Cap. 9: Siguiendo el rastro.

Me inclino para ayudarle, pues los bomberos también están cansados. Lo cojo de los hombros antes de que se caiga hacia delante. Oh, Dios... lleva chaleco. Lágrimas invaden mis ojos y la alegría mi corazón. Le levanto la cabeza para verle bien, pero cuando le limpio la cara con un pañuelo se me cae el alma a los pies. Pelo rizado y rubio, buen cuerpo y lleva chaleco, igual que Jane. Sin embargo, sus ojos son marrones y tiene la forma de la cara más redonda, nada que ver con la cara cuadrada de Jane... de mi Jane.

Me aparto decepcionada y frustrada y dejo paso a los médicos. Cuando consigo salir de entre toda esa gente respiro hondo y me relajo. Recupero mi compostura y me acerco a los chicos, quienes están frente a mi de brazos cruzados e inquietos.

- No es él.

Ambos dejan caer los brazos. Parece ser que la frustración es mútua. Pero no voy a dejar que nos despistemos a cada alarma que se dé. Qué ironía que sea yo quien lo diga, ¿verdad?

Me dirijo a la sala de reuniones para hablar con la anciana. Mientras a ver si Cho y Rigsby pueden averiguar el local u ubicación donde se hizo el detonante. Entro en el edificio y le hago una señal al agente que está vigilando a la anciana para que se retire, aunque me acerco a él y le digo que no se vaya lejos, pues esta mujer es una caja de sorpresas. Él asiente y se va.

Me acerco a ella, quien me mira con un aire de superioridad. Me siento al lado opuesto de la mesa, cerca de ella, mirándola a los ojos. Aparta la mirada. Eso es bueno y también lo que me indica que ya puedo empezar.

- ¿Por qué ha huído?

- La policía no me cae bien.

- ¿Y por eso ha salido corriendo? -no obtengo respuesta-. Pues yo creo que nos oculta algo -digo para aplanar el terreno.

- ¿Y lo ha averiguado usted sola? Felicidades.

Ese comentario impertinente se me clava como una espina. No estoy de humor para tonterías. Cojo aire y me contengo, pues como me encienda no me hago responsable de lo que pueda llegar a hacer.

- Mire -prosigo serena-, tan sólo queríamos hacerle unas preguntas, nada más.

- ¡Mi hijo no ha hecho nada!

- ¿Su hijo? -pregunto completamente extrañada.

- Es por eso por lo que han venido, ¿no? Es por lo que estoy aquí.

No quiero más problemas de los que tengo, ni más casos ni más preocupaciones, así que decido dejar a su hijo a parte. Que sepamos él no tiene relación alguna. Le sirvo un vaso de agua y mientras ella bebe aprovecho para relajarla, pues no conviene que esté tan tensa. Sólo faltaría que le diera algo aquí dentro.

- Señora, hemos localizado su floristería por unos sacos de abono en la escena de un crimen. Mire, la clase de líos en los que se ha metido su hijo me traen sin...

- Reconozco que mi hijo no es un santo -me interrumpe dejando el vaso sobre la mesa-, pero es incapaz de matar a nadie.

- No le estamos acusando de matar a Dyana, pero...

- ¿Dyana? -dice en un tono sorprendido-. ¿Pero no se trata del asesinato de aquel chico? Cómo se llamaba... Michael.

- ¿Michael?

Y justo aparece Rigsby por la puerta algo apurado.

- Jefa, tienes que venir un momento.

Me levanto de la silla y le doy una larga a la anciana, quien asiente y vuelve a tomar el vaso en sus manos. Salgo de la sala y cierro la puerta de cristal tras de mí. Ambos nos ponemos en jarras.

- ¿Qué ocurre?

- Han encontrado el cadáver de Michael Feather.

Ahora sí que no entiendo nada. Es la situación más subrealista en la que me he encontrado jamás.

- Oh, Dios -digo en un suspiro.

- Y parece ser el mismo asesino.

- Pues vaya.

Me llevo la mano a la frente e intento reorganizar mis ideas. Pero la vibración de mi móvil me lo impide. Lo saco de mi bolsillo y miro el número. Es el de Hightower.

- Lo que me faltaba -descuelgo-. Un momento, jefa.

Me pongo el teléfono en el hombro, tapando el auricular. La cara de sorpresa de Rigsby me hace sonreír levemente. No se esperaba que le diera prioridad a él en vez de a Hightower.

- Vé con Cho y Frank, a ver si podéis averiguar de una vez dónde se hizo el detonante. Cuando lo encontréis vé con Cho al lugar. Llámame si hay algún contratiempo o averiguáis lo que sea.

- De acuerdo.

Sale de la sala a paso veloz. Al mismo tiempo, me llevo el móvil a la oreja de nuevo.

- La escucho.

- ¿Cómo vais?

- Mejor que ayer. Teníamos dos opciones, hemos agotado una y ahora vamos a por la otra.

- Está bien.

- Por cierto, ¿por qué me llama? -pregunto algo desconcertada-. Estoy en el vestíbulo.

- Y yo en una ambulancia de camino al hospital.

- ¿Ambulancia? -me exalto un poco-. ¿Ha pasado algo? ¿Está bien?

- Sí, tranquila. Es sólo que donde estás no puedo ayudar en nada y mi brazo no tiene muy buen aspecto según uno de los médicos, así que...

Hago un suspiro y me calmo. No sabía que experimentaría éste tipo de preocupación por Hightower, aunque si comparo con la situación es normal. Pensar que cada segundo que pasa alguien muere desangrado, a causa del desgaste físico y mental, por claustrofobia u asfixiado bajo los escombros se me pone la piel de gallina, y pensar que puede ser alguien conocido aún más.

- Podría habérmelo dicho y la hubiera llevado yo.

- ¿Y me hubieras llevado tú? Lisbon, ambas sabemos que hay cosas más importantes que un brazo roto -"Cierto" pienso-. Y ya de paso iré a ver a Van Pelt.

- Está bien. Si hay algo nuevo la llamaré a éste número.

- Lisbon -hace una pausa-, ¿le habéis encontrado ya?

Dudo al responder. Me paso la mano libre por la cara tras un leve suspiro.

- No, todavía nada.

- Ten fe, le encontrarán... vivo.

- Eso esperamos todos.

- Mantenme informada.

Y colgó antes de que respondiera. Me sorprende la manera de cambiar de parecer que tiene esta mujer. Primero se queda para vigilarme, luego se marcha sin decirme nada... me recuerda a alguien que yo me sé.

Guardo el móvil y observo a la anciana desde la puerta. A saber qué le estará diciendo al policía. Entro y le digo que se retire. Me siento frente a ella de nuevo y cruzo las manos.

- ¿Cómo se llama?

Me mira no muy convencida, aunque al final da un suspiro y me mira a la cara.

- Me llamo Brenda Hastings.

- ¿Y sus hijos?

- Mi hija, la de la floristería, se llama Rachel y mi hijo Gary.

- Antes ha dicho que su hijo no es un santo. ¿Ha tenido problemas con la ley últimamente?

Se le ve indecisión en el rostro, pero al parecer la anciana hostil se ha transformado en una madre preocupada. Espero a que responda.

- Mi marido falleció hace un año. Gary ha tenido problemas desde entonces. Pero nada de matar a nadie, ni mucho menos. Es sólo que... se juntaba con mala gente.

- ¿Mala gente?

- Sí, ya sabe. Bándalos, delincuentes menores. ¿Sabe a lo que me refiero?

- Sí -"más de lo que cree" pienso desviando un poco la mirada-. ¿Sabe dónde está su hijo ahora?

- No estoy segura, pero debe de estar con su amigo, un tal... Ryan. Se mueven por el centro, aunque su guarida está hacia el oeste.

- ¿La guarida es donde se reúnen?

- E incluso a veces se quedan a dormir. Es un viejo almacén.

- Bien, gracias por todo -me levanto-. Puede irse, pero no se vaya muy lejos. El agente que hay fuera la acompañará.

Ella asiente en modo de aprobación. Salgo rápido de allí y voy a por la máquina de café. Necesito uno urgentemente. Aún alucino. Logramos probar que Michael es inocente y a la vuelta de las esquina lo matan. Esto va más allá de lo que había imaginado, y me temo que todo esto lo haya hecho la misma persona, una persona que va un paso por delante de nosotros. Debo aceptarlo, reconocerlo de una vez. Necesitamos a Jane.


Perdón por tardar. Pruebas, pruebas y más pruebas... ¡estoy de los médicos hasta las narices! ¬¬ éste cap ha sido un trance pasajero, en el próximo pondré (de algún modo u otro) un poco más de acción. ¡Gracias por comentar! :)