(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 17.
A Terry Grandchester le pesaban los parpados e intento no repantigarse en el trono. La música y la cháchara flotaban en el ambiente y lo invitaban a dormirse. ¿Por qué insistía su madre en que asistiese a las reuniones sociales de la corte? Si hasta la visita semanal ya era demasiado para el… Aunque era mejor que tener que examinar el cadáver del Comeojos, que Albert había pasado los últimos días investigando. Ya se preocuparía de eso mas tarde… si es que se convertía en un problema. Aunque lo dudaba, si Albert se estaba ocupando personalmente del asunto. Seguramente solo había sido una reyerta de borrachos.
También estaba el tema del campeón que había intentado escapar esa misma tarde. Terry temblaba solo de pensar de como debía de haber sido presenciarlo… y el lio con el que debería lidiar Albert, desde el soldado herido hasta el patrocinador que había perdido a su campeón, sin olvidar al hombre muerto. ¿Qué se le habría pasado por la cabeza a su padre para decidir celebrar aquella competición?
Terry miro a su madre, sentada en un trono junto al suyo. Ella no sabía nada sobre el asunto; seguramente le habría horrorizado saber que clase de criminales estaban viviendo bajo su techo. Su madre aun era hermosa, aunque tenía la cara un poco arrugada y agrietada por los polvos de tocador, y su pelo rubio tenia unos cuantos mechones grises. Aquel día envuelta en varas y mas varas de terciopelo verde, pañuelos vaporosos y chales dorados; y sobre su corona reposaba un velo brillante que a Terry le daba la impresión de que su madre llevaba una tienda de campaña sobre la cabeza.
Ante aquellos, los miembros de la nobleza se paseaban pavoneándose, chismorreando, conspirando y coqueteando. Una orquesta tocaba minués en el rincón y los criados se deslizaban entre los nobles realizando su propio baile mientras rellenaban y retiraban platos, copas y cubiertos de plata.
Terry se sentía como un adorno. Por supuesto, llevaba un conjunto elegido por su madre que le había hecho llegar esa misma mañana: un chaleco de terciopelo verde azulado con unas ridículas mangas blancas infladas que salían de los hombros a rayas azules y blancas. Los pantalones, afortunadamente, aran de un color gris claro, aunque sus botas de ante marrones parecían demasiado nuevas para su orgullo masculino.
-Terry, querido, estas enfurruñado –el príncipe heredero se disculpo con la reina Eleonor con una sonrisa -. He recibido una carta de Hollin. Manda recuerdos.
-¿Decía algo interesante?
-Solo que detestaba la escuela y que desea volver a casa.
-Eso lo dice en todas sus cartas.
La reina de Adarlan dejo escapar un suspiro.
-Si tu padre no me lo impidiese, me lo traería de vuelta a casa.
-Esta mejor en la escuela.
Tratándose de Hollin, cuanto más lejos estuviese, mejor.
Eleonor miro a su hijo.
-Tu te portabas mejor. Nunca desobedecías a tus tutores. Ay, mi pobre Hollin. Cuando yo muera, cuidaras de el, ¿verdad?
-¿Cuándo mueras? Madre, pero si lo tienes…
-Se la edad que tengo –contesto, e hizo un gesto desdeñoso con la mano llena de anillos -. Por eso mismo deberías casarte. Y pronto.
-¿Casarme? –Terry hizo rechinar los dientes -. Casarme ¿con quien?
-Terry, eres el príncipe heredero. Y ya tienes diecinueve años. ¿Deseas convertirte en rey y morir sin heredero para que Hollin pueda ocupar el trono? –Terry no contesto -. Me lo figuraba –unos instantes después, añadió -: Hay muchas jóvenes que podrían ser buenas esposas. Aunque seria preferible que fuse con una princesa.
-Ya no quedan princesas –contesto con brusquedad.
-Salvo la princesa Annie –la reina se echo a reír y puso una mano sobre la mano de hijo -. Oh, tranquilo. Nunca te obligaría a casarte con ella. Me sorprende que tu padre le permita seguir ostentando el titulo. Esa muchacha impetuosa y altanera… ¿Sabes se ha negado a ponerse el vestido que le he enviado?
-Estoy seguro de que la princesa tendrá sus razones –dijo Terry con recelo, asqueado por los prejuicios que su madre no se atrevía a expresar con palabras -. Solo he hablado con ella una vez, pero me pareció… alegre.
-Entonces, quizá deberías casarte con ella.
Su madre volvió a reírse antes de que el pudiese contestar.
Terry sonrió débilmente. Aun no se explicaba por que su padre había accedido a la petición del rey de Eyllwe de que su hija vístase la corte para familiarizarse con las costumbres de Adarlan. Como embajadora, Annie no era precisamente la mejor elección. Terry había oído rumores de su apoyo a los rebeldes de Eyllwe… y de sus intentos de clausurar el campo de trabajos forzados de Calaculla. A Terry no le extrañaba, y menos después de haber visto el horror que representaba Endovier, y lo destructivo que había resultado en el cuerpo de Candy White. Pero su padre nunca hacia nada sin motivo…, y por las pocas palabras que había intercambiado con Annie, no podía evitar preguntarse si ella también tendría sus propias razones para haber acudido a Rifthold.
-Que pena que Lady Kaltain tenga un acuerdo don el duque Perrigton –prosiguió su madre-. Es una muchacha preciosa… y muy educada. Quizá tenga una hermana.
Terry se cruzo de brazos y trago su repulsión. Kaltain estaba en la otra punta del salón y el príncipe heredero era consiente de que la muchacha lo devoraba con los ojos. Se removió en el asiento; le dolía la rabadilla de llevar tanto rato sentado.
-Y ¿Qué hay de Elise? –pregunto la reina señalando a una muchacha rubia que llevaba un vestido azul lavanda -. Es muy guapa. Y muy juguetona.
"Si lo sabré yo"
-Elise me aburre –contesto el príncipe.
-¡Ay Terry! –la reina se llevo la mano al pecho -. No pensaras decirme que quieres casarte por amor, ¿verdad? El amor no garantiza un matrimonio satisfactorio.
Estaba aburrido. Aburrido de aquellas mujeres, aburrido de aquellos caballeros que se hacían pasar por compañeros, aburrido de todo.
Había confiado en que su viaje a Endovier acabase con aquel aburrimiento y que se alegraría de volver a casa, pero había encontrado que en casa todo era igual. Las mismas damas seguían mirándolo suplicantes, las mismas criadas seguían guiñándole el ojo, los mismos miembros del consejo seguían pasándole notas por debajo de la puerta con posibles leyes. Y su padre…, su padre siempre siguiria pensando en sus conquistas… y no pararía hasta que en todos los continentes ondease la bandera de Adarlan. Hasta apostar por aquellos supuestos campeones se había vuelto horriblemente aburrido. Estaba claro que en última instancia Neil y Candy medirían sus fuerzas. Hasta entonces…, bueno, los demás campeones no se merecían que perdiese el tiempo con ellos.
-Ya estas otra vez enfurruñado. ¿Estas molesto por algo, querido? ¿Has tenido noticias de Rosamund? Mi pobre niño… ¡como te rompió el corazón! –la reina negó con la cabeza -. Aunque de eso ya ha pasado mas de un año.
El príncipe no respondió. No quería pensar en Rosamund… ni en el zafio marido por el que lo había dejado.
Algunos nobles se pusieron a bailar pasando los unos entre los otros. Muchos tenían su misma edad, pero el sentía que existía un abismo entre ellos. No se sentía mayor, ni mas sabio, pero sentía… sentía…
Sentía que había algo n su interior que no encajaba en aquella alegría, en su voluntario desconocimiento del mundo que había más allá del castillo. Era algo que no tenía nada que ver con su titulo. Había disfrutado de su compañía a comienzos de su adolescencia, pero pronto había resultado obvio que el siempre estaría un paso adelante. Lo peor de todo era que ellos no parecían darse cuenta de que era diferente… o de que sentía diferente. De no haber sido por Albert, se habría sentido inmensamente solo.
-Bueno –dijo su madre chasqueando los dedos, que parecían de marfil, para llamar a una de sus criadas -. Estoy segura de que tu padre te mantiene ocupado, pero cuando encuentres un rato libre para pensar en mí y en el futuro de tu reino, échale un vistazo a esto.
La criada de su madre hizo una reverencia y le entrego un trozo de papel doblado y con el sello rojo de su madre. Terry lo abrió y se le hizo un nudo en el estomago al ver la larga lisa de nombres. Todas eran damas de sangre noble y todas estaban en edad de casarse.
-¿Qué es esto? –pregunto resistiendo la tentación de romper el papel.
Su madre sonrió con encanto.
-Una lista de novias potenciales. Cualquiera seria apropiada para casarse con el príncipe. Y todas, según me han dicho, son muy capaces de darte herederos.
Terry se metió la lista d nombres en el bolsillo del chaleco. Su inquietud no ceso.
-Me lo pensare –dijo, y antes de que su madre pudiese responderle, se marcho del podido entoldado. Inmediatamente, cinco muchachas se congregaron a su alrededor y le preguntaron si quería bailar, si estaba bien, si pensaba asistir al baile de Samhuinn. Sus palabras daban vueltas en la cabeza del príncipe, y este las miro inexpresivamente. Ni siquiera sabía como se llamaban.
Miro por encima de sus cabezas adornadas con joyas para encontrar el camino hacia la puerta. Si se quedaba allí demasiado tiempo, iba a ahogarse. Con una educada despedida, el príncipe heredero se alejo del tintineo del salón. La lista de novias potenciales le quemaba la piel a través de la ropa.
Terry se metió las manos en los bolsillos y se echo a andar por los corredores del castillo. Las perreras estaban vacías: los perros estaban en la pista. Le hubiese gustado examinar una de las perras preñadas, aunque sabia que era imposible predecir cuantos cachorros tendría. Esperaba que los cachorros fuesen de raza, pero la madre tenia tendencia a escaparse de la perrera. Era la mas rápida de todos sus perros, pero Terry nunca había podido domarlo del todo.
No sabia adonde ir; simplemente necesitaba andar.
Terry se soltó el último botón del chaleco. Se quedo parado ante una puerta abierta, de donde salía un metálico ruido de espadas. Estaba ante la sala de entrenamiento de los campeones, y aunque se suponía que el entrenamiento ya había terminado, allí…
Allí estaba ella.
Su pelo dorado brillo al librarse de tres guardias. Su espada era poco más que una extensión de acero de su mano. No tropezó con los guardias al esquiarlos y girar a su alrededor.
Alguien aplaudió a la izquierda y las cuatro figuras dejaron de luchar, jadeantes. Terry vio que la asesina sonreía de oreja a oreja al mirar a la persona que había aplaudido. El lustre del sudor le iluminaba los pómulos y sus verdes ojos brillaban. Si, era preciosa, pero…
La princesa Annie se acerco a ella aplaudiendo. No llevaba su vestido blanco habitual, sino una túnica oscura y unos pantalones sueltos, y en una mano llevaba un garrote de madera con adornos grabados.
La princesa agarro a la asesina por el hombro y le dijo algo que la hizo reír. Terry miro a su alrededor. ¿Dónde estaba Albert o Brullo? ¿Qué hacia la Asesina de Adarlan allí con la princesa de Eyllwe? ¡Y con una espada! Aquello era intolerable, sobre todo después del intento de huida de uno de los campeones.
Terry se acerco y le sonrió a la princesa mientras hacia una reverencia. Annie solo se digno asentir levemente con la cabeza. No le sorprendió. Terry tomo la mano de Candy. Olía a sudor y a metal, pero la beso de todos modos mientras levantaba la vista para mirarla a la cara.
-Lady Lillian –murmuro con los labios pegados a su piel.
-Alteza –contesto ella intentando soltar la mano. Pero Terry tenía su callosa palma bien agarrada.
-¿Puedo hablar contigo? –pregunto el príncipe, y se la llevo antes de que pudiese dar su consentimiento. Cuando se apartaron lo suficiente, él le pregunto-: ¿Dónde esta Albert?
Candy se cruzo de brazos.
-¿Os parece modo de hablarle a vuestra querida campeona?
Terry frunció el ceño.
-¿Dónde está?
-No lo se. Pero si tuviera que intentar adivinarlo, me jugaría algo a que esta examinando el cadáver maltrecho del Comeojos, o deshaciéndose del cadáver de Sven. Además, Brullo ha dicho que podía quedarme aquí cuanto quisiera. Mañana tengo otra prueba, no se si lo sabes.
Pues claro que lo sabia.
-¿Qué hace aquí la princesa Annie?
-Ha preguntado por mí. Cuando Philippa le ha dicho que estaba aquí, ha insistido en reunirse conmigo. Al parecer, una mujer no puede ir mucho mas lejos sin una espada en la mano –contesto, y se mordió el labio.
-No recuerdo que fueras tan habladora.
-Quizá si te hubieses tomado el tiempo de hablar conmigo, lo habrías descubierto antes.
El príncipe resoplo, pero mordió el anzuelo, así lo maldijesen los dioses.
-Y ¿Cuándo querías que hablara contigo?
-No se si te acuerdes, pero hicimos el viaje juntos desde Endovier. Además, llevo aquí varias semanas.
-Te envié los libros que me pediste.
-¿Acaso me preguntaste si los había leído?
¿Es que aquella mujer había olvidado con quien estaba hablando?
-He hablado contigo una vez desde que llegamos.
Candy encogió los hombros e hizo ademan de darse media vuelta. Irritado, pero ligeramente curioso, el la agarro del brazo. Sus ojos color turquesa brillaron cuando se quedo mirando la mano del príncipe, y a este se le acelero el corazón cuando ella lo miro a los ojos. Si, aunque estuviese sudorosa, era hermosa.
-¿No me tienes miedo? –Candy dirigió una mirada al cinto del príncipe, del que colgaba la espalda -. ¿Oh es que eres tan diestro en el manejo de la espada como el capitán Andley?
Terry se acerco a ella y la agarro aun con mas fuerza.
-Soy mejor –le susurro al oído.
Candy se sonrojo y comenzó a parpadear.
-Bueno… -repuso ella, pero había pasado el momento. Había ganado el. Candy se cruzo de brazos -. Muy gracioso, alteza.
El hizo una profunda reverencia.
-Hago lo que puedo. Pero la princesa Annie no puede estar aquí contigo.
-Y ¿Por qué no? ¿Es que piensas que voy a matarla? ¿Por qué iba a matar a la única persona del castillo que no es una idiota parlanchina? –lo miro dándole a entender que el formaba parte de aquella mayoría -. Por no hablar de sus guardias me matarían antes de que pudiese levantar una mano.
-No puede ser, y punto. Ha venido a aprender nuestras costumbres, no a entrenarse.
-Es una princesa. Puede hacer lo que le plazca.
-Y supongo que tú vas a enseñarle a manejar armas.
Candy ladeo la cabeza.
-Quizá si me tienes un poco de miedo.
-La acompañare de vuelta a sus aposentos.
Ella le hizo un gesto para dejarlo pasar.
-Que el Wyrd os asista.
El príncipe se paso una mano por el castaño y se acerco a la princesa, que los esperaba con una mano apoyada en la cadera.
-Alteza –dijo Terry haciéndole un gesto a la guardia personal de la princesa para que se uniese a ellos -, me temo que tengo que acompañarla de vuelta a sus aposentos.
La princesa miro por encima del hombro arqueando una ceja. Para consternación de Terry, Candy se puso a hablarle en eyllwe a la princesa, que dio un golpe en el suelo con el garrote y le dijo algo a Terry entre dientes. La habilidad del príncipe heredero con el eyllwe era algo irregular en el mejor de los casos, y la princesa hablaba demasiado rápido para entenderla. Afortunadamente, la asesina se lo tradujo.
-Dice que puedes volver a vuestros cojines y vuestros bailes y dejarla en paz –dijo Candy.
-Dile que es inaceptable que se ponga a entrenar con armas.
Candy dijo algo, pero la princesa hizo un gesto desdeñoso con la mano y paso a su lado a zancadas en dirección a la zona de entrenamiento.
-¿Qué le has dicho? –pregunto Terry.
-Que te ofreces como voluntario para ser su primera pareja – contesto-. Y ¿bien? No quieres ofender a la princesa ¿verdad?
-No pienso entrenar con la princesa.
-¿Prefieres entrenar conmigo?
-Quizá si fuese una clase privada en vuestros aposentos… -contesto con mucha labia -. Esta noche.
-Te estaré esperando –dijo Candy, y se enrosco un mechón de pelo en un dedo.
La princesa hizo girar el garrote con tanta fuerza y precisión que Terry tuvo que tragar saliva. Decidió que no le apetecía recibir una paliza, así que echo a andar hacia el armero y eligió dos espadas de madera.
-¿Qué os parece si vemos las técnicas mas básicas del manejo de la espada? –le pregunto a Annie.
Respiro aliviado cuando la princesa asintió, le entrego el garrote a uno de sus guardias y cogió la espada de madera que él le ofrecía. ¡De ningún modo iba Candy a dejarlo en ridículo!
-Tienes que colocarte así –le dijo a la princesa adoptando una postura defensiva.
Continuara…
Bueno chicas como siempre yo soy algo medio indecisa y esta vez vengo a que me ayuden…
Verán el capitulo N.18 saldrá un personaje que se podría decir que fue el novio de Candy y no se si dejarlo con el nombre original Sam (acabo de hacerles spoiler) o cambiarlo por nuestro querido Anthony. Siempre me pongo nerviosa con estas cosas y por eso quiero ver su opinión.
Nos vemos en el siguiente capitulo!
