-¡James, acércate! -Gritó Lily desde la orilla del lago de su hijo.- James, faltan dos minutos para los once años de Harry, ¿entiendes? ¡Va a enterarse de que es mago!
-A mi la carta tardó en llegarme cuatro días... -Suspiró James, acercandose a la orilla y sentandose junto a su esposa.
-Ya verás como a él no... Harry se va a enterar de aquí cincuenta segundos.
Y efectivamente, un minuto después alguién pico a la puerta. Los padres del pequeño Harry se miraron entre ellos, con un poco de temor por lo que sucedería después. Sabían que no era nada malo, pero... ¿Quien tenía tanta fuerza, como para hacer que la cabaña retumbase de esa manera?
-¡ES HAGRID! -Gritó James, feliz de ver porfin a alguien de su mundo junto a su niño. Y si, el semigigante entró por la puerta, agachandose para caber en ella.
Lily y James escucharon atentamente todo lo que Hagrid le contaba a su hijo. Se sintieron orgullosos cuando el guardabosques le dijo a Harry que sería un buen mago, James tubo que abrazar a su esposa, que empezó a llorar tras oír a su hermana decir "Yo era la única que la veía tal como era: ¡una monstruosidad!"
-Se arrepentirá. -Aseguró el castaño, acariciando la melena pelirroja que tanto le gustaba.- Tranquila, amor, se arrepentirá.
Lily asintió, y siguió escuchando a Hagrid. Sonrió tras escuchar como el semigigante los alababa "Ahora bien, tu madre y tú padre eran la mejor bruja y el mejor mago que yo he conocido nunca. ¡En su época de Hog warts eran los primeros!"
-Remus era mejor que yo... -Suspiró James.- Incluso Sirius. Eramos igual de buenos.
Esta vez fue Lily la que abrazó al chico. Sabía lo doloroso que resultaba para él hablar de sus amigos. Visitaban sus lagos a diario, y cada vez que se alejaban de ahí James sentía que algo dentro se le rompía. Sirius llebaba diez años encerrado, y cada vez que iban lo veían. James pensaba que preferiría verlo loco que eso. No había día que durante su visita el prisionero no susurrara el nombre de alguno de ellos dos, cada vez que iban lo oían gritar el nombre de Harry, pedirle perdón a Remus, y sobre todo: maldecir a Peter. Pero lo peor, lo que más le dolía a James era que no estaba perdiendo la cabeza, que estaba siendo consciente de todo, y es que lo veía en sus ojos. Veía el dolor, la perdida, el odio... Y se preguntaba por que su amigo no se había suicidado aún, pero lo sabía. No había intentado quitarse la vida porque necesitaba hablar con Remus antes, no pensaba dejar solo a Harry y sobretodo, iba a acabar con Peter.
Por otra parte, hablar de Remus también era demasiado doloroso, y esta vez, Lily compartía el dolor con su marido. Quería a Sirius, y deseaba lo mejor para él. Odiaba que estubiera encarcelado, claro, pero... Remus era su mejor amigo, y su situación era igual o peor que la del prisionero. Cada día iban a visitar también su lago, y lloraban en la orilla. Remus estaba solo en el mundo, estaba tan solo... Pasaba semanas sin hablar con nadie, y cuando lo hacía eran un par de palabras. No tenía trabajo, no tenía amigos, ni vida. Pero lo que más escocía en el corazón del matrimonio Potter era ver al licántropo espiar a Harry, pensar en Harry, velar por la seguridad de Harry. Una vez, cuando el niño era muy pequeño y estaba solo con su primo en el jardín, él salió de detrás de los arbustos y auyento al pequeño Dudley, que estaba haciendo llorar a su primo. Miró a ese pequeño niño de ojos esmeralda y sonrió. Le dio un beso y prometió volver a verlo, pero no lo hizo nunca. Y Harry nunca recordaría eso.
Pero James y Lily lo habían visto, y juraron que le agradecerían a Remus todo lo que hacía por él algún día.
Siento las faltas de ortografía, no he corregido este capítulo. Es mi primera vez en fanfiction y aunque me encantaría responder al comentario del capítulo anterior, no sé como hacerlo. Sea como sea, ya veís que si, he continuado y pienso seguir haciendolo, aunque a veces tarde un poco. ¡Gracias por leer! Solo quería presentarme un poco...
