Después de ya no sé cuanto tiempo el ave fénix renace de sus cenizas xD. Ahora que la cosa se ha calmado subo el sexto capítulo y espero no tardar ni mucho menos como lo he hecho esta vez. Pido mil disculpas por tanta tardanza, pero debatirse entre la vida y la muerte no es un trabajo fácil ni rápido. No me gusta dejar fics inacabados, así que voy a seguirlos al menos hasta terminar esta historia.

Muchas gracias por los reviews, se agradecen.


Cap. 6: Borrón y cuenta nueva.

Me costó dormirme. Tenía tantas cosas en la cabeza que cada vez que cerraba los ojos era como volver a revivirlo todo de nuevo. No recuerdo qué hora era, quizás cerca de las tres y media, cuando conseguí dormirme. Ahora son las siete de la mañana, y con tan sólo tres horas de sueño me dirijo a la sala de reuniones del primer piso con una taza de café bien cargado. Me asomo a la puerta con cuidado. Marvin, Frank y Sarah duermen como troncos. "Perfecto" pienso para mis adentros. Bajo de nuevo las escaleras dando un sorbo del café y me encuentro con Cho.

- Buenos días -le digo esquivándolo.

- ¿Cuánto hace que estás despierta? -pregunta serio siguiéndome.

- No sé, una media hora.

Entramos de nuevo en la sala de reuniones. Por su cara Rigsby se acaba de despertar.

- ¿Te dormiste después que yo? -dice Cho entrando también en la sala.

- Nadie se duerme después que tú -dice Rigsby dando un gran bostezo.

- Casi nadie -puntualizo mientras cojo mis cosas.

- ¿Tan sólo has dormido tres horas? -oigo la voz de Rigsby un poco ronca, aunque con un toque de sorpresa.

- Después de todo lo sucedido deberías descansar más -me dice Cho cogiendo sus cosas de encima la mesa.

Me detengo en el marco de la puerta con la pistola y la placa en la mano y me giro hacia ellos.

- Eh, chicos, no necesito ningún padre tras de mí, ¿entendido? Sé cuidar de mí misma.

- Eso no lo ponemos en duda -dice Rigsby-, tan sólo que después de lo ocurrido, de todo el ajetreo, de los golpes que has recibido...

- Tres horas no son suficientes -dice finalmente en asiático, mirándome directo a los ojos.

Les miro y después miro mi placa. La rozo con mi pulgar y reflexiono. En verdad les agradezco ésto, les agradezco que se preocupen por mí, pero después de tanto tiempo viviendo sola una ya se acostumbra a aceptarlo y también a que nadie te diga lo que tienes que hacer. No voy a contestarles, lo hacen por mí, porque se preocupan. Así pues, decido pasar página.

- Los periodistas están dormidos. Es nuestra ocasión de abrir una investigación y camuflarla lo mejor posible -ambos asienten mientras se colocan bien la camisa, el cinturón, el arma...-. Hay que averiguar quién ha puesto las bombas.

- Ayer estuve revisando el coche, o lo que quedaba de él -explica Rigsby-. He encontrado los restos de un dispositivo de corto alcance carbonizado.

- ¿Corta distancia? -pienso en voz alta-. Qué raro.

- Eso significa que quién lo hiciera tendría que estar cerca -dice Cho.

- A menos de cincuenta metros -puntualiza Rigsby.

- Y encima lo hace delante de nuestras narices -me llevo la mano a la frente-. Está bien -suspiro-. ¿Puedes averiguar de dónde es?

- Puedo intentarlo. Ayer no tuve mucho tiempo.

- Pues hoy tienes todo el del mundo. A trabajar.

Asiente y sale del edificio. Cho se pone delante de mí y me mira a los ojos. No me gusta esa mirada, trae consecuencias de un gran ataque de sinceridad y ese no es mi estilo. Le miro también sin decir nada. Después de unos segundos levanta la vista de mis ojos.

- ¿Te duele mucho?

- A ratos -digo como nada-. Vamos a centrarnos en el caso Hodge -y me alejo de él para evitar la tentación de hablar sin fin.

Ambos nos ponemos a andar y hacemos como si nada, para variar. Nos dirigimos al edificio, a coger el expediente del caso. Después de coger la ficha vamos a la sala de reuniones y nos sentamos en dos de las butacas. Cho abre el expediente para repasar y hacer un breve resumen.

- El nombre de la víctima es Dyana Hodge, 25 años. Vivía con su novio en una pequeña casa al sur de la ciudad. La mataron en su casa de un disparon en el corazón. Encontramos el cuerpo en la cama, pero ese no fue el sitio donde la mataron.

- Cierto -asiento levemente-. Según Jane -"otra vez su maldito nombre"- la mataron en el jardín, y encontramos grandes cantidades de sangre camufladas bajo fertilizante.

- Seguramente el asesino cogió el abono del cobertizo.

- Es posible. A la víctima le gustaban mucho las plantas -medité unos instantes-. ¿No encuentras extraño es que estuviera en el jardín a las nueve de la noche?

- Sí, un poco.

Reflexioné un momento, intentando pensar como lo haría Jane si estuviera aquí. Iría al sitio menos pensado. Por una vez voy a dejarme llevar por su intuición y no por la mía. Me levanto sin decir nada y salgo de la sala. Cho me mira extrañado, y no es para menos. Ahora sé cómo lo vive Jane cuando nos da de comer de su palma. Salgo fuera donde todavía reina el caos. Cho me sigue sin perder el paso. Rigsby se levantó para venir con nosotros, pero Cho le hizo una señal con el brazo, o eso me pareció, pues Rigsby volvió a agacharse después de mirarnos. Voy directa hacia la entrada principal y quito los conos para que pueda pasar mi coche. Ignoro a guardias de la entrada sin darles ningún tipo de explicación, a los periodistas que siguen con sus trapicheos a distancia y a los sanitarios que me dicen que no ande tan rápido por las múltiples heridas que tengo. No tengo tiempo para eso. Si Jane, perdón, si yo estoy en lo cierto, podría haber una pista en el cobertizo de Dyana Hodge.


Lo sé, lo sé, un cap demasiado corto para ser mío. De momento lo dejo aquí. Creo que iré poco a poco, pues no puedo estar demasiado tiempo frente al ordenador. Pero, y aunque sea a mano, prometo seguir pronto ;)