Bueno, el siguiente capítulo será el último. Siento haberos hecho sufrir pero como prometí ésta historia tendrá su final como las demás, que os guste o no ya... jeje
Este es más largo que los anteriores, espero que os guste. No os distraigo más, ¡a disfrutar!
Cap. 15 - Al borde del abismo
Ya tengo a mi equipo de cinco hombres más Rigsby, a quien he ordenado que me consiga un chaleco y que espere en la entrada principal. Antes de salir debo ocuparme de dos personas personalmente para que me dejen cerrar el caso como es debido. En parte me gustaría que estuviesen ahí para grabarlo todo, pero mi última experiencia con cámaras en campo abierto no es muy buena así que prefiero alejarlos lo máximo posible, y se me ha ocurrido el modo perfecto.
Bajo de nuevo las escaleras hasta la primera planta y empiezo a buscar en cada una de las salas de descanso hasta encontrar a un viejo amigo leyendo en la sala de reuniones.
- Perdona, George, ¿estás muy ocupado?
- Pues no -levanta la vista-, la verdad es que bastante aburrido -dice cerrando la revista-. ¿Necesitas algo?
- Pues sí, un pequeño favor -se levanta y se acerca hacia mí-. Los periodistas están aquí para reportar toda la historia del terremoto, pero no han grabado nada fuera de las instalaciones del CBI -"mentirosa" me autocastigo.
- Entiendo -se apoya en el marco de cristal-. ¿Y quieres que los saque de paseo? -me dice con una sonrisa haciéndose el interesante, lo que también me hace sonreír.
- Yo ahora tengo trabajo con un caso y me preguntaba si podrías...
- Llevarles de paseo para que jueguen un rato -dice cruzando los brazos sin perder esa sonrisa, aún bromeando.
- Veo que te caen tan bien como a mí.
- No sabes cuanto -me dice con una leve carcajada.
- Tan sólo dales una vuelta por la ciudad para que tomen imágenes y reporten lo que tengan que documentar y hagan, ya sabes, cosas de periodistas.
Me mira con una media sonrisa y deja caer los brazos.
- Vete tranquila, me encargaré de ellos.
- Gracias, George -empiezo a andar hacia la salida a paso ligero-, eres el mejor.
- Lo sé, pero me sigues debiendo un almuerzo.
- Lo sé, pero lo veo complicado teniendo en cuenta la situación -alzo la voz para que me pueda oír.
Oigo su risa y levanto la mano a modo de despedida. Entramos en el cuerpo más o menos en la misma época, y siempre me he llevado genial con él. Lástima que pueda verle tan pocas veces. Salgo afuera y me encuentro con Rigsby, quien se está terminando de abrochar el chaleco antibalas.
- Cuando quieras, jefa -me pasa mi chaleco-. Estamos listos.
- Bien, gracias -lo cojo-. Rigs, adelántate tú con el equipo y subid a los coches. Yo enseguida voy.
- De acuerdo.
Rigsby hace una señal con la cabeza a los cuatro agentes para que le sigan mientras yo me pongo e chaleco y busco a Marvin y Sarah con la mirada. Ahí están, y parecen tener una conversación bastante banal. Suspiro y me armo de paciencia antes de comenzar a caminar hacia Marvin, quien al verme acercar hacia él vestida para la acción no puede evitar que los ojos le brillen como a un niño en Navidad.
- ¿Una nueva misión, agente Lisbon? -me pregunta esperando que un gran SI salga de mi boca, y, como no, no le voy a decepcionar.
- Sí, así es -Marvin no puede evitar dar un brinco de alegría-. Pero te recuerdo -me mira de inmediato- que estáis aquí para reportar el terremoto, no los casos del CBI.
- Sí, ya, bueno, podría decirse que va en el lote... ¿no? -me dice no muy convencido, suponiéndose que no iba a salirse con la suya.
Miro hacia atrás y veo que George está cruzando ya el aparcamiento. Me giro de nuevo hacia ellos con una sonrisa; "ahora veréis" pienso maliciosamente.
- Pues lamento comuncarle que se equivoca -justo llega George-. Este es el agente George Turner, y ya que tengo trabajo que hacer, el agente Turner estará encantado de llevarles a donde quieran para grabar, documentar o hacer lo que sea que hagan.
- Pe-pero, agente Lisbon... -Marvin no encuentra palabras-. Fuimos asignados a su unidad...
- Y puesto que mi unidad está escasa de efectivos -digo mirando esta vez a Sarah, quien se siente realmente incómoda- el agente Turner forma ahora parte de ella.
La sonrisa con la que les acabo de contestar no podría ser mayor; una sonrisa de suma satisfacción al conseguir por fin quitármelos de encima. Sigo mi camino mientras escucho como Marvin intenta pasar sobre George para ir tras de mí; pobre ingenuo. Llego hasta el coche donde me espera Rigsby con el motor en marcha. Él sabe manejarse rápido sobre el asfalto, así que dejaré que conduzca él por esta vez. Pisa el acelerador, pone la sirena y salimos los tres coches a toda prisa por la puerta, dejando un mar de miradas detrás nuestro como si de una película se tratara.
Pisándole a fondo no hemos tardado ni veinte minutos, aunque conducir con las carreteras agrietadas no es tarea fácil. Llegamos a la zona que me indicó Cho, pero no nos queda otra que pararnos.
- Ahí va -digo mirando lo que hay justo delante.
La carretera se ha undido por completo unos quince metros acorde con lo que alcanza a ver mi vista.
- Hay que rodearlo -me dice Rigsby.
- Ya, ¿ves algún sitio viable?
Tras unos segundos me señala con la mirada-. Sí, ahí.
Un saliente que llegaba hasta zona segura recorría la fachada sur de uno de los almacenes. El coche es ancho, pero creo que sí que podremos pasar. Preferiría dejar los coches aquí para no tener que lidiar con este riesgo innecesario pero no hay tiempo y el almacén parece ser de los últimos. Así pues, con la máxima precaución y tras avisar a los dos coches que completan el convoy, procedemos a bordear la enorme brecha que se abre ante nosotros.
- Con cuidado, Rigs -no puedo evitar repetirle una y otra vez-, despacio.
- Lo intento.
No puedo despegar los ojos de la ventanilla. Si caemos no hay manera de volver a subir, en suposición de no quedar aplastados por el coche o el hormigón. Finalmente logramos pasar los tres coches sin problemas. Con las sirenas apagadas, aparcamos justo delante del almacén. Salimos del coche y cogemos el equipo, pero aún así busco una señal que me confirme que estamos donde debemos estar. Doy un leve rodeo al edificio y justo veo una gran W con una gran ágila en el medio.
- Aquí es -comunico por radio-. Prepararos, vamos a entrar.
Con señales nos divido en dos grupos, dos agentes con Rigsby y dos conmigo. Dejo al artificiero de apoyo por si a caso. Nos colocamos ambos equipos en posición, uno a cada lado de la enorme puerta de hierro corredera. Les hago señas para que la abran, lo que causa un ligero estruendo de lo pesada que es. Justo entonces el corazón me da un salto. Es el mismo ruido que escuché antes de que se cortase la llamada; alguien llamó desde aquí. Pero sacudo la cabeza y me centro en lo que ahora nos concierne. Entro con el arma en alto seguida de mi equipo de dos agentes.
- ¡Policía, todo el mundo al suelo! -grito para avisar de nuestra llegada, siguiendo el protocolo.
Pero para mi sorpresa no hay más que cajas y una zona apartada al fondo con un sofá, un televisor y una mesa con chatarra en la que hay un hombre soldando. Rigsby se pone a mi lado mientras los otros agentes se despliegan por todo el almacén.
- ¡Al suelo, ya! -le ordeno con toda la autoridad de la que soy capaz.
El hombre se gira de repente; parece que no nos había oido hasta entonces. Me doy cuenta de que lleva unas orejeras industriales puestas. Muevo el arma sin dejar de apuntarle indicándole que deje lo que está haciendo. Suelta en seguida el soplete y levanta las manos. Lleva una máscara protectora así que no se le ve la cara.
- ¡Despejado!
- ¡Despejado!
- No hay nadie más, señora -me avisan finalmente.
- Bien -me centro en el sujeto que tengo delante-. Rigsby -le hago una señal con la cabeza para que le espose.
Mantengo el arma en alto hasta que Rigsby lo arrodilla y le pone las esposas. Entonces me acerco yo y le quito las orejeras y la máscara.
- ¿Tú? -no puedo evitar sorprenderme.
- ¿Frank? -alucina también Rigsby.
Pero el muy capullo tan sólo se limita a sonreír. Me fijo entonces en lo que estaba soldando, y me doy cuenta de que era un dispositivo con cargas de C4.
- ¿Fuiste tú quien colocó la bomba en el CBI?
- No diré nada sin la presencia de un abogado -me dice con el tono más arrogante que he oído en mi vida.
En este momento las ganas de matarle rebosan mis límites. Sabíamos que estaba implicado, ¿pero cómo se atrevió a hacer eso? ¡Y delante de mis propias narices! Me sigue mirando a los ojos con esa estúpida sonrisa. Aprieto los labios con fuerza y de la rabia le doy un golpe con mi derecha, que resulta ser en la que llevo la pistola. Sin querer le he dado con la culata del arma, a lo que me quedo yo misma sorprendida. No pretendía agredirle de tal forma. Queda tendido en el suelo, inmóvil, por lo que Rigsby le mira y luego me mira a mí.
- ¿Crees que le he matado? -es lo primero que se me ocurre preguntar.
Pero un quejido seguido de un grito de dolor me da la respuesta.
- Desgraciadamente, no -me responde mientras se agacha para cogerle de la camiseta-. Vamos, arriba.
- ¡Me las vas a pagar, zorra de mierda!
- Que te calles -Rigsby lo coge por el cuello de la camiseta con fuerza-. ¿O quieres que te dé otra vez?
Frank me mira con desprecio mientras que Rigsby lo hace con una ligera sonrisa. Por dentro sonrío también, pero me limito a decirle que se lo lleve. Guardo la pistola tras limpiarla un poco y le doy un vistazo al lugar con las manos en la cintura.
- Agente Lisbon -me llama uno de los agentes-. Hemos encontrado más cargas de C4.
- ¿Dónde?
- Esas cajas de ahí están llenas -me dice señalando-. El artificiero las está inspeccionando.
- Que pida refuerzos si necesita más efectivos.
- De acuerdo -pero antes de irse se detiene un instante-. Señora, si me lo permite -le presto mi atención-. Aún suerte que hemos encontrado este lugar. Sea lo que sea lo que planeaban, iba a ser algo grande.
- Querían subir de status y qué mejor momento que este... -razono en voz alta-. Bien, peinad la zona, recoged pruebas que impliquen a la banda y etiquetad todo lo que encontréis hasta que lleguen los efectivos de la policía de Sacramento.
- A la orden.
Salgo fuera del edificio y le echo un vistazo. "Tiene que haber algún teléfono cerca" pienso encaprichada aún en esa llamada. "Quizás quien me llamó fue un miembro de la banda, o incluso Gary" razono acercándome a la esquina norte de la fachada. Y justo, una cabina telefónica. Sin embargo, antes de poder acercarme Rigsby me llama.
- Ya le he metido en el coche, pero está muy cabreado.
- Que se fastidie, yo también lo estoy.
- ¿Nos lo llevamos a la brigada?
- Ve tirando tú, yo me quedaré por aquí para supervisar todo esto.
Creo que no he sonado lo suficientemente convincente, pero aún así acata mi orden y se va, no sin antes mirarme de esa forma habitual suya, como si quisiera decirme que vaya con cuidado. Espero a que se suba en el coche y me quedo mirando con las manos en los bolsillos. Justo entonces mi teléfonno suena de nuevo. Es Van Pelt.
- Van Pelt, hola.
- Jefa, he econtrado a Gary Hastings -mi cara se ilumina-, pero no está herido, está con otro hombre en la sala de espera. Quizás están aquí por el hombre al que alcanzó Cho -deduce muy ábil-, otro miembro de la banda, el que recogió al cámara.
- Seguramente. ¿Cómo es el otro chico?
- Alto, pelo castaño oscuro y corto, ojos verdes... Sobre los treinta.
- Tiene que ser Ryan Matthews -deduzco al escuchar su descripción.
- Parecen estar preocpados, incluso alterados. Más Matthews que Gary, quien parece estar disculpándose -me describe con cierto disimulo; deduzco que no estará muy lejos de ellos.
- Hay una orden de desaparición a nombre de Gary pero no sé si la de detención contra Matthews estará ya oficialmente. Llama a Cho y confírmalo. Si te dice que sí, tienes luz verde para detenerles a ambos y...
Pero entonces un echo me hace dejar de hablar para darle toda mi atención.
- ¿Jefa?
- ¿Pero qué...?
Veo cómo el coche de Rigsby da un giro repentino hacia la izquierda y se endereza un instante para seguir haciendo eses.
- Van Pelt, habla con Cho y luego ocúpate de los otros dos.
- ¿Qué sucede, Lisbon? -me pregunta asustada.
No contesto y cuelgo el teléfono. No puedo despegar los ojos del coche de Rigsby, el cual se dirige a toda velocidad haciendo curvas hacia la fosa de hormigón que hemos pasado antes.
- A que se ha desatado el muy hijo de...
Empiezo a correr con todas mis fuerzas aún pese a llevar el chaleco encima. Corro y corro y corro, pero parece como si no avanzanse nada. "Van a caer" pienso al ver que el coche sigue su trayectora de serpiente, "¡Van a caer!".
- ¡Rigsby! -empiezo a gritar-. ¡Sal del coche! ¡Salta!
Sé que no puede oírme pero la ansiedad me obliga a gritar. Sigo corriendo tan rápido como puedo. Finalmente el coche gira a tiempo, pero va tan rápido que vuelca hacia donde me temía.
- ¡No! -se me corta la respiración por un instante pero aprieto el paso de nuevo-. Mierda... ¡Rigsby!
