(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 14.

Durante los siguientes cuatro días, Candy se despertó antes del amanecer para entrenar en su habitación, usando cualquier cosa para ejercitarse: sillas, la puerta… e incluso los tacos y la mesa de billar. Las bolas servían como estupendas herramientas para mantener el equilibrio. Al amanecer, Albert solía presentarse a desayunar a desayunar. Después recorrían por la reserva natural y el procuraba ir al ritmo de la asesina. El otoño ya había entrado del todo y el viento olía a hojas crujientes y nieve. Albert nunca decía nada cuando ella se inclinaba hacia adelante, apoyaba las manos en las rodillas y vomitaba el desayuno, ni tampoco hacia ningún comentario sobre el hecho de que cada día que pasaba ella pudiese ir mas lejos son pararse a tomar aliento.

Cuando acababan de correr, entrenaban en una sala privada lejos de las miradas de sus competidores. Hasta que ella se desplomaba o gritaba que estaba apunto de morir de hambre y cansancio. En los entrenamientos, lo cuchillos seguían siendo los favoritos de Candy, aunque el garrote de madera también se convirtió en un arma muy apreciada; obviamente, tenia que ver con el hecho de que con el podía golpear al capitán libremente sin cortarle un brazo. Desde si primer encuentro con la princesa Annie, no había vuelto a verla ni a oír hablar de ella…, ni siquiera de boca de las criadas.

Albert siempre acudía a comer y, después, se reunían con los demás campeones para pasarse unas horas mas entrenando bajo la atenta mirada de Brullo. Casi todo el entrenamiento tenía como objetivo asegurarse de que en efecto eran capaces de usar aquellas armas. Obviamente, Candy se lo pasaba por la cabeza gacha, esforzándose para que Brullo no la criticase, pero no tanto como para que la alabase igual que hacia con Neil.

Neil… ¡Como lo detestaba! Brullo prácticamente lo idolatraba, y los otros campeones lo saludaban con un gesto de la cabeza para mostrarle respeto. Nadie se molestaba en comentar la buena forma en la que se encontraba ella. ¿Así es como se habían sentido los otros asesinos en la fortaleza se los asesinos todos aquellos años en los que habían acaparado la atención de Arobynn Hamel? Era difícil concentrarse cuando Neil estaba cerca, provocándola y burlándose de ella, esperando a que cometiese algún error. Con suerte, no la distraería en la primera ronda eliminatoria. Brullo no les había dado ninguna pista sobre lo que se pondrían a prueba, y Albert tampoco tenia ni idea.

El día previo a la primera prueba, Candy supo que algo iba mal mucho antes de llegar a la sala de entrenamiento. Albert no se había presentado a desayunar, sino que había enviado a sus guardias para que la llevasen a la sala de entrenamiento para entrenar ella sola. Tampoco se presento a comer, y para cuando la acompañaron a la sala común, rebosaba preguntas.

Sin Albert a su lado, Candy se quedo junto a una columna y vio como entrenaban en fila los otros competidores, flaqueando por los guardias y sus entrenadores. Brullo aun no había llegado, y eso también le extraño. Además, había demasiados guardias en la sala de entrenamiento.

-¿A que crees que viene todo esto? – le pregunto Nox Owen, el joven ladrón de Perranth. Después de haber demostrado sus dotes durante el entrenamiento, muchos de los otros competidores le habían pedido su opinión, pero el había preferido no compartirla con nadie.

-El capitán Andley no me ha entrenado esta mañana –dijo Candy. ¿Qué tenia de malo reconocerlo?

Nox le ofreció la mano.

-Nox Owen.

-Se quien eres –dijo Candy, pero le estrecho la mano de todos modos.

El apretón de Nox fue firme; tenia la mano llena de callos y de cicatrices. Estaba claro que había participado en más de un combate.

-Bien. Me he sentido un poco invisible con ese patán enorme luciéndose estos últimos días –señalo con la barbilla a Neil, que estaba examinando sus bíceps en tensión. En uno de sus dedos brillaba un gran anillo de piedra negra e iridiscente. Resultaba curioso que lo llevase para entrenar. Nox añadió -. ¿Has visto a Verin? Cualquiera diría que esta apunto de vomitar.

Señalo al ladrón bocazas al que Candy quería dejar inconsciente de una paliza. Habitualmente, Verin estaba cerca de Neil, provocando a los demás campeones. Pero aquel día estaba solo junto a la ventana, con la cara pálida y los ojos abiertos como platos.

-Le he odio hablar con Neil –dijo una tímida voz junto a ellos. Se giraron y vieron a Pelor, el mas joven de los asesinos. Candy se había pasado medio día observándolo… y aunque ella solo fingía ser mediocre, verdaderamente a el no le vendría mal un poco de entrenamiento.

"Menudo asesino. Aun no le ha cambiado la voz. ¿Cómo habrá acabado aquí?

-Y ¿Qué ha dicho?

Nox se metió las manos en los bolsillos. Su ropa no estaba tan raída como la de los otros competidores; el simple hecho de que Candy hubiese oído su nombre significaba que debía haber sido un buen ladrón en Perranth.

La pecosa cara de Pelo palideció un poco.

-A Bill Chastain…, el Comeojos…, lo han encontrado muerto esta mañana.

¿Un campeón, muerto? Y, para colmo, un famoso asesino.

-¿Cómo? –pregunto Candy.

Pelor trago saliva.

-Verin ha dicho que no era agradable. Como si alguien lo hubiese abierto en canal. Paso junto al cadáver cuando venia hacia aquí.

Nox maldijo entre dientes y Candy se quedo mirando a los otros campeones. Se había hecho el silencio entre ellos, y había varios grupos susurrando en coro. La historia de Verin estaba corriendo como la pólvora.

.Dice que el cadáver de Chastain estaba hecho jirones –añadió Pelor.

Un escalofrió le recorrió la espalda, pero negó con la cabeza. En ese momento entro un guardia y les dijo que Brullo había dado la orden de que les permitiesen disponer libremente de la sala de entrenamiento para practicar como quisiesen. Como necesitaba distraerse para conjurar la imagen que se estaba formando en su cabeza, Candy no se molesto en despedirse de Nox y de Pelor y se dirigió a grandes zancadas al armero, de donde cogió un cinturón lleno de cuchillos arrojadizos.

Eligio un lugar junto a las dianas del tiro de arco. Nox se unió a ella unos segundos después y comenzó a lanzar cuchillos contra la diana. Alcanzo el segundo anillo, pero no logro acercarse más al centro. Su habilidad con los cuchillos no era tan buena como su dominio del arco.

Candy saco un cuchillo del cinturón. ¿Quién podía haber matado a uno de los campeones de aquel modo tan brutal? Demás, si el cadáver estaba en el pasillo, ¿Cómo podía haber escapado el culpable? El castillo era un hormiguero de guardias. Había muerto un campeón tan solo un día antes de la primera prueba; ¿se repetiría la historia?

La asesina se concentro en el pequeño punto negro del centro de la diana. Estabilizo su respiración, levanto el brazo y dejo libre la muñeca. El ruido que hacían los otros campeones se fue apagando. La negrura del centro de la diana la atraía y, al soltar el aire, lanzo el cuchillo.

En su camino brillo como una estrella fugaz hecha de acero. Al acertar en el blanco, Candy sonrió torvamente.

A su lado, Nox maldijo con viveza cuando su cuchillo alcanzo el tercer anillo. La sonrisa de Candy s ensancho, a pesar del cadáver hecho trizas que yacía en alguna parte del castillo.

La muchacha saco otro cuchillo, pero se quedo parada cuando Verin la llamo desde el cuadrilátero donde entrenaba con Neil.

-Los trucos de circo no sirven de mucho cuando eres el campeón del rey –Candy desvió la mirada hacia el, pero siguió apuntando al blanco sin moverse -. Estarías mejor tumbada de espaldas, aprendiendo trucos útiles para una mujer. De hecho, esa noche puedo enseñarte algunos, si quieres – se echo a reír y Neil lo secundo.

Candy agarro la empuñadura del cuchillo con tanta fuerza que se hizo daño.

-No les hagas caso –murmuro Nox. Lanzo un cuchillo más y volvió a fallas el centro de la diana -. No sabría por donde empezar con una mujer ni aunque una se pasease desnuda por su dormitorio.

Candy lanzo el cuchillo y la hoja hizo un ruido metálico al clavarse junto a la que ya se había incrustado en el centro de la diana.

Nox arqueo sus oscuras cejas, lo cual no hizo sino resaltar sus ojos grises. No podía tener mas de veinticinco años.

-Tienes una puntería impresionante.

-¿Para ser una chica? –respondió ella.

-No –contesto el, y lanzo otro cuchillo -. Se mire por donde se mire.

Su cuchillo volvió a fallar. Se acerco a la diana, arranco los seis cuchillos y los metió en sus vainas antes de volver a la línea de lanzamiento. Candy carraspeo.

-Estás mal colocado –dijo la asesina en voz baja para que no la oyesen los otros campeones -. Y la posición de la muñeca es incorrecta.

Nox bajo el brazo y ella adopto su postura correcta.

-Con las piernas así –añadió. Nox se quedo mirándola durante unos segundos y puso las piernas en una posición similar -. Flexiona ligeramente las rodillas. Echa los hombros hacia tras y relaja la muñeca. Lanza el cuchillo cuando hayas expulsado el aire. Candy le hizo una demostración y el cuchillo s clavo n el centro de la diana.

-Enséñamelo otra vez – pidió Nox agradecido.

Candy volvió a hacerlo y alcanzo de nuevo el centro de la diana. Luego lanzo otro cuchillo con la mano izquierda y reprimió un grito triunfal cuando la hija del mango se hundió en el mago de otro cuchillo.

Nox s concentro en el blanco mientras levantaba el brazo.

-Acabas de humillarme –dijo riéndose entre diente mientras levantaba el cuchillo todavía mas.

-Deja la muñeca suelta –contesto ella -. Es la clave para hacer un buen lanzamiento.

Nox obedeció, soltó el aire lentamente y lanzo el cuchillo. No se clavo en el centro de la diana, pero si dentro del anillo interior.

-He mejorado un poco –dijo levantando las cejas.

-Solo un poco – contesto ella, y se mantuvo firme mientras el recogía los cuchillos de ambos de las dos dianas y le devolvía los suyos. Candy los aventó en su cinturón -. Eres de Perranth ¿no? –pregunto.

Aunque nunca había estado en Perranth, la segunda ciudad mas grande de Terrasen, la sola mención de su país le hacia sentir miedo y culpabilidad. Habían pasado diez años desde el asesinato de la familia real, diez años desde que el rey de Adarlan había invadido el país con su ejército, diez años desde que Terrasen había sido condnado en silencio y entre cabezas gachas. No debería haberlo mencionado; de hecho, no sabía por que lo había mencionado.

Controlo sus rasgos para que demostrasen un educado interés mientras Nox asentía con la cabeza.

-Es la primera vez que salgo de Perranth. Tú dijiste que era de Bellhaven, ¿no?

-Mi padre es mercader –mintió Candy.

-Y ¿Qué opina de una hija que se gana la vida robando joyas?

Candy esbozo una sonrisa y lanzo un cuchillo contra la diana.

-Está claro que no va a invitarme a su casa durante una temporada.

-Ah, al menos estas en buenas manos. Tienes al mejor entrenador de todos. Los eh visto a los dos corriendo al amanecer. Yo al mío tengo que suplicarle que deje la botella y me permita entrenar fuera de estas sesiones. –señalo con la cabeza a su entrenador, que estaba sentado contra la pared con la capucha de la capa tapándose los ojos -. Ya esta otra vez durmiendo.

-A veces, el capitán de la guardia es insoportable –contesto ella lanzando otro cuchillo -. Pero tienes razón: es el mejor.

Nox se quedo callado un momento.

-La próxima vez que nos hagan formar parejas para el entrenamiento, búscame, ¿quieres? –dijo por fin.

-¿Por qué? –la asesina fue a coger otro cuchillo, pero se dio cuenta de que había vuelto a usarlos todos.

Nox lanzo otro cuchillo y esta vez alcanzo el centro de la diana.

-Porque me juego algo a que vas a ganar esta competición.

Candy sonrió ligeramente.

-Confiemos en que no te eliminen en la prueba de mañana –contesto la asesina. Examino la sala de entrenamiento en busca de alguna señal del desafío que les esperaba al día siguiente, pero no vio nada extraordinario. Los competidores –menos Neil y Verin – guardaban silencio, y muchos se habían quedado pálidos como la nieve -. Y confiemos en que ninguno de los acabe como el Comeojos –añadió, y lo decía en serio.

-¿Es que nunca haces otra cosa aparte de leer? – pregunto Albert.

Candy dio un respingo en su silla del balcón cuando el capitán se sentó a su lado. El último sol de la tarde calentaba la cara y la última brisa templada del otoño le alborotaba el pelo suelto.

La muchacha le saco la lengua.

-Y tú, ¿no deberías estas investigando el asesinato del Comeojos?

-Eso no es asunto tuyo. Y no intentes sonsacarme información –añadió cuando la asesina abrió la boca. Señalo el libro que Candy tenía en el regazo -. En la comida he visto que estas leyendo El viento y la lluvia y se ha olvidado preguntarte que opinas.

¿De verdad había ido a hablar de un libro cuando esa misma mañana habían encontrado el cadáver de un campeón?

-Es un poco denso –reconoció, y levanto el volumen marrón que tenia en el regazo. Como el capitán no contesto, ella pregunto -: ¿A que has venido?

-He tenido un día muy ajetreado.

Candy se masajeo la rodilla, que tenia dolorida.

-¿Por culpa del asesinato de Bill?

-Porque el príncipe me ha arrastrado a una reunión del consejo que ha durado tres horas –contesto; le temblaba un musculo de la mandíbula.

-Pensaba que su alteza real era amigo tuyo.

-Y lo es.

-¿Desde cuando son amigos?

El capitán se quedo callado y Candy comprendió que Albert se estaba planteando como podría usar esa información en su contra, sopesando el riesgo de contarle la verdad. Candy estaba a punto de interpelarlo abruptamente cuando el capitán contesto:

-Desde que éramos jóvenes. Éramos los únicos muchachos de nuestra edad que vivían en el castillo…, al menos de un nivel social alto. Recibíamos clases juntos, jugábamos juntos y entrenábamos juntos. Pero cuando yo tenia trece años, mi padre se traslado a la familia a nuestra casa de Anielle.

-¿La ciudad del Lago de Plata?

Tenia sentido que la familia de Albert gobernara Anielle. Los ciudadanos de Anielle eran guerreros desde que nacían y habían sido los guardianes contra las hordas de salvajes de las montañas Colmillo Blanco durante generaciones. Afortunadamente, durante los últimos años las cosas habían sido mucho mas fáciles para los guerreros de Anielle; los hombres de las montañas Colmillo Blanco habían sido unos de los primeros pueblo en ser conquistados por los ejércitos de Adarlan, y sus rebeldes rara vez acababan como esclavos. Candy había oído historias según las cuales los hombre de las montañas preferían matar a sus mujeres e hijos, y luego a si mismos, antes que ser apresados por los soldados de Adarlan. La idea de Albert enfrentándose a cientos de ellos –hombres como Neil – le hizo sentir nauseas.

-Si- contesto Albert jugueteando con el largo cuchillo de caza que llevaba colgado al costado -. Debía pasar a formar parte del Consejo Real, como mi padre, y el quería que pasas un tiempo entre mi pueblo y aprendiese… lo que sea que aprenden los miembros del Consejo. Mi padre decía que con el ejército del rey ahí, podríamos dejar de luchar contra los hombres de las montañas para concentrarnos mas en la política –sus ojos azules parecían distantes -. Pero echaba de menos Rifthold.

-Y ¿te escapaste?

Candy se maravillo de que el capitán estuviese contándole tantas cosas por iniciativa propia. ¿Acaso no se había negado a contarle nada sobre si mismo mientras viajaban hasta allí desde Endovier?

-¿Escaparme? – Albert se echo a reír -. No. Terry convenció al capitán de la guardia para que me aceptara como su aprendiz, con ayuda de Brullo. Mi padre se negó, así que abdique de mi titulo de Lord de Anielle en mi hermano y me marche al día siguiente – el silencio del capitán dio a entender lo que el no era capaz de decir: que su padre no se había opuesto. Y ¿su madre? Albert respiro hondo, soltó el aire y pregunto -. Y ¿tu?

Candy se cruzo de brazos.

-Pensaba que no querías saber nada de mí.

El capitán esbozo una sonrisa mientras veía como el cielo se derretía en una mancha de color naranja.

-¿Qué opinan tus padre de que su hija sea la Asesina de Adarlan?

-Mis padres están muertos. Murieron cuando yo tenía ocho años…

-Entonces…

El corazón le retumbo el pecho.

-Nací en Terrasen, luego me convertí en una asesina a sueldo, luego fui a Endovir y ahora estoy aquí. Nada más.

Se hizo el silencio.

-¿Dónde te hiciste la cicatriz de mano derecha?

A Candy no le hizo falta mirar la irregular línea que le cruzaba el dorso de la mano a la altura de la muñeca. Flexiono los dedos.

-Cuando tenia doce años, Arobynn Hamel decidió que con la mano izquierda no era tan hábil en el manejo de la espada, así que me dio a elegir: o me rompía el la mano derecha o lo hacia yo misma –el recuerdo fantasma de un dolor cegador le atenazo la mano -. Aquella noche puse la mano contra el marco de la puerta y la cerré con fuerza. Me abrí la mano y me rompí dos huesos. Tardo varios meses en curarse…, unos meses durante los cuales solo pude usar la mano izquierda –sonrió con malicia -. Seguro que Brullo nunca os hizo algo así.

-No –contesto Albert en voz baja -. No, en absoluto –carraspeo y se puso en pie -. Mañana se celebra la primera prueba. ¿Estas lista?

-Por supuesto –mintió ella.

El capitán se quedo de pie unos segundos, contemplándola.

-Nos veremos mañana a primera hora –dijo, y se fue.

En el silencio que siguió su marcha, Candy se quedo pensando en la historia del capitán y en los caminos que los habían hecho tan diferentes pero tan parecidos. Se abrazo las rodillas y un viento frio hizo mecerse los volantes de su vestido.

Continuara…