(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 15.

Aunque nunca lo reconocería, Candy no sabia que esperar de su primera prueba. Después de todo el entrenamiento de los últimos cinco días y del cambio de unas armas y técnicas a otras, tenía todo el cuerpo adolorido. Eso era algo que tampoco reconocería nunca, aunque le resultase casi imposible ocultar el dolor punzante que sentía en los brazos y piernas. Cuando Candy y Albert entraron en la gigantesca sala de entrenamiento por la mañana, la asesina miro a sus competidores y recordó que no era la única que no tenia ni idea de lo que les esperaba. Una enorme cortina negra cubría la mitad de la sala e impedía ver lo que había en la otra mitad. Lo que hubiese al otro lado de la cortina –reflexiono Candy – iba a decidir la suerte de cada uno de ellos.

El barullo habitual había dado paso a un silencio salpicado de susurros…, y mas que relacionarse entre si, los competidores preferían quedarse junto a sus entrenadores. Candy se quedo pegada a Albert, nada extraordinario. Lo que si era extraordinario era los patrocinadores, que, desde lo alto de la entreplanta, miraban lo que sucedía en el suelo de cuadros blancos y negros. A Candy se le hizo un nudo en la garganta al cruzarse su mirada con la del príncipe heredero. Aparte del envió de sus libros, no lo había visto ni había tenido noticias suyas desde el encuentro con el rey. Terry le dedico una sonrisa y sus ojos azul zafiro brillaron al sol de la mañana. Ella le respondió esbozando una sonrisa y rápidamente miro a otra parte.

Brullo estaba junto a la cortina con una mano llena de cicatrices apoyada en la empuñadura de su espada. Candy estudio la escena. De pronto, alguien apareció a su lado. Ella supo quien era antes incluso de que abriese la boca para hablar.

-Un poco teatral, ¿no crees?

Miro a Nox de soslayo. Albert se puso en tensión a su lado y Candy advirtió que el capitán estaba mirando al ladrón con atención, preguntándose si Nox y ella estarían ideando algún plan para fugarse que incluyendo la muerte de todo los miembros de la familia real.

-Después de cinco días de entrenamiento sin sentido, me alegro de que esto se ponga emocionante –contesto Candy en voz baja, consiente de que muy poca gente hablaba en el salón.

Nox se rio entre dientes.

-¿Tu que crees que es?

Ella encogió los hombros sin dejar de mirar la cortina. Cada vez llegaban mas competidores, y el reloj no tardaría en dar las nueve, la hora a la que debía comenzar la prueba. Aunque hubiese sabido lo que había detrás de la cortina, no lo habría ayudado.

-Espero que sea una manada de lobos a los que tenemos que vencer con las manos desnudas – lo miro de frente y esbozo una sonrisa -. ¿A que será divertido?

Albert carraspeo sutilmente. No era momento de hablar. Candy se metió las manos en los bolsillo de los pantalones negros.

-Buena suerte –le dijo a Nox antes de echar a andar a grandes zancadas hacia la cortina con Albert siguiéndola de cerca. Cuando se hubieron alejado un poco, le pregunto el capitán entre dientes -. ¿No tienes idea de lo que hay detrás de esa cortina?

Albert negó con la cabeza.

Candy se ajusto el grueso cinturón de cuero a la altura de las caderas. Era la clase de cinturón adecuado para soportar peso de varias armas. Su ligereza solo le recordaba todo lo que había perdido… Y todo lo que podía ganar. La muerte del Comeojos el día anterior había sido suerte en un aspecto: ahora había un hombre menos contra el que competir.

Miro a Terry. Desde donde se encontraba en la entreplanta, seguramente el si podía ver lo que había al otro lado de la cortina. ¿Por que no le ayudaba a hacer trampa? Dirigió su atención a los otros patrocinadores –nobles vestidos con ropas refinadas – y rechino los dientes al ver a Perrigton. Este sonrió al ver a Neil, que estaba estirando sus musculosos brazos. ¿Le habría dicho ya lo que había al otro lado de la cortina?

Brullo carraspeo.

-¡Atentos! –grito. Todos los competidores intentaron aparentar tranquilidad mientras el avanzaba hasta el centro de la cortina -. Ha llegado el momento de la primera prueba –sonrió de oreja a oreja, como si lo que ocultaba la cortina fuese a suponer un tormento para ellos -. Tal como ordeno su majestad, hoy resultara eliminado uno de ustedes. Uno de ustedes no será considerado digno.

"¡Vamos, dilo de una vez!", pensó Candy mientras apretaba los dientes.

Como si le hubiese leído el pensamiento, Brullo chasqueo los dedos y un guardia que estaba junto a la pared tiro de la cortina. Centímetro a centímetro, se fue descorriendo hasta que…

Candy reprimió una carcajada. ¿Tiro de arco? ¿Era competición de tiro de arco?

-Las reglas son sencillas –dijo Brullo. Tras el había cinco dianas repartidas por toda la sala -. Pueden disparar cinco veces, una por diana. El que tenga peor puntería se va a su casa.

Algunos competidores se pusieron a murmurar, pero Candy tuvo que sonreír de oreja a oreja. Desafortunadamente, Neil no se molesto en ocultar su sonrisa triunfal. ¿Por qué no podía haber sido él el campeón al que habían encontrado muerto?

-Lo aran uno por uno –dijo Brullo, y tras ellos aparecieron un par de soldados empujando un carrito lleno de arcos y alijabas cargadas de flechas -. Pónganse en fila ante la mesa para decidir en que orden participaran. Doy por comenzada la prueba.

Candy esperaba que todos acudieran corriendo a la larga mesa donde habían depositado todos aquellos arcos y flechas idénticos, pero al parecer ninguno de los otros veintidós competidores tenía demasiada prisa por volver a casa. Candy hizo el ademan de unirse a la fila que estaba comenzando a formarse, pero Albert la agarro del hombro.

-No te luzcas –la advirtió.

Candy sonrió con dulzura y le aparto los dedos.

-Lo intentare –susurro, y se unió a la fila.

Darles flechas era un enorme acto de fe, aun cuando tuviesen las puntas romas. Una punta poco afilada no impediría que una flecha atravesase el cuello de Perrigton… o de Terry, de haberlo querido.

Aunque el pensamiento fuese entretenido, Candy siguió prestando atención a los competidores. Con veintidós campeones y cinco disparos por cabeza, la prueba se alargo muchísimo tiempo. Gracias a que Albert la había retenido, ahora ocupaba uno de los últimos lugares de la fila; no el último, pero casi: tras ella solo había tres competidores. Estaba tan atrás que tuvo que ver a todos someterse a la prueba antes que ella, incluso Neil.

Los otros competidores lo hicieron bastante bien. Los enormes objetivos circulares estaban compuestos de cinco anillos de colores: el interior era amarillo, con un puntito negro para señalar el centro de la diana. Las dianas eran más pequeñas cuanto mas aras estaban colocadas; como la sala era tan larga, la ultima diana estaba a casi sesenta y cinco metros de distancia.

Candy pasó los dedos por la suave curva de su arco de madera de tejo. El tiro con arco era una de las primeras destrezas que le había enseñado Arobynn, algo básico en el entrenamiento de cualquier asesino a sueldo. Dos de los asesinos lo demostraron con disparos fáciles y diestros. Aunque no alcanzaron el centro de la diana y sus lanzamientos se fueron haciendo mas descuidados cuanto mas lejano era el objetivo, quienesquiera que hubiesen sido sus maestros sabían lo que les estaban enseñando.

Pelor, el asesino desgravado, aun no era lo bastante fuere para manejar un arco y apenas logro acertar ningún disparo. Al acabar, los ojos le brillaban con resentimiento. Los campeones s rieron por debajo, y Neil fue quien mas fuerte rio.

Brullo tenía el semblante serio.

-¿Es que nadie te ha enseñado a usar un arco, muchacho?

Pelor levanto la cabeza, fulmino al maestro de armas con la mirada y le hablo con un descaro sorprendente.

-Se me dan mejor los venenos.

-¡Venenos! –Brullo levanto las manos -. El rey quiere un campeón… ¡y tú no serias de acertarle a una vaca en un prado!

El maestro de armas le ordeno que se retirase con un gesto de la mano. Los otros campeones volvieron a reírse y a Candy le dieron ganas de sonreír con ellos. Pero Pelor suspiro hondo, se estremeció, relajo los hombros y se reunió con el resto de los competidores que ya habían terminado. Si al final acababa eliminado, ¿adonde se lo llevarían? ¿A la cárcel… o a algún lugar de mala muerte? Candy no pudo evitar compadecerse del muchacho. Sus disparos tampoco habían sido tan malos.

Fue Nox quien más la sorprendió, con tres blancos en la dianas más cercanas y las dos últimas flechas clavadas en el limite del anillo interior. A lo mejor debería plantearse una alianza con el. Por como lo miraban los otros competidores mientras se retiraba a la parte de atrás de la sala, Candy supo que estaban pensando lo mismo que ella.

Tumba, el repugnante asesino a sueldo, lo hizo bien. Cuatro flechas en el centro de la diana y el último disparo en el borde del anillo interior. Pero entonces Neil acudió a la línea blanca pintada en la parte de atrás de la sala, teso el arco con la mano donde brillaba su anillo negro y disparo.

Y otra vez, y otra, y otra más, en solo unos segundos.

Y cuando el sonido de su ultimo disparo dejo de retumbar en la sala, de pronto sumida en el silencio, a Candy le dio un vuelco el estomago. Cinco dianas.

El único consuelo de la muchacha era que ninguna había alcanzado el punto negro, el centro absoluto, aunque una se había acercado bastante.

La fila comenzó a avanzar rápidamente. Candy no podía pensar en otra cosa que no fuese Neil…. Y Perrigton aplaudiendo a Neil, y Brullo dándole una palmada en la espalda a Neil, y todo el mundo prestándole atención y alabando a Neil, no por ser una montaña de músculos, sino porque se lo merecía de verdad.

De repente, Candy se vio de pie antes la línea blanca, enfrentada a la enorme longitud de la sala. Algunos hombres se rieron, aunque en voz baja, y ella mantuvo la cabeza bien alta mientras echaba la mano por encima del hombro para coger una flecha y la colocaba en el arco.

Unos días antes habían practicado el tiro con arco y ella había obtenido excelentes resultados… o todo los excelentes que había podido sin llamar la atención. Además, había matado a hombres a más distancia que la más lejana de las dianas. De disparo limpios que les habían atravesado el cuello.

Intento tragar saliva, pero tenia la boca seca.

"Soy Candy White, la Asesina de Adarlan. Si estos hombres supiesen quien soy, dejarían de reírse. Soy Candy White. Voy a ganar. No tendré miedo"

Tenso el arco y los músculos doloridos del brazo se resistieron del esfuerzo. Bloqueo el ruido, el movimiento y cualquier otra cosa que no fuese el sonido de su respiración mientras s concentraba en la primera diana. Respiro hondo y, mientras soltaba el aire, dejo volar la flecha.

Diana.

Se le deshizo el nudo del estomago y resoplo por la nariz. La flecha no se había clavado en el centro absoluto de la diana, pero es que tampoco lo había intentado.

Algunos hombres dejaron de reírse, pero no les hizo caso. Pudo otra flecha en el arco y disparo a la segunda diana. Había apuntado al borde del anillo interior, y lo alcanzo con una precisión brutal. Podría haber hecho un círculo entero de flechas si hubiese querido. Y si hubiera tenido suficientes flechas.

En la tercera diana volvió a acertar: había apuntado al borde, pero se clavo más cerca del centro. Hizo lo mismo con la cuarta diana, pero apunto al otro lado del centro. La flecha se clavo en el lugar preciso adonde había apuntado.

Al sacar su última flecha, oyó reírse a uno de los competidores, un mercenario pelirrojo llamado Renault. Apretó tanto el arco que la madera crujió y se dispuso a lanzar su última flecha.

La diana era un poco mas que un borrón de color, tan lejana que el centro era un grano de arena en la enormidad de la sala. No podía ver el puntito del centro…, aquel puntito que nadie había alcanzado todavía, ni siquiera Neil. El brazo de Candy tembló del esfuerzo cuando tenso la cuerda un poco más y disparo.

La flecha se clavo en el centro absoluto y borro de la vista el puntito negro. Todos dejaron de reírse.

Nadie le dijo nada cuando se alejo de la fila y dejo el arco en el carrito. Albert frunció el ceño –estaba claro que no había pasado inadvertida -, pero Terry sonrió. Candy suspiro y se unió a los contendientes que esperaban el final de la competición, pero sin acercarse a ninguno.

Cuando Brullo comparo la puntería de los competidores, no fue el joven Pelor quien resulto eliminado, sino unos de los soldados del ejército. Pero aunque Candy no había perdido ni por asomo, no podía soportar de ninguna manera la sensación de que en realidad no había ganado nada en absoluto.