Hola! Gracias por leer el capítulo anterior, espero que les haya gustado el comienzo. Procederé a responder los comentarios:
IGinevre26: Hermosa de mi corazón me alegro que te guste espero que te guste más con el paso del tiempo. Pronto se vendran los caps largos, sólo teneme paciencia ya sabés que hace años no escribo fics. Estoy oxidadisima.
Pinnita Criss-Anderson: Gracias por el comentario! Me super alegro de que te haya gustado. Sobre el término que usé, la verdad es que no es de mi lengua nativa, la verdad es que siempre uso español neutro pero en ese caso creo que quise decir algo que solo empollones, para mi gusto, lo expresaba. No sé, lo revisé para cambiarlo, pero sabelotodos no decía lo que yo quería decir (?) No sé si se entiende. Igual, muchisimas gracias por la crítica, voy a ser más cuidadosa de ahora en más :) Espero te guste este capítulo.
Ahora si, ¡A leer!
Llegué a casa destrozado. Luego de haberme pasado toda la mañana preocupado y con el estómago vacío, ya que no tenía hambre a la hora del almuerzo, la clase de educación física llegó y me vi obligado a gastar las pocas energías que me quedaban en ella, así que al llegar a mi hogar, lo primero que hice fue dirigirme directamente al refrigerador y atacar lo primero que encontré. Afortunadamente encontré unas porciones de pizza fría que habían sobrado de la noche anterior y me contenté con ellas y un gran vaso de jugo de manzana. Quería distraerme un poco y comer mirando alguna película o serie de tv, pero primero debía sacarme el terror que me invadía el pecho de encima, y volver a intentar llamar a Kurt. Deposité en la mesa de la cocina mi tardío almuerzo y me apresuré a tomar mi teléfono y discar el número de Kurt. Mi corazón se alivio al escuchar el tono de llamada y no a la pesada contestadora. De inmediato me puse nervioso y se me lleno la boca se saliva, mientras sentía como poco a poco mis mejillas comenzaban a enrojecerse.
-Hola. – su voz sonó algo fría y distante, pero eso no me importaba. ¿Estaba escuchándolo! Después de tanto tiempo sin oír su voz.
-¡Kurt! Que alivio, soy yo, Blaine… - comencé a decir atropelladamente. - ¿Cómo estás? ¿La tormenta no te afectó verdad?
-Hola Blaine, no, estoy bien. – murmuró. Parecía cansado, su voz dejaba entrever un dejo de fastidio. - ¿Tú estás bien?
-Si, si, por suerte estoy bien, todos en el coro lo estamos…
-Me alegra oír eso. – me interrumpió. – Mira, lo siento, tengo que irme, Rachel me está llamando. Nos vemos. Cuídate.
Y colgó. Y entonces lo sentí, sentí que todo estaba roto nuevamente, que nada había cambiado, y que todo era mi culpa. Con una sensación amarga y acalorada inundando mi pecho, me acerqué a la mesa y arranqué el mantel con todas mis fuerzas, lanzando al suelo así todo lo que había encima. Nada me importaba. Había perdido a Kurt y siempre lo olvidaba, era un tonto al tener esperanza, Kurt ya no me quería, y hacia bien en hacerlo. Yo era basura. Con los ojos llenos de lágrimas comencé a arreglar el destrozo que había hecho en la cocina. La pizza estaba llena de pedazos de vidrio incrustados en ella, por lo que la lancé a la basura, y al cabo subí a mi habitación con el estómago aún vació. No me importaba. El dolor que sentía en mi pecho no hacía notar ningún otro dolor, mi estomago retorciéndose no era nada comparado con todo lo que se removía en mi mente en ese momento.
POV Tina
Mi vida era un mar de emociones y sentimientos complicados para entender de buenas a primeras. Lo único que sabía es que mi corazón apenas podía sobrevivir día a día con lo poco que se contentaba, es que claro, Blaine apenas me miraba, pero cuando lo hacía, mi mundo se llenaba de color rosa y estrellas, y podía sentir una autentica sensación de felicidad en mi interior cuando él me hablaba y me sonreía con esa hermosa boca suya. Por eso, esa mañana al despertar, estaba segura de la decisión que había tomado.
Me dirigí a McKinley con mi actitud habitual, debía mantener la calma, por más que los nervios me carcomieran por dentro. Mientras caminaba por los pasillos del colegio y me dirigía a mi primera clase del día, las manos me sudaban en tan solo pensar ver a Blaine y llevar a cabo mi plan. Era bastante simple, pero a su vez, demasiado complejo de pensarlo, de llevarlo a cabo.
-Hola Tina. – me saludó Marley, apareciendo de la nada y dándome un susto de muerte. Ese día lucia una de sus típicas faldas demasiado hippies para mi gusto y un suéter naranja para nada envidiable. - ¿Nos vemos hoy en el almuerzo?
-Claro, los veré ahí. – respondí alegremente, o tratando de hacerlo.
Sin prestarle mucha más atención a mi compañera del coro, desaparecí de los pasillos abarrotados de alumnos e ingresé a la clase de español, con el profesor Schue. La verdad es que realmente odiaba esa materia y muchísimo más el español, pero el profesor Schue nos hacía pasar un buen rato en sus clases, y aunque nadie lo digiera, era obvio que él era más indulgente con sus alumnos del coro. No bien comenzada la clase intente sumergirme en ella y distraerme un poco, pero no lo logré. Ese día le pediría a Blaine, el mismísimo Blaine Anderson, que me acompañara al baile que se desarrollaría en dos semanas. No temía que el me rechazara, claro, seguro aceptaría mi petición, pero, ¿bajo qué términos? Quería tener esperanza pero se me hacía imposible. Blaine era gay, y yo, yo era una estúpida alma solitaria e insoportable persona, además de ser mujer, claro. Como si el hecho de la orientación sexual de mi amor platónico no fuera suficiente como para devastar cualquier mínima esperanza que pudiera yo tener, debía sumarle a todo esto lo deprimido y sufrido que se encontraba Blaine últimamente, ante la pérdida de Kurt.
En fin, por eso estaba decidida a hacerlo, debía probar suerte y comprobar si Blaine me correspondería o si todo sería un fracaso, e invitarlo al baile era el primer paso. El segundo… el segundo me llenaba el pecho de una horrible sensación de culpa al pensarlo. Mi cuerpo me decía que ese paso estaba mal, terriblemente mal.
POV Blaine
No bien llegué al comedor de McKinley me dirigí tres veces más rápido de lo normal al mostrador de comidas, donde pronto conseguí tres porciones de una tarta de aroma sospechoso, un flan con caramelo y un jugo de manzana. Ese almuerzo podría considerarse desaforado para alguien como yo, un chico menudo y un tanto obsesionado con la comida y su cuerpo, pero ese día realmente lo necesitaba. La noche anterior no había comido nada de cena y por quedarme dormid, tampoco había desayunado. Tenía el pequeño temor de desmayarme, ya que con cada movimiento brusco que hacia mis ojos me mostraban una pantalla blanca que de a poco se iba aclarando. Mi presión estaba bajísima.
Caminé unos cuantos pasos lo más tranquilamente que pude y me senté en una mesa donde Artie, Unique y Marley comían y conversaban alegremente. Solo por esta vez, decidí no meterme en la conversación y limitarme solo a saludarlos y a comer. Al primer bocado sentí como el alma me volvía al cuerpo, y si bien la tarta era de atún, lo que explicaba su extraño aroma, yo sentía que consumía un dulce y cálido oro fundido.
-Wou, alguien tiene hambre chicos. – murmuró Unique, riendo. – Es extraño que se trate de ti justamente, Blaine.
Mi boca estaba llena así que decidí no contestar. Repuse una sonrisa a modo de respuesta mientras volvía a hincar los dientes en mi tarta.
-Lo más raro es que este comiendo con tanta pasión esa tarta… Nunca nadie la consume, mamá me ha dicho que los enlatados de McKinley no son muy buenos. – dijo Marley, captando mi atención. Bebí un poco de jugo para bajar la tarta.
-Podrías habérmelo dicho antes. – comenté, molesto, pero tratando de esconderlo. – ¡Acabo de terminar la segunda porción!
-Bueno, no creo que te haga daño, mi madre nunca serviría algo que pudiese dañar a los estudiantes… - repuso, sonriendo. – Aunque ya sabes, mejor prevenir que curar.
Suspiré y comencé a atacar mi flan mientras los demás se sumergían en una conversación profunda sobre el baile que se acercaba, vestidos, temáticas y demás cosas que me podrían interesar en un día normal, pero no en aquel. No me interesaba nada que simulara lo romántico, nada que apelara al romance, sólo quería comer, dormir, y vivir, sin dolor, sin penas.
-Hola chicos. – saludo una particular voz. – Hola Blaine. – era Tina.
-Hola Tina. – saludé, con más alegría e la voz. Últimamente Tina se había convertido en una muy buena amiga mía, y su compañía me llenaba de algo dulce y alegre que hacía tiempo no sentía. ¿Todo en orden?
-Si, si. – se sentó a mi lado y depositó una bandeja con una botella de agua y un plato de ensalada encima, algo que me pareció muy poco alimento, incluso para Tina Cohen Chang – No me ha ido muy bien en clase y me he retrasado un poco este día. – comentó.
-Y no te seguirá yendo bien si comes tan poco. – afirmé señalando su pobre almuerzo.
-No le hagas caso Tina, Blaine el glotón Warbler ha estado un poco comilón el día de hoy. – añadió Unique, casi sacándome de mis casillas. Si bien yo sabía, el a veces se devoraba pizzas enteras en el almuerzo y nadie le decía nada. ¿Cuál era su problema? Increíblemente me contuve de responderle y conseguí ignorar su comentario.
-Eso es muy poco Tina, ¿Te estás cuidando para algo en especial?
-O para alguien especial… - Unique nuevamente. Tina le hechó una mirada asesina, y yo sonreí. Alguien debía ponerlo en su sitio.
-Si, Blaine, veras se acerca el baile y hay un vestido que realmente quiero usar, así que estoy preparándome para él. Es rojo y brillante, es divino. – confesó, clavando un tenedor en su ensalada, mientras la observaba con asco.
-Me gustaría verlo entonces. – dije.
-Oh, bueno, - comenzó ella. Poco a poco la mesa se llenó de silencio, pero yo me di cuenta un poco tarde. – Puedes verlo. ¿Iras al baile?
-Oh, no lo sé, ni siquiera lo he pensado, no estoy de humor para ello…
-Vamos Blaine, será divertido. Me gustaría ir contigo, si quieres, claro… - dijo con una voz llena de seguridad y con unos ojos que delataban su evidente nerviosismo.
Debo decir que me lo pensé bastante, pero no podía decirle que no a Tina, además, el baile sonaba divertido si me la imaginaba a ella y a ese vestido rojo que, definitivamente, yo quería ver.
-Está bien, sólo porque me lo pides tú. – accedí, con una sonrisa. – Esperemos que no me encuentre demasiado amargado para ese día.
