Aquí les traigo el segundo capítulo que espero les guste.
Como en su sueño los pasillos se cernían ante su persona, solo que esta vez una pareja iba tras él caminando acelerados haciendo sonido hueco de sus pisadas en el lugar, algunas miradas se posaban en ellos con desaprobación, otras apenadas como si esa carrera les indicara que los jóvenes venían por una mala noticia. Una mano se hizo presente en el hombro del moreno consiguiendo que parase en seco y sus acompañantes hicieron lo mismo mirando al hombre de cabellos blancos y barba de tres días del mismo color, aquel señor portaba una carpeta color café que contrarrestaba con el blanco de su vestimenta.
-Señorito Marsh, las clases están a punto de comenzar, no debería estar aquí hasta las diez de la mañana que comienzan sus prácticas.- El hombre se mostraba algo extrañado de tener a su alumno más avanzado en el hospital a esas horas. -¿Ha ocurrido algo?-
-Señor Anderson… yo… Las clases…- Comenzó a hablar entorpecido por el acumulo de sentimientos y agotamiento de la carrera que tuvo que emprender desde la facultad hacia el hospital. Tomó una bocanada de aire dispuesto a retomar la charla para dar una explicación de por qué ese día faltaría a clase. –Uno de mis amigos está ingresado… Sé que eso no justifica una falta pero hoy no asistiré a clase, puede que pase por las prácticas, pero lo dudo, lo siento.-
El adulto negó con una mano restándole importancia al asunto palmeando de nuevo el hombro del joven.
-No pasa nada, yo justificaré tu falta personalmente, espero poder ver personalmente a tu amigo, tal vez podrías ayudarme con sus revisiones, eso te tendría más tiempo aquí, pero tal vez el acompañarle le haga sentirse mejor.-
-Gracias, muchas gracias señor Anderson.- Stan aceptó aquella propuesta asintiendo con la cabeza volviendo a correr por los pasillos buscando la habitación.
-Has tenido suerte hippy.- Murmuró Cartman corriendo de nuevo al lado de su amigo, sus profesores no eran tan comprensibles, pero quería atribuir esa compasión por las cosas que veían los médicos que un profesor de administrativas no veía. –La doscientos cuatro.- Aclaró al percibir la perdida mirada del de ojos azules.
La susodicha puerta se abrió antes de que llegasen a alcanzarla dejando salir a un joven castaño de estatura media con la mejilla izquierda manchada de aceite de coche seguido de una chica con un tono de cabello similar al del chico que sujetaba su mano entrelazando sus dígitos e intentaba animarle al parecer con buenos resultados pues el muchacho sonrió dando un ligero brillo de esperanza a sus ojos azules. El trío paró en seco de nuevo para no chocar con aquellos dos que se fijaron en su presencia en ese mismo instante.
-¡Joder!- Se quejó Cartman que chocó contra la espalda de Stan mirando por encima de su hombros a Kevin y Shelly que salían de la habitación que ocupaba su amigo.
-Hola chicos, están dentro.- Murmuró Kevin echando un vistazo al lugar del que había salido y luego al hermano menor de su novia, la cual para no variar su costumbre miraba a todos con mala cara. –Nos vemos luego.- Al ver que los más pequeños asentían retomó la marcha. El mayor de los Mccormick era el encargado de los ingresos familiares, por ello mismo no podía permanecer mucho tiempo en el hospital y tenía que volver al trabajo siendo acompañado por la mal humorada de Shelly que de seguro ese día saltaría todas las clases para dar apoyo a su pareja.
Segundos después de ver como se marchaban entraron en la habitación observando a varios de sus amigos más cercanos y los familiares del rubio alrededor de la cama, pero entre los encontrados allí había un chico sentado en una de las esquinas que no se esperaba hallar, aun así la atención de Marsh fue directa a un rostro más pálido de lo habitual con el cabello rubio revuelto y los ojos cansados, sonriéndole con amplitud demostrando la felicidad de ver allí a los recién llegados.
-¡Stan!- Comenzó a toser cubriéndose la boca sin perder esa alegría que parecía haberle entrado. –Me alegra que esta vez hayas decidido venir.-
Las mejillas del nombrado se sonrojaron al recordar que la última vez que este estuvo empotrado en una de esas frívolas camillas ni siquiera se dignó a visitarle más de una vez.
-Está vez te cansarás de verme.- Aseguró acercándose a un lado de la camilla situándose junto a Karen que sostenía la mano de su hermano entre las suyas sin retirarle la mirada del rostro como si este fuese a desaparecer de su lado si dejaba de mirarlo.
-¡Ey! Pobretón que también he venido a verte.- Chistó el castaño con una sonrisa de superioridad en su rostro.
-Pero contigo hablé hace un rato culón, te preocupas mucho aunque no lo demuestres.- Se burló su amigo de él observando como la pelirroja asentía entre risas ya que había dado en el clavo con aquello.
-¿Stan donde tenías el móvil?- Esta vez fue la voz de Kyle la que irrumpió en la sala fulminando a su amigo con la mirada. Sabía que el moreno podía ser olvidadizo pero ese aparato era lo único que su amigo siempre llevaba con él por si ocurría algo como esto.
-Me lo dejé en casa.- El aludido se pasó una mano por la nuca sintiendo una nueva presión en su otra mano, bajando la mirada para dar con el preocupado rostro de Karen que le dedicó una pequeña sonrisa.
Pasaron las horas hablando de cosas triviales hasta que una pregunta despertó el interés de todos.
-¿Quién te trajo aquí Ken?- La más pequeña de la sala dirigió la mirada a su hermano, este había salido por la mañana hacía la universidad y al rato llamaron diciéndoles que se encontraba en el hospital.
-Trent.- Respondió el rubio mirando al chico que seguía sentado en la esquina sin abrir la boca siendo ahora el centro de atención de todos los presentes.
-¿Qué hacías co…- El judío se vio interrumpido por una enfermera que les pedía salir del cuarto al haberse finalizado la horas de las visitas.
Cuando todos se vieron en el pasillo poco a poco los jóvenes se fueron dispersando hasta dejar a la familia del ingresado y al de ojos zafiros allí parados.
-Nosotros nos marcharemos a casa y volveremos en la tarde.- Anunció el padre de su amigo tomando la mano de su pequeña hija que no dejaba de mirar al moreno.
-¿Qué vas a hacer tú, Stan?- Preguntó la castaña de ojos grises ladeando su rostro para despejarlo de los cabellos que tenía sobre sus orbes.
-Voy a buscar a mi profesor, con suerte hoy daré algunas prácticas y podré estar presente en la revisión de Kenny.-
-¿Sabrás qué tiene mi hermano?- Aquella pregunta sonaba llena de ilusión que se contagió al resto.
-Por supuesto que así será.- Asintió antes de girar sobre sus pies y caminar por el pasillo buscando a sus compañeros que andarían por algunos de los pabellones con el profesor Anderson.
Las horas de explicaciones y visitas a diferentes sectores del hospital eran lentas y llenaban al muchacho de ansias de ir de nuevo a ver a su amigo, tenía ciertas preguntas que hacerle como por qué se hallaba con Trent esa mañana, también se le sumaban las simples ganas de estar a su lado sin nadie molestándole o interrumpiendo la voz del oji azul. Toda aquella acumulación de pensamientos le tenían nervioso y de pronto la voz del conocido señor Anderson le hizo volver al mundo real.
-¿Me acompañará a visitar a su amigo?- Cuestionó con interés el hombre de cabello cano.
-Sí, claro que sí.- No lo dudó ni por un momento, se colocó bien la bata blanca que le hacían llevar siguiendo al doctor por los pasillos para ingresar en una habitación lleno de material especializado y una mesa central donde habían esparcidos infinidad de papeles y posit de distintos colores y tamaños.
-A ver… A ver…- El doctor frunció el ceño mientras buscaba una pequeña carpeta de las que hacía relativamente poco había dejado una enfermera en esa pulida superficie. Sacó los papeles echando una mirada al joven Marsh que se irguió de momento algo sobrecogido y nervioso. –Estás son las pruebas hechas al joven Maccormick.- Murmuró revisando aquello con impoluta seriedad.
-¿Saben que tienen?- Inquirió el menor acercándose unos pasos, lo justo para ver a su profesor fruncir los labios en una mueca más seria de lo que le había visto con anterioridad.
-Esto es delicado señorito Marsh, su amigo tiene cáncer de páncreas.-
Aquellas palabras cayeron sobre el moreno como un balde de agua helada, no percibió cuando sus manos empezaron a temblar a la par de sus labios buscando alguna palabra que indicara que seguía en este mundo. Había estudiado esa enfermedad, como raramente alguien salía de ella, que aletargándola el paciente no tendría más de cinco años de vida, otra vez su amigo se veía al borde de la muerte, si no llegaba a superar aquello que le quedaría en este mundo ¿Cinco años? ¿Menos? Kenny apenas tenía 20 años, y ahora volvía a estar a puerta de la muerte, pero esta vez Stanley sabía que no habría una inmortalidad a la que recurrir y eso le hizo sucumbir allí mismo. Estalló en gritos desesperados dando con un puño en aquella mesa esparramando los papeles por todo el suelo hasta que su mente se vio nublada por una espesa negrura.
Al abrir de nuevo los ojos vio las mismas paredes blancas de la habitación en la que había perdido los nervios, pasó las manos por sus ojos, molesto por la luz de los flexos que colgaban en el techo. Dio un vistazo rápido para ver de nuevo los papeles colocados en orden sobre la mesa y el señor Anderson sentado en una silla tras esta revisando algunos folios.
-¿Ya despiertas?- Los ojos oscuros del hombre se fijaron en el rostro del joven por encima de lo que tenía entre sus manos. –Has sufrido un buen ataque hijo, llevas dos horas dormido, por desgracia te hemos tenido que sedar, por si notas pesadez o algo, es por ello.-
-Lo siento, no quería perder la compostura.- Bajó la cabeza avergonzado sintiéndose observado.
-Es normal, pero no va a seguir usted viendo el avance de su amigo, al menos no a nivel medico.- Guardó silencio por unos segundos. –Entiéndalo.-
-Lo comprendo no se preocupe.-
-Puedes ir a verle, hace poco preguntó por su estado.-
-¿¡Qué!?- Se puso en pie con una velocidad que no creyó posible saliendo de esa estancia para dirigirse a la habitación asignada al rubio.
Entró sosteniéndose el pecho pues el aire había desaparecido de sus pulmones al emprender aquella carrera para llegar a su destino lo más pronto posible. Al abrir la puerta unos ojos azul cielo se posaron en él y tras perderse unos segundos en esos orbes su mirada descendió a una amplia sonrisa que le daba la bienvenida.
-¿Cómo te encuentras?- La pregunta que cruzó la cabeza del azabache fue dicha por el de cabellos rubios que palmeaba a su lado en la cama para que el chico se acercase a su posición.
-Eso te lo debería preguntar yo ¿no?- Inquirió intrigado acercándose y tomando asiento en el pequeño sillón que había situado junto a la cama.
-Yo estoy bien, mejor que esta mañana, pero tú… Stan no deberías preocuparte tanto, sabes que a mí no me va a matar esto, o al menos no para siempre.-
¿Acaso intentaba animarlo de esa forma? Era obvio que Kenny sabía que esta podía ser la única vez que no se libraría de la muerte, que no sería algo temporal, pero él no sabía que su amigo también estaba al tanto de ello, por eso intentaba relajarle con esas palabras.
-Lo sé…- Mintió lo mejor que pudo guardándose el dolor que todo aquello le provocaba. Carraspeó buscando otro tema del cual hablar y no hacer sentir mal al rubio, que ya mostraba en sus facciones algo de desasosiego por el tema que estaban tocando aunque intentaba mantener su sonrisa en los labios en todo momento. -¿Qué hacías esta mañana con Trent?-
-Lo encontré de casualidad… Lleva unos días viviendo aquí en casa de su primo.- Aclaró encogiéndose de hombros como si aquello no tuviese mucha importancia.
-¿Su primo? ¿No estará buscando vengarse?- Stan frunció el ceño mirando seriamente a Kenny esperando una negativa.
-Para nada, ya sabes que su madre se mudó cuando le soltaron la segunda vez, y es casualidad que esté aquí de nuevo, o eso me dijo, su primo es el novio de Butters.-
Los ojos del moreno se abrieron de sobremanera al escuchar eso. -¡Quién lo diría!-
-Eso pensé yo, no se parecen en nada.- Rió el de ojos cielo empequeñeciendo estos en esa acción.
-Bueno mira Kyle y Kyle.- Carcajeó con más ganas llenando la estancia.
Pasaron unas horas hablando animadamente hasta que Kenneth cayó dormido y Marsh volvió a su casa. Semanas pasaron y las visitas del resto fueron menguando a excepción de la familia, Trent y Stan que intentaba pasar junto al rubio todo el tiempo que le era posible. El tiempo seguía avanzando, la imagen del joven Maccormick era cada vez un poco peor ya que adelgazaba y sus huesos ya comenzaban a marcarse en diversas zonas de su cuerpo expuestas por el camisón reglamentario del hospital, pero pese a esa imagen tan deteriorada él nunca perdía la sonrisa, o eso era lo que Stan veía en cada una de sus visitas, una hermosa sonrisa que le hacía creer que superaría esa enfermedad tarde o temprano.
El calendario no dejó de correr los días y ya hacían casi dos meses desde que el chico fue ingresado y seguía allí por una cosa u otra. Esa tarde era una de las pocas que ambos amigos podían compartir solos recordando mejores tiempos, algo que parecía llenarlos de felicidad.
-¿Recuerdas cuando con ocho años te drogabas con pis de gato?- Preguntó el morocho entre risas.
-¡Dios! No me recuerdes eso, que mal estaba, menos mal que os tenía a vosotros.- Comentó animadamente mirando a su mejor amigo, porque pasado el tiempo Stan había mostrado ser su mejor amigo, aparte de otros sentimientos que ninguno de los dos jóvenes admitirían.- Lo que más recuerdo fue aquella noche con doce años.-
Un chico corría por las calles oscuras de South Park cubriéndose con la capucha naranja de su parca, había comenzado a llover y en su casa los gritos de sus padres eran insoportables por lo que había decidido salir en busca de su hermano mayor pues Karen esa noche la pasaba en casa de una de sus amigas. Sus pasos le dirigieron a la casa de la novia de su hermano y uno de sus amigos, con una mano temblorosa por el frío dio algunos golpes para llamar a la puerta.
-¿Quién coño es?- Masculló Shelly de mal humor abriendo la puerta y viendo al chico que la miraba tras ella. –Kevin el mojón de tu hermano.-
El nombrado se acercó a la chica rodeando su cintura con un brazo para ir al encuentro de su hermano menor.
-Pasa mojón.- Obligó la dueña de la casa a que entrara en esta llevando su mirada a las escaleras. -¡Stan idiota está aquí tu amigo!-
-¡Dile que suba!- Gritó desde la parte de arriba de aquella casa consiguiendo que el rubio suspirara arrastrando los pies para subir al dormitorio que tan bien conocía.
Entró en el cuarto tras tocar como aviso en la puerta del mismo siendo observado con asombro por el contrario.
-¡Mi madre! ¡Estás empapado!-
-Que genio…- Rodó los ojos el de cabellos dorados quitándose la parca entre estornudos.
-Quítate todo, te dejaré algo.- Lanzó una toalla a la cabeza del más bajo. –Comienza a secarte.-
Stan rebuscaba entre su armario sacando un pantalón deportivo, una camiseta y una casaca marrón de botones azules y bordes rojos.
-Ten, a mi me va algo pequeña supongo que te entrará, no tienes que devolvérmela.- Comentó sin mucha importancia dejándose caer en la cama.
-¿Me la regalas?- Preguntó un sorprendido Kenny.
-Que genio…- Repitió las palabras de su acompañante con cierta sorna.
-Fue un buen regalo.- Confesó encogiéndose sobre la cama para rodear sus rodillas con los brazos teniendo cuidado con la vía de su brazo derecho.
-Me alegra escucharlo, ¿sabes qué fue para mí un buen regalo?-
-¿El qué?-
-Aquella canción que me enseñaste, ser el único en saberla… Me hace sentir importante.- Su voz sonó en tono de broma y su lengua asomó infantilmente entre sus labios, pero realmente eso le hizo sentir muy importante, e incluso aprendió aquella melodía por completo pues el solo escucharla mentalmente le hacía sentirse al lado del rubio reviviendo el momento.
Las sirenas de la policía sonaban a lo lejos, todos los chicos se habían disipado en distintas direcciones intentando no ser atrapados por los agentes, se habían reunido otra vez para hacer de super héroes y ahora estaban corriendo para ocultarse y no terminar en la cárcel. Se encontraba escondido tras el tronco de un árbol cuando escuchó unos pasos que le pusieron a alerta aguantando la respiración.
-¿Stan?-
-¿Kenny?-
-Sí, también has acabado oculto en el bosque por lo que veo.-
-¿Qué mejor lugar?- Sonrió divertido bajando la mirada a la par que este tomaba asiento a su lado.
-Cierto, no hay mejor lugar, pero tendremos que pasar rato aquí.- El rubio alzó el rostro dejando ver el antifaz negro que cubría la parte superior de su rostro.
-Lo peor es que hace frío.- Se quejó el de mirar azul marino sintiendo como la capa violeta cubría sus hombros brindándole un poco de calor. –Gracias.- Susurró sonrojándose, con la suerte de que la oscuridad no permitía que le viera de esa forma.
-De nada.- Suspiró bajando la cabeza ocultando su rostro entre sus rodillas. –Voy a dejar esto por completo, tengo 15 años, y si quiero proteger a Karen no debería arriesgarme con estas cosas.-
-Tienes razón, hay que dejar esto…- Stanley bajó al igual su cabeza cubriendo sus laterales con las manos.
El silencio repentino entre ambos se vio roto por una ligera melodía que dejó al alto parpadeando varias veces mirando al chico a su lado.
-¿Qué?- Interrumpió su sonata avergonzado por la mirada que el de ojos zafiros ponía en él. –Aprendí opera cuando lo del circo.- Confesó en susurros. –Eres el primero en saberlo.-
-Se te da muy bien ¿qué canción es?-
-Con te partiró.- Respondió ampliando su sonrisa. -¿Quieres que te la enseñe? Aunque no serás tan bueno como yo.- Retó socarrón.
-Está bien.-
Allí pasaron la noche con Kenny mostrando sus facultades de canto y Stan de forma torpe aprendiendo aquella melodía.
-¿La recuerdas?- Kenneth parecía realmente entusiasmado de que fuera así y la respuesta del contrario fue un asentimiento que le hizo inclinarse hacia él posando sus manos en sus hombros. –Cantémosla juntos, por favor.-
-Pe.. Pero…- La mirada de cachorro que le puso le dificultaba el negarse. –Está bien.-
Como en aquella noche la sonata llenó el ambiente sacando a ambos jóvenes unas sonrisas, sin darse apenas cuentas Kenneth atrajo a Stan para que terminara sentado al borde de esta sujetando su mano. Se quedó callado mirando al moreno mientras este seguía emocionado con la canción hasta percatarse de que el otro estaba callado.
-Oye…- Intentó reprenderle pero sus labios se vieron ocupados por los de un rubio de facciones aniñadas. Si dijese que ese beso no le había gustado; mentía. Si decía que no había soñado mil veces con sentir los finos y suaves labios del Kenny; mentía. Pero en ese momento se cortó el contacto.
-Stan estoy enamorado de ti.- Confesó sin separarse mucho de su rostro.
-Y yo de ti.- Los brazos del moreno rodearon el cuerpo menudo del que tenía al lado volviendo a retomar aquel beso, esta vez de forma menos superficial hasta verse interrumpidos por la voz de la enfermera que avisaba del final de tiempo de visitas.
Se puso en pie acariciando el pómulo del rubio sonriendo lleno de felicidad por ese momento dando otro fugaz beso en sus labios. –Vendré a verte mañana.-
Respondiendo a los reviews gracias por las bienvenidas :3 y bueno supongo que las preguntas se irán resolviendo poco a poco según avance la historia y eso~
Y sobre lo de Craig trabajando con Tweek, no sé pero me pareció tierno y cómico ver a esos dos juntos tras la barra XD
