Disclamer: Los personajes son de Stephenie Meyer, solo la historia es mía.

Gracias a Vanessa, Aryam y a Eve por toda la ayuda.

Estamos a unos cuantos capitulos de final, no mas de cuatro capitulos, espero. Gracias es la unica palabra que encuentro para decirles como me siento por todo el apoyo con esta historia.

Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction


Capítulo 26: Mamá.

"No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre."

Jill Churchill

Cuatro semanas habían pasado desde el "Catering gate", así era como Alice había nombrado al episodio de la intoxicación con la comida molecular.

Todo había entrado en una relativa calma, aunque Alice seguía volviéndome loca con los preparativos de la boda, habíamos encontrado un equilibrio.

Después de un pequeño ataque de pánico de mi parte porque según Alice nos faltaban no sé qué cosas… Edward habló conmigo.

Amor, esto se nos está saliendo de las manos —musitó sentándose a mi lado—. Deberían ser momentos felices pero todo esto se ha vuelto estresante. Tenemos que hablar con Alice, o se controla o le quitamos las riendas de nuestra boda. Lo haremos nosotros… si algo sale mal o no, pues… ni modo. Quiero ser feliz en mi boda, no sufrirla y con ello todo el camino. Odio verte enferma. Estresada.

Después de mucho pensarlo hablamos con Alice, y aunque parecía extraño, ella entendió. Edward colocó algunos parámetros en cuanto a preparativos; al principio Alice refunfuñó por ciertos puntos, luego se dio cuenta que Edward podría quitarle la diversión y accedió.

Teníamos ahora nuestros domingos familiares; solo él, Ethan y yo. Salíamos a desayunar, al parque o simplemente nos quedábamos en casa, disfrutándonos como familia.

Mi vestido estaría listo en cuanto tuviera los zapatos. Todavía no encontraba los zapatos perfectos y eso era algo que me preocupaba. Cuando di con el salón de mis sueños solo tenían una fecha libre de aquí a diciembre y era dentro de cuatro semanas a principios de octubre, para ser más exactos el primer fin de semana.

Hoy era jueves y quería, no, no quería, necesitaba ir a buscar mis zapatos. Deseaba algo bonito, sencillo, elegante; en dos versiones, unos con un tacón alto y otros de menor tacón. Había decidido disfrutar mi boda, sin parar.

Edward estaba aun más emocionado que yo, ya tenía su traje, el cual no me dejaría ver porque yo no iba a dejarle ver mi vestido y no solo eso, había conseguido el mismo traje para Ethan; iban a ir iguales mis dos hombres, ya quería verlos.

Papá había venido la semana pasada en un viaje relámpago para medirse su smoking, se había quejado que no le gustaba ser pingüino pero sabía que estaba feliz. El único inconveniente que tenía era que su novia se llamaba como ahora se llamaba Renée, pero eran totalmente diferentes; Renata, su novia, era una mujer despistada y llena de vida, siempre con una ocurrencia.

Cuando conoció a Ethan dijo que era idéntico a Edward, que no podía haber duda que era el papá; con eso ganó mi corazón. Ella no recordaba que nos habíamos conocido unos meses antes en Forks.

Papá toleraba a Nessie pero no le perdonaba que Renée se quedara con ella. Estaba sorprendido por la relación de Jake con ella, pero al final estaba feliz. Sobre todo por su nuevo nieto, que estaba casi por llegar; técnicamente la bebé de Rose y Emmett tendría que llegar una semana después de la boda, pero con los bebés nunca se sabe.

Definitivamente no iría por los zapatos el día de hoy, terminaría el trabajo y saldría temprano el viernes, así podría dedicarle toda la tarde a la búsqueda de los zapatos perfectos.

Miré el reloj, cinco y media de la tarde, Edward no tardaría en pasar por mí y como si lo hubiera invocado abrió la puerta.

— ¿Está lista, futura señora Cullen? —Sonrió mostrándome sus dientes blancos.

Lo miré y le hice una mueca.

—Lamento decirle que me quedaré para adelantar trabajo, necesito salir mañana temprano.

— ¿Te espero? —preguntó dudoso—. Solo voy por Ethan y…

—Tranquilo, ve por Ethan, nos vemos en la casa; pediré un taxi que me lleve directo a casa, lo prometo. Anda y cuando llegue quiero que me consientas y me hagas el amor toda la noche.

— ¡Wow! ¡Sí sabes cómo convencerme! —contestó riendo—. Sabes que dicen que soy un sometido por ser tan obediente contigo, Emmett y Jasper me dicen que perdí mi tarjeta de hombre. —Arqueé una ceja en su dirección—. Pero no me importa, yo te amo.

—No me obedeces, ¿acaso ellos saben cómo me martirizas obligándome a tender la cama todas las mañanas? ¿O que me obligas a guardar la ropa por la noche? ¿Quién guarda la ropa que se quita? Si la gente supiera que lo que pasa en nuestra recámara por las noches no es sexo desenfrenado, sino limpieza desenfrenada… Además, no perdiste tu tarjeta. Eres hombre, el más lindo del planeta.

—Amo cuando te enojas porque te obligamos a ordenar. A Ethan le encanta recoger, no entiendo por qué tú eres tan desordenada. Y gracias, sé que soy lindo.

—A él te lo tienes bien compradito, Cullen. Algún día me negaré a levantar mi ropa, lo juro —amenacé, antes de reírme a carcajadas recordando cómo la noche anterior Edward me había seducido para que doblara mi ropa y la pusiera en su lugar.

— ¿Yo? Soy un ángel —aseguró con una sonrisa en los labios—. ¿No quieres que vengamos por ti? Podemos pasar por helado.

—No, Eddie, helado tan noche, no. Mañana mejor nos vamos a cenar los tres, juntitos.

—Me gusta esa idea, podemos después dejar a Ethan con mis papás y no sé… ¿Salir a bailar? ¿Te gusta la idea? Hace mucho que no bailamos.

Las dos veces que habíamos bailado habían sido maravillosas, pero seguidas de dos experiencias algo feas.

—No lo sé, solo que me prometas que no vas a terminar a golpes o que mi madre desaparecida va a aparecer. —Quise decirlo como broma, pero la verdad es que me dolía que mi madre no me buscara después de eso.

Edward que me conocía, incluso mejor que yo misma, caminó hacia mí, tomó mi barbilla y levantó mi cara.

—Ella no te merece. Si ella no se acerca a ti, creo, no, no creo, estoy seguro que es lo mejor. Bella, tú mereces ser amada, si ella no te quiere, yo te quiero un millón de veces más.

Lo abracé, suspiré. Sabía que Edward me amaba incondicionalmente pero… siempre tendría la duda de por qué no me quería mi mamá.

Edward me abrazaba fuerte como si quisiera llenar ese huequito que tenía en mi corazón.

—Te amo, Edward. Eres casi lo mejor que me ha pasado en la vida. —Ethan y él, juntos, eran lo mejor de mi vida.

— ¿Casi? Swan, hay veces que me haces dudar de amarte tanto.

—Ethan es la otra mitad y ustedes… juntos, son lo mejor de mi vida.

—Con Ethan definitivamente no puedo competir. Nena, te dejo sino llegaré tarde por mi competencia y no queremos que se enoje la directora; esa señora últimamente está de un genio, debe hacerle falta sexo.

—Edward —le regañé divertida, fingiendo que me escandalizaba.

—Nena, paso por ti a las ocho, ni un minuto más, ni un minuto menos.

Salió del despacho. Aproximadamente media hora después entró Erick, avisándome que se iba. Una hora más tarde alcé la cara de los papeles que estudiaba, todo estaba extrañamente en silencio, salí de la oficina y di un pequeño paseo, las oficinas estaban vacías. Un extraño escalofrío me hizo temblar.

Entré a la oficina, llamaría a Edward para que pasara más temprano por mí, ¡al diablo el trabajo! El miedo me llenaba. Quería salir de ahí. La puerta de la oficina se abrió cuando comenzaba a marcarle a Edward, la persona que estaba parada en el umbral era una persona que esperé ver por mucho tiempo.

—Hola, Bella —me dijo con una sonrisa cínica—. ¿Qué no vas a saludar a tu mamita? Quita la cara de idiota. ¡Dios, eres idéntica a Charlie! Sus ojos son los mismos.

Estaba en shock, quería moverme pero no podía, estaba paralizada. La mujer, frente a mí, era una mujer fría, sin alma; sus ojos azul verdoso eran tan fríos que helaban al mirarlos.

— ¿Qué quieres…? —murmuré mirándola con miedo.

—No vengo a darte mi amor, eso es más que obvio; vengo a dejarte mi odio, mi vida perfecta, la que tanto soñé… Gracias a ti, niñata de cuarta, se ha ido al carajo. Te detesto, te detesto con toda mi alma. —Ella caminaba hacia mí señalándome con su dedo—. Aún me sigo preguntando por qué no te maté cuando pude. ¿Por qué diablos dejé que Charlie descubriera el embarazo? Al verte cuando naciste no hubo nadie más para él. Lo mejor fue cuando me marché y le dije que no sabía si tú eras su hija o eras de alguien más, que lo mejor que podía hacer era mandarte a un orfanato, ojalá lo hubiera hecho. —Mi cuerpo estaba desconectado de mi mente, por más que quería hacer algo, simplemente no podía—. ¿Te sientes feliz por haber destruido mi vida perfecta? No te sientas tan feliz, cuando menos te lo esperes la tuya se vendrá abajo. ¿Crees que eres suficiente mujer para Edward? No, cariño, no lo eres. Él necesita más que un abogaducha de cuarta. Él necesita a una mujer, te dejará a ti y tu hijo, y entonces te vas a acordar de mí, porque te lo juro que si yo no soy feliz… tú tampoco lo vas a ser.

Caminó hacia mí e intenté correr, pero ella fue mucho más rápida, su mano agarró mi brazo, apretándome fuertemente y girándome para quedar frente a frente. Sentí el golpe sordo y ardiente sobre mi rostro, me había abofeteado. Las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas sin poder detenerlas. Mientras ella me zarandeaba, yo estaba en shock, presa de un miedo que sabía que no tenía que sentir, pero que ahí estaba; sentí cómo dentro de mí algo se apagaba, era como si la esperanza se agotara.

Renée me dio un par de bofetadas más mientras gritaba cosas sin sentido. Una loca, eso era en lo que se había reducido esta mujer, en una loca.

Me empujó con asco y salió de la oficina maldiciéndome, en ese momento mis piernas no me soportaron y caí junto a mi escritorio, sobre la alfombra; algo dentro de mí se quebró por completo y las lágrimas salieron sin que pudiera detenerlas.

No sé cuánto tiempo pasó. Sentí unas manos que me abrazaban.

—Ven, Bella. —Era Aro—. La vi salir de la oficina. ¡Maldita sea! Despediré a todos los ineptos de seguridad. Shhh… Estás bien, ella no se acercará más a ti, mi niña. Llora… —dijo apretándome contra su pecho.

—Ella… Ella no me quiere, nunca lo ha hecho —balbuceé.

—Ella no quiere a nadie, solo se quiere a sí misma. No te mortifiques —pidió con los dientes apretados—. Tú tienes a muchos que te aman. Bueno… para mi hija eres su ídolo; Edward ha cambiado tanto desde que te conoce, es otro hombre, un mejor hombre.

Nos quedamos callados unos minutos. Aro suspiró.

—Sé que no me porté bien contigo, pero necesitaba proteger a mi hija. Ella quería destruirla, matar su espíritu, ¿me puedes perdonar? Tú hubieras hecho lo mismo por tu hijo.

Moví mi cabeza afirmativamente. Ya más tranquila comencé a moverme, Aro delicadamente tomó mi mano, nos levantamos y me llevó al sofá.

—Sé que Nessie te cuenta todo. Sabes… que… bueno, que estoy en el closet, pero amo a mi hija más que nada en el mundo. Ella quería que Nessie fuera como ella, sin alma, gracias a Dios ella no es así.

—Nessie es un ángel, yo la quiero mucho —expresé entre hipos—. No soy tan llorona pero creo que lo de mi… lo de Renée me afectó más de lo que creía; todavía tenía esperanza… de que me quisiera —terminé en un murmullo.

—Tranquila. — ¡Dios! Mis lágrimas no dejaban de salir y por más que quería recobrar la compostura no podía. Estaba llorando sobre mi jefe, en vez de trabajar estaba llorando y ese pensamiento me hizo llorar aun más.

Nos quedamos así y seguí llorando, aunque cada vez menos. Pasaron unos minutos hasta que me tranquilicé por completo.

Mi teléfono comenzó a sonar, pero no lo localizaba; cuando por fin lo hallé vi que era Edward.

Voy subiendo, amor.

Era su corto mensaje de texto.

— ¡Cielos! —exclamé acomodándome la ropa y buscando un espejo, si él me veía así era capaz de suspender todo. ¡Demasiado tarde! Edward entró como un torbellino a la oficina con Emmett detrás de él.

Me miraron y luego a Aro. Iban a cargar contra él, lo vi venir y me puse entre él y ellos.

—No, tranquilos, Aro no me hizo nada, solo me estaba consolando.

Y las lágrimas empezaron de nuevo.

Edward me abrazó fuerte.

— ¿Qué te pasó? —No podía hablar, solo llorar—. ¡Habla, por el amor de Dios!

—Renata o Renée le hizo una visita… muy desagradable —informó Aro.

Edward y Emmett juraron y maldijeron.

—Gracias, Aro —dije cuando estaba más calmada—. ¿Me ayudas a recoger mis cosas? ¿Ethan?

—Tranquila, Bella. —Edward me tomó las manos—. Ethan está con Rose en el auto, queríamos ir a cenar pero será mejor que lo dejemos para otra ocasión.

—No sé qué me pasa, no puedo dejar de llorar, creo que me afectó mucho lo que me dijo.

Me limpié las lágrimas con la mano y en ese momento Emmett estalló en carcajadas.

—Lo siento, lo siento. Es que Bella… te ves horrible, parece como si estuvieras borracha, tienes todo el maquillaje corrido y los ojos tan rojos. —Emmett me contagió la risa, y ahora lloraba y reía, al mismo tiempo.

—Estoy horrible, ¿verdad? —le pregunté a Edward.

—Nada que una toallita húmeda no pueda solucionar y estás hermosa.

— ¿Ves? Bella, es lo que te decía, no la necesitas… Ellos te aman. —La sonrisa de Aro la sentí sincera.

—Gracias —hablé a Aro, abrazándolo. Total, mi jefe ya me había estado abrazando mientras lloraba.

Salimos de la oficina casi veinte minutos después. Rose estaba desesperada clamando por comida.

—Hola, guapo —saludé a Ethan.

Hola, mamá bapa —me saludó él con una sonrisa—. Mamá, uno sesito —habló mientras paraba la boquita. Le dejé darme no uno, sino varios.

— ¿Mamá guapa? Parece que tuviste sexo desenfrenado, tienes todo corrido el maquillaje. Espera… ¿Lloraste? —me preguntó Rose—. Me cuentas en el restaurante, muero de hambre, esta niña come demasiado —masculló señalándose la barriga.

Y yo también estaba demasiado hambrienta. Un filete enorme… eso era lo que quería. Me miré al espejo y hablé: — ¿Edward, podemos ir a cenar? Muero de hambre, en serio, hace mucho que no sentía tanta hambre. Por favor vamos a donde haya filete.

Tía Ouse —Ethan miraba a Rose fijamente—. ¿Te comites una ñiña?

—No, corazón. Los bebés están en la panza de las mamás y luego salen, y son tan lindos como tú.

La cara de Ethan daba a entender que no había comprendido.

Me miró y me preguntó: — ¿Tú tamien te comites una ñiña?

—No, corazón, yo no.

A meno —exclamó y se quedó conforme.

Mientras Ethan cantaba, yo me limpiaba la cara con las toallitas.

—Voy a tener que aprenderme todas esas canciones, ¿cierto? —cuestionó Rose.

—La mayoría, o alguna nueva que salga —contesté.

—Emmett, tú aprende unas y yo otras. Soy una papa para aprender canciones, puedo aprenderme leyes completas, pero canciones, mmm —explicó negando con la cabeza.

La opresión que sentía en mi pecho poco a poco se fue calmando, Alice llamó y ella y Jasper nos alcanzarían en el restaurante.

Cuando llegamos miré la carta. ¡Diablos! Todo se veía tan delicioso. Pedí un filete enorme con una papa al horno, ensalada y una copa de vino tinto que la necesitaba urgente.

Casi me tomé la copa de un solo trago.

— ¿Estás bien? ¿Qué te dijo? —preguntó Edward tomando mi mano. Las lágrimas volvieron a llegar. ¡Cielos, parecía una maldita llave abierta!

—Lo siento, lo siento, no quería llorar. Me afectó mucho, me dijo que no me quería y cosas así. —Tenía los ojos cerrados intentando dominar las lágrimas.

—No debí dejarte sola —indicó Edward.

Papá, no hagas llorar a mamá —gritó Ethan enojado.

—No la hice llorar, se mordió la lengua por eso llora —explicó Edward a un muy enojado Ethan.

¿Mamá te lele tu luega? No lloles, papá yo con mamá —pidió queriendo zafarse de la silla para bebés—. Papá, suetame.

Edward lo soltó y me lo puso en las piernas.

No lloles, mamá, no lloles. ¿Te lele mucho? Yo te loy muchos sesitos para que no te lela.

Ethan me llenó de besos y miró a Edward.

Ahola tú lale sesitos, cuano le las sesitos a mamá ella ta contenta.

Edward me dio varios besos.

—Y dicen que nosotros somos los empalagosos besucones —bromeó Emmett, que acababa de dejar de besar a Rose—. Tuve que besarle —se excusó—, estaba poniéndose celosa.

La cena fue fabulosa, no solo me acabé todo, pedí postre. Si seguía así mi vestido no me entraría, tendría que hacer un poco de régimen, solo por si acaso, o salir a correr.

Alice me había traído una foto de unos zapatos, eran perfectos y había una versión más baja. Quedamos de vernos al otro día en su oficina para ir a verlos y si no buscar otros.

Alice últimamente dormía más en casa de Jasper, que en nuestra casa. Eso me gustaba, nos daba más tiempo como familia. Suspiré y Edward tomó mi mano, con la otra llevaba a Ethan cargado, que estaba a punto de dormirse.

Caminamos hacia el auto, cuando busqué a Rose con la mirada vi que estaba detrás de nosotros.

—Iremos en taxi a casa, mañana pasen por mí para ir a trabajar. Emmett ya no me deja manejar.

—Es peligroso que maneje en su estado —se defendió Emmett.

Nos despedimos y caminamos al auto, ¡Cielos! Allí estaba esa sensación de sentirme observada, ¿sería mi madre?

Sacudí la cabeza. Edward que estaba acomodando a Ethan me miró.

—Llegando a casa voy a quitarte esa cara triste, voy a darte un masaje y luego voy a mimarte, y si me da tiempo, voy a hacerte el amor tan tiernamente que sentirás que el mundo va a acabarse. — Abrí los ojos.

—Señor Cullen, estoy comprometida, no me diga eso. Me excita y me hace querer llegar a casa más rápido.

Cuando llegamos a casa me sentí feliz pero de pronto recordé el episodio con mi mad… con Renée y comencé a llorar de nuevo. No quería que Edward me viera así; entré al baño, abrí la regadera, me desnudé y me metí a bañar, dejé que el agua caliente me relajara.

Salí y me di cuenta que no había toallas en el baño. Ni sucias, ni limpias. Edward y su maldita manía de hacer lavado entre semana.

— ¡Edward! —grité.

— ¡Qué, terroncito de azúcar! —contestó irónico.

—No hay toallas —señalé molesta, pero luego salí de la regadera desnuda y dulcifiqué mi voz—. ¿Me puedes pasar una, por favor?

—No lo sé, desnuda me gustas más. ¡Cielos! Podría dejarte desnuda, pero no quiero que tengas gripa el día de la boda. Siento que el tiempo ha volado —exclamó mientras salía.

Y sí, en un mes sería su esposa, dejaría de ser Isabella Marie Swan para ser Isabella Marie Cullen.

Edward llegó con dos toallas y me dio una mientras él con la otra comenzó a secarme.

Me puse la pijama sin ponerme ropa interior y él me pidió que me acostara en la cama boca abajo.

Puso aceite en mi espalda y comenzó a darme un masaje.

—Bella, me estorba tu pijama, ¿puedo quitártela?

—Edward, qué poco ingenioso eres. —Comencé a sacarme la pijama.

Edward tenía una gran sonrisa.

— ¿Qué te dijo Renée? —preguntó después de un rato, cuando estaba totalmente relajada.

—En resumen… que ojalá nunca me hubiera tenido, que no había duda que era hija de Charlie, que eso le dijo antes de irse, que no sabía si era su hija o de otro. Que no era suficiente mujer para ti… —¡Ay no! ¡Ay no! Las lágrimas regresaban.

—Amor, bebé, no llores. Eres mujer de más para mí, eres todo. No importa lo que diga tu mamá, ella está enferma. Aro se está divorciando de ella y le dará el dinero que pedía pero nada más, ni la casa. Nessie es mayor de dieciocho años, así que decidió irse a vivir con Aro. No quería decirte nada. No quería que te preocuparas.

— ¡Ay, Edward! No sé qué me pasa —contesté mientras me sentaba—, no puedo dejar de llorar.

—Tendrás una fuga, corazón, tanto amor que necesita salir. —Lo miré y comencé a besarlo.

Así desnuda como estaba, nada me importó, ni mancharlo de aceite. Me puse encima de él intentando desnudarlo.

—Tranquila, tranquila.

—No quiero tranquilidad, no quiero ir despacio, te quiero a ti dentro de mí. ¡Ya! —exigí.

—Bella, estás más insaciable que nunca. Hemos tenido sexo creo que diario todo el mes.

De pronto algo hizo click en mi cabeza.

— ¿Dijiste todo el mes? —Me paré y corrí al vestidor.

¡Mierda! ¡Mierda! Abrí el cajón de mi ropa interior y las vi… Un paquete nuevecito de pastillas anticonceptivas. Edward ya estaba detrás de mí.

—Edward, desde que me enfermé olvidé tomarme las pastillas y no me ha bajado.

Edward no entendió.

—No he tenido la regla, ¿qué día es hoy?

—Viernes —contestó y lo miré con cara de pocos amigos. Hice la cuenta mentalmente, hace más de una semana debería de haber llegado mi menstruación.

Lo miré temiendo verlo enfadado, pero su cara era de concentración. De pronto abrió sus grandes ojos verdes y sonrió.

— ¡Bella, hicimos un bebé! —Me abrazó fuerte.

—No lo sé, puede ser… —Me sentía conmocionada, podría estar embarazada. Me llevé las manos al vientre, un bebé de Edward.

— ¡Diablos! ¡¿Bella, cómo podemos saberlo?! —Comenzó abotonarse la camisa—. No te muevas, voy por una prueba a la farmacia. ¡Cielos!

Salió corriendo de la recámara y regresó casi enseguida.

—La cartera —dijo jadeando—, la olvidé. —Y volvió a salir.

Yo seguía en shock, salí del vestidor y me senté en la cama. Un bebé… era posible que estuviera embarazada. ¡Cielos! Después de que me enfermé ni siquiera había recordado tomarme la píldora.

Cuánto tiempo pasó… no lo sé, pero Edward llegó con una gran bolsa de la farmacia.

—Había muchos tipos, hay normales, unas que hablan, ¡Dios! Una dice de cuántas semanas estás. Las traje todas.

Sacudió la bolsa y salieron al menos quince diferentes pruebas de embarazo. Seguía prácticamente desnuda, solo me había puesto una playera de Edward. Entré al baño con una prueba en la mano.

Edward entró tras de mí con tres más.

—Así lo confirmamos.

Hice pipi en cuatro diferentes varitas, a los dos minutos la primera tuvo dos rayitas.

—Positivo —exclamó Edward leyendo el instructivo.

La segunda dijo con la voz típica y electrónica: "Felicidades, estás embarazada".

La tercera indicaba positivo y tres semanas aproximadamente.

La cuarta tenía un signo de más.

Nos quedamos viendo y de pronto Edward gritó: —¡Vamos a tener un bebé! Sé que tal vez no estaba en nuestros planes, pero ¡cielos, no puedo dejar de emocionarme!

Estaba sonriendo, estaba llorando, estaba feliz. Me paré y lo abracé, comenzamos a brincar y de pronto se detuvo.

—No debes de brincar, creo que debo ponerte uno o dos ayudantes. ¿Tienes algún antojo? ¿Crees que Ethan se ponga celoso? Yo iba a proponerte que adoptara legalmente a Ethan durante la cena, ahora no puedes negarme ese derecho. Ethan es mi hijo mayor y este chícharo será mi segundo bebé.

Edward no podía dejar de sonreír.

— ¡Bella, vamos a tener otro hijo! —Edward se pasaba las manos por el cabello. Me miró y su mirada estaba llena de amor, de alegría y de lujuria.

Comenzó a besarme apasionadamente.

— ¿Sabes qué es lo mejor, Bella? Que la boda se adelantó. No quiero que le digamos nada a nadie, todavía no, que sea algo entre tú y yo.

Estaba en shock.

— ¿Bella? ¿Amor? ¿Bebé, estás bien? —preguntó agarrando mis mejillas.

—Yo… —No sabía qué decir.

— ¿No te gusta la idea de que tengamos un bebé?

—Bueno, yo… —Respiré profundamente.

— ¿Bella?

—Vamos a tener un bebé. —Las lágrimas se aglomeraron en mis ojos—. Un bebé…

—Sí, amor, un bebé, tuyo y mío. Te amo tanto. —Dejó un beso casto sobre mis labios—. ¿Te parece bien no decir nada hasta después de la boda?

—Está bien, me gusta esa idea —le respondí aún ida mientras tocaba mi vientre.

Y me gustaba la idea, algo entre él y yo, solamente.

—Te amo. —Edward me alzó entre sus brazos—. Te amo, pequeña. —Me besó—. Los amo a todos —susurró besando mi cuello—. Te amo a ti, a Ethan, a nuestro chicharito. —Mis manos empezaron a desabotonar su camisa hasta dejarlo completamente desnudo.

Me hizo el amor suave, tiernamente; se detenía en mi vientre, lo besaba, le hablaba de su familia, de su hermano. Fue una de las mejores noches de mi vida.

Renée había intentado quitarme la felicidad pero Edward y este nuevo bebé me habían devuelto la sonrisa.

La mañana llegó y con ella el caos: juzgado, oficina y Alice. Al final me decidí por un par de zapatos hermosos, los zapatos más bajos iban a ser un problema, sobre todo para el vestido que era largo.

Alice pensaba en mil soluciones, pero ninguna muy práctica.

Al final la chica de la boutique le explicó que en el ruedo del vestido pondrían unos botones que harían que la parte de enfrente pudiera recogerse sin afectar el vestido. Todo estaba saliendo aun mejor de lo planeado, además, estaba embarazada.

Pedí a Alice si podía ir traer su bolsa, y entonces aproveché y hablé con la chica de la boutique.

—Oye, acabo de descubrir que estoy embarazada, ¿puedo dejar el vestido y medírmelo en unos días por si me crece algo? Es secreto todavía. —Me apresuré a decirle mientras Alice regresaba.

Ella asintió y me dio una tarjeta con su nombre. —Llámeme en unas horas.

Después de salir de la tienda Alice preguntó: —¿Para qué llamarás a la chica?

—Es que estaba pensando en medírmelo una vez más pero no estaba segura, nada más.

— ¿Tienes hambre?

Miré el reloj, era hora de ir por Ethan.

—Podemos pasar por Ethan, luego podemos pedir pizza, tengo ganas de pizza.

— ¿Pizza? Había pensado en algo más elaborado, pero pizza está bien.

—Podemos hacer una ensalada con… pollo, crotones, pepinos, tomate, aguacate, queso.

Podía saborearme la ensalada.

—Creo que no soy la única con hambre —señaló Alice antes de partirse de risa.

—Podemos pasar por helado, creo que ya no hay y hace algo de calor. Sacamos la mesa a la terraza y tenemos una gran cena de verano al aire libre.

— ¡Podemos! —exclamó Alice—. Llama a Nessie y a Jake, yo me encargo de Jasper y de Esme.

Teníamos todo listo para nuestra cena de verano al aire libre. Todos estaban invitados. La comida estaba lista. Había helado de sobra y yo llevaba un hermoso vestido veraniego palabra de honor. Me sentía más sexy y segura que nunca; era como si el reconocer que mi madre no me amaba pero era amada por otros me hubiera hecho más fuerte.

Quería celebrarlo, gritarlo a los cuatro vientos. Era feliz, amaba y me amaban.

—Tienes una cara de felicidad, Bella, que ya la quisiéramos algunas —comentó Alice sacándome de mi ensoñación.

—Soy feliz, Alice, gracias a ti y a todos. Soy realmente feliz.

—Cuando nos conocimos supe que seríamos amigas siempre y para siempre. Jasper me pidió que me casara con él; tenemos que esperar un tiempo pero lo voy a hacer, él es todo lo que he estado esperando. Me siento completa con él, aunque nunca me he sentido incompleta. —Estalló en risas—. Estoy algo loca, ¿verdad? Pero así me quieren.

Nos abrazamos y el timbre sonó.

—Ese es Jasper, me dijo que llegaría un poco antes.

Salió corriendo de la terraza y yo entré a la cocina, donde Ethan tenía ya todo los trastes fuera otra vez.

— ¡Ethan! —Alcé un poco la voz y lo asusté. Comenzó a llorar—. No llores, sabes que no debes de llorar.

Lo tomé en mis brazos.

Ethan me miró y dejó de llorar. Se limpió con su mano las lágrimas.

No me gigañes mamá.

—Sabes que no debes de sacar las cosas, por eso te regañé.

Pero etaba venieno las cosas.

—Papá te compró juguetes para vender, ¿te acuerdas? —Él asintió—. No debes sacar los trastes ni la ropa. Ahora guárdalos, yo te ayudo.

Me agaché y estaba en cuatro guardando los trastes mientras Ethan me los traía de toda la cocina y parte de la sala.

— ¡Bella, qué haces así! —gritó Edward, levantándome.

— ¡Tranquilo! No pasa nada.

La cara de Edward era de miedo. Se acercó a mí y me dijo al oído: — ¿Puede hacerte daño? Al bebé —señaló.

—No me hace daño —le dije igual al oído.

Papá no gigañes a mi mamá, yo saqué tolo, tolo —explicó Ethan jalando el pantalón de Edward.

—Ethan —Edward sonó muy serio—. ¿En qué quedamos sobre sacar las cosas de su lugar?

No saco las cosas, pelo yo quelia vender las cosas y mis cosas pa' vender taban ariba. Pero ya toy guadando. No me gigañes.

Ethan le dio un beso inmediatamente. Edward se derritió. Era el papá más blando del mundo.

— ¡Hey! ¡Ustedes dos! ¡Dejen de toquetearse con el niño en las manos! —gritó Emmett.

—No nos estamos tocando —repliqué y le enseñé la lengua.

La cena fue hermosa. Nessie, Jake y Aro llegaron poco después que Rose y Emmett. Esme y Carlisle. Esta era mi familia. Faltaba papá pero sonreí al pensar que ya nunca más me sentiría sola.

La mañana trajo una mejor noticia, Ang era mamá de un precioso niño. Quedé de ir a verla en la tarde, así estaría más descansada.

Edward me sorprendió con el desayuno en la cama.

—Estaba pensando que podemos dejar a Ethan con mi mamá e ir a ver a Carmen como a las doce.

— ¿Estabas pensando o hiciste la cita?

—Hice la cita, Bella. —Me miró—. Muero por confirmarlo, porque te hagan el ultrasonido y ver al bebé.

—No se ve nada, es como una mancha.

—Es mi mancha.

— ¿Sabes que te amo?

—No es una novedad para mí, pero puedes hacérmelo saber hoy en la noche.

—Podemos empezar ahora. —Lo tomé del cuello de la playera y la jalé hacia mí.

—No, tenemos que ponernos guapos, ir a donde la florista y pagar las flores. Luego ir a dejar a Ethan con mi mamá, ir a la cita con Carmen y al final ir a ver a tu amiga. Luego traeremos a Ethan a la casa, jugaremos todo lo que resta de la tarde y cuando se duerma voy a hacerte el amor hasta que amanezca.

—Me gusta tu plan —comenté dándole un beso—, pero puedes darme un adelanto.

—Nada de adelantos. Anda, ve por Ethan para ponernos guapos todos.

Me dio una de sus miradas que me derretían. Salí por Ethan que estaba sentado en la cuna jugando con sus autos.

Meno días mamá —me dijo en cuanto me vio.

—Hola, sapito hermoso, ven vamos a bañarte.

¡Síí! A mí me gusta mañanarme.

—Eres un sapito muy listo, cada vez hablas mejor. Cuando seas hermano mayor vas a tener que enseñarle muchas cosas a tu hermano.

La mañana pasó demasiado rápido y era hora de la consulta.

Kathe saltó al vernos.

—¡Bella! ¡Edward! ¡Qué alegría! Cuando habló Edward me quedé emocionadísima. Odio que me amenaces —dijo señalando a Edward—. ¡Dios! Si no fuera porque es tan buen abogado y me saca de todos mis enredos juro que soltaba la sopa.

Miré a Edward.

—Me pregunto para qué era la consulta y tuve que recordarle quién la ha sacado de la comisaría tres veces por si decía algo.

—Mira que casi son cuatro, anoche me le fui a golpes a una tipa. —La miramos—. Me aventó un Cosmopolitan en mi blusa blanca preferida. ¿Entonces vamos a tener otro bebé?

Creo que Kathe estaba demasiado exaltada.

— ¿Quieren ir ahorrando tiempo? —Miró el reloj—. Tomen, tienen que hacerse estos exámenes. Si les preguntan mi mamá lo firmó. Son tan observadores los de los laboratorios. Una vez descubrieron que yo firmaba algunas órdenes y casi me cuesta el puesto.

Kathe era tan sin freno, pero me gustaba eso de ella.

En el laboratorio me sacaron sangre y me pidieron que hiciera pipi en un frasco.

— ¿Para qué es la orina? —preguntó Edward.

—Vamos a analizarla para ver los niveles… —Ya no escuché nada más, comencé a oler algo que me revolvió el estómago y vi todo negro. Quise gritarle a Edward pero no pude.

Cuando desperté estaba en una camilla en el hospital y me asusté. Toqué mi estómago.

—Tranquila, estás bien. —La voz de Edward me calmó.

— ¿Qué me pasó?

—Te desmayaste, al parecer en tu estado es normal. Van a hacerte un ultrasonido y con la sangre que te sacaron van a checar qué tan bien estás de salud.

Lo miré. Estaba despeinado, con la playera toda arrugada. Sonreí.

—No te rías, Swan, pensé que te morías. El pobre chico del laboratorio… ¡Dios! Quería matarlo, pensé que era su culpa y luego te trajeron aquí, y me sacaron. Mandaron a un enfermero enorme, Bella, si no me calmaba iban a sacarme del hospital.

La puerta se abrió y Carmen entró.

— ¡Vaya! Aquí está el abogado que iba a demandar al hospital hasta que no quedara ni un ladrillo y todo porque no le dejaban ver a su esposa, ¿Está ya más tranquilo? —Carmen me miró. Su cara era de total picardía—. Iban a ponerle un calmante, estaba como loco, estoy pensando seriamente en no dejarlo entrar al quirófano. ¡Felicidades! Van a tener otro renacuajito.

—Edward, no me dejas respirar. —Me tenía abrazada fuertemente.

— ¡Hey, abogado! Déjela que si se desmaya creo que lo mandarán al psiquiátrico en esta ocasión.

No pude evitar reírme, podía imaginarme perfectamente a Edward.

—Ese desmayo creo que pudo ser causado solo por el embarazo, no tienes ni la presión alta, tus análisis están perfectos. Así que no hay nada de qué preocuparse. —Edward iba a decir algo y Carmen habló con voz de mando—: Nada. Bueno, sí… voy a mandarte una receta con tranquilizantes, se los das cada que le dé un ataque. —Edward hizo una mueca.

—El ultrasonido, ¿van a hacérselo ahora?

—Sí, para eso estoy aquí, sé que es tu primer bebé, Edward, pero necesito que te calmes. Si tienes preguntas puedes irlas haciendo y para la próxima consulta puedes traer diez preguntas escritas. Ahora —continuó—. Voy por la enfermera y ustedes mientras escriban diez preguntas cada uno. No más.

Edward me miró y habló: —Carmen me asusta, a veces me recuerda a Esme cuando se enoja.

Sacó el teléfono y comenzó a escribir sus preguntas, hizo un mohín y me miró.

— ¿Puedo darle cinco como si fueran tuyas?

—Dámelas. —Estiré la mano pidiéndole el teléfono. Leí sus preguntas—. Yo puedo contestarte varias de estas.

—Preferiría que me las contestara Carmen. —Me miró apenado—. Es que ella es la doctora.

— ¿No confías en mí? —intenté que mi voz sonara afligida.

—Sí, pero…

—Nada de peros, ¿confías o no? ¡Cielos! Edward, yo puedo decirte que mis pechos van a estar sensibles pero soportaría que me los besaras.

Un sonido de sorpresa nos hizo voltear, una muy roja enfermera nos miraba. Carmen solo movía la cabeza.

— ¿Bella por qué tus embarazos son tan… difíciles? Y no porque el embarazo lo sea sino por tus acompañantes. A ver, empezaremos con el ultrasonido. Bella, ya sabes qué hacer.

La enfermera me tendió la batita y me señaló un biombo.

— ¿Qué tiene que hacer?

Carmen meneó la cabeza y sonrió.

—Edward lo que tiene que hacer… para tu tranquilidad, es desnudarse porque trae pantalón, y luego viene aquí, le pongo la sábana, le destapo el vientre y le pongo un gel que está frío, pero no duele, ni hace nada, es solo para permitirnos tener una mejor penetración y para mover mejor el…

— ¿Cómo que penetración? —Escuché gritar a Edward y no pude reprimir la risa, y la enfermera tampoco.

—Edward, penetración del ultrasonido. ¡Dios, dónde tienes la cabeza! Los Cullen se vuelven tontos cuando se embarazan sus mujeres, pensé que no podrías ser peor que Emmett, pero veo que no será así.

Salí cerrándome con la mano la bata. Edward parecía niño regañado junto a la camilla. Me ayudó a subir.

Carmen comenzó con todo el procedimiento, de pronto sonrió y nos dijo: —Miren, esto de aquí es su hijo.

Edward lloraba y apretaba mi mano.

—Es tan pequeño, parece un frijol.

—Tiene ese tamaño aproximadamente, tienes cuatro semanas, Bella, y tu bebé está formándose. Mira, a partir de ahora crecerá un milímetro diario. Te voy a mandar vitaminas y un complemento. ¿Náuseas? ¿Algún otro mareo aparte del de hoy?

—Nada, solo mucho sueño, pero como he tenido días pesados lo achacaba a eso.

— ¿Tienes la pulsera que te di para las náuseas? —Asentí—. Ya sabes, eso te ayudará, así como tomar un poco de refresco o de jengibre.

Volví a asentir, mientras Carmen limpiaba mi estómago con una toallita de papel.

—En lo que te vistes me llevaré a tu marido al consultorio, te esperamos allá. Comenzaré a contestar sus miles de preguntas.

Edward se debatió tres segundos entre esperarme o seguir a Carmen. La enfermera lo vio y le dijo: —Tranquilo, yo la llevaré al consultorio en una silla de ruedas, no tiene que preocuparse.

—Me voy con Carmen. —Me besó y salió.

—Creo que tu embarazo será algo estresante, es algo aprensivo tu esposo.

—Un poco, sí. —Comencé a imaginármelo mientras vomitaba o en la oficina. Tendría que hablar con él y poner reglas. Si cuando estuve enferma me llamó un millón de veces, no quería imaginarlo ahora.

La enfermera me señaló la silla de ruedas.

—Es política del hospital. —Señaló alzando los hombros. Me subí y me llevó al consultorio. Kathe debía de estar dentro del consultorio porque no estaba en su escritorio; la enfermera abrió la puerta y entramos, y sí, efectivamente Kathe estaba teniendo un ataque de risa mientras Edward estaba rojo como un tomate y Carmen se agarraba la cara en señal de desesperación.

Carmen me miró y me informó: —Estoy a dos segundos de cambiarte de ginecólogo.

La enfermera salió y Kathe comenzó a hablar:

—Acaba de preguntarle a mamá si pueden saber qué va a hacer con ese ultrasonido, mamá le dijo que solo era algo como la forma de un frijol, él miró el ultrasonido y le dijo que le veía cara de niña… Con tus ojos.

No pude evitar reírme, en la ecografía no se veía nada más que un diminuto puntito, pero ese era Edward… mi Edward.

Me paré de la silla, me senté en su regazo y lo besé.

— ¡Hey! No queremos ver cómo hicieron al bebé —expresó Kathe.

Por fin salimos de la consulta e íbamos felices.

Buscamos la habitación de Ang y cuando llegamos ya estaba Rose y Emmett. Recordé que no llevábamos nada para el bebé, ni siquiera lo había recordado.

Edward notó que me detuve.

— ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

—No trajimos nada de regalo.

—Sí, junto con Emmett y Rose les regalamos la carriola, la silla del auto y una silla para comer.

—Gracias, pero tenías que avisarme.

—Prometo avisarte todo lo que haga de ahora en adelante.

Saludamos y conocimos al pequeño Ben, era bellísimo. Edward pidió cargar al bebé y lo hacía tan bien, se veía tan hermoso con un bebé pequeño.

Esa idea me hizo sonreír.

—Bella, ¿Bella, te lo estás imaginando? ¿No? Conozco tu cara. —Rose me conocía demasiado bien para mi propio bien o mal—. Pronto podrás tener un bebé, bueno no muy pronto, quiero que esta señorita tenga su momento. ¿Te imaginas? Lo único que quiero es llegar a tu boda, luego puede salir en el momento que quiera.

Una risa tonta salió de nuestros labios.

Rose tenía programado su parto para a partir de una semana antes de la boda y hasta una después. Esperábamos que llegara después de la boda. Aunque Rose dijo que no importaba que la llevaran así tuviera unas horas de nacida su hija.

Salimos los cuatro dejando a la pareja con su bebé.

Emmett besó a Rose y le tocó la barriga.

—Prontito, bebita, prontito.

Edward me miró y sus ojos se detuvieron en mi vientre.

—Nos vamos a cenar de solteros, antes de que ustedes se casen y nosotros seamos padres. Vamos, Esme está cuidando al sapo.

—Vamos. —Tomé la mano de Edward—. Quiero bailar.

—No, no puedo bailar o se me puede salir Rose Junior.

—Vamos a cenar, vamos a ver una película o algo más tranquilo.

—Tengo antojo de pescado, ¿podríamos ir a comer pescado? —sugirió Rose.

—No algo oriental, comida Tai —propuse.

Rose y yo nos miramos. Emmett intervino.

—Conozco un lugar donde venden comida tailandesa y preparan un pescado delicioso.

—Vamos, que muero de hambre —agregó Rose.

Emmett le dio la dirección a Edward y nos dirigimos al auto.

— ¿Bella, quieres ir al restaurante?

—Sí, ¿tú no?

—Pues sí y no. Quiero estar contigo a solas.

Tomé mi teléfono y marqué a Rose.

—Rose, me siento algo cansada, cenaremos en casa, gracias de todos modos. Los queremos. —Colgué antes de que Rose pudiera replicar.

—Listo, vámonos solitos a cenar.

Terminamos en un lindo restaurante de comida china, donde comimos y hablamos de nuestro futuro.

Edward quería adoptar legalmente a Ethan y yo dije que sí. Me explicó que tenía todo preparado, solo hacía falta mi firma; hasta había hablado con un juez para exponerle la adopción desde antes.

Amaba que Edward me cuidara y protegiera. Cuando terminamos de cenar pasamos por Ethan, que ya estaba dormido. Esme nos dijo que se había portado muy bien y que por fin había aceptado decirle abuelito a Carlisle.

Llegamos a casa, mientras Edward le ponía la pijama a Ethan. Era tan feliz.

Vi entrar a Edward, él me miró.

—Podemos esta noche solo dormir abrazados. —Besó mi frente—. Te amo, Bella. Nunca creí que tendría toda esta felicidad en mi vida, el tenerte entre mis brazos, mis dos hijos; todo me hace tan feliz.

¡Ay no! Ahí estaban las lágrimas. Este embarazo me hacía llorar mucho.

—Y yo a ti, mi lobito de peluche.

Me desvestí y me puse la pijama, cuando busqué a Edward con la mirada, él estaba doblando mi ropa y poniéndola en su lugar. Hice un mini berrinche y le ayudé.

—Te amo con todo y tu trastorno obsesivo con la limpieza.

—Y yo te amo a ti y tu perpetuo desorden.

Nos acostamos y gracias al embarazo perdí la conciencia al tocar la almohada.


¿Qué les pareció Renée? No es acaso la madre ideal, y el embarazo. Tendremos otro renacuajito, ¿Qué les gustaria que fuera Sapito o Ranita?

El capitulo pasado olvide ponerles el link por si alguien quiere ver como es el vestido de novia de Bella

www . rosaclara . es / es / vestido / 8 /

Ya saben quiten los espacios.

Millones de gracias por sus favoritos, follows y rewievs.

Un beso a kimberly hale, any0239, Ale Pattinson Diaz, Emotica G. W, Rossy04, Maya Masen Cullen, janalez, Beastyle, ashleyswan, inexscor, joanaferreyraa, Anastacia trinidad crawford, VanerK, hilarycullen17, yolabertay, solecitopucheta, beakis y LicetSalvatore por hacerme muy feliz.

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