Cap. 12 - La buena estrella

De vuelta en el CBI, consigo que le den una bolsa de hielo al pesado de Marvin, que no ha dejado de quejarse en todo el trayecto. Pero esto se ha acabado. Tengo muy claro lo que voy a hacer con él y su compañera: las celdas son el único lugar en el que podré librarme de él y de que a la vez esté en un lugar seguro.

Le cojo fuertemente del brazo y le arrastro hacia las escaleras, seguidos de cerca por Sarah, quien parece ser la única persona capaz de seguir mis órdenes. Sin embargo, tan siqueira el camino hacia el sótano puede ser tranquilo...

- Venga, mujer -me dice Marvin quitándole importancia-, ¡no fue mi culpa!

- Uno de mis agentes está herido y su propio cámara ha sido secuestrado en nuestras propias narices porque tuvieron que hacerle de niñera -digo sin detenerme-, ¿y tiene la cara dura de decirme que no es culpa suya?

- Fue un accidente, yo simplemente...

Cada palabra que dice este hombre me pone enferma. No aflojo el paso en ningún momento, es más, a cada palabra que suelta más hundo mis uñas en su brazo, acelerando cada vez más el paso.

- Oiga, me está haciendo daño.

- Y usted me está volviendo loca -llegamos por fin al final de las escaleras-; la vida de su cámara está en juego y no tengo tiempo para sus tonterías de niño pequeño -me detengo delante de una de las celdas vacías-. Ya es hora de que deje de comportarse como un crío. Guardia, abra esta celda, por favor.

- ¡¿Cómo?! -exclama al darse cuenta de cual es mi intención, y logra soltarse el brazo de mí, por ahora-. ¿No cree que se está pasando?

- Creo que estoy siendo más bien generosa.

- ¿Y no hay otra opción?

- Claro, es esto o una bala en la cabeza, elija.

- Yo elijo la celda -dice Sarah levantando la mano tímidamente.

Marvin y yo nos giramos hacia ella en un silencio sepulcral. "Rubias..." pienso al instante, anunque no digo nada, igual que Marvin. Entonces la puerta de la celda, al fin, se abre.

- Escuche, podemos llegar a un acuerdo. ¿Qué quiere?

- Que me deje hacer mi trabajo.

- De acuerdo, ¿más primeros planos? Con esos ojos no habrá problema...

- Entre en la celda, por favor -digo armándome de paciencia.

- ¿Sabía que hay una calle con su nombre? Podríamos hacer la entrevista de la clausura ahí. ¡Sería maravilloso!

- Métase ahí dentro -digo ahora empujándole, aunque no parece importarle.

- "La agente Lisbon concluye el documental con el rótulo de Lisbon Avenue detrás", ¡es perfecto!

- Guardia, cierre la puerta, por favor.

- O podríamos decir que se lo han dedicado por tan espléndido trabajo, ¡eso sí que sería magnífico!

- Me está dando jaqueca... -murmuro llevándome la mano a la cabeza mientras la puerta empieza a cerrarse.

- "La agente Lisbon recibe un honorable regalo de gratitud al complementar con su nombre una de las calles de Sacramento", ¿qué le parece?

- Que me tiene más que harta -la puerta se cierra por completo-, ¡cállese de una maldita vez!

Doy media vuelta y lo dejo ahí, más seco que un palo, mientras que Sarah se lo quedó mirando de reojo. En serio, jamás había conocido a un tío tan plasta. Doy un gran suspiro al tener por fin algo de tranquilidad para mis oídos y me dirijo hacia las escaleras de vuelta a paso ligero, aunque cuando llego al ascensor me relajo una vez le doy al botón. Lo necesito. Sin embargo, nada suecede. Joder, lo había olvidado, y eso que acabo de bajar por las escaleras para traer a ese inepto y su mosquita muerta hasta aquí. "Aunque veníad de la calle por lo que sólo ha sido un piso... Oh, Dios mío, ¡me toca subir cuatro a pie! Definitivamente voy a matar a alguien.

Llego por fin a mi planta. La verdad es que me lo he tomado con filosofía y encanto, pero siento que mi cuerpo va a desactivarse de un momento a otro. Necesito dormir, descansar, reposar, pero simplemente no puedo. Debo encontrar a los fabricantes de la bomba, descubrir quienes son esta gentuza y a lo que nos enfrentamos, y seguir rezando para que los equipos de rescate encuentren a Jane con vida. Pero han pasado tres días y ni rastro... sé que la esperanza es lo último que se pierde, pero a veces hay que ser realista.

- ¡Jefa!

La voz de Rigsby me sienta como un guantazo en medio de la cara. Me detengo y salgo de mi nube al instante mientras me giro hacia él, quien se acerca hacia mí corriendo con el móvil en la mano.

- Los SWAT nos lo han dado.

- ¿El qué?

- Al sospechoso -dice con una sonrisa-. Los de arriba les han obligado a hacerlo. Tenemos prioridad, ¿recuerdas?

- ¿En serio? -pregunto retóricamente incrédula-. Al fin algo bueno -digo realmente contenta.

- Justo ahora está entrando en el edificio -dice guardándose el móvil-. Ah, y Cho está de camino.

- ¿Tan rápido?

- Ya sabes que odia estar de brazos cruzados -me responde Rigsby comenzando a andar hacia atrás sin perder esa sonrisa reluciente con la que había venido.

- Bien, muchas gracias Rigs. Mete al sospechoso en la sala de interrogatorios dos y me avisas cuando esté listo.

- Pero, jefa -se detiene-, la uno también está libre y está más cerca.

- Ya, pero prefiero la dos. ¿Te parece bien?

Me mira un tanto extrañado pero reacciona de inmediato-: Por supuesto -me dice aún sonriendo.

Y se va casi corriendo hacia las escaleras. Lo sigo con la mirada y no puedo evitar sonreír. "Parece un crío" pienso nostálgica, me recuerda a alguien que yo me sé. Sigo mi ruta hacia mi despacho y cierro la puerta tras entrar en él. Pero me paro en la puerta y observo, y me doy cuenta de que es la primera vez que observo mi despacho detenidamente desde que me lo dieron. La verdad es que cuando Rigsby me dijo eso no pensé, sólo lo dije: "prefiero la dos". Esas palabras retumban en mi cabeza. Siempre que he hecho un interrogatorio en esa sala he sacado la pista crucial para cerrar el caso... bueno, más bien la sacaba Jane. No lo entiendo, a medida que pasa el tiempo no me lo puedo quitar de la cabeza.

- ¿Dónde estarás? -pregunto al aire con los ojos llorosos.

Me llevo la mano a la boca para aguantar las ganas de llorar. Parece que las cosas empiezan a ir bien, ¿por qué me desmorono ahora? Esto se me está yendo de las manos...

"Basta" una voz se me impone. Cierto, así no soluciono nada. He aguantado hasta ahora y no voy a rendirme. Debo detener a estos bastardos y seguir teniendo fe. Me llevo la mano al colgante y no puedo evitar pensar en mi madre. Sin embargo, un impulso me sale del corazón y cierro los ojos mientras aprieto la cruz entre mis manos.

- Mamá, sabes que nunca te pido nada, pero ahora realmente te necesito. Yo seguiré con mi trabajo, pero tú debes proteger a Jane hasta que le encuentre. Sé que está vivo, lo sé -abro los ojos-. Confío en tí.

No sabría explicarlo, pero una fuerza interior me hace retomar las riendas de la situación. Me seco bien los ojos para no dejar ningún rastro y miro al frente. Sé muy bien lo que voy a hacer.

Justo entonces alguien toca a mi puerta. Es Rigsby, quien me hace señales desde el otro lado del cristal. Abro la puerta de mi despacho a la vez que él extiende su brazo.

- Los informes de los SWAT. Han logrado indentificarle.

- Está bien, ahora voy.

Rigsby asienta con firmeza y se va. Abro el expediente, miro la foto y seguidamente la aparto para poder leer su ficha. Tras un vistazo rápido cierro el archivo de golpe y salgo de mi despacho a paso firme. Empieza el espectáculo.

Llego hasta la puerta y veo cómo Rigsby se mete en la salita de trás del cristal. Giro la cabeza hacia el sospechoso, está de espaldas a mí. Respiro hondo cerrando los ojos y los abro con decisión. Este tío tiene las respuestas que necesito, estoy segura, y no voy a perder la oportunidad. Le echo una mirada de reojo al número 2 y entro en la sala con firmeza. Es un chico joven, pelo corto, castaño, ojos marrones, y parece listo, muy listo, quizás demasiado, lo que está a mi favor. Noto su mirada siguiendo mis movimentos hasta que me siento delante de él y pongo el expediente en la mesa, pero sin abrirlo. Le miro a los ojos mientras junto las manos; tiene un buen golpe en la cabeza, seguramente del mamporro que le dio su supuesto compañero con el casco de la moto.

- Bandalismo a los 14, robo a mano armada a las 16, dos años en el reformatorio, conducción temeraria a los 20, posesión de drogas a los 23, te pillaron conduciendo ebrio dos veces a los 25... -le digo mirándole a los ojos casi sin pestañear-. Te has ido superando, Derek, realmente estoy impresionada.

- Y aún sigo esperando el premio al mejor ciudadano del año -me dice con sarcasmo, también sin pestañear-, vaya Gobierno, ¿eh?

Me espero unos segundos sin dejar de mirarle para ver qué hace, y tal y como me esperaba me mantiene la mirada sin vacilar, por lo que decido mostrarle las fotos de los cadáveres de Dyana Hodge y Michael Feather. Las pongo encima de la mesa, pero él las mira como si nada.

- ¿Les conoces?

- ¿Están muertos?

"No, están así por falta de pigmento, capullo" es la primera bordería que se me ocurre soltarle ante tal obviedad. Pero yo no soy Jane, así que, ante todo, profesionalidad.

- Sí -respondo sin más-, ¿les conoces, Derek?

Duda unos instantes-. No.

- ¿No? -me fijo en su mirada y le acerco la foto de Michael-. ¿Estás seguro?

Efectivamente, aparta la foto de un arrebato y mira hacia la pared.

- A él sí, a la chica no -vuelve a mirarme-, pero yo no le maté.

Miro la foto en el suelo con cierta satisfacción y vuelvo a mi postura inicial.

- Me temo que con que me lo digas no va a ser suficiente para que te crea -levanta la cabeza de nuevo y me mira, ahora desafiante-. ¿Por qué huías?

- ¿Bromea? -me dice realmente sorprendido-, toda la casa estaba rodeada, ¿cómo coño quiere que no intentase huir?

- Si se supone que no has hecho nada malo no tendrías razón alguna para...

- Yo no he dicho que no haya hecho nada malo -dice cortándome la frase a la vez que aparta la mirada de nuevo.

- Dices que no le mataste pero que le conces, ¿de qué?

Me mira dubitativo, pero no me responde, se limita a observarme del mismo modo que lo hago yo. Lo que me sorprende es que aún no haya cruado los brazos, está muy seguro de sí mismo, algo que debo cambiar, de lo contrario no hablará.

- Está bien -digo recogiendo la foto del suelo-. Entre haber salido a la fuga y haber abierto fuego contra la policía calculo que te caerán unos diez años -la vuelvo a meter en el expediente junto con la foto de Dyana Hodge y lo cierro, levantándome de la silla al mismo tiempo-, y si le sumamos un doble asesinato en primer grado, créeme, si te caen veinte serán generosos -pongo bien la silla y veo cómo se pone nervioso, sin apartar la vista de mí-, pero eh, podrás añadirle un nuevo status a tu currículum.

Empiezo a andar hacia la puerta, y justo cuando pongo la mano en el pomo me detiene.

- Espere -me detengo y le miro de reojo-, ¿qué querie saber?

Sonrío antes de girarme y suelto el mango, dirigiéndome de nuevo a la silla, sentándome esta vez sin formalidades.

- Conoces a Michael Feather, ¿de qué?

- Éramos compañeros.

- ¿Compañeros de qué?

- De esto -de repente se levanta la manga del brazo derecho y me muestra un tatuaje, un águila imperial con las alas abiertas que entre las patas lleva un lazo azul-. Todos lo llevamos, es nuestra marca.

- "Wild Eagles" -leo en el lazo azul-. ¿Formas parte de alguna banda o algo así? -digo subiendo la mirada de nuevo a sus ojos.

Pero para mi sorpresa se pone a reír mientras se baja la manga de nuevo.

- ¿Una banda? No, somos mucho más que eso -"Me lo tomaré como un sí", pienso para mis adentros-, somos una familia.

- Pues te recuerdo que un miembro de tu familia te dejó tirado en esa casa, y ese chichón en tu frente -digo refiriéndoome a él con el índice meramente- es la prueba, ambos lo sabemos: te han utilizado, y ahora estás metido en este lío tú solito. Vaya familia, ¿eh? -digo imitando el tono que utilizó al principio.

Eso le ha dolido, lo veo en su mirada, que despega de mis ojos por primera vez. Vamos bien.

- ¿Crees que algún miembro de la banda podría haber matado a Michael?

- No, ni hablar, somos una familia -arqueo una ceja, "¿cómo demonios me dices eso después de lo que te han hecho?" pienso casi indignada, pero veo que él mismo se ha dado cuenta de lo irónico de su situación-, aunque quizás...

Se calla frunciendo el ceño, como si hiciese un repaso de todos los posibles candidatos.

- Necesito un nombre completo, Derek -le digo para que prosiga-, sinó no puedo ayudarte.

- No creo que nadie lo hiciese, pero puede hablar con Gary, Gary Hastings -dice finalmente, y lo anoto de inmediato-. Es uno de los que lleva más tiempo y se llevaba bien con Michael.

- ¿Tienes idea de dónde puede estar?

- No, pero sí sé que su madre tiene una floristería.

Justo en este instante el corazón me da un vuelco y ato cabos al instante. Cierro la libreta y me levanto mientras cojo el expediente y me dirijo hacia lap uerta.

- ¡Eh, oiga! -me detengo y me giro hacia él-. He cooperado, hará que reduzcan mi condena, ¿no?

- No puedo prometer nada pero intentaré que no te carguen el muerto.

Y salgo por la puerta como un rayo, encontrándome con Rigsby saliendo también de la salita.

- Qué ocurrente, jefa -me dice con una sonrisa-. "Que no te carguen el muerto", muy bueno.

En ese momento no entiendo a lo que se refiere, tengo la cabeza en otra parte así que lo paso por alto sin apenas darme cuenta.

- Rigsby, localiza a Brenda Hastings -digo sin dejar de andar.

- ¿Crees que este tal Gary sea su hijo?

- Tiene que serlo.

- De acuerdo, ahora voy a por ella.

- Yo voy a intentar rastrear el móvil del cámara, Frank, a ver si hay suerte.

Nos separamos en el cruce del ascensor, yo hacia mi despacho y él hacia las escaleras, pero una exclamación hace detenerme en seco y girarme hacia él.

- Señora Hastings, ¿qué hace usted aquí?

No puede ser que el destino nos haya ahorrado tanto tiempo. Me acerco casi corriendo, pero me detengo al ver que se trata de su hija, Rachel.

- Es mi hermano -dice con la voz entrecortada-, lleva dos días sin aparecer por casa y ya no sabía adónde ir con todo este caos...

Rigsby y yo nos miramos. Definitivamente está implicado, y la banda entera también. Tan sólo espero que cuando le encontremos podamos llevárnoslo esposado, y no en una bolsa para cadáveres...