(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 41.

El reloj dio las diez, y Candy, sentada al pequeño escritorio de su habitación, alzo la vista del libro. Ya debería estar durmiendo o cuando menos intentado conciliar el sueño. Ligera, adormilada en su regazo, dio un gran bostezo. Candy le rasco la piel de alrededor de las orejas y paso la mano por la pagina abierta del libro. Las marcas del Wyrd, cuyos extraños ángulos y curvas hablaban un lenguaje que ella aun no entendía, la desafiaban desde el papel. ¿Cuánto tiempo había tardado Annie en aprenderlas? Y además, se pregunto con desaliento, ¿Cómo podían conservar du poder si la magia había desaparecido?

No había visto a Annie desde el baile de la noche anterior y tampoco se había atrevido a ir a buscarla, ni contarle a Albert lo que había descubierto. La princesa al vez hubiera mentido acerca de sus conocimientos de la lengua común, pero sin duda tendría sus razones para ello. Candy había hecho mal en acudir al baile, se había equivocado al pensar que Annie era capaz de hacer cosas tan terribles. La princesa pertenecía al bando de los buenos. No perjudicaría a Candy, no cuando habían sido amigas. Habían sido amigas. Candy trago saliva para deshacer el nudo que tenia en la garganta y volvió la pagina. Se quedo sin aliento.

Para ofrecer sacrificios al ridderak: con la sangre de la victima, trazar las marcas indicadas alrededor de esta. Una vez que la criatura haya sido invocada, las marcas propiciaran el intercambio. Por la carne del sacrificio, la bestia le proporcionara la fuerza de la victima.

Candy casi no podía contener el temblor de manos mientras pasaba pagina tras pagina en buscar de alguna información sobre los signos que había descubierto bajo su cama. Tras comprobar que el libro no incluía nada, regreso a la invocación. Un ridderak…, ¿así se llamaba el monstruo? ¿Qué era? Y ¿de donde procedía, si no procedía de…?

Las puertas del Wyrd. Se apretó las palmas contra los ojos. Alguien estaba empleando las marcas del Wyrd para invocar a aquella criatura. Era imposible, porque ya no existía la magia, pero los textos afirmaban que las marcas del Wyrd existían al margen de la magia. Y ¿si conservaban su poder? Pero… ¿Annie? ¿En que cabeza cabía que su amiga hubiera hecho algo semejante? ¿Para que necesitaba la fuerza de los campeones? Y ¿Cómo se las había ingeniado para no levantar sospechas?

Ahora bien, Annie poseía grandes dotes de actriz. Y tal vez las ganas de Candy de tener una amiga –alguien tan distinto y fuera de lugar como ella misma- la habían traicionado. Quizás había estado demasiado desesperada, demasiado dispuesta a ver solo lo que quería ver. Candy inspiro hondo para tranquilizarse. Annie amaba Eyllwe –de eso no cabía duda- y Candy sabia que la princesa haría cuanto estuviera en su mano para defender su pueblo. A menos que…

La sangre se le helo en las venas. A menos que Annie estuviera allí con un propósito mas grande y no pretendiera exactamente proteger a su pueblo. A menos que anduviera buscando algo que muy pocos se atrevían a murmurar: la rebelión. Y no una rebelión como la actual, con unos cuantos grupos de insumisos ocultos en los territorios salvajes, sino mas bien una rebelión de todos los reinos contra Adarlan; como debería haber sido desde el comienzo.

Sin embargo, ¿Qué sentido tenia matar a los campeones? ¿Por qué no eliminar a la realeza? El baile le había brindado la ocasión perfecta. Y ¿Por qué usar las marcas del Wyrd? Conocía los aposentos de Annie; allí no había rastros de ningún demonio al acecho, y en el castillo no existía escondrijo alguno donde…

Candy levanto los ojos del libro. Tras la gigantesca cómoda, el tapiz ondeaba como agitado por una brisa fantasma. En todo el castillo no existía ningún lugar donde invocar una criatura como esa, salvo las cámaras olvidadas y los intocables túneles que discurrían bajo tierra.

-No –dijo, y se levanto tan deprisa que Ligera tuvo que apartarse de un salto para que la silla no la aplastara.

No, no podía ser verdad. Porque se trataba de Annie. Porque… porque…

Gruñendo del esfuerzo, Candy separo la cómoda de la pared y luego retiro el tapiz del muro. Igual que hacia dos meses, una brisa fría y húmeda se coló por las grietas, aunque no olía a nada parecido a rosas. Todos los asesinos se habían producido dos días después de una de las pruebas. De modo que aquella misma noche, o tal vez al día siguiente, se producirían mas accidentes. El ridderak, fuera lo que fuera, volvería a atacar. Y dadas las marcas que alguien había pintado bajo su propia cama, ni todos los demonios del infierno conseguirían que Candy esperara sentada los acontecimientos.

Después de dejar a la gimoteante Ligera fuera de la habitación, la asesina cubrió la puerta secreta con el tapiz, coloco un libro en la entrada a modo de cuña para evitar que se cerrara y deseo contar con alguna arma del candelabro que llevaba en la mano y la daga casera del bolsillo.

Porque si Annie había sido capaz de mentirle hasta tal punto, si era Annie la que estaba matando a los campeones, Candy tenia que andarse con mucho cuidado. De verdad que aquello, Annie podía matarla con las manos desnudas.

Descendió por los túneles, mas y mas abajo, exhalando nubes de vaho en el aire gélido. En alguna parte caían gotas de agua y Candy miro con anhelo el arco de crucería cuando se acerco a la encrucijada. Esa vez, ni siquiera considero la posibilidad de huir. ¿Qué sentido tendría, estando tan cerca de la victoria? Si perdía, se escabulliría por aquellos túneles antes de que la enviaran de vuelta a Endovier.

Candy observo el pasadizo de la derecha y el de la izquierda. Sabia que el da la izquierda conducía a un punto muerto. El de la derecha en cambio… llevaba al sepulcro de Elena. Y de cambio hacia allí había muchas desembocaduras.

Se acerco un poco mas al arco y se quedo de una pieza al descubrir que las huellas que bajaban las tinieblas. Algo había alterado aquel polvo de siglos de antigüedad. Pisadas que subían y bajaban.

Por lo viso, Annie y su criatura habían rondado varias veces por allí, pocos pies mas debajo de donde todos hacían vida a diario. ¿Acaso Verin no habría muerto después de burlarse de Candy delante de Anne? La asesina cogió el candelabro con mas fuerza y se saco la daga de bolsillo.

Peldaño a peldaño, empezó a descender la escalera. Pronto perdió de vista el rellano superior, pero no le parecía estar mas cerca del fondo. De repente, unos susurros resonaron al final del túnel, deslizándose por las paredes hacia ella. Avanzo con cautela y protegió la vela con la mano conforme se iba acercando al origen del sonido. No era una charla relajada entre criados, mas bien la voz de alguien que hablaba rápidamente, como recitando.

Y no era Annie, sino un hombre.

Se fue acercando a un rellano que desembocaba en una cámara a mano izquierda. Una luz verdosa se derramaba por las piedras de la escalera, que se hundía mas abajo en la negra oscuridad. Se le puso la piel de gallina cuando pudo oír la voz mas claramente. No hablaba ninguna lengua que ella conociera; era áspera y gutural, y le crispaba los oídos, tétrica como un escalofrió que le helara hasta el tuétano. El hombre resollaba, como si las palabras le irritaran la garganta, y por fin se detuvo a tomar aire.

Se hizo un silencio. Candy dejo la vela en el suelo. Cruzo a gatas el rellano y echo un vistazo al interior de la cámara. La puerta de roble estaba abierta, y una llave enorme descansaba en la oxidada cerradura. Y dentro de la pequeña estancia, arrodillado ante una oscuridad tan intensa parecía a punto de devorar el mundo, estaba Neil.

Se pone interesante ¿eh?

Yo también estoy emocionada xD apuesto a que unas ya se las olían… cuando lo leí, la verdad no pensé que fuera el. Si creí que era Nehemia (así se llama el personaje por el que suplí el nombre de Annie)

Espero sus reviews…

byebye