Kung Fu Panda no me pertenece, es propiedad de DreamWorks.
Promesa
Todo al mi alrededor parece detenerse, incluso el aire parece desaparecer, creando una especie de tiempo muerto, donde los únicos sonidos son el de mi jadeante respiración y la baja y ronca voz de él, que murmura algo que parece ser una canción de cuna...
Mi mano se cierra con tal fuerza y un ligero "crack" me indica que he roto el marco de la puerta. Esto debe ser una ilusión, una mala jugada de mi cabeza por el golpe que me he dado.
Él está ahí, parado junto a la cuna. Cambia el peso de su cuerpo de pierna en pierna, meciendo el pequeño bultito que acuna en sus brazos, a quien parece estar murmurándole, y puedo ver en su rostro una ancha sonrisa de ensueño.
No parece quien pesé todos estos años. Se ve feliz, como el mismo joven que reía en aquel tipo, pero mi preocupación crece al ver que sostiene a Lía.
—Ta... Tai Lung...
Mi voz es débil y temblorosa, delatando el temor que siento. No por mí, por alguna razón no me siento en peligro, pero si por Lía.
Sin levantar la cabeza, dirige la mirada hacia mí y su ancha sonrisa se vuelve más torcida y perversa. Siempre odié esa sonrisa. Sus ojos se iluminan, con aquel brillo que solo tenían al verme, dándole un aspecto casi inofensivo a su manera de mirar; tan cálida y amable, pero eso tan solo me pone más nerviosa...
Entonces, Lía ríe y estiras sus manitos hacia él, jugueteando con el pelaje de su pecho. Tai sonríe y baja nuevamente la mirada hacia ella. Lía se ve contenta, como si tuviera un juguete entre sus manos.
—Tu hija es muy linda— Escucho que murmura, sin mirarme —Se parece a ti, hace los mismos gestos que tu—.
No sé qué hacer y lo primero que se me ocurre, es acortar la distancia, avanzando a pasos lentos hacia él...
—Tai... Dámela— Pido, como si le hablara a un niño.
Él sonríe y acuna aún más a la bebé contra su pecho.
—Déjame tenerla un ratito más, por favor— Dice, mirándome con ojos suplicantes —No voy a hacerle daño, lo prometo—.
Y no sé porque, no sé si es que realmente me he vuelto loca y qué, pero no puedo evitar creerle. Se ve tan angustiado, tan sincero cuando lo dice, que tan solo pude asentir...
Igualmente me acerco a ellos y pongo una mano encima de Lía, con mi otro brazo por debajo de los de él, lista para quitársela ante cualquier intento de hacerle daño. Lo observó sonreírle, murmurando palabras juguetonas que hacen sonreír a Lía. Se ve tan inofensivo, tan humilde. Ella ríe, mientras sus manitos sujetan con fuerza los dedos de Tai, y sus tiernas carcajadas me recuerdan a las veces que la he oído reír sola en el cuarto.
Paso la mirada entre ambos ¿Que estoy haciendo? Debería quitarle a Lía y salir corriendo. Pero en vez de eso, me acerco más a él, dejando a Lía estrechada entre los dos, acunada en los brazos de ambos...
—Eras tú quien andaba por aquí ¿Cierto?— Pregunto.
Tai Lung exhala un suspiro, parece cansado y derrotado, a la vez que apoya su frente en la mía. No me aparto, debería, pero no quiero.
—Si— Susurra.
—¿Cómo escapaste?—.
—No quieres saberlo—.
Entiendo a qué se refiere, su tono de voz grabe y severa lo dice todo, y realmente no me sorprende. Pero al ver sus ojos, estos no muestran señal alguna de remordimiento...
No está orgulloso, pero tampoco se arrepiente.
—¿Hace cuánto te escapaste?— Cambio mi pregunta.
Pero él no contesta, tan solo levanta la mirada hacia mí, hacia mis ojos, y me observa. Como si yo ya supiera la respuesta.
Entonces, no sé por qué no lo supe antes... ¿Cuantos días les llevó la supuesta misión? ¿Cinco? ¿Seis? La misma cantidad de días que a mí me tomó ir y volver de la prisión de Chorh-Gom, aquella única vez que fui a verlo. La conversación la noche anterior a que se fueran. Grulla preguntó si era posible que "Él se hubiera", cortando allí la oración, sin llegar a mencionar nombre alguno. Estaba hablando de Tai Lung. Ellos ya lo sabían, desde el principio lo supieron y entre todos se cubrieron para que yo no me enterara de nada.
Me vieron la cara... Incluso Po.
Sin embargo, no es aquello lo único en lo que pienso, e inmediatamente sujeto a Lía, apartándola de los brazos de Tai Lung. Ella protesta, con un bajo quejido, pero la presiono contra mi pecho, apoyando su cabeza en mi hombro, y la meso para que calle. Tai tan solo me observa y no hace nada para evitarlo, pero en cuanto retrocedo unos pasos, el avanza hacia mí, manteniendo la misma distancia...
Gruño, advirtiéndole que se aleje. Que tenga a Lía en mis brazos no significa que no pueda darle un golpe.
—Tú fuiste quien entró a este cuarto ¿Cierto?—.
—Yo... No sabía que era el de Lía—.
—Tu entraste en mi cuarto, también ¡Mientras dormía!... Esperaste a que todos los demás se fueran, a que Po no estuviera, y te metiste a mi cuarto sin mi consentimiento—.
Aquella caricia, aquellos pasos. ¡Esa flor y la nota! Fue él...
Tai Lung me observa. Sus ojos han perdido ese brillo de hacía unos segundos, ya no son amables y cálidos, y su sonrisa se ha esfumado. Avanza un paso y estira una mano hacia mi rostro, mirándome con ojos suplicantes, pero gruño y muestro los dientes...
¡Ahg! Odio hacer ese gesto, pero es por instinto. ¡No quiero que me toque!
—Solo quería verte— Se excusa —Te extrañé, Tigresa... Te amo ¿Tienes idea lo que sentí al enterarme que te ibas a casa? ¡Con el panda! ¡¿Tienes idea lo que se sintió oír que tendrías un hijo con el mismo panda asqueroso?!—.
—¡¿Y tú tienes idea lo que yo sentí cuando me abandonaste aquella noche?! ¡¿Lo que duele saber que preferiste tu estúpido título por sobre de mí, a quien tantos juraste que amabas?!.. ¡Si alguien aquí lastimo al otro, eres tú!—.
Mi corazón galopa contra mi pecho y mi respiración se vuelve superficial, siendo jadeas irregulares.
Si aquella noche no le grité esto, no sé por qué fue. Tal vez lo amaba demasiado como para reclamarle. Y por más que lo niegue, que ya no sea lo mismo o que realmente me odie por ello, aún lo amo. Pero ¿Que él venga a decirme que lo herí? ¡Eso nunca! Fui yo quien se mantuvo fiel a él, quien vivió años con una pequeña esperanza dentro, por más fantasiosa e irreal que fuera. Yo fui quien lo dio todo por él, le prometí todo, pero fue él quien no supo cuidar eso. Fue él quien se encargó de tirar a la basura todo los momentos que pasamos juntos...
De repente, un tenso silencio llena el ambiente y nos enfrascamos en una lucha por quien sostiene la mirada del otro por más tiempo. Incluso Lía, con el rostro oculto en mi cuello, parece comprender la situación y se mantiene callada.
—Lo lamento—.
¿Lo lamenta? ¡¿Lo lamenta?!... No puedo si no reír por ello, una carcajada sarcástica y llena de burla.
—Tu no lamentas nada— Respondo, con aquel tono de "Vete al demonio" con el que solía hablarle cuando éramos niños —Tu lo único que lamentas es no poder llenarte el ego con un estúpido título—.
No espero que mis palabras le afecten, ni que le cambiara aquel semblante inexpresivo. Es obvio que no le importo, que lo único a lo que ha venido es a hacer daño...
Entonces, todo pasa tan rápido que apenas si pueda reaccionar. En un segundo, me encuentro parada frente a él y al siguiente, siento mis espalda impactar duramente contra la pared. El golpe duele, pero no lo suficiente, y sosteniendo a Lía únicamente con mi brazo izquierdo, intento propinarle a Tai Lung un golpe en el rostro con mi puño derecho. Pero él no tiene dificultades en sostener mi muñeca y detener el golpe, doblando mi brazo por detrás de mi espalda...
EL agarre no es doloroso, ni siquiera parece intentar hacerme daño, pero su cuerpo me acorrala contra la pared y es incómodo. Quiero liberarme.
—¿Sabes? Tal vez tengas razón— Murmura, con su rostro a milímetros del mío —Tal vez, no tener ese título es lo que más me duele—.
Lía emite bajos sollozos, quejándose por la falta de espacio, pero no puedo hacer más que mecerla y presionarla aún más contra mi pecho.
—¿Qué quieres aquí?— Pregunto.
—A ti—.
—¡Eres un... !
—Ven a verme, en el mismo lugar donde nos conocimos—.
Su frase interrumpe mi sarta de insultos y me deja congelada en mi lugar... ¿Que pretende?
—No— Es todo lo que puedo responder.
—¿Por qué?—.
Su voz es suave, casi juguetona, pero eso no me importa. Me retuerzo en el agarre, hasta conseguir soltarme y lo empujo para que retroceda...
No creo tener fuerza suficiente para obligarlo a moverse, mucho menos con un solo brazos, pero él no pone resistencia alguna y se aleja.
—No iré a ningún lugar donde tú estés. Te quiero lejos de mí— Nunca fui buena mintiéndole, pero espero que esta vez funcione —Te odio, por todo el dolor que me has causado... Tú ya no eres de aquí, ya no eres mi hermano, mi amigo, no eres nada. Menos que nada—.
El me observa, serio y calma, mira fijamente mis ojos y siento mis rodillas temblar al no verme capaz de apartar la mirada...
¡Agh! Maldito. ¿Cómo puede, después de tantos años, seguir provocando lo mismo en mí? Mi respiración se acelera, igual mi corazón, y los pelos de mi nuca se erizan. Sus ojos, profundos y penetrantes, causan estragos en mí y él lo sabe, porque tan solo segundo después, esboza una torcida y satisfecha sonrisa...
Entonces, sin saber cómo ni cuándo, sus manos están a cada lado de mi rostro y sus labios presionan suavemente los míos. No se mueven, no parece buscar una respuesta por mi parte, aunque cuando coloco mi bazo libre en su pecho para empujarlo, él no se mueve ni un milímetro.
Pongo resistencia. El mueve sus labios, pero yo me niego a separar los míos.
No debo. Una parte de mi quiere besarlo, sentir otra vez aquel cosquilleo en mi piel, aquel escalofrió en mi columna, pero la parte aun cuerda de mi mente no deja de recordarme que no es correcto y como otro recordatorio más, la argolla de matrimonio pesa toneladas en mi mano izquierda.
Sin embargo, los minutos pasan y mi brazo izquierdo, aun en el pecho de él, se va debilitando hasta caer como un peso muerto al costado de mi cuerpo. Las manos de Tai se deslizan desde los costados de mi rostro hasta mi cuello y la izquierda baja un poco más por mi hombro derecho, acariciando mi brazo, hasta posarse posesivamente en mi cadera y apegar mi cuerpo al suyo...
Un beso tierno, suave y lento, de aquellos que buscan ser apasionados pero dulces a la vez. Y lo consigue. Siento mi piernas temblar y mi corazón latir desbocado, en parte de emoción y en parte por la adrenalina de hacer algo indebido.
Finalmente la falta de aire nos separa, con nuestras frentes unidas y respiraciones jadeantes. Deposita un ligero beso en la comisura de mis labios, otro en mi nariz, besa ambas mejillas y volver a besar mis labios, mordisqueando suavemente el labio inferior...
Tal vez esté algo aturdida, pero recuerdo perfectamente que la última vez que lo vi, en la prisión de Chorh-Gom, también le besé el rostro de aquella manera.
—Ven esta noche, por favor— Vuelve a pedir.
Aun con mi frente pegada a la de él, con un de sus manos en mi cadera y la otra acunando mi rostro, vuelvo a negar con la cabeza.
Lía se retuerce en mis brazos, emitiendo una tierna y sonora carcajada, llamando nuestra atención. Se gira y estira sus bracitos hacia Tai, que con una amplia sonrisa en su rostro, quita la mano de mi cadera y le acaricia juguetonamente la cabeza a la cachorra.
—Lleva a Lía, si eso te da más confianza. No me importa— Dice.
—No puedo—.
—¿Por qué no?—.
Pero ni respondo, tan solo le dirijo una severa mirada ¡¿Es que no le parece demasiado malo esto?! ¡Lo acabo de besar! ¡Acabo de dejar que me besara!
Si dijera que me arrepiento, que el estómago se me revuelve de remordimiento, estaría mintiendo. Pero eso no quita que no esté al tanto de que ni siquiera debería estar aquí, encerrada en el cuarto de mi hija de tres meses, que por cierto parece estar muy encariñada con el felino, junto a alguien que se ha fugado de prisión y es buscado por quien-sabe-cuantos...
Porque no creo que Shifu quede de brazos cruzados al saber que Tai Lung anda suelto.
—No te asustes, enana, nadie se va a enterar— Sonríe, altanero como el mismo, y deposita un ligero beso en mis labios —Es... Nuestro secreto ¿Recuerdas?—.
Y la simple mención de aquellas dos palabras provoca un estremecimiento que recorre mi espalda y eriza cada poro de mi piel...
Nuestro secreto... Yo solía llamarnos así, cuando él preguntaba qué éramos. ¿Novios? ¿Amigos con derecho a roce? ¿Solo dos personas que se amaban? Tai Lung ponía mil y un opciones, para cada gusto que pudiera existir, pero yo solía calarlo con un beso y responder aquellas dos palabras, tan simples pero llenas de significado para nosotros.
Lo miro, no sé si enojada o divertida por el recuerdo, pero lo miro.
—Esto es distinto— Replico, seria —No puedo ir. Punto. Ya demasiado daño le estoy haciendo a Po, demasiado le he mentido ya, solo por ocultar... Nuestro secreto—.
Sus ojos se endurecen y parecen dolidos al oírme pronunciar el nombre de Po.
—¿Enserio amas al panda?—.
Que pregunta más estúpida...
—Estoy casada con él, Tai. Tenemos una hija—.
Y como si Lía supiera que es a ella a quien nombran, balbucea animadamente para hacerse notar.
—Y también le eres infiel— Responde Tai, casi burlándose.
Arrugo el entrecejo y gruño.
—Eso... No es...
—Bésame una vez más y será oficial—.
—¡Hijo de...!
Y sus labios sobre los míos me callan... Desgraciado. Inmediatamente, llevo mi mano libre hasta su pecho y lo empujo, obligándole a apartarse. Aunque no tiene caso, ya me ha besado ¿De qué serviría apartarlo ahora?
—Tigresa, solo quiero que hablemos—.
—¡Pues habla ahora!—.
—Ahora no puedo...
Y con un movimiento de cabeza, señala hacia la puerta aún abierta...
Los pasos de alguien se acercan por el pasillo, rápidos y pesados, seguidos por el serpentear de Víbora al reptar. Le dirijo una asustada mirada a Tai, no sé si por saber que nos verán aquí o porque si lo ven no dudarán en atacarlo, no creo que sea correcto que esté libre, pero no quiero que lo vuelvan a llevar a aquella prisión, al menos no ahora. Sin embargo, los ambarinos ojos de él brillan con oscura diversión y ciertos aires a desafío...
Sé lo que está pensando y con el entrecejo arrugado, le dirijo una severa mirada, por no decir que preocupada.
—Vete— Susurro —Por esta vez, vete—.
—¿Vendrás?—.
Los pasos se acercan y cada vez, estoy más nerviosa. Asiento, solo por darle la respuesta que quiere.
—Sí, pero ya vete—.
—Promételo—.
—¡Agh!... Bien, lo prometo—.
Tai Lung sonríe, una sonrisa torcida y satisfecha, y se inclina para besar mis labios. Un beso ligero, casto, tan solo un mero rose, pero que me deja helada en mi lugar mientras lo observo escabullirse por la ventana...
Po, acompañada por Víbora, entra al cuarto preguntando por cómo me encuentro. Pero apenas si puedo responder monosílabos o palabras sueltas, aún con la vista fija en la ventana. ¿Pero en qué me he metido?
Continuará...
Bueno, antes de que se apresuren a los comentarios, solo quiero decirles que la historia va tal y como la planee desde que comencé a escribirla… No haré cambios, esta es la trama y lo que pase, o no pase, con Po es algo de lo que se enteraran más adelante…
En fin, espero que les haya gustado, o por los menos les haya enojado o producido algún sentimiento contradictorio (xD)… Cualquier opinión, critica, pregunta o queja (Sin llegar a insultar) será bienvenida en un Review... xD
