Y Feliz inicio de 2013! y que mejor que comenzando con una actualización... ok, ya sé que debí actualizar hace tiempecito pero se atravezó la temporada y bueno, uno se da sus descansos...
Pero en fin... las cosas se complican y... veamos lo que se viene ahora.
Capítulo 17
PERPETUACIÓN DE ESPECIE
Itachi sentía en el cráneo un dolor terrible que aumentaba y disminuía a intervalos, y su visión era borrosa en los bordes. Su mente intentaba recordarlo y las imágenes fluctuaron, como en medio de una densa neblina.
Sasuke…
Sasuke, completamente transformado, se había lanzado contra él y a punto estuvo de apresarle el cuello entre sus fuertes mandíbulas.
Itachi recordó que había dado un salto a un lado para esquivarle, pero sus patas eran todavía inseguras debido a la precipitada transformación y perdió el equilibrio. Sabía que aquélla era una lucha por el territorio y la jerarquía de macho dominante. Había lanzado un zarpazo a Sasuke y aparecieron rayas rojas en el pecho cubierto de pelos negros. Chasquearon los colmillos, atacando y parando, como las armas de dos espadachines. Después chocaron los dos lobos, pecho contra pecho, tratando cada uno de dominar al otro por la fuerza bruta.
Itachi vio una oportunidad y desgarró la oreja izquierda del lobo azabache. Éste aulló, saltó atrás, se hizo hacia un lado y atacó de nuevo, con una mirada asesina en los ojos. Los dos cuerpos chocaron una vez más, con una fuerza que les dejó sin aliento. Pataleaban salvajemente, tratando cada uno de morder el cuello de su adversario, saltando de un lado a otro en un trance mortal de dientes y zarpas.
Y entonces la inminente ventaja había aparecido y no a favor de él. Sasuke le había atrapado del cuello y las fauces estaban prontas a cerrarse contra su yugular.
Un hombro musculoso y de pelo grisáceo golpeó el lado derecho de la cabeza de Sasuke, cegándole de dolor. Lanzó un aullido estridente y tembloroso, y cayó de espaldas.
En la tierra cubierta de aguanieve, Itachi había caído con todo el peso de su cuerpo. Le silbaron los pulmones y escupió sangre. Su visión se había tornado nublada y difusa, aun cuando sintió que alguien le tomaba del costado.
Se desvaneció, con el aliento impregnado de la sangre de su hermano menor.
Una explosión le sacó de un sueño febril. Miró con sus nublados ojos: unas llamas surgían en la oscuridad. Una voz resollaba a sus espaldas y alguien gritaba en medio de aquel profundo vacío.
Su curiosidad hizo que se levantase. Itachi volvió a abrir los ojos y parpadeó un par de veces, hasta que sus pupilas se aclimataron. La luz fluctuante provenía de la hoguera, dibujando sombras amorfas e incongruentes en la pared. Una mano nudosa le tocó el hombro, desnudo y humano. Itachi aguzó el olfato, reconociendo a quien pertenecía sin tener que levantarse para constatarlo.
—Menudo lío en el que te metiste ahora, Itachi-kun –resolló Kakashi, con una voz grave y distante.—¿Cómo te sientes?
Itachi intentó levantarse y una de las melladuras del brazo le arrancó una mueca de dolor. El cuerpo le dolía tanto que ni siquiera tenía ganas de abrir los ojos. Itachi se movió ligeramente, sin despegar los párpados. Lentamente, comenzó a recuperar la memoria. Se sujetó el costado donde había recibido el impacto de los zarpazos de Sasuke al arremeter contra él.
— ¿Qué… pasó?
Kakashi chasqueó la lengua y se sentó en cuclillas junto a él. La sombra mortecina acentuó el brillo dubitativo de su ojo.
—Justamente era lo que iba a preguntarte, muchacho… —exhaló hondamente, como si quisiese reprimir un gruñido—De Sasuke no me parece extraño ese tipo de arrebatos pero tú, Itachi…
Sasuke. Claro. El estúpido y arrogante Sasuke…
—No, no fue un arrebato, él…
—Te desafió –respondió Kakashi antes que siquiera Itachi pudiese formular la palabra adecuada. Le miró, con gesto perentorio—Si, ya me sé ése cuento, no es la primera vez que ocurre algo así en la manada. –su voz parecía un susurro muy, muy lejano. Itachi tuvo que aguzar el oído para escuchar aquello último—Pero no tenías porqué responderle, si yo no hubiera llegado a tiempo no sé lo que hubiera pasado, . Ahora lo que menos necesitamos es que traten de matarse entre sí… suficiente problema fue lo que ocasionó el kyuubi como para tener ahora que…
—¿Él está bien? –preguntó Itachi de pronto, sintiendo el agrio y metálico sabor de sangre en su boca.—Sasuke… ¿Sasuke está…?
Kakashi asintió, casi renuente.
—Si, supongo que está tan bien como para dejarme esto de recuerdo –musitó Kakashi, señalando el corte cerca del ojo.—Con suerte tal vez vuelva al mediodía, si es que le pega la gana hacerlo.
Una nausea enorme se avistó en la garganta del Uchiha. El aliento pesaba y el agrio sabor metálico persistía en su boca.
—Ya me encargaré de él, si es que vuelve. –siguió aquejando Kakashi. Miró perentoriamente a Itachi—Sólo a ustedes se les ocurre semejante estupidez, tú estás a punto de ser padre y…
Entonces, algo embonó en su mente, e Itachi relegó el ardor de las heridas y el rescoldo de ira hacia Sasuke como un viento de tormenta al batir las hojas muertas. Aquello resonó en su mente y sintió un vuelco trémulo en su aliento al retomar las palabras de Kakashi.
…A punto de ser padre…
Sakura…
Sakura esperaba a un hijo suyo… y él…
—¡Sakura!
Sin pensárselo dos veces, e ignorando el terrible dolor proveniente de su maltrecho cuerpo, Itachi, se levantó como si el suelo le hubiese quemado y se equilibró como pudo.
—¡Itachi! –Kakashi se irguió tratando de detenerle pero el muchacho no le escuchó.
—0—
El dolor acrecentaba, como una incipiente marea interna de fuego líquido, incapaz de contener e incapaz de tolerarlo. Las contracciones se tornaban demasiado fuertes y los músculos se tensaban como si quisiesen desgarrarle las entrañas.
—Vamos pequeña… —Kurenai le asió con cuidado y entonces Sakura se dio cuenta que no se había movido del rincón donde había caído de rodillas en cuanto las desgarradoras contracciones le acometieron. Se levantó, casi más por el apoyo de Kurenai que por su propia fuerza. La mujer miró a alguien a sus espaldas—¡Karin, trae el agua!
—¿Pero no había ido Ino por la vasija?
—Se supone que si pero no ha vuelto… ¡No hay tiempo, ya! ¡Muévete! –ordenó Kurenai, sosteniendo trabajosamente a Sakura con un brazo y con el otro un par de mantas. Sintió a la chica tambalearse y terminó por sujetarle por ambos brazos. Sakura exhalaba irregularmente—Calma… ¡Respira! ¡Respira, Sakura!
Sakura jadeaba y su corazón latía como un tamboril, aferrándose copiosamente a la vida, mientras la creciente presión atenazaba su vientre y sus órganos. Sintió a Kurenai llamarle pero los espasmos de las contracciones comenzaron a tornarse tan densos que apenas y podía escuchar algo más que sus propios jadeos.
Itachi…
En medio de aquel infernal torbellino, su mente sólo alcanzaba a aferrarse a algo. A alguien…
Itachi… te necesito…
Y el pánico se apoderó de Sakura. Dolor y miedo. Todo, en un acrecentado torrente de angustia. Sakura no evitó esta vez contener el dolor y el leve desahogo de unas lágrimas que se negaba a liberar apareció en sus mejillas, ahora enrojecidas por el esfuerzo.
—¡Dueele! ¡Duele mucho! –jadeó, con la voz en un hilo.
—Lo sé querida, pero te prometo que pasará pronto –susurró Kurenai. Le acomodó como pudo contra la pared, en medio de las mantas. Miró por sobre su hombro en busca de alguna de las otras chicas.
La joven rubia pasó trastabillando desde el pasillo, con otro tropel de mantas. Kurenai se dirigió a ella.
—Ino, necesito que sujetes a Sakura, ya han empezado las contracciones…
—¿Ya ha dilatado?
—Algo… —la mujer miró al rostro acalorado y sudoroso de la joven de cabellos rosas—Sakura, escúchame, necesito que comiences a pujar cada vez que sientas una contracción, ¿bien?
Ella asintió como pudo pero lo único que escapó de su garganta fue otro gemido dolorido. Hasta el último músculo de su cuerpo estaba estremeciéndose. El latido de sus oídos estaba incrementándose de manera exponencial.
—¡Puja! –clamó Kurenai a la demacrada joven.
Pero ésta se estaba debilitando. Demasiado dolor, demasiada energía perdida ya…
Una contracción más. Un ardor intenso. Respiraba difusamente; inhaló y dejó escapar el aire con un jadeo pesado que parecía quemarle los pulmones. Intentó gritar para aminorar la angustia pero su voz no era más que un gemido trémulo y sofocado.
—Casi… —exhaló Kurenai, tratando de mantener el punto de apoyo entre las piernas de la joven. Alzó el rostro hacia ella—¡Puja! ¡Sólo un poco más, Sakura! ¡Puja!
Incapaz de articular palabra, pujó y gruñó con más fuerza. Ino le sujetaba fuertemente del brazo, mientras ella exhalaba copiosamente, sintiendo su propio aliento atravesar las palpitaciones de su cerebro. Algo había crujido dolorosamente en su bajo vientre y el dolor se intensificó aun más.
Escuchó a Kurenai murmurar algo, mortificada y con el semblante pálido. Una fina capa de sudor cruzaba su frente y sus brillantes ojos carmesí destellaron alarmados.
—Oh no…
Karin inquirió algo. Ino la miró a ella y luego a Kurenai. La mujer enjugó un trapo en agua.
—Viene de pie…
—¡Mierda! –la exclamación de Karin hizo un eco hueco en la cámara.— ¿Cómo rayos…? –la palabra se atoró en su boca. Alzó la mirada hacia la figura que había entrado en la cámara.
Dijo algo. Sakura lo escuchó pero creyó que era una alucinación causada por el febril desgaste. El dolor le acometió de nuevo y al alzar la vista hacia Kurenai, lo vio. De pie junto a ella y por un momento, una insignificante fracción de segundo, el sufrimiento menguó y el temblor en su voz hizo que se le escapasen las palabras. Allí, estaba él, con aquella expresión seria, ahora impregnada de una preocupación silenciosa; además del sombreado rojizo de varios tajos amorfos en las mejillas y la frente. El ojo izquierdo estaba aun semi cerrado y Sakura notó que también había melladuras en sus párpados. El aroma de la furia salvaje de Sasuke aun rezumaba en la sudorosa y lampiña piel de Itachi.
Tuvo el impulso de sujetarle, mientras una nueva oleada de temblores cataclísmicos sacudía su cuerpo.
—It… Itachi… —gimió ella. Sus ojos volvieron a nublarse de lágrimas—No… no puedo… nuestro bebé… no…
—Viene al revés. – murmuró Kurenai, con el aliento en un hilo. Itachi le miró sin entender—De pie... viene de pie… —volvió a enjugar otra de las mantas. Sus ojos se paseaban del semblante de Sakura al de la rubia y al de Itachi. Un gesto decisivo.—Pero aun hay tiempo para hacer algo. ¡Ino, déjale sitio a Itachi, y ven para acá! ¡Karin, toma ese trapo y enróllalo! –la pelirroja obedeció y le pasó la tela arremangada como un compacto tubo a Kurenai. Ésta se la dio a la casi desfallecida joven de pelo rosa—Sakura, muerde esto, vamos a hacer un último esfuerzo y necesitaré de todas tus fuerzas. –Itachi se había postrado junto a ella y Sakura apretaba su mano con la misma firmeza que se sujetaría de una roca—Es el último empuje, ¡Así que usa toda la fuerza que te queda, no importa que le arranques el brazo a Itachi!
Éste alzó el rostro, pero no dijo nada. Las manos de la mujer se posaron con solidez de hierro en el bajo vientre de la joven, con el aguzado pulso de un experimentado médico; Ino reacomodó la manta limpia para recibir al pequeño, Karin seguía inmóvil pero atenta al otro lado de Kurenai y Sakura exhaló lo más hondo que pudo.
La última contracción se avistaba como un imperioso torrente de lava ardiente, amenazando con fulminar todo a su paso.
—A mi cuenta… —Kurenai aferró los dedos en los puntos a presión y procedió.
Sakura inhaló, apretando a más no poder la tela entre los dientes. Itachi se asía con la misma fuerza con la que ella le oprimía los maltrechos nudillos.
—Uno…
Sakura exhaló. Las piernas temblaban. Sudaba y sentía que se desvanecería.
No… no voy…a …lograrlo…
—Dos…
Apretó más el trapo. Sintió sus dedos tomar más y más fuerte la mano de Itachi hasta el punto que comenzó a acalambrarse.
Inhaló. Exhaló… y…
—¡TRES!
Inconscientemente, tal vez como un último impulso de supervivencia, Sakura sintió que el cuerpo se aprestó al cambio. Los huesos se fracturaron y volvieron a soldarse formando configuraciones nuevas. Los músculos y la piel se expandieron y su masa y densidad aumentaron a velocidad sobrehumana. La columna se estiró y retorció.
Sus mandíbulas crujieron, en el momento en que haciendo acopio de todo cuanto quedaba de su energía, pujó. Rebatiendo la fuerza de la contracción con su propio esfuerzo. Un violento espasmo sacudió a Sakura de la cabeza a los pies. Su espalda se arqueó de agonía y un ardor infernal le atenazó como si quisiesen partirle a la mitad con un atizador para el fuego. Había soltado la tela y gritó.
Un aullido atávico reverberó en el eco de la cámara hasta que un segundo llanto cobró fuerza e intensidad.
Y, de repente, lo oyó. Ella, Itachi…Todos lo oyeron, y Sakura levantó la cabeza. Un grito agudo, extraño, que le retumbó en los oídos. Un llanto vigoroso. Itachi se quedó paralizado. Sakura se convulsionó violentamente y su espalda se arqueó de agonía. Un gruñido de angustia brotó de las poderosas mandíbulas mientras el cambio empezaba a revertirse. Se dejó caer contra el hombro de Itachi, casi muerta del cansancio, con el rostro rojo por el esfuerzo, y la piel lampiña perlada de sudor.
El llanto menguaba y volvía a subir hasta calmarse levemente. Una sonrisa calmada y aliviada se aprestaba en el semblante de Kurenai. Ésta se levantó con sumo cuidado, con un pequeño bulto envuelto en una manta, recostado en la cavidad del codo.
—Es un niño. –enunció Ino sonriéndole con alivio—Un niño hermoso y sano.
Sakura tomó cuidadosamente al bebé y lo sostuvo con manos temblorosas. El bebé era pequeño, su suave piel aun estaba enrojecida y tenía unos pocos cabellos negros esparcidos por la cabeza. Debajo del resquicio de los tiernos párpados, se revelaron dos pequeños orbes jade. Brillantes y atentos. Con pulso suave, Sakura le tocó los bracitos, las piernas, los pies. Todo estaba en orden. Escuchaba su pequeño corazón latir.
Itachi permanecía en silenciosa contemplación. Suspiró profundamente, incapaz de sentir más alivio del que recorría su cuerpo en aquel momento.
Nuestro hijo.
Y con aquella difusa sonrisa, Itachi apoyó la cabeza y se tumbó con cuidado junto a su compañera. La madre de su hijo. La única hembra con la que había conseguido la perpetuación de su especie.
Sakura… SU Sakura…
Y se abandonó al sueño.
La brisa de la mañana le despertó. Sakura todavía sentía punzadas de dolor en los muslos y las caderas. Lentos calambres hacían que protestasen los músculos de los hombros y de la espalda, mientras respiraba pausadamente. Itachi bostezó, echado a su lado y con un brazo sujetándole a ella y al pequeño que dormitaba apacible, acurrucado contra el pecho de Sakura. El bebé se movió levemente, hizo un gorjeo suave y volvió a dormirse.
—Aun no hemos… decidido su nombre –susurró ella
Itachi entreabrió levemente los labios pero las palabras se le escaparon con el aliento cuando el pequeño le sujetó el dedo con la manita.
—Satoshi… —musitó Itachi—… Satoshi Uchiha.
—0—
Kakashi permanecía sentado con la espalda apoyada contra el muro y la mirada perdida en el horizonte, enarcado en los desnudos ventanales, esperando alguna señal del exiliado miembro de la manda.
Sasuke se había marchado la noche anterior… y de no haber sido por él, tal vez Itachi ni siquiera estaría vivo. La imposición de la jerarquía de la manada era un peso que no se podía rebatir ni relegar… y las consecuencias de su liderazgo, por más crueles que pudiesen ser, debían aceptarse.
Tal vez volvería… tal vez lo desafiaría ahora a él. Ley de vida… y Kakashi sabía de ello.
—Sobrevivió… —la voz de Kurenai parecía perderse en el vacío que inundaba en la cámara.—Casi un milagro… el niño venía de pie y…
Kakashi se giró hacia ella. Hizo una pausa antes de responder. A pesar de tener parte del rostro cubierto por el cuello de la hakama, Kurenai notó una tenue sonrisa en el rostro de su Una mezcla de pesar y júbilo.
—…igual que la cría de Kushina. –musitó con voz áspera.
Kurenai asintió, evocando en sus orbes carmesí el tenue recuerdo de aquel nombre, perdido ya en el correr de los años. Kakashi se giró hacia ella. Un tono amargo de desvelo cruzó su semblante, yendo de sus anteriores tribulaciones a una preocupación más concisa.
—Supongo, que lo que nos queda es esperar. Después de todo, tiene la línea de sangre… de Madara.
—0—
—¿Monstruos? —la sola palabra cimbraba en su mente con un atisbo de miedo, duda y desconcierto—Lo que ví en ese libro no eran monstruos… no como los que hemos cazado. ¡Eran humanos!
Naruto estaba sentado en la incómoda silla. La cabeza la dolía con cada latido del corazón y tenía un nudo en el estómago. La luz de la luna que se filtraba por la ventana le picaba en los ojos pero se veía incapaz de apartar los ojos de ella. Algo en su mente había hecho un eco. Un escalofrío digno de una ventizca le dio de lleno en la nuca.
—Eran monstruos; todos ellos. Los Decendientes de Madara Uchiha… su Manada… —la voz pétrea de aquel hombre de enigmáticas pupilas concéntricas parecía resonar con un eco apagado en la cámara. Sus manos sostenían todavía el grueso recopilado que Naruto había estado leyendo, y su dedo índice se posaba casi con solemne y silencioso orgullo en uno de los pies de página.—…Nagato, mi antecesor, fue quien logró terminar con la existencia de aquella bestia. El linaje de la Orden ha sido perpetuado con el fin de exterminar hasta el último miembro de su estirpe…
¿Dice la verdad?, se preguntó Naruto, a despecho de años de riguroso entrenamiento. Había asesinado bestias… bestias de verdad, que habían dejado su lado humano, su lado civilizado y los despojos de éstos siempre emergían de las cenizas de los monstruosos cuerpos calcinados… pero ésas personas, aquellas descritas en ése libro…
¿Ése sujeto realmente dice la verdad?
Era una locura, una idea ridícula hasta para ser considerada un solo instante y sin embargo... ¿por qué seguía oyendo aquel aullido monstruoso en el interior de su cráneo?
Se volvió hacia Jiraiya y el gesto meditabundo y severo de éste constató lo que tanto temía.
—Muchacho, aquello que hemos combatido en el País del Fuego y sus alrededores, no eran más que monstruos corrompidos e irracionales. –Jiraiya habló parsimoniosamente—Malditos, cómo se les suele llamar antiguamente… pero el linaje puro, la descendencia que propagó Madara Uchiha es completamente diferente. Cambian a voluntad, a diferencia de los malditos y su naturaleza encadenada a los cambios de la luna. Tienen raciocinio aun transformados, y eso se ha pasado de generación en generación. Es lo que los convierte en licántropos naturales… o ferales.
—¿Pero no se supone que asesinaron todos? ¿Mataron a Madara y todo su legado, no?
El hombre llamado Pain frunció el ceño y cerró el libro violentamente.
—Sólo sobrevivió uno… —susurró lentamente. Hablaba en voz tan baja que al principio Naruto no estuvo seguro de haberle oído—. Izuna Uchiha, hermano de Madara; sin embargo, a diferencia de Madara, Izuna era enteramente humano… pero tuvo descendencia y posiblemente la maldición fue pasada a alguien más; no se tienen registros pero la Orden no descansará… —Apartó la mirada de la ventana y clavó los ojos en Naruto. Una sonrisa funesta cruzó el semblante del hombre—...hasta que el último Uchiha esté muerto.
—0—
El bebé superó la primera semana. Satoshi tenía buenos pulmones, y su enérgica vocecita resonaba en los huecos pasillos y rincones del palacio blanco, a horas o deshoras despertando casi a medio mundo por la madrugada, pero la manada estaba contenta con el nuevo miembro; incluso Karin, cuyo corazón se había ablandado al aprender a andar sobre tres patas, estaba encantada con el pequeño. Pero era Kurenai quien pasaba más tiempo cerca del recién nacido, observándolo con sus ojos carmesí mientras Satoshi dormitaba en brazos de Sakura. Ino reía como una colegiala sosteniendo al niño e Itachi gustaba de tumbarse con él y Sakura bajo el cálido sol de primavera.
Kakashi se había mantenido calmadamente hermético, pero todos sabían lo que éste esperaba: las primeras señales de la guerra entre el lobo y el ser humano en el cuerpo de la criatura.
Por desgracia, ésa era la irrevocable premisa futura en la vida del nuevo cachorro. O sobreviviría a aquella guerra, y el cuerpo establecería una tregua entre sus dos naturalezas
… o perecería, como había ocurrido con las camadas anteriores.
Sólo Kamisama, si tenía piedad, lo permitiría.
CONTINUARÁ
Siguiente Capítulo: VIENTOS DE CAMBIO, VIENTOS DE TORMENTA
N/A:
Y... volvemos al camino. ¿El pequeño sobrevivirá o no?... se los dejo a duda hasta el sábado que actualice. Ya saben, comentarios y dudas al apartado de reviews...
NOS LEEMOS!
