Antes de nada, perdón por las faltas ortográficas del capítulo anterior. No lo revisé por falta de tiempo. Como dije, este es el último episodio. Dejad vuestros comentarios para saber si os ha gustado pese al graaan agujero negro que dejé casi tres años atrás. Muchas gracias por leer mis alocadas y rebuscadas historias, espero veros pronto en otra de ellas ;)

Y sin más dilación... ¡empezamos!


Cap. 16 - Cuando se cierra una puerta, otra se abre

Todo ha sucedido tan rápido que tan siquiera recuerdo cómo hemos llegado a esta situación. Parpadeo mientras cojo aire por la boca. Siento dolor, dolor en mis rodillas, pero no puedo moverme; la vida de Rigsby cuelga literalmente de mis manos. Aún no sé cómo he conseguido llegar hasta él a tiempo. Logró saltar del coche justo antes de caer al vacío y quedó colgando de una barra de hierro, dándome el tiempo justo para llegar hasta él. Ahora soy su único sustento a la vida y se aferra con fuerza. No le culpo.

He conseguido cogerle pero pesa demasiado para que yo sola pueda subirle. Él me tiene cogida por los brazos y yo a él por el chaleco. Las manos nos sudan a ambos... Mierda, ¡se me está resbalando! No, no pienso permitirlo. Hemos pasado por mucho para terminar así. Me duele demasiado así que suelto su chaleco para agarrarle de los brazos. Al notarse suelto por un instante se ha agarrado con más fuerza, y ahora la que resbala soy yo. Noto cómo las rodillas empiezan a deslizarse sobre la grava del asfalto levantado... y me duele.

- ¡Lisbon! -me grita Rigsby-. Tus rodillas...

- ¡Lo sé! -me adelanto-. ¡No es nada! -miento con convicción-. Tú céntrate en subir, ¿vale? -me asiente como puede-. ¿Ves algún lugar donde apoyarte?

Mira para ambos lados desesperadamente, lo que nos hace mover a ambos y no puedo evitar hacer una mueca de dolor. No obstante, Rigsby está tan agobiado que ni repara en ello; en parte, mejor.

- ¡No veo ninguno!

- Tiene que haber algún saliente donde poder agarrarte -clavo los dedos en su camisa-, algún hierro o trozo de hormigón -resbalo unos centímetros más y no puedo evitar gemir de dolor-. ¡Vamos, Rigsby, no sé cuanto más podré aguantar!

Veo cómo observa ahora con más atención. Parece que al fin empieza a escucharme.

- ¡Sí, sí, ahí hay un saliente!

- ¿Puedes aclanzarlo?

- Creo que sí, pero tengo que impulsarme -me dice con suma preocupación.

Impulsarse dice... el problema está en que yo pueda aguantarlo. Pese a mis dudas asiento con la cabeza firmemente e intento clavarme en el sitio tanto como puedo pese a que las rodillas me están matando.

- Cuando diga tres, saltas -empiezo a balancearlo como puedo-. Una... Dos... -cojo impulso-. ¡Tres!

Y entonces todo sucedió muy rá balanceé con todas mis fuerzas para que pudiese llegar al saliente y cogerse a la barandilla de hierro; soltó mis manos a la vez que mis rodillas resbalaron del todo y entonces escucho cómo acaba de rasgarse el pantalón mientras veo un ligero rastro de sangre, mi sangre. Noto cómo me despego del suelo y automáticamente mis brazos se abren ante el vacío por instinto, pero no hay nada donde agarrarme. Mis rodillas ya no tocan la grava y siento el viento tras mi nuca. No obstante, un repentino golpe en el estómago me hace retroceder en el acto, tirándome con fuerza de vuelta hacia la carretera agrietada.

Caigo de espaldas y ruedo un par de metros, pero la caída no ha sido contra el suelo; alguien me ha cogido y ha amortiguado el primer golpe. Tras pasar sobre aquella persona debido a la inercia caigo finalmente boca abajo, pero de cara hacia la enorme grieta por donde se acaba de despeñar el coche con Frank dentro, el cual supongo que habrá muerto. Me cuesta ajustar la visa pero entonces reparo en algo: lo que he sentido antes no era un golpe, eran dos manos unidas tirando de mí para evitar una muerte segura. Sea quien sea, me ha salvado la vida.

Levanto la cabeza como puedo; pese a salvarme la vida la verdad es que me ha dolido bastante. Me pongo la mano en el estómago tras toser un poco y luego intento incorporarme lo antes posible. Quiero saber quién ha sido la persona que me ha salvado.

- ¿Pero qué...? No puede ser...

Cuando se levanta lo hace de cara a mí, y el muy desgraciado aún se atreve a dedicarme su mejor sonrisa mientras me saluda con una mano y se lleva la otra al muslo de la pierna derecha. Es nada más y nada menos que el imbécil al que he estado buscando desde hace una semana, el cretino que me ha tenido durante siete días y siete noches sin apenas dormir ni comer, el idiota que se ha atrevido a reaparecer salvándome la vida... Es él, finalmente he encontrado a Patrick Jane, aunque más bien es él quien me ha encontrado a mí.

Me quedo estupefacta en el sitio, ya de pue, mirándole e intentando recuperar el aliento después de recibir esta descargar de pura adrenalina. Él, por el contrario, me sigue mirando con una sonrisa de oreja a oreja. Sencillamente no sé cómo reaccionar, pero tengo muy claro lo primero que voy a hacer.

empiezo a andar hacia él tan rápido como puedo, y veo que él responde del mismo modo, pero va cojo, apenas puede dar dos pasos cuando yo ya he dado seis. Decide esperarme en el sitio sin perder la sonrisa, estirándome su mano izquierda. Cuando por fin llego hasta él aprovecho la carrerilla para abalanzarme sobre él y darle... el mayor puñetazo que le han dado en toda su vida. Cae directo al suelo y yo me arrepiento al instante sólo por haberme hecho polvo la mano y sus respectivos nudillos.

- ¿Te has vuelto loca? -me pregunta desde el suelo con la mano en la boca-. ¿A qué ha venido eso?

- ¿Y encima tienes la santísima vergüenza de preguntármelo? -le grito con todas mis fuerzas.

Nos miramos a los ojos un instante pero aparto la mirada de inmediato. Maldita sea, ahora me dan ganas de llorar, aunque no sé si de rabia o de alivio.

- Lisbon... Lo siento -me dice realmente arrepentido-, sé que debería haberte avisado de algún modo.

- ¿Deberías? -repito con el cabreo más grande que recuerdo haber tenido-. Deberías no, ¡tenías que haberme dicho algo! ¿Tienes la menor idea de todo lo que me has hecho pasar?

- Te llamé pero las líneas...

- ¡Hay otros modos de avisar a la gente! Y más siendo tú, señor Mentalista, seguro se te habría ocurrido algún modo, ¡maldito cretino!

Con dificultad logra incorporarse y ponerse en pie delante de mí por sí solo, porque si esperaba mi ayuda lo tiene claro. Me mira sin saber muy bien qué decir, parece algo confuso con mi reacción. Le miro a los ojos aún muy enfadada, irritada, furiosa, cabreada... y, sin saber porque, las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas sin que yo tan siquiera parpadee. Es ahí cuando me doy cuenta de lo mucho que le he echado de menos.

- Lisbon... Perdóname. Estuve dos días inmóvil, tuve la gran suerte de encontrar a alguien con nociones de enfermería y más adelante de encontrar un televisor que medio funcionase. Vi que estabas bien, que todos lo estabais, así que me centré en mi situación y en ayudar a quienes pude.

- ¿Por qué me cuentas todo esto? -pregunto aún llorando como una niña pequeña plantificada delante de él, quien me mira sin entender muy bien a qué venía esa pregunta-. Lo único que quería era saber que estabas vivo.

Parece que por fin lo ha entendido. La diferencia entre ambos es que él sabía que yo estaba bien, él tenía esa tranquilidad, yo no. Baja la mirada y se queda callado. Reflexiono entonces, "creo que me he pasado" pienso durante un instante, pero antes de poder disculparme me encuentro pegada a su cuerpo.

- Lo siento... lo siento muchísimo...

Me abraza con tanta fuerza que me duele, pero no me importa. Simplemente me limito a llorar en su hombro... y a abrazarle. No estoy segura pero diría que él también ha derramado alguna lágrima. Pero no diré nada, no ahora que le tengo sano y salvo, ahora que sé que está bien. Separa su pecho para mirarme a la cara; sí, tiene los ojos rojos. Pone sus manos sobre mis mejillas y seca mis lágrimas con los pulgares, aunque sigo llorando sin decir nada. No diré nada, tan sólo me dejaré llevar por una vez. Empiezo a cerrar los ojos al ver que se acerca a mí con la misma intención. Noto su nariz contra la mía y seguidamente sus labios en los m...

- Esto... ¿hola? ¿Lisbon?

La voz de Rigsby nos hace abrir los ojos justo cuando el sentido común vuelve a mí y la cabeza se impone de nuevo al corazón. Me echo hacia atrás en el último instante, a lo que Jane me mira con cara de "¿qué ha sido eso?". Pongo los ojos como platos al darme cuenta: ¡se me había olvidado que Rigsby sigue ahí abajo!

- Oh, Dios mío -digo al acordarme-. ¡Rigsby sigue atrapado! -le explico a Jane como si fuese la cosa más obvia del mundo.

Empiezo a caminar hacia la brecha de hormigón a paso ligero.

- ¿Y qué hace Rigsby en una grieta de hormigón a más de quince metros del suelo? -me pregunta Jane siguiéndome tras de mí a la pata coja.

- ¿Hay alguien ahí? -sigue preguntando Rigsby tan alto como alcanza su voz.

- ¡Sí, Rigsby, tranquilo! -me asomo-. Te sacaremos de ahí.

- Gracias a Dios...

Jane se asoma a mi lado-. Hombre, Wayne -le saluda con un leve gesto-. ¿Cómo has terminado ahí abajo?

- ¡Jane! -del susto casi se cae.

Pero entonces se me ocurre exactamente la misma pregunta.

- Es verdad -me giro hacia él y él hace lo mismo-, ¿cómo narices has terminado tú aquí? -gira los ojos hacia un lado sin mover la cabeza, como hace cuando está maquinando una respuesta rápida-. Estábamos en la cafetería cuando comenzó el terremoto.

- Pues... es una larga historia.

Le miro con cara de "no tienes remedio" mientras mis labios dibujan una sonrisa inconscientemente.


Dos meses después...

"Sacramento ya vuelve a estar en pleno funcionamiento. Aún se están reconstruyendo varias zonas de la ciudad, pero las principales vías hace semanas que son perfectamente viables. La gente aún está conmocionada, quién no, pero saldremos adelante, de eso no tengo duda.

Respecto al caso, está cerrado y archivado. Ryan Matthews fue detenido por Van Pelt. ¿Los cargos? Asesinar a Dyana Hodge y Michael Feather. ¿Motivo? Amor. Se ve que él y Gary Hastings estaban liados, Dyana iba a contárselo a su hermana y Michael fue un cabo suelto a resolver. Estaban en el hospital esperando a su compañero Ethan Hawks. Él conseguía los explosivos y conducía el coche en la fuga de Frank, quien disfruta de una fabulosa estancia en la cárcel. Ah, y con la ayuda de Jane logré desembucharle el motivo (sin pegarle, que conste, aunque me hubiese encantado tras escuchar la razón por la que lo hicieron). Pusieron la bomba para intentar matarme a mí y al equipo, que éramos quienes llevaban el caso de Dyana Hodge, y así los de arriba apartarían el caso para centrarse en el supuesto ataque terrorista que había atentado contra los heridos y cuerpos de rescate sin escrúpulos. De este modo la banda quedaría libre sin sentencia alguna y todo quedaría olvidado. Qué hijos de la gran... en fin.

Gary está cumpliendo con su condena mediante servicios sociales, pero también está reconstruyendo la relación con su familia, algo de lo que me alegro bastante. Si no estás bien contigo mismo jamás lo estarás con quienes te rodean, así que supongo que éste es el primer paso para su redención. Aparte, el equipo marcha bien. Pedimos refuerzos y no tardaron en sacar a Rigsby del agujero. Van Pelt ya está de vuelta y Cho hace semanas que vuelve a lucir ambos brazos, aunque dudo mucho que con el permiso explícito del médico.

Respecto a mí al fin puedo verme sin magulladuras, heridas, moratones u otro tipo de sucedáneo que cause dolor, aunque... bueno, las cosas han cambiado un poco en la oficina. Dos días después de encontrar a Jane le fuí a buscar al hospital porque allí no lo aguantaban más, y puesto que no podía conducir con la pierna así me lo llevé a casa. Y pese a las circunstancias... no hicimos nada. Yo seguí mi rutina y él se dedicó a toquetearme todas mis cosas, algo que por cierto es sumamente molesto. Aún así debo reconocer que es agradable la sensación de llegar a casa y tener a alguien que te esté esperando simplemente para hablar de cómo ha ido el día, y en mi caso pelearme por cualquier tontería. Aunque no debemos de estar tan mal porque ya que hace casi tres semanas que ha dejado las mueltas y aún sigue en mi casa... No te voy a mentir: sí, terminamos lo que empezamos, aunque no estoy tan segura de haber terminado nada, más bien diría que lo empezamos. Supongo que a la larga todo se reduce a eso, cuando una cosa termina, otra empieza."

- Lisbon -oigo una voz tras de mí-. ¿Aún sigues con ese diario?

- Si no me dejas tranquila difícilmente podré terminarlo algún día -digo en un tono molesto sin tan siquiera girarme.

- Pues sigue con él después, tenemos que irnos.

- ¿Adónde? -miro el reloj de mi escritorio-. Son las nueve de la noche.

- Siempre con tantas preguntas...

Se acerca a mí, me coge de la muñeca y me levanta de la silla como si fuese una muñeca de trapo. Pero antes de poder decir nada me besa con fuerza. Se separa de mí y me mira a los ojos, aún sin haber podido reaccionar.

- Nos vamos a cenar fuera. Tienes cinco minutos para arreglarte.

Y se va tal como había venido. Me quedo mirando la puerta un instante para luego analizar lo que acaba de pasar. Sacudo finalmente la cabeza restándole importancia; no es la primera vez que lo hace. Pongo una rodilla sobre la silla y cojo el bolígrafo de nuevo. "Así es Patrick Jane" sigo redactando, "tan imprevisible como un huevo kinder, la diferencia sería que en ellos te puede tocar cualquier cosa, y de Patrick tan sólo puede tocarte lo bueno." Cierro el librito y pongo el bolígrafo encima. Suspiro. "Sí, soy una chica afortunada" pienso con una leve sonrisa.

- ¿Te estás vistiendo? -me grita desde el piso de abajo.

- ¡Que ya voy!

"Pero a este paso terminaré soltera otra vez y en la cárcel por estrangular a un miembro de la brigada..."

FIN


Reviews? :)