Capítulo 17
El Pasado alcanza

El calor de la noche se hacía intenso. Todavía la resolana del verano se sentía en el aire tibio y somnoliento. Jiraiya estaba despierto, y no por el apabullante calor que se cernía a mitad de la despoblada zona de Iwagakure.

Estaba despierto, inquieto y alerta. Esperando… y sabía el porqué.

Naruto Uzumaki se había despertado, con la sabana enredada entre los tobillos y la mente embromada en una serie de imágenes difusas: gente corría a su alrededor, sombras como demonios que se dirigiesen al portal del Averno antes del primer rayo de sol. Alguien gritaba, era una voz femenina, llena de angustia y temor.

Y aquel hombre… eso aun lo recordó casi como si lo hubiese visto de frente, en vez de una simple visión. Un hombre alto, envuelto en una capa de oscuridad y el destello de sus pupilas…

Concéntricas. Grises y concéntricas… como las de aquel hombre…

Nagato.

Las imágenes eran difusas pero aun persistían en su mente, cuando la voz de su viejo maestro rezonó en el vacío de la cámara.

—Una noche inquieta, ¿he muchacho? –musitó Jiraiya, dejando la lámpara de aceite en una de las desvencijadas mesas dispuestas contra una pared.—¿Ocurre algo?

El muchacho rubio se pasó una mano por la frente y por los párpados, para despejarse.

—No, sólo… —bajó levemente la voz, dudoso y aun somnoliento—… ése sueño. Ésas personas… las que…

Jiraiya alzó levemente una mano, en señal de pausa.

—Creo que es momento de que te cuente una historia, muchacho…

—¿Sobre quienes son aquellas sombras que veo o… el sujeto de los ojos raros?

Jiraiya rió suavemente en la desfalleciente luz del crepúsculo.

—Su nombre era Yahiko. –enunció el hombre de platinados cabellos. Naruto le contempló sin entender. Jiraiya se aclaró la garganta—Aquel a quien presientes ver entre sueños, el mismo que aparece en los registros de cazadores de la Franja de los Reinos, el sucesor de Nagato. Fue mi alumno… claro, que ha pasado mucho tiempo desde entonces, muchacho… y hasta ahora, sólo recuerdo una constante en él, que fue muy similar a Nagato.

— ¿Qué era?

—Su cólera -respondió Jiraiya— Yahiko siempre estaba encolerizado. Le encolerizaba los ataques que esas bestias provocaban en los poblados… la propia aldea de Amegakure fue escenario del devastador ataque de una manada, supuestamente descendiente de Madara en ese entonces… Yahiko perdió a sus padres a causa de ello. Tenía un pésimo carácter y se desesperaba con facilidad. Pero era un cazador nato. Inteligente… y peligroso si perdía el control.

Extendió el brazo y se subió la manga de la camisa para mostrarme los resecos y nudosos tendones que se marcaban bajo la superficie de su brillante y nudosa piel.

Una cicatriz descendía desde el codo hasta la muñeca, donde finalmente desaparecía.

—Esto fue un recuerdo de la última cacería que lideró… —dijo Jiraiya—. Habíamos capturado a shukaku. Tres días en vela, buscando a esa bestia sarnosa… Yahiko se había adelantado a revisar las trampas… perdimos a doce hombres en aquella incursión. Cuando llegué, el muchacho era el único en pie… totalmente enloquecido, eso si.

Naruto miró la vieja cicatriz, fascinado, comprendiendo que si parecía un rasguño era porque aquel joven brazo de veinte años se había ido convirtiendo a lo largo de los años en el flaco y brillante brazo de anciano que estaba mirando ahora.

Una herida que había sido un horrible surco borboteando sangre se había ido alargando hasta convertirse en esta plateada progresión de marcas que semejaban los peldaños de una escalera de mano. La herida se había cerrado pero la cicatriz se había.. extendido.

Un terrible estremecimiento recorrió el cuerpo de Naruto Uzumaki. Pensó en aquel hombre llamado Pain, gritando roncamente al escuadrón de cazadores. Y esa mirada de odio que solía clavar en él…

Jiraiya le estaba mirando. Naruto no supo que vió en su cara, pero volvió a bajarse lentamente la manga, y cuando la abrochó de nuevo sobre aquella cicatriz, era como si hubiese corrido la cortina sobre un pasado casi insoportable.

—Lideró el escuadrón de Amegakure porque era un excelente rastreador. Podía seguir la pista de aquellas bestias casi como si pensase como ellas.

Jiraiya se inclinó hacia delante.

—Pero esa destreza era sólo otro manantial que alimentaba su cólera. Y estuvo permanentemente encolerizado hasta que lo nombraron sucesor de Nagato.

Calló de nuevo. Su silencio tenía una calidad morbosa.

—…Entonces, lideró el ataque al bosque de Konohagakure, en otoño… —Le miró serenamente... pero sus ojos eran oscuros y acongojados—…el mismo otoño en que naciste, Naruto…

0—

El viento de la tormenta había amainado pero no la lluvia. Seguía cayendo, provocando un sordo estertor en la alta torre del palacio blanco.

—Un pésimo clima para cazar… —resolló Kakashi, emergiendo de la penumbra del umbral con silencioso aplomo. Espetó un bufido aletargado, casi como un bostezo—Pero Itachi no entiende. A veces es igual de necio que su hermano.

Sakura despegó su atención del exterior, donde las sendas gotas de lluvia empapaban el cristal del enmohecido ventanal.

—Sensei…

El pequeño bulto acomodado junto a ella, se movió levemente. Satoshi, echo un ovillo dormitaba apaciblemente entre las mantas. Dio un corto respingo y volvió a dormirse. Sakura pasó una mano por sus negros cabellos.

—Por lo menos ya no tiene fiebre. –musitó ella.

Kakashi, asintió afablemente, sentándose a un lado de su alumna. Su único ojo visible contemplaba al pequeño niño.

—Ha habido temporadas peores. –dijo con aire casi ausente.—Lo superará. Han pasado tres meses… casi cumplirá el primer año. Eso es mucha ventaja.

Sakura pareció asentir, con una sonrisa casi difusa. El brillo de sus ojos jade destelló en un ápice de duda.

—Itachi decía, que es el segundo cachorro que sobrevive más del año. –dijo lentamente.

Aquello venía rondando en su mente desde la primavera, cuando casi Satoshi sucumbía ante su primer transformación.

Kakashi centró su atención en la joven. Una nube de recuerdo cubrió su semblante.

—El segundo… en casi veinte años. –respondió con voz calmada y profunda—. El primero, fue un meztizo… hijo de una humana y de mi maestro…

Se quedó pensativo un momento.

—Minato Namikase…

—0—

Jiraiya calló. Naruto esperaba.

—Eso fue lo único que tu madre dijo, antes de morir. El nombre de aquel hombre que te había engendrado, era Minato Namikase. Según sé, y por los registros de los cazadores liderados por Yahiko en aquella noche de "purificación Divina", pereció en el bosque. Pero nunca encontraron su cuerpo.

Naruto arqueó las cejas al oír esto.

—¿Era un aldeano o… una de esas "cosas"?

Jiraiya se encogió de hombros como diciendo que ya sabía que era un solemne disparate.

—No lo sé, muchacho… en serio. Tu madre, Kushina Uzumaki, no dijo nada más que su nombre; y el nombre que quería para ti.

Un gélido estremecimiento le dio a Naruto en la nuca.

Mi madre… ¿aquella mujer a la que he oído gritar entre sueños? ¿Era… ella?

—¿Humana? –dijo de pronto, saliendo de su ensimismamiento.—¿Ella era humana, verdad?

Jiraiya asintió.

—Ese año, Yahiko había convocado una nueva legión de cazadores, todos rezagados de las fuerzas militares de Ame. Puros pobres diablos que harían lo que fuese por una hogaza de pan y un techo sobre sus cabezas, asi fuese el de una maltrecha tienda de campaña. –masculló Jiraiya—… y no se que condenado don tenía Yahiko para convencer a tanta gente, pero lo hizo. Al caer de septiembre, tomaron el área este del bosque… para inicio de octubre, se habían cargado toda la zona central, en un incendio que provocó la ira del gobierno del mismo Hokage… hasta el Kazekage intervino porque colindaba con la frontera de Suna.

—¿Hiciste algo? Yahiko era tu alumno a fin de cuentas, ´tebayó…

De nuevo aquel silencio, como si se preguntase cuánto debía contarle al muchacho, o cómo separar lo que sabía de sus especulaciones.

—Hubiera querido, y lo hubiera hecho si estuviese en mis posibilidades, pero me habían llamado para una misión hasta Yukigakure… para cuando llegué, la mitad del bosque estaba en cenizas, y lo único que encontraron, fueron los restos…

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—…del Palacio Blanco. –la voz de Kakashi se había tornado severa, susurrando pero segura de sí. Su voz tonante de maestro, solo nivelado a tono de murmullo—Todo lo demás del bosque, casi desapareció… y mi maestro, con ello.

Sakura abrió la boca y volvió a cerrarla. El estertor de la lluvia ahora se había tornado una llovizna suave.

—¿Y la mujer? ¿Logró escapar?

Kakashi suspiró.

—Le perdí el rastro a Minato-sensei cuando la horda de cazadores rodearon los flancos del palacio blanco.—Kakashi siguió hablando muy despacio, pasando de una palabra a otra como pasara la víspera sobre las ondulaciones del recuerdo.—…Obito aun estaba vivo, y él, más que nadie en la manada le había dicho a mi sensei que era una pésima idea traer a una humana a nuestro territorio… siguió diciéndolo aun cuando los cazadores llegaron. El hijo que aquella mujer había parido no tenía más de dos semanas, y estaba perfectamente sano, pese al mismo problema a la hora del parto…

—…también venía de pie —musitó Sakura, hablando más consigo misma que con Kakashi.

—Sí… aunque era humana y no podía transformarse para menguar el dolor ni curarse por el cambio. Minato había decidido hacerla parte de la manada una vez que el niño naciese, pero las cosas tomaron otro rumbo… los cazadores, el incendio… los mismos problemas entre la manada a causa de la compañera de Minato-sensei… Pero supongo que en parte, así fue mejor.

Kakashi se dirigió a Sakura con una mirada que parecía increíblemente vieja y cansada. Se irguió, aun contemplando a los brillantes orbes de la joven en medio de la oscuridad de la cámara.

—Todo tiene su tiempo, que hay tiempo de plantar y tiempo de cosechar, tiempo de herir y tiempo de curar, tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas. Un negativo para cada positivo. Así que si en la vida de la manada, hubo una época de "re estructuración"… todos lo supimos. Algunas veces… la muerte es lo mejor.

Pero en el fondo de su mente subsistía una especulación, como un leve destello que no acababa de apagarse.

—0—

—Los cuerpos carbonizados que encontraron en el bosque, eran todos de lobos, al menos los que quedaron reconocibles… Esa fue también la última vez que vi a Yahiko. –Jiraiya movió la cabeza y ahogó una tos seca con la palma de la mano.—Pain, bueno… lo conocí ocho años después, mientras tu estabas bajo el mando de Ibiki. Tal vez no lo conosca lo suficiente. Pero no es como Yahiko, al menos no en ese aspecto tan rabioso.

Naruto de pasó una mano por la sien, deseoso de hablar pero calló el comentario. Lo que iba a decir hubiera sonado mal, muy mal, y hubiera sido cruel: "Viejo, el tipejo podría ser el mismo Yahiko y tu ni te has dado cuenta".

—Y eso es todo, creo yo —dijo Jiraiya—. Se me acabó la cuerda.

—¿Puedo hacerte sólo otra pregunta? —preguntó Naruto.

—Adelante.

—¿Ha nacido algún ser, mitad humano y mitad… como esas bestias?

El brazo de Jiraiya se movió convulsivamente, cayeron al suelo dos vasos de vidrio y uno se rompió.

—¡Por Kamisama! —exclamó—. ¡No! ¡Ni pensarlo! ¡De esas cosas ni se habla, muchacho!

—Era simple curiosidad —dijo Naruto, violento.

—Hay cosas que es mejor no tocar ni por curiosidad —enunció Jiraiya, y por primera vez, Naruto Uzumaki lo vio realmente anciano y desvalido, como si estuviera al borde de su propia tumba recién abierta.

Y después, ya en su alcoba, Naruto reparó en otro matiz del aspecto que tenía Jiraiya en aquel momento.

Daba la impresión de estar mintiendo.

—0—

El día amaneció gris y tormentoso, como la tarde anterior.

Amegakure, el húmedo y tempestuoso país alejado de la protectora Franja de los Reinos, libre de las inquisidoras leyes de las portentosas aldeas como Konoha, Suna o Iwa; era también el escondrijo de sabandijas y mercenarios de poca monta. Un pueblucho miserable, alejado de toda ley y orden, pero que para gusto de aquel hombre, quien había vivido allí desde la inminente guerra de secesión provocada por Konoha hacía doce años, aquel pueblucho miserable se había convertido en lo más cercano a lo que podía llamar hogar.

—Konan-san –llamó él desde la planta inferior.

Una sutil, mustia pero respetuosa afirmación surgió de los labios de una mujer, ataviada con el obligado uniforme de la milicia de Ame. Sus largos cabellos, azules como un cielo de verano, estaban sujetos en un discreto broche de flor. Sus ojos, ambarinos y destellantes se posaron en la silueta de aquel hombre de cabellos naranjas, sentado en el sillón de cuero negro delante del fuego recién avivado.

Las paredes del despacho interior estaban cubiertas de mapas, marcados con flechas y círculos rojos. Algunas flechas habían sido borradas y pintadas de nuevo, y muchos de los círculos habían sido tachados con rayas furiosas. Había más mapas sobre la mesa grande del despacho, y montones de papeles pendientes de ser firmados.

—¿Qué necesita, Pain-sama?

El hombre se levantó, yendo hacia la mesa. Una hoja maltrecha, con un mapa dibujado a pulso apurado señalaba algo, remarcado en un casi inexistente color rojo.

—Aquí. Precisamente aquí. ¿Lo ves?

El hombre golpeó con el dedo índice las notas mal escritas en el trazado.

—Le... ¿le han encontrado ya? —respondió ella, leyendo, casi "traduciendo" los garabateados kanjis escritos por Sasori de la Arena Roja.

El hombre había asentido.

—EL kyuubi… —dijo. Sus intensos ojos grises pestañearon. Un destello de furia que Konan reconoció al instante—¡Lo que quedó de él! ¡Le asesinaron! ¡Le despedazaron, como un vil y maltrecho trapo!

Konan esperó en silencio, contemplando el mapa y la carta, con su ininteligible garabato en ella.

—Alguien lo hizo. Konoha… ferales, posiblemente. ¡Esos malditos bastardos, aun están en el bosque! —siguió diciendo Pain. Cogió un mapa y lo empujó desdeñosamente fuera de la mesa.—¡Ahora todo el plan se ha ido directo al demonio!

Konan no dijo nada. Las mejillas de Pain se estaban poniendo coloradas y sus ojos parecían casi platinados y húmedos, lo cual era mala señal.

—¡Envié a Deidara y Sasori en su búsqueda y lo único que trajeron fue el despojo de una garra! ¿Sabes a quien se lo arrebataron? –fue una pregunta retórica—A un trampero, solo por la simple razón de que nadie se atreve a entrar a ese endemoniado bosque —Pestañeó de nuevo, y ella vio que volvía la comprensión como una fría luz—. Konoha oculta algo, y no me detendré hasta saber que es —añadió, con una mirada significativa a la mujer.

Ésta pareció asentir, casi obligadamente; sin embargo, sabía que había parte del argumento que ella sabía que era primordial y que estaba más allá del cabo suelto del kyuubi. Miró de reojo una de las anotaciones, hechas con la cuidada caligrafía de Pain. La tomó, y le dirigió una seña difusa al proclamado líder.

—Sin embargo, Pain-sama… Kyuubi sólo era una pieza extra en la estrategia, ¿no había dicho, que sólo sería un peón en el campo de batalla?, El primordial objetivo era…

—Un licántropo –espetó el hombre. Su voz profunda resonó. Sus ojos enarcaban un funesto jadeo. Una ira interna—La bestia que razona… la infernal e indeseable comunión de lo civilizado y lo salvaje…

Más allá de las paredes, en la apagada ciudad de Ame, sonó un viento de tormenta. Alguien había llamado a la puerta y Konan abrió. Un hombre de facciones ocultas tras el velo de una mal doblada máscara que cubría su boca, entró. El brillo de sus ojos, de un incipiente verde oscuro, casi musgoso, destelló con artera mesura.

—Pain-sama –enunció con una voz torva. Como si las cuerdas vocales estuviesen llenas de tierra—Tenemos las coordenadas. Esperamos sus órdenes.

Pain lanzó un hosco gemido de afirmación y miró el mapa que sostenía el hombre. Pequeños círculos rojos en el área aledaña a Konohagakure mostraban bolsas de divisiones cercadas.

Miró el calendario, los días de marzo, entre la confusión de encima de su mesa.

—Estamos en verano.

—¿Quiero que enviemos allí otras dos divisiones blindadas?

Pain tocó uno de los puntos de presión, a cientos de kilómetros de distancia.

—No. Es muy pronto… y Jiraiya sospecharía. Esperaremos… necesitaré un equipo completo. Armas… y una estrategia que no termine como la de hace veinte años. Se que aun sobrevivieron algunos bastardos. Se que se esconden en ese bosque…

—¿Seis meses entonces?

Pain negó.

—Un año. Esperaremos un año, asi podré ganarme la confianza del aprendiz del viejo u usarlo a mi favor. Un años, antes de que el invierno azote el bosque.

—Sí, Pain-sama.

Pain cerró los ojos unos segundos, olvió a abrirlos y miró al comandante.

— El sacrificio parece un tema muy popular estos días.

—No sabría decirlo, Pain-sama. —musitó Kakuzu. Los ojos de Pain le ponían nervioso; eran firmes y penetrantes, y tenían una energía que le hacían sentirse flojo como un trapo.

Éste volvió su atención lívida a los mapas y las notas. Un suspiro atávico escapó de sus labios.

—Yo si que lo sé. Sacrificio… —dijo solemne—…el amor genera sacrificio, lo cual genera odio. La espada de la justicia de Dios es el sacrificio… y yo, la blandiré por Él.

El brillo de sus ojos se intensificó. Pain sentenció, en un mustio eco hueco, con aquel tono profundo, soberbio e intimidante. La voz de un inquisidor.

—Yo seré ése Dios.

Continuará

N/A:

Bien, finalmente actualizado... y BIENVENIDOS A LA RECTA FINAL... de esta temporada. n.n