(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 39.

Estaba perdido… perdido en un mundo con el que siempre había soñado. Notaba el cuerpo de Candy, cálido al contacto, los dedos suaves alrededor de su propia mano. La hizo girar y la condujo por la pisa, bailando con toda la suavidad del mundo. Ella no fallaba ni un solo paso, ni tampoco parecía importante que hubiera toda una colección de mujeres que miraban furiosas como finalizaba una pieza y otra volvió a empezar sin que los dos bailarines cambiaran de pareja.

Por supuesto, se consideraba un falta de delicadeza que un príncipe concediera todos los bailes a una misma dama, pero Terry no podía pensar en nada mas que en su pareja y la música que los arrastraba.

-Desde luego, eres incansable –le dijo ella.

¿Cuándo habían hablado por ultima vez? Quizás hacia diez minutos, tal vez hubiera transcurrido una hora entera. Los rostros enmascarados que los rodeaban se fundían borrosos.

-Si bien algunos padre azotan a sus hijos, los míos me castigaban con lecciones de baile.

-En ese caso, debiste de ser un niño muy travieso-

Candy miro a su alrededor, como si buscara algo, o a alguien.

-Haces unos cumplidos encantadores esta noche.

El príncipe la hizo dar una vuela. La falda del vestido titilo bajo la araña del techo.

-Hoy es el día de Yulemas. En estas fiestas, todo el mundo es amable.

Un destello de algo semejante a dolor brillo en los ojos de ella, pero desapareció antes de que Terry pudiera estar seguro.

La cogió por la cintura sin dejar de mover los pies al compas de la música.

-y ¿Cómo esta tu regalo?

-Pues se ha metido debajo de mi cama y luego en el comedor. Allí la he dejado.

-¿Has encerrado al perro en el comedor?

-Y ¿Dónde iba a dejarlo? ¿en mi habitación, para que arruinara las alfombras? ¿O en la sala de juegos, donde podría ahornagarse con alguna pieza de ajedrez?

-A lo mejor deberías haberla enviado al criadero, que es donde deben estar los perros.

-¿El día de Yulemas? ¡Ni en sueños iba a dejarla en ese lugar tan horrible!

De repente, Terry sintió el impulso de besarla, con fuerza, en la boca. Pero aquel sentimiento, por desgracia, nunca podría ser real. Porque en cuanto e baile hubiera acabado, ella volvería a ser una asesina y el seguiría siendo un príncipe. Terry trago saliva con fuerza. Aquella noche, sin embargo…

La estrecho contra si. Todo cuanto los rodeaba se transformo en una gran sombra en la pared.

Molesto, Albert miraba como su amigo bailaba con la asesina. De todos modos, el no podía sacarla a bailar. Y se alegraba de no haber reunido el valor necesario para pedírselo, sobre todo después de ver el color de la cara del duque Perrigton cuando había descubierto a la pareja entre los danzarines.

Un cortesano llamado Otho s detuvo junto a Albert.

-Pensaba que estaba contigo.

-¿Quién? ¿Lady Lillian?

-¡De modo que se llama así! Nunca la había visto. ¿Acaba de llegar a la corte?

-Si –contesto Albert.

Al día siguiente tendría unas palabras con los guardias por haber dejado salir a Candy. Ra de esperar que, para entonces, se le hubiera pasado las ganas de entrechocar sus cabezas.

-Y ¿Qué tal te va, capitán Andley? –pregunto Otho al mismo tiempo que le daba unas palmadas en la espalda con mas ímpetu de la cuenta. El aliento le olía a vino-. Ya nuca cenas con nosotros.

-Hace tres años que deje de cenar con ustedes, Otho.

-Deberías volver; echamos de menos tu compañía.

Era mentira. Otho solo quería sacarle información sobre la joven forastera. Su reputación de conquistador lo predecía; de echo, en el castillo tenia mala fama que debía abordar a las cortesanas en cuanto llegaban o desplazarse a Rifthold a buscar otro tipo de mujeres.

Terry estaba pendiente de Candy, y Albert vea como las sonrisas se extendían por los labios de ella, como sus ojos se iluminaban con cada palabra del príncipe. Leía la felicidad en cada rasgo de la asesina, aun con mascara puesta.

-¿Y el esta con ella?

-Lady Lillian es dueña de si misma. No pertenece a nadie.

-Entonces ¿no esta con el?

-No.

Otho se encogió de hombros.

-Que raro.

-¿Por qué?

De repente, a Albert le encontraron las ganas de estrangularlo.

-Porque se diría que el príncipe esta enamorado de ella –respondió antes de alejarse.

Por un momento, la mirada de Albert se desenfoco. Justo entonces Candy se echo a reír, y vio los ojos de Terry clavados en ella. el príncipe no había separado la vista de la asesina ni una sola vez. Su expresión reflejaba… algo. ¿Alegría? ¿Asombro? Bailaba con los hombros erguidos, la espalda recta. Tenía el aspecto de un hombre. De un rey.

Era imposible que tal cosa hubiera ocurrido; y ¿Cuándo había pasado? Otho era un borracho y un conquistador. ¿Qué sabia el del amor?

Rabiosa y desesperada, Kaltain miraba al príncipe heredero de Adarlan, que seguía bailando con Lillian Gordaina. Aunque hubiera llevado una mascara mucho mas discreta, la abría reconocido a las primeras de cambio. Además, ¿Qué clase de persona escogía el color gris para asistir a un baile? Kaltain bajo la vista hacia su propio vestido y sonrió. En brillantes tonos de azul, verde esmeralda y marrón claro, su vestido y la mascara de plumas de pavo a juego costaban tanto como una vivienda pequeña. Todo se lo había regalado Perrigton, por supuesto, junto con las joyas que le cubrían gran parte del cuello y los brazos. Nada que ver con el deplorable amasijo de cristal que llevaba aquella ramera calculadora.

Perrigton le acaricio el brazo y Kaltain se volvió a mirarlo dejando caer los ojos.

-Estás guapísimo esta noche, amor mío –le dijo al mismo tiempo que le ajustaba la cadena de oro a la saya roja.

Al momento, el rostro de el se puso del color de su túnica. Kaltain s pregunto si llegaría a vencer la repulsión que le inspiraba la idea de besarlo. Siempre podía seguir rehusando, como llevaba haciéndolo todo el mes, pero cuando estaba tan borracho…

Debía encontrar una solución antes. Por desgracia, seguía sin estar mas cerca de Terry ahora que a principios de otoño, y desde luego no haría ningún progreso mientras Lillian estuviera de por medio.

Un abismo se abrió a sus pies. Un dolor leve, instantáneo, le latió en las sienes. No tenía otro remedio. Debía eliminar a Lillian.

Cuando el reloj dio las tres y la mayoría d los invitados –incluidos la reina y Albert- se hubo marchado, Candy juzgo que podía retirarse sin peligro. Aprovechando que Terry había ido a buscar bebidas, se escabullo del baile y descubrió que Ress la estaba esperando para acompañarla de vuelta. Reinaba el silencio en el castillo mientras volvían a los aposentos de la joven por los corredores del servicio para evitar que los cortesanos mas curioso obtuvieran demasiada información. Aunque las razones que la habían llevado al baile no hubieran sido las mejores del mundo, se había divertido bastante bailando con Terry. Sonriendo para si, se hurgo las uñas mientras recorría el pasillo que conducía a su habitación. La euforia de sentir a Terry solo tenia ojos para ella, que solo le hablaba a ella, que la trataba como una igual o algo mas que eso no la había abandonado del todo. Quizá su plan no hubiera fracasado, después de todo.

Ress carraspeo, y Candy, alzando la vista, descubrió que Terry la esperaba junto a la puerta de sus aposentos charlando con los guardias. No podía haberse quedado mucho rato más en el baile si había llegado allí antes que ella. El corazón le do un brinco en el pecho pero se las ingenio para esbozar una sonrisa tímida cuando Terry le hizo una reverencia, le abrió la puerta entro tras ella. Que Ress y los guardias pensaran lo que quisieran.

Candy se quito la mascara y la lanzo al centro de la salita. Suspiro cuando el aire le refresco la piel.

-Y ¿bien? –pregunto, y se apoyo en la pared, junto a la puerta del dormitorio.

Terry se acerco a ella despacio. Cuando por fin se detuvo, sus bocas estaban a un dedo de distancia.

-Te has marchado del baile sin despedirte –le reprocho apoyando un brazo en la pared, a la altura de la cabeza de Candy.

Ella levanto los ojos y mito la tela negra de la manga que caía justo por encima de su pelo.

-Es impresionante lo deprisa que has llegado hasta aquí. Y sin que tu corte de admiradoras te siguiera. Quías deberías probar suerte como asesino.

El se aparto el pelo de la cara con una sacudida de la cabeza.

-No me interesan las cortesanas –dijo con voz ronca, y la beso.

Tenía la boca cálida, los labios suaves, y Candy perdió cualquier sentido del tiempo y del espacio mientras le devolvía el beso con parsimonia. El se aparto un instante, la miro a los ojos cuando ella los abrió y volvió a besarla. Aquel beso fue distinto, más profundo y ansioso.

Candy sentía los brazos pesados y ligeros a un tiempo. La habitación parecía dar vueltas y mas vueltas a su alrededor. Le gustaba…, le gustaban sus besos, su sabor, las sensaciones que le provocaba.

El príncipe le rodeo la cintura con el brazo y la estrecho contra si sin separar sus labios de los de ella ni un momento. Ella lo cogió por el hombro y le clavo los dedos en el musculo tenso bajo la piel. ¡Cuánto había cambiado su relación desde el día en el que se conocieron en Endovier!

Candy abrió los ojos. Endovier. ¿Por qué estaba besando al príncipe heredero de Adarlan? Aflojo los dedos y dejo caer el brazo.

El se separo d ella y sonrió. Rebosaba carisma. Volvió a inclinarse hacia delante, pero ella poso dos dedos en su boca con suavidad.

-Debería irme a dormir –se disculpo. Terry enarco las cejas-. Sola –añadió.

El se aparto los dedos de la boca e intento volver a besarla, pero Candy se escabullo por debajo del brazo del príncipe y cogió el pomo d la puerta del dormitorio. La abrió y cruzo el umbral antes de que el pudiera detenerla. Luego se asomo a la salita, donde el seguía sonriendo.

-Buenas noches –se despidió Candy.

Terry se apoyo en la puerta y acerco su rostro al de ella.

-Buenas noches –susurro a su vez.

Esta vez no la rechazo cuando volvió a besarla. Terry se separo a mitad del beso, y Candy estuvo a punto de caerse al suelo cuando el se aparto. El príncipe se rio por debajo.

-Buenas noches –repitió ella, un poco ruborizada.

Luego el príncipe se marcho.

Candy se dirigió al balcón y abrió las puertas de par en par para dejarse inundar por el aire fresco. Se llevo la mano a los labios y se quedo mirando las estrellas, mientras su corazón crecía, crecía, crecía dentro de su pecho.

Terry camino despacio hacia sus propios aposentos, con el corazón desbocado. Aun podía notar la caricia de los labios de Candy, oler el aroma de su cabello, ver el oro de sus ojos que titilaban a la luz de las velas.

Al cuerno las consecuencias. Se la ingeniaría para que la historia funcionara; encontraría el modo de estar con ella. Tenia que hacerlo.

Había saltado al abismo. Ya solo podía rezar para que hubiera una red al fondo.

En el jardín, el capitán de la guardia miraba el balcón de la joven, donde ella bailaba en solitario, perdida en sus sueños. Aunque Albert sabia que los pensamientos de Candy no le pertenecían.

La asesina se detuvo y alzo la mirada. Aun a aquella distancia, el capitán veía el rubor de sus mejillas. Parecía muy joven; no, nuevo. El corazón se le encogió en el pecho.

A pesar de todo, siguió mirándola, observándola hasta que ella suspiro y volvió al interior sin molestarse en mirar abajo.

Continuara…

Mis predicciones son que muchas de ustedes estarán tan, pero tan emocionadas… xD (bueno eso espero) y para las que no, no se me afligen aun pueden pasar muchas cosas en 14 caps que quedan.