Bueno, antes de que empiecen a leer este capitulo, el cual intenté hacer un poco mas largo que los anteriores, quisiera responder a un review que realmente me llamó mucho la atención…
"Naaaaa pareja tai lung y tigresa apesta ya todo esta predicho y se sabe como quedara al final ojala po sea quien se burle de tigresa por infiel"
Dime, niño, niña o lo que seas, para empezar ni siquiera deberías haberlo leído si no te gustaba esta pareja y antes de que salgas con tu "¡Pero dice PoxTigress" te recuerdo que al principio está bien clarito que esta es la continuación de una historia "TaixTigress" ¿Qué esperabas? ¡El nombre lo dice todo! Y no te respondo esto porque me importe tu "sincera" opinión (Eres uno entre muchos) solo porque me parece una falta de respeto tu manera de referirte a esta pareja… ¿Apesta? ¿Acaso has olido algo mientras leías? Porque yo no ¿Todo está predicho? Pues ¿Sabes qué? Si, mi final es muy predecible, ya nadie se sorprende que sea una trampa de Po y Tai Lung para quedarse con Lía y tener su matrimonio igualitario..
En fin, no lo digo con fines de ofenderte. Si tu quisiste dar tu opinión, muy bien, pero yo también quiero dar la mía. Te lo hubiera dicho por PM, pero como no tienes cuenta… Ni modo.
¡Y en otras noticias! No tengo nada mas para decir, así que espero que disfruten el cap.
Kung Fu Panda no me pertenece. Es Propiedad de DreamWorks.
Decisiones
Po se quedó en el cuarto con Lía, ambos acompañados por Víbora, y yo me fui de ahí apenas se presentó la oportunidad...
El corazón aún me galopaba dolorosamente y no puedo dejar de jadear cada vez que intento tomar aire. Mis pulmones comienzan a arder, exigiendo más de lo que momentáneamente yo misma puedo. Inhala, exhala, inhala, exhala. Con calma, no te alteres. Parece ser inútil y por un momento, la falta de aire me marea y necesito detenerme para no caer. El piso se mueve, las piernas me tiemblan y la cabeza me da vueltas, con las palabras de Tai Lung aún sonando como en mi mente, pero me sostengo de la pared y a pasitos pequeños, logro avanzar por el pasillo que lleva a la cocina.
Necesito agua, o lo que sea con lo que logre pasar el nudo de mi garganta.
Sin embargo, cuando estoy por llegar a las puertas, mis piernas se vuelven de goma y junto a un audible sollozo contenido, caigo de rodillas...
—¿Tigresa?
La voz es lejana, algo distorsionada, y todo lo que veo con la vista nublada son unas piernas flacas y largas: Grulla.
—Tigresa ¿Estas bien? —Pregunta, a la vez que sujeta mi brazo derecho y se lo pasa por encima de los hombros.
No puedo hablar, así que me limito a negar con la cabeza, mientras el ave me ayuda a levantar y me deja apoyarme en él para caminar hasta la silla más cercana y sentarme. Me indica un ejercicio de respiración, inhalando lento y exhalando de a poco, y me dice (Creo que incluso me ordena) que apoye los codos en mis rodillas y me sostenga por un momento la cabeza. Ya no duele tanto, pero se sigue sintiendo tan pesada como hacía unos segundos...
Poco a poco, logro tranquilizar un poco mi respiración. Pero no me dura demasiado. Tengo los nervios a flor de piel y cada vez que la imagen de Tai Lung vuelve a mi mente, comienzo a jadear y el nudo se ciñe con fuerza en mi garganta.
Antes solía tener estos ataques, durante los primeros años sin Tai Lung. Aunque nunca fue tan fuerte, solía calmarme en unos pocos minutos.
—Ten. Bebe.
Me pasa un vaso, supongo que de agua, y sin siquiera mirar a Grulla, se lo recibo y apuro un trago largo...
¡Puaj! ¡No era agua! Es un líquido amargo, bastante asqueroso, y por poco no lo voto de vuelta en el vaso. Miro a Grulla, con el entrecejo arrugado, pero él solo ríe y me repite que lo beba. Obedezco, aunque arrugando la nariz por el asco.
—¿Qué es eso? —No sé si realmente quiero saber.
Sonríe. Me quita el vaso semivacío y lo deja en la mesa.
—Para los nervios. Bebiste lo mismo cuando estabas embarazada ¿Recuerdas?
—Cierto.
Claro, si por ese asqueroso liquido me entere que estaba embarazada. Aún recuerdo que lo bebí pensando que era agua, tal como ahora, y aunque lo tragué, no pude evitar vomitarlo luego en los pies de ave. Valla trato que recibe el enfermero del equipo. Debería pedirle perdón por eso. Algún día.
Aquel recuerdo me distrae por unos minutos y cuando vuelvo a pensar en lo que acaba de suceder, ya puedo respirar con normalidad y el nudo se ha ido. Tal vez esa cosa para los nervios realmente sirve.
—¿Te sientes mejor? —Pregunta Grulla.
Le dirijo una pequeña sonrisa y asiento.
—Gracias.
—No hay de qué.
Si gira hacia la alacena. Saca un vaso y se vuelve hacia la mesada, de donde toma una jarra y vacía su contenido en el vaso, el cual me entrega junto a una burlona sonrisa.
—Esta vez, si es agua.
No contesto. Le dirijo una agradecida mirada y recibo el vaso. El líquido fresco alivia un poco el calor de mi garganta y no tardó mucho en acabarlo.
—¿Te he dicho que detesto tus remedios caseros?
Vuelve a reír.
—Yo también, de niño. —Admite. —Pero son efectivos.
—Y asquerosos.
—Wou.
—¿Qué?
—Actúas como una niña. Es raro.
Lo miro y mis mejillas arden al percatarme de que es cierto. Agacho un poco la cabeza, fijando la vista en la mesa, y carraspeo un poco para tranquilizarme, mientras hago girar en vaso ya vacío en mi mano, solo para distraerme con algo. Tiene razón, esto es raro. Es como si los nervios se hubieran ido solo para dar paso a una cálida sensación en el pecho. Como la emoción luego del susto, siento mi corazón latir con fuerza y de repente solo quiero reír a carcajadas, pero logro contenerme a tiempo.
No sé si reír de nervios, o tal vez de felicidad. Solo quiero reír. ¡Tai Lung está libre! Sé que muchos lo ven como algo malo, sé que muchos temen lo que pueda hacer, pero yo no. Por alguna loca razón, no me da miedo lo que pueda pasar, o cómo reaccionará él. Sé que no hará nada malo, al menos por ahora, sino no me hubiera dicho para vernos esta noche. Aunque también sé que algo planea y que no debo sacarme eso de la mente. Pero por el momento, solo puedo pensar en lo que acaba de ocurrir y de lo irreal de la situación.
Dejo el vaso en la mesa y aun con la mirada de Grulla fija en mí, me enderezo en la silla. No me molesta la mirada de "¿Acaso de drogaste?" que me dirige el ave, no me molesta el tono de voz con el que me pregunta si me encuentro bien. Nada puede molestarme en este momento, de eso estoy segura. Aunque unos minutos después, Grulla sigue mirándome y un tic nervioso sacude mi pierna derecha.
Bueno, tal vez eso si pueda molestarme.
—¿Q... Que sucede?
Grulla entrecierra los ojos, me escudriña con la mirada, y por alguna razón, no puedo evitar apartar los ojos. ¿Que pretende? Finalmente, aparta la mirada y niega con la cabeza.
—¿Donde esta Po, Tigresa?
Su tono de voz es más severo de lo usual y pronuncia mi nombre con cierto recelo. Bien, esto no pinta nada bien.
—Eeeemm... Con Lía, en el cuarto.
—Pasé por ahí hace unos minutos. —Dice, con voz monótona e inexpresiva —No recuerdo haber visto a Po.
Y es como si alguien me hubiera echado un balde de agua fría encima.
Otra vez, mi respiración de dificulta un poco y el corazón se me acelera, mientras poso la mirada en el severo semblante del ave. No habrá visto... ¿O sí? No, es imposible. ¡No había nadie más! Lo habría oído, no solo yo, Tai Lung también lo habría oído. Él no me hubiera besado si alguien hubiera estado tan cerca como para vernos. O eso quiero creer. ¿Y si solo me besó porque alguien nos estaba espiando? La posibilidad me revuelve el estómago, así como también me hace sentir una completa estúpida, pero no tengo tiempo de pensar en eso.
El semblante de Grulla sigue siendo severo y no revela nada. Me recuerda a aquella vez que accidentalmente romí el pincel favorito de él y la gélida mirada que me dirigió por semanas. Pero esto es distinto, es mucho más grave que un simple pincel, y no necesito que me conteste para saber la respuesta a mis interrogantes: Lo sabe, lo sabe y ha visto todo.
—Grulla...
—Son tus asuntos, Tigresa. —Me interrumpe, alzando un ala en el aire para que calle. —Pero no solo estas traicionando a Po, sino a todo el palacio, protegiendo a ese asesino.
No debería echar más leña al fuego, pero no puedo evitar mirarle mal al referirse a Tai Lung de aquella manera.
—¡No se te ocurra...!
—¿Que no se me ocurra qué? ¿Decirte la verdad en tu cara? —Y me vuelve a interrumpir. ¡Ahg! No sé si estoy más molesta con él o conmigo misma. —Creo que eso es lo que te falta, Tigresa. Que alguien te diga la verdad de las cosas. Porque desde que estoy aquí, nadie replica a la palabra de la gran Maestra Tigresa... —Su voz es burlona, irónica. Entontes, sonríe y emite una risa nasal. —Valla Maestra. Muy recta y disciplinada.
El sarcasmo de su voz me enfurece, realmente me ofende, pero saber que tiene razón me deja helada en la silla. ¿Qué puedo decir? Lo ha visto todo, de seguro también ha oído algo.
Grulla no dice nada más y se va, pisando fuerte y caminando rápido. Por un momento, me planteo el seguirlo, pero ya sería humillarme más de lo que ya lo he hecho por mí misma. ¿Le ira a decir a alguien más? No sé, y la duda me atormenta, pero si le voy por detrás de él para darle un explicación, tan solo me estaría involucrando más de lo que supuestamente estoy. Además, es a Po a quien le debo las explicaciones, no a él. Es a Po a quien debo rendirle cuentas...
Pero luego. Ahora, toda la felicidad que tenía hacia unos segundos se ha esfumado y otra vez, me siento al borde de la asfixia. Estúpidos ataques de nervios.
Intento fingir que no me pasa nada. Intento aparentar algo de tranquilidad, mostrarme segura ante los demás. Pero la acusatoria mirada de Grulla no me deja en paz.
No ha mencionado nada, de lo contrario ya se habría armado la del siglo en este lugar y valla alguien a saber qué habría pasado. Pero no puedo ni mirar a Po a la cara y cuando él me sujeta la mano por debajo de la mesa, tal como suele hacer casi siempre, apenas si estoy unos tres segundos antes de apartarla. Claro que el me dirige una interrogante mirada, pero la esquivo y me centro en el plato aún lleno con la sopa de fideos que está frente a mí.
No tengo hambre. El estómago me duele. Pero me fuerzo a tomar los palillos y comer de a pequeños bocados.
—Dentro de unos días es el Día del Guerrero Dragón. —Comenta Víbora, alegre, con aquel brillo entusiasta ilutando sus ojos.
¡Carajos! Lo olvidé... Bien, otra señal de que debería abofetearme a mí misma.
—Cierto ¿Algún plan? —Inquiere Mantis, dirigiendo una picara mirada a Po.
Bicho pervertido.
Pero Po tan solo ríe, divertido por la insinuación que a juzgar por el rubor de sus mejillas, he comprendido. Estira un brazo y me lo coloca en los hombros, jalando suavemente de mí hacia él, mientras su otra mano se coloca sobre Lía, que duerme tranquilamente en mis brazos.
—Será el primer año que paso con mis dos princesas. —Murmura, alegre, y deposita un suave beso en mi frente.
Pero el contacto se me hace frío y despierta un mi la culpabilidad que estoy tratando de dejar a un lado. Las voces de Mono y Mantis se burlan de Po, Víbora emite algunos "Aaww" y regaña a los chicos por sus bromas, mientras Shifu exige algo de discreción en la mesa. Sin embargo, al otro lado de la mesa, en silencio, sé que Grulla me está observando y no me atrevo a devolverle la mirada.
No, no puedo con esto...
Me disculpo con todos y con la excusa de ir a acostar a Lía, me voy de la cocina. Aferro a la pequeña a mi pecho, recostando su cabeza en mi hombro, y apresuro el paso hasta llegar a las barracas. Solo quiero estar sola, alejarme de todos y pensar de manera neutra. ¿A quién engaño? Eso es imposible. Estoy entre lo que quiero, la culpa y lo que es correcto.
No llevo a Lía a su cuarto, no quiero apartarla de mi lado, así que entro a mi habitación y me recuesto en la cama. Acomodo a Lía sobre mi abdomen, con la cabecita sobre mi pecho, y ella inmediatamente se acurruca cómodamente para seguir durmiendo. Por largos minutos, tal vez horas, me quedo mirando al techo, con la mente en blanco. Mis piernas flexionadas, mis pies juegan distraídamente con la sabana, mientras que mi mano sostiene a Lía sobre mi torso. Le acaricio la cabeza, entre las orejas, y la escucho ronronear entre sueños, mientras su cola se enrosca en mi brazo.
Recuerdo como Lía reía en brazos de Tai Lung y como parecía estar muy a gusto con él. Ella ya lo había visto antes, ya lo conocía, de lo contrario, habría comenzado a llorar apenas hubiera entrado yo al cuarto. En ningún momento pidió volver conmigo e incluso cuando la agarre, recuerdo que tuve que sujetarle para que dejara de estirarse en dirección a Tai Lung.
Aunque más raro fue ver a Tai tan cariñoso con un bebé. ¿Desde cuándo se lleva con los niños?
Por un momento, se me olvida el drama de mi cabeza y esbozo una pequeña sonrisa por la idea. Esta vez, dejo escapar suave carcajada que callé en la cocina. Presiono un poco a Lía contra mi pecho, dándole suaves palmaditas en la espalda, y giro en la cama con ella en mis brazos...
Tal vez esto esté mal, tal vez no debería ocultarlo. Tal vez ni siquiera debí dejarlo escapar desde un principio. Pero ¿Qué más da? En su tiempo, ni siquiera debería haber hecho todo lo que hice. Tai y yo no debimos compartir lo que compartimos. Eso está mal. Pero lo hicimos, a escondidas, sin que nadie se enterara. ¿Qué más da un pecado más? Por primera vez en años, no quiero pensar en si debo o no debo, en puedo o no puedo. Solo quiero preocuparme por mí, por lo que quiero, luego veré si valió la pena o no las consecuencias que aquella me acarree.
Peor es quedarse en la duda.
Acostada con los ojos cerrados, estoy a punto de quedarme dormida cuando escucho la puerta del cuarto abrirse y luego cerrarse, indicando que alguien ha entrado.
Me reincorporo sobre mi brazo derecho, el cual hace de almohada para Lía, y algo adormilada observo a Po caminar por el cuarto. Él me sonríe y murmura algo que no alcanzo a entender, pero que supongo que es algún saludo o esos adjetivos cursis que usa a veces. Se quita los pantalones, con las mejillas sonrojadas al notar que no me molesto en apartar la mirada, y se coloca otros que usualmente usa para dormir (Cuando no duerme desnudo, claro está).
Se acuesta detrás de mí y nos cubre a los tres con la sabana, para luego pasar un brazo por mi cintura y depositar un suave beso en mi mejilla. Se estira y también besa a Lía en la mejilla.
—No la dejaste en su cuna. —Murmura, con la mejilla sobre mi cabeza.
Reprimo un suspiro, no sé por qué, y observo la robusta mano de Po acariciar distraídamente el brazo de la cachorra.
—Quería tenerla conmigo. —Contesto, sin mirarlo. —No hará daño que se quede una noche.
Y no sé si es muy cierto eso, o solo no quiero estar completamente a solas con Po.
Pero por toda respuesta, escucho una risa juguetona de parte del panda y su aliento choca contra mi cuello, mientras que sus labios se deslizan por mi hombro.
—¿Y si la dejas dormir aquí mañana? —Sugiere.
Su mano se pasea por mi abdomen, trazando figuras imaginarias con la yema de sus dedos, y lentamente bajan hasta mi entre pierna y se desvía al interior de mi muslo derecho. Sujeta mi pierna y me jala hacia atrás, apegándome más a él...
Pero cada caricia se siente a nada. Distante y sin sentimiento. Sus labios me parecen fríos, como si fueran los de alguien más. Me digo que es ridículo. Es el mismo Po, el mismo que hasta hace unos días me hacía temblar con las caricias. Es el mismo panda con quien me case, a quien juré amar por siempre. A quien creí amar.
Sí, es el mismo. Pero no son las caricias que yo quiero. No son los labios que ansío.
—Lo siento, Po. Estoy cansada.
No se me ocurre otra excusa. Tampoco quiero hacerle sentir mal.
—¿Segura?
—Po...
—Está bien.
Exhala un suspiro, resignado, y detiene sus caricias. Pero no me suelta, continua con su brazo sobre mi cintura y me sostiene posesivamente contra él. Me aferro a Lía, aun de espaldas a Po, y me contengo de gruñirle.
Joder, panda. Solo suéltame. No puedo decirle eso.
—¿Quieres hablar de algo? Lo que sea.
—No.
—Tigresa, sobre hoy... Lo lamento. No quise molestarte, mucho menos intentaba controlarte. No desconfió de ti. Es solo que...
—Está bien. —No quiero seguir oyendo eso. —No te preocupes. Debí haberte contestado desde un principio.
No puedo dejar que se eche la culpa, ni que se disculpe, cuando soy yo quien debería estar haciéndolo.
Murmura una respuesta que no alcanzo a oír bien y me estrecha aún más contra él, entrelazando sus piernas a las mías y escondiendo el rostro en mi cuello. Su brazo izquierdo se desliza por debajo de mi cabeza, haciéndome de almohada, y con su mano acuna junto a mí a Lía, mientras que su mano derecha permanece en mi abdomen.
No quiero que me abrace, no lo quiero tan cerca. Pero no puedo simplemente apartarlo. Si lo hiciera, Po pediría alguna explicación y simplemente no puedo dársela. Aún no. No estoy lista para afrontar su reacción, ni para herirlo de tal manera.
Aparto mi mano derecha de Lía y busco la de él, la que acaricia mi abdomen, para luego sujetársela. La llevo hasta mi rostro. Le beso la palma, el dorso, y uno por uno, también cubro de pequeños besos sus nudillos, para luego dejarla descansar contra mi mejilla. Es la única manera que tengo de pedirle disculpas. No perdón, porque no lo merezco, pero si decirle que lo siento y que nunca quise lastimarlo.
—Te amo, Tigresa. —Su voz es baja, apenas un murmullo amortiguado por mi cuello. —A ti y a Lía. Las amo y lo son todo para mí. Lo sabes ¿No?
Mis ojos se llenan de lágrimas y no puedo contestar. Si lo hago, sé que mi voz sonará ronca y temblorosa por el llanto.
—¿Tigresa?
Pero Po quiere una respuesta. Así que trago grueso, eliminando el nudo de mi garganta.
—Sí. —Murmuro. —Lo sé.
—Dime que me amas. —Pide.
—Po...
—Solo quiero oírlo. Solo una vez.
Retengo el aire en mis pulmones, conteniendo las lágrimas en mis ojos, y lo exhalo a modo de un resignado suspiro. Lo he dicho miles de veces, se lo he dicho ya y siempre lo he sentido real. No mentía. No creía estar mintiendo ¿Por qué ahora es diferente?
Estrecho su mano y ladeo el rostro, buscando sus ojos. Po parece comprenderlo, porque se endereza sobre su brazo izquierdo, cadi por encima de mí, y me mira a los ojos.
—Te amo —Murmuro —Te amo.
No sé si suena convincente, o si las lágrimas en mis ojos lo han arruinado todo. Pero Po no responde. Se inclina y me besa, un beso lento y tierno, para luego volver a esconder el rostro en mi cuello...
Ninguno habla, ninguno se mueve. Ambos sabemos que nada esta bien entre nosotros, ambos sabemos que estamos bajo el filo de la espada. Pero ¿Que tanto sabe Po? No es tonto, de seguro sospecha algo, me conoce lo suficiente como para no imaginar el porque me alejo de él. Aunque todo lo que sepa es que ya no siento lo mismo. Algo es algo, y es más que obvio que lo que quiere es mantenernos juntos. Salvar estos años que hemos pasado el uno junto al otro. Se siente inseguro, temeroso, lo sé por cómo me mira, pero no hay nada que pueda hacer.
No es su culpa. Es mía y él no puede cargar con eso.
Pasan varias horas y no puedo dormir. Po ya se ha dormida hace rato, aunque su agarre en ningún momento se afloja. Es entonces, mientras intento quitar su brazo de mi cintura, que algo llama mi atención: En el suelo, junto a la pata de la cama, hay lo que parece ser un papel hecho bollo.
Qué raro, no lo he visto ahí antes.
Con algo de esfuerzo, sin despertar a Lía, me deshago del agarre de Po y me voy a sentar al borde de la cama. Es como si pudiera volver a respirar. Me siento un poco más tranquila al tomar algo de distancia con Po. Recargo los codos en mis rodillas y me inclino para sujetar el papel. Es una tarjeta. La aliso con los dedos y leo lo que dice: Una flor, para otra flor. Escrito con caligrafía prolija, casi igual a la de aquella carta que tengo guardada en lo profundo de mi armario, junto a las fichas de madera y aquella flor ya marchita que aquella noche adornó mi oreja derecha.
Miro de reojo a Po y vuelvo la vista a la pequeña nota. De seguro la habrá leído. Y como soy tan estúpida como para no darme cuenta que esa letra era de Tai Lung...
Vuelvo a arrugar la nota en un bollo y la meto al bolcillo de mi pantalón, a la vez que exhalo un suspiro. ¿Debo ir? No, no debo. Pero quiero. No sé para qué, ni qué espero de esto, pero quiero ir. Quiero verlo aunque sea una vez más. Porque sé que no estará por mucho tiempo libre, pronto lo encontraran, o su genio podrá con él y solo se delatará.
Solo quiero despedirme esta vez. Porque una vez lo capturen, sé que no lo volveré a ver.
Me inclino hacia Lía y la arropo con la sabana, para luego besarle la mejilla. Ella ronronea, con una pequeña sonrisa en sus labios, y se acurruca contra el brazo de Po, que aun sin despertarse, la estrecha contra su pecho pero sin aplastarla demasiado. No puedo evitar sonreír ante tan tierna escena y tampoco me niego el despedir a Po con un suave beso en la frente...
—Los quiero. Y mucho —Murmuro, para luego salir del cuarto.
No me voy a tardar, no me voy a andar con babosadas como las de esta tarde. Seré directa. No caeré en lo mismo y cuando él no esté, no pienso volver a sufrir por eso.
Con sumo cuidado, cierro la puerta a mis espaldas y lentamente avanzo por el pasillo. Mantengo mis sentidos alerta. Oído, olfato e incluso mantengo la cola en alto, no sea que pise mal y pierda el equilibrio. Escucho a Mantis roncar, Mono habla entre sueños y Víbora sisea cada vez que exhala. Bien, no hay moros a la costa. Todos parecer dormir. Igualmente, cuando camino, lo hago de puntitas de pie.
Escucho una madera crujir e inmediatamente me detengo.
Espero unos segundos, pero tan solo puedo oír mi jadeante respiración. ¡Mierda! Estoy hecha un manojo de nervios. Retengo un suspiro de alivio y sigo caminando...
—¿A dónde vas, Tigresa?
Me detengo en seco y juro que tengo que morderme la lengua para no gritar.
Me tomo unos segundos para calmar mi respiración. Inhala, exhala, inhala, exhala. Si me volteo, se que me delataré sola, pero el impaciente golpeteo de un pie contra la madera del suelo me ponen aún más nerviosa. Bien, a terminar con esto. Esbozo el mejor semblante inexpresivo y lentamente volteo, quedando de cara a Grulla.
Con las alas cruzadas sobre el pecho y una ceja arqueada, me dirige una severa mirada. Espera una respuesta. Pero ¿Que le puedo decir? Además, él ya lo sabe ¿No?
—No sabía que esto era un reclusorio —Murmuro, con toda la ironía que mi temblorosa voz me lo permite.
¡Demonios!
—¿A dónde vas, Tigresa? —Repite, impaciente.
Arrugo el entrecejo y le gruño, aunque nunca he peleado de verdad con Grulla.,
—No te incumbe.
Supongo que siempre hay una primera vez.
Grulla arquea aún más la ceja y me recuerdo mentalmente nunca más dirigirle ese gesto a nadie. ¡Es odioso!
—Si sabes lo que significa el que vallas ¿No?
¿Qué es esto? ¿Un sermón?
—Sí.
—¿Entonces?
—Grulla, esto no es de tu incumbencia.
—¿Le darás la espalda a todos? —Pregunta y por primera vez, no utiliza esa voz severa de padre regañón —¿Enserio echaras todo al tacho todo por encontrarte con él?
Lo miro, inexpresiva, y no contesto. No voy a admitirlo, pero algo de razón tiene. Estoy echando todo a la basura. Una familia, un esposo que me ama ¡Cinco años de matrimonio! Todo al tacho por un capricho mío, por algo que seguramente no dudará más de lo que duró ese beso que Tai Lung me dio esta tarde. No puedo evitar agachar la cabeza, para evitar que el ave tonta parada frente a mi vea las diminutas lágrimas en mis mejillas.
Si, estoy poniendo mucho en juego. Pero vale la pena. Lo amo, tal vez no igual que cuando era más joven, pero lo amo.
No respondo, no tengo qué, y tan solo me giro para seguir mi camino. Son mis decisiones, no las del ave esa. Pero apenas si doy cinco pasos, cuando el ala de Grulla me sujeta del brazo y jala de mí para que voltee…
—Tigresa…
Pero no es el agarre lo que me altera. Su ala está justo sobre las cicatrices. Es como una especie de temor. El corazón se me acelera, igual que la respiración, y en un instintivo impulso, sacudo el brazo con tal fuerza que lo derribo al suelo.
—¡Que me dejes en paz, Grulla!
Sentado en el suelo, el me observa. Su mirada sigue siendo dura y severa, pero se la sostengo y emito un bajo gruñido. No contesta, yo no digo nada y simplemente salgo corriendo de ahí…
Continuará…
Bien, tal parece que Tigresa está decidida… ¿Qué pasará? ¿Grulla mandará al frente a la felina? En fin, nos acercamos al final de lo que es esta historia. ¿Tigresa se quedará con Tai Lung? ¿Qué pasará con Po? ¿La perdonará?... ¡¿Qué pasará con el rollo del dragón?! xD
Espero que les haya gustado el cap y espero sus opiniones en los review.
