, Itachi se estremeció al verter su semen en Sakura. El placer fue abrumador, y él echó la cabeza atrás y aulló. Sakura se unió a su canción y sus voces se combinaron armónicamente, para separarse y combinarse de nuevo: otra manera de hacer el amor.

Itachi se separó de ella. Todavía la deseaba, pero los testículos cubiertos de pelos negros estaban agotados. Rodó sobre la hierba y después se levantó de un salto y corrió en círculos, tratando de morderse la cola. Sakura quiso correr también, pero las patas no le obedecieron y se quedó tumbada al sol, con la lengua colgando. Itachi le hocicó, le hizo dar la vuelta y le lamió el cuello.

Sakura, con ojos soñolientos, le agradeció el cumplido y pensó que nunca volvería a haber un día como aquél.

Cuando empezó a ponerse el sol y a enrojecer el cielo, Itachi captó el olor de un conejo en la brisa.

Los dos empezaron a seguirle la pista, corriendo a través del bosque para ver quién lo encontraba primero, y al correr saltaban uno por encima del otro, felices como los mejores amantes del mundo.


Continuará


Siguiente Capítulo: SANGRE NUEVA

N/A: Bueno, un poco de respiro en la trama, más que nada lo dejé así por eso (y reitero, mi fangirl interna es exigente y exige "sacrificios", jejeje) Si, tal vez pueda que esté centrificandome un poco la trama con Sakura pero esa era la intencion inicial... hasta que llegue a la contraparte de la trama y eso se vendra pronto y con muuuchas consecuencias: yt hablo de Naruto.

Ya, aun quedan dos capítulos de "paz" por decirlo de un modo, ya luego, me veré en la necesidad de mezclarlo más (trama y subtrama tomarán una sóla recta) y con eso culminar la primer temporada... pero bueno, que aun queda camino para rato.

Para los que me preguntan por mis otros fanfics (Being Human y Se Solicitan Hijos) ando a pasos cortos porque son tramas más elaboradas y pues estoy atendiendo ésta por la razón de que ya estaba publicada y pues esta version en la revisada y corregida, asi que no me tomará mucho. Es como la "Director´s Cut Edition" jejeje

Bueno, nuevamente, se les agradece por leer y comentar. Nos vemos en la siguiente entrega