Bueno, aquí llega el epílogo de esta historia. Considérenlo un regalo de Navidad de mi parte ^_^
El solsticio de invierno se da en el hemisferio norte entre el 20 y el 23 de diciembre. El 24 de diciembre es la noche más larga del año, lo cual se creía era así porque el Sol moría. El 25 se celebraba el aumento de luz solar después del solsticio, lo que significaba el renacimiento del astro Rey. Aunque se le aplicaba el título de Sol Invictus a varias divinidades de carácter solar como Apolo, Mitra, o Helios, el emperador Juliano, el Apóstata declaró a Helios la única divinidad solar, siendo las otras meras expresiones de éste. Puede ser aquí el punto donde se dio la identificación de Apolo con Helios como dios del Sol, porque prototípicamente, ésa no es una característica de este dios.
Felix dies Solis Invicti :3
Epílogo
Las Musas
Mu le sujetó el rostro a Apolo, para poder hablar con él. La expresión que veía en los ojos del dios no le gustaba nada.
-¿En qué piensas?, le preguntó.
-En mi hermana. Me duele haber tenido que hacerle esto.
-No te preocupes, repuso el santo dorado, acariciándole el rostro.-Ya verás como todo termina pronto.
-Es irónico que lo digas tú, sonrió.-Dieciocho años son muchos para un ser humano.
-No quiero que sufras, se justificó, acariciándole el pecho con cariño y apoyando la cabeza bajo su barbilla-al menos no más de lo necesario.
-No te preocupes. Todo lo que me importa ahora es que estamos juntos, contestó, con la mirada perdida.
-No sufras, repitió.-Todo irá bien.
Se besaron con ternura. El ariano hizo una mueca y se quejó.
-¿No puedes curarlas de una vez? No es por andar de quejica, pero molestan bastante.
-Tranquilo, tenemos tiempo. Talvez esta noche lo haga. ¿Estarás bien con las musas? Tengo que hablar con Athena sobre esto, e ir a ver a mi madre, de seguro está preocupada.
-Vete tranquilo. Seguro que pasaré un buen rato con ellas. Se ven divertidas, dijo, mientras veía a Euterpe sacar una lira, mientras las otras reían y bailaban.
-Ellas aman pasar un buen rato. Te distraerán lo suficiente mientras regreso.
-No tardes, le dijo, con un tono juguetón en la voz.
-Regresaré tan pronto como pueda, dijo mientras se ponía de pie y caminaba hacia las musas. Éstas dejaron sus juegos y le prestaron atención.
-Debo ausentarme un momento, les dijo.-¿Creen que pueden distraerlo un poco? No quiero que piense en el dolor.
-No te preocupes, lo distraeremos, comentó Thalía, guiñando un ojo, mientras él se iba.
-Tú lo distraerás con tus bobadas, niña, replicó Clío, enredándose un mechón negro entre las manos.
-¿No es esa la idea?, se confundió la del vestido amarillo.
-No, yo lo distraeré mejor que ustedes, comentó una rubia con el cabello rizado, con un dejo de superioridad.
-¡Cállate, Melpómene!, la chitó Thalía.-Dudo que quiera oír tragedias. Lo que necesita es que lo distraigan, no que lo aburran.
Las dos se enfrascaron en una discusión sin cuartel, tratando de vender los beneficios de sus respectivas artes.
-¿Siempre son así?, se preguntó divertido el santo de Aries.
Polimnia y Urania se rieron. Mientras una llevaba un peplo azul oscuro y su cabeza era adornada por cabellos castaños y ondulados, la otra había heredado los cabellos platinados de su padre, trenzados con gracia que caían sobre un peplo de tonos purpúreos.
-Siempre, repuso la primera con una sonrisita.-Han discutido por eso y seguirán discutiendo por eso hasta el final de los tiempos. Nunca aprenderán.
-Yo creo que cada una tiene sus cosas buenas, manifestó Mu.
-Díselo a ellas, manifestó Urania, señalando a sus hermanas,-No paran de discutir sobre eso. Una pérdida de tiempo si me lo preguntas. Todos saben que la astronomía es la mejor de las artes, dijo con retintín.
-¡Urania!, se quejó Clío.
-Ash. No te enojes, era solo una broma. De todas formas, la Astronomía tira más hacia la ciencia.
Mu soltó una carcajada, El vientre le dio un pinchazo.
-Auch, se quejó.-Ow.
-¿Estás bien?, se preocupó Clío.-Como te pase algo, Apolo nos matará.
-Sí, sí,estoy bien. Es que duele, después de todo se quejó, mientras se acomodaba. Sintió un horrible pinchazo en el vientre.-¡AY!
Las musas lo acomodaron con cuidado contra el árbol.
-Eeeh, chicas, titubeó Urania, volviéndose hacia Melpómene y Thalía, que seguían discutiendo sobre los respectivos beneficios de la comedia y la tragedia,-¡Hey! ¡CHICAS!
-¿Qué?, exclamaron al unísono.
-Dejen de discutir y vengan a ver esto.
-Esa herida se ve muy fea, comentó Melpómene, escudriñando el costado del tibetano.-Creí que ya le había cerrado las heridas. ¿Porqué sigue sangrando?
-No es lo único, se preocupó Calíope, señalando el hombro lastimado,-esa también está empezando a sangrar.
-Me duele, se quejó el santo dorado, sintiéndose embotado.
-Ahora solo falta que esa víbora haya usado flechas envenenadas, comentó Clío con sequedad, mientras se agachaba también.
-Mejor vamos a buscarlo, ¿no?, dudó Euterpe
-Creo que sería lo más prudente. Antes de que algo malo pase, se enserió Thalía.
-¿Algo malo?, se sorprendió Erato,-¿De veras, Thalía?
-Quise decir algo peor.
-Ya basta, cortó, Clío.-¿Qué hacemos?
-A ver, pongamos orden, intervino Calíope, tomando la voz de mando.-Thalía, Melpómene, Polimnia y Urania, ustedes llevénlo adentro. Talvez estar en cama le haga mejor. Traten de no moverlo demasiado. Clío, vete a buscar a Apolo. No puede estar muy lejos. Las que faltan traten de contener la hemorragia, mientras tanto.
Se pusieron en movimiento inmediatamente.
-Ush, cómo pesa, resopló Thalía.
-Es normal, el peso muerto es más difícil de cargar, explicó Urania, con dejos de superioridad.
-Y pensar que solo teníamos que distraerlo. Ahora tenemos que cuidarlo. ¿Porqué no seremos enfermeras?
-La culpa es de Ártemis y sus celos. Es el colmo que la lleven a romper juramentos de esta magnitud, desaprobó Melpómene.-Esto está para escribir una tragedia o dos.
-Cállense y caminen, las urgió Polimnia.
-El problema no es solo el hijo de Leto. Quién sabe cómo reaccionará la virgen que lleva la égida ante esto.
-Deja tú, a mí me preocupan los dos. Igual, ya el castigo correspondiente fue ejecutado, no creo que las cosas se pongan peor, comentó Erato.
Mientras hablaban, fueron caminando apresuradamente hasta toparse con el primer cuarto que encontraron. Cargaron a Mu hasta la cama. Euterpe colocó una sábana y lo depositaron encima.
-Está cubierto de sudor y tiembla, comentó Calíope, mientras le tocaba la frente.-Y tiene fiebre, añadió, constando el rostro rojo del ariano.
-Es obvio algo más que simples flechazos. Solo espero que Clío se de prisa. Vengan, tratemos de contener la hemorragia.
Mientras tanto, el dios de la luz se había encontrado con su madre en la fuente Castalia.
-¿Entonces ya ha acontecido? ¿Ya están fuera de peligro?
- Así es. Pero me temo que haya algo más. Por eso iré a hablar con Athena y regresaré lo más rápido que pueda. No creo que mi hermana haya usado simples flechas.
Leto estrechó la cabeza de su hijo con cariño.
-¿Quieres que ayude a las muchachas con eso? Así podrás quedarte más tranquilo.
Él sonrió agradecido.
-Gracias, madre.
-Además, deseo conocer a ese joven. Debe ser algo muy especial para prendarte así de él.
Los ojos de él brillaron.
-Oh, lo es. Ciertamente lo es. Eros jugó bien sus cartas esta vez, admitió.
-Me alegra no tener que hablar con Afrodita una vez más como después de lo de Daphne. Espero que todo termine bien esta vez.
-Así será. Esta vez no permitiré que todo salga mal.
-Me gusta que pienses así, expresó ella, con aprobación.-Estoy decepcionada de tu hermana, sin embargo. Pero ya ha recibido su merecido castigo, por lo que no sería justo reprenderla más.
-Lo sé. La justicia está hecha. Ahora solo queda esperar que todo siga su curso.
-Ve con Athena. Yo cuidaré al muchacho.
El dios avanzó con paso raudo hasta alcanzar su destino. Se ocultó a la vista de los santos de oro que estaban diseminados por todo el lugar, ocupados en diversos quehaceres.
La diosa se sorprendió al sentir el cosmos de su hermano en el jardín trasero y fue a su encuentro.
-¿Apolo?, preguntó,-¿qué haces aquí? ¿Mu está bien?
-Los designios del oráculo son inescrutables, querida hermana. Solo queda afrontarlos con resignación. Arsínoe tuvo una visión en la que mi hermana rompería el juramento que te hizo.
Athena dejó caer el báculo que se estrelló contra el suelo.
-¿¡Cómo!?
-Así es. Solo quería que supieras, porque Mu es tu guerrero y mereces saberlo. Ahora debo regresar a Delfos porque no creo que Ártemis haya usado simples flechas. Debo estar a su lado.
-¡Voy contigo!, expresó con vehemencia la diosa de la sabiduría.-Quiero ver con mis propios ojos lo que sucede.
-¿Estás segura? Puede no agradarte lo que veas, la previno.
-No importa. Necesito verlo. Y él me necesitará.
-Está bien, como desees. Vamos.
Ambos dioses cruzaron los jardines a la carrera. A medio camino se encontraron con Clío.
-¡Clío!, se sorprendió Febo.-¿Qué sucede?
-Es…es el santo de oro, explicó la musa entre jadeos, sujetándose el costado.
-¿Qué ha pasado?, se preocupó la hija de Zeus.
-Las heridas se han abierto de nuevo y están sangrando mucho.
-Debí suponerlo, resopló con molestia,-mi hermana debió haber usado saetas envenenadas. Démonos prisa.
Los tres se dieron prisa hasta alcanzar las costas de Delfos.
-Está en el templo. En la habitación de Euterpe. Era la más cercana. La venerable Leto ya está con ellos.
-¿Hablaste con tu madre?, se sorprendió la diosa de la guerra.
-Sí. Imaginé que debía decirle lo sucedido con Ártemis. Ella me dijo que quería conocer a Mu, además.
-¿En serio? ¿Desde cuándo le interesan a tu madre tus conquistas entre los mortales?
-Supongo que es por ser uno de tus santos. No se me ocurre otra explicación. Aparte claro, de verme tan contento, explicó él.-Por aquí.
Se apresuraron hasta entrar en la habitación. Apolo se abrió paso hasta la cama. Puso una mano en la frente del joven, mientras sus ojos examinaban las heridas.
-Esto pinta grave, dictaminó.-Tendré que atenderlo por un largo tiempo, quizás la noche entera, si quiero lograr curar estas heridas. ¿Cómo ha estado?, le preguntó a Calíope.
-Tiene algo de fiebre, pero no ha empeorado. Costó un poco retener la hemorragia, pero por fin lo hemos logrado. Vuestra madre tuvo la idea de darle de beber un poco de ambrosía, y ha funcionado bien.-Solo un poco, se apresuró a rectificar viendo las miradas de ambos dioses.
-¿Dónde está Leto?, preguntó Athena.
-Se encuentra afuera, con las chicas. Creímos que no sería bueno abarrotar la habitación.
-Iré a hablar con ella, intervino la primogénita del Crónida. Pero primero se acercó a la cama. Ver al aguerrido santo de Aries en aquella situación la enterneció.
-No te preocupes, Mu. Te vas a recuperar, susurró, inclinándose para besarle la sudorosa frente. Él se removió en su inconsciencia, casi como si percibiera la presencia de su diosa. Ésta salió junto con Calíope, dejándolo a solas con Apolo.
El dios se subió en la cama y acercó su cuerpo al que yacía, sabiendo que lo que necesitaba hacer requería tiempo, y el sueño sería la opción más certera para lograrlo. Su cosmos fluyó hacia Mu, sanándolo, purificando el veneno, revitalizándolo y confortándolo.
A altas horas de la noche, las dos diosas volvieron a entrar en la habitación. Leto descubrió la frente de su hijo, y depositó un beso en su frente.
-Está cansado. Ha transmitido su energía durante mucho tiempo y con mucha intensidad y eso lo ha agotado. Pero parece que ha dado resultado, el joven Mu se ve bien y sano.
-Debo agradecérselo apenas pueda. Parece que ha experimentado un buen cambio de actitud con este romance. El Apolo que yo conocía jamás habría hecho esto por un mortal.
-La gente cambia por el amor, joven Athena. Eso es algo que tú sabes perfectamente, ¿no es así?, sonrió la hija de Febe.
-Lo sé, sonrió ella.-Quizás sea mejor que nos vayamos.
La luz del Sol inundó la habitación, posando sus suaves rayos por sobre la cama y sus ocupantes. El santo de Aries se despertó confuso. De repente, su mente lo recordó todo y se levantó con brusquedad, palpándose el hombro y el costado. El no percibir nada le extrañó, así que se abrió las ropas. Pero la piel también aparecía sana.
-¿Pero qué…?, exclamó, incrédulo. Al volver a ver hacia un lado, aunque la cama estaba vacía, fue capaz de entender quién lo había sanado. Se levantó.
En la sala se encontró con Erato. La musa sonrió con cordialidad,
-Hola. ¿Cómo te encuentras?
-Estoy bien. Ya todo pasó.
-Entonces, ¿Eres tú al que Apolo le escribía cartas de amor con mi ayuda?, repuso con picardía.
El tibetano se sonrojó.
-Funcionaron, dijo solamente.
-Ven.
El joven la siguió con curiosidad. En el jardín se encontró con el hecho de que alguien lo estaba esperando.
-Hola, extraño, lo saludó el dios con una gran sonrisa. El joven sonrió a su vez y se acercó a él. Fue entonces cuando vio al blanco cisne, que nadaba con gracilidad en el pequeño lago.
-Es hermoso, se maravilló.
Apolo sonrió.
-Él te llevará a casa, dijo solamente.
-¿Cómo?
-Lo que ha sucedido me hace ver que necesito un poco de tiempo a solas. Por tanto, te enviaré con Palas antes de lo acordado. Te veré mañana, finalizó.-Este cisne te llevará.
-¿Pero me aguantará?
-Este es el cisne que me lleva a la región de las Hiperbóreas cada invierno. Si soporta mi peso, te soportará a ti, sin duda alguna.
-De acuerdo, dijo, acariciando el pico del ave. Ésta se dejó montar mansamente.
-Te veré después, amor mío.
-Nos vemos, contestó, besándolo con ternura.-Gracias por salvarme la vida.
-Descuida. Es lo menos que podía hacer.
Se aferró a las blancas plumas del cisne mientras éste surcaba los cielos con grácil firmeza. Lo dejó en el jardín de adelante del palacio de la diosa de la sabiduría. El joven se introdujo en el lugar a paso raudo. Cuando llegó al comedor le fue posible ver al santo de Piscis sentado tomando su desayuno. Afrodita volvió la cabeza al oír el ruido de sus pasos.
-¡Mu! Creí que no ibas a regresar hasta mañana, se sorprendió.
-Hola, Afro, saludó, dejándose caer en una silla y cogiendo una fruta.
Las musas (gr. Μοῦσαι) son las diosas de la inspiración, más concretamente, inspiraban los diferentes tipos de poesía, así como otras artes y ciencias. En el capítulo pasado se presentaron algunas. En este capítulo se presenta a las otras cinco:
- Clío (Κλειώ, 'la que ofrece gloria'); musa de la epopeya (historia)
- Melpómene (Μελπομένη, 'la melodiosa'); musa de la tragedia.
- Polimnia (Πολυμνία, 'la muchos himnos'); musa de los cantos sagrados y la poesía sacra (himnos)
- Thalía (Θάλεια o Θαλία, 'la festiva'); musa de la comedia y de la poesía bucólica.
- Urania (Ουρανία, 'la celestial'); musa de la astronomía, poesía didáctica y las ciencias exactas.
Se decía que Apolo cabalgaba a espaldas de un cisne al país de las Hiperbóreas durante los meses de invierno, cisne que también le prestaba a su amado Jacinto para que lo montase. Como habrán notado, el intertexto mitológico que usé para esta relación, fue la relación de Apolo con Jacinto. Céfiro (o Aiolos en otras versiones) celoso de que el muchacho prefiriera a Apolo sobre él, desvió el disco con el cual jugaban los amantes, con toda la intención de acertarle al dios, pero por azares del Destino, el disco le dio a Jacinto, matándolo al instante. Apolo intentó curarlo, pero al comprender que ya no podía hacer nada, tomó gotas de su sangre y de ellas creó a la flor de jacinto. Aquí la celosa fue Ártemis y la historia no terminó de forma trágica, por lo que esto es una resemantización de este mito.
Febe (Φοίβη, Phoebe) era una de los doce titanes. Yació con su hermano Ceo y le dio como hijas a Leto y a Asteria. La primera se convertiría en la madre de Ártemis y Apolo. La palabra significa "brillo" y como la forma femenina de Febo (Φοίβος, Phoíbos) que significa "brillante", también es un epíteto de la diosa de la caza en su calidad de hermana del dios de la luz.
Con esto se da el cierre de este short fic. Espero que les haya gustado. ¡Muchas gracias por los reviews y comentarios!
¡Feliz Navidad! Y Año Nuevo y todo lo que siga ^_^
Nos vemos el otro año :p
Shaina de Aries ^_^
