(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 18.

Candy sonrió al ver como el príncipe heredero de Adarlan le enseñaba a la princesa de Eyllwe las técnicas más básicas del combate con espada. Casi resultaba encantador, aunque algo arrogante. No estaba nada mal para alguien de su posición. La hacia sentir incomoda con facilidad con la que había logrado que se sonrojase. De hecho, era tan atractivo que le costaba no pensar en lo atractivo que era, y volvió a preguntarse por que no estaría casado.

Le apetecía besarlo.

Trago saliva. No era la primeva vez que besaba a alguien, por supuesto. Anthony la había besado, y con la suficiente frecuencia como para que no resultase algo desconocido. Pero había pasado más de un años desde la perdida del asesino a sueldo con el que se había criado. Y aunque la idea de besar a cualquier otro le había provocado arcadas en el pasado, cuando veía a Terry…

La princesa Annie arremetió contra Terry y lo golpeo en la muñeca con la espada. Candy reprimió una carcajada. El príncipe hizo una mueca y se froto la articulación adolorida, pero sonrió cuando la princesa comenzó a regodearse.

"¡Maldito sea por tan guapo!"

Candy se apoyo contra la pared. Habría disfrutado de la lección si alguien no la hubiese agarrado del brazo con tanta fuerza que le hizo daño.

-¿Qué es esto?

Albert la aparto de la pared y la miro cara a cara.

-Que es ¿Qué?

-¿Qué esta haciendo Terry con ella?

Candy se encogió de hombros.

-¿Entrenar?

-Y ¿Por qué están entrenando?

-Porque él se ha ofrecido voluntario para enseñarle a luchar.

Albert la aparto de un empujo y se acerco a la pareja. Los dos se quedaron parados y Terry siguió a Albert hasta un rincón. Hablaron deprisa y acaloradamente y Albert volvió junto a Candy.

-Los guardias te llevaran a tus aposentos.

-¿Cómo? –recordó su conversación en el balcón y frunció el ceño. Se había acabado aquello de intercambiar historias -. ¡La prueba es mañana y necesito entrenar!

-Creo que ya has entrenado suficiente por hoy. Ya casi es la hora de cenar. El entrenamiento con Brullo acabo hace dos horas. Descansa o mañana no servirás para nada. Y no, no se cual va a ser la prueba, así que no te molestes en preguntar.

-¡Es absurdo! –grito Candy, y un pellizco de Albert le hizo bajar la voz. La princesa Annie la miro preocupada, pero la asesina le hizo un gesto con la mano para que reanudase el entrenamiento con el príncipe heredero -. No pienso hacer nada, idiota insoportable.

-¿De verdad estas tan ciega como para no ver que no podemos permitirlo?

-No pueden… ¡porque me tienen miedo!

-No te hagas ilusiones.

-¿Piensas que quiero volver a Endovier? –le preguntó entre dientes -. ¿Piensas que no se que si huyo, me perseguirán durante el resto de mi vida? ¿Piensas que no se por que vomito cuando tu y yo corremos en la mañana? Mi cuerpo esta hecho una ruina. ¡Necesito pasar estas horas mas aquí, y no deberías castigarme por eso!

-No voy a fingir que se como funciona la mente de un criminal.

Candy levanto los brazos, desesperada.

-¿Sabes que? Llegue a sentirme culpable. Solo un poco. Y ahora acabo de recordar por que no debería de haberme sentido así. No soporto pasarme el tiempo sentada, encerrada en mi habitación, aburridísima. No soporto tantos guardias ni tantas tonterías; no soporto que me digan que tengo que contenerme cuando Brullo alaba a Neil y yo estoy allí, aburrida e invertida en medio de todos. No soporto que me digan lo que no puedo hacer. Y sobretodo… ¡no te soporto a ti!

El capitán dio unos golpecitos en el suelo con el pie.

-¿Has terminado?

En la cara de Albert no había rostro de amabilidad. Candy chasqueo la lengua al marcharse, con ganas de romperle los dientes de un puñetazo y hacérselos tragar.

Continuara…