Saludines querido público lector! ya se que me atraso mucho ultimamente pero como muchos saben, tengo encima el doujinshi de EL VUELO DE LA CIÜEÑA (el cual estará publicado y próximo a la venta!)... en fin, comenzamos y con el atento aviso de...

COMENZAMOS LA RECTA FINAL DE ESTA TEMPORADA...

así que... A LEER!


Capítulo 16
VIENTOS DE CAMBIO, VIENTOS DE TORMENTA

La densa lluvia de marzo caía sobre sus hombros y su semblante. Pétreo e inmutable, como el rostro de una estatua, sin embargo, el brillo incipiente de sus ojos era toda la expresión emocional que necesitaba en ese momento.

¿Cuánto había pasado ya? ¿Una semana? ¿Dos?

No importaba ya.

Algo había hecho mella en su mente y lo había decidido.

No volvería.

Aun con el cuerpo cubierto de densas cicatrices, provocadas por los despojos de defensa de su rival de batalla y mitad de la oreja izquierda cercenada; el casi desfalleciente lobo de pelaje azabache, ahora curtido por tierra y sangre, se desplomó sobre el terraplén, con el peso aplomado de una roca.

Los músculos le temblaban y el aliento le pesaba como si hubiese estado exhalando hierro en vez de su propio aliento. Había estado corriendo, y la tensión en los flancos traseros y en las zarpas se lo recordaban dolorosamente.

Espetó un gruñido hosco, y sus doloridas articulaciones se aprestaron al cambio. Tendones y cartílagos crujieron, haciendo más lastimero el recuerdo de su derrota. La oreja cortada expelió un tajo carmesí al acortarse más ante la original constitución humana, haciéndole gemir por el ofuscado ardor.

En medio del tortuoso cambio, un grito atávico escapó de los cortados y resecos labios de Sasuke. Un grito de furia.

Y aquel ardor interno no cesó.

Había corrido. Largándose hacia el este… ¿Huido quizás?

No, no iba a hacer eso… aun si le hubiese matado…

La quijada le dolía, a causa de la defensiva intromisión de Kakashi. Oh, otro punto en el que no quería ahondar. Kakashi.

Y aquella palabra que no había mencionado pero que él había interpretado en la severa reprimenda que seguro tendría. Sabía las leyes de la manada… recordó lo que pasó con Obito, hacía casi ocho años. La ley del mas fuerte siempre tenía consecuencias, y por más que la naturaleza estableciese sus condiciones con frío puño de hierro, la jerarquía de la manada se inclinaría siempre a favor de uno de los rivales. Toda acción, conllevaba una reacción…

Exilio.

Se apretó el hombro, y el pesar de la contusión y el profundo tajo le sacó un gemido hosco. La palabra volvía a columpiarse en aquel límite ente cordura e inconsciencia.

Exilio.

—Sasuke… —resolló ella a sus espaldas.

Él le escuchó, tan lejana como si estuviese a millas de distancia. Se volvió, mirándola de pie, sosteniéndose con pulso firme sobre el bastón de pino y con aquella displicente expresión en su rostro, mojado por la lluvia.

Y ninguna emoción surcó el rostro de él.

—Lárgate. –espetó Sasuke, sin inflexión alguna en la voz.

El dolor en su orgullo herido pesaba más que las cicatrices de batalla. Ardía y punzaba con una cólera irrebatible, ahora más que la veía a ella. Era como constatar una derrota inminente, con un angustioso y dolorido nudo en el estómago. Cuando Karin se le acercó por detrás y deslizó sus brazos alrededor de su talle desnudo, actuó sin pensar; le golpeó con el codo la parte inferior del tórax. Su furia no se calmó ante el hecho evidente de que ella se hubiera anticipado a su acción.

—¿No me has oído? ¡Quiero que te largues de aquí!

—¿Y por qué? —preguntó ella. Ahora había un rescoldo de reclamo en su voz. Exigía el motivo o la simple y llana explicación… o lo que fuese, que pudiese al menos haber hecho que valiese la pena el haberle estado siguiendo durante toda la noche, pillando su rastro en la copiosa lluvia—¿Por lo de Itachi? Ni él ni Kakashi han dicho nada al respecto desde entonces, pero se les nota preocupados… Sasuke-kun, no puedes irte, yo…

—No te necesito. No los necesito a ellos.

La expresión apacible de Karin se esfumó levemente. Por primera vez desde que ella había escuchado las frías palabras de Sasuke, el encanto superficial se había desvanecido un poco y ella podía ver a la persona real que había debajo. Levantó la cara al cielo y dejó que la lluvia la azotase.

—No —dictó ella.—No pienso dejarte, Sasuke.

Esta vez, ella no lo esperaba. El empujón le pilló desprevenida y le hizo retroceder un paso. Apareció aquel sombrío gesto en los ojos ónice de él. La mirada intensa de un depredador. La asió por ambos hombros y sus nudosos dedos se clavaron en su piel. Ella sintió palidecer ante aquel ofuscado movimiento, pero no bajó la guardia.

—¿Ha nacido ya, verdad?

Ella resopló. Una mueca casi desafiante se aprestó en sus pupilas rojizas.

—Si. Nació la noche en que te fuiste. –la voz le temblaba, no por miedo, sino por aquela extraña mezcla de sinceridad—Es un niño… más sano y fuerte que los cachorros que hemos intentado tener…

—Entonces mátale. –clamó él. Hablaba en tono sombrío y mostraba una expresión enfurecida. No le soltaba.—Haz eso por mi.

—No… —le dijo, bajando la voz—. No voy a hacerlo… eso no.

Sasuke le miró por entre su cabello enmarañado. Su rostro aún estaba pálido y sus ojos aún demasiado abiertos, rodeados de carne blanca. Por un instante, antes de que él acercara el rostro, a Karin le pareció ver que él se había quedado perplejo. Sasuke sabía que era rápida y que a pesar de su pierna faltante, estaba en forma. Podía derrotarla, arrancarle la garganta de un solo tajo pero sabía que Karin le haría sudar para conseguirlo. Ella percibía el olor de algo denso y desagradable en el aire mortecino de la lluvia, una vaharada salvaje, y comprendía con desaliento que era una mezcla de su propio temor y de la furia de Sasuke. Era algo que se escapaba de los poros de ambos.

Él le soltó. El lodo crujía bajo sus pies desnudos, mientras se alejaba sin siquiera voltear a verla. Karin se quedó inmóvil, mientras que una oscura neblina enturbiaba su visión, y sus ojos se llenaban de agua de lluvia.

Sintió que algo se desprendía de ella. Tal vez era la última flor de la juventud. Lo que yacía debajo tenía los bordes duros y en carne viva, corno una herida sangrante.

Para vivir esta vida, pensó, había que tener una coraza protegiendo el corazón. Debería procurarse una, si quería sobrevivir.

No dijo nada, ni a Sasuke ni a Dios… solamente se quedó contemplando cómo aquel muchacho al que había amado incondicionalmente hacía casi cinco años, se alejaba del bosque y de su vida…

Para jamás volver.

Había amainado el viento y el bosque estaba en calma. Entonces corrió hacia casa, en la húmeda oscuridad, para dar la noticia a Kakashi.

0—

Imágenes febriles pasaban marcha atrás por la mente de Naruto Uzumaki:

Fragmentos de cristal negro convergían frente a sus ojos, unos fragmentos minúsculos que volaban por el vacío hacia atrás y formaban un patrón que no terminaba de discernir...

Cadenas de hierro arrancadas serpenteaban hacia un húmedo y malsano suelo de granito y los eslabones rotos tintineaban ruidosamente mientras volvían a unirse y las cadenas se clavaban con enorme fuerza al suelo...

Un hombre de cabellera rubia cuales rayos de sol de verano, ataviado con los restos desgarrados de un hakama de campesino, colgaba de las aterradoras garras de un aparato de tortura medieval. Un grito estrangulado abría sus mandíbulas y mostraba unos extraños dientes afilados bajo los labios pálidos. Sus fieros ojos azules estaban inyectados en sangre.

Naruto sintió su voz desvanecerse al mismo tiempo que el rostro del hombre se tomaba borroso frente a sus ojos.

¿Quién? … ¿Quién…?

Naruto parpadeó, confuso, y despertó, o algo parecido; una sensación más similar a aterrizar en medio de un campo soleado después de quedar inconsciente a la mitad de una densa oscuridad. Todavía aturdido, miró a su alrededor e hizo esfuerzo por adosar una mueca pasiva, entornando su atención a la actual realidad.

Una forma rudimentaria y canina tallada en madera de olmo, asomó de repente por detrás de un vistoso pilar de piedra. ¡Blam-blam-blam! La escultura estalló de repente en cientos de fragmentos cafés, destrozada por una ráfaga de fuego metálico.

Con el ceño fruncido, Naruto esperó pacientemente a que apareciera otro objetivo. Un tufo a pólvora brotaba del cañón del arma que le había asignado Jiraya; un fusil de percusión, tosco y pesado. Aquel estrafalario emblema de la nube estaba grabado en la culata.

"La bestia que buscamos no se encuentra en los bosques… el monstruo es parte de la humanidad ahora. Es ahí donde buscaremos. Aldeas. Poblados… no quedará cas alguna sin registrar…" resolló la voz grave y solemne de Pain en su mente.

Naruto sintió una furia contenida.

Y nuevamente, la imagen y órdenes dadas por aquel hombre que había sido también pupilo de Jiraiya volvían a carcomerle el pensamiento. Había pensado que se le pasaría la frustración en el campo de tiro pero seguía tan enfurecido como antes. Sólo la ciega determinación de no causar más problemas y divisiones le había impedido mostrar el rebelde desasosiego que le caracterizaba. No podemos permitirnos el lujo de volvernos unos contra otros en este momento, pensó.

Otro objetivo asomó por detrás de una fachada de metal. Éste tenía las facciones bestiales de un licántropo hembra a mitad de transformación. Naruto lo hizo pedazos con toda eficiencia y siguió apretando el gatillo hasta que el fusil dejó de disparar. Sacó una nueva mecha, la encendió y arrastró el percutor con un movimiento furioso.

Una risilla divertida sonó a su espalda.

—Desde luego, espero que nunca te cabrees conmigo, muchacho…—dijo Asuma. El maestro de armas se encontraba unos metros por detrás del campo de tiro, observando con amigable interés su sesión de prácticas.

Naruto estuvo a punto de sonreír pero mantuvo la mirada clavada al otro extremo del campo de tiro. Su dedo se tensó en el gatillo.

—Para un momento —dijo Asuma antes de que el siguiente objetivo pudiera reclamar su atención—. Échale un vistazo a esto.

A regañadientes, Naruto apagó la mecha del rifle y se volvió hacia él. El hombre sacó una pistola de aspecto extraño de su cinturón y se la ofreció. Naruto la sopesó en su mano para probar su equilibrio. Un arma bien hecha, concluyó, sin saber muy bien qué era lo que tenía de especial.

Asuma movió con la bota una palanca que había en la pared. El mecanismo rudimentario de poleas hizo aparecer un nuevo objetivo de madera al otro extremo del campo de tiro. Unos colmillos tallados desgarbadamente acentuaban su congelada expresión de furia.

—Adelante… —le dijo Asuma—. Liquida unos cuantos.

Con sumo gusto, pensó Naruto, que no necesitaba que le animaran para disparar sobre los simulacros de licántropo. ¡Blam-blam-blam! Una densa agrupación de impactos de bala excavó el objetivo. Para su sorpresa, los huecos empezaron a supurar un brillante líquido metálico, como sangre de un cráneo destrozado.

—Saca el cargador—le ordenó Asuma.

Intrigado, Naruto obedeció. Sus ojos se iluminaron. Las balas del cargador contenían un lustroso fluido metálico.

—¿Es plata?

Asuma sonrió con orgullo. Sacó una de las balas llenas de líquido y le dio vueltas entre sus dedos.

—Nitrato de plata. Una dosis letal —le confirmó el maestro de armas.—Directa al flujo sanguíneo.

Naruto le devolvió el arma.

—¿Jiraiya-ojisan está al tanto de esto?

—Por supuesto —respondió Asuma como si la pregunta lo sorprendiera—. Él lo aprobó. Según el tipo este… ehm… Pain, simple plata no podría contra aquellas criaturas, necesitaba algo que fuera directo a los órganos vitales…

Naruto observó, perdido en sus reflexiones, cómo manipulaba Asuma su ingenioso nuevo juguete. Abrió la pistola, le sacó el cañón y procedió a examinar el ánima. Naruto estaba apoyado contra la pared, pensativo y sin apartar la mente de la decisión tomada por Jiraiya aquella mañana.

—Asuma-san… —preguntó al cabo de un momento—. ¿Tú crees que Madara Uchiha murió tal como cuentan?

La sonrisa de Asuma se ensanchó.

—Supongo que Pain sigue con todo el protocolo histórico, ¿verdad?

Como cualquier otro cazador, Asuma creía que aquella victoria no era más que un asunto de presunción entre la horda de Amegakure levantada por el fallecido Nagato.

—A eso me refiero —insistió Naruto—. No es más que una historia. Su historia. No hay pruebas de que Nagato matara realmente a Madara. Sólo su palabra. Y no me parece justo, que sólo en base a eso, quiera armar una guerra entre las aldeas…

La implícita acusación atrajo la atención de Asuma. Su sonrisa amigable se esfumó y le dirigió al muchacho rubio una mirada mortalmente seria.

—No va a armarse una guerra, Naruto. Es sólo una medida precautoria, tenemos permiso del Kage de Konohagakure, de Ame, Iwa y de Suna. Sabemos lo que hacemos, muchacho.

—¿Aun con el hecho de llevar a inocentes a la muerte?

—Vamos a ver, ¿adónde quieres ir a parar?

Naruto no tenía una respuesta inmediata, sólo la vaga e inquietante sospecha de que el tal Pain no se lo había contado todo. Sin embargo una decisión se había tomado y ya nada se podía hacer al respecto más que acatar órdenes.

—A ninguna parte—musitó al fin.

No quería cargar a Asuma con lo que por el momento no eran más que sospechas sin confirmar. Se encogió de hombros como si la cosa no fuera realmente importante, sacó el fusil y se volvió de nuevo hacia el campo de tiro.

—Partiremos en dos meses… hump, será un largo invierno en Ame, muchacho –suspiró Asuma.

0—

Satoshi estaba llorando. Era en pleno invierno; el viento aullaba alrededor del palacio blanco, y Kakashi estaba agachado junto al niño, que ahora tenía cinco meses y yacía en un lecho de hierba seca, envuelto en una manta. Una pequeña fogata ardía cerca de ellos. El llanto de Satoshi era estridente y tembloroso, pero el frío no era la causa de los lamentos del bebé.

Kakashi, cuya cabellera empezaba a ser más blanca que gris, tocó la frente de Satoshi. La piel del pequeño estaba ardiendo. Kakashi miró a los demás.

—Ya ha empezado —dijo con voz solemne.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Sakura.

Pero ya sabía la respuesta: nada.

Su hijo iba a pasar la angustiosa prueba y nadie podía ayudarle en esto. Itachi se inclinó sobre Satoshi, toqueteando la manta y arrebujándole en ella, simplemente porque sus dedos tenían que hacer algo. Satoshi estaba colorado, con los ojos verdes ribeteados de rojo. Tenía unos pocos cabellos oscuros esparcidos por la cabeza.

"Los ojos de Sakura —pensó Itachi—. Y mis cabellos."

Y dentro de aquel cuerpo frágil estaba comenzando la primera batalla de una larga guerra.

—Es fuerte —dijo Karin—. Lo conseguirá.

Pero en su voz no había convicción. ¿Cómo podía sobrevivir un niño tan pequeño a un dolor tan fuerte? Karin se levantó, sobre su única pierna, y empleó su bastón de pino para dirigirse a su jergón.

Kakashi, Kurenai e Ino durmieron en círculo alrededor del pequeño. Itachi se tumbó junto a Sakura, quien acurrucaba con brazos temblorosos el cuerpo febril y trémulo de Satoshi.

El llanto del bebé subía y bajaba; se hizo más ronco, pero no cesó. Tampoco menguó el gemido del viento.

Con el paso de los días, el dolor de Satoshi fue en aumento. Todos lo sabían por la manera que tenía de temblar y retorcerse, y de cerrar los puñitos, con los que parecía golpear el aire. Todos se apretujaban a su alrededor; Satoshi estaba más caliente que el fuego. A veces su silencio era como un grito, y tenía la boca abierta y los ojos fuertemente cerrados. Otras veces su voz llenaba la cámara, y era un sonido que destrozaba el corazón de Itachi y que sacaba agrias lágrimas de Sakura.

Cuando parecía menguar el dolor, Sakura trataba de alimentar a Satoshi con carne sangrante que ella había masticado previamente hasta convertirla en una pasta suave; él la comía casi toda pero se estaba debilitado, encogiéndose como un viejo ante los ojos de todos.

No obstante, se aferraba a la vida.

Cuando el llanto del niño se hacía tan espantoso que Kakashi creía que Dios debía poner fin a su sufrimiento, el dolor cesaba durante tres o cuatro horas. Pero después volvía y empezaban de nuevo los gritos. Sakura sabía que Itachi estaba a punto de sufrir también una crisis; tenía los ojos hundidos y sus manos temblaban tanto que apenas podía llevarse la comida a la boca. También ella estaba envejeciendo día a día.

Después de una larga y agotadora caza, Itachi fue despertado una noche por un terrible grito ahogado. Se incorporó y fue a acercarse a Satoshi, pero Sakura lo empujó a un lado en su prisa por llegar junto al pequeño. Kurenai dijo:

—¿Qué ha sido esto? ¿Qué le pasa?

Karin avanzó hacia la luz, apoyándose en su bastón. Ino sólo miraba fijamente con ojos inexpresivos. Sakura estaba arrodillada con el niño en brazos y el semblante pálido. El pequeño se había callado.

—Se ha tragado la lengua —dijo Itachi—. ¡Sujétale, Sakura!

Sakura sujetó el cuerpo de Satoshi; era como tocar un carbón encendido.

—¡Sujétale fuerte! —gritó Itachi, abriendo la boca del niño y tratando de engancharle la lengua con el dedo. No podía conseguirlo. La cara de Satoshi tenía ahora un color azul, y los pulmones se hinchaban. Las manitas arañaban el aire. Itachi exploró su boca con el dedo, encontró la lengua, y entonces la sujetó con el otro dedo. Tiró de ella, pero estaba enganchada en la garganta de Satoshi.

—¡Sácasela! —chilló Kurenai—. ¡Sácasela, Itachi!

Itachi tiró de nuevo, con más fuerza. Sonó un chasquido al desprenderse la lengua, pero la cara de Satoshi seguía volviéndose azul. Los pulmones no podían absorber el aire. Brillaba el sudor en el rostro de Itachi, aunque su aliento formaba una nubecilla gris. Levantó a su hijo, sosteniéndole por los talones, y le golpeó la espalda con la palma de la mano. Sakura se estremeció al oír el golpe. Satoshi continuó sin emitir el menor sonido. Itachi le golpeó de nuevo la espalda, con más fuerza. Y por tercera vez. Entonces se oyó un silbido al circular el aire, y una voluta de vapor salió de la boca del bebé. Luego lanzó un alarido de dolor y de rabia que hizo que la voz de la tormenta pareciese débil. Sakura tendió los brazos para tomar al niño. Itachi se lo entregó. Ella lo meció, con lágrimas de alivio rodando por sus mejillas. Tomó una de sus manitas y se la llevó a los labios.

Entonces echó la cabeza atrás, con los ojos desorbitados.

Unos pelos oscuros habían salido de la piel del pequeño. El cuerpo que tenía en brazos se estaba ya retorciendo, y Satoshi abrió la boca para emitir una especie de aullido. Sakura miró a Itachi y después a Kakashi; éste estaba sentado en cuclillas, apoyando el mentón en las manos cruzadas, y su ojo brillaba a la luz del fuego mientras observaba.

La cara de Satoshi estaba cambiando. Empezaba a formarse el hocico, y los ojos se hundían más en la cabeza cubierta de pelo oscuro. Sakura oyó que Kurenai lanzaba una exclamación de asombro a su lado. Las orejas de Satoshi, ribeteadas de suaves pelos blancos, se estaban alargando. Los dedos de las manos y de los pies se encogían, convirtiéndose en zarpas con pequeñas uñas curvas. Unos ruiditos secos indicaron cambios en los huesos y las articulaciones. Satoshi gruñía, pero su llanto parecía haber cesado. El cambio tardó tal vez un minuto en producirse.

Kakashi dijo a media voz:

—Déjale en el suelo.

Sakura obedeció. El pequeño lobezno, de ojos verdes y cuerpo nervudo cubierto de finos pelos negros, se esforzaba en aguantarse sobre cuatro patas. Se levantó, cayó, pugnó por sostenerse en pie y cayó de nuevo.

Sakura iba a ayudarle, pero Itachi le detuvo.

—No, deja que lo haga él.

Satoshi consiguió controlar las patas y mantenerse en pie, con el cuerpecito temblando y los brillantes ojitos jade pestañeando de asombro. Movió la cola corta y agitó las orejas de lobo. Dio un paso; después, otro; las temblorosas patitas de atrás se le enredaron y cayó de nuevo. Lanzó un breve resoplido de frustración y brotó vapor de su nariz. Itachi se inclinó hacia delante, levantó un dedo y lo pasó de un lado a otro delante del hocico de Satoshi. Los ojos verdes lo siguieron. Satoshi adelantó entonces la cabeza, abrió la boca y mordió el dedo de su padre.

Éste lo sacó de la boca del cachorro y lo miró. Había aparecido en él una gotita de sangre.

—Hmp… mira… —dijo a Sakura con un resquicio de sonrisa orgullosa—. A nuestro hijo le ha salido un diente.

Satoshi, al menos por ahora, había renunciado a luchar contra la gravedad. Se arrastró por el suelo, oliendo las piedras. Una cucaracha salió de una rendija debajo de su nariz y huyó para salvar la vida. El cachorro lanzó un estridente aullido de sorpresa y continuó su exploración.

—Volverá a ser lo que era, ¿no? —preguntó Ino a Kakashi—. ¿Verdad que sí?

—Ya veremos —dijo Kakashi, pues nada más podía contestar.

Cuando había cruzado aproximadamente la mitad de la cámara, Satoshi se dio con la nariz contra el canto de una piedra. Empezó a aullar de dolor, y, al rodar por el suelo, su cuerpo empezó a adquirir nuevamente forma humana. Los finos pelos azabaches se hundieron en la piel, el hocico se aplanó y transformó en nariz, una de cuyas ventanas sangraba un poco, y las patas se convirtieron en manos y pies.

Los aullidos eran ahora un llanto fuerte y continuo, y Sakura corrió hacia su hijo y lo levantó y arrulló. Poco a poco el niño fue dejando de llorar. Volvía a ser un pequeño ser humano.

—Bueno —dijo Kakashi después de una pausa—, si nuestro nuevo miembro sobrevive durante el invierno, será muy interesante observarlo.

—Sobrevivirá —enunció Itachi.

—Eso espero, muchacho. —Kakashi miró a Sakura y sonrió ligeramente—. Lo has hecho muy bien, hija.

Sakura se dio cuenta de que le había llamado hija. Hija. Nadie le había llamado así hasta entonces, y la palabra le sonó como música. Aquella noche se dormiría escuchando los apacibles gorjeos de Satoshi, acurrucado contra su pecho, y soñaría con un hombre alto y delgado, con uniforme militar, al lado de una mujer a quien Sakura casi había olvidado, y aquel hombre tendría la cara de Kakashi.


Continuará


Siguiente Capítulo: EL ACECHO DE LA BESTIA


N/A:

Y como dije al principio... COMENZAMOS LA RECTA FINAL, no del fic sino de la primer temporada (originalmente estaba previsto a un fic sencillo pero a como edité y arreglé las cosas que tenía desde el 2006 cuando lo publiqué por primera vez, pues hay mucho tramo que no puedo dejar colgando. Si tal vez la trama es un poco céntrica al inicio pero ya veremos como la trama y la subtrama (lo de los cazadores) se convergen en una sola línea...

Paciencia, eso si. Pero de que termino la primer temporada, lo haré sin duda! Mientras, ya saben, todo comentario o crítica al apartado de reviews :d y si gustais encontrarme en facebook, pueden encontrarme con el nombre de Natsuko Uchiha, ;D si desean saber más de la autora y sus ocurrencias, jejeje

Nos leemos!