Capitulo No. 15
Nombre: Mal Cumpleaños
Canción: I´ll Stand By You (The Pretenders)
Advertencias: Nah, para nada. Si leyeron mi One-shot, "Rosa Amarilla", ya sabrán la razón.
Nota Imoprtantísima: amores, lo siento, de veras! no les pondré letra de la canción hoy porque algo extraño pasa con mi PC cuando le doy copiar a la letra. pero escuchenla, es buenísima!
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Muy bien. Repasando la situación podía darse cuenta de que no había algo mal. Mejor dicho, todo estaba mal.
Había pasado un año con seis meses y dieciocho días deprimido por la situación que había vivido: Naruto Uzumaki, el asombroso e invencible, había sido derrotado por un golpe al corazón, proporcionado ni más ni menos que por la delicada y tímida Hinata Hyuga; al momento en que ella se fue muy lejos de él ... Y pensar que estuvo tan cerca de mantenerla a su lado por siempre… pensar que casi coloca aquel anillo de compromiso en su dedo anular, el día en que aquel avión despegó junto con ella, y se llevó sus sueños e ilusiones.
Porque junto a Hinata, él solo era un soñador. Ella era el cielo personificado, andando en este mundo. Con aquel cabello oscuro y ondeante, y sus ojos brillantes color luna, parecía la noche más perfecta. Amaba abrazarla al despertar por las mañanas. Amaba inhalar el olor de sus cabellos, y su dulce perfume de arándanos cuando ella salía de ducharse. Le fascinaba observarla dormir, cocinar, y escucharla tararear. Adoraba contemplarla con aquellos vestidos de colores pastel porque se veía tierna; y también disfrutaba de verla con sus vestidos oscuros, pues parecía una seductora fiera. Ella era un mar de sentimientos: Se deprimía en las tardes lluviosas, se alegraba con los días soleados, amaba el color lavanda y también las películas románticas. Junto a ella aprendió a apreciar los detalles de la vida, pues a su lado disfrutaba los bellos atardeceres y los días de sol resplandeciente. Ella cantaba melodías navideñas aunque no fuese la época, lloraba con cualquier película, le gustaba la poesía y también hornear pasteles. Era una obra de arte.
Y la amaba, a pesar de los problemas que tuvieron en los últimos meses. ¡De veras, parecía que el universo estaba empeñado en separarlos! Pero ambos se querían, era algo mutuo, y por esa razón seguían luchando para alcanzar el perfecto y verdadero amor. Ese amor que todo lo perdona, lo olvida, que siempre apoya y acepta sin condición… no ese amor al que muchos llamaban "enfermedad".
Pero aquello de la clase de amor no era lo más importante en esos momentos; sino más bien, lo que acaparaba sus pensamientos era el hecho de que justo en ese día se cumplía otro fin de semana desde que la ojiperla se marchó. ¡Y vaya que se molestó al inicio! Él había llegado a buscarla al aeropuerto, ilusionado, pero ella solo se había despedido con un ademán de mano para adentrarse al avión. ¡Qué desconsiderada, ni siquiera pudo gritarle desde donde estaba!
Sin embargo su enojo de disipó con el pasar del tiempo, comprendiendo que Hinata necesitaba alejarse de esa vida que la había tratado de manera tan hostil: Su padre restándole importancia, su hermana menor opacándola, su mejor amiga lejos de ella la mayoría del tiempo y su novio dejándole embarazada la primera vez que la ve. Encima de todo pierde a su bebé cuando apenas se enteraba de que iba a ser madre, y él enfadándose con ella por celos estúpidos. ¿Así, o más problemática su vida?
Pobre chica. De hecho, hoy cumplía ya sus diecinueve años de edad. Y Naruto, sintiéndose más deprimido que de costumbre al recordarla, fue a adentrarse a las instalaciones de un bar, ese que estaba dentro de su universidad.
-Vaya, vaya, pero miren a quien tenemos aquí. ¡Es el asombroso Naruto Uzumaki!- aquel sarcasmo, y su tono de voz tan coqueto… eso solo significaba una cosa…
-¿Ino?- Efectivamente era ella. La mejor amiga de su Hinata. ¿Quién diría que se volverían a encontrar? –Qué raro verte aquí. ¿Quién te ha dejado entrar?-
-¡Estudio aquí, tonto! ¡Hasta tenemos el mismo horario!- Y al parecer alguien se sentía ofendida…
-¡Eso no es posible, yo estoy estudiando para ser médico*!-
-¡Yo también, tarado!- el rostro asombrado del rubio no se hizo esperar. Vaya que era despistado, todos tenían razón.
-Como sea.- Bufó, y regresó su vista al vaso de vodka que tenía en manos. – Si no tienes nada más que reclamarme…-
-De hecho, - le interrumpió la blonda, tomando asiento al lado de él. –Me gustaría mucho saber por qué estás así de triste.-
-¿Qué no es obvio, Ino?-
-Para mí no lo es. –
-¡Hinata se ha ido, y yo no pude hacer nada para detenerla! ¡Y de veras estaba tan enfadado en un inicio, pero ahora me doy cuenta de que ella jamás fue feliz aquí, y debo dejarla ir, aunque duela! No sabes cuánto me gustaría poder desearle un feliz cumpleaños en este momento.-
-Con que eso era…- ella acarició su maquillado mentón, a manera pensativa.
-Sí, Ino, eso era. Eso es y será por saber ni cuánto tiempo más. – y allí estaba Naruto, la persona más radiante y feliz de la Tierra, hablándole como todo un cretino a quien se preocupaba por él. Habría sentido vergüenza de su persona de no ser por el ánimo que llevaba.
-Bueno, bueno, pero no es para que me hables así Naruto. Sé que Hinata te amaba, y probablemente aún sienta lo mismo por ti. Y si tú también la quieres, ¿no deberías estar feliz de que se fuera en busca de una vida mejor? Tal vez su madre se comportará muchísimo mejor que su padre, y podrá ponerle más ganas a los estudios. – Ino le mostró una bella y confiada sonrisa a Naruto, y por un instante, le reconfortó escucharla. Pero de nuevo apareció ese atisbo de melancolía en sus ojos.
-Lo sé Ino, perdón. ¡Es solo que jamás me he sentido así de mal, y no entiendo por qué me pasa esto! Créeme que si pudiera verla una vez más, y ella aún me permitiera estar a su lado, ¡Nunca jamás cometería los errores del pasado!-
-¡Oh por Dios! ¡Pues agradécele al cielo Naruto, porque al parecer te ha mandado una oportunidad!- El rostro de la Yamanaka era toda una poesía. Su boca abierta, los ojos más ensanchados de lo usual, y el tono de su piel más pálido de lo posible. –Naruto, no bromeo, mira atrás. ¡Ahí está tu chica!- Entonces sonrió con ternura. De inmediato se le compuso la cara, sacudió su falda y se dispuso a marcharse. Entonces Naruto la tomó del brazo.
-¡¿Qué hago, Ino!? ¡No te vayas, eres su amiga y no debes dejarla sola, en ese estado!-
-Naruto, lo que voy a hacer ahora es dejarla en manos de quien sé que la ama y la cuidará mucho mejor de lo que yo podré, por siempre. Pasaré a verla en unas semanas. ¡Suerte!- Y así se retiró Ino, con un guiño de ojo, su cabello ondulando a los costados, y sus caderas meciéndose como es costumbre propia de ella.
Pero ahora el dilema era Hinata: Andaba sosteniéndose de una columnas, muy ebria, tambaleante y temblando por el frío. Naruto se deshizo de su sudadera naranja, y corrió hasta la Hyuga para colocarla sobre sus hombros. Luego la abrazó, y enterró su cabeza entre en cuello de la peliazul. Olía a sudor y whisky, y escuchaba su respiración pausada.
-¡Naruto-kun! Yo… yo he vuelto, te extrañaba.- Esas fueron las últimas palabras que dijo, antes de caer desmayada en brazos del fornido muchacho.
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Un dolor de cabeza horrible, mal sabor en la boca, aliento del asco y el cuerpo pesado. Esos son los resultados cuando sumas a Hinata Hyuga con algo de alcohol. Bueno, bueno, con muchísimo alcohol. ¡Por la santísima Biblia!* Ella jamás en su vida había acostumbrado a beber, ¡Pero vaya que perdió el control! Y ahora, el asunto siguiente: ¿Dónde rayos se encontraba?
Abrió más los ojos, y observó con detenimiento. Luego parpadeó un par de veces, lentamente; puesto que la luz del sol le lastimaba. Menuda resaca la que se ganó… bien merecida se la tenía, según ella.
Ya sabía dónde estaba, y recién recordaba lo último que sucedió previo a su desmayo. Naruto aparecido de la nada a abrazarla, y ella le dijo que lo extrañaba. ¡Pero qué tonta se sentía! ¿Y si él ya tenía otra novia? ¿Por qué no mejor llamó a Ino en cuanto salió del aeropuerto? De seguro ella la hubiese ayudado. Ah. Claro, sábado por la noche es día de fiesta para Ino. Seguramente la habría alcoholizado más de lo que ella misma lo hizo. No, Ino no haría eso con la chica a la que consideraba su muñequita-mejor-amiga. Pero en fin, ese no era el punto. Ahora lo que debía hacer era concentrarse en salir de la casa de Naruto sin vergüenza, y ver si su padre ya la había perdonado, para quedarse en su antigua habitación un par de meses, en lo que se estabilizaba y conseguía un apartamento.
Muy bien, si se levantaba con cuidado y salía de allí a todo vapor*, de seguro Naruto no la vería. A todo esto, ¿Dónde se encontraba el rubio? No estaba a su lado, y tampoco se escuchaban ruidos. Se sintió segura entonces, y bajando las escaleras se encontró con que Naruto le esperaba en el desayunador, con una taza de café y ramen. Ramen instantáneo. Ella no se había embriagado casi nunca; y la excepción fueron dos veces: La noche de ayer, y la fiesta en la cual conoció a Naruto.
Con cuidado, y en silencio, Hinata intentó retroceder las escaleras para que Naruto no reparase en su presencia. Sin embargo, no contaba con que un fuerte rayo de luz se colara por las ventanas, y le diera justo en los ojos. ¡Rayos! No solo tenía una jaqueca de muerte, sino que encima de todo, el sol le hería más. En ese momento dio un mal paso, soltó un pequeño quejido y se cayó, sentada sobre su trasero. Si lo que añoraba con todo su ser es que Naruto no la viese, pues había fracasado.
-¡Hinata! ¿Te encuentras bien ´ttebayo?-
-S-si.- No pudo evitarlo, desvió su vista a un lado. La voz de Naruto ahora sonaba más grave, únicamente un poco, y su cuerpo, que antes ya estaba en buena forma, ahora se hallaba mejor. Temari, la amiga que conoció durante su estadía en Canadá, de seguro le habría mencionado entre susurro y susurro las miles de cosas que le haría a ese cuerpecito. Ahora que reparaba en ello, ¿Por qué sus mejores amigas eran unas completas pervertidas?
-Que bien. Imaginé que al despertar tendrías algo de… eh, malestar. Te he dejado desayuno en la mesa.-
-Gracias.- Ay, no. El momento que tanto temía había llegado. Mareos, Nauseas; mejor salió corriendo hacia el baño. Ya ni siquiera le dio tiempo de cerrar la puerta tras de sí. Solo comenzó a vomitar, vomitar, y vomitar. Nunca jamás en la vida volvería a embriagarse, eso era definitivo. Naruto llegó segundos después, y le recogió el cabello con sus manos para que no se lo ensuciara.
-Toma, esto te servirá.- Abrió uno de los gabinetes del mueble de baño y sacó un cepillo de dientes. –es para que te quites el mal sabor de boca.- no le serviría de mucho, porque el mal sabor de boca le regresaría cada vez que recordase que Naruto le vio vomitar, y desmayarse en un estado tan crítico.
-Muchas gracias.-
-No me lo agradezcas.- La sonrisa en el rostro del rubio se esfumó entonces, bajó las escaleras.
-¿A-a dónde vas?- Bajó ella también.
-Voy a la universidad. En la alacena hay comida, y dejé dinero en tu habitación, para que vayas a comprarte algo de ropa.- Sin más, se marchó. Ahora ella estaba sola en esa casa.
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Luego de desayunar, se sintió considerablemente mejor. Se recostó un rato en el sofá de la sala para descansar, y veinte minutos después decidió darse una ducha. Al salir, no le quedó de otra más que volver a ponerse el mismo vestido de lentejuelas plateadas del día anterior, que se amarraba por detrás del cuello y no tenía mangas. Le quedaba algo holgado del torso, cayendo así libre y suelto después de pasar por su busto. Al final se ajustaba a sus piernas.
Hinata creía que ese vestido era hermoso, pero no quería usarlo hoy también. En vista de las circunstancias, debería gastarse el dinero que le dio Naruto…
Tomó el metro y se adentró en las puertas de un centro comercial. Luego entró a varias tiendas, para comprar ropa íntima, un par de blusas, dos jeans y un par de zapatos cómodos. Gastó bastante dinero, pero no tanto como esperaba. Llegó de nuevo a la casa del ojiazul, preparó almuerzo para dos por si Naruto llegaba temprano, comió el suyo y vio unas películas en la televisión.
Tres, tres y media, cinco, seis. La tarde se pasó aburrida y lentamente; Naruto no llegó. Optó por hacerse cena, esta vez solo para una persona, y dejó una nota al lado del almuerzo que había preparado para él:
"Naruto:
Gracias por todo. No sabía si llegarías temprano, así que te preparé almuerzo, por si acaso. Si quieres puedes comerlo ahora. Tomaré prestada una camisa tuya, y mañana te la devolveré.
Lamento las molestias,
Hinata."
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Naruto llegó sumamente tarde a casa. Eran las 9:45 p.m.
Estaba cansado, le dolían los pies, tenía mucha hambre y traía un humor de los mil demonios a causa de ello. No sabía si Hinata se habría ido para cuando llegase, e internamente esperaba que no. Aún así no quiso verla en toda la tarde, por lo que, al salir de clases, almorzó en la cafetería del campus, fue a su entrenamiento habitual de football , y posterior a eso, acompañó al imbécil de Sasuke a casa, para jugar un par de videojuegos con él. Ya no le sentía rencor por lo de Sakura. Después de todo, el terminó enamorándose de Hinata; y siempre ha sido la rivalidad un punto fuerte en su amistad con el azabache.
Al ver que era de noche, Naruto llamó por teléfono a la Yamanaka. Al tercer timbre, ella contestó.
-¿Hola? ¿Quién habla?-
-Hola Ino, soy Naruto.-
-¡Naruto, que bueno oírte! Cielos, jamás creí decirte eso. Dime, ¿Se arregló todo con Hina? ¿Cómo está ella?-
-No, nada está arreglado. Y sí, supongo que está bien. Esta mañana despertó con una resaca horrible, pero deduzco que ya se le ha de haber pasado.-
-Vaya, eso suena extraño. Quién diría que nos encontraríamos a Hinata ebria en el bar de la universidad. Y a todo esto, ¿Cómo rayos habrá entrado?-
-Ni idea, Ino. Ni idea.-
-Bien, si eso es todo…-
-¡No, espera 'ttebayo! ¡Quería preguntarte si no puedes compartir tu habitación con Hinata unos meses!
-Naruto, sabes que no puedo, tonto.-
-¡¿Y por qué no, cerda?!- una palabra bastó para hacer enojar a la blonda.
-¡Imbécil, no me digas así! Ah, suficiente tengo con que Sakura se la pase todo el día parloteando como perico y diciéndome "cerda, cerda, cerda". ¡No puedo porque vivo en las habitaciones de la universidad!-
-¡Eso es cierto, de veras, lo olvidé!-
-Ay Naruto. Bueno, no te olvides que pasaré a verla en dos semanas. Si se ha ido a vivir a otro lugar, me mandas la dirección por mensaje de texto.-
-¿Y por qué yo?-
-¡Porque eres el único que sabe que está de regreso en Japón, tonto!-
-Bien. Nos vemos.-
-Buenas noches Naruto. Y no te olvides del examen de mañana.-
-¡¿Qué?!-
La llamada se cortó. Si bien no era cierto eso del examen, Ino quería hacer pagar a Naruto por llamarle así. Lo toleraba de Sakura, porque al igual que Naruto con Sasuke, ellas eran ami-enemigas. Pero de nadie más lo toleraría, y mucho menos proviniendo de un tarado cabeza hueca.
Esas actividades habían ocupado toda su tarde; pero aún no sabía cómo perdería el tiempo mañana. Sabía que pasarla con Hinata sería incómodo, demasiado, y por eso regresaría hasta las nueve, todos los días.
Con cuidado de no hacer ruido abrió la puerta, y llegó a la cocina para sacar un paquete de galletas de piña de la alacena. Estaba hambriento, sí, pero no quería cocinar. De repente volteó su vista a ningún punto en específico, ¡Y lo vio, vio un plato con comida! Estaba cubierto con aluminio, y hasta frío, pero eso no importaba. Era comida. Leyó la nota de Hinata, y se preguntó internamente para qué habrá tomado una de sus camisetas. Bah, eso no importaba mucho, a decir verdad.
Se sentó a devorar el platillo (que recalentó en el horno de microondas) a la luz de la luna, porque no se le antojaba presionar el interruptor para encender las lámparas en el techo. Increíble como una cena y una nota le habían mejorado el humor. Incluso se atrevería a decir que el día. ¡Y es que la comida de Hinata era la mejor, dattebayo!
Cuando estaba terminando de cenar, alcanzó a ver una sombra bajando las escaleras. La "sombra" colocó su mano en el interruptor, y ¡Puff! Mágicamente las luces se encendían, dejando ver a una somnolienta Hinata que restregaba sus ojos con sus manos. A Naruto se le subieron los colores a la cara al ver a Hinata vestida con nada más que una de sus camisetas grandes, sin pantalones abajo. La camiseta le llegaba a dos centímetros más arriba de la mitad de los muslos.
-¡Ah!- cuando dejó de pasar sus manos por sobre sus ojos, se encontró a Naruto viéndola fijamente, sonrojado. De inmediato corrió a colocarse detrás de la barra del desayunador de la cocina.
-¡Con que para eso era mi camisa!- Pero ese comentario fue más para él mismo que para ella.
-E-e-es que yo o-olvidé comprar pijama.- Y Naruto cambio su rostro, de sonriente a molesto.
-¿Por qué tartamudeas, Hinata? No es cómo si no te hubiera visto antes. – Bufó.
-Y-yo…-
-No lo hagas.-
-bien.- Se quedaron en silencio. Ella tomó el vaso de agua por el cual había bajado a la cocina, y entonces volvió a emitir palabras. - ¿Podrías voltearte mientras subo, por favor?- ¡Sí que le había costado decir eso sin tartamudear!
-Ya que- de nuevo otro resoplido, por mero enfado. No le molestaba que se quedase en su casa, ni que tomara de sus alimentos, ni mucho menos que gastase su dinero. Lo que lo ponía iracundo era que Hinata se comportara con él tan apenada, como si fuesen completos extraños.
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Siete de la mañana del día siguiente. ¡Santo cielo, hasta ahora recordaba su cumpleaños! Se limitó a sonreír internamente por su despiste. Ya habían pasado dos días, y ahora tenía diecinueve.
Aquel día se despertó con el pie derecho, decidida a hacer de ese un excelente y súper agradable día. Desayunó, se duchó, y se vistió con la ropa que había comprado anteriormente. Había sido tan tonta al dejar que un chico se robara sus maletas mientras ella conversaba con otra chica pelirroja, de lentes y carácter algo pesado. De haber prestado más atención, todavía tendría un poco de dinero y estaría durmiendo plácidamente en un hotel barato, mientras encontraba trabajo. Precisamente por eso es que necesitaba salir hoy, e iría a buscar a Hanabi a la escuela.
Cuando llegó, pidió a la recepcionista que por favor le permitiera ir a ver a su hermana, la estudiante Hanabi Hyuga. Y la señorita, con toda la amabilidad del caso, cabe mencionar, le prohibió verla a menos que trajera un documento que afirmase que ella era Hinata Hyuga. ¡Colosal suerte la que sintió sobre sí al no haber dejado su licencia de conducir dentro de lo que le robaron! Solo hasta que la enseñó pudo pasar a buscarla. Segundo piso, aula 8D.
Tres golpecitos a la puerta, y la profesora abrió. Qué irónica es la vida a veces: resultó que era su antigua sensei, Kurenai.
-Hyuga, te busca tu hermana.- Y el rostro de Hanabi se volvió un poema. Casi llora a media clase, y eso que era de las más inexpresivas de su salón. Al salir, cerraron la puerta.
-Nii-san, ¡Creí que jamás volvería a verte!- la ojiperla menor abrazó la cintura de su hermana con fuerza, y comenzó a llorar en su blusa. –Me asusté mucho cuando papá te golpeó por haber quedado embarazada.-
-P-pero nada malo me ha pasado, Hanabi-chan. Ya no tienes que estar triste por mí.- Eso era mentira: habían roto su corazón, perdió a su novio por indecisiones, voló hasta Canadá para vivir con su madre y resultó que ella era una mujer demasiado ocupada como para convivir con ella. La dejó decepcionada. Luego vino de regreso a su país natal, en el cual le robaron todas sus pertenencias. Pero no le iba a decir todo era a la aturdida niña de casi quince años.
-Ino-san me dijo que te fuiste a otro país. ¿Qué pasó?-
-N-no es importante Hanabi-chan. Ahora estoy en una situación muy crítica y necesito que me digas dónde puedo encontrar a padre.-
-¿Padre? ¿Vas a volver?-
-Quizás, sólo si él me acepta de regreso.-
-Pero debes prometerme que no irás sola cuando vayas a verlo. Se ha vuelto más enojado, y de seguro te mata si te ve. Desde aquel día no me deja salir de casa sin un guardaespaldas. –
-Hanabi, no es para tanto. Estaré bien…-
-¡Promételo, o no te diré dónde!-
Y tras pensarlo por segundos, lo prometió.
-Te lo juro, hermanita. Ahora dímelo, por favor.-
-Él se jubiló hace unas semanas, así que lo encontrarás en casa. Sin embargo, no te permitirán pasar por el frente, puesto que le irán a avisar que has llegado a verle, y él dará la orden de que no entres. Debes rodear la casa, saltar los barrotes de hierro puntiagudos y distraer al perro, que es fácil de sobornar con una pelota de tenis y galletas. Entonces caminarás recto, escondida debajo de los árboles para que las cámaras no te graben, y tocarás tres veces a la puerta negra. Ni más, ni menos.-
- ¿Por qué?-
-Porque Padre sabe que los únicos que conocemos esa entrada somos dos empleados, su socio y yo. Nunca te preguntará quien es, y cuando abra la puerta, debes entras corriendo a su oficina en casa. Te recomiendo que lleves contigo a un chico fuerte, como Kiba-kun.-
-¿Kiba-kun? Hanabi, ¿Cómo es que te recuerdas de él?- Si, en efecto, la única se que había reencontrado con Kiba un año atrás era ella, Hinata. Nunca fueron a la casa Hyuga, puesto que para cuando se volvieron a ver, Hinata ya había sido desterrada de esos territorios. Era imposible que Hanabi lo recordase.
-Agradécele a las tontas redes sociales. Por medio de ellas, Kiba me contaba cómo te iba con mamá. Al menos lo que tú le decías cuando te llamaba o te escribía.-
-Kiba-kun…-
-Él está enamorado de ti, hermana. ¿Por qué no se vuelven novios?-
No se volvían novios porque cuando ella dijo que regresaba a buscar a Naruto, no mentía. Lo extrañó mucho, y quería volver a saber de él. Era una enferma, seguramente. Lo más probable es que Naruto ya tuviera a otra chica que no ha mencionado, y le deja quedarse en su casa solo por amabilidad. O lástima.
Sin quererlo, una lágrima traicionera surcó por su mejilla izquierda. Hanabi se apresuró a limpiarla.
-¿Aún lo amas, verdad?-
-¿Eh?-
-A Naruto, tonta. – Hanabi sonrió. Hinata no sabría que hacer sin su ayuda.
-Si.-
Hinata se agachó para quedar a la altura de su hermanita, que ya casi le alcanzaba en alto, y la estrechó entre sus brazos cómo si su vida dependiese de aquello.
-Bueno, hermana mayor, te deseo suerte. ¡Ah! Nunca adivinarás quién es el socio de papá.-
-¿Quién es?-
-Pues es, ni más ni menos que el primo Neji. –
-¿Y-y cómo le va? ¿Se ha comportado bien contigo?-
-Hay días en los que no lo soporto. No me deja estar en paz con Konohamaru-kun.-
-¿Quién es Konohamaru?- La castaña solo atinó a ver a otro lado.
-¿Es tu novio?- El rostro de Hinata se iluminó con alegría, y ante la ausencia de respuesta supo que no se equivocaba. -¡Felicidades!-
-Bien, debo ir a clase. Qué suerte que era Kurenai-sensei. De lo contrario perdería todas mis calificaciones de esta clase.-
-Adiós, hermanita.- Un último abrazo, y cada quien regresó por donde vino. En vista del juramento que había hecho, no podría buscar a su padre hoy. Pero no llevaría a Kiba-kun, porque él no sabía de lo malo que podía ser su padre, ni de cómo estaban las cosas con su familia. Tampoco supo jamás del embarazo de Hinata; y si llegaba con ella, lo escucharía todo. No le convenía.
Era definitivo, llevaría a Naruto. O eso intentaría. ¿Él aceptaría?
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Ahora vamos con los asteriscos de la historia:
-¡…estoy estudiando para ser médico!*: Bien, es publicidad oculta para el fanfic de mi querida amiga, Stella T. Whiteney, titulado "Despecho e Inocencia: Química sin Precedentes."
-¡Por la santísima Biblia!*: Una frase que no escucho muy seguido, y el 99.9 por ciento de las ocasiones en que la he escuchado, fue de la boca de mi padre. Me gusta, no es muy común.
-Salía de allí a todo vapor*: por si no han escuchado este decir, "a todo vapor" es sinónimo de veloz o fugazmente.
