Veo que nadie se esperaba la continuación de esta historia xD ¡y no os culpo! :$ pero que no cunda el pánico, va a haber un final para este drama, aún no sé cómo ni cuando, pero no temáis que habrá uno :) y ahora, ¡sigamos!
Cap. 11: Operación Desastre.
Todos estamos en posición. Los SWAT se han posicionado alrededor de la casa mientras que Cho, Rigsby y yo nos disponemos a echar la puerta abajo cuando recibamos la orden.
- ¡Sabemos que estáis ahí dentro! -me asusta levemente la voz del megáfono-. ¡Estáis rodeados! ¡Dejad las armas y salid con las manos en la nuca!
Pero su gratificante respuesta me asusta aún más. Un pálpito me hace tirarme al suelo de inmediato, pues al parecer mi instinto de supervivencia se ha agudizado desde que toda esta pesadilla comenzó. Los asaltantes han abierto fuego tal y como dejaba de hablar mi compañero, destrozando con sus ametralladoras todo lo que encontraban a su paso. El caos se apodera del momento y todo pasa muy rápido. Todos intentan echarse al suelo sin ser alcanzados, algunos lo consiguen, otros los oigo caer. Entre el ruido de las ametralladoras y las contínuas ráfagas de luz logro desentenderme del ataque de pánico y levantar la vista. Han alcanzado a dos SWAT y tres agentes, pero por suerte los demás no han abierto fuego puesto que podrían darnos. Con tanto humo es difícil ver nada, por lo que son inteligentes y esperan a que se les acabe la munición. Gracias a Dios aún hay academias en las que les enseñan algo decente.
Al fin dejan de disparar y desaparecen inmediatamente de la ventana. No esperamos ni un segundo, entramos dando un portazo con los dedos temblando por apretar el gatillo. Vemos como se mueven sus sombras, lo que me va a ayudar a cogerlos por sorpresa. Ya son míos. Sin embargo, cuando me decido a ir tras uno de ellos oigo como el jefe de equipo de los SWAT da la orden de abrir fuego.
- ¡Esperad! -grito al instante.
Nada que hacer. Empiezan a disparar como locos hasta que le doy un golpe en el brazo al jefe de escuadrión, haciéndole bajar el arma de repente.
- ¿Se ha vuelto loca?
- ¡Si les mata nada habrá sido útil!
- Dos de mis subordinados han sido alcanzados.
- Y tres agentes van de camino al hospital.
La velocidad con la que hemos discutimos me sorprende hasta a mí, que me callo al darme cuenta de que estamos en medio de una operación.
- ¡Rigsby, Cho, proteged a esos payasos!
Ambos asienten sabiendo que me refiero a los periodistas. Al mismo tiempo me giro rápidamente, levantando el arma otra vez sin perder más tiempo, avanzando a grandes zancadas pero siempre con cuidado. Oigo de repente a alguien gritar, corto, seco, y luego una caída. Sigo avanzando con decisión y noto como el jefe del escuadrón SWAT me sigue de cerca. Oigo un motor; no me lo pienso. Con el arma en alto me planto en la puerta.
- ¡Quietos, no os mováis!
Uno de los hombres está arrancando la moto mientras que el otro está en el suelo con la mano en la cabeza, aturdido.
- ¡Baja ahora mismo de esa...!
- ¡Motocicleta por el lado este!
Pero el aviso del jefe del equipo no llega a tiempo. El hombre de la motocicleta acaba de partir la pared mugrienta de madera podrida, pasando por encima de los agentes que se encuentran en ese sector. Me quedo sin saber qué hacer por un instante, pero veo cómo el otro hombre, ya recuperado, intenta fugarse o atacarme, pero no doy tiempo para descubrir cuál de las dos opciones y le apunto directamente a la cabeza a medio metro de distancia.
- Mueve un sólo músculo y estás muerto.
El hombre me mira a los ojos al instante y se queda como paralizado, pero de repente se ríe en mi cara el muy cabrón. Odio cuando hacen eso. Uno de los agentes SWAT se acerca y su jefe le ordena esposarlo mientras que él mismo se dirige hacia el gran agujero en la pared.
- ¿Estáis todos bien? -oigo que pergunta asomándose.
Guardo mi pistola y recupero el aliento. Con todo lo que llevo encima sólo me faltaba un poco de adrenalina extra. Logro bajar mis pulsaciones respirando hondo, y es entonces cuando me doy cuenta. ¿Dónde están Cho y Rigsby? De repente la imagen del tiroteo asalta mi mente. No dejo tan siquiera que mi imaginación se ponga a trabajar que salgo corriendo, deshaciendo el camino que había hecho para llegar hasta el garaje. Salgo disparada por la puerta y freno en seco, buscándoles con la mirada. Lo primero que veo, en cambio, son los agentes locales ayudando a los agentes SWAT a salir de los escombros y a levantarse, aunque algunos sencillamente no pueden. Pero no sé por qué me da totalmente igual lo que les haya podido pasar, primero debo averiguar qué ha pasado con el resto de mi equipo.
Bajo la mirada; hay sangre en el suelo, cerca de la posición en la que se encontraba Cho. Cierro los ojos. ¿Es que van a ir cayendo uno por uno todos los miembros de mi equipo?
- ¡Jefa!
La voz de Rigsby me hace alzar la mirada al instante. Me llama la atención aireando las manos desde la carretera, haciéndome señas para que baje. Le hago caso y bajo rápidamente las escaleras del porche hacia la calle.
- Jefa -repite ya enfrente de mí-, los periodistas...
- Por favor dime que no han hecho nada -me adelanto autocontrolándome tanto como puedo.
- No es eso, un coche ha aparecido de repente por retaguardia y ha abierto fuego contra todos nosotros.
Mi rostro cambia por compelto.
- ¿Están...? -insinúo con total asombro.
- No -me responde casi tan asombrado como yo.
Supongo que no se esperaría esa respuesta. Pongo las manos en jarras y le dejo hablar.
- Tuvimos que ponernos a cubierto de inmediato. Bueno, todos menos el director, que pretendía seguir grabando... aún suerte que Cho ha tenido bueos reflejos para cubrirlo, pero ha recibido un impacto en el brazo -cierro los ojos reprimiendo las ganas de ir yo misma a por Marvin-. Está en la ambulancia -me dice señalando-, pero se pondrá bien.
- Aún suerte. ¿Y los otros dos?
- El director y la presentadora están bien, pero el cámara...
- ¿Qué? -pregunto con ansia.
- Intentamos impedirlo pero se lo han llevado.
- ¡¿Qué?! -exclamo dejando caer los brazos-. ¿Quién? ¿Por qué? -pregunto ya casi fuera de mis cabales.
- No lo sabemos. Opuso resistencia pero lo único que logró fue tumbar el trípode y cargarse el objetivo de la cámara. Le va a costar un pastón reparar eso.
Cierro los ojos de nuevo mientras me giro hacia un lado intentando pensar. Cada vez entiendo menos todo lo que está pasando. Vuelvo frente a Rigsby y cojo aire.
- Está bien, por ahora ve con Cho y quédate con él. De los periodistas me encargo yo.
- De acuerdo, jefa.
Y mientras se aleja de mí empiezo a caminar lentamente hacia la calzada, observando de nuevo mi alrededor. Pero entonces veo a dos agentes SWAT llevando al sospechoso esposado hacia su furgoneta, lo que me hace buscar instintivamente al jefe del escuadrón con la mirada. Justo acaba de salir de la casa, así que me acerco rápidamente hacia él.
- ¿Qué cree que está haciendo? -pregunto con un tono más sarcástico que interrogativo.
- Seguir con el protocolo -dice sin tan siquiera mirarme-. Venga, chicos, empaquetadlo.
- ¡Un momento! -lo paro al instante cogiéndole del brazo, haciéndole girar hacia mí en el acto-. Está bajo custodia.
- Es nuestro detenido -me explica sin más-, nos lo llevamos.
Mi grado de indignación no puede ser más alto, apenas puedo articular palabra.
- ¿Cómo que os lo lleváis? Es nuestro, yo lo reducí, además de que el CBI tiene prioridad en el caso.
- Mire, nos llamaron y hemos hecho nuestra faena, además de que las esposas son de los SWAT -me dice esta última frase con una sonrisa-. Si tiene algo que reclamar, por favor, presente una queja formal por escrito -y pasa por delante de mi cara sin que pueda hacer nada al respecto-. ¡Nos vamos!
Le sigo con la mirada con la boca abierta hasta que se sube en la furgoneta y cierra la puerta con fuerza. Nunca jamás había alucinado tanto en toda mi carrera. Cierto que no es el primer cretino con el que me encuentro, pero ¿ahora? Es decir, ¿en serio?
Me llevo las manos a la cabeza y miro a mi alrededor hasta encontrar la ambulancia en la que Rigsby está sentado, hablando con un Cho claramente cabreado mientras le están curando la herida. Al menos alguien se siente como yo, aunque las razones no sean exactamente las mismas. Dejo caer mis brazos, abandonando mi enfado y sustituyéndolo por frustración. Me quito el chaleco antibalas de un tirón y lo dejo caer en el suelo. Total, tampoco es mío.
Resiguiendo con la vista la caótica situación y el estado en el que ha quedado el edificio, llego hasta donde están mis compañeros de nuevo, ésta vez para unirme a ellos. Cho intenta levantarse al verme llegar, pero tanto el médico como Rigsby se lo impiden a la vez que se lo prohibo desde lejos. Le conozco demasiado bien para saber que odia estar en desnivel, aunque sea por necesidad.
- Estoy bien -dice aún en un tono agresivo.
- Lo sé -digo contra todo pronóstico-, por eso tienes que dejar que te curen y volver al trabajo.
Cho me escruta con la mirada pero finalmente desiste. Rigsby y yo nos miramos un segundo y luego miramos al médico, quien está terminando con el vendaje.
- Ha tenido suerte de que la bala no tocara el hueso y atravesara el brazo. Se ha ahorrado una operación, amigo -le dice ahora a Cho, quien tan sólo hace una ligera mueca.
Oir eso me reconforta un poco. Ante tanto desquicio una buena noticia, por pequeña que sea, siempre es bienvenida. Sin embargo, los momentos felices no duran eternamente. Justo entonces veo cómo Marvin se nos acerca por detrás seguido por Sarah, la presentadora, quien parece estar en shock.
- Perdone -dice Marvin con una voz quebradiza-, sé que no es buen momento pero, ¿cree que habría la posibilidad de mandar la cámara a la cadena para que extrayesen el vídeo? -me dice mostrándome la cámara rota entre sus manos.
Mi primera reacción en este momento es darle el puñetazo más fuerte de la historia que ningún boxeador hubiese podido igualar jamás, pero antes de efectuar el golpe me detengo en seco gracias a Rigsby, quien le ha dado antes que yo.
- Efectivamente, no es un buen momento -dice Rigsby-. Disculpa -me dice ahora a mí.
Y se va con los otros agentes locales a grandes y rápidas zancadas. Totalmente anonadada, me giro hacia Cho, quien también amaga una leve sonrisa. Ahora me doy realmente cuenta de lo bien que les he enseñado.
