Lo que vio al incorporarse le arrebató por completo el aliento, el cuerpo de Stanley se hallaba ensangrentado sobre la carretera, él le había evitado el golpe a un alto precio. Se arrastró hasta quedar a su lado cogiéndole y colocando su cabeza sobre su pecho, este abrió sus ojos centrando sus orbes azules oscuras en las claras llenas de lágrimas de su amigo.
-Lo has recordado.- Musitó dejando salir una bocanada de sangre que descendió por sus labios manchando la ropa que el otro llevaba.
-Claro que lo he recordado, por ello no me puedes dejar Stan, ¿me oyes? Ahora no puedes dejarme.- Sollozó Kenneth pasando sus dígitos por la mejilla quemada por el asfalto del moreno. –¡Llama a una ambulancia!- Gritó a Trent que miraba la escena petrificado en la acera y no tardó en hacer lo que este le pedía.
-Kenny..- Le llamó la leve voz del chico entre sus brazos.
-Shh.. No digas nada.- Pidió rezando internamente para que este se salvase.
-Te quiero, vive por mi.- Los ojos del chico se cerraron y todo su peso cayó sobre los brazos que los sostenían.
-No.. No.. ¡No!- Gritó desesperado el rubio moviéndole sintiendo como se había quedado sin fuerzas. –Stan.- Lloró desesperado pegando ambas frentes. –Te quiero, por favor no me dejes.- Suplicó entre sollozos susurrándole al cuerpo sin vida dando un pequeño beso sobre sus labios. –No me dejes.-
Se quedó abrazado a su cuerpo hasta que unas manos le pidieron que se soltara, apenas logró ver como los médicos cubrían al chico con una bolsa negra con una cremallera central, Trent evitaba que viera la escena de cómo subían el cuerpo sin vida de Marsh a la ambulancia aferrando a McCormick desesperado contra su pecho.
El cielo amaneció nublado y seguía de esa forma cuando casi todo el pueblo de South Park se encontraba en el cementerio de la localidad, sentados frente al sacerdote que leía con tristeza las sagradas escrituras. Tras él un ataúd de color blanco rodeado de flores y una foto de un chico que sonreía abiertamente, con sus ojos azules como la noche entrecerrados y sus cabellos negros despojados del característico gorro que siempre llevaba puesto. Tanto familiares como amigos lloraban con amargura la pérdida de Stanley Randal Marsh con apenas veinte años. La ceremonia no les llevó mucho tiempo pero los más cercanos del chico se quedaron parados torno a su tumba mirando esta sin llegar a creer que eso estaba ocurriendo.
-No puedo pensar que no voy a ver de nuevo a mi mejor amigo.- Musitó Kyle con los ojos hinchados no solo del llanto, sino de toda la noche que había pasado en vela junto a Kenny en el hospital al saber la noticia.
-Nadie puede creer que esto esté ocurriendo.- Agregó Shelly con la voz quebrada sosteniéndose de Kevin para no terminar cayendo al suelo debido a la debilidad que sentía en esos momentos.
-Será mejor que vayamos saliendo.- Comentó Cartman al ver como las gotas de lluvia comenzaban a caer sobre ellos. –Vamos Kenny.- Posó la mano en el hombro del nombrado que estaba bastante trastornado mirando el lugar donde su amigo descansaría eternamente.
-No, me quedaré un poco más.- Musitó el aludido separándose del agarre.
-Está bien.- Dijo el castaño encogiéndose de hombros comenzando a caminar junto al resto.
-Tú no tienes la culpa, lo sabes.- Añadió Kyle cerca de su oído antes de dejarle allí solo con sus pensamientos.
Al quedarse solo se dejó caer de rodillas apoyando sus brazos y cabeza sobre el mármol donde estaba grabado su nombre llorando amargamente, ya daba igual tener los recuerdos de aquellos días, no importaban nada si no podía compartirlos con él. La lluvia mojaba su ropa y se mezclaba con sus lágrimas, pero eso no le hizo moverse ni un ápice, ni siquiera el sonido de unas pisadas acercándose a su persona le hicieron reaccionar.
-No pensé que iba a terminar así.- La voz ronca de Damien retumbó en su cabeza pero no hizo ademán de responderle.
-Lo siento mucho Kenny.- Esa vez fue la voz de Pip la que rompió el silencio pero al igual que antes solo permaneció callado.
-El siempre quiso que vivieras, supongo que por ello te salvó dos veces arriesgándose a perderte igualmente.- Añadió el moreno consiguiendo que este levantase la cabeza y les mirara.
-¿Cómo qué salvarme dos veces?- Cuestionó secando sus lagrimas.
-¡Vaya! Al parecer no lo sabías.- Sonrió malicioso el anticristo. –Stan fue el que me rogó que te salvara en el hospital, recuerda lo que te dije Kenny, tú ibas a morir, te habías enamorado ya no habría más vuelta a la vida, Stan se enteró y cuando empeoraste pidió que te salvara aunque eso te llevó a olvidarle.-
-Ese idiota.- Sonrió volviendo a retomar su llanto cubriendo su rostro con ambas manos. –Es raro que tú hicieras algo para ayudar a otro.-
-Digamos que se lo debía, pero no es cosa mía que pudieras recuperar la memoria eso es cosa de Pip, pero de lo que ha servi.. ¡Ish!- Sus palabras se cortaron por el codazo que su pareja le proporcionó ya que pensaba que aquellas palabras eran muy crueles para el otro chico. –Bueno solo hemos venido a darte el pésame, nos debemos marchar, no me gusta mojarme.- Siguió hablando como si nada volviéndose para marcharse de allí.
-¿No puedes salvarle?- Preguntó Kenny con un poco de ilusión.
-No, esta vez no puedo hacerlo, yo no.-
Con esas últimas palabras ambos chicos desaparecieron dejando al rubio sin ninguna ilusión parado en medio de aquel cementerio mientras la lluvia caía con fuerza.
-¿Cómo pretendes que viva sin ti?- La preguntó al aire sin hallar respuesta, pero si había muerto por él que mínimo podía hacer que vivir por él. –Lo prometo Stan, Prometo vivir por ti, no me va a ser fácil pero lo juro, lo haré por ti.-
