Saludines público lector! una disculpa por la demora, he andado saturada de trabajo (para los que me siguen den DEVIANTART, he andado sin descanso con el doujinshi de "El vuelo de la Cigüeña") y apenas me tomaré unas merecidas vacaciones, jejeje, pero no iba a irme sin dejarles el capítulo!
ok... fuera rollos y... A LEER!
Capítulo 13
SANGRE NUEVA
Fue un tiempo dorado al pasar la primavera y llegar el verano, y la continuada aventura amorosa de Itachi y Sakura pareció no pasar inadvertida ante el vigilante ojo del alfa de la manada, sin embargo, Kakashi simplemente se limitó a dejar que las cosas siguieran su curso y que la naturaleza se encargase del resto si es que tenía que hacerlo.
Cuando los días se acortaron y aparecieron las densas lluvias, Kakashi exigió cada vez más tiempo a Sakura. Las lecciones habían avanzado y ahora comprendían materias superiores; Sakura se sorprendió al comprobar que su mente ansiaba el conocimiento tanto como su cuerpo ansiaba a Itachi. Se había abierto una doble puerta: una a los misterios del sexo y otra a las cuestiones de la vida. Sakura permanecía sentada, sin protestar, mientras Kakashi le incitaba a pensar; y no sólo a pensar sino también a establecer un criterio propio sobre las cosas. En sus comentarios sobre religión, Kakashi formulaba una pregunta que no tenía respuesta: "¿Qué es el licántropo a los ojos de Dios? ¿Un animal maldito o un hijo del milagro?"
El resto del verano fue extraño: unos pocos meses relativamente suaves, en los que hubo tres lloviznas densas y la caza fue casi siempre fácil.
Al caer el mes de junio la manada se consideró afortunada. Una tórrida mañana, Kurenai trajo noticias: dos viajeros, un hombre y una mujer, pasaban en un carro por la carretera del bosque. La carne del caballo sería buena para comerla, y los viajeros podrían entrar a formar parte de la manada.
Kakashi estuvo de acuerdo; ahora la manada sólo se componía de siete miembros y no le vendría mal un poco de sangre nueva.
La cosa se hizo con precisión militar. Itachi y Sakura acecharon el carro desde ambos lados de la carretera, mientras Kurenai e Ino les seguían y Kakashi se adelantaba para elegir el lugar de la emboscada, con Sasuke como refuerzo a los flancos. La fuerte voz de Kakashi dio la señal cuando el carro pasó por debajo de las copas de unos apretados pinos. Itachi y Sakura atacaron simultáneamente desde ambos lados, saltando de entre la maleza, Kurenai lo hizo en la retaguardia e Ino desde el flanco izquierdo. Sasuke se había adelantado, saliendo de su escondite, haciendo que el caballo relinchase y se encabritase.
Sakura vio pánico en las caras de los viajeros; el hombre era mayor y de apariencia frágil, y la mujer llevaba el vestido de arpillera propio de las campesinas. Itachi fue por el hombre, mordiéndole en el antebrazo y haciéndole caer del carro. Sakura iba a morder a la mujer en un hombro, como le había indicado Kurenai, pero se detuvo, mostrando los dientes que goteaban saliva.
Recordó su propia angustia y le repugnó la idea de someter a otro ser humano al mismo tormento. La mujer chilló, tapándose la boca con las manos, y entonces Ino saltó sobre el carro, hundió los colmillos en el hombro de la mujer y la hizo caer al suelo. Sasuke se lanzó al cuello del caballo y quedó colgando de él cuando echó a correr. El animal no llegó muy lejos antes de que Kakashi saltase a su derecha y le hiciese caer. A causa del imprevisto provocado por Sasuke, ambos lobos salieron del encuentro llenos de rascaduras y de dolorosos morados. Kakashi le reprendió pero el ufano Uchiha simplemente se había escaqueado, largándose, enfurruñado y molesto.
En las profundidades del palacio blanco, el hombre murió durante el ritual. La mujer sobrevivió, al menos corporalmente; pero no así su mente. Pasaba todo el tiempo acurrucada en un rincón, de espaldas a la pared, sollozando y rezando. Nadie podía arrancarle palabras que tuviesen sentido, y ni siquiera hacerle decir su nombre o su lugar de procedencia. Rezaba día y noche pidiendo la muerte, hasta que Kakashi accedió al fin a su ruego y la sacó de su aflicción.
El fuego de esa noche se había consumido, pero los humeantes rescoldos aún arrojaban la suficiente claridad como para que pudieran intuirse en el silencio. Aquel día, los miembros de la manada apenas hablaron.
Una palabra se repetía constantemente en la mente de Sakura:
"Monstruo".
—0—
El área de entrenamiento se encontraba en el último piso de la morada de Jiraiya, en aquel páramo alejado de la civilización de Konohagakure, al área norte. La enorme habitación era un antiguo ático reconvertido. A diferencia de la opulenta decoración que predominaba en el resto de la casona, la zona de entrenamiento, dedicada en exclusiva a las artes de la guerra, tenía un aspecto casi espartano. Sobre las gruesas paredes de piedra se apoyaban numerosos armeros que mostraban exóticas armas blancas y de fuego. La plata brillaba en todos los filos y todas las superficies.
Aparte de sus aposentos privados, este ático bien armado era uno de los pocos lugares de la mansión en los que Naruto se sentía verdaderamente a gusto. Era un lugar para los guerreros.
—Voy a tener que hacer algunas pruebas, eso está claro –dijo Asuma, que sostenía un trozo amorfo de piel con unos fórceps.
Una mezcla de preocupación y curiosidad iluminaba las agudas e inteligentes facciones del comandante y maestro armero. Bajo la mortecina luz de la lámpara de examinación, Naruto apenas pudo ver que se trataba de un pedazo de piel cubierta de encrespados pelos naranja oscuro.
—Eso… ¿es…?
—El Kyuubi… —Asintió Asuma.—…o era, mejor dicho. Y no es más que un despojo de piel. El cuerpo ni siquiera fue encontrado.
—¿Entonces no están seguros, Asuma-sensei? Bien podría pertenecer a un lobo ordinario o…
—O algo se nos adelantó y lo remató. –musitó. No había duda o divagación en aquello. Eso era una completa afirmación. Tomó una pinza y extrajo minuciosamente un corte mellado en la superficie de la dermis, aun con unos exiguos pelillos cortos y decolorados—. Definitivamente esto era de la bestia, la incógnita es qué… o quién lo mató.
Naruto se encogió para sus adentros al recordar la desgarradora muerte de Raido. Aún podía ver cómo brotaba la sangre de su cuello destrozado. Mutilado por las garras de Zabuza. El kyuubi debería ser posiblemente más letal de lo que Zabuza fue; y Naruto sabía el alcance que una de esas bestias podría tener.
¿Un depredador letal, acechado y masacrado por otro depredador de mismo o mayor tamaño? … ¡Imposible!
Ebisu, por su parte, no podía haberse mostrado menos interesado o impresionado.
—¿Pretendes que crea que un simple animal pudo haber aniquilado por completo a un depredador sobrenatural de ése tamaño? Ni siquiera un solo cazador pudo haberlo hecho, por más experimentado que fuese.
Con aire levemente distraído, estaba de pie junto a la mesa de trabajo con Asuma y Naruto. Como de costumbre, su actitud aburrida molestaba a Naruto, además de que el regente Ebisu carecía de toda paciencia para cualquier cosa que interfiriera en sus hedonísticos entretenimientos, y eso incluía evidentemente a esta improvisada reunión.
—No, apuesto a que alguien más le seguía la pista. Este fragmento de… piel, seguramente pertenece a una de las zarpas. Kotetsu lo confiscó a uno de esos tramperos de poca monta que no suelen sobrepasar la frontera del bosque con la aldea. –replicó Asuma en respuesta al sarcástico comentario de Ebisu. Señaló con un gesto de la cabeza—. Posiblemente encontró también parte del cuerpo… es una posibilidad alejada pero es de considerarse. Sin embargo esto es todo lo que tenemos.
La impaciencia de Naruto iba rápidamente en aumento.
—Siento que estamos confiándonos demasiado –declaró. No quería perder la perspectiva— Deberíamos reunir a los demás y regresar en mayor número al bosque.
Ni siquiera era medianoche. Quedaban horas de sobra antes de que llegara el amanecer.
—Imposible –dijo Ebisu sin titubeos—. En este momento es imposible. Y más para llevar a cabo una incursión suicida—Sacudió la cabeza como si la mera idea fuera un completo absurdo—. Además no podemos tomar semejante misión en nuestras manos sin el consentimiento de Sandaime-sama y Jiraiya.
Naruto no daba crédito a lo que oía.
—¿Suicida? Usted mismo ha visto lo que esas bestias ocasionaron en Kirigakure… lo de Zabusa… ¡y los aldeanos extraviados el mes pasado en el bosque! ¡Teuchi-ojisan y Ayame-neechan! ¡Yo les conocía!
—Tú no tienes mando aquí, muchacho. No iremos a ningún sitio sin la autorización del Hokage, mínimo. –lo interrumpió Ebisu. Cruzó los brazos sobre el pecho, desafiándolo a contradecirlo.
Naruto aspiró hondo para contener su temperamento. Le gustara o no, Jiraya había puesto a Ebisu al mando mientras él se incursionaba a Amegakure, en busca de los refuerzos de los que Naruto conocía vagamente como la Orden de la Nube Roja.
—Como usted diga, Ebisu-san—musitó Naruto en cuanto estuvo un poco más calmado—Sin embargo siento que estamos perdiendo tiempo… hay algo en ese bosque, y eso es lo que acabó con el kyuubi, nuestro deber es exterminarlo, como la criatura de Kirigakure… podría haber docenas, quién sabe, puede que hasta centenares.
Un completo silencio respondió a la ominosa afirmación de Naruto. Ebisu pareció incómodo por un instante pero a continuación adoptó un aire de divertida incredulidad.
—Los hemos llevado al borde de la extinción—dijo sencillamente. Una sonrisa condescendiente se dibujó en sus facciones.
Hasta Asuma parecía poner en duda la afirmación de Naruto.
—Ebisu-san tiene razón –le aseguró— Hace siglos que no existe una manada de esa magnitud... desde los tiempos de Madara Uchiha.
O eso hemos creído hasta ahora, pensó Naruto con un presentimiento siniestro.
—Lo sé, Asuma-san.—Naruto no podía culparlo por su escepticismo—. Pero preferiría que me demostraras que estoy equivocado comprobándolo.
Asuma comprendió lo que quería decir y asintió. Se volvió hacia Ebisu en busca del permiso del regente. Éste, por su parte, lanzó una mirada impaciente a su reloj. Exhaló un suspiro de exasperación.
—Muy bien –accedió—Que tus hombres refuercen la seguridad en la mansión. Ordenaré a Izumo que reúna un equipo de búsqueda.
—Quiero dirigir el equipo en persona—declaró el joven rubio.
—De eso nada —dijo Ebisu—. Izumo se encargará.
Naruto se volvió hacia Asuma con la esperanza de que el veterano comandante insistiera en que el aprendiz de Jiraiya se hiciera cargo de la investigación pero Asuma no quiso desafiar la orden del regente.
Debe de pensar que no merece la pena presentar batalla por esto, comprendió Naruto, decepcionado por la falta de fe de Asuma en sus instintos.
Acaso envalentonado por el silencio de Asuma, Ebisu no pudo evitar mofarse un poco.
—Puede que hasta centenares –lo imitó mientras sacudía la cabeza de la manera más condescendiente posible.
Naruto se mantuvo firme.
—Jiraiya-sama me hubiera creído —anunció con tono helado, antes de darle la espalda a Ebisu y salir dando un portazo.
—0—
Durante la semana consiguiente, el calor del bosque se volvió tórrido y vaporoso; y Sakura presentía que aquello podía deberse a la cálida estación. Casi al caer de las últimas semanas de agosto, un sopor continuo aquejó a Sakura; se sentía cansada, algo anormal ya que solía despertarse antes del mediodía luego de un buen sueño. Y no sentía que nada hubiera interrumpido el suyo, ni siquiera recordaba haber soñado algo. Aquello le estaba sucediendo últimamente, el sentirse agotada de la nada, la necesidad de recostarse a cada momento. Era como si su cuerpo se lo pidiera a gritos.
Habían habido muchas ocasiones en las que había despertado para encontrarse con el rostro pasivo de Itachi, quien acudía a despertarla.
Mientras lavaba su rostro, uno de los enmohecidos ventanales a su derecha se abrió violentamente y la brisa húmeda penetró, recordándole que el verano estaba en pleno apogeo. Se estaba acercando una tormenta; la manada podía olería. Pero ésa sería la noche del último tren del verano, que se dirigía hacia el este para quedar encerrado hasta la próxima estación.
El año pasado Sakura había corrido con Itachi, sin mucho entusiasmo. Nunca le había importado realmente la rapidez con que pudiese transformarse. Sabía que era bastante rápida, pero Itachi le aventajaba siempre. En realidad Sakura no corría con el mismo ímpetu que él; sólo estiraba las piernas. La locomotora le envolvía siempre en un torbellino de humo negro y acre, y las pavesas le quemaban la piel. Y aquellas noches, cuando el tren había desaparecido dentro del túnel y esperaba a que Itachi regresase a su lado, Sakura se sentaba entre la hierba y pensaba que si quería podía hacerlo. Podía hacerlo.
Tal vez.
Y su mente, aplicando lo aprendido en las lecciones matemáticas de Kakashi, calculó las cuestiones: tendría que hacer una arrancada veloz con cinco o seis segundos de ventaja y mantener el ritmo gradualmente incrementándolo; lo más difícil era mantener el trote a pie al cambiar los brazos y las piernas. La manera en que el cuerpo torcía la columna vertebral perjudicaba el equilibrio. Y los nervios y las articulaciones se contraían continuamente, y si uno tropezaba con sus patas, podía chocar contra el lado del tren y ocurrir cosas terribles. No, no valía la pena correr el riesgo.
Y ella se marchaba siempre de allí diciendo a Itachi que no volvería. Pero sabía que no era verdad. La idea de la velocidad, de ponerse a prueba contra la fiera que estaba venciendo a Itachi, le atraía irremisiblemente. Y siguió corriendo junto a él, yendo tan rápido como podía. Más y más deprisa; pero todavía sin adelantarle. Su equilibrio no era lo bastante bueno, y se caía cada vez que trataba de transformarse mientras corría. Itachi había dicho que era una cuestión de coordinación, de mantenerse en pie hasta que las patas de delante podían bajarse e igualar la velocidad de las de atrás.
Y aun así, Sakura seguía probando, y seguía cayendo.
Tanto Itachi como Sakura habían llegado a considerar el tren como una cosa viva, al correr noche tras noche a lo largo de la vía, empezando en forma humana y tratando de pasar como lobos por delante de él antes de que entrase en el túnel.
Ambos adquirían rapidez, pero parecía que el tren era también cada vez más veloz. Posiblemente el maquinista era nuevo, había dicho Itachi; posiblemente un hombre que no se sabía para qué servían los frenos. Sakura estaba de acuerdo.
Todas las noches, el tren salía ahora del túnel del oeste como un demonio encaminándose al infierno, corriendo para llegar a casa antes de que las luces del amanecer convirtiesen su corazón en hierro.
Dos veces había terminado Itachi de transformarse y a punto estuvo de dar el salto que le haría cruzar el rayo luminoso del ojo ciclópeo del tren; pero éste había adquirido velocidad, lanzando humo negro y una lluvia de pavesas, y el muchacho había renunciado en el último segundo. El farolillo rojo del último vagón del tren había oscilado como en son de burla, y su luz se había reflejado en los ojos de Itachi hasta desvanecerse en el interior del largo túnel.
Mientras los pinos y los robles se balanceaban a ambos lados de la hondonada y todo el mundo parecía estar en tumultuoso movimiento, Itachi y Sakura esperaban en la oscuridad el paso del último tren del verano. Ambos estaban desnudos pues habían corrido como lobos desde el palacio blanco. Se hallaban sentados junto a la vía, cerca de la boca del túnel del oeste, y de vez en cuando Itachi alargaba una mano y tocaba los raíles, esperando sentir una vibración.
—Lleva retraso —dijo—. Hoy correrá más que nunca para recuperar el tiempo perdido.
Sakura asintió reflexivamente con la cabeza. Un atisbo momentáneo, un simple vaguido, como un mareo fugaz se impostó en su vista. Se pasó una mano por la sien.
Tal vez había estado corriendo demasiado, pensó. Miró hacia arriba, observando las nubes en el cielo, que se movían como placas de metal. Después tocó también los raíles; no vibraban.
—Tal vez ha tenido una avería.
—Tal vez sí —convino Itachi. Después frunció el entrecejo—. Hmp… pero es el último viaje —Arrancó un puñado de hierba y observó con impaciencia cómo se la llevaba el viento—. El tren vendrá —dijo.
Guardaron silencio durante unos momentos, escuchando el ruido de los árboles. Itachi notó que su compañera se llevaba la mano a la boca, ahogando un resoplido. Esto y las arcadas que había tenido desde hacía dos días por la mañana comenzaban a tornarse algo levemente preocupante.
—¿Estás bien? –la voz de Itachi le sacó de sus pensamientos. Mirándola fijamente, todavía con la mano posada en su boca y una preocupante palidez en su semblante.
Un susurro atávico escapó de los labios de la joven y una peculiar idea comenzó a flotar en su mente, mientras sentía otra arcada. Parecía saberlo… tal vez fuese…
No, simplemente… no. Es demasiado pronto para…
—¿Sakura?
Sakura negó internamente y cortó con aquel presentimiento. Miró a Itachi, con una austera mueca de forzada pasividad.
—Si –resolló. Se alzó de hombros, como si la pregunta no tuviese mayor inferencia—No es nada… sólo me he mareado un poco. Debí haber forzado el cambio demasiado rápido, creo.
—Hmp. —Itachi pareció asentir. Inclinó de nuevo la cabeza, escuchando. Frunció los párpados. Puso un dedo sobre el rail, y Sakura vio que sonreía débilmente—. Ya viene el tren. Y muy rápidamente. ¡Lleva retraso!
Sakura también tocó el raíl y sintió en él la vibración del tren lejano.
Empezaron a caer gotas de lluvia que levantaron nubecillas de polvo a lo largo de la vía. Itachi se puso en pie y se dirigió al abrigo de unos árboles próximos a la boca del túnel. Sakura le acompañó, y ambos se agacharon, como corredores de velocidad a punto de emprender una carrera. La lluvia arreció. Un momento después caía a raudales, mojando los raíles. El suelo se estaba enfangando rápidamente. Esto no gustó a Itachi; las zancadas de ambos serían inseguras. Se apartó los cabellos mojados de los ojos. Ahora podían oír el estrépito del tren que se acercaba rápidamente.
Y notó que la palidez de su compañera no había menguado.
—Creo que esta noche no deberíamos hacerlo —dijo Itachi.
—¿Por qué no? ¿Por ese pequeño tren? —Sakura sacudió la cabeza, con el cuerpo tenso para la carrera—. Hemos corrido con lluvias más fuertes que ésta, Itachi-kun.
—El suelo... Hay demasiado barro.
—Itachi…
—He dicho que no, y…
Apareció el faro en la boca del túnel, seguido de la larga locomotora y de los vagones. El nuevo maquinista no tenía miedo a los raíles mojados. La lluvia y el viento azotaron la cara de Itachi, que gritó "¡No!" y alargó un brazo para agarrar a Sakura; pero ésta había arrancado ya y corría como una mancha blanca junto a los raíles. Itachi corrió tras ella, tratando de detenerle; la lluvia y el viento eran demasiado fuertes, y el tren demasiado rápido. Resbaló en el barro y a punto estuvo de dar contra el convoy. Podía oír la lluvia que silbaba como un coro de serpientes al caer sobre la caldera caliente. Pero Itachi siguió corriendo, arqueando la espalda, crujiendo los músculos hacia una fisionomía lobuna y estirando las recién surgidas zarpas, tratando de alcanzar a Sakura, y vio que las huellas de los pies de ésta en el barro estaban cambiando en las de las patas de un lobo.
Sakura se estaba inclinando hacia delante, casi corriendo a cuatro patas. Su cuerpo ya no era blanco. Itachi se le adelantó, con el cuerpo tenso, casi totalmente transformado y el aliento resoplando cerca del costado de ella. El tren rugiendo como un demonio sobre los raíles y ellos le llevaban una ventaja de casi ocho palmos.
Cerca… muy cerca.
El lobo negro grisáceo había ganado terreno y espetó un bufido, cerrando el tramo hacia la vía. La lluvia se arremolinaba a su alrededor; un mareo desconcertante se aprestó en su campo visual... y entonces Sakura perdió el equilibrio, cayó de bruces y resbaló sobre el barro. La lluvia cayó a raudales sobre su lomo y el barro le cegó. Trató de levantarse, cayó de nuevo y se quedó allí tirada mientras el tren pasaba a toda velocidad y se metía en el túnel del este.
Desapareció, dejando un reflejo de luz roja en la roca del túnel, y después también ésta se extinguió, igual que todo lapso de conciencia en Sakura.
Continuará
Siguiente Capítulo: JERARQUÍA
N/A:
Bien, creo que la explicación al desmayo de Sakura es más que obvia... ya en cuestión de la contraparte de la historia... pues ya vimos que se están planeando en las "civilizadas" murallas de Konoha...
Mencioné algo como "La Orden de la Nube Roja"... creo que también es obvio, pero como siempre, me gusta oir el punto de opinion de mis lectores.
Como siempre, gracias por comentar y por leer... NOS VEMOS LA SEMANA ENTRANTE!
