CAPITULO 40

(Pov Judith)

Llene la bañera del baño, una vez llena puse espuma, mucha mucha espuma. A mí me gustaba la espuma. Siempre me había gustado.

Camine hacia troy y comencé a quitar su ropa despacio.

Primero su camisa, luego sus zapatos, luego su pantalón y su boxer haciendo que se quede desnudo completamente. Mordí mi labio y mire hacia mis pies quitando mis ropas frente a sus ojos.

Sentía como Troy me miraba fijamente.

Cuando termine de desnudarme, cogí la mano de Troy y juntos caminamos dentro de la bañera. El se sentó, y yo me senté a horcajadas sobre el.

Acerque mi boca hacia la de el besándolo delicadamente en los labios. El correspondió el beso y llevo sus manos a mi cintura sujetándola.

Acaricie su torso tatuado con mis manos. Acaricie sus tatuajes con las yemas de mis dedos recorriendo cada uno de ellos completamente.

Le bese en la mejilla.

Cogí una espuma y puse gel de baño en ella.

No hacía falta palabras, con solo mirarnos bastaba.

Mordí mi labio y deslice la esponja por unos de sus hombros, para luego deslizar la esponja por el brazo tatuado de troy mientras le llenaba de besos el rostro.

Sonreí como una niña buena y le bese el cuello. Bese su cuello repetidamente.

Sentí la mano de troy acariciando mi espalda.

Lo bese nuevamente en los labios y lo abrace fuerte fuerte por el cuello mientras profundizaba el beso.

(Pov Anny)

Me fui corriendo a mi habitación, quite el vestido de princesa y deje la varita a un lado.

Me puse unos de mis vestidos, era rosa con muchos volados. Me gustaba mucho, puse mis zapatos y cogí mi mochila saliendo corriendo del piso.

Camine sonriendo por las calles mientras llevaba a la biblioteca. El profesor Cayo me había dicho en el e-mail que me había mandado que me esperaba en la biblioteca donde comenzaríamos con nuestro trabajo.

Llegue, y subí saltado las enormes escaleras de la biblioteca.

Entre y camine despacio sin hacer ruidos. Aquí siempre todo era muy silencioso.

Vi al profesor Cayo sentado al final de una gran mesa en la biblioteca.

Su cabello rubio le llegaba hasta los hombros, lo tenía suelto. Sus ojos eran de un azul profundo, y a pesar de estar lejos lo sabía. Tenía unos tatuajes, en sus manos y en su cuello.

Mire a mis pies, y camine despacio hacia allí.

-hola -susurre.

-hola anny -Cayo sonrió.

Me senté en la silla, y lo mire.

-¿por qué ha querido hacer el trabajo conmigo? de nuevo.

-nada de usted, trátame de tu -me contesto él mientras sonreía -fue tus buenas notas anny -

Sonreí mirándolo.

-¿empezamos? -.

Asentí.

-está bien -.