Bueno, primero quería aclarar algo que me preguntaron... Tigresa, de niña, estaba muy entusiasmada por Po porque él fue su primer amigo (Si recuerdan la primera historia, sabrán que cuando conoció al panda, ella y Tai Lung aun no se llevaban bien). Pero en ese entonces, todo lo que haba entre ella y Po era solo una linda amistad.
Con el tiempo, luego de que Tai Lung fuera a prisión, ella buscó apoyo en su amigo y depositó sus sentimientos en él. Es ahí cuando lo que es amistad, comienza a cambiar hasta llegar a lo que son... En fin, espero que haya sido suficiente explicación (en el cap se ve un poco mas sobre esto)
En fin, aun continua el "POV. PO"...
Kung fu panda no me pertenece y ya saben el resto xD
(POV. Po)
Dudas
Mi cuarto estaba a oscuras, por la ventana podía ver la fuerte tormenta desatarse sobre el valle... O lo que quedaba de él. Tai Lung lo había destruido en su mayoría, aunque mi papá estaba contento porque no llegó a destruir nuestra casa por completo. Pero aquel jaguar ya estaba en prisión, según habían informado, Oogway había logrado detenerlo.
Sin embargo, había algo que me inquietaba. Un mal presentimiento que no me dejaba dormir.
—Buenas noches, Po— Saludó mi papá, desde afuera de mi cuarto.
Contesté un "que descanses" y me giré en la cama, dándole las espaldas a la puerta.
Cerré los ojos, con intenciones de dormir, pero no solo no tenía sueño, sino que la tormenta no me dejaba... Mas tarde, tal vez una dos o tres horas, aún seguía despierto.
En ese momento, escuché que alguien golpeaba la puerta principal, con bastante apuro diría yo. Me extrañó un poco que alguien buscara a esas horas y quise levantarme para ir a ver, pero mi padre se me adelantó y bajó las escaleras primero, gritando un "Ya voy". Me quedé en mi cama y cuando oí a mi padre abrir la puerta, puse especial atención para saber quien era.
—¡Mi niña!— Casi gritó mi papá —¿Que haces afuera con esta tormenta?... Vamos, pasa. Te vas a resfriar—.
No supe que contestó la otra persona, no alcancé a distinguirlo, pero si supe a quien pertenecía esa voz... Salté fuera de la cama y brincando en un pie por la habitación, me puse los pantalones, para luego salir corriendo de mi cuarto y bajar de dos en dos las escaleras hasta la planta baja. Creo que en mi vida me he movido tan rápido. Cuando llegué abajo, mi padre había prendido el fuego y tenía una hoya hirviendo en este. Pero en lo único que me fijé, fue en Tigresa.
Estaba sentada en un pequeño banco. Sus manos juntas sobre su regazo y sus piernas balanceándose sin llegar a tocar el suelo. Estaba empapada, en especial por esa capa negra que traía puesta, de seguro en un intento de protegerse un poco de la lluvia, y cuando levantó su mirada hacia mi, sus ojos estaban inundados en lágrimas.
—Oh, hijo... veras...
Pero antes de que mi padre terminara de hablar, corrí hacia ella y la abracé... Tigresa se congeló por unos segundos, sorprendida, pero en seguido se acomodó bajo mis brazos, escondiendo su cara en mi pecho.
Mi padre murmuró un "los dejo" y se fue, por lo que nos quedamos solos allí.
La estreché un poco mas en mis brazos, apoyando mi mejilla en su cabeza, y ella pareció encogerse contra mi pecho... ¿Que hacía aquí a esta hora? ¿Por qué había venido en medio de esta tormenta? Quería preguntarle, pero ella no dejaba de llorar. Nunca la había visto así, tan dolida y angustiada. Se veía tan frágil, tan vulnerable, y daba la impresión de que si la soltaba, ella caería rendida al suelo.
No se cuanto tiempo estuvimos abrazados, pero aún cuando ya no lloraba, yo no quería soltarla... Fue ella quien se apartó primero, aún sentada en el pequeño banquito. Le sujeté el rostro entre mis manos, viendo que no tuviera ninguna herida, y cuando comprobé que estaba aparentemente sana, dirigí la mano derecha por debajo de su barbilla, para desatar la empapada capa. Ella ni siquiera mi miró. Mantenía la cabeza gacha y cuando le quité la prenda, no dijo nada.
La otra ropa también estaba mojada pero... Mejor no tentar mi suerte.
—¿De donde vienes?— Murmuré, por su mi padre estaba escuchando.
Era obvio que no venía del palacio, Shifu no la habría dejado ni asomarse a la puerta con esta tormenta. Mucho menos en la noche,
—Salí a... Solo salí. Necesitaba ir a un lugar—.
Esa fue la noche en que algo cambió... Tal vez en ese entonces no me di cuenta y solo lo pasé por alto. Pero ahora sé que fue esa noche, cuando el comportamiento de Tigresa cambió. Se volvió mas fría y distante, mas cerrada a los demás. Aunque nunca le pregunté por qué y decidí pasarlo como una reacción a lo sucedido con Tai Lung. Después de todo, para nadie era un secreto que ella era muy unida a él. Lo quería demasiado y aunque no se porque, tengo la sospecha de que ella aún lo quiere mucho.
Abro los ojos, apartando los pensamientos de mi mente, y me encuentro a mi mismo en el Salón de los héroes... Wou. Ya está atardeciendo y he estado aquí desde esta mañana. Realmente, este es el tiempo mas largo que he conseguido meditar.
Sin quedarme dormido, claro.
El agua en el Estanque de Lagrimas Sagradas esta quieta y en ella, se refleja el dragón dorado que cuelga en el techo. Cuando era niño, Tigresa solía contarme historias sobre el rollo de ese dragón, historias realmente bárbaras. Ahora, la boca de aquel dragón está vacía y el rollo que antes allí yacía, se encuentra en mi cuarto.
—¿Po?—.
Cuando volteo a ver, Shifu está parado junto a mi... Mira al estanque, lo que hay reflejado en él. Recuerdo que Shifu no estaba muy de acuerdo con que yo fuera el guerrero dragón y que le costó bastante aceptarme aquí en el Palacio de Jade, aún mas cuando se enteró de que salía con su hija. Aún me da escalofríos al recordar ese día.
—¿Que sucede, maestro?—.
Suspira y sin contestar, se sienta en el suelo con las piernas cruzadas. Parece cansado, preocupado, como si en unos días hubiera envejecido mas que en los últimos diez años.
—Esto será peligroso, panda— Dice e inmediatamente sé a qué se refiere —Pero es tú decisión y no te obligaré—.
Se refiere a la charla que tuvimos hace unos días, de regreso al valle... Tai Lung vendrá por el rollo y soy yo quien lo tiene, es mi deber protegerlo. Sin embargo, esa noche contesté que no estaba seguro de mis propias habilidades. Y es que temo de lo que pueda pasar. No quiero dejar sola a Tigresa, ni a nuestra hija. Pero es lo que debo hacer, es la responsabilidad que conlleva el titulo.
Me coloco de pie, frente a Shifu, y junto el puño de una mano con la palma de la otra a la altura de la cabeza, realizando una reverencia.
—No le fallaré, maestro—.
El también se para, con su típico semblante inexpresivo, y contesta con un asentimiento de cabeza.
—Muy bien— Dice —Y sobre Tigresa...
—Entiendo— Lo interrumpo —No quiere que se preocupe—.
—Tarde o temprano lo sabrá, eso será inevitable— Su voz es severa, aunque puedo notar que está preocupado —Pero ella... Cuando tenía quince años, le afectó demasiado. Ella y Tai Lung eran muy unidos. Se querían demasiado y sé que ella aún lo quiere, se le nota. Solo quiero ahorrarle un poco de dolor—
—Tai Lung le hizo mucho daño—.
—Lo sé, panda— Suspira, derrotado —Pero entre ellos... No lo tomes a mal, pero siempre sospeché que entre ellos había algo mas que un simple cariño. Algo mas fuerte. Oogway también lo creía—.
...Algo mas que un simple cariño. Algo mas fuerte...
Esa noche, las palabras de Shifu aún rondan en mi cabeza. Y me torturan... ¿Será que cierto? Si Tigresa hubiera querido a Tai Lung con algo mas que "un simple cariño", me lo hubiera dicho ¿O no? Sin embargo, mientras mas vueltas le doy, mas sentido le encuentro a aquellas palabras.
Ella nunca se refirió a Tai Lung como su hermano, aunque cuando hablaba de él, lo hacia con admiración. Siempre con aquel brillo entusiasta en su mirada, con una ancha y sincera sonrisa en su rostro. Cuando ellos peleaban, todo aquello desaparecía y su semblante se volvía sombrío. No sonreía con nada y sus ojos perdían aquel brillo. Al igual que esa noche, en la que se apareció en casa de mi padre en medio de esa tormenta... Fue como ver a un fantasma de Tigresa. Como si toda la alegría que ella había tenido en esos últimos meses, porque realmente se la notaba mas animada, hubiera desaparecido por completo para volver a ser la de antes.
—Ya acosté a Lía—.
La puerta se abre y Tigresa entra al cuarto... No respondo. Ella camina por el cuarto, evitando mi mirada y con exasperante lentitud, se cambia la ropa que trae puesta por una gloriosamente corta camisola blanca, con el escote demasiado abajo.
Y luego yo soy la mala influencia... ¿Por qué tiene que hacer esto cuando quiero estar serio? ¡¿Por qué?!
—¿Que sucede?—.
Parpadeo un par de veces al oír su pregunta, un poco perdido... Genial, de seguro tengo cara de bobo.
—Nada— Murmuro —Buenas noches—.
Me giro en la cama, quedando de espaldas a ella y me cubro con la sabana hasta el cuello... Quiero abrazarla, besarla, y mucho mas. Pero no quiero que me rechace como esta mañana. Se siente como si fuera ella quien no me quisiera cerca, como si cada vez que la beso o que quiero abrazarla, la molestara.
Le siento caminar por el cuarto y luego meterse a la cama. Se acuesta casi pegada a mi espalda y apoyando su cabeza en mi hombro, pasa un brazo por debajo del mío, abrazándome... Por unos minutos, no dice nada. Su mano pasea mano por mi pecho, acariciándolo con la yema de los dedos. Se siente agradable, cálido y suave. Además de causar estragos en mi respiración.
—Perdón— Dice.
Besa mi hombro y me estrecha mas en su abrazo, escondiendo el rostro en mi espalda.
—Tigresa...
—No debí tratarte así, Po. Perdón—.
Su voz es suave y tierna, sincera... Mi giro en la cama, quedando de cara a ella, y por unos segundos tan solo la observo. Su cabeza ligeramente gacha y sus ojos miran por debajo de las pestañas, mientras que sus manos siguen en mi pecho.
Se ve tímida, como una niña pequeña.
—No estoy enojado— Murmuro —Pero... ¿Por qué? ¿Acaso dije o hice algo que te molestó?—.
Y apenas lo dije, quise no haberlo hecho... Le he mentido a cerca de la misión y le estoy ocultando algo que realmente tendría que decirle. Ella tiene motivos para enojarse conmigo, aunque no lo sepa.
Tigresa vuelve a agachar la mirada y niega.
—No— Dice —Es solo... Estaba muy nerviosa y estos días... Lía lloraba cada media hora y yo ya no sabia como calmarla. Te extrañaba mucho, estaba muy preocupada por ti y...
Pero no la dejo terminar y solo la beso... No quiero oírla decir mil y un excusas, porque yo tendría que estar disculpándome, no ella. No merezco esas explicaciones.
Tigresa inmediatamente me corresponde, ansiosa, y me rodea el cuello con un brazo, mientras que su otra mano recorre de arriba a abajo mi pecho con tiernas caricias. Jala de mi, haciéndome caer sobre ella, y sus manos se entrelazan tras mi nuca... En ningún momento deja de besarme y no solo mis labios. Besa mis mejillas, mi frente, mis ojos cerrados, mi rostro entero. Y vuelve a mis labios.
Besos tiernos, casi como... Como una disculpa.
—Te amo— Dice, enterrando el rostro en mi cuello —Te amo, Po—.
Como una disculpa... Si, eso describiría perfectamente las caricias de ella. Sus besos, sus palabras, la manera de hacer el amor. Estaba disculpándose por algo, y no por lo de esta mañana, ni por nada relacionado a su actitud. Era algo mas.
Pero... ¿De qué?
Bajo la mirada hacia mi brazo izquierdo y ella esta acurrucada allí, utilizándolo de almohada. Esta dormida, lleva un par de horas dormida... Cuidando de no despertarla, giro para quedar de lado y la rodeo con ambos brazos, acunándola contra mi pecho. Ella solo se acurruca en el abrazo y con un bajo ronroneo, sigue durmiendo.
¿Que pasa entre nosotros? ¿Por qué esto se siente tan... Distante?
Es como ir alejándonos poco a poco, como si ella ya no sintiera el mismo amor por mi que antes... La idea humedece mis ojos y me deja una sensación de vacío en el pecho. No puedo ni pensar en la idea de perderla, de que simplemente ella decida un día que no me ama y me deje. Es doloroso, como dagas en el corazón.
Los siguientes minutos tan solo la observo dormir, mientras dejo mi mano derecha pasear por su espalda desnuda... Entonces, algo en su mesita de noche llama mi atención y estiro un brazo para sujetarlo. No lo había visto antes. Es un pedazo de papel, una nota con un fuerte aroma a las flores de cerezo y una pequeña frase.
Una flor, para otra flor.
Creo que leo unas diez veces la frase y aún así es como si no la entendiera. Como si no comprendiera lo que dice... Obviamente la nota era para ella y por el perfume a flores que tiene, supongo que se la han entregado junto a alguna flor. Tal vez cerezos. Pero ¿Quien? Digo, aquí los chicos no le dirían ni un "estas linda" por miedo de que los golpee (ella, no yo) y si Tigresa tuviera algún amigo cercano en el valle, estoy seguro que me lo habría dicho.
Dejo caer la cabeza en la almohada y sin saber muy bien por qué, arrugo la nota en mi puño... ¿Y si esa fuera la razón para su comportamiento? ¿Y si fuera por ello que hace unas horas, se veía tan angustiada? No, me niego a creer que ella se haya estado viendo con otro.
Tigresa no es esa clase de mujeres... Pero la veo a ella, veo la nota y no puedo evitar dudar.
¿Es que acaso Tigresa me estará engañando?
Continuará...
Aww... Pobre Po, cree que esa nota es de otro, pero aunque esta en lo cierto, no sabe que Tigresa cree que esa nota es de él... En fin, espero que les haya gustado el capitulo...
Cualquier duda que tengan, me la dejan en un review y yo la aclarare en el próximo cap...
